Discurso pronunciado en la Empresa Petrolera Shell, el 6 de febrero de 1959
Part 4
Es muy bonito resolver teóricamente estos problemas con el estómago lleno. Es muy bonito, desde un despacho, decir: “El problema es así.” Pero yo a todos esos los llamaría a que se reunieran con los trabajadores. Que no me convenzan a mí ni convenzan al gobierno; que vayan y convenzan a los obreros que están pasando hambre, y si los convencen, ¡magnífico! Ahora, no digan que subsidiarlos con el dinero de la “botella”, porque el dinero que sobre, señores, hay que invertirlo en hacer obras imprescindibles para el país, ¡imprescindibles!, si no, aquí vamos a tener que subsidiar a todo el mundo dentro de poco con el mismo criterio y no va a alcanzar para darle ni cuatro pesetas a cada hombre aquí para que viva. Y si al lado de eso tiene que pagar 70 pesos de alquiler, tiene que pagar los víveres caro, etcétera, etcétera, etcétera, ¡bien arreglados estamos! Porque aquí, señores, hay muchas cosas que hacer, ¡hay muchas cosas que hacer!
Pero ese era el problema: se nos presentó a nosotros un conflicto entre la realidad y el ideal. El ideal de acabar hasta con el juego. Bueno, no podemos acabar con todo el juego. Vamos a acabar con el juego que perjudica al pobre, que perjudica al trabajador, que perjudica a la economía popular. Ahora, no podemos en este momento redondear todo y prohibir el juego también en esos lugares, porque entonces vamos a crear un problema social muy serio, y eso debe ser en una etapa posterior.
Se dice que con otros deportes. Aquí no se pueden poner los toros, porque si usted dice que se van a poner los toros, se arma una protesta tremenda. No se pueden brindar los toros como un espectáculo turístico, porque la idiosincrasia del país repulsa los toros. La pelota está malísima.
¿Qué deporte se puede poner aquí de atractivo turístico, si todo eso está abandonado y eso no se organiza de la noche a la mañana?
¿Atractivos turísticos de otra índole? ¡Muy bien! ¡Muy bonito! Pero eso no se organiza en 24 horas. ¿Me quieren decir cómo? No, hay que organizarlo en un año, en dos o en tres. Entonces podremos decir: “Aquí ahora hay grandes playas, grandes hoteles en las playas, grandes paseos; en la Sierra Maestra tenemos carreteras para que paseen por allí los turistas” —que son otra clase de turistas y no los turistas jugadores (APLAUSOS)—, pero desgraciadamente no hay, como en México, centros turísticos preparados para el turismo. Aquí ningún gobierno hizo nada de eso, no hay atractivos turísticos y tardaremos años en crearlos, ¿vamos a decirles a los obreros que esperen a entonces para comer? Desgraciadamente no.
Hasta que no podamos crear otros atractivos, hacer otra política turística y traer otro tipo de turistas —incluso, por ejemplo, turismo de Venezuela, donde hay estándar de vida alto, donde se gana dinero, que pueda venir aquí—, crear un turismo distinto del que tenemos hasta ahora... Pero si prescindimos del que tenemos hasta ahora, el daño es enorme, ¡enorme! Y seguro que esos que protestan hoy porque no tienen bien estudiada la medida, después no nos van a ayudar a resolver los problemas cuando aquí haya 30 000 obreros más sin trabajo. Lo que van es a criticarnos más y no a venir a ayudarnos a resolver el problema; por lo tanto, aunque no nos guste, aunque sea doloroso, en este momento tenemos sencillamente que aceptar el juego en los casinos.
Eso no quiere decir que vayamos a retroceder. ¡Ya veremos! No prejuzguen, señores, que no somos tan sinvergüenzas como los que han estado aquí anteriormente, y que, sin embargo, recibieron muchos elogios.
Yo pregunto aquí, ¿qué ladrón no ha recibido muchos elogios? Yo pregunto aquí si a Batista nunca se le dedicó un elogio. ¿Nunca? ¡Óigame, hay que ver la cantidad de visitas que tuvo Batista, la cantidad de directivos que fueron allí a felicitarlo por estar vivo, la cantidad de “personalidades” que le dieron el abrazo alegrándose de que no lo hubieran liquidado y felicitándolo por aquella vida, y que viviera cincuenta años más y estuviera cincuenta años más aquí matando gente!
¡Señores, aquí ha habido mucho Tartufo y aquí ha habido mucho hipócrita en este país! ¡Que se quiten la careta!
