Discurso Pronunciado En La Magna Concentracion Popular En El Pa
Chapter 2
Repugnaba abrir algunos periódicos extranjeros, algunos periódicos de México, por ejemplo, y encontrarse allí una caricatura donde aparecía Cuba vestida de blanco en un charco de sangre y nosotros ahí con barba y fusil, como unos vulgares verdugos. ¿Por qué? ¡Ah!, porque ahí están las agencias de cables internacionales, esas agencias que a mí me mataron al otro día del desembarco. ¿Ustedes lo recuerdan? (EXCLAMACIONES DE: “¡Sí!”) No me pudieron matar a mí y ahora quieren matar el prestigio de la Revolución; y, claro, con mucha sutileza. Cualquiera que tenga un poco de raciocinio, no tiene más que leer los cables internacionales para ver cómo se ha organizado esta campaña, y lo triste es que han confundido a algunos pueblos de América, incluso al propio pueblo mexicano, un país al que le arrebataron la mitad del territorio, un país que ha sido tan humillado y tan maltratado. Hasta ese pueblo han llegado las agencias que representan intereses monopolíticos y explotadores, a engañarlos y a hacerle creer que nosotros somos algo peor que Trujillo, algo peor que Somoza, algo peor que lo más malo que ha habido en el mundo. Nuestro nombre ha sido presentado como el nombre de un asesino, o ha querido ser presentado como el nombre de un asesino ante los pueblos de América, pero no importa: aquí, y en cualquier pueblo de América, me puedo parar con la frente en alto, con la satisfacción de tener limpia mi conciencia y limpias mis manos de sangre (APLAUSOS); me puedo parar ante cualquier pueblo a expresarle la verdad.
Me duele solo que los pueblos de América se dejen engañar tan miserablemente, me duele solo pensar en lo que sería el destino de América si esta Revolución es aplastada. Porque esta Revolución, que no es un golpe de Estado, que no es la asonada de un grupo de caudillos militares, sino una revolución de pueblo, de puro pueblo, debe constituir para los pueblos de América una esperanza. ¿Por qué? ¡Ah!, porque nosotros hemos tocado en la llaga que duele a América, porque en América, su historia de más de un siglo ya se sabe: víctima de los ambiciosos, víctima de los caudillos militares, víctima de las castas militares. ¡Qué necesitada está América, qué necesitados están los pueblos de nuestro continente de una revolución como esta que se ha hecho en Cuba! ¡Qué necesitada está América de que en todos sus pueblos se diese un ejemplo como este! ¡Qué necesitada está de que los millonarios que se han enriquecido robándole el dinero al pueblo, perdiesen todo lo que han robado! ¡Qué necesitada está América de que los criminales de guerra, en los países de nuestro continente, hubiesen sido también fusilados!, porque tal vez nuestro continente no sería lo que es hoy: grupos de naciones divididas, distanciadas, a pesar de tener los mismos sentimientos, las mismas necesidades, los mismos intereses, la misma raza y la misma cultura; no sería la agrupación de naciones divididas y débiles, víctimas de las tiranías consuetudinarias y de las castas militares. ¡Qué necesitada está la América del ejemplo de Cuba!
Nosotros, los cubanos, podemos sentirnos orgullosos de una revolución que surge al mundo sin ansias de dominio, sin propósito de explotación ni de dominación de otros pueblos, sino que nace al mundo como ejemplo, con una aspiración de justicia, de justicia amplia, de justicia honda, dentro del más extraordinario sistema de respeto a las libertades humanas que ha conocido el mundo. La Revolución Cubana se puede sintetizar como una aspiración de justicia social dentro de la más plena libertad y el más absoluto respeto a los derechos humanos. Nuestra Revolución hay que defenderla como se defiende, no algo de Cuba, sino algo de América.
Y a los hombres honrados de América, a los periodistas honrados de todo el continente, a los pueblos que son nuestros amigos, tenemos que pedirles que defiendan nuestra Revolución, que no dejen que nos la calumnien porque quieren destruirla, en daño, no solo de Cuba, sino en daño de América; no quieren que la Revolución Cubana levante cabeza para que no pueda levantar cabeza ningún pueblo de América (APLAUSOS).
