Discurso Pronunciado En La Sesion Almuerzo Del Club De Leones D

Chapter 3

Chapter 33,913 wordsPublic domain

Se ha retardado, por ejemplo, el caso de la Alcaldía de La Habana. ¿Por qué? Porque nosotros no queremos poner alcaldes, no queremos crear poderes, personajes políticos. Entonces hemos ideado mejor gobiernos colegiados para las alcaldías. ¿Vamos a poner un alcalde? No, vamos a poner tres comisionados, un gobierno colegiado, para que dirija la alcaldía. Y ya no creamos maquinarias políticas, ni caudillos políticos, ni personajes políticos, sino tres.

¿Hay que quitar un comisionado porque no sirve? Aquí al que no sirve hay que quitarlo enseguida. Pues no hay escándalo: se suprime un comisionado y se pone a otro. Ahora, si es un alcalde y no sirve y se quita, es un escándalo, una crisis, hablan todos los periódicos del problema. Y se hacen los cambios, pero más moderadamente.

Y esos fueron los métodos que aplicó el Ejército Rebelde en los municipios que iba ocupando: ponía su comisionado, que ha dado magnífico resultado, con un sistema de gobierno colegiado para el municipio: tres a trabajar, no uno solo para llevarse todo el mérito o toda la responsabilidad. Y entonces se ha establecido un sistema de gobierno colegiado en los municipios y se escogen tres personas, cuya obligación es trabajar, sencillamente. Porque yo les aseguro que si en los 126 términos municipales de Cuba se hace una administración honrada y se trabaja, la tercera parte de la Revolución está hecha, porque son incontables los beneficios que la comunidad puede recibir del gobierno municipal.

Vean ustedes si no lo que han hecho las instituciones como los Dealers y otra serie de instituciones: han hecho calles, han hecho obras de todas clases con los recursos… Han tenido que refugiarse allí, porque es que no había manera de que pavimentaran una calle si los vecinos no se ponían de acuerdo para pavimentarla.

El dinero se lo llevaban: camarillas políticas, sargentos políticos, “botellas” para el que ayudó, “botellas” para el primo, “botella” para el hermano, para el cuñado, para todo el mundo. Esa ha sido la verdad aquí. Hay departamentos por ahí donde han aparecido miles de “botellas”. Han aparecido y seguirán apareciendo. Es fabuloso la cantidad que ha aparecido de prebendas, de dinero que se malgastaba, porque no se trabajaba, no se producía. Lo cobraban unos señores que no trabajaban nada. Eso es lo más inmoral, no solo por lo que implique económicamente sino por lo que prostituye el carácter de la ciudadanía y pone a todo el mundo a aspirar lo ideal: vivir sin trabajar. Lo ideal. ¡Tal vez un día se fomente eso!

__.- Correcta su respuesta.

Yo quisiera que los otros compañeros “leones” que tienen otras preguntas que hacer, que hicieran el favor de venir aquí para hacerlas y que las recojan las cámaras desde aquí.

Mientras va llegando algún compañero, yo quiero hacerle una que hay aquí, pero antes quiero decirles a los compañeros “leones” y también al Comandante Fidel que no sabía de esto, que momentos antes de él llegar iniciamos aquí una cuestación espontánea de todos los “leones” y se han recolectado 500 pesos para mandar a las ciudades bombardeadas de Santa Clara y en Oriente. Además, hemos pedido a todo el pueblo de Cuba que nos mande ropa, zapatos, juguetes, todo lo que se pueda recolectar. Además, también, hay una señora que llamó por teléfono y donó 100 pesos, que creo que acaba de traerlos, están ahí.

__.- Nancy, venezolana, y María Elena Ruiz, cubana, acaban de enviar un cheque por 100 pesos para la colecta que ha iniciado el Club de Leones para los damnificados de la provincia de Santa Clara y Oriente (APLAUSOS).

__.- Son 600 pesos, es lo que tenemos hasta este momento aquí, sin contar lo del Club de Leones, que han llegado también otros donativos.

