Discurso Pronunciado En La Concentracion Celebrada En La Avenid
Chapter 5
Desde luego, el verdadero revolucionario no hace eso. El verdadero revolucionario, el que pasó trabajo, el que conoció el hambre, el que conoció la persecución, ese no hace eso. Ahora, el que se pone la estrella, o se pone grados, ese es un vanidoso, porque los demás no murieron para que venga cualquier descarado a estar poniéndose grados aquí, ¿saben? (EXCLAMACIONES Y APLAUSOS.)
Claro, hay alguna gente que se comporta como los muchachos bellacos, que cuando no está el profesor en la clase empiezan a hacer travesuras de todas clases. Así alguna gente —como todos los comandantes, como todos los oficiales de más experiencia tuvieron que desempeñar una serie de tareas importantes—, muchas gentes se aprovecharon para ponerse su grado. Pero, desde luego, eso tiene remedio cuando nosotros hagamos la lista definitiva de oficiales y hagamos el expediente de cada uno de los oficiales. Más vale que esos que se han puesto el gradito por ahí, más vale que esos se lo quiten, ¡más vale que se lo quiten! (EXCLAMACIONES.) Aunque muchos ya se los van quitando, muchos se han quitado hasta el uniforme. Porque yo no me explico: aparecieron una mano de revolucionarios, que eso era terrible; y cuando no les dieron puestos —porque querían que botaran a todo el mundo para ponerlos a ellos— empezaron en la calle a decir que él, que era revolucionario y que no le habían dado nada, que estaba desconocido, que los arribistas, que lo otro, formando ambiente en la calle. A esos que andan hablando de puestos, no les hagan caso.
Esta es una hora muy grande de Cuba, esta es una hora muy generosa de Cuba. No hay sindicato de trabajadores que no esté dando parte de su salario, que no haya dado un salario para la reforma agraria. No hay sector de Cuba que no esté pensando en grande. Esta es una hora revolucionaria, de grandes ilusiones, de grandes sacrificios, de grandes realizaciones. Quien no esté hablando de reforma agraria hoy, quien no esté hablando de leyes revolucionarias para estar hablando de puestecitos, ese lo que es un descarado (APLAUSOS), porque la Revolución no se hizo para repartirse el Estado como un botín, la Revolución no se hizo para resolverle los problemitas personales a nadie: ¡La Revolución se hizo para resolverle el problema a todo el mundo, a todo el pueblo, a toda Cuba y no a un grupito de señores! (APLAUSOS.)
Pero hay gente que cree que no. Y duele mucho recordar a todos los que han caído, duele mucho recordar a todos los compañeros que están enterrados en los arroyos, en los ríos y en los firmes de las montañas. ¡Duele mucho recordar aquellas cruces de hombres que murieron puros como la luz del sol, de hombres que murieron llenos de desinterés y llenos de ideal, de hombres que cayeron en el camino y no tuvieron siquiera el placer mínimo de ver la victoria inicial de nuestro pueblo, la caída de la tiranía!
¡Duele mucho recordar aquellos hombres! Y que nadie se crea con suficientes méritos o con suficientes derechos para venir aquí a poner sus intereses personales por encima de los intereses de la patria.
¡Duele mucho recordar a aquellos hombres, para que vengan algunos descarados aquí a creerse que esto es política, a creerse que esto es politiquería, a creerse que aquí ha llegado al poder una elección o algo de eso, y que es la pedidera de puestos por la libre! Aquí no hay puestos, aquí no puede haber nepotismos. ¡Y el que tenga nepotismo que se prepare porque poco a poco lo iremos conociendo y tarde o temprano tendrá que pagar las consecuencias de sus debilidades! (APLAUSOS.)
¡El bombín que se prepare, porque esta es tarea de revolucionarios, esta es tarea de hombres decididos y de hombres idealistas, de hombres sacrificados y de hombres valientes! ¡El bombín que se prepare, porque en una revolución el bombín no llega muy lejos, se queda en el camino!
