Discurso pronunciado en la Empresa Petrolera Shell, el 6 de febrero de 1959
Part 2
Yo decía que si esos hombres algún día pesasen en la opinión pública más que nosotros, y lo lograsen porque mientras nosotros trabajamos ellos urden y traman sus intrigas; si los Otto Meruelos y los Díaz-Balart, disfrazados hoy de demócratas, pero que le están tratando de hacer el mismo daño a la Revolución que ellos le hicieron bajo la tiranía —porque aquellos defendían la tiranía contra la Revolución y estos parecen combatir la Revolución como si deseasen que regresase la tiranía—; si lograran quitarle a la Revolución el respaldo mayoritario que tiene de opinión pública, entonces conmigo que no cuenten, que yo no satisfago ningún placer desde ninguna posición del poder, porque para mí esto es un sacrificio. Y el único sacrificio que yo no haría nunca, el único sacrificio que está tan diametralmente opuesto a mi idiosincrasia y a mis sentimientos, sería el tener que emplear la fuerza para llevar adelante la Revolución.
Digo esto, porque si hoy tenemos un 95% de la opinión pública y un día tenemos el 48% —aunque es posible que ningún gobierno democrático haya tenido nunca el 48% del respaldo del pueblo, o son muy pocos los casos—, nosotros desde ese instante estaríamos en minoría, nosotros desde ese instante estaríamos gobernando en nombre de una minoría. Y es lo que yo no comprendo. ¿Qué puede ganar nadie en este país debilitando a la Revolución?
La Revolución ha empezado, tiene muchos problemas por delante. ¡Ah!, tenemos la herencia de todos los problemas que nos han dejado 50 años de malos gobiernos, porque si Cuba desde sus inicios hubiera contado con buenos gobiernos, no habría hoy un desempleado en nuestra patria, no habría un solo bohío, no habría un solo analfabeto, no habría un solo necesitado en este país. Sería quizás una de las naciones del mundo con más alto estándar de vida. No hubiera existido tiranía, no hubiesen muerto tantos compatriotas, no habría tantas madres vestidas de negro. Porque la tiranía no fue una casualidad: la tiranía fue consecuencia de un problema social.
En un país donde hay de medio millón a un millón de desocupados, no era difícil reclutar miles de hombres por 30 pesos para llevarlos a combatir contra la Revolución. En un país donde hay de medio millón a un millón de desocupados no era difícil contar con miles y miles de confidentes capaces de vender a sus compatriotas por 12 monedas, como un Judas cualquiera.
La tiranía tuvo sus causas, tuvo sus raíces en males de tipo social.
Cuando cualquier ciudadano puede ganar 200 pesos honradamente, no se alquila para ir a asesinar a nadie. Cuando cualquier ciudadano puede ganar 200 pesos con el sudor de su frente, no se alquila para delatar a nadie.
Es verdad que siempre hay criminales natos. Es verdad que siempre hay traidores que, gratis, son capaces de vender hasta a su propio hermano, de acusar y delatar a su propio hermano. Pero con esa minoría no se sostiene en el poder ninguna camarilla.
Las causas de la dictadura hay que buscarlas en razones de orden social y es la consecuencia de 50 años de malos gobiernos.
Son muchos los males que se han ido acumulando. Es muy pesado el lastre que nos han dejado. ¿Cómo puede pedírsenos que en cinco semanas hayamos resuelto todos los problemas de Cuba?
Si lo hemos dicho muchas veces: si nosotros somos hombres nuevos, si ninguno aquí ha sido nunca ministro ni funcionario público, ¿cómo es que puede pedírsenos que actuemos a la perfección, que todos los problemas se resuelvan a las mil maravillas?
Si tenemos grandes obstáculos que nos han dejado de atrás, si tenemos muchas dificultades que vencer, si a muchas inmoralidades se les ha puesto ya fin, ¿por qué se nos van a poner más piedras en el camino?, ¿por qué se nos van a crear más dificultades? ¿Es que se quiere que la Revolución fracase? ¿Es que se quiere que el pueblo fracase?