Doctor Castro, si las medidas adoptadas por el Gobierno Revolucionario dan el resultado apetecido, ¿usted cree que se puedan llevar a efecto las elecciones antes de los 18 meses que ustedes han dicho, el Gobierno Revolucionario?

CMDTE. FIDEL CASTRO.- Yo creo que sobre la fecha de elecciones debe actuarse con criterio absolutamente objetivo. De ninguna manera debe pasar de ese plazo, porque entiendo que sería —entre otras cosas— una injusticia con los que estamos trabajando en esto.

Objetivo por eso: por lo general, cada vez que ocurre un movimiento revolucionario que derroca el poder, se empieza a tratar inmediatamente cuánto dura la provisionalidad. Y es que no ocurren revoluciones, sino golpes de Estado. Y el grupito que da el golpe, se pone a maniobrar a ver cómo gana opinión pública para ganar las elecciones. Como aquí ha ocurrido una revolución con respaldo del pueblo, lo más que le puede pasar al grupo de hombres que está gobernando no es ganar, sino perder. ¿Tarda 18 meses? Tendrá menos que cuando tenía 12. Porque es que el poder desgasta por muy bien que se haga.

¡Nunca será más unánime el respaldo al Movimiento 26 de Julio que hoy! Yo les digo que si las elecciones fueran mañana: ya, un plebiscito casi.

Y el problema es que a nosotros no nos conviene prorrogarlas desde un punto de vista político. Así que lo que hay es que señalar objetivamente qué es lo que conviene. ¿Conviene que mañana empiecen aquí a organizarse los partidos y a entrar en polémicas de tipo político, y a dividirse? Yo creo que debe, por lo menos durante seis meses, ocho meses, un año, dedicarse todo el mundo a trabajar, como está trabajando.

Yo les digo que todos los sectores están colaborando con un desinterés extraordinario. He hablado con todos los líderes de todos los sectores y los veo en una disposición que es admirable. Y se lo hemos dicho aquí: todos los problemas que ustedes creen que estén mal hechos, críticas, vengan y háganlas, para inmediatamente atenderlas y estudiarlas. Así que hay un deseo de colaborar muy grande. Y tan pronto se organicen los partidos políticos, van a surgir pugnas naturalmente, las pugnas por el poder. Y creo que hacer eso de inmediato sería perjudicial a la tarea del gobierno.

Yo sé, me parece saber lo que el pueblo quiere en este momento: que se trabaje y se trabaje bien, y se trabaje pronto. Y que después, también, en el tiempo mínimo posible —entre otras cosas porque esa es una de las conquistas de la Revolución— decir: bueno, ya está la Constitución. Aunque la Constitución está restablecida en todo lo que se refiere a los derechos humanos, a las libertades. Se acabaron todos los métodos de represión, de terror, los abusos. Y se irá restableciendo en la medida en que las condiciones lo permitan.

Tenemos el caso, por ejemplo, del castigo a los criminales de guerra: uno de los problemas más espinosos que tenemos. Espinosísimo, y les voy a explicar por qué. Porque hay personajes que han cometido cada crímenes, que resulta imposible de todo punto ni siquiera admitir la idea de que queden impunes esos crímenes.

Hay casos de oficiales del ejército que han asesinado en una sola tarde 53 campesinos, ¡en una sola tarde!, como el señor Sosa Blanco. El capitán Grao asesinó 30 campesinos en Ojo del Agua en una sola tarde. Hubo un pueblo al que le asesinaron 450 vecinos. Quien pase por allí verá la tristeza. Lídice en Checoslovaquia debe ser más o menos algo como lo que hicieron allí en las Minas de Bueycito.

Frente a esos crímenes, ¿qué? ¿Vamos a condolernos ahora? Yo digo que soy una de las personas dadas… Y quiero hablar de este tema, porque lo considero importante. Me entra lástima fácilmente. Y creo que si fuera por mis sentimientos de tipo personal, no me importaría perdonar al peor de los criminales. Pero, sin embargo, hay una conciencia muy arraigada y muy profunda de la justicia, que es desde todo punto inadmisible, que sería dañino al pueblo, dañino a la nación, dañino a las generaciones futuras, sería estimular el crimen, el que no recibieran un castigo ejemplar esos elementos.

