Discurso pronunciado en la Plaza Aérea del Silencio, en Caracas, Venezuela, el 23 de enero de 1959
Part 2
Durante 10 años las cárceles se llenaban con centenares y millares de presos políticos, sin juicio de ninguna clase, allí morían, y no se organizaba ninguna campaña de prensa contra aquello; las agencias internacionales no organizaban esas campañas en todos los lugares del mundo para protestar, porque si lo hubieran hecho se habría caído la dictadura de Pérez Jiménez, no habría durado ni dos años (APLAUSOS Y EXCLAMACIONES DE: "¡Viva Fidel!"). Todo lo contrario, Pérez Jiménez obtuvo su reconocimiento, relaciones amistosas, armas, afecto, cariño, condecoraciones y aplausos de todas clases, naturalmente porque era el que convenía a esos intereses que organizan esas campañas; y el pueblo de Venezuela solo, absolutamente solo, sin que nadie lo ayudara, tuvo que soportar aquellos 10 años de horrible opresión y de vergonzosa y criminal tiranía, lo que tuvo que soportar hasta que un día pasó lo que pasa cuando los pueblos se cansan y se indignan, y hacen lo que hizo el pueblo de Venezuela. Cuando nadie en el mundo creía que Pérez Jiménez iba a ser derrocado, cuando nadie en el mundo lo creía porque en Venezuela había mucho dinero y se construían muchas obras y parecía consolidado aquel régimen, cuando menos se lo imaginaban, la ira del pueblo, la dignidad del pueblo, el valor del pueblo derroca la tiranía de Pérez Jiménez (APLAUSOS Y EXCLAMACIONES).
Aquella digna actitud del pueblo provocó la reacción favorable y ganó la simpatía de los círculos más progresistas, lo que produjo un aliento extraordinario en el pueblo de Cuba: desde aquel día no se empezó a hablar más que de huelga general y de huelga general y que había que tumbar a Batista también, igual que habían hecho los venezolanos (APLAUSOS).
No tuvimos tan buena fortuna como los venezolanos, no organizamos la huelga tan bien como la organizaron los venezolanos y fracasamos. Fueron aquellos días muy críticos, en la Sierra Maestra no contábamos más que con 300 fusiles, y después de aquel 9 de abril —que todos recordarán con tristeza, porque fue una derrota de la Revolución—las fuerzas armadas de la dictadura prepararon la más poderosa ofensiva que habían organizado en ningún momento antes; ante el fracaso de la huelga se llenaron de aliento y se lanzaron contra nosotros en la Sierra Maestra. Una vez más, en manos de un puñado de hombres, quedó la victoria o la derrota de la Revolución, pero los rebeldes, que nos habíamos visto en situaciones más difíciles que aquella, nos atrincheramos en la Sierra Maestra y después de 75 días, en vez de 300 fusiles, teníamos 805 fusiles, incluyendo bazucas, morteros, ametralladoras de todas clases, hasta un tanque que le habíamos quitado al enemigo (APLAUSOS Y EXCLAMACIONES DE: "¡Viva Fidel!, ¡Viva el ejército popular!").
La ofensiva sirvió solo para armar al Ejército Rebelde que inmediatamente desató su contraataque, su contraofensiva, que terminó como ustedes saben; pero que no fue, sin embargo, tan fácil, porque no dejaron de ponernos algunas piedras grandes en el camino.
Nosotros habíamos mantenido la tesis siempre de que no aceptábamos golpe de Estado. Porque el problema de los pueblos no podía estar siendo resuelto por los golpes militares, porque eso reducía a los pueblos a la impotencia, los reducía a un cero a la izquierda en el proceso de su propia historia, y nosotros dijimos: "Los militares pusieron la dictadura, pero la dictadura la va a quitar el pueblo, no los militares (APLAUSOS). Si los militares desean luchar contra la dictadura, que se unan al Ejército Rebelde. ¡Golpe de Estado no!" Lo advertimos bien claramente, porque ya sabemos la historia de los golpes de Estado: se da el golpe de Estado, se restablecen una serie de libertades, se apacigua al pueblo, se le quita al toro de la plaza el capote rojo y cuando el pueblo está apaciguado, tranquilo, hasta un poco decepcionado, porque creen que le van a resolver además todos los problemas, sin darse cuenta de que no se pueden resolver los problemas si no es en una verdadera revolución, cuando empieza a desanimarse, es el momento en que precisamente esperan los eternos enemigos de las libertades de los pueblos para lanzarse de nuevo sobre el poder público y establecer la dictadura por otra temporada (EXCLAMACIONES DE: "¡Esa es la verdad!").