Aquí hay muchos problemas de los cuales todo el mundo habla; pero lo que aquí ocurre es que son muy pocos los que se deciden a agarrar el toro por los cuernos (APLAUSOS).
Aquí todo el mundo habla de desempleo, que hay que tomar medidas para poner fin al desempleo, pero nadie dice cómo. Aquí todo el mundo habla de que hay que desarrollar la industria, que hay que industrializar el país, pero nadie dice cómo.
¿Con obras públicas vamos a darle empleo a un millón de desocupados? ¿Y de dónde va a salir el dinero para hacer tantas obras como para que le podamos dar empleo a un millón de desocupados?
Todo el mundo sabe que el mal más grave que confronta el país es el desempleo, el hecho de que haya cientos de miles de hombres y mujeres en capacidad de trabajar y que no encuentren trabajo; de que aquí los hombres tengan que humillarse para conseguir un trabajo, pedirlo como de limosna; de que las mujeres tengan que humillarse y hasta incluso, en algunas ocasiones, prostituirse para conseguir un trabajo (APLAUSOS).
Todo el mundo sabe la tragedia que afronta la mujer y la que afronta el negro. Nos encontramos que son dos sectores discriminados. Se habla, por ejemplo, de la discriminación racial, que es una verdad. No se habla de la discriminación del sexo, de la cantidad de mujeres a las que tratan de explotar, de que se mire a las mujeres como un objeto de placer más que como un valor social que está y puede estar a la altura del hombre.
En cierta ocasión, cuando nos decidimos a organizar los pelotones de mujeres combatientes, expliqué las razones de tipo social que había para ello. Encontré una gran dificultad en el prejuicio de muchos hombres, y tuve que explicarles cómo uno de los sectores más discriminados era la mujer, cómo se trataba de comerciar con su sexo, cómo en muchos lugares solicitaban la presencia de muchachas bonitas, sobre todo en los bares, para que allí la gente no fuese por la cerveza sino por las muchachas (APLAUSOS), cómo incluso esa era una idea arraigada en muchos hombres. Y yo tuve ocasión, en aquellas circunstancias, de ver cómo para muchos hombres la mujer era algo inferior, porque decían: “Mientras yo tengo una escopeta, ¿cómo va a haber una mujer con un M-1? Y yo les decía: Pues esa mujer va a ser mejor soldado que ustedes (APLAUSOS); porque había hombres que con M-1 y todo corrían (RISAS), y, sin embargo, nunca se dio el caso de que ninguna de las mujeres del pelotón “Mariana Grajales” corriese en un combate (APLAUSOS).
Saco esto a colación porque forma parte del cúmulo de prejuicios que la vida social, las circunstancias y las condiciones económicas de nuestro país han creado: cómo hay muchos males que no existen solo en la realidad social, sino que son también una realidad en la mente de los ciudadanos. Y decía que todo el mundo nos planteaba el problema del desempleo como el más grave, y es verdad. De ahí que haya tanta gente desesperada por un puesto público, de ahí que haya tantos problemas sociales, de ahí que haya tantas huelgas y tantas protestas.
Todo el mundo está de acuerdo con que hay que resolver el problema del desempleo, pero nadie dice cómo. Se han gastado toneladas y toneladas y toneladas de papel hablando de que hay que resolver el problema del desempleo, pero nadie dice cómo (APLAUSOS); que hay que industrializar al país, pero nadie dice cómo. Y, ¿por qué? Porque no se quiere agarrar el toro por los cuernos.
Nosotros acabamos de venir de la Sierra Maestra. Hemos iniciado la reforma agraria. No ya la Ley Agraria del Ejército Rebelde, sino una ley más amplia, porque aquella se hizo durante la guerra, y se dijo que para cuando la guerra finalizara sería tarea del Gobierno Provisional Revolucionario aplicar el precepto de la Constitución que proscribía el latifundio.
Y ahí está uno de los primeros pasos revolucionarios.