Todos esos elementos han estado siendo juzgados y sancionados de acuerdo con la ley vigente.

¿Cuál es la ley vigente? La ley que rigió durante la guerra: el Código Penal Rebelde y el procedimiento penal rebelde. Pues, señores, no han sido derogados. Sin solución de continuidad, se siguió aplicando la ley y los tribunales.

¿Qué se hacía cuando se encontraba a un traidor, a un asesino? Pues, se le juzgaba y se le aplicaba la pena. Pues, de repente, fueron capturados muchos asesinos. Otros escaparon. Se siguió aplicando la Ley Penal Rebelde, la ley procesal rebelde. Y los tribunales de guerra.

En estas cosas se sabe que los castigos hay que aplicarlos lo más rápidamente posible, para evitar que surja inmediatamente la lástima y, además, para acabar de una vez con esos recuerdos del pasado y ya no quede ni siquiera eso pendiente, ¿no?

Y el caso es que ponerse a hacer una legislación nueva y tribunales nuevos, es prolongar indefinidamente una situación que hay que resolver; porque, además, hay muchos inocentes que están presos ahí, por medidas de precaución: como todos los del SIM están presos, pero todos los del SIM no son asesinos. Pero mientras se investiga… Esa gente no pueden estar presos indefinidamente. Hay que apurar el procedimiento.

La Revolución Cubana, que es inobjetable en la forma en que se ha ido conduciendo, en el orden que ha habido posteriormente, sin embargo, ya está recibiendo críticas, diciendo que se están castigando sin juicio.

¿Quiénes? Lo están haciendo desde Estados Unidos. ¿Por qué?, yo me pregunto. ¡Ah!, ¿porque no se tiene de qué atacar a la Revolución y ya se empieza a sembrar la duda sobre la Revolución Cubana? ¿Hay intereses que temen? ¿Hay compañías que temen que se les quiten algunas concesiones inmorales? (APLAUSOS Y EXCLAMACIONES DE: “¡Bravo!”).

Lo mismo que con lo de la Misión Militar. Si el precio de que nos defiendan es que los tengamos ahí, no los tenemos ahí, porque no queremos espías metidos dentro de las fuerzas armadas de la república, señores; ni conspiradores. Vamos a pedir una misión militar a Venezuela, que es un país hermano de América, para que nos ayude (APLAUSOS). No hay derecho a que nosotros sigamos manteniendo aquí a los que estuvieron enseñando a los soldados a matar cubanos, porque eso es un impudor (APLAUSOS).

Y yo a esos militares los trato con decencia allí, y hablaré con ellos cuando tenga que hablar. Pero les diré que es el criterio; salvo una orden en contra que diera el Presidente de la República. Pero si se quiere tener en cuenta nuestro criterio, nuestro criterio es que agarren las maletas y se trasladen a Estados Unidos (APLAUSOS). Con la mayor decencia.

Entonces, estamos observando algunas cosas, porque hay que vigilar el curso de la Revolución y defenderla ante la opinión pública, y ante la opinión pública de Estados Unidos. Porque allí tendremos amigos, y muchos amigos, cuando les hablemos con razón y les digamos los errores que ha estado cometiendo el gobierno, ¡y se acabó!; la explotación de que quieren hacer víctima al pueblo algunos intereses aquí, que no son el pueblo de Estados Unidos (APLAUSOS Y EXCLAMACIONES DE: “¡Bravo!”).

Lo que pasa es que ya no pueden decir que somos comunistas, porque es absurdo: tendrían que decir que es comunista todo el pueblo de Cuba en absoluto (APLAUSOS).