Siete años hemos vivido de tiranía, siete años y nadie vino a darnos la libertad, que tuvimos que conquistarla con nuestro sacrificio. Los gobiernos no nos ayudaron; nos ayudaron los pueblos. Los pueblos de toda la América simpatizaban con nosotros, los pueblos de toda la América eran nuestros amigos, y ahora nos quieren quitar los únicos amigos que teníamos, nos quieren quitar a los pueblos diciéndoles que estamos haciendo ejecuciones en masa y sin juicio de partidarios de Batista, porque los cables no dicen que son esbirros, los cables no dicen que son asesinos, los cables no dicen que cada uno de los fusilados tiene 10, 12, y hasta 100 muertos, no, los cables dicen que son ejecuciones en masa y, sin previo juicio, de partidarios de Batista. Y como los pueblos de América han visto los horrores de las dictaduras, como los pueblos de América están acostumbrados a oír hablar de ejecuciones en masa y sin juicio de adversarios políticos, pues quieren hacerles creer que se trata de un caso igual. No han hablado de la conducta del Ejército Rebelde, no han destacado que esta es la única revolución en el mundo donde no hubo un solo hombre arrastrado, que no ha habido un pueblo en el mundo que haya tenido un comportamiento tan civilizado como lo ha tenido el pueblo cubano, que no ha habido un solo esbirro torturado, que no ha habido un solo enemigo golpeado; que esta es la única revolución en el mundo en que el pueblo, en vez de tomar venganza con sus propias manos, puso a los delincuentes en manos de los Tribunales Revolucionarios (APLAUSOS).
¡Ah, eso no lo dicen, eso no lo dicen! A esos que estamos ajusticiando ahora son los mismos que los pueblos suelen ajusticiar los tres primeros días después de las revoluciones. Estamos ajusticiando a aquellos que el pueblo hubiera arrastrado de no haberle pedido nosotros que tuviesen fe, que tuviesen fe en la justicia de la Revolución. Hemos sido más que generosos: no se han fusilado chivatos (EXCLAMACIONES); a los chivatos no hay que fusilarlos, hay que mandarlos a trabajar, hay que condenarlos a trabajos forzados (APLAUSOS). ¡Ya que querían ganarse la vida de la delación y de la traición, pues que trabajen para el pueblo!, ¡que trabajen!
A los esbirros sí hay que fusilarlos, a los esbirros sí, porque hasta La Biblia dice que “el que a hierro mata a hierro muere” (EXCLAMACIONES). Hay que fusilarlos, porque los mismos que piden hoy que no los fusilen, dentro de tres años van a estar pidiendo que los soltemos. Y claro, no puede haber paz sin justicia, no puede haber democracia sin justicia. En nombre de la paz sí se han cometido verdaderos crímenes.
Y yo les puedo preguntar a los congresistas que nos atacaron, les puedo hacer esta pregunta: ¿Qué hizo Estados Unidos? Les puedo hacer esta pregunta a los congresistas que nos han atacado: ¿Qué se hizo en Hiroshima y Nagasaki? ¡Ah!, en nombre de la paz se bombardearon dos ciudades y se mataron a más de 300 000 seres humanos. Nosotros no hemos fusilado a ningún niño, nosotros no hemos fusilado a ninguna mujer, nosotros no hemos fusilado a ningún anciano; sin embargo, en Hiroshima y en Nagasaki murieron 300 000 seres humanos de la población civil. ¿En nombre de qué? ¡Ah!, pues se decía que para lograr la paz, se decía también que para evitar que murieran muchos norteamericanos combatiendo. Pues bien, yo les digo a esos congresistas que, aparte de que no tienen nada por qué meterse en los problemas de Cuba (EXCLAMACIONES), estamos fusilando a los esbirros para lograr la paz, y estamos fusilando a los esbirros para que el día de mañana no nos asesinen otra vez a nuestros hijos, y que, al fin y al cabo, los esbirros que fusilemos no van a pasar de 400, es decir, ¡más o menos un esbirro por cada 1 000 hombres, mujeres y niños asesinados en Hiroshima y en Nagasaki!
¿Si de decir la verdad se trata, por qué no vinieron aquí a discutir? ¿Por qué, cuando les dijimos: “Vengan a ver lo que quiere el pueblo”, no vinieron? Eso sí, vinieron dos representantes que han defendido la causa de Cuba, vinieron el representante Porter y el representante Power, a darnos la razón (APLAUSOS); pero los que nos atacan, y a quienes invitamos para que vinieran a discutir aquí de frente, para que supieran lo que es pueblo, porque ninguno de ellos es capaz de reunir 5 000 personas en Estados Unidos, no vinieron. Que ya que se llaman demócratas, vean lo que es democracia; que ya que hablan de la voluntad del pueblo, vean lo que es la voluntad del pueblo. Los invitamos a que vinieran, no para darles velas en este entierro, no, sino para que vieran la verdad.