El que tiene mérito, el que tiene verdadero mérito, aunque de momento no lo hayan puesto a hacer nada, si es un hombre de ideales se calla y sabe esperar. Pero el hombre que tiene mérito tarde o temprano irá sobresaliendo, tarde o temprano el pueblo verá que existe, tarde o temprano tendrá su oportunidad, ¡si esta lucha es larga, larga, larga! Hay para que todo el mundo trabaje y para que todo el mundo luche. El que tiene carácter, el que tiene mérito, se calla y espera. ¿Cuál es el que no se calla? ¡Ah!, el que se cree un genio y no es nada, el que no tiene méritos y quiere estar empujando a ver cómo se encarama. El verdadero hombre de mérito espera; el mediocre es el que se impacienta.
Ya sabemos que hay algunos funcionarios que no son muy buenos. ¿Y qué culpa tenemos nosotros de eso? ¿Es que acaso aquí todo el mundo estudió para comisionado, para juez, para magistrado? ¿O es que hemos sacado a los hombres precisamente de las montañas, los hemos sacado del pueblo, para que empiecen a realizar esta tarea? Ya sabemos que todo no es lo más perfecto.
¿Qué culpa tiene la Revolución, que está enfrentándose a muchos problemas grandes, de que en un municipio los que hayan escogido allí a la gente no hayan escogido a los mejores? ¿Eso es para empezar a dividir, para empezar a intrigar, para empezar a debilitar? ¡No, hombre! Que esperen, que si ese no sirve más tarde o más temprano el gobierno se dará cuenta de que no sirve y lo quita.
¿Que en algún lugar se coló un bombín? Bueno, es una desgracia. ¿Pero va a estar uno vigilando a todo el mundo? ¿Va a estar uno averiguando, convertido en un inspector, en un policía, averiguando quién es un perfecto revolucionario y quién es un bombín? Pues, señores, desgraciadamente es imposible porque el Estado es muy grande, tiene muchos departamentos, tiene muchos organismos autónomos, hay muchos municipios, para lograrlo todo perfecto. Así, en algunos lugares se escogen buenos y en otros se escogen regulares, eso es inevitable, pero todo eso va teniendo remedio con el tiempo.
Si alguno se pone a politiquear, peor para él. Todo el mundo se dará cuenta de que está politiqueando, y como esta es revolución y no política, un día se encuentra con que está separado del cargo, ¿comprenden? Pero eso no quiere decir que tenga mayor importancia.
Lo importante son las leyes revolucionarias, lo importante son las leyes que el gobierno está aprobando en cada Consejo de Ministros. Esa es la Revolución. La Revolución no se hace en un municipio; la Revolución se hace en las reuniones del Consejo de Ministros, con las leyes del Gobierno Revolucionario y en la Gaceta Oficial de la República.
Como también es cierto que en algunos sindicatos hay elementos un poco descaraditos, hay algunos elementos que no están muy claros y que se han hecho los bobos para quedarse en los sindicatos. ¿Ustedes creen que van a durar mucho? ¡No! Porque inmediatamente todos los trabajadores empiezan a decir y a señalar, y cuando llega el momento pues quedaron eliminados.
¿Pero qué querían? ¿Que la criatura naciera al mundo perfecta? ¿Que el niño de dos meses supiera hablar y escribir ya? ¿Que caminara y corriera, señores? Una Revolución no es una estatua que uno modela a su gusto. En la Revolución hay que trabajar con la masa humana, hay que trabajar con el pueblo.
Desgraciadamente nuestro pueblo ha sido un pueblo acostumbrado nada más a los malos ejemplos, nadie le ha enseñado nada bueno, todo el mundo le ha enseñado lo malo.
La juventud tiene buenas intenciones, pero no está capacitada; menos capacitados que la juventud están todavía los viejos. Así que ni los viejos saben, ni los hombres maduros saben, ni los jóvenes saben; todo lo que han visto es malos ejemplos. No están preparados, tienen que aprender. Necesitamos hombres de carácter.
Es lógico que esta generación no puede ser tan buena como las generaciones futuras, porque esta generación no se educó en una doctrina revolucionaria, no se educó en los buenos ejemplos. La generación formidable, la generación maravillosa va a ser la generación venidera; esa sí va a ser más perfecta que nosotros.
