Discurso Pronunciado En La Concentracion Celebrada En La Avenid
Chapter 6
Yo dije que los que se habían puesto a hacer esa campaña eran unos mentecatos. Se pusieron bravos y empezaron a decir que yo estaba atacando a los orientales. Resulta que los ataco a ellos, a los que hacían esa campaña, y dicen que es a los orientales, como si los orientales fueran ellos. Ellos, los que estaban haciendo esa campaña, no son los orientales, ni se pueden confundir; los ataqué a ellos. Atacarlos a ellos no quiere decir atacar a los orientales. Ah, pero como les dije lo que les dolió, vinieron a decir que yo estaba atacando a los orientales. ¡Qué pamplinería! No solo digo que es una mentecatada —que después de todo no es una palabra fuerte, después de todo no es una palabra tan ofensiva—, digo también que es una pamplinería, digo también que es perder el tiempo.
¿Me van a venir a pelear con los orientales? Pero si sería pelearme yo conmigo mismo, porque yo soy tan oriental aquí como el que más y tan patriota como puede serlo el que más (APLAUSOS).
Ahora todos tienen que ayudar a Oriente, y todos tienen que ayudar a Oriente porque Oriente necesita de todos.
Mañana se va a poner la primera piedra de la ciudad que se va a construir aquí, la nueva ciudad. Y a la misma hora vamos a estar poniendo la primera piedra también en La Habana. Pastorita Núñez va a poner la primera piedra aquí por la mañana, y yo voy a poner la primera piedra allá.
Miles de obreros van a empezar a trabajar, miles de obreros, en las construcciones.
El problemita del cemento se arreglará, señores. Ya se sabe que el cemento no se vendió en estos días, pero después no va a alcanzar el cemento que produzca esta fábrica ni ninguna fábrica de Cuba. El problemita del cemento tiene que arreglarse.
Yo sé que se paró la fábrica porque no se vendía cemento. Pero, ¿por qué van a venir ahora a pagarles a los obreros el descanso? Eso no es generoso. Si van a vender más cemento que nunca, si esas fábricas en los próximos años no van a parar de producir cemento, ¿por qué no les pagan el sueldo a los obreros en estos días en que está parada la fábrica y que ese sueldo no sea el descanso retribuido? (APLAUSOS.) ¡Que ese sueldo no sea el descanso retribuido!
Yo sé que no ha habido desplazamientos y que lo que han hecho es querer pagarles el descanso. Yo creo que eso no es justo, porque a los obreros no se les puede pagar el descanso a la fuerza, no se les puede decir a la fuerza: Estas son tus vacaciones; que cuando se ha paralizado el trabajo porque no se vende cemento se les diga que esas son sus vacaciones y que después no van a tener vacaciones. Yo no creo, sinceramente que eso sea justo.
Lo generoso es que se haga un sacrificio por parte de la fábrica y se les pague a los obreros el sueldo mientras esté parada, que yo le garantizo que no le va a alcanzar todo el cemento que produzca, muy pronto no va a dar abasto el cemento que produzca; que no sacrifique a los obreros, y que si los obreros quieren tener sus vacaciones pagadas en el verano, sus vacaciones pagadas, o en diciembre, o en el mes que sea, que las tengan. Eso no es ningún mérito, eso no es ninguna generosidad, venir a pagarles ahora el descanso retribuido. Lo generoso sería pagarles su salario.
Y desde luego, si lo hacen así, compraremos cemento; pero si no hay generosidad con los trabajadores, entonces nosotros no tendremos generosidad con la fábrica y pondremos entonces otra fábrica o haremos cualquier otra cosa (APLAUSOS). Esto es independiente de cualquier consideración personal. En materia revolucionaria, la única amistad que nosotros tenemos es con la justicia, y siempre estaremos del lado de lo justo.
Yo espero que ese problema del cemento se resuelva satisfactoriamente y de una manera justa, en favor de los trabajadores; que mientras no se pueda fabricar aquí —porque va a ser poco tiempo— les paguen el sueldo, pero que no se lo descuenten de su descanso retribuido (APLAUSOS).
