Discurso Pronunciado En La Sesion Almuerzo Del Club De Leones D

Chapter 2

Chapter 24,165 wordsPublic domain

Y después, es que no existe la especialidad del gobierno, y ninguno de nosotros ha sido nunca gobernante, ni ministro, ni jefe de nada, por lo tanto, calculen ustedes que es muy grande la responsabilidad y el riesgo que tenemos de equivocarnos, y es muy importante que tengamos esa idea. Porque esto tiene un remedio, ¿saben? El remedio para no equivocarse es que nos equivoquemos todos, o acertemos todos, ¿verdad? Porque nadie tiene derecho a venir a ponernos a nosotros toda la responsabilidad y las culpas también. Y todos tendremos los méritos por los aciertos y la responsabilidad por los errores que la tengamos todos. Y de eso precisamente se estaba tratando.

Ustedes encontrarán en nosotros, en todos nosotros, muy especialmente en mí por sentirme con bastante responsabilidad en esta situación, que estamos llenos de buena voluntad, ¡llenos de buena voluntad! Ya por lo menos hay algo que no había.

Buena voluntad no significa que usted quiera ser honrado y no robar. Buena voluntad significa no ser un caprichoso, no ser un vanidoso, no ser un cabeciduro que no oiga a nadie, porque usted puede ser un hombre muy honrado, pero no oír a nadie; ya está mal. Puede ser un vanidoso, un orgulloso, y si le critican algo llenarse de amor propio y querer aplastar al que le hace una crítica. Puede ser un cabeciduro, un hombre que ha cometido un error y por amor propio no retrocede, no rectifica. Por buena voluntad hay que entender todas las demás cosas, y una gran resignación para saber aquello que le decía Martí a Máximo Gómez que “a cambio de esto le ofrezco el placer del sacrificio y la ingratitud probable de los hombres”, convencidos aquí de que no hay que luchar ni siquiera porque le reconozcan a uno lo que haga; porque al fin y al cabo, bueno, si a uno lo reconocen muy bien, pero no se va a luchar por eso. Hay que luchar por una vocación, por un deseo de hacer el bien, sin esperar recompensas de ninguna clase, ni morales ni materiales.

Claro que las recompensas morales estimulan, señores, eso es indiscutible, que cuando lo tratan bien a uno, uno quiere tratar bien al que lo trata bien. Cuando a uno le hacen un regalo el día del cumpleaños, no halla qué hacer para regalar otro al que le hizo un regalo el día de su cumpleaños también. Así somos los hombres, ¿verdad?, y cuando se reciben muestras de simpatía se siente también la necesidad de reciprocar esa simpatía. Pero que hay que actuar con el convencimiento de que no debe esperarse ni recompensa material ni recompensa moral.

Hay quien dice que lucha por la gloria. Y a mí me han dicho: este lucha por la gloria. Pero yo digo: “¡No, señor, yo no lucho por la gloria!”, porque al fin y al cabo esa es una vanidad también. Martí, que era el más extraordinario de todos los cubanos, dijo que toda la gloria del mundo cabía en un grano de maíz. Y dijo una gran verdad. Posiblemente nadie se acuerde de la gloria que adquirieron los antepasados de nosotros en los miles de años que tiene la humanidad. La historia es reciente, en 2 000, 3 000, confusa y, para peor suerte, hasta muchas veces falsa. ¡Dios sabe a cuánta gente tenemos por grandes señores y eran unos perfectos sinvergüenzas! (RISAS Y APLAUSOS.) Y hoy vemos historias de héroes anónimos, de hombres llenos de virtudes, que nadie las conoce.

O sea, ¿que se lucha por qué? Por un instinto, por un deseo de hacer el bien, por una vocación; porque ese es el destino de los hombres y del ser humano: luchar por superarse, luchar por algo superior, grande; no resignarse a vivir tal como venimos al mundo, tal como encontramos hechas las cosas.

Con ese propósito puede ser que acertemos. No es ni siquiera completamente seguro. Además, es difícil, porque aun cuando existe un criterio bastante unánime, no siempre será unánime. Hay que empezar por saber que la medida aplaudida por 99 hay alguno que la está criticando, bien sea porque en alguna manera lo perjudicó o creyó fanáticamente que no debía ser así y que todos estaban equivocados, menos él.

