Discurso pronunciado en la Sesión Plenaria celebrada por el Comité Conjunto de Instituciones Cívicas Cubanas, en el Salón de Actos del Colegio Médico Nacional, el 16 de marzo de 1959

Part 4

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Un día salió una noticia de que le íbamos a poner un impuesto al capital inactivo. Yo no entiendo eso; esa teoría anacrónica no sé cómo se la metieron en la cabeza a la gente, si hoy el Estado tiene los órganos de crédito adecuados para movilizar todo el capital que sea necesario, ¿para qué le va a poner impuesto a ningún capital inactivo? Esa es una medida de una época vieja, en que no había Banco Nacional, ni Banco de Fomento Agrícola e Industrial. Todo lo contrario, estamos pensando en medidas para movilizar el crédito con un interés bajo, a través del Banco de Fomento Agrícola y el Banco de Fomento Industrial, que serán dos bancos distintos, y que prestarán con intereses más bajos, porque están organizados de manera que los intereses se cobran muy altos, porque tienen que pedir el dinero prestado a un interés determinado para prestarlo a un interés más alto.

Hay gente que cree que estamos todavía en la época de la botija y de las monedas de oro, de los “duros” aquellos, como les llamaban, en que la moneda tenía un valor en sí, y el avaro la escondía en una botija y la enterraba en el patio de su casa (RISAS). Los sistemas monetarios han evolucionado extraordinariamente; hoy la moneda está constituida por un papel que representa un valor determinado. Se necesita estar viviendo en el siglo pasado para sacar el dinero del banco e ir a esconderlo en su casa porque le tengan miedo a una medida del gobierno, cuando —como yo dije el otro día— con cambiar el color de los billetes lo resolvíamos todo, se quedaba todo el mundo sin dinero (RISAS); pero nadie piense eso, que nadie está pensando en esas cosas.

Para que vean si el Gobierno Revolucionario ha sido cuidadoso y ha sido prudente, por no arruinar los bancos y no arruinar las cajas de retiro, hemos cargado sobre nuestras espaldas los 1 200 millones de pesos que Batista se hizo prestar por la fuerza (APLAUSOS). Precisamente para no arruinar a nadie, para no crear hecatombes, para que nadie tuviera que suicidarse aquí, hemos respetado esas deudas, hemos cargado con ellas, porque entendemos que rechazar esas deudas era crearnos grandes obstáculos, en un momento en que la Revolución tiene que normalizar el país y marchar hacia adelante lo más rápidamente posible.

¿Es como para asustarse de las medidas que hemos tomado y de las que se están tomando? ¡No es para asustarse tanto, señores! Lo malo sí es asustarse más allá de la cuenta, y comenzar a hacer campañas contrarrevolucionarias y comenzar a calumniar a la Revolución, porque van a terminar asociados a los criminales de guerra, van a terminar asociados a los enemigos de Cuba; y al pueblo no lo van a conquistar, y sin pueblo no hay esperanzas de tomar el poder otra vez; sin pueblo no tienen la más mínima posibilidad, porque están derrotados en el campo de la opinión pública, en el campo de la razón histórica, en el campo militar y en todos los órdenes están derrotados.

Lo que podrían conseguir combatiendo la Revolución es hacerla más fuerte; lo que podrían conseguir combatiendo la Revolución es que las medidas revolucionarias fuesen todavía más drásticas; y lo que pueden conseguir los grandes intereses creados combatiendo la Revolución es perder hasta el apellido, por no decir que el “don”, porque el “don” ya está perdido aquí, ya aquí no hay “dones”; aquí hay ciudadanos, ciudadanos que se respetan por sus cualidades, ciudadanos que se respetan por su honor y por sus virtudes, no por su dinero.

