Discurso Pronunciado En La Sesion Almuerzo Del Club De Leones D

Chapter 5

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CMDTE. FIDEL CASTRO.- Por lo pronto yo sí le puedo dar una respuesta, que es la siguiente: de acuerdo con el derecho, carece por completo de validez ese traspaso de propiedad. Incluso advertirle al pueblo, al público, que no se le ocurra comprar una pulgada más de terreno en esa zona. ¿Y hubo quien compró?

FABIAN ACEITUNO.- Bueno, en esas manzanas hasta ahora no veo a nadie. Veo un letrero que dice que son dos o tres manzanas.

CMDTE. FIDEL CASTRO.- Porque lo triste ahí hubiera sido perjudicar a algún tercero que hubiese ido a adquirir aquellas tierras inocentemente (APLAUSOS).

__.- Muchísimas gracias. A propósito de esto…

CMDTE. FIDEL CASTRO.- Si no la han vendido, la que esté ahí tenga la seguridad de que el Ministerio de Recuperación de Bienes la recupera, pero inmediatamente la recupera. Tenga la seguridad de eso. Y no es lo único. Yo soy partidario de que en eso no se ande con muchos escrúpulos legales: que cuando se sepa que es una inmoralidad, sencillamente se resuelva el problema, mediante la ocupación y la confiscación de aquellas propiedades, si acaso han tratado de sustraerlas. Lo importante es que se pruebe. Eso sí: que se pruebe. No actuar a base de cálculo, ni de rumores, ni de suposiciones.

Ahí está el central “Washington”. Podrá estar en una sociedad anónima, pero todo el mundo sabe que es de Batista y de Morales del Castillo y de Pedraza. Y además han dejado una gran cantidad de fincas. ¡Por fin Pedraza perdió su finca! (APLAUSOS.) Era insólito que con los crímenes que cometió ese señor, estuviera tranquilamente viviendo allí. Esa es una de las cosas que más deprimía al pueblo. Y todo el mundo decía: “Tú ves, chico, mira las cosas de la Revolución; mira a Pedraza ahí. Hizo dormir a La Habana a las 9:00 de la noche, ¡y míralo ahí, chico!” (RISAS.) Eso lo decía todo el mundo. Hasta que por fin, vino de verdad, pero de verdad (APLAUSOS).

Y no será, por cierto, el único, porque había un coronel en Las Villas que acababa de comprar 400 caballerías de tierra. Bueno, es que creían que se iban a estar toda la vida aquí, de otra manera no se explica. ¡Una cantidad de fincas! Hay un oficial de la Marina que tiene una casa de 200 000 pesos. Kuquine está ahí, que dicen que se puede hacer una ciudad escolar con lo que tiene dentro de valores. ¡La verdad es que se repartieron la república! (APLAUSOS.)

La Habana del Este, hay que informarse bien todo el negocio que hay con esos terrenos. Y oiga, con la manga al codo, como el carnicero a la res —según decía Martí—, hay que entrarles con la manga al codo a esos problemas. Sí, el que ganó gratis, el que ganó de vivo, el que ganó de pícaro, el que ganó de mal ciudadano, que lo pierda, señores. Porque, ¿por qué tenemos nosotros que andar con consideraciones, respetando? Esas no son propiedades legítimas ni son ganancias legítimas. Compraron las tierras, hicieron el túnel y a ganar tanto. Pues todos los negocios que hizo la dictadura hay que investigarlos, ¡todos!, pero absolutamente. Todas las concesiones que hizo hay que investigarlas, ¡todas!

¡Ah!, ¿si hizo algo bueno? No porque lo haya hecho la dictadura lo vamos a abolir. ¿Empezó a hacer un edificio que sea necesario? Aunque lo haya empezado a hacer Batista, eso no nos importa, ¡suerte que ya haya hecho alguna cosa bien hecha, lo podemos terminar! Entonces, continuar haciéndola. ¡Ojalá hubiera hecho más cosas bien hechas y pudiéramos contar con ellas ahora! Y lo que ha hecho mal, cambiarlo. Aquí no hay que actuar con pasiones, al pueblo no le interesa eso; le interesan los edificios que necesita, las escuelas que necesita. Y nada de hacer escuelitas a la orilla de las carreteras, ni casitas a la orilla de las carreteras para que las vea la gente. Lo que hay es que hacerlas tierra adentro, tierra adentro, aunque no las vean, porque es donde se necesitan.

