Part 2
Porque es un procedimiento muy sencillo: publican lo que les da la gana, y lo que han publicado en el extranjero es que se están realizando ejecuciones en masa de los partidarios de Batista, “en la calle una matazón”, una cosa insólita. Y eso es lo que le han dicho al mundo. Y mediante ese procedimiento han estado tratando de confundir a la opinión pública en toda la América. ¿Confundir a la opinión pública americana, para qué? Algún objetivo se persigue; el objetivo es claro: temen a la Revolución determinados intereses y entonces pretenden, primero, privarla de su fuerza principal, que es la opinión pública. No la opinión pública cubana, porque aquí no le van a tomar el pelo a nadie, eso desde luego, por supuesto, porque aquí el pueblo oye, ve y sabe. Pero se lo toman a la opinión pública de otros países, para aislar a la opinión pública cubana y restarle la fuerza que significa el respaldo de la opinión en otros países de América.
Después de aislarnos, lo que harían sería dividirnos, tratar de dividirnos dentro, y después mandar una expedicioncita; esos serían los pasos que seguiría ese proceso, si nosotros no tomamos las medidas oportunas a tiempo.
Desde luego —desde luego—, ese poderío y esa facultad de maniobrar llega hasta ciertos límites. Nosotros, es natural, no tenemos agencias internacionales para poder decirles la verdad a los demás pueblos, pero se la podemos decir siempre al pueblo cubano y por lo menos tendremos siempre una trinchera que no podrán tomar jamás: y es la trinchera del pueblo de Cuba (APLAUSOS).
Y por lo pronto, si ellos lograran ganar terreno en el exterior, lo que van a hacer con eso es unir más al pueblo de Cuba. ¡Y dudo que puedan dividir al pueblo para debilitarlo! Y, además, dudo de que puedan mandar aquí una expedición que dure mucho aquí.
No, nosotros no vamos a hacer alardes; nosotros no vamos a decir aquí que “le vamos a dar candela al jarro” ni nada de eso; no vamos a hacer alardes, porque ya se sabe que los alardes conducen a las ridiculeces. Nosotros lo que decimos es que si quieren preparar una expedición los enemigos de la Revolución Cubana, no tienen que esconderse ni tienen que hacerlo en secreto; nosotros les prestamos los barcos para que vengan (APLAUSOS). Además, que escojan el lugar que quieran y, además, les damos tres días para que tomen posiciones (APLAUSOS).
Yo creo que más ventajas no se pueden dar ya. Así que no tienen que molestarse en andar con Trujillo, ni andar con Nicaragua, si no necesitan nada de eso, si nosotros les damos todas las facilidades para que vengan (EXCLAMACIONES DE: “¡Que no vengan!”). ¡Ah!, ¿pero ustedes no están reclamando a Mujal y a Ventura y a toda esa gente? (EXCLAMACIONES DE: “¡Sí!”) Entonces, ¿por qué dicen que no quieren que vengan? ¡Ah!, pero, un momento, un momento, ¿ustedes tienen miedo de que vengan? (EXCLAMACIONES DE: “¡No!” y “¡Que vengan, que vengan!”) ¡Que vengan! ¿Qué es lo que ustedes quieren? (ALGUIEN EXCLAMA: “¡Desquitarnos de todo lo que hicieron!”) Claro, claro, que vengan!
¡Nosotros lo que creemos es que si vienen (ALGUIEN EXCLAMA: “¡Los matamos!”) no, no los matamos: se tienen que rendir por hambre y por sed, porque hasta sin tirarles un tiro yo creo que los rendimos, porque si cuando estaban aquí dentro y tenían columnas, y tenían todas las fortalezas, y tenían los aviones, y tenían los tanques y nosotros no teníamos más que a los rifleros, éramos pocos, pocas balas, poco dinero y mucha hambre, los cercábamos y los rendíamos, yo quiero que ustedes me digan ahora, si cuando nosotros, nosotros a ellos los cercábamos, los rendíamos cuando éramos unos pocos, cuando no teníamos nada, ¿cómo va a preocuparse ahora el pueblo de Cuba, que tiene tantas armas, y que tiene tanques y tiene aviones? Bueno, tiene cosas que no las necesita, porque la verdad es que nosotros nos acostumbramos a pelear sin eso (APLAUSOS).