Nosotros no podemos tener funcionarios perfectos porque nuestra generación no fue educada para las tareas de gobierno, pero con lo que tenemos debemos seguir adelante.
Lo importante es que haya buena fe. Hay buena fe en el pueblo, hay buena fe en nosotros. Mientras se mantengan la fe y el entusiasmo del pueblo, mientras estemos nosotros, los líderes principales de la Revolución, cumpliendo con nuestro deber, ¿qué importa más o menos el detalle de un municipio? ¿Qué importa más o menos el detalle de un departamento? Lo que importa es la orientación que se da al pueblo, lo que importa es la orientación que se da a la Revolución, lo que importa es la orientación que se da al gobierno, las leyes revolucionarias, su línea en defensa de la dignidad y de la soberanía del país, sus medidas en favor de la redención del pueblo; eso es lo que importa. Ustedes tienen que aprender a distinguir entre lo que tiene importancia y lo que no tiene importancia.
Las cosas de la localidad, las rivalidades de la localidad, los chismes de la localidad no importan. Lo que importan son las leyes revolucionarias que están vertebrando el futuro de la patria y la felicidad del pueblo.
Así que yo espero que el pueblo esté atento y vaya poco a poco aprendiendo. Todos tenemos que aprender mucho. Aquí tenemos que aprender los muchachos, los jóvenes, los hombres maduros y los viejos. ¿Saben por qué tenemos que aprender? Porque no nos enseñaron nunca nada en ninguna parte, porque no nos enseñaron nunca nada en la escuela, porque nunca nos enseñaron nada, de hombres, y porque nunca nos enseñaron nada, de viejos, y entonces tenemos mucho que aprender.
Yo se lo digo porque lo veo. A mí me vuelven loco en la calle y me hablan de cada bobería que yo diría: “¿En qué país está viviendo este hombre? ¿No se da cuenta de que yo tengo que hacer otras cosas y me viene a plantear problemitas personales?” Lo que antes le planteaban al sargento de barrio me lo vienen a plantear a mí ahora. Yo he dicho que un día van a querer que yo vaya a cocinar a casa de alguno aquí (RISAS), porque están acostumbrados al favorcito, están acostumbrados a buscar el favorcito chiquito del político. Y es una familia donde unos tienen unos intereses y otros tienen otros, donde unos piensan de una manera y otros piensan de otra.
Yo les digo que hay mucha gente con ideas viejas. Hay gente que tiene un problemita y enseguida va para los periódicos a escribir su problema.
¿Es así como se ayuda a resolver? Viene el otro y le contesta, se atacan unos a otros, se entonan las pasiones y el problema no se resuelve.
Hay mucha gente que está acostumbrada a los métodos viejos, a la politiquería. Vienen y cualquier cosa para los periódicos, como si esa fuera manera de resolver; creen que están en política. A lo mejor están aspirando a representantes, etcétera, etcétera. No saben que en el futuro los representantes no van a ganar 3 000 pesos ni los senadores van a ganar 4 000; van a ganar 600 pesos, si acaso; van a ganar los representantes 500 pesos, y si acaso. Y si roban van para la cárcel, se acabó la inmunidad parlamentaria (APLAUSOS).
Y yo les digo que ya hay alguno por ahí que ha metido la pata, quiero que lo sepan; ya hay alguno que ha metido la pata —como se dice vulgarmente—, y estamos terminando las pruebas de algún señor que se dejó sobornar por un malversador, quiero que lo sepan. No hemos dicho nada hasta que no esté todo completico, pero hay un señor sobre el que parece pesar toda la sospecha, toda la evidencia de que por 400 000 pesos descongeló una cuenta de 900 000 a un malversador y se la llevó. Así que ya tenemos el primero, y estamos estudiando cómo le formamos consejo de guerra y lo fusilamos (APLAUSOS).