Entonces, ahora le andan dando vueltas al problema de qué pasa con los criminales de guerra. Debieron haberse preocupado un poco más de qué pasaba con los hombres asesinados por Ventura, por Pilar García, por Batista (APLAUSOS PROLONGADOS). Y lo que debió haberse censurado es que, mientras en Marianao en una sola noche asesinaron 90 personas, mientras aparecían centenares de cadáveres en toda la isla, mientras hubo mujeres ultrajadas, ojos arrancados y se cometieron contra el pueblo de Cuba los crímenes que ni siquiera los nazis cometieron contra Francia o contra Bélgica, había una misión americana enseñando a los criminales (APLAUSOS).

Y ahora, cuando en el pueblo de Cuba, con un ejemplo de civismo que no tiene paralelos, mientras se decía que la Revolución iba a significar el saqueo, el ultraje y la anarquía, se han encontrado un caso insólito en el mundo, de un pueblo que solo ha sabido mantener su orden, una capital de más de un millón de habitantes sin policías, un orden absoluto, los criminales que no han recibido ni un golpe ni una vejación, conducidos tranquila y serenamente a las cárceles sin que nadie los haya maltratado, hombres que asesinaron a cientos de nuestros compatriotas y están allí comiendo y no sometidos a ningún género de torturas ni de maltratos para arrancarles una confesión, siendo juzgados por militares revolucionarios, con acusador y con defensor y con testigos, empiezan a darle la vuelta ahora al problema de que sí se está castigando sin juicio. ¡No! Sin juicio mató Batista, sin juicio asesinó Batista y torturó detenidos y violó todos los derechos humanos, que nosotros no hemos violado absolutamente ninguno, porque hemos luchando precisamente por esos derechos.

Y en consecuencia, ¿qué quieren? ¿Más publicidad? Pues bien: a Sosa Blanco, a Morejón, a Grao y a Suárez Suquet los vamos a juzgar en el Parque Central de La Habana (APLAUSOS).

Y ya hemos dado instrucciones para que vengan los familiares de los 53 asesinados en el “Oro de Guisa” en una tarde, y los familiares de los 30 asesinados en “Ojo del Agua” en una tarde, cerca de Pilón, y de los asesinados en Bayamo, y testigos de los heridos asesinados por Suárez Suquet allí en Camagüey, para que vengan y declaren allí llorando, como los hemos visto nosotros, porque eso es lo que duele. Porque allá ven desplomarse un hombre, no saben lo que hemos sufrido nosotros; ven el hombre que se desploma y no ven los crímenes que se han cometido.

Y por lo tanto, nosotros no queremos fotografías de los fusilados, para que no se dé esa impresión; hemos estado haciendo los procesos con la mayor discreción para no despertar el odio en el pueblo ni agitar a la gente. Pero si la cuestión es que se va a poner en duda la justicia de los procedimientos, vamos a coger a los peores criminales y en presencia del pueblo, que es el soberano y al que hay que rendirle cuentas aquí, se juzgarán.

Y el pueblo, que es quien ha sufrido, dondequiera que se reúne, lo primero que demanda —y lo puedo decir porque he reunido muchos mítines—, lo primero que demanda es el castigo de los asesinos. No he visto a nadie demandar otra cosa con más insistencia y masivamente que los asesinos sean castigados (EXCLAMACIONES DE: ¡Sí!”). Y tengan la seguridad, tengan la seguridad de que vamos a ser mucho más benignos de lo que el pueblo quiere; porque les aseguro que si se hace lo que quiere el pueblo por lo que ha visto, habría que fusilar a todos los chivatos, que son una cantidad considerable, pero no se puede. Hay que castigar a los casos ejemplares, los casos ejemplares. ¿Los demás? Pues hay otros castigos: ahí está la Ciénaga de Zapata que es una gran extensión de tierra, vamos a ponerlos a trabajar ahí (APLAUSOS).

El que quiso vivir del golpe, el que quiso vivir de la delación y de la traición sin trabajar, es correcto que trabaje y le preste algún servicio a la sociedad. Si no hay que fusilar, no señor.