Pronto empezarán numerosas obras. Ya hay un crédito de 3 millones por un lado para Santiago, hay 2 millones y medio para la universidad, más 10 millones de construcción de viviendas. Eso mismo se va a hacer en otras ciudades de Oriente. Las obras públicas se van a llevar adelante en todas las ciudades de Oriente. Ya afortunadamente vamos avanzando en ese orden. Y la provincia recibirá grandes créditos para obras, de las que más recibirá, no porque nosotros seamos orientales, sino porque lo necesita, porque es justo.
Las ciudades que vamos a hacer, las nuevas ciudades, constituyen verdaderas maravillas. Al ver hoy los planes, al ver hoy los proyectos de lo que se va a hacer, me quedé realmente maravillado: cómo el tipo de ciudad que se va a hacer es enteramente nueva, cómo los patios para los niños es lo primero que se señala; campo deportivo, piscina, tienda, todo formando parte de determinadas unidades que van a establecer un género de vida absolutamente distinto. Los lugares donde hoy vivimos nos van a parecer infiernos, comparados con el tipo de ciudades, de viviendas, que vamos a construir, y que mañana se empiezan ya.
Yo estuve viendo hoy los planos en la capital. Los planos aquí en Santiago están en manos de arquitectos santiagueros. Yo quisiera que aquí se hicieran planos similares a aquellos, pero eso está en manos de los arquitectos. Sin embargo, construcciones similares se van a hacer en toda Cuba.
Les digo que los 100 millones que antes se invertían en juegos, ahora se van a invertir en hacer construcciones. Y por un precio mínimo, en pocos años, el pueblo amortizaré su casa.
Así que estamos preparando un mundo para el cubano como posiblemente nunca se soñó, estamos preparando un mundo como el que merece nuestro pueblo. No lo podemos hacer en un día, si lo pudiéramos hacer en un día no tendría mérito. Tenemos que hacerlo día tras día, luchando mucho, trabajando mucho, venciendo muchos intereses, esforzándonos incansablemente.
Pero el pueblo cubano tendrá lo que espera de nosotros, esa fe y esa confianza tendrá su premio. No voy a decir que no será defraudada, porque la palabra defraudación ha desaparecido de nuestro diccionario, la palabra traición ha desaparecido de nuestro diccionario. La palabra que está de moda es la palabra lealtad, la palabra que esté de moda es la palabra honradez, la palabra que está de moda es la palabra deber, la palabra que está de moda es la palabra patriotismo, entusiasmo, moral, fe, espíritu revolucionario, decisión de lucha, valor, entereza; esas son las palabras que están de moda. Porque eso es hoy nuestro pueblo: nuestro pueblo es hoy virtud, nuestro pueblo es hoy fe, es un pueblo entero.
¿Qué pueblo en el mundo podía compararse con este? ¿Qué pueblo en el mundo podrá compararse con el cubano? (APLAUSOS.) ¿Qué pueblo es capaz de reunirse como se reúne este? ¿Qué pueblo es capaz de responder como responde este? ¿Por qué? Porque sabe que lo estamos sirviendo lealmente, porque sabe que no venimos aquí por política, porque nadie nos obligó a luchar, nadie nos obligó a ir a la Sierra Maestra, nadie nos obligó a pasarnos años en la cárcel, o en el exilio, o en la lucha, nadie nos obliga a este trabajo; porque lo hacemos por emoción, porque lo hacemos por devoción, porque lo hacemos sin aspirar a recompensa.
Yo veo, por ejemplo, que algunos propietarios de apartamentos se quejan de que perdieron 2 000, 3 000, 4 000 pesos, pues yo pierdo más que ellos; yo que no tengo nada, pierdo más que ellos: yo pierdo 100 000 pesos todos los meses. ¿Saben por qué? Porque si yo en vez de dedicarme a este trabajo agotador, si en vez de dedicarme a este trabajo por el pueblo por un sueldo que lo primero que hice fue rebajármelo; si yo, en vez de estar haciendo esto, me dedicara a escribir los libros de la Revolución, la historia de la Revolución, que me lo han pedido de distintos países del mundo, y me pusiera a escribir esa historia, me ganaría 2 millones, 3 millones, no se sabe los millones que me ganaría escribiendo, porque lo vendería en Cuba, lo vendería en Venezuela, lo vendería en todas partes. Sin embargo, yo renuncio a todo eso. Cuando lo vaya a escribir, posiblemente no le interese a nadie. Así que, ¿cuánto pierdo yo todos los meses que le dedico al pueblo? Pues pierdo 50 000, 100 000, no sé lo que pierdo y no me importa.
