Discurso Pronunciado En La Sesion Plenaria Celebrada Por El Com
Chapter 3
¡Y luego queremos turismo! Y queremos que venga un turismo distinto del que viene a jugar. Pero, ¿quién puede atravesar con gusto por esas calles? Tal vez la costumbre no nos permita hacer la observación, pero dan asco las calles, los solares de las casas. ¡Qué cosa tan distinta del tipo de ciudad nueva que vamos a hacer, donde la escuela está al lado de la casa, donde los parques están al lado de la casa, las áreas verdes, los campos deportivos, el teatro, en fin, todo está racionalmente distribuido!, y no como aquí, que quien vive en La Habana Vieja tiene que mandar a su hijo, a lo mejor, a Marianao, o tiene que mandarlo a un campo deportivo en las afueras de la ciudad, o a una piscina que está a kilómetros de distancia, y viven con el temor de que el niño cuando salga a la calle lo mate un automóvil, porque no se hizo nada con racionalidad.
¡Y qué distinta esta ciudad de las que nosotros vamos a hacer, donde ni siquiera las calles atravesarán los lugares donde están las familias y donde están los niños, porque para eso existen procedimientos cómodos, procedimientos modernos, o, si no tan modernos, que son invención de nuestros propios arquitectos (APLAUSOS), y que brindarán a las familias comodidades que jamás soñaron, en casas donde el alquiler que pagan será para ellos, será como un dinero que guarden en una alcancía, porque están pagando un alquiler para convertirse en dueños de las casas.
¡Hasta ahora no era así! Si una familia vivía 10 años, si vivía 15 años, si vivía 20 años en una casa y dejaba de pagar dos meses, la botaban, la lanzaban a la calle; todo lo que había pagado, nada era para ella. ¡Ah!, me dirán que es muy legal el negocio, pero yo digo que no es muy honrado, yo digo que no es justo. No llamaré ladrón a nadie que tuviera un edificio, no, porque hizo las cosas de acuerdo con la ley. Pero sí digo que esa era una mala ley, sí digo que esa era una ley injusta; que lo que debió preocupar a los gobernantes no era hacer tales leyes y más cuales leyes para garantizar por todos los medios ese negocio, sino crear instituciones como las que hemos creado nosotros, para que ninguna familia fuese explotada, para que el 30% del ingreso no fuese a parar a una actividad no productiva, y para que el que lleva 10 años, ó 15 años, ó 20 años pagando, no lo boten a la calle el día que se queda sin empleo y se pasa dos meses sin poder pagar alquileres.
Yo digo que esa es una ley injusta, y que son malos gobernantes los gobernantes que no previeron ese problema (APLAUSOS) y echan sobre nuestros hombros la desagradable tarea de tener que tomar medidas rectificadoras que convierten en enemigos nuestros a quienes quizás fueron simpatizantes hasta hace unos días, a quienes en lo personal no nos ha hecho ningún daño y a quienes en lo personal tampoco se lo queremos hacer, pero que sí justo es que se comprenda que nosotros estamos regidos por deberes ineludibles, que si no los hacemos se hunde la patria y traicionaremos a la Revolución (APLAUSOS), que costó mucha sangre para que no sirva de nada.
Y no se trata ya solamente de que sea útil la sangre de los que cayeron en esta lucha. Es necesario que nosotros, a quienes se nos enseñó historia, a quienes se nos enseñó a cantar el himno, a quienes se nos enseñó a venerar a nuestros mártires, a nuestros apóstoles y a nuestros héroes, es necesario que nosotros hagamos de alguna manera útil la sangre de Maceo, la sangre de Martí, la sangre de Ignacio Agramonte, la sangre de todos los que han caído (APLAUSOS) hasta hoy inútilmente, porque yo quiero que me digan si valían la pena tantos sacrificios para que el pueblo de Cuba viva como ha vivido hasta hoy, sufra lo que ha sufrido hasta hoy y se frustre como se ha frustrado hasta hoy.