Ah, pero si los americanos se metieron en Nuremberg, si los ingleses, los franceses y los países victoriosos se metieron y juzgaron a los criminales de guerra, incluso cuando no era un caso de guerra civil, incluso cuando eran discutibles los derechos que cada nación tenía porque habían sido en una ocasión víctima de leyes o de tratados demasiado severos; aquí donde no hay la menor duda de que la actitud de la dictadura ha sido criminal y atentatoria contra los derechos humanos; aquí donde no hay contradicciones, aquí donde se habla de democracia y se actúa en democracia, sin ayudar dictaduras de ninguna clase; aquí donde somos consecuentes con nuestros principios, aquí habrá justicia y serán castigados los criminales (APLAUSOS).

Así que yo le agradezco mucho la pregunta, que me ha dado oportunidad de aclarar una de las cuestiones fundamentales, y para orientar al pueblo. Porque empiezan ya a buscar pretextos para acusar una revolución que va limpia de pies a cabezas y animada en las mejores y en las más honradas intenciones, en un país que por primera vez es libre —óigase bien—, ¡por primera vez es libre desde que aquí llegó Diego Velázquez! (APLAUSOS), donde nadie nos da órdenes y, además, donde los consejos hay que dárnoslos con mucho cuidado para que no parezcan otra cosa: insinuaciones (APLAUSOS).

Se acabó la Enmienda Platt, porque considero que fue una injusticia haberle impuesto a nuestra generación, que luchó por la independencia, aquella ley que le quitaba precisamente la independencia.

Ya no hay régimen castrense, ya no hay militares que puedan traicionar a la Revolución alzándose a tomar el poder como pasó en 1933. Y por primera vez hay hombres dignos aquí, al frente del país, que ni se venden, ni claudican, ni se acobardan ante ninguna amenaza (APLAUSOS), y están dispuestos a actuar serenamente —como ustedes lo han visto en todas las ocasiones—, sin excesos de ninguna clase, decididos a no usar jamás la fuerza; pero eso sí, que no confundan una cosa con la otra: que somos serenos, somos ecuánimes, pero estamos muy claros en cuanto a lo que es la dignidad de la nación cubana, en cuanto a lo que es la soberanía del pueblo cubano (APLAUSOS).

Y creo que este pueblo tiene los mismos derechos que cualquier otro pueblo a gobernarse, a gobernarse y a trazarse su propio destino libérrimamente, y a hacer las cosas mejor y más democráticamente —óigase bien—, más democráticamente de lo que las hacen otros, que hablaban de democracia y le mandaban tanques Sherman a Batista (APLAUSOS).

La verdad hay que decirla para dentro y para fuera, a los latinoamericanos y a los norteamericanos; porque allí encontraremos aliados en la opinión pública de ese país, que es un país de sentimientos liberales y de sentimientos democráticos, sencillamente, a través de la prensa y con nuestra postura muy democrática y muy clara, para que no vengan con sus confusionismos ni sus mentiras ni acusaciones falsas contra la Revolución que es genuinamente cubana y genuinamente democrática: ¡nuestra Revolución! (APLAUSOS.)

__.- Muchas gracias, Comandante Castro.

Usted no ha contestado una pregunta. En sus palabras ha contestado como 10 ó 15 preguntas que había aquí; es decir que hemos aligerado muchísimo.

Sin embargo, la pregunta que va a hacerle ahora nuestro compañero presidente, doctor Aurelio Espinosa, es una pregunta del Club de Leones de La Habana, porque lo hemos tratado así aunque no en una junta directiva, pero sí en un grupo grande de Leones que lo sentimos.

El doctor Aurelio Espinosa va a hacer esa pregunta.

DR. AURELIO ESPINOSA.- La pregunta que vamos a hacer, que tal vez es una sugerencia, nos la produjo la emoción profunda de un hecho que contemplamos.

Era uno de estos muchachos que han venido de la Sierra, de larga barba, alto, buen tipo, de cara agradable, al que se le acercaron un grupo de muchachas y le dijeron: “Fírmenos este autógrafo.” Y ese valiente, que nos dio la libertad, tuvo que decirles: “Yo no sé firmar.”