Nosotros no nos hemos metido ni siquiera con tantos descarados, porque nos hemos limitado aquí a los malversadores quitarles los bienes y a los criminales de guerra fusilarlos. Pero ni nos hemos metido con tantos descarados como hay aquí, porque, ¡óigame, si vamos a ver la culpa que todos esos descarados tienen en la dictadura y en los crímenes que se han cometido, le advierto que el pelotón tendría que realizar una tarea grande, larga...! (RISAS Y APLAUSOS.) Casi casi no se terminaría aquí en un año de fusilar a la cantidad de gente culpable. ¡Culpable, porque el que felicitó a Batista es un culpable, el que le “guataqueó” a Batista es un culpable, el que le dedicó elogios a Batista es un culpable, el que sirvió a Batista es un culpable!, porque sin esos servicios no se está allí ni tres días, ¿comprenden? ¡No se está allí ni tres días!
La cuestión es que al dictador todo se lo soportaban. Al gobierno democrático, revolucionario, que respeta todos los derechos —y que los respeta no porque esté débil, sino por convicción—, ¡ah!, le sacan los ojos, ¡le sacan los ojos!
Así que el problema que se presentaba aquí con lo de la Shell era idéntico. Si pensábamos en el problema de los trabajadores y decíamos: “Cese el boicot” por beneficiar a los trabajadores, entonces la empresa, los intereses que a nuestro entender nos habían perjudicado iban a salir encantados. Porque estaban dos intereses en conflicto: el de los trabajadores, el deseo de no perjudicar a los trabajadores, y el deseo de sancionar la responsabilidad del presidente de esta empresa.
La cuestión era buscar una solución. Yo decía: Nosotros necesitamos de alguna manera un gesto en que el pueblo vea una compensación del daño que se hizo, un gesto que justifique pedirle al pueblo que cese el boicot. Un gesto de Inglaterra, por ejemplo. Inglaterra no lo ha hecho, no sabemos si lo hará; pero, bueno, Inglaterra sigue sin hacer el gesto y los 4 500 obreros nuestros siguen con su problema.
Entonces, los obreros me acaban de informar, y yo este problema más que decidirlo lo voy a poner a la consideración del pueblo.
Les he explicado cuál es la situación que tienen los trabajadores, porque es el pueblo el que tiene que decidir, el que tiene que decidir y el que va a decidir, con conocimiento de la situación de los obreros. Yo les puedo dar mi criterio; pero aquí venimos a discutir ante el pueblo, para que el pueblo sea el que conozca este problema cómo es.
Entonces, se podían adoptar dos medidas: una de ellas, por ejemplo, intervenir la compañía —no iba a resolver el problema, porque el pueblo iba a decir: “Bueno, la compañía está intervenida por algo, sigue el boicot”—, cumplir la ley, aplicarla, confiscar la compañía. Bueno, no estamos preparados en estos momentos para una medida como esa. Esa es la situación, y sería en este momento una medida antitáctica.
Seguíamos en el dilema, ¿cómo resolver el problema? Entonces, la empresa tomó una medida: cambiar la gerencia que había aquí. Desde luego, a Iglesias no había que cambiarlo, porque Iglesias estaba cambiado ya hacía rato (RISAS), él no iba a estar aquí, de todas maneras estaba cambiado. Pero se me informa que cambiar la gerencia. Bien. Pero otra medida se ofrece, y es equiparar los salarios de todos los trabajadores con las industrias que más salarios paguen (APLAUSOS).
He preguntado a los compañeros de la Shell a cuánto asciende esa equiparación. Dicen que equivale, en los casos de salarios más bajos, a un aumento del ciento por ciento de los salarios (APLAUSOS), y en otros casos al 50% de los salarios.
Yo quiero saber si es a todos los obreros de la Shell en toda la isla (Le dicen que es en toda la isla).
¿Cuántos obreros? (Le informan que 4 500.)
Son 4 500 obreros beneficiados por esa equiparación, que ya es algo. Además, promete invertir 250 000 pesos para construir viviendas de los campesinos (APLAUSOS).
Como es ante el pueblo ante quien hay que razonar estos problemas, nosotros podemos, frente a esa situación, decidir aceptar o no aceptar, y entonces nos hacemos estas preguntas: si no aceptamos, ¿qué hacemos? Porque entonces tenemos que intervenir o que confiscar, cumplir la ley rebelde de confiscar la planta.
Intervenir, a mi entender, no resolvería el problema porque, ¿qué decimos? ¿Intervenir para no confiscar? ¿Qué ganamos?
Decir: Bueno, intervenimos pero no confiscamos: Cómprese productos Shell. Entonces, ¿quién va a tomar la ganancia? Pues la tomará la compañía porque no está confiscada.