Habrá medidas más discutidas, puede haberlas, situaciones de todas clases, y de todas formas es difícil; pero se puede acertar sobre todo cuando se oye al pueblo, que yo les aseguro que tiene tanto derecho a ser senador como el otro, tiene tanto derecho a opinar sobre las cosas de Cuba como el otro. Y les aseguro que si al pueblo se le hubiera oído, Cuba estaría distinta por completo, porque lo que ha pasado aquí es que no han oído al pueblo nunca. Ha sido una cosa insoportable; los políticos han hecho su antojo en la forma en que les ha parecido mejor, no les han hecho caso ni a la crítica, ni a la opinión pública, ni a nada. ¿Que están robando?, y lo dice un periódico, dos periódicos y tres periódicos, y todo el mundo el lunes y lo repite el martes y lo repite el jueves, y hay un mitin, y pasa un mes y pasan dos y sigue el mismo individuo robando, no le hacen caso al pueblo. ¿Que están haciendo negocios? ¿Que esta es una inmoralidad? ¿Que el juego? ¿Que el vicio? ¿Que el crimen? No se le presta atención al pueblo, no se le hace caso: ¡un cero a la izquierda!

Si se le hubiera hecho caso al pueblo… Porque el pueblo es el único desinteresado, o al menos su interés está repartido entre millones, hay un interés en lo que les toca, la parte que les toca de las medidas que sean de beneficio para todos, y el pueblo cuando da una opinión la da desinteresadamente, no pertenece en realidad a ningún partido, pertenece solo a la sociedad, y al pueblo, que vive de su trabajo, pues no le interesan las botellas, ni le interesan los negocios sucios, ni que pongan una carretera por aquí, o sea, comprar una finca primero para poner una carretera después, y todas esas cosas que pasan en el país. ¿Qué le importa al hombre que trabaja 10 horas, señores, el obtener eso? Que vive, que se va a su casa, que lo que quiere es paz y vivir en esa paz con la satisfacción de saber que los otros viven también en paz; porque uno no puede vivir en paz cuando sabe que los otros no la tienen.

Es posible, y le tiene que pasar a la mayor parte de los hombres, que no pueda sentirse satisfecho comiendo él sabiendo que los otros no comen. Quizás si no los ve, pues dicen que el que no ve no padece o algo de eso; pero yo estoy seguro de que en un lugar donde haya 100 hombres en un parque y lleven tres días sin comer, no hay quien se pueda comer un bistec en público, ¿verdad? Lo que tenemos es que ver, desde luego, a los que no están comiendo; abrir las persianas, abrir las puertas, porque, aunque no los veamos, hay gente que está sin comerse ese bistec también.

Pero bueno, lo que quiero decir es que el pueblo piensa muy desinteresadamente, y por eso acierta, porque no lo mueve ninguna pasión, no lo mueve ningún interés. Y el pueblo es el que tiene aquí que trazar las pautas.

Lo que está haciendo el gobierno provisional ahora, lo que yo observo que está haciendo el gobierno provisional… Porque quiero que conste que yo no soy el gobierno, y eso es muy necesario que lo tengan presente, y yo tengo mucho interés en que se tenga presente que yo no intervengo absolutamente para nada, nada más que en las tareas que me han asignado y algunas que me he buscado además yo; una, porque quiero hacer algo más que ir de vez en cuando a los campamentos y tener que ver con cuestiones militares, porque yo soy civil y me preocupan veinte cosas relacionadas con el pueblo, y tengo la idea en la educación de que hay que hacer grandes centros, verdaderos centros de enseñanza en el país, para que sea un verdadero proceso (APLAUSOS). Y como es cuestión de trabajar, y aquí el querer trabajar no es malo, pues hay otras actividades a las que les estoy prestando alguna atención, pero son limitadas.

Observo, sin embargo, en los ministros del gobierno, la preocupación de prestar oídos a la opinión pública y atender todos aquellos males que son tradicionales; y hacerlo, desde luego, sin compromisos, porque si algún gobierno ha asumido el poder sin compromisos con grupos ni con nadie es este.