Hay muchos negocios de muchas clases, contratistas y otras historias. Y como aquí no van a sobornar a nadie, ¡aquí no van a sobornar a nadie!, iremos en estas cuestiones por líneas muy rectas, por líneas inflexibles. Ya les digo: aquí en todo hay que pelear en la primera trinchera. Si usted pierde en la primera, después tiene que pelear en la segunda y en la tercera, y no es negocio. Y en la guerra se demostró que había que defender la primera trinchera más que ninguna otra. En lo moral aquí hay que atrincherarse en la primera posición y no perder una sola, en cualquier caso. Donde se dé un paso atrás empezamos mal. No podemos caer en la primera tolerancia ni en la primera transigencia. Desde ese día, créanme que me voy a sentir desanimado como un ejército que empieza a ser derrotado. Y lo que hay que hacer en vez de retroceder es avanzar y cada día conquistar una posición más (APLAUSOS).

__.- Aquí tenemos un profesor de una escuela de La Habana —es león también— y quiere hacerle una pregunta. Una de las últimas tres, Comandante Fidel.

__.- Doctor Fidel Castro, esta mañana se dio una noticia por la radio que nos ha llenado de angustia a los maestros —soy maestro—, a los padres —soy padre— y a miles de adolescentes de 12, 13 y 14 años a través de la república.

Los niños tienen una sensibilidad exquisita y un sentido muy agudo de la justicia, y ellos dicen que cómo es posible que después de haber ganado durante dos o tres años sus notas ejemplarmente se les vayan a anular esas notas.

Los padres nos sentimos muy angustiados porque creemos que esos niños han hecho un esfuerzo muy grande, y sería un atentado a la cultura que se pusiesen a anular todas esas cosas y troncharles la ilusión que esos niños tienen con sus estudios.

CMDTE. FIDEL CASTRO.- Yo le voy a responder y es lo siguiente:

Le expliqué bien cómo yo estaba responsabilizado con algunas tareas determinadas y que no interfería absolutamente para nada, incluso no sabía nada ni conozco las medidas que de otro orden se están tomando o se van a tomar. Aunque naturalmente estoy en el deber de estar informado de esa medida de esta mañana, yo no he podido conocerla. Pero sí le puedo dar mi criterio sobre esto, y es el siguiente:

Todas estas medidas que sean conflictivas, todas esas medidas que sean moralmente discutibles o que persigan un propósito determinado… Pienso que puede haber en algún caso la intención de alguna manera sancionar o condenar el hecho de que en algunas universidades, mientras los estudiantes estaban luchando, se hubiera seguido dando clases, y unos se estuvieran graduando a expensas de otros. Porque sí, han estudiado, pero los otros estaban combatiendo, ¿no? (APLAUSOS), y unos son profesionales en la patria libre y ya empiezan a ganar dinero, mientras otros son estudiantes en la patria libre y no ganan nada y tienen que seguir estudiando porque se fueron a los campos de batalla (APLAUSOS).

Pero eso no quiere decir que haya que adoptar medidas extremas, sino medidas justas; lo justo, el criterio de lo justo es lo que debe primar aquí.

En estos casos conflictivos, yo soy de la opinión que debe de ponerse en conocimiento público, informarse a la opinión pública mediante la discusión.

Creo que a los distintos sectores, a un representativo del estudiante que se graduó en la universidad, o de la asociación, a un representativo del estudiante que combatió, a un profesor de una universidad y de la otra, a los niños, a todos los sectores afectados reunirlos en una mesa redonda de una hora, dos horas o tres horas y que discutan, para que entonces se llegue a acuerdos justos. Lo importante es lo justo.