Yo no veo que obtengan ninguna ventaja en combatir la Revolución, en vez de adaptarse a la Revolución. Ahora, eso sí, no tratar de adaptar la Revolución a sus intereses, porque a la Revolución no la van a adaptar a sus intereses. Por lo menos, alguna vez le tocaba al pueblo ganar; alguna vez el pueblo, que es el bueno en esta historia, tenía que ganar. No siempre iba a ser el pueblo el traicionado, no siempre iba a ser el pueblo el abandonado; algún día tenían que venir hombres leales al pueblo. Aquí, me acuerdo que decía algo el Presidente de las instituciones, cuando hablaba de que el deber de ellos sería, entre otros, combatir a los gobernantes si fueran a hacer las mismas cosas que antes. ¡Me temo que se va a quedar con las ganas el Presidente de las Instituciones Cívicas...! (RISAS.) Porque, ¿que nos equivoquemos? Admitido, nosotros no somos infalibles. ¿Que actuemos de mala fe? ¡Jamás!, porque tenemos la seguridad de que jamás nos dejaremos llevar por la mala fe, ni por el odio, ni por el resentimiento.

Aquí vuelvo a repetir aquello de que “si se nos acaba la paciencia, buscaremos más paciencia; y si se nos acaba, volveremos a buscar más paciencia, cuantas veces sea necesario” (APLAUSOS). Seremos ecuánimes, aunque firmes; porque ya de gente “cambia-casaca” está cansado el pueblo de Cuba. Actuaremos con serenidad, incluso frente a todas las contingencias. No quiere decir eso que vayamos a estar impotentes, ni que vayamos a estar indefensos.

Cuando se nos combata con las armas de la razón, combatiremos con las armas de la razón; y si se nos combate con argumentos, combatiremos con argumentos. Para eso hemos conquistado, ustedes y nosotros, el derecho a que cada cual exprese su pensamiento libremente, escriba libremente y hable libremente.

Se quiere hacer ver que hay como cierta coerción. Bueno, si la opinión pública es una coerción, entonces admito que hay alguna coerción. Es que el que escribe no quiere ponerse contra la opinión pública, ni el comerciante se quiere poner contra la opinión pública, ni el escritor se quiere poner contra la opinión pública, ni el político se quiere poner contra la opinión pública, ni el revolucionario se quiere poner contra la opinión pública. ¿Por qué? Porque la opinión pública está con los que tienen la razón; puede confundirse transitoriamente, pero la opinión pública está con los que tienen la razón.

¿Eso qué es? ¿Es el imperio de la fuerza? No, es el imperio de la opinión pública. ¿Por qué se estuvo luchando aquí? Por el imperio de la opinión pública. ¿En nombre de quién se habló? En nombre de la opinión pública; lo que pasa es que cuando no se tiene razón, cuando no se tiene moral, cuando no se tienen argumentos, no se le puede hablar a la opinión pública, y eso es lo que pasa.

Algunos dicen que yo me molesto cuando me atacan. ¿Quién dijo? A mí me pueden atacar todo lo que quieran, lo que sí me molesto cuando atacan a la Revolución, porque la Revolución es nuestra obra, porque la Revolución es un interés sagrado del pueblo, y nosotros estamos en el deber de defender la Revolución. Y nosotros solos no; aquí siempre, cuando se ha atacado a alguien, inmediatamente ha respondido. Cuando cualquier escritor es señalado o es criticado, inmediatamente responde; pues nosotros no, hay 20 000 críticas que no les hacemos ni caso; ahora, cuando algo ataca a la Revolución, la defendemos, y la defendemos con argumentos, y la defendemos con el derecho que tenemos, igual que todos los demás cubanos. Porque si algo hemos establecido es que aquí todos somos iguales, es que aquí no hay privilegios para nadie, es que aquí no hay nadie superior a nadie; y nosotros somos, sencillamente, en el gobierno, parte del pueblo, y actuamos como puede actuar cualquier ciudadano del pueblo.

Será difícil combatir al Gobierno Revolucionario, porque el Gobierno Revolucionario está actuando con justicia, está actuando con razón y está actuando con honradez. Ocurre, naturalmente, que aquí robarse 20 millones de pesos, para algunos no fue nunca una falta; ahora, ser honrado y dictar una ley en beneficio del pueblo, para algunos es un crimen. Eso, naturalmente, molesta mucho a quienes saben que no nos van a comprar con ningún dinero; que no nos van a sobornar, ni nos vamos a dejar tentar por nada: ni por el poder, porque, en definitiva, ¿qué es el poder en sí, sino un calvario para todos nosotros?