Aquí se permitió, como decía antes, que compañías extranjeras, o geófagos sin escrúpulos se apoderasen de la tierra. Si los gobernantes hubiesen adoptado disposiciones para que eso no hubiera ocurrido, si hubieran defendido el patrimonio nacional, que compraron por unos centavos los grandes intereses extranjeros, no nos veríamos nosotros hoy en la necesidad de tomar estas medidas que concitan contra nosotros a poderosos intereses. Si se hubiera gobernado al país con justicia desde que la república se inició; si se hubiesen hecho las cosas rectamente, ni siquiera habría habido tiranía; la Revolución no habría sido necesaria, y no necesitaría el país la operación quirúrgica que necesita, por dolorosa que sea.
Aquí nos hablan de patriotismo constantemente, nos dicen y nos enseñan el himno, que dice que “morir por la Patria es vivir”; y se dice que ser patriota es estar dispuesto a darlo todo por la patria, darlo todo y hasta la vida; ser patriota supone la disposición de dar por la patria hasta lo que más pueda apreciar el hombre, que es su propia vida. ¿Dónde está el patriotismo de los que empiezan a combatir y anatematizar la Revolución que, por tomar algunas leyes reivindicadoras y justas, lesiona algunos intereses? (APLAUSOS.)
¿Que perdemos algo? Aquí todos estamos perdiendo. Aquí ha perdido el pueblo durante mucho tiempo, y cada uno de nosotros hemos perdido mucho, y lo peor es que los que más protestan hoy, los que más escriben hoy y empiezan a elaborar teorías, que tiempo tuvieron de elaborarlas antes; los que no hablaron con sinceridad al pueblo nunca, se escandalizan de que venga uno a decirles la verdad.
Permitieron esas cosas, permitieron que el extranjero se apoderara de la tierra; permitieron que miles, que cientos de millones de pesos fueran a parar a los bancos extranjeros producto de dinero robado; permitieron que el juego extorsionara al pueblo durante décadas; permitieron el garrote; permitieron los desalojos campesinos sin hablar una sola palabra; guardaron silencio ante el abuso que se cometía contra el pueblo; jamás protestaron del plan de machete; jamás denunciaron el hecho insólito de que aquí los llamados soldados de la república estaban al servicio de las compañías que les pagaban un sueldo extra para, cada vez que hubiese un conflicto con los campesinos, enviar allí al mayoral con la pareja de la guardia rural a maltratarlos, o a encarcelarlos, o a desalojarlos de la tierra.
Se ha hablado de justicia. No hay aquí hombre o mujer que no pronuncie la palabra justicia tres veces al día, y hemos vivido bajo una perenne injusticia, de que las leyes, y los códigos, y las medidas se han tomado para proteger los intereses de una minoría privilegiada, mientras que esas leyes y esas medidas se han aplicado, inflexiblemente, contra el pueblo. O si no, yo les pregunto a ustedes: ¿Cuándo es que han visto un millonario en la cárcel? (EXCLAMACIONES DE: “¡Nunca!”) Y, por lo general —no siempre, desde luego—, quien llega a millonario es porque lo heredó, o porque fue un genio de las finanzas, o porque hizo un negocio sucio, o porque se lo robó (RISAS). Por lo menos hay que admitir que una buena parte de los millonarios se robaron el dinero, o una parte, una tercera parte si quieren (APLAUSOS).
¿Y dónde está la justicia, si no hemos visto uno solo en la cárcel? ¿O es que la cárcel es nada más que para el infeliz, y los gobiernos son para hacer leyes contra el infeliz y tomar medidas contra el infeliz? Aquí, a quien era un malversador o un ladrón ni siquiera se le trató con desprecio, y ustedes saben perfectamente bien cómo esos señores eran tratados en la calle con todas las consideraciones y nadie tenía por una deshonra que su hijo se casara con la hija de aquel malversador que era millonario, o viceversa, que su hija se casara con el hijo, o entrar en la familia, recibir los beneficios. Y en los lugares aquí “de sociedad” —porque yo no me explico por qué la palabra sociedad la emplean para hablar de un sector y no de toda la sociedad, lo cual, en cierto sentido, demuestra el estado mental de ánimo de que la sociedad son ellos solos y que los demás no forman parte de la sociedad—, en esos lugares nunca se levantó nadie para despreciar a un malversador, a un millonario que se robara el dinero del pueblo, a un criminal. Porque ustedes ven a esos criminales fusilados, yo he visto fotografías por ahí de muchos de esos criminales en actos sociales, y muchos “rendez vous”, y mucha amistad, más no solo eso: Búsquense las crónicas en los días subsiguientes al ataque al Palacio Presidencial, el 13 de marzo, y verán cómo mucha gente fue aquí a felicitar al tirano, porque había logrado salvar su “preciosa vida”. Y la vida preciosa del tirano era la muerte del pueblo; pero el pueblo qué importaba o qué importó nunca aquí, porque los cuatro miserables pesos, para alguna gente, valen más que toda la nación, valen más que el honor, valen más que la virtud y valen más que todo (APLAUSOS).