Claro que no es lo mismo el caso de un estudiante universitario que el del niño de la escuela. La responsabilidad es distinta. Yo no conozco. Yo tendría que estudiarlo para dar mi opinión: me parece esto bien, me parece esto mal. Pero en esos casos de medidas conflictivas lo que me parece que debe hacerse es consultar la opinión pública, discutir ante la opinión pública, y entonces actuar conforme al sentimiento de la opinión pública orientada por medio de la discusión. Ahí tenemos la televisión, y creo que nadie puede dar una opinión sobre algo si no está informado. Lo importante es informar. Y creo que no se deben resolver estos problemas, o si se han dado pasos en ese sentido y crean polémicas, deben someterse a una discusión para que, en definitiva, las medidas resulten justas (APLAUSOS).

(CAMBIO DE CINTA)

…tengan talleres donde ellos mismos confeccionen sus ropas; talleres donde ellos mismos confeccionen sus zapatos, y una serie de productos de consumo los produzcan allí. Es más, le vamos a pedir a la CTC Revolucionaria que nos entregue la vaquería de Mujal (APLAUSOS), para que ya esta ciudad escolar tenga la leche; alguna otra finquita de esas que compraron los magnates que se han escapado, para que siembren malanga, plátano, papas y todos los artículos. Porque la finalidad es que los alumnos, para mejorar su alimentación, aprendan no solo a estudiar sino a trabajar.

Hay que enseñar a la juventud no a estudiar sino también a trabajar desde muchachos y cumplir con sus obligaciones. Y que tengan bien claro que las que se van a hacer en el interior de la república van a contar con 200, 300 caballerías de tierra que estaban allí improductivas, y se podrá hacer el plan más racional. Aquí tendrá que ser en La Habana sobre todo una sección industrial, una ciudad escolar industrial que prepare para la industria a la juventud, trabajando y produciendo (APLAUSOS).

En esos talleres, por ejemplo —a propósito del Club de Leones, que fue el fundador del Asilo de los Ciegos—, hay un taller allí en la ciudad escolar que se va a hacer que tiene una producción de ropas o de zapatos o de dulces, porque allí hay que hacer todo lo que hace la industria, producir allí en industrias pequeñas para el consumo de los alumnos; si pueden producir más pueden llevarles a los asilos y pueden llevarles a distintos lugares también, producir los productos para ayudar (APLAUSOS).

Ayudan al Estado a sufragar los gastos, cuidan la lechería, cuidan las fincas agrícolas, cuidan las industrias, producen, se hace todo más económico; tienen un estándar de vida más alto los alumnos y aprenden, estudian y trabajan. Sobre todo a la mente del pueblo cubano le va a hacer un efecto muy saludable el pasar por allí y ver a los niños aquellos.

Y en La Cabaña vamos a poner el cuartel de boyscouts (APLAUSOS). Se acabó el cinturón de acero que había alrededor de la capital. Vivíamos ahogados de fortalezas. ¡Hasta las fortalezas de la época de España las teníamos ahí, más otras nuevas! Y aquí había soldados en la Punta, en Atarés, en todas partes había soldados, en todas las fortalezas coloniales, más en los cuarteles que hicieron en la república, que en vez de hacer escuelas se pusieron los gobiernos a hacer cuarteles. Y nos quedaron los de la colonia y los de la república. Pues que no queden ni los de una ni los de otra en esta jornada, para que de verdad la Revolución sea la realización de los sueños de los mambises y de los que han caído también en la república (APLAUSOS).

LOCUTOR.- En estos momentos acaba de hacer su entrada el Comandante Camilo Cienfuegos y todos los leones, puestos de pie, lo reciben con una fuerte ovación (APLAUSOS PROLONGADOS).

Inmediatamente el Presidente del Club de Leones le va a hacer una pregunta a Camilo Cienfuegos también.

Antes de hacerle la pregunta esa que quiere hacerle a Camilo Cienfuegos, quiero decirles a los compañeros leones que me hagan el favor de no dejar que pase el público a tomar autógrafos; que esto no es una cuestión de autógrafos, que es más interesante para la vida nacional.

Seguidamente el ingeniero René Echarte le va a hacer la penúltima pregunta, Comandante, porque estamos abusando demasiado de usted.

ING. RENE ECHARTE.- Doctor Fidel Castro, uno de los puntos más importantes del programa de la Revolución es la reforma agraria.

Hemos visto con mucho gusto que usted, en uno de sus discursos, se ha preocupado de la situación de parias por la que pasan más de 150 000 familias campesinas y ha tomado buena nota de eso para inmediatamente que se pueda emprender la reforma agraria.