Créanme que nosotros trabajamos tanto como pueda trabajar el más poderoso, el más rico latifundista y seguro que ganamos menos que lo que gana él. Trabajamos más que él, y en esta Revolución renunciamos más que él; en esta Revolución perdemos más que él: perdemos hasta la salud, perdemos dinero, porque, ¿cuánto ha perdido el que más ha perdido en alquileres aquí? ¿Mil mensuales? ¿Diez mil? ¿Veinte mil? Pues yo pierdo 100 000 mensuales, porque si me hubiera dedicado a escribir libros, y novelas, y cosas de esas, les aseguro que me hubiera ganado dos o tres, o cuatro millones de pesos. Si me pusiera nada más que a escribir la historia de la Revolución, con el interés que yo sé que hay dentro y fuera de Cuba, esos libros se venderían en Estados Unidos, en Cuba y en toda la América Latina.

Cuando lo vaya a hacer, posiblemente no le interese a nadie; posiblemente todo el mundo haya escrito un libro ya; posiblemente nadie compre ese libro (RISAS). Sin embargo, ese tiempo que yo pudiera dedicar a escribir un libro, lo dedico a servir al país, y pierdo más que cualquier latifundista, y pierdo más que el que haya perdido más en los alquileres; y con seguridad que cuando concluya el Gobierno Revolucionario, voy a tener mucho menos que él. Y, además, lo que uno ha escrito, discursos y folletos, lo publican por ahí “por la libre”, y lo venden, y hacen negocio con lo de uno (RISAS Y APLAUSOS).

¡Ni me preocupo, ni protesto! Todos tenemos que perder algo y todos tenemos que sacrificar algo. Otros han perdido más que nosotros. ¿Es que alguien quiere su dinero más que a sus hijos? Pues hay muchas madres que han perdido a sus hijos. Ayer una madre vestida de negro, con lágrimas en los ojos, se me acercó y me dijo que había perdido a su hijo, pero que estaba contenta; que había perdido a su hijo, pero que estaba contenta, porque la Revolución estaba cumpliendo su obra. En aquella frase lo dijo todo: “Yo perdí lo que más quería, pero estoy contenta, porque muchas madres salvaron a sus hijos; perdí lo que más quería, pero estoy contenta porque el pueblo va a ser feliz; perdí lo que más quería.”

¿Quién tiene derecho a alzar su voz frente al sacrificio de esa madre? ¿Quién tiene derecho a alzar su voz frente a la generosidad de esa madre? ¿Y cuántas madres han perdido a sus hijos? ¡Qué importa perder algunos pesos, si otros han perdido la vida, si otros han perdido algo más que la vida: han perdido a sus hijos, han perdido a sus hermanos, han perdido a sus esposos! ¡Qué importa perder unos pesos!, pesos que sobran y que van a sobrar, porque donde la virtud valga, donde el honor valga, donde la capacidad valga, los pesos sobran, las influencias sobran, las relaciones sobran (APLAUSOS). Porque antes no decían de una persona que era muy capacitada, muy virtuosa, muy buena, sino: “Tiene muchas influencias, tiene muchas relaciones.” Al estudiante le decían que tenía que ir a buscar relaciones, y al médico le decían que tenía que buscar relaciones, y al ingeniero le decían que tenía que buscar relaciones.

Ustedes, que son en gran parte profesionales, conocen mejor que nadie por qué caminos marchaba Cuba. Había una sola universidad y, sin embargo, muchos profesionales no tenían donde ganarse la vida. La capacidad de qué servía si aquí lo que valían eran las influencias, si aquí lo que valían eran las relaciones. Estudiar, ¿para qué? (RISAS Y APLAUSOS.) Hoy la Revolución abre perspectivas ilimitadas, no solo a todos los profesionales, sino a todos los profesionales que van a surgir, no de una universidad, sino de tres universidades.