¿Por qué todos los que escriben y hablan sobre el desempleo no dicen que lo primero que hay que hacer es acabar con el latifundio? (APLAUSOS.) Tal vez mi aprehensión, tal vez mi decepción al ver el daño que se le trata de hacer a la Revolución, al ver cómo hay muchos tratando de debilitar la Revolución en el ánimo público, tal vez la preocupación nazca fundamentalmente de la convicción que tengo de que el Gobierno Revolucionario tiene que enfrentarse a obstáculos muy serios, de que el Gobierno Revolucionario tiene que enfrentarse a batallas muy duras. Una de esas batallas está a las puertas, ¡esa batalla es la reforma agraria!
¡Toda la energía de la nación cubana, toda la energía del pueblo tiene que emplearse en esa batalla!
Los ataques velados que se están haciendo, las intrigas que se están urdiendo, son otras tantas piedras que se nos ponen en el camino en el momento en que necesitamos mantener más alta la fe y la unidad del pueblo (APLAUSOS).
¿Es que acaso no han servido de experiencia los ataques que se le hicieron en el extranjero a la Revolución Cubana? ¿Por qué se le atacó? ¿Porque hubiese hecho leyes revolucionarias? ¡No!, sino porque pensaban que las iba a hacer. ¿Cuál no será entonces la actitud de nuestros enemigos internos, y sobre todo de nuestros enemigos externos, cuando esas leyes comiencen a hacerse?
La reforma agraria es una ley radical. La reforma agraria no lesionará muchos intereses, pero sí poderosos intereses; poderosos intereses dentro del país y fuera del país. Porque esas compañías que hoy les niegan a los obreros los más elementales derechos —compañías azucareras extranjeras que ante la demanda más insignificante se niegan a acceder absolutamente a nada, en actitud provocativa—, están muy conscientes del interés que tiene la Revolución en que la zafra se haga. Esos intereses prefieren perder una zafra con tal de que el Gobierno Revolucionario fracase, antes que perder los latifundios, y por eso nosotros tenemos la seguridad de que la reforma agraria va a ser una batalla muy dura.
Ahora bien, si la reforma agraria no se hace, el país está fracasado; si la reforma agraria no se hace, el país se hunde en la miseria, en la ruina y tal vez en la anarquía y en la sangre.
¿Por qué? Porque si hay hoy medio millón de desempleados y la situación sigue igual, dentro de dos o tres o cuatro años habrá un millón de hombres sin trabajo. Si hoy hay 20 000 profesionales sin trabajo, al paso que vamos, dentro de algunos años se duplicará, los males se agravarán, y si la Revolución no fuese capaz de resolver esos problemas, la Revolución estaría fracasada.
(DEL PÚBLICO LE DICEN: “Eso es lo que no puede ser, que fracase la Revolución.”) (APLAUSOS).
Ahora, sin reforma agraria no puede haber industrialización del país, ¡sin reforma agraria no puede haber industrialización del país!, y sin industrialización del país no se acabará el desempleo.
No se puede desarrollar la industria si no hay un mercado de consumo. La industria que debe desarrollarse en nuestro país no es para competir con la industria extranjera en el extranjero, sino, antes que nada, para competir con la industria extranjera en el país (APLAUSOS).
No puede haber desarrollo industrial si no hay un estándar de vida alto en el campesino; si el campesino no tiene ingresos, si el campesino no puede comprar, no puede haber desarrollo industrial. No puede haber industrias si no hay quien compre, no puede haber industrias si no hay quien compre los productos de la industria, y sin reforma agraria en Cuba —mientras el campesino sea un paria, mientras el campesino no gane arriba de 100, 150 ó 200 pesos al año, y que ya los debe desde muchos meses antes porque los ha cogido fiado (APLAUSOS)— no podrá haber jamás desarrollo industrial y sin desarrollo industrial no podrá haber jamás empleo.