Usted también dijo en su discurso que aproximadamente se invertirían unos 20 millones de pesos anuales, por lo menos, en esa reforma agraria.

Nosotros hemos hecho pequeños cálculos y creemos que con esa cantidad se podrían afincar, teniendo en cuenta que no solamente es el reparto de tierra, sino también hay que darles aperos de labranza, cierta refacción y demás. Pues teniendo en cuenta eso, creo que aproximadamente se podrán afincar unas 5 000 familias anuales con esa cantidad.

Comoquiera que la magnitud del problema es tan grande, nosotros pedimos al doctor Fidel Castro, si es posible, que en el Gobierno Revolucionario sea posible obtener una cantidad mucho mayor que la fijada por usted.

Yo creo que sí, que será posible, señor Fidel Castro; porque si la dictadura para ensangrentar a los cubanos, para acabar con la vida de todos nosotros, para hacer tantas obras improductivas pudo sacar tantos millones de pesos, yo creo que el Gobierno Revolucionario, para una obra de esta clase, podrá dar no solamente 20 millones, sino 40 ó 50 si fuera necesario.

CMDTE. FIDEL CASTRO.- Bueno, yo puedo añadir algo (RISAS).

No recuerdo exactamente si se dijo 20, ó 25, ó 30. Pero fíjense que se dijo: un mínimo; no un máximo, sino un mínimo para las tierras, o sea, para indemnizar esas tierras que se iban a entregar a los pequeños aparceros, precaristas, arrendatarios, en la ley agraria que hicimos en la Sierra Maestra, que no es la reforma agraria sino que es el primer paso. En esta ley se estableció un mínimo.

Si la economía del país es próspera, si las recaudaciones se elevan como esperamos todos, es indiscutible que se pueden emplear 30, 40, 50, lo que sea, aparte de los aperos; los aperos pueden estar en el presupuesto de agricultura. En vez de “botelleros” lo que tiene que haber es arados, semillas y cosas de esas (APLAUSOS).

Lo que se puede hacer es increíble, te lo digo por la experiencia nuestra.

Miren, nosotros no teníamos dinero al principio, pero nada, 500 pesos, 200 ó 300 pesos. Nosotros todo lo pagábamos, y además les comprábamos cosas a los campesinos y les llevábamos.

Y nosotros hemos distribuido cantidades enormes de semillas en la Sierra Maestra durante la guerra, y hemos hecho escuelas sin tener fondos. Ahora calcule usted con los fondos del Estado bien invertidos.

Además, cuando los fondos del Estado se inviertan bien, el comercio, la industria, todos van a recibir los beneficios. El dinero que circule será un dinero que le inyectará vigor a la economía del país y aumentará las ganancias de todos.

Hay otra cosa. Yo quisiera que en una ocasión posterior, bien a través de una invitación como esta, bien esta institución u otra, se diera la oportunidad de conocer el plan que tenemos sobre la lotería, para cambiarla totalmente y convertirla en el Instituto Nacional de Ahorro y Asistencia Social (APLAUSOS).

(Del público le dicen algo).

Bueno, vamos a convertir el vicio de jugar en la virtud de ahorrar. ¿Qué les parece? (APLAUSOS.) Con un sistema que se adapte a la mentalidad del pueblo, porque hay un millón de personas que compran billetes.

Entonces, entre otras cosas, en la lucha contra el juego, el Estado tiene que, primero que nada, no solamente prohibir todo tipo de juego clandestino: la charada, la bolita, el monte y dado, todas esas cosas que la gente juega. Eso es lo prohibido.

Pero no basta con prohibirlo, tiene que hacerle una competencia desleal, porque la gente si no lo sigue jugando. Y no es cuestión de policía, hay que brindarle otra cosa que le aparte la mente al pueblo de aquello; no tener que convertir la cuestión del juego en una cuestión de policía, y la bolita perseguida, prohibida, los banqueros encarcelados, porque aquí no hay más que encarcelar a los banqueros. Y aquí nunca encarcelaban al banquero; aquí encarcelaban al que vendía la bolita y todo el mundo sabía quién era (RISAS). Veinte policías ponían fuera de combate al juego en La Habana con buscar a 10 ó 12 individuos, y se acababa ya.