Si confiscamos la compañía, creo que asumiríamos una medida fuera de lugar en estos momentos. Sería enfrascarnos en un conflicto grande cuando tenemos otros muchos conflictos delante.
Aquí hay que hablar con esa claridad. Yo dije que la guerra la habíamos ganado diciendo la verdad. ¡Y la Revolución la ganamos diciendo la verdad también! (APLAUSOS.)
Si confiscamos ahora, la confiscación de esta compañía, el problema con Inglaterra, más la reforma agraria, el problema con todas las compañías poderosas, más otros muchos problemas, son más problemas de los que nosotros podemos cargar sobre nuestros hombros. Hay que tener un sentido de las cosas; si fuera en otro momento, estaríamos con mayores ventajas para dilucidar este problema.
Pero yo digo que intervenir sin confiscar no resuelve nada, y confiscar sería crearle al Gobierno Revolucionario en este momento un problema grande en un momento no adecuado para ello.
Ese es el razonamiento.
Podré estar acertado o podré estar equivocado, que el pueblo sea el que analice; en definitiva, lo único que queremos es resolver el problema.
Luego en estas circunstancias, mi opinión —¡mi opinión!— es que —de haberse obtenido por parte de la compañía, que no fue la que vendió los aviones; la responsabilidad que tiene esta empresa es que fue su presidente quien participó en todo eso. Se fue huyendo, al presidente de esta empresa le estamos recuperando los “ahorritos” que tenía por ahí en sus negocios en sociedad con Batista (APLAUSOS)— si la empresa en compensación al daño moral ofrece el aumento del ciento por ciento de los salarios, en los casos de salarios más bajos, y el aumento del 50% aproximadamente en los salarios más altos, en 4 500 obreros; si la empresa ofrece un cuarto de millón de pesos en compensación para la construcción de viviendas campesinas, yo creo —mi opinión— que la mejor solución en ese caso es solicitar del Gobierno Revolucionario que derogue la ley del Ejército Rebelde donde se establecía la confiscación de los bienes (APLAUSOS PROLONGADOS).
Como la ley tiene vigencia, y sin embargo no se podría aplicar la ley a esta empresa y dejar de aplicarla a todas las demás empresas inglesas (el aplicar la ley aquí significaría que tenemos que aplicarla a todos los ingleses que están aquí, casi hasta a la embajada inglesa habría que confiscarla también), yo creo que aquella medida dictada por razones de orden táctico —no por motivos de orden de política social, sino dictada por razones de orden político circunstanciales— puede ser derogada. Y quien tiene las facultades para hacerlo es el Gobierno Provisional Revolucionario, derogar la ley contra la agresión inglesa al pueblo de Cuba.
Ya por lo pronto hemos logrado esto; y, además, según nos informan, existe por parte del gobierno inglés la disposición a darle una satisfacción al gobierno cubano (APLAUSOS).
Nuestra política es de amistad con los pueblos del mundo. Y ahora, que no tenemos prejuicios ni complejos —porque somos libres, y tratamos con quien queramos y discutimos con quien queramos y le vendemos a quien queramos—, como ahora no tenemos complejos, pues si los ingleses nos quieren comprar mucha azúcar, le vendemos mucha azúcar también a los ingleses; y si nos quieren pagar un buen precio, pues mejor todavía que nos paguen un buen precio; y si nos quieren vender barcos mercantes para hacer una Marina Mercante, magnífico, que nos vendan barcos mercantes (APLAUSOS).
Moralmente es una victoria de la Revolución y del pueblo de Cuba este aumento del ciento por ciento de los salarios. Esta equiparación de salarios con los salarios más altos que pague cualquier industria es una victoria revolucionaria y una victoria del pueblo (APLAUSOS).
Moralmente las casas que vamos a construir a los campesinos con ese cuarto de millón de pesos serán también una victoria del pueblo; y moralmente, si logramos una satisfacción del pueblo inglés, o no del pueblo, del gobierno —porque en Inglaterra muchos hombres nos defendieron y es justo consignarlo, y el problema no era con el pueblo de Inglaterra, sino con el gobierno de Inglaterra—, será también una victoria. Por lo tanto, mi opinión —y ya digo que es el pueblo quien tiene que decidir porque es el pueblo quien tiene que decir si cesa o no cesa en el boicot—, nuestra petición al pueblo, es que cese en el boicot, en atención sobre todo a los 4 500 obreros cubanos cuyos intereses están afectados; en atención a esas 4 500 familias que la mayor parte va a empezar a ganar el doble de lo que ganaba antes.