Y desde ahora anuncio que vamos a aprobar una ley, porque como ahora hay los tribunales civiles —que ya se están reorganizando—, se nos escapa un tipo de esos para los tribunales civiles y se nos salva. Por eso vamos a aprobar una ley estableciendo la pena de muerte, porque en el Código Penal Rebelde está establecida la pena de muerte para el delito de malversación y para el que se enriquezca con el dinero del pueblo; pero en las leyes, en el Código Penal, no está la pena de muerte. Y hay que ponerla, señores.
Vamos a aprobar una ley estableciendo la pena de muerte para el que se deje sobornar o malverse los fondos o se enriquezca con el dinero del pueblo, estableciéndolo en la Ley Penal Civil.
(LE DICEN ALGO DEL PUBLICO.)
¿Los masferreristas? Porque, miren, les voy a explicar. Hay algunos tribunales que cuando no tenían la prueba o no lo podían probar en el juicio, soltaban a los acusados, porque no lo podían probar. Sabían que eran criminales, pero como no lo habían podido probar en el juicio, los soltaban; porque mucha gente sí, uno sabía que había asesinado a varios, pero nadie les había podido tomar una fotografía ni probarlo, aunque se sabía.
Yo estimo, sin embargo, que los Tribunales Revolucionarios en estos casos debieron condenar por convicción, porque se sabía que era criminal, aunque no se pudiera probar en un juicio, pero todo el mundo lo sabía —porque aquí todo el mundo conocía a los criminales, porque esos criminales no se ocultaban, ellos mismos se encargaban de decirle al pueblo lo que hacían. ¿Para qué? Para sembrar el terror, porque una de las prácticas de la dictadura era que todo el mundo conociera las cosas que había hecho “Pata de Ganso”, el otro, el de más acá. Todo el mundo los conocía.
Llega un juicio, no se pueden aportar pruebas documentales y sin embargo todo el mundo sabe que es verdad. Hubo tribunales que cuando no lo podían probar los soltaban.
Lo que yo opino que debieron haber hecho los tribunales, aunque no lo hubieran probado, pero que sabían que era un criminal, era no soltarlo; no aplicarle la máxima pena en esos casos, pero sí aplicarle la pena de cárcel, porque todo el mundo lo sabía. Y eso es lo que ha pasado, ¿comprenden?
Y luego, otra cosa, ¿quiénes son los jueces? Ninguna de la gente que está juzgando fue juez nunca ni fue a la universidad a estudiar para juez. Y todo el mundo no tiene la misma capacidad de juez.
Hay que tener en cuenta que esa gente salió del pueblo, hay que tener en cuenta que muchos de ellos eran campesinos. Incluso, luego han venido los vivos, los bichos, los que estaban en la universidad, y los han confundido, ¿comprenden? Les han empezado a hablar de leyes y de leyes y los han confundido. ¿Ustedes se dan cuenta? Se valieron de que mientras esos campesinos estaban peleando, ellos estaban estudiando muy cómodamente en una biblioteca con aire acondicionado y después les empezaron a meter discursos y los confundieron. Eso es lo que ha pasado.
Es imposible que eso funcionara perfecto, ustedes lo comprenden, pónganse en el lugar de ellos. Imagínense cada uno de ustedes que lo pongan de juez, pues no sabe, porque nunca ha sido juez, nunca estudió derecho, nunca estuvo en la universidad.
Claro que esos hombres tienen muy buena fe, tienen las mejores intenciones, saben lo que es bueno y lo que es malo, conocen el Código Penal Rebelde, saben a qué delito corresponde cada castigo; pero no tienen experiencia, ¡no tienen experiencia!, y luego vienen y los confunden, eso ha pasado. Y algunos casos de debilidad, y en algunos casos pues habrá a quien le hayan tirado la toalla también, como se dice; porque nunca falta, señores, no hay regla sin excepción.
Si ustedes creen que todo tienen que hacerlo perfecto, están equivocados, todo no puede salir perfecto. Uno quiere que le salga perfecto, pero no puede. Si fuéramos perfectos no seríamos seres humanos, no habría tanta miseria en el mundo, no habría tanto dolor en el mundo, no habría tanta injusticia en el mundo. Lo que pasa es que unos son distintos que otros y la obra humana no es una obra perfecta.