Además de eso, hay un millón de personas que juegan billetes. ¡Es increíble!

Y no hay cosa más absurda y más arbitraria que el juego. Porque yo me puse a hacer un cálculo de posibilidades de cuántas veces tenía que jugar un ciudadano para ganarse el premio gordo —como le llaman—, tenía que jugar, durante 800 años, una vez todas las semanas; comprar un billete una vez todas las semanas durante ocho siglos. ¡Hay que ser muy optimista para pensar que se va a ganar el premio! (RISAS.)

Ahora, si en vez de hacer eso, guardaba todas las semanas el dinero, a los 22 ó los 25 años ya se había ganado el primer premio. Era mucho más negocio ahorrar que jugar. Pero eso hay que explicárselo al pueblo. Es tan absurdo, que al pueblo a la hora de jugar no le importa que la posibilidad sea una cada 800 años ni una cada 10 000 años. El que juega es una cosa tan absurda…

Ese mecanismo mental del jugador es lo que el Estado tiene que analizar, al efecto de emplear la inteligencia, la medida práctica más que la violencia y la ley para impedir el juego, porque, ¿qué puede hacer la ley? Entonces necesitan muchos, porque la gente seguirán jugando dondequiera que estén.

Y habrá juegos que no se puedan prohibir, el de la pelota. Ah, pero no es en este juego: en el de la pelota juegan dos y uno pierde y otro gana, ¿no?; pero en la bolita gana el banquero siempre, es el único que gana, y el policía, y el otro, y pierde el pueblo.

Hay también el juego en los cabarets, que es juego para turistas. Ese juego yo no creo que perjudique a la economía, excepto que esté en manos de gángsteres; de lo que esté en manos de gángsteres, las ganancias, los impuestos altos que se cobren —porque pueden cobrar impuestos altos—… Sí, permítase el juego, pero que el Estado recoja fundamentalmente el producto del juego, o una parte considerable, después que se pueda pagar a los obreros y a todos, la ganancia de la empresa, y el resto lo coge el Estado para asilos de ciegos, para las casas de beneficencia. Ese juego no sale del pueblo, sale de los millonarios de afuera (APLAUSOS).

Se trata de impedir el juego porque va contra la economía del pueblo; pero el juego de los cabarets, ese es el juego que va contra la economía de los millonarios extranjeros, y a nosotros realmente no tiene que preocuparnos mucho esa gente, porque si no lo juegan aquí lo juegan en otro lado.

Ahora, sí no convertir La Habana en un garito ni mucho menos, por ganar dinero hacer toda inmoralidad.

Yo creo que debe estar prohibido el juego para los criollos; o en todo caso, por lo menos, si hay un millonario de poca cabeza que quiera gastarse el dinero allí, bueno, pues que se lo gaste, que el dinero ese va a ir a parar a los asilos, ¿comprenden? (APLAUSOS.)

El juego que hay que prohibir es el juego que vaya contra la economía del pueblo, todo eso de traganíquel y todas esas barbaridades. Porque eso es una barbaridad, porque es un robo conocido y consciente; sin embargo, la gente va allí para que le roben. Ese es el mal del juego, ¿no?

Entonces no se perjudicarían los obreros de los cabarets, y las ganancias lo que no tienen es que ir a parar en manos de gángsteres, ni de jefes de policía, ni de jefes de regimiento, ni del capitán ni del comandante, que eso es lo absurdo. Ese dinero lo robaba Salas Cañizares, por ejemplo, y toda aquella gente, cantidades fabulosas, ¡fabulosas!, millones de pesos; ese dinero que salga de todos esos cabarets, que vaya a los lugares… Y más ahora, que la lotería no se puede tomar para eso, porque la lotería va a cambiar radicalmente.

Que se tomen de los impuestos que se cobren al juego en los cabarets para extranjeros, y que el turista no se queje de que viene aquí a jugar y no le dejan. ¡Que venga, y que juegue!

¿Qué ustedes creen de esto? (APLAUSOS PROLONGADOS.)

Ahora, lo que no se puede permitir es ningún tipo de juego popular. Es que es un robo al pueblo.