Ha sido tal la idea de que hemos estado impregnados nosotros de que hay que servir exclusivamente al pueblo, que a veces yo he tenido la preocupación de si no hemos sido excesivamente olvidadizos con hombres que han estado luchando hace tiempo y que hasta ahora no hemos pensado cómo está, si está en la calle, si está pasando hambre. Y es la idea esa pura que tiene uno de que aquí no es cuestión de cargos, sino del que tenga capacidad y no premiar a nadie. Con ese criterio se está trabajando, y es lo que sinceramente observo en todos los ministros. Eso es una gran cosa, es algo formidable, porque con esa disposición es imposible que se fracase.

Una de las características que tiene esta Revolución… Yo estaba oyendo al Presidente de los Leones hablar de otras revoluciones, de la Revolución Francesa, y cuando pasamos la vista a otras revoluciones, encontramos qué difícil es lograr la paz después de una revolución. El milagro que se ha producido en Cuba en eso es asombroso: no hay policías por las calles, no hay policías Y sin embargo, hay una paz completa. Parece que se va a desenvolver el proceso revolucionario sin nuevas convulsiones. Y casi todas las revoluciones están llenas de convulsiones y esta se desenvuelve con una paz que es extraordinaria, de tal modo que hemos pensado que se puede estar hasta sin policías (RISAS). No diré que completamente sin policías, pero sin policías en las calles.

Antes no era más que policías por dondequiera, ¡hasta en la sopa se aparecía un policía! (APLAUSOS.) Y ahora, pues vamos a hacer todo lo contrario. El tránsito lo van a cuidar los boyscouts (APLAUSOS). Por eso, en distintas capitales, en los días de revoluciones, han aparecido los boyscouts y han cuidado el tránsito perfectamente. Entonces cuando ya se normaliza traen al policía. Bueno, ¿por qué no dejamos a los boyscouts, y eliminamos a los policías? (APLAUSOS.)

Naturalmente que la medida hay que hacerla de una manera práctica. Si usted no selecciona los boyscouts, se encuentra que esos muchachos están en la escuela, y si usted los trae a las 10:00 de la mañana para llevarlos a la 1:00 de la tarde, pues pierden el almuerzo, las familias se preocupan, pierden la escuela. Vamos entonces a escoger precisamente los boyscouts que vamos a dedicar a estos servicios entre los más pobres, muchachos que no tienen una alimentación buena asegurada en su casa, ni la ropa; entonces traerlos a escuelas donde estén residiendo, trasladarles las clases a las residencias donde vayan a estar acuartelados los boyscouts. Muchachos de 12 años. Allí se ponen sus escuelas con buena comida —como la que necesita el niño—, educación, preparación; 2 000 muchachos, que los hay a montones —creo que hay 20 000 ó 30 000, todos los que se quieran—, se les da una buena educación, y entonces ellos que realicen las funciones del tránsito, que las pueden hacer.

El pueblo los respetará, porque se conmoverá de ver a aquellos niños haciendo aquella tarea, y entonces los boyscouts ayudarán a pasar a las damas (APLAUSOS); en vez de piropearlas como hace el policía y llevarlas a empujones, se encargará de ayudarlas a pasar la calle. Y también pues los turistas que vengan a Cuba podrán decir: bueno, Cuba es la única capital del mundo adonde deben ir los turistas porque allí no hay policías. Está garantizada la paz porque no hay policías, está garantizado el respeto porque no hay policías. Y casi pudiéramos decir: no hay delitos, porque hay boyscouts.

Claro que yo me refiero —y es justo señalarlo—, por una cuestión de justicia debo hacer la aclaración de que no todos los policías son iguales. Pero están tan desprestigiados todos estos institutos que ha sido una desgracia ser policía o policía honrado, porque han tenido que sufrir las consecuencias. Hay algunos, ¡algunos!, que no compran gratis en la esquina, que pagan el tabaco, que no cobran el tanto por ciento en los negocios del juego y todo eso. Hay algunos, porque ha sido tanta la corrupción que estaban echados a perder aquí casi todos, por excepción había uno honrado, es la realidad.