Fíjense en el trabajo que ha pasado el pueblo de Cuba, los años que viene luchando —viene luchando, se puede decir, hace siglos— para tener las cosas que ahora empieza a tener.
Así que debemos tener presente que esto no es fácil. Pero ustedes mientras nos tengan a nosotros, mientras nos tengan a nosotros vigilantes, mientras nos tengan a nosotros aquí en nuestros puestos, cumpliendo con el deber, y mientras nosotros los tengamos a ustedes, no teman nada. A pesar de cualquier error, a pesar de cualquier falta, a pesar de los problemas, la Revolución seguirá adelante, será cada día más poderosa, será cada día más perfecta, con el apoyo de ustedes (APLAUSOS).
Voy a terminar (EXCLAMACIONES DE: “¡No!”). Sí, es que hoy me siento ronco, no me siento muy bien.
Lo único que quiero decirles es lo siguiente: Quiero repetir que este mitin se convocó, se reunió el pueblo para demostrar la fuerza de la Revolución.
Nosotros no queremos emplear la fuerza, nosotros no vamos a emplear la fuerza, nosotros nunca emplearemos la fuerza contra nadie, a menos que se emplee la fuerza contra nosotros. Pero como vimos que estaban surgiendo las primeras manifestaciones contrarrevolucionarias, que estaban surgiendo las primeras campañas contrarrevolucionarias, que estaban surgiendo las primeras conjuras y las primeras intrigas contrarrevolucionarias, fue necesario reunir al pueblo; reunir al pueblo por si acaso nada más, para que no se fueran a equivocar, para que no se fueran a engañar.
Hemos reunido aquí a los campesinos, a los obreros, a los estudiantes, a la clase media, al pueblo en general. Lo hemos reunido para que nadie se llame a engaño, para que nadie se vaya a equivocar; que no se vayan a creer que la procesión esa que llevan por dentro algunos la lleva todo el pueblo; para que no se vayan a creer que el disgusto que llevan por dentro algunos lo lleva todo el pueblo.
Hay gente tan alejada de la realidad que cuando está bravo él, cree que todo el mundo está bravo; que cuando está disgustado él, cree que todo el mundo está disgustado; que cuando está desencantado él, cree que todo el mundo está desencantado, y cree que cuando él dice una cosa, eso es lo que va a decir todo el mundo. Es que el tiempo ese de los bobos se acabó ya hace mucho rato, es que el pueblo está muy despabilado, es que al pueblo no le pueden andar con cuentos, y menos al pueblo de Santiago, y menos al pueblo de Oriente, señores (APLAUSOS).
¿Qué? ¿Van a venir a pelearme a mí con los orientales? ¡Qué equivocados están! (EXCLAMACIONES DE: “¡No, nunca!”)
En primer lugar, porque soy oriental; en segundo lugar, porque aquí se inició la lucha revolucionaria en el cuartel Moncada; en tercer lugar, porque de niño caminé por estas calles y estudié aquí en Santiago y viví aquí en Santiago; porque cuando el machadato yo tenía 5 ó 6 años y vivía en una casita muy humilde de una maestra a donde me habían mandado, y ahí viví dos o tres años y sentí las bombas y viví todo eso. Y he vivido el dolor y he vivido el sentimiento y he vivido la tradición y he vivido la historia de Santiago. Porque la campaña revolucionaria, la gesta libertadora, se inició en la Sierra Maestra; porque todo me une a Oriente. ¿Cómo van a venir a pelearme con Oriente?
Y claro, hubo gente que empezó a hablar de federalismo: Oriente federal. ¿Quién entendía eso? Si hubieran dicho: “Cuba federal”, pero decían “Oriente federal”. Yo dije: esto no lo inventó ningún campesino, ningún obrero; esto tiene que haberlo inventado algún estudiante. ¿Por qué estar queriendo separar a Oriente del resto de la isla? ¿Por qué querer una patria más chiquita en vez de querer una patria más grande? ¿Por qué? Porque necesitamos de todos juntos, ¡necesitamos de todos!