Y así, cuando se empieza, o se van a tomar las medidas necesarias para rectificar todo eso, se concita inmediatamente la conjura, y empieza la campaña de calumnias, y empiezan a buscar comparaciones que no existen, y empiezan a hacerle imputaciones a nuestra Revolución, cuando nuestra Revolución es tan cubana como nuestras palmas, cuando nuestra Revolución surge tan solo de las necesidades, de los sentimientos y de la idiosincrasia de nuestro pueblo, y cuando estamos haciendo una Revolución que es inexpugnable desde el punto de vista ideológico, porque postula la justicia social, dentro de un respeto absoluto a la dignidad, a los derechos y a las libertades del hombre.
Nosotros estamos haciendo leyes revolucionarias, pero a nadie le hemos quitado el derecho a escribir; estamos haciendo leyes revolucionarias, pero a nadie le hemos quitado el derecho a desfilar por las calles en manifestación pacífica; estamos haciendo leyes revolucionarias, pero a nadie le hemos quitado el derecho a reunirse, a criticar, a hablar y hasta a calumniar, porque hemos llegado a extremos tales en nuestro respeto a las libertades, que las agencias cablegráficas, cínicamente, descaradamente, han hecho desde Cuba, y sin que nadie las moleste, las peores campañas contra la Revolución Cubana (APLAUSOS).
Esas son cosas en las que no quieren reparar, no quieren reconocer y, claro, buscan comparaciones imposibles con una Revolución que es cubana enteramente, que tiene raíces cubanas, y que será orgullo de nuestra patria —y hablo de un orgullo nacional, no de un orgullo personal, porque si bien en los pueblos el orgullo es necesario para que sepan defender lo suyo, en las personas el orgullo puede ser despreciable, sobre todo, cuando más que orgullo es vanidad—, porque esta Revolución nuestra tendrá que figurar en la historia de las grandes revoluciones. En el futuro tendrán que contar a la Revolución Cubana entre las grandes realizaciones del hombre, entre los grandes acontecimientos históricos de la humanidad, y aquí, donde hay muchos que se ponen contentos cuando su país obtiene un triunfo, por modesto que sea, no han reparado en toda la grandeza y en todo el orgullo que constituye para nuestro pueblo el convertirse en la admiración de todos los pueblos de América y del mundo (APLAUSOS).
Frente a los sistemas que se disputan en el mundo la hegemonía, frente a las ideologías que se disputan en el mundo la hegemonía, surge la Revolución Cubana con su ideología propia, con sus ideas nuevas, con su doctrina nueva, a convertirse en un acontecimiento importante en la historia de la humanidad.
Que no vengan, ni soñando, a comenzar las campañas tendenciosas y falsas; a querer confundir aquí al pueblo acusando a la Revolución Cubana, endilgándole calificativos determinados, llamándonos, en dos palabras, comunistas, porque eso se pasó diciendo la dictadura durante siete años, eso se pasaron diciendo los Masferrer, los Díaz Balart y los Otto Meruelo, y eso empiezan a decir ya quienes no van a tardar mucho en darse el abrazo con los Díaz Balart, con los criminales de guerra, con los Batista, los Ventura y los Masferrer (APLAUSOS).