Y entonces yo creo que mejore extraordinariamente el ambiente, la opinión que va a haber de la capital, y el turismo, una cosa tan necesaria —porque trae divisas y porque en todos los órdenes beneficia a la economía del país—, y una de las industrias a desarrollar aquí, pues ganará también; pero ganará la moral pública, ganará el joven que se sentirá responsabilizado con una función social importante.

Y entonces de ahí, de esos cuerpos de boyscouts —que se pueden organizar miles en toda la isla para que hagan lo mismo en todas las capitales de Cuba—, será la reserva del ejército, y en vez de meterse en el ejército el más haragán —porque pasaba mucho eso: se metía el más haragán a soldado, el que no quería trabajar de ninguna manera—, tendrá que ser en el futuro el hombre que trabaje, ¡el hombre que trabaje!, el hombre respetuoso, el hombre con un sentido… Porque óiganme, señores, ponerle un fusil en la mano a cualquiera es algo muy serio; que la vida de los ciudadanos dependa de cualquier individuo arrebatado, “hombrosiano” de estos, que se incomodan de cualquier cosa y le entran a tiros a cualquiera, sobre todo cuando no les pasa nada como ha sido hasta ahora; que la vida de los hijos de ustedes, de las esposas, de las madres ha estado a merced de que se le escape un tiro a un hombre con un fusil por la calle.

¿Qué hace un soldado con un revólver 45 y un fusil por la calle, metiéndole miedo a todo el mundo? Hasta por un tiro escapado… (APLAUSOS.) ¿Qué es eso? ¿Estamos en África o estamos en un país civilizado? ¿Es que somos salvajes? ¿Hay que vivir aquí bajo la culata, bajo la ametralladora, o somos un país civilizado? ¿Y si somos un país civilizado, para qué tienen que andar los fusiles en la calle? ¿O es que los delincuentes son tan poderosos que necesitan tanta arma? No señor, si aquí cuando se acabe la inmoralidad por arriba y el robo por arriba, el pueblo mismo capturará a los delincuentes en la calle (APLAUSOS).

Una cosa que pasaba en el campo: el bandolero no huía en el campo, todo el mundo lo ayudaba. Y, ¿por qué? Porque como el pueblo tiene sentido de la justicia, decía: pero, bueno, este es un infeliz; el ladrón de verdad es el capitán tal que roba tanto y el otro, y el verdadero bandolero aquí es el que lo está persiguiendo, señor. Y el pueblo con sentido de la justicia ocultaba al perseguido del agente de la autoridad. Porque es que realmente se habían convertido en bandoleros los agentes de la autoridad. Esa es una cosa que la sabe todo el mundo. No hay miedo de decirlo, no. No hay. No lo había antes y menos hay ahora.

Aunque haya sus excepciones. Y lo digo porque la hay, y es justo que lo diga: hay excepciones. Pero para que se quede bien grabado en la mente de todos hay que decir la verdad, y hay que llamar las cosas por su nombre. Y entonces no había colaboración.

¿Por qué a un infeliz que se robaba una gallina lo iban a meter seis meses en la cárcel, y los multimillonarios no tenían problema? Habían saqueado todo lo que habían saqueado y eran unos grandes señores. Yo voy a decir que todos tenemos la culpa, porque también en los clubes de aquí y en los lugares honorables, se recibía a esa gente como si fueran unos personajes (APLAUSOS).

El ejemplo estaba ahí. Eso era lo que teníamos que aprender nosotros, la juventud: le iba bien al pícaro. Aquí ya casi hasta la familia le aconsejaba a cualquiera que tenía que agarrar una “botella”, y que el hijo era un bobo si no lo hacía así. La inmoralidad había filtrado todas las instituciones sociales, hasta la más seria, los padres no se preocupaban de orientar a los muchachos políticamente, no se encargaban de condenar lo inmoral, y todo lo que se veía eran malos ejemplos.