¿Qué sería del país si seguía como iba? ¿Si no tenían trabajo los que salían de una universidad, cómo lo iban a tener los que salían de tres y los que iban a salir de seis? (APLAUSOS.) ¿Dónde iban a trabajar los miles y miles de maestros que hay en Cuba? ¿Dónde iban a trabajar los miles y miles de jóvenes que están estudiando en las escuelas del hogar, en las escuelas normales, en las escuelas de kindergarten, de maestras de kindergarten, y en todos los centros de preparación de maestros, si era triple el número de maestros que se graduaban al número de aulas que se abría; triple el número de profesionales que se graduaban que el número de posibilidades que se abría para ellos? ¿Qué iban a hacer, incluso, los que se graduaran en la Universidad de Pinar del Río, si los que se graduaban en la de La Habana no tenían donde trabajar? (RISAS.)

Ahora, ¿cuáles son hoy las perspectivas? Va a haber trabajo para los miles de maestros que están sin trabajo, se van a abrir posibilidades ilimitadas para todos los profesionales de todas las universidades, aunque tengamos que controlar el problema de las profesiones, porque las universidades deben actuar de acuerdo con los intereses y las necesidades del país; no dar lugar a una superproducción de determinados profesionales y a faltas de otros profesionales.

Las universidades deben producir sus profesionales de acuerdo con las necesidades del país, porque de lo contrario arruinan a todos los profesionales, de lo contrario invierten su tiempo y su dinero en preparar hombres que no van a tener empleo. Pero, como un signo de nuestra Revolución, como un acontecimiento cuyo primer lema es la honradez y la verdad, las universidades van a recibir más ayuda que nunca, y dentro de breves semanas se estarán levantando, simultáneamente, tres ciudades universitarias, en Oriente, en Las Villas y en La Habana (APLAUSOS), y se irán estableciendo facultades universitarias en las demás provincias, en la misma medida en que vayan siendo necesarias.

No hacer una universidad por complacer, sino porque sea necesaria al país. Lo otro sería demagogia, que es lo que se ha hecho aquí siempre con todas las cosas. En la misma medida en que se hagan necesarias, se irán estableciendo las facultades universitarias en las distintas provincias, y llegarán a tener sus universidades, porque las posibilidades y las perspectivas que se le presentan por delante a Cuba son extraordinarias.

Y así, las escuelas y las universidades tendrán atención preferente igual que la escuela. Nadie está contra la escuela privada, lo que vamos a hacer es redimir a la escuelita pública (APLAUSOS), lo que vamos a hacer es poner la escuela pública a la altura de las mejores escuelas privadas, y, si es posible, mejor (APLAUSOS). Si el Estado tiene más recursos, si el Estado puede pagar mejores sueldos, ¿por qué el Estado no va a elevar el nivel material y cultural de las escuelas públicas? Las escuelas públicas tendrán todo lo necesario para dar una educación integral a los niños, y habrá las ciudades escolares industriales de 5 000 niños, y las ciudades escolares en el campo, que serán de 20 000 niños. Y haremos, en ese orden, lo que no se ha hecho en ningún país del mundo, como estamos ya realizando algunas obras como las del Instituto de Ahorro y Vivienda, que no existe en ningún lugar del mundo. Esto es para que vean bien claro que nosotros, nuestras instituciones revolucionarias, no las estamos copiando de nadie (APLAUSOS).

Estimo que al menos algunas cosas queden aquí aclaradas. Yo vine tranquilo a hablarles a ustedes. Es posible que haya aquí uno o más perjudicados por las medidas revolucionarias; sin embargo, yo he visto que todo el mundo ha aplaudido aquí (APLAUSOS). ¿Qué quiere decir? Quiere decir que hay patriotismo en las instituciones cívicas, que hay espíritu revolucionario en las instituciones cívicas. Y a la pregunta de que si pueden ser útiles, yo digo no que pueden ser útiles, sino que son necesarias. Es necesarísimo el respaldo de las instituciones cívicas a la obra revolucionaria (APLAUSOS), y nos han ayudado y nos deben seguir ayudando, como hicieron los rotarios, los leones, los caballeros católicos, los masones, todos los componentes de las instituciones cívicas, lo mismo católicos que protestantes, de unas instituciones que de otras, a raíz de la campaña contra Cuba, que todo el mundo escribió defendiendo la Revolución.