Llamarnos comunistas, ¿por qué? Llamarnos comunistas, ¿para qué? ¿Acaso para asociarse a los intereses extranjeros enemigos de Cuba? ¿Acaso para asociarse a las oligarquías internacionales, que han visto en el triunfo de la Revolución Cubana y en la destrucción de la maquinaria militar de la tiranía un peligro para sus intereses retardatarios y antipatrióticos? (APLAUSOS.)
¿Acaso están invocando la ayuda extraña? ¿Acaso están agitando los conflictos internacionales para que nuestra pequeña isla sea un día objeto de la agresión? (APLAUSOS.) Pues están cometiendo la más criminal de las faltas, están cometiendo la peor de las traiciones. ¡Si quieren llamarnos comunistas porque no perseguimos a los comunistas, que nos llamen comunistas porque no perseguimos a nadie! (EXCLAMACIONES Y APLAUSOS.) Porque nosotros hemos proclamado el respeto a todas las creencias religiosas, el respeto a todas las ideas políticas, y empezamos por no temerle a ninguna. ¡Quienes creen en la suya no temen a las otras! (APLAUSOS PROLONGADOS.)
¿Qué quieren, que para defender sus intereses egoístas venga de nuevo el extranjero a nuestra tierra? ¿Qué quieren, otra Enmienda Platt? (EXCLAMACIONES DE: “¡No!”) ¿Qué quieren, nuevas intervenciones en nuestra patria? (EXCLAMACIONES DE: “¡No!”) ¡Pues están cometiendo el peor de los crímenes, porque están aspirando a lo mismo que asesinar a toda la nación cubana!, porque aquí es necesario, serenamente, repetir, como dijo Antonio Maceo, que “quien intente apoderarse de Cuba, recogerá el polvo de su suelo anegado en sangre” (APLAUSOS). Y aquí no van a recoger ni el polvo, porque nuestro pueblo ha concebido una esperanza, ¡y cuando los pueblos, como los hombres, conciben una esperanza, no se resignan nunca más a vivir sin ella! (APLAUSOS.)
Mientras no la conciben, se resignan; pero después que la han concebido no hay quien pueda arrebatársela. Y yo tengo la más completa seguridad de que en defensa de su suelo, en defensa de su nacionalidad, aquí pelean los hombres y las mujeres, los niños y los ancianos (APLAUSOS), porque, en definitiva, es lógico que aquí nadie quiera volver al pasado. Es lógico que todos, sabiendo que hemos de morir algún día de muerte natural o de accidente, y que la vida, después de todo, es bastante breve y que no vale la pena vivirla si no se vive dignamente, ¡aquí este pueblo prefiera la muerte al pasado! (APLAUSOS.)
Cometen, pues, un crimen los que estén ideando campañas traicioneras para concitar contra nosotros agresiones externas. Porque, ¿qué quieren? ¿Que volvamos a un pasado donde viva el pueblo tal como vivía? ¿Tener otra vez un ejército que era instrumento de los grandes intereses? Pues se equivocan, porque si vuelven aquí no van a tener a quien mandar; se van a encontrar esto solo, y no veo qué sentido tiene ni qué justificación tenga tratar de convertir nuestra patria en un cementerio o en un campo de ruinas.
No comprendo qué derecho tienen los que tanto daño les han hecho ya a los hijos de esta tierra, los criminales de guerra, los grandes intereses, porque son solamente los grandes intereses los que se empeñan en confundir, los que se empeñan en crear aquí complicaciones, los que se empeñan en crearnos hasta problemas religiosos, cuando la Revolución no se ha metido con ninguna religión y cuando una parte numerosa, numerosísima, de los sacerdotes fueron revolucionarios y ayudaron a la Revolución (APLAUSOS), para que vengan los intereses creados a invocar hasta el nombre de Cristo, ¡como si bajo el nombre de Cristo, que fue tan justo y tan humano, pudieran cobijarse tantas inmoralidades y tantos egoísmos! (APLAUSOS.)