El sueldo que gano es un sueldo modesto, porque lo que hice fue rebajármelo; luego no estoy aquí luchando por interés, ni lucho por política, porque si luchara por política me hubiera retirado en vez de luchar, porque al otro día del triunfo todo el mundo me aplaudía, y yo sé que hoy todo el mundo no me aplaude, me aplaude una parte nada más (APLAUSOS).
Luego, no lucho por demagogia, ¡no lucho por demagogia! Sé que me gano enemigos, sé que gano enemigos. No lo hago por ganarme el cariño del pueblo, porque el cariño del pueblo lo tenía desde el primer día (APLAUSOS). Luego lo que hago lo hago por servir.
Se preguntarán esos intereses por qué está el pueblo con nosotros, por qué se reúne. Sencillamente porque el pueblo sabe, porque el pueblo tiene instinto, sabe que lo estamos defendiendo, sabe que esta es su Revolución y tiene que defenderla, sabe que esta es su oportunidad y tiene que defenderla, sabe que este es su futuro y tiene que defenderlo, sabe que puede confiar en nosotros, sabe que nosotros no lo traicionaremos jamás, sabe que tiene en nosotros hombres que sabrán morir cumpliendo con su deber, hombres que sabrán caer defendiendo la Revolución, defendiendo la patria; hombres que no lo abandonarán jamás, porque nuestro pueblo, que ha sufrido tanto, tenía derecho algún día a tener hombres que lo sirvieran, tenía derecho algún día a tener gobernantes que lo sirvieran.
Si otros le hicieron daño, si otros lo olvidaron, si otros lo explotaron, si otros se pusieron al servicio de unos pocos intereses, ¿por qué no habría de llegar el día en que los gobernantes se pusieran del lado del pueblo? ¿Por qué no habría de tener un día nuestro pueblo hombres capaces de servirlo? (APLAUSOS.) ¿Por qué a nuestro pueblo que dio tantos hombres magníficos, a nuestro pueblo que ha luchado tanto, a nuestro pueblo que ha tenido tantos reveses y tanta adversidad en el camino, por qué no habría de llegarle su hora? ¿Por qué no habría de llegarle su hora de suerte?
¿Se quejan los que hoy se perjudican? Pues bien, es justo, es lógico, si se estuvieron beneficiando durante décadas enteras, es justo que los beneficios lleguen ahora al pueblo; si los únicos beneficiados fueron ellos, es lógico que el pueblo comience a ser el beneficiado de hoy.
No importa que la Revolución la hayamos hecho entre todos. La Revolución no se hizo para ayudar al que lo tenía todo, la Revolución se hizo para ayudar al que no tenía nada.
Queremos ayudar al que no tenía nada sin levantar campañas de odio contra nadie. Si se ganan el odio del pueblo la culpa no será mía; si se ganan el odio del pueblo será por su egoísmo, será porque sean egoístas, será porque no quieran la felicidad del pueblo, será porque lo quieran todo para ellos y nada para el pueblo (APLAUSOS). Por mí no se ganarán ese odio. Yo no predicaré el odio. Cumpliré simplemente con mi deber.
Haremos leyes revolucionarias que entrañen bienestar y entrañen justicia para los desamparados, para los que nunca tuvieron nada, para los que nunca tuvieron amigos, para los que nunca tuvieron protección.
Haré justicia. Si por hacer justicia me gano el odio de unos cuantos, ¡bienvenido el odio! (APLAUSOS); si por hacer justicia me gano la crítica de unos cuantos, ¡bienvenida la crítica!; si por hacer justicia me gano la antipatía de unos cuantos, ¡bienvenida la antipatía!; si por hacer justicia me gano la muerte, ¡bienvenida la muerte! (APLAUSOS Y EXCLAMACIONES DE: “¡No!”); si por hacer justicia me combaten, ¡que me combatan!