¡Magnífica victoria! (APLAUSOS.) ¡Magnífica victoria que demuestra que la industria puede pagar salarios más altos! ¡Magnífica victoria que demuestra que la industria puede pagar salarios más altos a los trabajadores!
Este aumento de un ciento por ciento va a repercutir en otros sectores de la industria y va a beneficiar a mucho más de 4 500 familias, porque al duplicar su entrada muchos miles de familias, son más familias las que van a ir al cine, van a adquirir productos industriales y van a beneficiarse infinidad de sectores más. Eso es lo que tenemos que hacer para echar adelante nuestra economía.
Mi recomendación aquí es esa, con plena responsabilidad. Puesto que fui también el autor de la idea de la ley cuando lo necesitó el país, no tengo reparos en recomendar lo que en este momento creo lo mejor, ante el dilema de que o aceptamos esta solución, o vamos a medidas que en este momento le crearían grandes problemas al gobierno, que ya tiene muchos de por sí.
Dejaríamos ya resuelto el problema de 4 500 obreros cubanos, para ir a resolver el problema de otros muchos obreros de nuestro país (APLAUSOS).
Al mismo tiempo, debemos sumarnos a una demanda muy justa de otros obreros que trabajan en una industria similar.
Al llegar aquí me encuentro con un telegrama de los obreros de la Texaco, diciendo que ellos son también obreros que trabajan. Dicen: “Nos adherimos acto confraternidad de obreros y empleados Shell. Aprovechamos oportunidad solicitar su apoyo para lograr nuestra equiparación con Esso y Shell por ser empresas petroleras iguales. Empleados y obreros de Texaco, Santiago de Cuba” (APLAUSOS PROLONGADOS).
Ahora nos encontramos con que los obreros de la Shell ganan un salario alto y los obreros de la Esso, y resulta que nos encontramos que otros obreros que trabajan también, que son —como dicen ellos— obreros petroleros también, están ganando menos. Eso no es justo; yo creo que la compañía Texaco debe de pagarles el mismo salario que les pagan la Esso y la Shell a sus trabajadores (APLAUSOS), no sea que el pueblo empiece a pensar que no vale la pena comprarle gasolina a una industria que les esté pagando salarios a los obreros inferiores a los demás (APLAUSOS). Si la Shell y la Esso pueden pagar esos salarios, yo no veo por qué la Texaco no pueda pagarlos (APLAUSOS).
Y otra cosa que también tenemos que preguntarnos, ¿por qué los de la Sinclair no van a cobrar también los mismos sueldos que los de la Esso y los de la Shell? (APLAUSOS.)
Lo justo es que los obreros de la Texaco y de la Sinclair, que son obreros petroleros, reciban los mismos salarios que de ahora en adelante van a recibir los de la Shell y los de la Esso (APLAUSOS).
Me parece más, me parece más: creo que esas compañías también debieran de invertir algo en hacerles casas a los campesinos (APLAUSOS). Por lo menos, aunque no nos dieran para las casas para los campesinos, nos conformamos con que a los obreros les equiparen el sueldo, igual que en la Shell y en la Esso.
Ustedes verán que vamos a conseguir esa demanda sin huelgas, sin problemas. Vamos a hacer nuestra campaña, y vamos a ayudar ahora a los obreros de la Sinclair y de la Texaco (APLAUSOS).
Hemos venido a tratar este problema ante ustedes y ante el pueblo, y esperamos que el pueblo, que es inteligente; el pueblo, que conoce nuestros problemas; el pueblo, que comprende que no podemos ahogarnos en estos instantes en un mar de dificultades y que tenemos que n marchar adelante, comprenda, no sea que ciertos trusts vayan a beneficiarse precisamente en el sacrificio de los obreros de la Shell.
Lo que me interesa aquí —y lo digo sin que me quede nada por dentro, sinceramente—, lo que más me interesa, lo único que me interesa es el problema de los 4 500 trabajadores. Y por eso estoy aquí, y por eso estoy tratando de ayudarlos a ustedes (APLAUSOS).
Creo que las soluciones ofrecidas nos permiten buscar una solución decorosa y beneficiosa para el país, ¡una solución decorosa y beneficiosa para el país! Así que yo espero que en lo adelante quede completamente zanjado este problema y que podremos contar con la cooperación del pueblo, puesto que se ha planteado una cuestión muy justa.
Si queda el problema resuelto, pues tendremos la satisfacción de saber que hemos cumplido una vez más con nuestro deber ayudando a un sector como el de ustedes, que es un sector trabajador, revolucionario, que colaboró con el triunfo de la Revolución, ¡y justo es que reciban también los frutos de la Revolución!
Categoría:Discursos de Fidel Castro