Los que hablan de que hay que industrializar al país no empiezan diciendo lo primero que hay que decir: que hay que hacer la reforma agraria para elevar el estándar de vida del campesino (APLAUSOS). Porque, precisamente, en el campo se produce la materia prima o los artículos de consumo alimenticios para la ciudad, y la ciudad produce sus artículos industriales para el campo. Pero si no hay quien compre, no puede haber industrias —esto hay que repetirlo una y mil veces—, y si no hay reforma agraria, no habrá jamás mercado de consumo interno y no podrá haber industrias; por tanto, lo primero es la reforma agraria para que exista un mercado de consumo interno, y después una reforma arancelaria para que haya una protección a la industria (APLAUSOS).
Si elevamos la capacidad de consumo del campesino y no hacemos una reforma arancelaria, entonces las divisas se nos escapan: el campesino compra, pero compra artículos importados. Trabajarán en el extranjero, pero aquí se queda la gente también sin trabajar.
Hay, además, otra cuestión: el campesino, desarraigado del campo, se mueve hacia las ciudades en la esperanza de vivir aunque sea de limosnas, abarata la mano de obra, hace que exista cada vez una oferta mayor de trabajo, y eso conspira contra los salarios de los trabajadores, porque a mayor oferta de trabajo menor salario.
Es imprescindible la reforma agraria para contener el éxodo de los guajiros hacia las ciudades, y es necesario volver al campesino hacia la tierra.
Hay que asentar sobre la tierra a no menos de 200 000 familias, ¿y de dónde se van a sacar las tierras para esas familias? Sencillamente del latifundio. Luego hay que proscribir el latifundio; hay que ser valiente, hay que ser consecuente con lo que se escribe.
Yo emplazo a todos los que han hablado en Cuba sobre el desempleo, yo emplazo a todos los que han hablado en Cuba sobre la necesidad de industrializar al país, a que le digan al pueblo si hay otro procedimiento. Y si efectivamente la reforma agraria es imprescindible, yo invito a todos a que escriban y a que hablen a favor de la reforma agraria, aunque sean conservadores, porque sencillamente aquí no cabe alternativa. Es una necesidad perentoria y no queda más remedio que hacer la reforma agraria. Si es una necesidad de la nación, todo el país tiene que ponerse al lado de esa medida revolucionaria, que va a ser una medida muy dura, porque cuando las compañías extranjeras, la United Fruit Company y todas las compañías que aquí tienen miles y miles de caballerías de tierra vean que el latifundio va a ser proscrito, van a poner el grito en el cielo (RISAS).
¡Entonces sí que van a escribir contra nosotros, entonces si que van a llover amenazas contra nosotros, entonces sí que van a venir los cables alarmantes!, y no dudo de que algunos pocos “amiguitos” de la Revolución les van a dedicar cintillos a los cables que vienen de fuera atacando las medidas revolucionarias. Porque quien tenga aquí... (DEL PUBLICO LE DICEN ALGO).
¡No!, que funcionen todos y todo el tiempo que les dé la gana, y que escriban lo que les dé la gana (APLAUSOS), porque este, que es un pueblo inteligente; este, que es un pueblo sabio; este, que es un pueblo despierto, sabe por dónde viene cada cual.
Y hay algunos que dedican el primero, el segundo, el tercero, el cuarto y el quinto cintillo a noticias llenas de segunda intención, llenas de intriga, llenas de mala fe. Hay caricaturas casi continuas que están también llenas de mala intención y de mala fe.
Dirán que si pretendemos coartar el humorismo. ¡Dios nos libre de querer coartar el humorismo!, al contrario, creo que hay que reírse un poco de esas cosas; pero yo no creo que nuestros artistas sean tan poco originales, yo no creo que nuestros artistas sean tan poco revolucionarios, que la única manera que tengan de divertir al pueblo sea haciéndole daño al pueblo, que la única manera que tengan de divertir al pueblo sea haciéndole daño a la Revolución, sembrando la intriga y sembrando la insidia contra la Revolución. Y ya que se ha tocado este punto, porque yo he aprovechado la circunstancia de que se está trasmitiendo este acto para tocar cuestiones que atañen no solo a los obreros de la Shell sino a todo el país (APLAUSOS), pongo el caso bien claramente y pongo, por ejemplo, una de las críticas que se le ha estado haciendo al Gobierno Revolucionario.