Ahora, pero el pueblo quiere jugar y usted no puede convencerlo de la noche a la mañana, y ese es el fin que tiene el Instituto Nacional de Ahorro y Asistencia.

Entonces se va a crear un tipo de lotería muy especial, y que el individuo juegue, pero se saca el premio, se celebra el sorteo, ¿no?, y si no gana nada, guarda su billete y al cabo de cinco años le reintegran el valor y un 10% de lo que ha ganado (APLAUSOS).

Eso mediante la inversión de lo que se recaude debidamente, que deje un interés determinado para pagar los premios.

Es un mecanismo que va operando, va transformándose. ¿Qué es el juego de la lotería? Pues hasta hoy es esto. El pueblo tiene un vicio: el de jugar. Entonces viene el Estado, el gobierno, lo que sea, y dice: “Ah, el pueblo tiene un vicio. Bien. Vamos a hacer negocio con el vicio ese, vamos a explotar el vicio.” Entonces viene el Estado y en vez de decirle al ciudadano que no juegue, que eso perjudica, que trabajar una semana o trabajar un día para gastar el dinero; que es un dinero que se pierde al gastarlo en juego; que no tiene oportunidad ninguna de ganar, que tiene que vivir tantos años jugando todas las semanas para ganarse el premio, y que por uno que se gana el premio a la cuarta vez de haber jugado, hay uno que no se lo gana en 10 000 años —porque el cálculo es matemático y no falla—; en vez de decirle eso, dice: “Bueno, no, voy a hacer negocio. Ya que el pueblo tiene un vicio, voy a explotar el vicio: vendo billetes y gano tanto para tanto y tanto para más cuanto.” Y eso es lo que no puede hacer el Estado: explotar un vicio.

¿Hay el vicio? No, hay que cambiar el vicio. Se establece la lotería, no se educa.

Suprimida la colecturía —aunque desde ahora mismo esté en peligro de que me tiren una piedra por cualesquiera de las calles de La Habana los colectores (EXCLAMACIONES DE: “¡Nunca!”) ¡Suprimida la colecturía! Se acabó. Ahora, ¿el billete se debe distribuir entre quiénes? Entre los lisiados, aquellas personas que realmente lo necesitan en primer lugar, las víctimas de la guerra (APLAUSOS), porque el billete en lo adelante va a tener una demanda extraordinaria, porque va a ser una cosa nueva, lo que ofrece es extraordinario, no van a tener que venderlo en la calle; lo van a venir a comprar a la casa. Una viuda con hijos, una familia que haya perdido el esposo asesinado, o cualquiera de esos campesinos, tiene 10 billetes ó 20, se los van a ir a comprar a la casa.

Ahora, no deben preocuparse los billeteros que viven de vender billetes, porque ahora ya no serán billeteros, sino serán vendedores de valores del Estado (APLAUSOS). Habrá que respetarlos. Ahora no venden el vicio: venden valores, venden el ahorro. Y además, además, no tienen que preocuparse de que no les vayan a dar billetes, aunque se les vayan a dar a las víctimas de guerra y primeramente a las personas que no puedan trabajar, inválidos. Como va a aumentar la demanda de billetes de acuerdo con este plan para que se convierta el sistema de juego en un sistema de ahorro, será necesario, a medida que aumente la demanda y aumente el número de billetes, serán más las personas que se puedan emplear. Entonces, nadie explota el juego.

Los limitados aquí van a ser los que han vivido de intermediarios del negocio de la lotería, se han enriquecido en eso. Que vendan otras cosas, no les prohibimos que vendan otras cosas. Es justo que no haya intermediarios, que las ventas del Instituto de Ahorro vayan directamente a través de las oficinas del correo. A través de las oficinas del correo todo el que tiene que recibir su billete lo recibe en un sobre que mandan del instituto todas las semanas. Va el que los vende y los busca todas las semanas allí, sencillamente, directamente, sin intermediarios y sin “botelleros”. Claro, había 3 000 empleados en la renta de lotería. Eso es absurdo. Era una sentina la renta de lotería. Allí tiene que haber un mínimo de personal. Porque el problema es que el plan, si usted pone mucha burocracia, no funciona. Tiene que poner el mínimo de gastos.