Respetaré el derecho a escribir y a hablar contra nosotros; respetaré la dignidad personal, la libertad personal y todos los derechos individuales de nuestros adversarios. Si me combaten y combaten al pueblo algún día por la fuerza, lo sentiríamos muchísimo. Ojalá que eso nunca ocurra, tengo esperanzas de que eso nunca ocurra; porque si algún día nos combaten por la fuerza, ¿de qué manera van a poder resistir la fuerza del pueblo y del Ejército Rebelde unidas? (APLAUSOS.)
Espero que no, espero que todo el mundo se adapte a las leyes revolucionarias. Es una cuestión de adaptación; no de hacerles resistencia a las leyes revolucionarias, sino adaptarse a las leyes revolucionarias.
Yo tengo esperanzas de que nadie se atreva a desafiar la fuerza de la Revolución; porque su fuerza es muy grande, señores. ¿Cuándo se vieron estas multitudes? ¿Cuándo se vieron estas concentraciones? (EXCLAMACIONES DE: “¡Nunca!”) ¿Quién puede contra este pueblo? (EXCLAMACIONES DE: “¡Nadie!”)
¿Y van a venir aquí con ilusiones? No comprenden que el pueblo estará con nosotros siempre, sencillamente porque seremos honrados, porque nunca nos verán robar, porque nunca nos verán con debilidades ni vacilaciones; porque siempre me verán firme, porque siempre me verán trabajando y me verán al servicio del pueblo. Y me verán no como un señor poderoso, encumbrado, sino como un hombre del pueblo, como un hombre que llega al pueblo, que está con el pueblo, que le habla al pueblo en lenguaje claro (APLAUSOS), que habla de manera que el pueblo lo entiende —porque no ando aquí con discursitos, ni con retórica, ni con palabrería—; lo que yo digo aquí al pueblo, lo entienden hasta los muchachos, porque hablo para el pueblo y le hablo con franqueza, le hablo con sinceridad. Esa es una cosa que no se puede inventar, ni se puede simular, ni se puede disimular.
El pueblo conoce bien a la gente, sabe quién es un pícaro, sabe quién es un descarado, sabe quién es un politiquero, y sabe quién es un hombre honrado, quién es un hombre sincero, quién es un hombre igual que ellos (APLAUSOS).
Porque aquí, ¿quieren saber la ciencia de la fuerza revolucionaria y de nuestro respaldo con el pueblo? Muy sencilla: yo soy un individuo más del pueblo, y todo el mundo me ve a mí como un individuo más del pueblo, como un pariente, un hermano, un familiar. Todo el mundo me dice Fidel y ve que yo soy un hombre más del pueblo (APLAUSOS).
Antes ustedes saben lo que pasaba. Antes un señor salía representante y no lo veía más nunca ni el vecino de al lado, ni los primos pobres lo volvían a ver, miren cómo es la cosa; se perdía, se compraba un Cadillac, se paseaba por la calle, traía un sombrerón grandísimo, un dril 100 y no saludaba a nadie, sobre todo si las elecciones estaban lejos.
A un señor aquí le daban un puesto importante y ya no querían hablar ni con su familia. Aquí la gente tenía un cargo y ya creía que era un dios. ¿Y el pueblo? ¡Ah!, desprecio para el pueblo. Veían a la masa del pueblo como una cosa fastidiosa, molesta.
Miren, el problema es bien sencillo: yo soy uno más del pueblo y a mí no me importan los cargos absolutamente nada, y el pueblo lo sabe. Estoy aquí sacrificándome por cumplir un deber. No lo haré perfecto, pero trato de hacerlo bien; no lo haré perfecto, pero trato de hacerlo, de buena fe, lo mejor; no le quiero hacer daño a nadie y le quiero hacer bien a todo el mundo; respeto los derechos de todo el mundo y defiendo los derechos del pueblo (APLAUSOS).
Lo que he prometido lo he cumplido siempre; no prometo lo que no pueda cumplir. Trato de hacer más de lo que ofrezco. No ando nunca con engaños ni ando con halagos. Digo lo que pienso aquí. Si tengo que pensar distinto de lo que están pensando los que me están oyendo, lo digo aquí con sinceridad, sin demagogia, sin hipocresía. ¿Eso lo han hecho los políticos? Pues no lo han hecho los políticos.
Ese es el secreto de que cuente la Revolución y cuente hoy el gobierno con el respaldo enorme del pueblo.