Es extraordinario lo que la juventud cubana ha hecho, acostumbrada a ver lo que ha estado viendo. Ustedes no saben el poder del ejemplo. Yo se lo puedo decir en el caso de lo que he visto en estos dos años: la tendencia en mucha gente —gente buena— que tan pronto se ponían un revólver ya iban y actuaban con los modales, el mismo estilo, se paraban igualito, hacían lo mismo que hacían los guardias rurales, porque en su mente tenían al hombre con un revólver que tenía que hacer todo aquello.

Les advierto que ahora mismo hemos tenido que pasar por la amargura de tener que presenciar la primera barbaridad cometida por un agente de la autoridad. Y tengo entendido —porque todas las apariencias lo indican, aunque no lo he comprobado completamente, pero eso se va a comprobar— que se ha cometido el primer asesinato. Quiero que lo sepan.

Calcularán ustedes la reacción que eso me produjo a mí. Inmediatamente me comuniqué con la familia, y personalmente voy a investigar eso, porque es que lo voy a investigar por muchas cosas que tenga que hacer, porque no dejo pasar el primero. Aquí hay que pelear en la primera trinchera (APLAUSOS PROLONGADOS). Si dejamos pasar una, por ahí se filtran todas las demás, ¡y la primera no se puede dejar pasar, señores! (APLAUSOS.)

Tuve que pasar por el dolor de ver a una familia y decirle lo que le había pasado al ser querido. Independientemente de lo que haya sido, aunque creo que era una persona honorable. Tengo entendido eso, aunque no quiero dar palabra definitiva sobre esto hasta que no tenga todos los informes, ni decir en un sentido o en otro. Pero sí hay una realidad: todo parece indicar que fue detenido y después fue asesinado. ¡Lo que no se le puede hacer ni al peor traidor!

Porque si nosotros en dos años y un mes de guerra ¡jamás matamos un prisionero, jamás golpeamos siquiera al peor traidor!, ¿por qué va a venir nadie en la paz a hacer semejante cosa, quien sea el individuo detenido? (APLAUSOS.)

Y la reacción primera fue de indignación. Tengo esperanzas de que no haya sido ninguno de los hombres que vio cómo se luchó, cómo luchó el Ejército Rebelde. Tengo esperanzas de que no sea ningún miembro del Ejército Rebelde, porque el dolor sería mucho más grande. Tengo la esperanza de que sea cualquier delincuente, asesino de estos, que ha aprovechado la oportunidad para agarrar un arma. ¡Y que nosotros se la vamos a quitar de verdad! (APLAUSOS.)

Y en consecuencia, tengan la seguridad de que por pertenecer al fuero militar, todo el que tenga un fusil aquí va a parar a un consejo de guerra y va a ser sancionado severamente. Ya por los delitos posteriores a la Revolución la pena de muerte debe quedar abolida, ajustarse a la Constitución de la República. ¡Pero está la cárcel, y la cárcel es un castigo muy serio! (APLAUSOS.) Por lo tanto, ese caso, que es el primero, muy lamentable, será castigado. Es lo que tiene que hacer el Estado. No podemos impedir que siempre haya una excepción. Tengo la satisfacción de decir que en toda la guerra, que duró dos años y un mes, no hubo una excepción. Es que esas malditas estaciones de policía parece que tienen la maldad dentro y que allí no se respira otra atmósfera todavía, que algo queda. ¡Deseos le dan a uno de derrumbarlas a todas, para que no quede ni siquiera el recuerdo! (APLAUSOS.)

Decía que… Les hablaba… Creo que hasta el hilo lo he perdido. Bueno: de todas formas…

__.- Nos interesa una pregunta, Fidel.

CMDTE. FIDEL CASTRO.- Sí, exactamente. Ya es hora de que hagan preguntas.

__.- Ahí tiene al doctor Bustamante que va a ir dando las preguntas.

CMDTE. FIDEL CASTRO.- Yo quiero que me las pregunten los mismos interesados. Usted me puede preguntar tres…

__.- Bueno: voy a hacerle la primera desde aquí.

Comandante Fidel, quisiera que me perdonara que me dirija siempre a usted diciéndole Fidel, pero es que yo conozco a Fidel desde los años de la Universidad, y allá Castro casi no sonaba, era Fidel, entre los amigos de la Universidad.

