Discurso pronunciado en la Sesión Almuerzo del Club de Leones de La Habana, en el Salón Caribe, del Hotel Habana Hilton, el 14 de febrero de 1959

Part 6

Chapter 62,552 wordsPublic domain (Wikisource)

Poco a poco, a medida que vaya aumentando la demanda de billetes, se aumenta el número de billetes, pero se deja el mismo número de premios, o sea, que no se aumenta la proporción de premios. Puede el Estado, a medida que lo permitan las circunstancias del instituto, aumentar el interés, y la gente irá dejando de jugar, por el premio —que cada vez será más inasequible—, por el interés que le brinda.

Y, desde luego, les voy a decir una cosa: el Estado, cuando esa institución no sea de lucro, pues, puede ofrecer más ventajas que las que puede ofrecer ninguna otra. El problema es que el juego debe acabarse. Nosotros planteamos que debe acabarse, en todas las formas, en comerciales, todas las clases de juegos; tiene que acabarse (APLAUSOS).

Y vamos a decir la verdad, aunque nos cueste enemigos. Y creo que lo que la opinión pública quiere es eso, porque de la única manera que se queda aquí el juego es que el pueblo quiera que se quede. Entonces ya… Bueno. Y yo creo que el pueblo está muy consciente de lo que le conviene y de lo que quiere. Yo he visto a todo el mundo muy contento sin bolita y sin charada. Y hasta los que juegan, cuando usted dice: “Debe eliminarse eso”, dicen: “Bien eliminado, pero es que yo no tengo voluntad y juego.” (RISAS Y APLAUSOS.) Hasta el que juega está de acuerdo con que se acabe el juego.

Entonces, la cuestión es que debemos decir la verdad aunque nos traiga enemistades.

Yo estaba en la Sierra y una vez nos conseguimos un aparato televisor y lo abrimos, y casi no se podían ver los programas, porque no era más que: tal cosa regala tanto y más cuanto, un automóvil y lo otro; y tal cosa, tantos pesos. Fue cuando me pude dar cuenta en pocos años cómo había evolucionado, cómo se iba corrompiendo la moral pública de tal manera, que ya no había ni competencia comercial a base de calidad, a base del mejoramiento del producto (APLAUSOS).

¿Eso no perjudica extraordinariamente a la industria y no perjudica al consumidor? (APLAUSOS Y EXCLAMACIONES DE: “¡Mucho!”) (DEL PUBLICO LE DICEN: “Crea monopolios.”)

Y a lo que se iba entonces era a mejorar el premio: cuál daba más premio y peor producto. (DEL PUBLICO LE DICEN: “Más caro.”) Por supuesto. Entonces, la cuestión es que yo estoy seguro de que tiene que ser una desesperación para los mismos industriales tener que vivir en esa competencia de juego. Estoy seguro de que cuando nadie juegue, que no haya el plan de regalos, va a estar todo el mundo igual. (DEL PUEBLICO LE DICEN: “No, y se abarata el producto.”)

El Estado mantendrá el juego el tiempo necesario para abolir definitivamente el juego: ocho, nueve, diez años, para que cada vez disminuya el premio y llega el momento en que el ciudadano compre los valores del Estado no por ganarse el premio, que ya sabe que tiene que vivir 10 000 años para ganarlo, porque cuando sean 300 000 billetes, el cálculo de posibilidades será ganarse el premio una vez cada 3 000 años; sin embargo, si lo compra, es por algo, es porque está ahorrando, y ya es un valor.

Otra cosa: ¿En qué se va a emplear eso? Yo se lo voy a decir. Aunque aquí hubiera alguien que tuviera intereses en construcciones o en alquileres o en lo que sea, yo se lo voy a decir.

¿Qué vamos a hacer? Voy a dar otra opinión. Creo que uno de los servicios esenciales… Yo me atrevo aquí a hablarle al que sea dueño de edificios de apartamentos y me da la razón, porque yo voy a decir la verdad. No le voy a decir explotador ni le voy a decir nada de eso. No es nada de eso. Voy a analizar lo que es.

Creo que uno de los servicios esenciales que en la sociedad hay que prestarle al individuo de la sociedad, es la vivienda. El hombre no puede dormir en la calle, ni a la intemperie, ni en un monte; puede vivir en una casa de campaña como la que hemos hecho nosotros, provisionalmente. Pero la verdad es que el pueblo…

Estamos de acuerdo en que se necesitan calles para que se crucen los vehículos: entonces viene el Estado y presta ese servicio. Estamos de acuerdo en que hacen falta puentes: nadie deja que los particulares construyan puentes, sino dicen: “El Estado debe construir el puente.” Puentes y muelles, toda una serie de servicios, los presta a todo el mundo. Sin embargo, la necesidad de vivir bajo un techo es más grande que la de transitar por una calle. Y en cambio, dejan al individuo abandonado a su suerte en cuanto a ese servicio, que lo resuelvan los particulares. ¿No hay casas suficientes? No importa. Que duerman en el barrio de Los Hoyos o duerman en un solar. Nadie se preocupa por eso.