Yo digo que son menos porque, efectivamente, el primer día era todo el mundo aquí. Ahora los que están un poco disgustados no nos aplauden, pero el resto del pueblo nos aplaude más, ¿saben? (APLAUSOS.) Tenemos menos, pero son más decididos y más convencidos cada día. ¿Por qué? Porque ven que estamos haciendo una obra, porque todo el mundo sabe que no estamos perdiendo el tiempo. Ese es el secreto.
¿Van a quitarnos al pueblo? ¿Lo van a engañar? Cuando se aparezca cualquier teórico de esos que no hizo nada, que no ha hecho nada, a escribir paparruchadas en los periódicos, ¿le va a hacer caso nadie? Cuando empiecen a escribir contra la Revolución y contra nosotros, ¿le va a hacer caso nadie? (APLAUSOS y EXCLAMACIONES DE: “¡No!”) ¡No le van a hacer caso! Porque el pueblo le dirá: Bueno, no lo pudieron hacer mejor, pero trataron de hacerlo lo mejor posible; no lo pudieron hacer perfecto, pero no le han robado a nadie, no han asesinado a nadie, no han golpeado a nadie, no han burlado ningún derecho (APLAUSOS), han respetado los derechos de los amigos y hasta de los enemigos, han respetado el derecho a pensar y a opinar de los amigos y de los enemigos.
Eso sí, nos mantenemos firmes en nuestra línea. De nosotros se dirá siempre que nos mantenemos firmes en nuestra línea, que no nos alejaremos jamás del pueblo, que siempre seremos una sola cosa con el pueblo.
Así que yo tengo una fe enorme. Vengo a Oriente hoy y me voy con más ánimo; siempre que vengo a Oriente me voy con más ánimo.
La gente no se explica por qué puedo estar sin dormir, y yo me lo explico: porque tengo ánimo, porque tengo entusiasmo, porque el pueblo me da ánimo (APLAUSOS), porque vengo a Oriente y al ver tanto pueblo, tantos campesinos, tantos sombreros, tanta gente buena aquí y, sobre todo, tanta gente humilde, tengo la conciencia de que les estoy haciendo un bien a millones de compatriotas, y tengo la conciencia de que les estoy llevando la esperanza y la felicidad a millones de cubanos que nunca habían recibido esa esperanza; pues me voy satisfecho de haber cumplido con mi deber de cubano (APLAUSOS).
No estoy luchando por la gloria. Hay quien dice que lucha por la gloria. ¿Por la gloria para qué? ¿Por vanidad? ¿Para que me hagan una estatua? Yo no estoy luchando por estatuas, lucho porque lo siento, lucho porque cada hombre tiene que cumplir un deber en esta vida. Mi deber era servir al pueblo. Me tocó a mí como le pudo tocar a otro, y yo lo que hago es cumplir con mi deber, cumplir con un sentimiento. No quiero premio ni en esta vida ni después de muerto. No quiero nada de eso (APLAUSOS).
No lucho ni por interés material, ni por interés moral, ni porque me aplaudan, ni por nada de eso; lucho porque estimo que ese es mi deber. Mi premio es, cada vez que le hago un bien a alguien, sentirme satisfecho; mi premio, cada vez que veo una familia más feliz, es sentirme satisfecho; cada vez que veo una escuela nueva que se levanta, sentirme satisfecho; cada vez que veo un hospital nuevo que se levanta y cientos de enfermos que van a recibir medicinas, sentirme satisfecho; cada vez que veo un campesino alegre, sentirme satisfecho (APLAUSOS).
Mi premio no será ahora, mi premio será más adelante, será mañana, si estoy vivo, cuando pase por las cooperativas de campesinos produciendo; cuando pase por las casas de los campesinos y vea casas nuevas y distintas a las que son hoy, y vea a todo el mundo con zapatos, y vea que todo el mundo sabe leer y escribir, y vea que todos los niños tienen maestros, y vea que todo el mundo tiene medicinas, y vea que todo el mundo tiene radio, y vea que todo el mundo tenga higiene, y vea que todo el mundo tiene salud (APLAUSOS).