Así que... bueno, por supuesto, señores, lo único que no se puede ganar jamás es una guerra contra el pueblo; eso ya se sabe. Claro, por eso se lo digo. Yo estoy tan seguro y tan tranquilo respecto a la seguridad de la Revolución..., como aquí las revoluciones fracasan cuando hay traiciones, y ¿quién va a traicionar a la Revolución? ¿Nosotros? ¿Los rebeldes? Así que el problema es que la Revolución esta asegurada.
¿Que matan a uno aquí? ¡Pues quedan diez, señores, se lo aseguro! Miren, óiganme, porque voy a hablar claro, para que no tengan miedo; les advierto desde ahora que no tienen que tener miedo de que le pase nada a nadie. Los que me llaman la atención a mí —óiganme bien— para pedirme que tenga cuidado, yo les digo que no se preocupen. Miren, mientras más agresiones le hagan al pueblo, peor.
Les voy a contar un ejemplo. Ayer, en un survey realizado por una firma competente y seria —ustedes conocen los surveyes, ustedes se acuerdan cuando las elecciones... claro que hace siete años que no se oía nada de eso, ¿no?, casi está olvidado, pero la verdad es que todo el mundo sabía cuántos votos tenía por los surveyes—, bueno, pues se hizo un survey a ver qué proporción del pueblo estaba a favor de los fusilamientos de los asesinos de guerra, ¡y estaba el noventa por ciento a favor de los fusilamientos de los asesinos de guerra, el noventa por ciento! (APLAUSOS.)
Pero ahora voy a decir lo mejor, lo mejor. Eso fue ayer, antes de que se planteara el problema de la intromisión extranjera en los asuntos internos de Cuba. Se han herido dos sentimientos: primero, el deseo de justicia del pueblo de Cuba, que al pararse allá a pedir que se paralice el castigo de los asesinos, se hirió un sentimiento muy hondo en el pueblo, que es el sentimiento de justicia. Pero, además, se hirió otro sentimiento muy hondo, una cuerda que vibra mucho, que es el sentimiento del patriotismo, el amor a la patria, el amor a la soberanía del país, que esta intromisión implica un ataque a la soberanía del país y al derecho del pueblo a decidir su propio destino.
Al herir estos dos sentimientos, ¿cual fue el resultado? Que hoy por la mañana un representante de esa firma que hizo el survey me comunicó que a favor del fusilamiento estaba ya el 93% del pueblo de Cuba (APLAUSOS); en contra estaba un 2,73%, o sea, menos del 3%, otros que no opinaban y otros que no me acuerdo qué decían, pero que en contra nada más había 2,73%. Yo me imagino que sea algún pariente de algún chivato, de algún esbirro, ¿no?
Pero lo extraordinario, lo extraordinario es que el 93% del pueblo de Cuba, demostrado científicamente en un survey, esté a favor de una medida. Jamás hubo tal estado de opinión unánime en nuestro pueblo, jamás hubo tal unidad de criterio en nuestro pueblo. Nunca, nunca, jamás.
Es más, yo creo que en ningún pueblo del mundo se ha producido el fenómeno de que un 93% esté a favor de una medida como está a favor este pueblo. Y una medida que es dura, y este es el pueblo más generoso del mundo, todo el mundo lo sabe, el pueblo más sensible; un pueblo que por las buenas todo se obtiene de él, y por las malas nada (APLAUSOS); un pueblo que odia la violencia, un pueblo que odia la fuerza, un pueblo que odia el derramamiento de sangre.
Y cuando un pueblo como este, tan noble y tan generoso, está en un 93% a favor del fusilamiento de los esbirros, es que la medida tiene que ser muy justa, señores, demasiado justa (APLAUSOS).