En primer lugar, yo quiero que el pueblo considere la circunstancia tan especial en que se encuentra mi caso personal. Yo no soy el gobierno. Todo el mundo sabe que yo he tratado de inmiscuirme lo menos posible en los problemas del gobierno; todo el mundo sabe el desinterés con que he luchado en esta Revolución (APLAUSOS); todo el mundo sabe que yo no he estado aspirando a cargos de ninguna clase (APLAUSOS); todo el mundo debe de saber, además, que los cargos no me importan absolutamente nada, porque un cargo para mí es un sacrificio, jamás un negocio, jamás una vanidad (APLAUSOS).
Si todo el mundo ha observado aquí la conducta de los líderes políticos, debe haber comprendido que mi preocupación es más bien alejarme que inmiscuirme en el poder. Quise hacer un recorrido por todo el continente haciendo campañas en favor de la Revolución Cubana, y tuve que limitarme a ir a Venezuela solamente porque se me reclamó de inmediato que no saliera del país; hubiera deseado estar en la Sierra Maestra varias semanas y no he podido porque se me reclama que esté aquí en La Habana.
Todo el mundo sabe que, lejos de intentar inmiscuirme en las cuestiones del poder, lo que he tratado por convicción y por principio es de alejarme.
Me duele cuando en la prensa extranjera se dice “el régimen de Castro”, porque yo no soy ni hombre fuerte, ni dictador, ni soy un mandón, ni estoy dando órdenes aquí (APLAUSOS). Y me duele también cuando se me responsabiliza y se me quiere echar la culpa de todos y cada uno de los errores de los demás.
Yo no sé si habrá o no muchos bombines en algunos ministerios, lo que sí sé es que yo no he recomendado a un solo hombre para ningún cargo en ningún ministerio (APLAUSOS); lo que sí sé es que no hay un primo segundo, ni un primo tercero, ni un primo cuarto, ni un primo quinto mío en un solo cargo del Estado (APLAUSOS); lo que sé es que he llegado tal vez hasta la injusticia en el sacrificio que he impuesto a mis propias hermanas, que lucharon mucho durante la Revolución y no tienen aquí ningún cargo (APLAUSOS), porque no queremos que se nos pueda jamás señalar con el dedo de que le hemos dado cargo a un pariente. Aunque tengan méritos, preferible es que se sacrifiquen antes de que se ponga en duda la conducta nuestra.
Se habla de bombines, sin embargo, y me pintan a mí rodeado de bombines. Y yo me pregunto: ¿Dónde están los bombines?, porque no tengo ni escolta (APLAUSOS). Porque todo el mundo me ha visto cómo ando por las calles, todo el mundo me ha visto cómo ando por las calles casi solo a cualquier hora del día y de la noche. No ando con motocicletas, no ando con perseguidoras, no ando con tanques por las calles, a pesar de los enemigos que sé que tengo (APLAUSOS). Todo el mundo sabe que los pocos que andan conmigo son guajiritos, barbudos de la Sierra Maestra (APLAUSOS).
Los bombines que se los pinten a los que los tengan, que se los denuncien de frente a los que tengan bombines y se digan sus nombres (APLAUSOS), porque eso es lo cívico en el periodista, eso es lo digno en el periodista, eso es lo valiente en el periodista (APLAUSOS). Pero que no me pinten más bombines porque yo no ando rodeado de bombines, y conmigo no anda ningún bombín y yo no le he dado a nadie un cargo en el Estado. Es justo que lo aclare, porque si quieren pintar a otros con bombines que pinten al ministro que los tenga, pero que no cometan la vileza, la innobleza y la indecencia de venir a pintárselo al que no tiene porque eso no es honrado y eso no es de artista (EXCLAMACIONES). Y si tienen tan poca imaginación, si tienen tan poco talento que no se pueden valer más que de la calumnia y de la intriga, que entonces no se llamen artistas, que entonces no escriban, que entonces no pinten; porque el artista debe ser para ayudar al pueblo con su talento, para ayudar al pueblo con la verdad, no con la calumnia y con la intriga.