Hay que seguirla defendiendo. ¿Que algunos resulten un poco impresionados? Es lógico, las cosas que se están haciendo hoy, nunca se habían hecho en Cuba. ¿Que algunos intereses resultan perjudicados? Está bien; pero, ¿y todas las demás cosas que en el orden moral y en el orden material está aportando la Revolución a todo el pueblo, los sectores que está beneficiando, lo que significa para la industria cubana, por ejemplo, la consigna de consumir artículos nacionales? (APLAUSOS.)

¿Cuántas ganancias no significará para muchos industriales esa campaña? Sin embargo, yo no les he pasado cuenta ni les he cobrado un centavo por la campaña que estoy haciendo (APLAUSOS). Ocurre que algunos se perjudican, pero otros se benefician. Eso es estimular la economía en un sentido determinado: que se beneficien los industriales; que el rentista se vuelva industrial; que el latifundista se vuelva industrial. Aquí no le hemos cerrado la oportunidad a nadie, le abrimos la oportunidad a todo el mundo. Ahora, le queremos abrir la oportunidad también al pueblo. Vamos a arreglar esto de manera, no que vivan unos cuantos, sino que puedan vivir todos. Y yo les digo que si trabajamos todos, el premio que recibiremos será un gran premio, el premio de convertir a Cuba en el pueblo más próspero y más feliz del mundo.

Algunos pensarán que yo soy un poco soñador, pero siempre recuerdo aquella frase de Martí que decía, que el verdadero hombre no mira de qué lado se vive mejor, sino de qué lado está el deber. Ese es el único hombre práctico, cuyo sueño de hoy será la ley de mañana (APLAUSOS).

Muchas cosas que aquí parecían un sueño ayer —el que hubiera, entre otras cosas, honradez absoluta en los gobernantes, por no citar más que una sola, parecía un sueño ayer—, hoy se han convertido en leyes. Si trabajamos lo podremos todo.

Yo acabo de llegar de la Ciénaga de Zapata —no tuve tiempo ni de cambiarme la camisa, llegué a la hora no de la cita, sino a la hora exactamente en que me vieron llegar aquí (RISAS)—, ¿y qué vi allí? Pues una cosa más de las que han pasado en Cuba. Cincuenta años oyendo hablar de la Ciénaga de Zapata, 50 años oyendo hablar de proyectos tales y más cuales, y que allí se podía hacer y deshacer, y después de visitar la Ciénaga de Zapata, de observar allí sobre el terreno, estudiar los proyectos que había y ver algunas obras que se han hecho por allí para desecar aquello, pienso que es un crimen más que la Ciénaga de Zapata no hubiese sido desecada hace muchos años (APLAUSOS).

De acuerdo con los planes que tenemos, estamos elevando el nivel de ingreso; pero, al mismo tiempo, tenemos que ahorrar divisas, porque mientras más divisas ahorremos, más elevamos el nivel de nuestros ingresos. Aquí hay que ahorrar divisas para elevar las reservas porque se robaron las reservas, y es, además, una vergüenza y una indignidad que nosotros estemos importando cosas que podemos producir aquí, dándoles trabajo a miles de cubanos (APLAUSOS).

La Ciénaga de Zapata, decía, es uno de los tantos ejemplos del abandono de los gobiernos por la naturaleza y por Cuba. Aquí todos los árboles los tumbaron, aquí acabaron con todos los bosques, aquí acabaron hasta con el Parque Nacional, que quedaba por allá, por Mayarí; aquí los campos están desolados, la erosión arrasa con nuestra tierra, la agricultura está atrasada y enormes extensiones de tierra productiva están abandonadas.

La Ciénaga de Zapata, nada más fácil en el mundo que desecarla, no es ni siquiera una ciénaga —bueno, es una ciénaga, pero no está bajo el nivel del mar, no es ni siquiera como las tierras que los holandeses recobran del mar, está a más de un metro sobre el nivel del mar, no hacen falta más que canales—; pues bien, antes del día 30 de este mes, la Ciénaga de Zapata comenzará a ser desecada, y antes de un año y medio habremos recobrado 15 000 caballerías de tierra, de la tierra más fértil en la Ciénaga de Zapata (APLAUSOS).