La primera dice así: ¿Cuáles son, en su opinión, las medidas más urgentes y apremiantes que deben adoptarse para encauzar la Revolución triunfadora?

CMDTE FIDEL CASTRO.- Yo creo que precisamente estas cuestiones que estamos tratando: las cuestiones de orden público, de la paz, es la medida más importante. Además, una revolución que conquista la paz inmediatamente es un caso de excepción. Y creo sinceramente que la paz está lograda de una manera sólida y que difícilmente haya nada que pueda perturbar la paz del país, sobre todo si se siguen tomando medidas

(APLAUSOS).

__.- La otra pregunta, Comandante Fidel Castro. ¿Cree usted necesaria la celebración de una asamblea constituyente antes de las elecciones para designar el nuevo gobierno?

CMDTE. FIDEL CASTRO.- Mi opinión —creo que además es la de la mayoría del pueblo— es que no. El problema aquí no era contra la Constitución; al contrario, por la Constitución (APLAUSOS). Las consecuencias serían negativas al hablar ahora de una asamblea constituyente, porque entonces en todo el mundo empieza la intranquilidad: ¿y cómo será? ¿Y cuáles serán los derechos básicos de esa constitución? Nadie se sentiría seguro aquí (APLAUSOS).

Todo el mundo sabe que ya hicieron una Constitución y todo el mundo sabe a qué atenerse. Y que las reformas, las leyes, las medidas que se vayan a tomar serán dentro de la Constitución, que lo permite, señores. Es decir, que hay una justicia amplia en todos los órdenes dentro de las normas de la Constitución de la República. Y todo el mundo está muy contento con la Constitución. Vamos a aplicarla, y que otra generación, dentro de 20, 30 ó 40 años, haga una nueva constitución de la república (APLAUSOS).

__.- La otra pregunta, Comandante, dice: ¿Cree usted necesaria una asamblea legislativa provisional para aliviar la tremenda labor que pesa sobre el Consejo de Ministros?

CMDTE. FIDEL CASTRO.- Voy a dar mi opinión también.

Si la provisionalidad va a ser realmente breve, si, además, habría que enfrascarse ahora en la creación de un estatuto para esa asamblea legislativa; además habría que escoger a los sectores, porque primero, si es de 10 es muy pequeña, pues más grande es la asamblea de ministros, si es de 50 es un poquito mayor y ya hay que escoger a mucha gente aquí —no querrá nadie aquí un sueldo, pero todo el mundo sí quiere discutir, ¿no? (RISAS)— y empezaría el problema de escogerlos; y, en tercer lugar, las leyes podrían empezar a sufrir un retraso, por tener que seguir un trámite, y, además, porque sería una asamblea legislativa ficticia, porque no la habrá elegido nadie (APLAUSOS), una especie de consejo consultivo llamado asamblea legislativa (APLAUSOS). Y entonces, además, toda una serie de señores legisladores paseando por La Habana también y unos ciudadanos con aire de gobernantes también. Mucha charlatanería posiblemente allí y no lo que importa, que es trabajar. La cuestión es que sea breve la provisionalidad. Eso sí. Que adopte las medidas urgentes que el pueblo reclame: ¡Aquí hay que ponerse a trabajar inmediatamente!

Miren, yo creo incluso que antes de hacer la ley hay que hacer el hecho. Nosotros los cambios que estamos haciendo dentro de los institutos armados el hecho va delante del derecho; después, a medida que se vayan haciendo todos esos cambios, irán consagrándose con el derecho, legitimándose. Pero no se puede perder tiempo. Si no se ha marchado incluso más rápidamente en esta primera semana es porque ha habido que ir buscando ministros, gente, reorganizándolo todo, estudiándolo todo. La maquinaria del Estado quedó bastante desarticulada, y uno se asombra de cómo los servicios continúan prestándose, a pesar de esas anormalidades y con bastante eficiencia. Creo que ya el que quiera un pasaporte se lo dan, que ya esos problemas van tramitándose rápidamente. Y espero que a más tardar dentro de una semana, estén todos los departamentos funcionando.