Dijimos: "Golpe de Estado no, porque si hay golpe de Estado seguimos la Revolución; seguimos peleando si hay golpe de Estado, así que o se rinden o se pasan!", y se lo dijimos cuando no teníamos más que unos cientos de combatientes.
Continuó desarrollándose la lucha en Cuba y llega un momento en que el régimen estaba totalmente derrotado, en Oriente había 12 000 soldados copados por nuestras fuerzas; la provincia de Las Villas estaba tomada, la fuerza de Camagüey copada entre nuestras fuerzas de Oriente y de Las Villas (APLAUSOS). En esas condiciones se acerca un general y nos dice que nosotros habíamos ganado la guerra, que no quería más sangre, y propuso un movimiento de acuerdo con el Ejército Rebelde para entregarles todo el poder a los rebeldes. Aceptamos, el día 31 de diciembre tenía que llevarse a cabo el movimiento, pero el general no cumplió su palabra; antes de empezar nos traicionó, traiciona lo acordado con nosotros, se subleva en Columbia, da un golpe de Estado, se erige jefe del ejército y nombra a un presidente títere. Pero como dijimos nosotros: aquella mañana había dado un salto mortal en el vacío. Les dimos instrucciones a todas las columnas de continuar el ataque, de proseguir las operaciones militares y le dimos al pueblo la consigna de lanzarse a la huelga general revolucionaria.
El resultado fue que el mismo día se cayeron dos gobiernos, el primero de enero se cayó Batista y el gobierno que pusieron allí después de Batista (RISAS Y APLAUSOS). Y la huelga general no cesó hasta que todas las fortalezas militares estuvieron en manos del Ejército Rebelde. No había problemas, se acabaron para siempre las conspiraciones. El ejército quedó totalmente desarmado en Cuba, todas las armas pasaron a manos del Ejército Rebelde. En aquella revolución que se había producido en aquella forma, que inmediatamente después del triunfo establece un orden perfecto, porque era un orden en colaboración con el pueblo, se dio el caso insólito de que nadie fuese arrastrado —eso no se había dado nunca en ninguna revolución—, se dio el caso insólito de que una capital de más de un millón de habitantes, como La Habana, quedase sin policía y existiese allí un orden perfecto, absoluto; porque en La Habana —quiero que lo sepan— los que cuidan el orden son los boy-scout (APLAUSOS).
Los que auguraban que el triunfo de la Revolución era la anarquía, que el triunfo de la Revolución era un torrente de sangre, que era el desorden y el caos, se quedaron asombrados ante aquel formidable acontecer revolucionario; pero, además, se dieron cuenta de que aquella Revolución era invulnerable, porque aquella Revolución era una revolución consolidada, puesto que todas las armas estaban en manos de los revolucionarios; además, se daban cuenta de que los hombres que habían hecho aquella Revolución no estaban dispuestos a transigir con los intereses creados y que estaban dispuestos a hacer una verdadera revolución en su patria.
¿Cuál fue el resultado? El resultado fue que antes de los tres días se lanzase contra nuestro pueblo una campaña internacional de difamación. Los monopolios que controlan las agencias internacionales de cables, comenzaron a lanzar hacia todo el mundo la noticia de que nosotros estábamos realizando ejecuciones en masa de partidarios de Batista sin previo juicio. No decían que estaban siendo sometidos a juicios los criminales de guerra que habían asesinado y torturado a 20 000 compatriotas. No, decían que eran los partidarios de Batista y que estaban siendo ejecutados en masa sin previo juicio, y comenzaron a divulgar por todo el mundo aquella noticia para enajenarle a la Revolución Cubana la simpatía de los pueblos.
Los pueblos de América estaban acostumbrados a esos excesos, no era raro para los pueblos de América ver encumbrarse a los déspotas que asesinan en masa y ejecutan sin juicio a indefensos ciudadanos, por eso la mentira podía prender, por eso empezaron a decirles a los pueblos de América que el poder había sido tomado por una nueva camarilla de criminales, que un nuevo déspota estaba en el poder y que estaban allí realizando ejecuciones en masa. Les ocultaban a los pueblos la gran verdad de aquella Revolución ejemplar, no les dijeron a los pueblos el respeto que había tenido el Ejército Rebelde para los prisioneros de guerra; no les dijeron a los pueblos los cientos de vidas que salvaron en los propios soldados enemigos heridos los médicos del Ejército Rebelde, lo que puede atestiguar la Cruz Roja Internacional (APLAUSOS Y EXCLAMACIONES DE: "¡Viva Fidel! ¡Viva Cuba libre!").