Yo dije: Estos deben ser algunos intrigantes y algunos reaccionarios que, no pudiendo irles a decir nada a los campesinos de ningún problema, han empezado a agitar pasiones regionalistas. Como no podían hablar de otra cosa, trataban de crear una división regionalista; todo para dividir al pueblo, todo para debilitar la Revolución. Y entonces venían y decían: “No, porque Oriente abandonado, no se han hecho nada más que obras en La Habana. Nos robaron la Revolución.”
¿El que escribía eso hizo la Revolución? Porque si se la robaron sería porque él la hizo. Posiblemente ese no salió nunca de su casa. Pero escribió en el periódico: “Nos robaron la Revolución.” ¿Robaron qué? Si yo he estado seis veces en Santiago de Cuba desde el mismo primero de enero, seis veces en menos de dos meses he estado en Santiago de Cuba; si he tenido mi atención constante puesta en la provincia de Oriente. ¿Por ser oriental? ¡No!, sino porque es la provincia que más lo necesita.
Y todavía mi preocupación es que no se hayan podido hacer muchas cosas de las que derrumbaron, pero las vamos a hacer. Yo me impaciento pensando que todavía no están hechas, pero me consuelo pensando que dentro de cuatro, cinco o seis meses estarán todas hechas. Así que no me preocupa (APLAUSOS).
Yo sé que, por ejemplo, Sagua está preocupada. Pero yo le puedo asegurar que le vamos a construir la ciudad allí mismo donde estaba. Están tristes porque todavía no se ha podido hacer. Es verdad, porque no se ha podido organizar eso, porque hubo que hacer primero los puentes, hubo que hacer una serie de cosas; estaban estudiando planes. Pero esas casas se van a hacer, se lo prometo, ellos pueden tener la seguridad de que esas casas se harán.
El pensamiento nuestro ha estado puesto en Oriente.
Ustedes decían que se hacían obras en La Habana, y es verdad. ¿Pero para quién se hicieron obras en La Habana? ¿Para el pueblo? ¡No señor! Muchas avenidas en repartos de gente que tenía grandes mansiones, muchas avenidas en playas que no eran del pueblo, muchas avenidas que servían para poner más caro los solares, para poner más caro los alquileres. ¡Sí, se construyó mucho en La Habana, pero no para el pueblo; se construyó para grupitos privilegiados! El maestro, sin embargo, el obrero, el empleado, estaba peor allí que en ninguna parte; porque el maestro, ganando el mismo sueldo que el que gana en un lugar del interior, en cambio tiene que pagar el alquiler mucho más caro, tiene que pagar la vida mucho más caro, y lo que gana le alcanza menos de lo que le alcanza a cualquier maestro que vive en el interior de la república. Se construyó, sí, pero se construyó para los privilegiados.
Y la cuestión a plantearle al pueblo no es venir a engañarlo, no es venir a separar a una provincia de otra, no es venir a decirle que se construyó allí para La Habana. Para La Habana no, se construyó para los privilegiados, se construyó para determinados sectores; pero al pueblo no se le dio nada, el pueblo estaba peor; mientras más construían, más caro era todo para el pueblo. Esa es la verdad, eso es lo que hay que decir aquí, señores (APLAUSOS).
Ahora se va a construir para el pueblo aquí, allí y en todas partes, porque el pueblo es uno solo, aquí y allá. Tan cubano es el de aquí como es el de allá, tan hermano es el de aquí como es el de allá, tan patriota es uno como es otro. ¡Todos luchamos, todos! Fuimos los primeros, y ese es nuestro motivo de satisfacción, de orgullo; pero nadie tiene que venir a explotar ese mérito, nadie tiene que venir a explotar ese orgullo para dividir a los cubanos. Debe ser una satisfacción haber peleado más que otras provincias, debe ser una satisfacción haber hecho más que los demás; pero nunca será razón para que sintamos desprecio sobre los demás, nunca será razón para que nos dividamos de los demás, porque tan hermanos —repito— son los de allá como los de acá, y tanto sufre el de allá como el de acá, y tanto es un miembro de la patria el de allí como el de aquí. ¡Y cuando haya que defender la patria peleará el de allá y peleará el de aquí! Así que nunca admitan que vengan a despertar pasiones divisionistas.