Si creen que soy un dictador, que me lo digan para irme, señores (EXCLAMACIONES DE: ¡No!). Y si no lo soy, que no me echen la culpa de los bombines si los hay por ahí, porque yo lo que creo es que si existen bombines esa es una inmoralidad, pero que si existen bombines y nadie los acusa por su nombre esa es otra inmoralidad (APLAUSOS).
No debe haber bombines, pero tampoco debe haber escritores tan cobardes que no tengan el valor de decir quiénes son los bombines (APLAUSOS), porque resulta muy fácil hacer ataques genéricos y pintarme a mí rodeado de bombines, cuando no sé dónde están; además, ando solo. Además, los que andan conmigo no han cobrado ni siquiera sueldo, porque el Ejército Rebelde se sacrificó en este mes que acaba de pasar para que a los campesinos se les pudieran hacer casas (APLAUSOS).
Y, desde luego, no importa que nos ataquen con los mismos derechos que hemos conquistado nosotros con tantos sacrificios, no importa que nos ataquen con esos derechos por los cuales estuvimos combatiendo durante siete años; pero que no se olviden que nosotros también tenemos derecho a defendernos y que nosotros nunca aplicaremos la censura, pero aplicaremos algo que es peor que la censura, que es el anatema moral, la denuncia, la descaracterización ante el pueblo (APLAUSOS).
¡Que nos ataquen, que nosotros también sabemos defendernos; defendernos con la razón y defendernos con la palabra! No importa, aceptamos el reto de los intrigantes y de los calumniadores. ¡Qué no crean que los vamos a sobornar! ¡Que no crean que les voy a ofrecer una “botella” (APLAUSOS), porque les voy a responder también con las armas de la palabra y de la pluma! Y van a tener que esforzarse mucho para encontrarnos faltas, porque trataremos de esmeramos cada vez más en mantener nuestra conducta moral intachable precisamente para poder siempre tener moral de hablar ante el pueblo.
Que hagan uso y abuso si quieren del derecho y de las libertades que hemos conquistado, ningún peligro los amenaza. Fácil es hacer hoy críticas injustas contra los que hemos devuelto las libertades al país, después de siete años de silencio, después de muchos meses de silencio obligado y forzoso.
Y que no me digan que se hizo más o se hizo menos, porque a “tan eximios” y “tan excelsos patriotas” de última hora, bien podía habérseles exigido que agarraran su fusil y se hubieran ido a pelear desde el principio (APLAUSOS).
Pero sí quiero advertir al pueblo, porque esto va contra el pueblo. Los ataques contra la Revolución van contra el pueblo, los ataques contra nosotros van contra el pueblo, porque nosotros aquí no representamos otro interés que el interés del pueblo. Nos sacrificamos, y en nosotros la palabra sacrificio tiene sentido porque de verdad nos sacrificamos y nos sacrificamos por el pueblo.
El daño que le quieran hacer hoy a la Revolución es daño que le quieren hacer al pueblo, porque si la Revolución fracasa, ¡pobre Cuba!; si el destino que tenemos por delante no se cumple, ¡pobre Cuba!; si la Revolución no se hace, ¡pobre Cuba! Veremos si después los que hoy tan livianamente lanzan sus dardos envenenados contra nosotros escriben contra Masferrer, contra Ventura, contra Laurent, contra Chaviano, contra Tabernilla y contra Batista (EXCLAMACIONES DE: “¡Fuera!), cuando vengan aquí encabezando expediciones de la United Fruit y comparsa y encuentren un pueblo débil, un pueblo escéptico a quien le hayan matado la fe, lo hayan dividido, lo hayan confundido y, en consecuencia, esos señores vuelvan a reinar aquí en nuestra patria (EXCLAMACIONES DE: “¡Nunca!”).