No dijeron que durante dos años y un mes de guerra no había ocurrido jamás un solo asesinato de prisionero ni un solo caso de tortura o de maltrato a un prisionero de guerra; no dijeron que en nuestra patria había una libertad absoluta en todos los órdenes; no dijeron que había una paz y un orden absoluto; no dijeron ninguna de aquellas cosas positivas de la Revolución Cubana que podían servir de ejemplo y que servirían para enaltecer a los pueblos. No, comenzaron a calumniar a la Revolución. ¿Calumniarla por qué? Porque el pueblo cubano se tomaba el derecho de implantar por primera vez justicia en su propia patria, la justicia que nunca se había implantado (APLAUSOS Y EXCLAMACIONES).
Hombres que habían estado asesinando durante siete años, hombres que asesinaron mujeres, hombres que violaron a madres de familias, hombres que asesinaron niños, hombres que llevaron el terror y la tortura a extremos inauditos, hombres que sacaban fotografías de nuestros compatriotas mutilados, de nuestros compatriotas torturados para luego ir a disfrutar sádicamente de aquel espectáculo en sus orgías y bacanales, porque esas fotos que hemos ocupado, esas fotos las tomaron ellos y las hemos ocupado en los despachos de los principales esbirros que en su fuga ni siquiera tuvieron tiempo de llevárselas (EXCLAMACIONES). No era posible que aquellos hombres, que aquellos bárbaros, que aquellos seres infrahumanos quedasen sin castigo. No. ¿Por qué iban a quedar sin castigo hombres que habían asesinado en algunos casos hasta a más de 100 cubanos? ¿Por qué iban a quedar sin castigo los que no tuvieron piedad para sus semejantes, los que no tuvieron compasión para sus semejantes, los que sembraron el luto, la muerte y el dolor por doquier durante siete años? ¿Por qué? ¿Por qué iba a renunciar nuestro pueblo a que se hubiera hecho la justicia? Nada hay más dañino a una sociedad que la impunidad del delito (APLAUSOS). Cuando el crimen permanece impune, la venganza toma el lugar de la justicia; los familiares, los amigos y los compañeros de las víctimas, que no pueden soportar la presencia en las calles de los criminales que les arrancaron la vida, se encargan de hacer la justicia por su propia mano y se siembra la vendetta, la anarquía y el desasosiego en la sociedad.
Nada hay más dañino a los pueblos que la impunidad del crimen, porque, precisamente, la impunidad del crimen fue la causa de que en nuestro pueblo se produjera esa camarilla de asesinos, se produjera ese tipo de hombre bajo, ruin, salvaje, que no tiene la menor sensibilidad por los derechos y por los sentimientos de los demás, que no tiene la menor sensibilidad ante el dolor de los demás. Ese tipo de hombre bajo se gesta solo en aquellas sociedades donde no hay justicia.
¿Qué decían los esbirros? Los esbirros se lo decían a los presos cuando los estaban torturando: "No me va a pasar nada, chico; aquí nunca le ha pasado nada a nadie. Mira a Pedraza, con sus millones, a pesar de la gente que mató cómo está en libertad y cómo disfruta de su riqueza y como no le pasó nada. Mira a fulano cómo no le pasó nada; mira al otro cómo no le pasó nada. " Y eso es lo que decían los criminales (EXCLAMACIONES). Por eso torturaron como nunca se había torturado en Cuba, por eso asesinaron como nunca se había asesinado en Cuba.
No podía por ningún concepto admitirse siquiera la idea de que el crimen permaneciese impune. No hay pueblo en la Tierra más sensible que nuestro pueblo, no hay pueblo en esta Tierra más compasivo que el pueblo cubano, ni más generoso que el pueblo cubano. Para comprender qué es el pueblo cubano, baste decir que allí no puede haber espectáculo de toro porque, sencillamente, el pueblo no quiere y le duele ver que aquellos animales caigan allí muertos en la plaza (APLAUSOS).
Si en la ciudad de La Habana el Ministro de Salubridad diese la orden de aniquilar a todos los perros callejeros, inmediatamente surgirían un sinnúmero de protestas contra aquella orden, porque nuestro pueblo es sensible incluso a que se mate un perro en la calle (APLAUSOS). Sin embargo, cosa insólita, tanto había sufrido nuestro pueblo con los criminales de guerra, tan profundo era su dolor, tan honda su tristeza, tan grandes sus heridas, que el pueblo estaba unánimemente de acuerdo en que se fusilara a los esbirros (EXCLAMACIONES Y APLAUSOS).
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