Cuando vea que no hay mendigos, cuando vea que no hay hambrientos, cuando vea que no hay injusticias, me sentiré feliz, y ese será mi premio. Mi premio no puede ser jamás en dinero, mi premio no puede ser jamás en honores, mi premio no puede ser jamás en otra cosa que en la satisfacción infinita que el hombre sano, que el hombre limpio, que el hombre noble, que el hombre honesto siente cuando le lleva un bien a alguien (APLAUSOS).
La política no me importa, los cargos no me importan. Me da lo mismo ser premier que no ser nada. La presidencia no me importa. Si me dejan aquí los años que necesite —cuatro, cinco o seis— para hacer este trabajo, y otro es presidente, no me importa; los cargos no me importan.
Yo no sirvo para presidente, ¿saben por qué? Porque son muchas cosas, muchos honores y mucha jerarquía, y yo tengo que andar con el pueblo (APLAUSOS). Me siento cómodo lo mismo al ir a una fondita cualquiera, por ahí, que al llegar a una casa humilde; que andar sucio como andar limpio; que andar en un automóvil como andar en guagua, como andar a pie. A mí esos cargos no me importan. Todo esto les digo que para mi carece de valor; eso no me interesa, ni la política, ni los cargos, ni los votos, ni los honores.
Más honores de los que he recibido del pueblo de Cuba no los puedo recibir (APLAUSOS); más multitudes de las que se han reunido, más cientos de miles de personas de las que se han reunido no se pueden reunir. Luego, a mí no me interesa más que una cosa: me interesa cumplir con mi deber.
Mi deseo es hacerlo bien. Sé que como humano que soy no lo puedo hacer perfecto, sé que como humano que soy puedo cometer errores. Errores cometeré, pero nunca actuaré de mala fe. Me podrán decir: “Se equivocó”, pero no me podrán decir: “Es un sinvergüenza”; me podrán decir: “Se equivocó”, pero no me podrán decir: “Es un ladrón” (APLAUSOS); me podrán decir que no lo haya hecho todo, pero no me podrán decir que no he hecho todo lo que he podido, porque haré todo lo que pueda, haré todo lo mejor que pueda. Y cuando no haga más y no lo haga mejor, será porque no pueda. Y entonces vendrán otros y lo harán mejor. Yo haré mi tarea; otros vendrán después.
Hablo así aquí como no he hablado nunca en ningún otro lugar. He hablado de estos sentimientos y es justo que lo haga, porque mi corazón, mi vida, está unida a esta tierra, está unida a esta provincia, está unida a esta ciudad (APLAUSOS).
Vine aquí, vine otras veces. Mucho antes del 10 de marzo hice una promesa y le dije al pueblo que si algún día manos mercenarias, fusiles mercenarios volvían a oprimir nuestra patria, cambiaríamos las escobas por fusiles e iríamos a combatir, iríamos a hacer la Revolución.
Vine aquí a Oriente con Eduardo Chibás —ustedes recuerdan—, vine después de la muerte de Chibás (APLAUSOS). He venido siempre a Oriente. Un especial sentimiento me invade cuando estoy aquí; una especial emoción me invade cuando estoy aquí entre los santiagueros. Y aquí tengo que decir estas cosas que me salen del alma; aquí tengo que hacer estas confesiones que no hago en ninguna otra parte; aquí tengo que decir todo lo que siento por el pueblo; aquí tengo que decir todo lo que soy, o sea, toda la tristeza que siento al no poder hacer más, toda la pena que siento al no poder hacerlo mejor, toda la convicción que tengo de que es imposible que todo me salga bien y me salga perfecto.
Pero decir aquí ante los orientales —¡ante los bravos orientales, ante los limpios orientales, ante los cívicos orientales! (APLAUSOS.)— que este oriental que nació en Oriente, que luchó en Oriente, que inició la Revolución en Oriente y que hoy tiene en sus manos grandes responsabilidades, sabrá ser un hombre digno aquí y allá, sabrá ser un hombre digno hoy y siempre. ¡Que los campesinos de la Sierra Maestra, los guajiros que hicieron la Revolución, los guajiros del Segundo Frente, los guajiros que hoy tienen las armas y el poder en la mano, sabrán hacer un gobierno justo, sabrán hacer un gobierno bueno, sabrán hacer el gobierno de los campesinos, el gobierno de los humildes, el gobierno de los obreros, el gobierno del pueblo! ¡Este es el gobierno del pueblo!