Nosotros queremos saber, tal vez queremos sugerir que a esos muchachos, aparte de todas esas instituciones escolares para los niños que van a formar las nuevas generaciones, se les eduque de modo sistemático, se les tome uno a uno —porque lo merecen—, se estudie su vocación, sus deseos, y si uno quiere ser abogado se le tome de la mano hasta que tenga el título universitario; si otro quiere ser médico, si quiere ser ingeniero, si quiere ser contador público o si quiere establecerse en un negocio, se estudie su vocación y se le ayude, porque esos muchachos que nos han dado la libertad merecen eso y mucho más (APLAUSOS).

CMDTE. FIDEL CASTRO.- Bueno, ¿fue un discurso o fue una pregunta? (RISAS.)

__.- No, es que los Leones se están embullando.

CMDTE. FIDEL CASTRO.- No. Lo felicito porque ha planteado una cosa muy justa y muy correcta; pero yo casi no iba a decir nada porque él lo dijo todo (RISAS).

Les puedo decir las medidas que hemos tomado. Aun durante la guerra, en todas las columnas había siempre algún maestro dándoles clases a los muchachos —porque eran principalmente campesinos los que se unían a la Revolución—, a pesar de que había que trasladarse constantemente en aquellos primeros tiempos sobre todo; siempre fue una guerra muy movible y con la humedad de los montes, las caminatas, las lluvias, los libros constantemente —nos era imposible protegerlos de la inclemencia del tiempo— se rompían. Y, sobre todo, en todos los pueblos íbamos dejando una escuelita para los campesinos, y en la Sierra Maestra hay docenas y docenas de escuelas hechas por nosotros.

Entonces los planes que tenemos ahora son los siguientes: antes que nada, brindarles a todos los combatientes revolucionarios la oportunidad de ingresar en los institutos armados revolucionarios —institutos armados para la república, de la república; de verdad de la república, que no lo eran nunca—, en los institutos armados del pueblo, sobre la base de que el hombre que quiera continuar en la carrera de las armas, pues no se puede llevar el arma para su casa. Esa no es carrera de las armas, eso es crear un problema muy serio, porque no está sometido a una disciplina especial, a un fuero especial. El hombre que está armado tiene que estar sometido a muchas restricciones, a muchas restricciones para que las armas se empleen debidamente.

Entonces les vamos a dar la oportunidad a todos los combatientes para que ingresen lo mismo en la marina que en el ejército, que en la policía, que en la escuela de cadetes para el ejército, en la escuela de cadetes para la aviación. Entonces, además, en todos los campamentos, que van a estar lejos de la ciudad, donde queden guarniciones, tropas o unidades militares, crear una escuela de capacitación para los oficiales —porque hay oficiales que ganaron sus grados en combate y ahora deben adquirir toda una serie de conocimientos teóricos que mejoren su calidad de oficiales— y escuelas para todos: soldados, clases.

Y, por supuesto, una de las cosas que erradicaremos —bastante fácil creo que es con la cantidad de maestros y la cantidad de buena voluntad que hay y el interés que tienen esos compañeros— es el analfabetismo. Y no solamente estudiarán ahora. Tendrá que estudiar no solamente el que no sabe leer y escribir; el que sabe leer y escribir tiene que estudiar, y el que tenga una carrera en la universidad tiene que estudiar, porque hay que estar toda la vida estudiando, nadie se puede creer que sabe.

El propósito es establecer los centros de educación dentro de las tropas, porque, ¿qué va a hacer un soldado? Entrenarse y estudiar, en el mismo orden estar preparado para defender la patria. No va a estar sin hacer nada, porque eso es lo peor que puede pasar y es lo que ha pasado hasta hoy.

En cuanto a los demás, nosotros tratamos de que la mayor parte quede en las filas revolucionarias porque son los hombres en que más puede confiar la ciudadanía; pero muchos anhelan regresar a sus casas: bueno, el que tiene ya un negocio, tiene tierras…