Son solamente los grandes intereses, porque el pueblo en general, los hombres que hoy llaman clase media, que no existirá en el futuro, porque habremos reducido a los grandes ricos al nivel de la clase media y habremos elevado a los pobres al nivel de lo que hoy se llama la clase media... (APLAUSOS). Solamente son los grandes intereses, porque hay casos como el de un señor que perdió mil pesos mensuales con la rebaja de alquileres que explicaba cómo con el arroz se había ganado 30 000, porque era un pequeño importador que al tomarse una medida redistribuyendo las grandes cuotas, ese pequeño importador, que por un lado perdió mil pesos, por otro ganó 30 000.
Así que ese es el caso, naturalmente, aislado, la excepción; pero la realidad es que todo el pueblo se va a beneficiar con las medidas revolucionarias. ¿Por qué? Porque hay que ser un egoísta o un insensible para vivir en medio de la tristeza, en medio de la miseria que hasta hoy ha existido en Cuba, porque eso solo ha servido para suscitar el resentimiento en los que se consideran víctimas de esa opulencia, eso solo ha servido para suscitar el odio, y nadie se puede sentir bien, aunque tenga mucho, si se siente odiado; nadie se puede sentir feliz entre tantas personas infelices; nadie se puede sentir bien en medio de tanto mal.
El resultado de todo eso es que se despertó un afán desmedido de dinero y de riqueza. ¿Por qué? Porque aquí la virtud no valía nada, porque aquí el honor no valía nada, porque aquí la moral y la capacidad no valían nada. No valía más que el dinero; solo el que tenía dinero era respetado, solo el que tenía dinero era servido, solo el que tenía dinero era considerado, y la consecuencia lógica era que se desatara en nuestro pueblo un afán desmedido de dinero, para obtenerlo de cualquier forma (APLAUSOS).
Es que no solo de pan vive el hombre; es que no solo con dinero se puede ser feliz, y es que, además, nosotros no prohibimos que se gane dinero. Que ganen, que se gane todo el dinero que se quiera, pero prestando un servicio útil a la nación. Comprando solares y esperando que se multipliquen por cincuenta, no se le presta un servicio útil a la nación; comprando tierras para cobrarlas después a un precio mayor de las maquinarias que se necesitan para poner una industria, no se le presta ningún servicio a la nación.
Nosotros hemos dicho que vamos a llevar adelante un reajuste, un cambio en las actividades; que basta ya de pensar en ganar dinero, en hipotecas, en garrote, en solares, en alquileres. La Revolución tiende a convertir a cada ciudadano en propietario de sus casas, para que no tengan que pagar más alquileres (APLAUSOS); la Revolución tiende a abaratar los solares, para que si valen 30 pesos valgan 3 pesos, y todo el que quiera construir su casa pueda encontrar tierra y pueda comprar un solar donde construirla. Y no solo eso, sino que le presta el dinero para que la construya, sin entrada y a un bajo interés, y, además, exime de impuesto por diez años al que construya su casa (APLAUSOS).
Cómo va a ser más feliz el pueblo, aunque hoy implique sacrificio, aunque hoy implique reajuste, ¿ahora, pagando muchas familias 60, 70, 100, pagando 20 pesos en un cuarto donde viven diez, o el día en que todo el mundo tenga su casa? ¿Qué es lo ideal? Que todo el mundo tenga su casa, y que entonces valga la pena cruzar por algunas de nuestras ciudades y que por lo menos estén pintadas las fachadas, si es que no nos vemos obligados, en el futuro, a derrumbar todos los edificios de esta Habana tan mal construida, para hacerlos nuevos otra vez (RISAS). Y nadie se asuste ni vayan a creer que le vamos a hacer a La Habana como al Buró de Investigaciones (RISAS). Quiero decir que en el futuro tenemos que resolver el problema de esos miles de solares, ¿o ustedes no saben que hay miles de solares en La Habana? Solamente en el barrio de Cayo Hueso hay 400, por vía de información. ¿Y los tenemos que dejar ahí?
¿Dónde están los parques de nuestras ciudades, dónde están las áreas verdes, dónde están los campos deportivos? El hecho de que hayamos vivido tan mal no implica que en el futuro tengamos que resignarnos a vivir tan mal. La ciudad que creció sin que nadie le trazara un plan, creció sola; uno añadía una casa sobre otra, otro añadía una calle, y así, luego, cuando había que hacer una avenida, había que destruir cien casas o había una revolución de los vecinos, porque no estaban dispuestos a permitir que la avenida pasara por allí.