¿Cómo lo vamos a hacer? Pues lo vamos a hacer con el dinero que están dando los pueblos, los niños en las escuelas, los sindicatos, las industrias, para la reforma agraria. Con ese dinero, sin ningún impuesto, con una parte de ese dinero vamos a desecar la Ciénaga de Zapata y vamos a obtener allí terreno para situar 24 000 familias campesinas (APLAUSOS) que van a tener, produciendo arroz, un ingreso aproximado de 2 000 pesos al año, unas diez veces más de lo que perciben hoy, que equivalen a 48 millones de pesos, solamente en 24 000 familias. ¿Produciendo qué? Pues produciendo arroz, que hoy importamos cerca de 40 6 50 millones; no solo el que consumimos hoy, sino el que vamos a consumir en los próximos años, como consecuencia del aumento de la población y del aumento de ingresos en la población.

Para el año que viene estará sembrado en la Ciénaga de Zapata todo el arroz que hoy se importa (APLAUSOS); tendrán tierras 24 000 familias, y trabajarán 50 000 personas, solamente en lo que era un pantano, una ciénaga.

Pero, ¿la Ciénaga de Zapata es lo único que hay que desecar aquí? Antes de 15 días, antes de fin de mes, o aproximadamente coincidiendo con el fin de mes, habrá 20 dragas abriendo canales del norte hacia el sur, y una draga abriendo un canal de la Bahía de Cochinos hacia la Laguna del Tesoro (APLAUSOS).

¿En qué basamos este optimismo? En las tierras que allí se han desecado con unos canales, unas 100 caballerías, y son tierras productoras de arroz de la mejor calidad, que había una draga allí desecando para un particular. Ignoro cómo anden los derechos sobre esa parte de ciénaga desecada; no quiero mencionar, por no hacer imputaciones infundadas, pero tengo mis ideas sobre eso.

La Ciénaga de Zapata es del Estado —no sé si aparecerá algún dueño ahora que hemos dicho que la vamos a desecar (RISAS)—, una tierra maravillosa, completamente llana, que se puede dedicar lo mismo a cultivar arroz, que a sembrarla con pangola —la hierba que más rendimiento produce y que puede permitir criar hasta 60 y más cabezas de ganado por caballería, actualmente se crían 10 y 12—, frijoles o infinidad de artículos más. Tierras abandonadas donde no había más que hacer unos canales.

Y así como está la Ciénaga de Zapata está toda la isla. La isla es una especie de Ciénaga de Zapata, donde hay que ponerse a trabajar, y donde pueden vivir, no 24 000 familias, donde pueden vivir 24 millones de familias, porque los holandeses son más que nosotros, tienen que estar ganándole al mar pulgada a pulgada la tierra, tienen un invierno, sacan una sola cosecha, y nos hacen competencia aquí con la leche condensada, el queso y todo eso (RISAS).

Así que tenemos, simplemente, que ponernos a trabajar. Si nos ponemos a trabajar y a luchar por la Revolución sin temores, si cuando por un lado recibimos un perjuicio, pensamos que por otro podemos recibir un gran beneficio, que todos hemos perdido algo, que hay que ser generoso, que la patria está por encima de todo, que más que el dinero vale la vida, ¡y hasta la vida hay que sacrificarla cuando la patria lo exige!; si nos limpiamos de prejuicios, si pensamos no como en tiempos pasados, sino conscientes de que vivimos tiempos nuevos, grandes tiempos que serán no para la desgracia, sino para la felicidad de nuestro pueblo, para la felicidad, la grandeza y la gloria de todos los cubanos, no hay que temer, no hay que preocuparse. Ustedes todos, en bloque; ustedes todos, en masa, estarán con la Revolución. Contra la Revolución estarán solo los egoístas o los que no son capaces de comprender que el mundo marcha, que los pueblos tienen que avanzar (APLAUSOS), que las sociedades humanas han adelantado mucho en lo técnico, pero en lo social y en lo moral están muy atrasadas (APLAUSOS); que hay que poner las sociedades humanas a la altura de los adelantos de la ciencia y de la técnica, porque si no se va a dar el caso paradójico que el hombre va a conquistar, incluso, los espacios, va a llegar a otros planetas y todavía las sociedades van a estar con miles de años de retraso.