Si se estudiaran, si un sociólogo, un estudioso de la psicología de las multitudes y de los pueblos, observase el caso de Cuba en estos instantes, se admiraría, porque es un caso extraordinario. Y si hubiera buena fe, se analizarían estos problemas y se comprendería que la agresión más injusta, que la actitud más inmoral, más incalificable que se pueda en estos instantes adoptar contra un pueblo, es la que se ha adoptado contra el pueblo de Cuba, el pueblo generoso, noble, bueno, que odia la violencia, que odia la sangre, que repudia el abuso; este pueblo con un sentido tan profundo de la justicia, que esté en un 93% en favor de que sean fusilados, no encarcelados, sine en favor de que sean fusilados los asesinos de guerra, los criminales de guerra.
¿Qué demuestra eso, señor? Se demuestra que el pueblo quiere que nunca más vuelva a vivir la nación esos años trágicos, absurdos, increíblemente duros que vivió, esos siete años que parecieron siete siglos. ¿Quién no ha vivido siete siglos con los siete años de tiranía de Batista?
Yo voy a hacer una pregunta. ¿Qué hombre se sintió tranquilo durante estos siete años? (EXCLAMACIONES DE: “¡Ninguno!”) ¿Qué mujer se sintió tranquila durante estos siete años? (EXCLAMACIONES DE: “¡Ninguna!”) ¿Qué madre no vivió con el sobresalto de lo que pudiera pasarle a su hijo? (EXCLAMACIONES DE: “¡Todas!”) Siete años, minuto a minuto, hora a hora, día a día, semana tras semana, mes tras mes, que cuando el hijo salía a la calle no sabía si regresaba; porque aquí mataban al revolucionario y al que no era revolucionario; aquí mataban al que ponía la bomba y al que pasaba a una cuadra de donde ponían la bomba.
Y en la Sierra Maestra, en una tarde, un señor, Sosa Blanco, que está en la Cabaña, alIí, esperando, “en remojo” que le llegue la hora, un señor, Sosa Blanco, ¿no asesinó en una tarde a 53 campesinos, en una sola tarde? ¿Qué general español, cuándo en la historia de Cuba, incluso durante la época de España, se cometió jamás semejante crimen de asesinar 53 campesinos indefensos, inocentes, en una sola tarde? Porque esos campesinos nunca habían visto a un rebelde. ¡Ah!, pero a cinco o seis kilómetros de alIí las fuerzas de la dictadura habían sufrido una derrota y había que desquitársela. Reunieron a todos los campesinos de un lugar conocido por El Oro de Guisa y los asesinaron a todos, ¡a todos! Y entonces dijeron al otro día que era una gran victoria: “53 rebeldes muertos, un cabo y un soldado heridos”. ¡Siempre había un cabo herido...! (RISAS.)
Entonces, a una madre en esa ocasión, a una madre que tenía siete hijos y el esposo; bueno, pues le mataron siete hijos y el esposo, ¡los siete hijos y el esposo! Cualquier madre que haya perdido un hijo podrá tener... y hasta la que no ha perdido ningún hijo, pero que se horroriza ante la idea de perderlo, podrá imaginarse lo que es que una señora pacífica, que vive, que ha criado siete hijos, que los ha cargado, que los ha amamantado, que les ha lavado la ropa, que los ha hecho hombres, ¡que en un minuto la ráfaga de ametralladora de los asesinos de la tiranía les arranquen la vida a aquellos siete muchachos y le asesinen al esposo!
¿Cómo dejaron a aquella madre? ¡Yo llevaría a esa madre ante el Congreso de Estados Unidos para que le respondiera al congresista aquel que habló a favor de los esbirros...! (APLAUSOS.) ¿Cómo quedará una pobre mujer a la que arranquen todo lo que tiene en la vida, y en un minuto? Porque todavía, la que va a perder un hijo de enfermedad, y lo piense, y se lo imagine, y se va resignando, y sin embargo, no encuentra consuelo; calculen que esté tranquila y en una tarde cualquiera, y todos los hijos se los asesinen. ¡Pues a ella le asesinaron siete, y a otra le mataron los cuatro hijos, y a otra le mataron los tres, en distintos lugares! ¿Por qué? ¡Tres, y en otro treinta, y en otro trescientos, señores, porque llegan a veinte mil las víctimas de la tiranía!