Hay un hecho que quiero aclarar para que el pueblo esté bien claro. A nosotros el gobierno de Estados Unidos directamente no nos ha atacado; a nosotros toda la prensa de Estados Unidos no nos ha atacado, porque una parte de la prensa, entre ellos Herbert Mathews, nos ha defendido. Y es claro, en este momento el gobierno de Estados Unidos no ha tenido una actitud hostil a nosotros, pero ya sabemos cómo opera la mecánica en Estados Unidos: empiezan determinadas campañas; los intereses que temen a la Revolución organizan la campaña contra la Revolución, hacen opinión pública, y entonces demandan del gobierno de Estados Unidos que actúe. Ahora no, porque todavía no han hecho la campaña ni se la vamos a dejar hacer (EXCLAMACIONES), pero la intención es clara. Porque con la opinión pública ahí, vamos a librar la batalla de la opinión pública. Si es necesario, invitamos no solo a los periodistas de América, sino de todo el mundo, a que vengan a Cuba a saber la verdad; y si es necesario, les damos una invitación permanente a los periodistas para que vean, porque aquí no tenemos nada que ocultar al mundo. Y porque tenemos tal confianza en el pueblo y tal confianza en su madurez política, que sabemos que nadie lo va a engatusar, ni lo va a desviar, ni lo va a engañar.
Así que la cosa es bien clara: se empezó con la campaña de calumnias, pero le hemos salido al paso a tiempo. Nadie espera que la campaña cese; cuando rebajemos las tarifas eléctricas, verán que aumenta la campaña contra nosotros (APLAUSOS).
Por supuesto que quiero aclarar que el pueblo de Cuba no está animado de ningún sentimiento hostil hacia el pueblo de Estados Unidos, no, al contrario, le hablamos también a la opinión pública de Estados Unidos para que nos respalde frente a esos intereses, que son tan enemigos de Cuba como de Estados Unidos; que nosotros no hemos hecho objeto de agresión a nadie, que la Revolución Cubana no ha atacado a ningún pueblo, y que ha sido en cambio el pueblo cubano el que, por el simple hecho de haberse librado de la tiranía con muchos sacrificios, se ha visto objeto de la más criminal, la más canallesca y la más cobarde campaña contra sí.
Pero, compatriotas, yo les aseguro que esta batalla está ganada, y ganada con el concurso de todos, ganada con el concurso de hombres de todas las ideas, de todas las religiones, y de todas las clases sociales. Esta es una batalla que pertenece a todos, que ha unido al pueblo admirablemente en defensa de su justicia, en defensa de su soberanía y en defensa de su prestigio.
Bien merece nuestro reconocimiento y nuestra admiración un pueblo que ha sabido unirse tan estrechamente y como un solo hombre en esta lucha. ¡Un pueblo así no hay quien lo derrote! Hay que impedir que nos lo dividan. Hay que estar unidos para defender los intereses de la patria, que están por encima de todos los demás intereses. Pero al mismo tiempo ir trabajando dentro y haciendo, no solo justicia contra los criminales, sino también justicia social.
Un pueblo como este que, a pesar de sus cientos de miles de desempleados, ha dado un ejemplo de orden incomparable; una capital como esta, donde existiendo cientos de miles de desempleados, no hay ni policías, no hay un solo saqueo, bien merece que el Gobierno Revolucionario empiece a trabajar firmemente para resolverle sus problemas (APLAUSOS). Un pueblo que estando hambriento no es capaz de robar, ¡ese pueblo se lo merece todo! Y uno de los ejemplos que podemos esgrimir con orgullo es que, a pesar del hambre y el desempleo que hay, no hace falta ni policías en La Habana, y que los boyscouts son los que están cuidando prácticamente el orden. ¿En qué país del mundo hay un orden tan extraordinario y una paz tan absoluta, que los niños son los encargados del orden en la capital, después de una revolución? (EXCLAMACIONES Y APLAUSOS.) Pues eso es lo que queremos que los periodistas del continente americano cuenten a sus propios pueblos.
Compatriotas: mi felicitación más calurosa, mi gratitud más profunda por lo que han hecho. No es a mí a quien le han hecho un favor, pero lo agradezco porque se lo han hecho a mi pueblo, se lo ha hecho a sí mismo el pueblo.
Desde que bajé de la Sierra Maestra he escuchado muchas veces una frase, miles de personas se han acercado a mí para decirme: “¡Gracias, Fidel!”, “¡gracias, Fidel!” (APLAUSOS.) Hoy, después de esta extraordinaria demostración; hoy, después de la satisfacción que experimentamos todos nosotros al ver este respaldo del pueblo; hoy, al sentirnos tan orgullosos de ser cubanos y pertenecer a este pueblo, que es uno de los pueblos más dignos del mundo, hoy, soy yo quien en nombre del Gobierno Revolucionario y de todos los combatientes del Ejército Rebelde, quiero decirle a mi pueblo: ¡Muchas gracias, muchas gracias!
(OVACION.)
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