Nuestra ciudad da lástima, y digo “nuestra ciudad” como digo todas las demás ciudades; dan lástima, y algún día tendrán que ser... No diré que somos nosotros los que vamos a hacer eso, porque no tenemos tanto interés en ser nosotros, que bastantes enemigos, por querer estar cumpliendo con el deber, nos estamos buscando; y, además, estamos dispuestos a seguírnoslos buscando, desde luego... (RISAS Y APLAUSOS). Es preciso que se entienda que nosotros no le queremos hacer daño a nadie, ni le hacemos daño a nadie gratuitamente, o que le tengamos odio a nadie aquí. Yo declaro aquí que no le tengo odio a nadie, yo declaro aquí que comprendo todo lo que ocurre en Cuba y ha ocurrido, porque bajo esa norma se ha desenvuelto nuestra república.
Además, ¿por qué desesperarse? Es lógico que toda ley resulte que perjudique uno más que a otro, pero eso pasa con cualquier ley. Toda ley es injusta desde el momento en que dice que es igual para todos, y resulta que todos no somos iguales, y se aplica la misma ley a uno que tiene un carácter y a otro que tiene otro; se aplica una ley igual a seres que somos diferentes. Ya se sabe que una ley a algunos los perjudica más que a otros; pero, ¿por qué desesperarse? Si yo creo que una de las mejores cosas que está haciendo la Revolución es poner los ricos a pensar (RISAS Y APLAUSOS), porque antes no se preocupaban por nada, no se preocupaban; tenían sus centrales, tenían sus grandes tierras y no se preocupaban de mejorar la agricultura, de obtener un rendimiento más alto por unidad de tierra, de buscar otras industrias, establecer otras industrias.
Todo el mundo que ganaba el dinero y lo quería tener seguro, iba y lo invertía en un solar, o en una hipoteca, o en un edificio de apartamentos. Ahora, como ha surgido la necesidad de reajustar, como se están estableciendo una serie de medidas revolucionarias, se han puesto a pensar y no se imaginan ya la cantidad de proyectos que tienen para diversificar la industria, para poner nuevas industrias, para hacer programas de desarrollo, en fin, para obtener ganancias, pero de otra manera de la que las habían obtenido hasta ahora.
En consecuencia, la Revolución va a obtener el apoyo de la inteligencia de los ricos, porque no es que sean bobos, sino que estaban acomodados a la situación, y como ahora se imponen una serie de cambios, están buscando la manera de hacer lo que deben hacer, que es adaptarse. Y si hemos dicho que ni el latifundio, ni el negocio de los alquileres, ni el de los solares, ni el del garrote, ni el de la hipoteca... La hipoteca hemos dicho que no la vamos a tocar, porque no queremos perjudicar el crédito, porque se necesita el crédito para el desarrollo agrícola y el desarrollo industrial; tendremos que limitar los intereses en los casos de las personas afectadas por la ley de rebaja de alquileres.
Pero hemos dicho bien claro que la industria tendrá todas las garantías y todo el estímulo necesario para desarrollarse, con una sola condición, que se paguen salarios altos. Hemos dicho que los bancos cubanos tienen todas las garantías y todo el estímulo. No diré que los otros no tengan garantías, pero sí diré que no tendrán estímulo; los estímulos se los daremos al banco cubano (APLAUSOS), porque aquí hay gente “patriota” que, cuando oyen cualquier rumor, salen corriendo, van al banco cubano, sacan el dinero de allí y lo ponen en el banco americano. Es el complejo que tienen. Pues yo digo que están más garantizados en los bancos cubanos que en los bancos americanos (APLAUSOS), sin que esto implique que yo diga que los bancos americanos no tienen garantías. Yo no digo eso; pero que tampoco tienen ningún privilegio, y que es una tontería sacar el dinero de un banco cubano, al primer rumor, y llevarlo al banco americano.