El Estado tiene que resolver ese problema. No hay viviendas suficientes, señores, y las que hay son caras, señores. Y les voy a decir por qué.

¿Es lo mismo construir 100 edificios que construir uno? (Le responden negativamente.) ¿Cuál sale más caro? (Le responden que uno.) Y cuando 100 construyen un edificio en vez de que uno construya 100, ¿no es más caro el apartamento? Es lógico, además, porque cada cual paga su experiencia, uno busca un contratista más económico; otro, menos económico, y el resultado es que no se puede vivir. Yo no sé si ustedes podrán vivir. Yo me imagino que más o menos con algún trabajo. Pero la inmensa mayoría de la gente, de la ciudadanía, pasa mucho trabajo con la vivienda y le cobran la mitad del sueldo o la tercera parte por la vivienda, que se va sin más, y del dinero que paga en eso no le queda nada.

Bien. ¿Cómo vamos a resolver el problema? ¿Quitándoles los edificios de apartamentos a los que los han hecho? ¡No, señor!

Han hecho sus edificios al amparo de la ley, de una situación legal; han actuado normalmente, y es un derecho adquirido al amparo de las leyes constituidas y de un sistema establecido. No hay que quitarle nada a nadie.

Creo que la Revolución se puede hacer sin quitarle nada a nadie. Y hacer eso parece difícil, pero es que por muchos caminos se llega a Roma. Y el objetivo que persigue la Revolución es llegar por distintos caminos sin quitarle… Lo que la gente no quiere es que le quiten, desde luego; ahora, hay que darle al pueblo y resolver los problemas. Y vamos a ver cómo nos ponemos de acuerdo para eso.

La vivienda quedamos en que es un servicio esencial y que sin embargo no se presta, y que hay una escasez extraordinaria de viviendas tanto en la ciudad como en el campo. Pues bien, ¿en qué vamos a invertir el dinero que se recaude por concepto de lotería? En resolver el problema de la vivienda. Verán en qué forma: como se van a recaudar cantidades grandes, entonces se van a producir masivamente.

Yo quiero que ustedes sepan que el costo de producción de las viviendas hechas masivamente es un 40% más barato; luego, la casa que construida por un particular cuesta 6 000, construida por una corporación cuesta 4 000, y más si se compra en grandes cantidades y con la facilidad que tiene el instituto para realizar esas inversiones.

Entonces, invertir en construcción de viviendas todo ese capital al 5%, porque al que compre el valor posiblemente se le pague el 2%, pero hay que pagar los premios que deben salir… Hay otras explicaciones, porque tiene otros detalles el plan, pero en esencia ya lo estoy explicando.

Ustedes calcularán y a lo mejor no les cuadra después, pero hay un sistema determinado. Parece increíble, pero es así. Cuando ustedes hagan los números se darán cuenta de lo que se paga actualmente por billetes, y todos saben que es un atraco de los más grandes que pueden existir.

Se invierte al 5%. El que vaya a vivir a aquella casa que ha hecho el instituto, tiene que pagar del capital invertido un 5% de interés, entonces, por lo que paga de alquiler, paga el alquiler y compra la casa (APLAUSOS), sin lucro, porque no habrá lucro, no habrá quien le pueda hacer competencia a un instituto que no lucra. ¿Quién puede competir con un instituto que no lucra? ¿Uno que lo haga más perfecto? ¿Pero hay ganancias? Si hay ganancias pues no puede dar las ventajas que da el instituto. ¿Y tiene que hacer una casa allá en un barrio de Guanabacoa o por ahí? ¡No! Compramos una manzana y hacemos un edificio para arriba, y se vende el apartamento (APLAUSOS).

No hay una revolución en el mundo que haya convertido en propietarios a los inquilinos, y esta los va a convertir, ¿qué les parece? (APLAUSOS.)

Las posibilidades de invertir capitales son ilimitadas, porque a medida que aumente la demanda de billetes y sean más y más, y menores los premios, es más la cantidad de millones de que puede disponer todos los años. Puede ser que ya cuando sean 100 000 billetes de valores, pueda disponer de unos 100 millones de pesos todos los años y más. Y va a resolver el problema en escala progresiva, y les va a dar empleo a miles y a miles y a miles de trabajadores, y a miles y a miles de vendedores de valores del Estado.

Sé que chocará con algunos intereses, naturalmente; es imposible no chocar. Pero a la larga lo que por un lado se sacrifica se gana por otro siempre en estas cuestiones, y, además, porque es una necesidad, es una necesidad y creo que es un derecho que tiene el Estado de cambiar la lotería de lo que es, no empleando la policía, y, además, convirtiendo eso en ahorro. ¿Quién gana aquí? El que compra billetes, va a ganar un interés. Antes botaban los papeles esos, y ahora los que botaban se convierten en dinero, porque en el sistema es reintegrable desde el día siguiente de celebrado el sorteo, pero no se le da la totalidad, se le da el 40%; el segundo año se le da más, un 60%; el tercero, más, y el último año, el quinto año, un 10%, y si quiere lo reserva, lo deja ahí y continúa ganando intereses, que le puede aumentar un 1% de interés al que ganaba. Siempre es un estímulo para que ahorre y que conserve esos valores.