Y a un pueblecito pequeño, a un pueblecito pequeño como Las Minas de Bueycito, allí, en un pueblecito pequeño, asesinaron a 450 campesinos. Recuerdo cuando pasamos por allí, hace unos tres meses, ya en nuestra ofensiva final, cuando las fuerzas de la dictadura iban en retirada, aquella mezcla de alegría por la liberación y la tristeza infinita que se observaba en aquella atmósfera. No había lugar, no había campo, no había colina por aquellos alrededores, que no albergase un montón de cadáveres, de campesinos asesinados sistemáticamente para sembrar el terror.
Hay un niño combatiente en nuestra columna, un niño que ingresó en las fuerzas a los 13 años, porque estando en la escuela organizó una huelga en protesta contra aquello, y lo fueron a buscar para asesinarlo, y se fue y se unió a la tropa, y peleó. Es uno de los soldados más jóvenes del Ejercito Rebelde (APLAUSOS). Antes, antes le habían asesinado al padre a aquella criatura, ¡antes le habían asesinado al padre! Era lógico que aquel niño hiciera la huelga y cuando lo fueron a asesinar se alzara también.
Sí, porque hasta los niños aquí son capaces de tomar un arma para defender sus derechos (APLAUSOS).
Así que los hechos perpetrados son suficientes para que no se olviden jamás. Y yo decía que aquí, en esos siete años, no hubo madre, no hubo hermana, no hubo padres, no hubo hijo que viviera tranquilo. No había ciudadano que pudiera pasar por la calle sin el temor de que en cualquier esquina lo asesinaran, lo golpearan. Es que la mera presencia de las perseguidoras, con los esbirros dentro, era una tortura, ¡era una tortura!, porque miraban a los ciudadanos con cara de quien le perdona la vida y todos los días le perdonaban la vida a uno. Casi era preferible morir, y por eso han muerto tantos cubanos, a soportar todo aquello.
Por eso aquí todo el mundo estuvo dispuesto a hacer los sacrificios que fueran necesarios, los hombres y mujeres de todas las clases sociales. Y todo el mundo se llenó de valor, porque cuando se trata de una situación como esa, no hay cobardes, los cobardes desaparecen; cuando el pueblo está viendo constantemente un ejemplo de heroísmo, y un ejemplo de valor, se llena también de valor y se acabaron los cobardes.
Pero hemos vivido siete años que no los podremos olvidar jamás. ¿Y qué es lo que quiere el pueblo? Que eso jamás vuelva a ocurrir en nuestra patria; que ni esta generación ni nuestros hijos, ni nuestros nietos, ni las generaciones venideras, tengan que pasar por el horror que ha tenido que pasar la nación cubana en estos siete años. Y como no quiere que se repita, por eso quiere que se castigue a los asesinos (APLAUSOS).
¿Saben ustedes por qué hubo tanto crimen? Estoy seguro de que muchas veces ustedes decían: ¿Pero será posible que se trate de seres humanos los que realizan estas cosas? ¿Pero será posible que hayan nacido en Cuba los hombres que hacen estas cosas, que se jactaban de sus crímenes?
Yo quiero que ustedes sepan que hemos encontrado en los archivos de los jefes de policía fotografías de cadáveres torturados; fotografías que se exhibían en las fiestas y en las bacanales de los asesinos. Porque disfrutaban del espectáculo de los destrozos que les hacían a los hombres en las cámaras de tortura, y luego, allá en medio del ron y del alcohol exhibían con placer sádico el producto de sus crímenes. Y así hemos podido obtener fotografías que no se pueden publicar, porque son impublicables.
Y muchas veces nosotros nos preguntamos: ¿Pero cómo es posible que haya seres humanos que puedan hacer eso, que sean tan despiadados?; cuando el hombre, generoso y noble, se duele hasta de ver un ave, un animalito, un perro que le destroce una pata un automóvil en la calle. Eso hace compadecer a cualquiera; y se siente piedad por el animal.
¿Cómo concebir aquellos hombres que asesinaban todas las noches, que torturaban todas las noches, y que lejos de cansarse cada día eran más asesinos, más desenfrenados y más despiadados? Esa era la pregunta que nos hacíamos nosotros. ¿Cómo era posible? ¿Y saben por qué? Les voy a decir por qué. Sencillamente porque aquí nunca hubo...
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