Yo quiero que sepan que esta es una idea surgida en la Sierra Maestra, estudiada en la Sierra Maestra, pensando en el problema del juego, ver qué vuelta se le daba aquí (APLAUSOS).

Vendrán y dirán: Bueno, señores, pero es que hay vendedores de valores de bancos particulares que van a salir perjudicados. ¡No, señor! Que vengan y que vendan valores del Estado; se acabó. Así que nadie se va a quedar sin empleo, va a aumentar el empleo.

Entonces esas medidas así se hubieran podido aplicar desde los inicios de la república. Qué distinto sería hoy si el Estado, en vez de explotar el juego y el vicio, se hubiera dedicado a convertir el vicio en virtud y, en aquel proceso, hacer una obra determinada como resolver el problema de la vivienda, y que con ese criterio se hubiera trabajado en la marina mercante, en la industria pesquera y en todos los demás problemas del país, y disecando pantanos, y recuperando todas esas tierras que están en malas condiciones y no permitir que le hubieran robado las tierras, porque al Estado le han robado miles y miles y decenas de miles de caballerías de tierra. ¡Todo ha sido un robo!

Si queremos arreglar esta casa que es Cuba, yo creo que podemos arreglar nuestra casa. Y, además, cuando arreglemos la nuestra vamos a hacerles un favor a las otras, porque en América Latina todo el mundo está mirando a ver qué hacemos nosotros (APLAUSOS). Les preocupa nuestra democracia y saber si sabemos conservarla y, además, a ver si dentro de la democracia se puede hacer la justicia social. Y si nosotros, dentro de la democracia, hacemos la justicia, tendremos el régimen social perfecto, que a eso es a lo que aspiramos, con la ayuda de todos (APLAUSOS).

__.- Comandante Fidel, vamos a hacerle, dicen que la última pregunta no debe ser, que debe ser la penúltima. Pero esta en verdad es la última, ¿no?

Una vez que terminemos eso, hay algo que queremos tratarle a usted aquí, en nombre del Club de Leones, cuando usted llegue, para posteriormente anunciarlo. Así que cuando usted termine de contestar esa pregunta le rogamos entonces que venga a la Presidencia otra vez.

La pregunta la va a hacer el vicesecretario del Club de Leones de La Habana y miembro de instituciones económicas de Cuba, doctor Padrón.

DR. PADRON.- Doctor, desde hace muchos años —como usted conoce— existen en Cuba corporaciones económicas, constituidas por hombres de empresas, que han venido procurando en todo tiempo lo mejor para nuestra economía nacional.

Últimamente —me refiero al pasado gobierno dictatorial— todas las insinuaciones, todas las sugerencias de esas instituciones económicas, eran casi totalmente desechadas por el gobierno de la dictadura, y en muchas ocasiones estas corporaciones se consideraron maltratadas porque ni siquiera eran oídas.

En estos momentos de entusiasmo todas esas instituciones económicas, pensando en Cuba, en el mejoramiento de su economía, se aprestan a hacer una revisión de todo aquello que afecta nuestra economía; en unos casos, tratando de hacer desaparecer lo que la perjudica; en otros casos, haciendo que se mantenga lo que beneficia indudablemente a nuestra economía y también procurando una nueva legislación no promulgada que beneficie el progreso de la misma.

¿Usted cree, doctor Fidel Castro, que el gobierno de la Revolución, previo el estudio concienzudo y patriótico de estas instituciones —sin querer decir que resuelva lo que ellas quieren—, atenderá previamente a toda promulgación los estudios que las mismas ejecuten con el mejor interés, por el beneficio general?

CMDTE. FIDEL CASTRO.- Creo que es algo que ustedes, y usted y todos sabemos —porque precisamente hace un rato preguntaba yo si la ciudadanía tenía la sensación de que se le tenía en cuenta—, que en ningún momento anterior de la vida pública de Cuba cualquier planteamiento que haya de beneficiar a la nación, no a intereses particulares —como bien decía usted—, sino a la economía de la nación cubana, en ninguna oportunidad anterior ha tenido lo que hoy se tiene de que sea atendido y sea realizado, porque todo el mundo ha visto el desvelo con que se está trabajando porque sea esta Revolución una verdadera revolución y un triunfo completo para el país.

Yo les exhorto a que trabajen, trabajar, que le lleven ideas al gobierno, que le lleven estudios al gobierno, que le lleven datos estadísticos al gobierno y que le lleven argumento s al gobierno, porque el gobierno los necesitará.(OVACION)

Fuente Discurso pronunciado por el Doctor Fidel Castro Ruz, Primer Ministro del Gobierno Revolucionario, en la sesión almuerzo del Club de Leones de La Habana, en el salón Caribe, del hotel Habana Hilton, el 14 de febrero de 1959

Categoría:Obras de Fidel Castro