Discurso Pronunciado En La Concentracion Celebrada En La Avenid
Chapter 4
Cuando hablo de Derecho Romano no me estoy refiriendo a la Iglesia, me estoy refiriendo al Imperio Romano, al Imperio Romano donde se hicieron las primeras leyes sobre la propiedad de la tierra. Y todavía aquellas leyes de hace 2 000 años están siendo aplicadas aquí. Y al estudiante de derecho, al abogado, lo primero que lo ponen a estudiar es Derecho Romano, porque el Derecho Romano es el que se está aplicando todavía en Cuba. Así es que todo está atrasado 3 000 años aquí. El derecho está atrasado 3 000 años; la agricultura está atrasada 3 000 años. Y así, por el estilo, todo está atrasado 1 000 años. ¡La única que no está atrasada mil años es la Revolución, que está adelantada unos cuantos años! (APLAUSOS.)
Así, nosotros estamos haciendo los cambios paulatinamente, sin arruinar a nadie. Porque yo quiero aclarar aquí que nosotros no predicamos el odio contra nadie, nosotros no odiamos a los ricos, nosotros no predicamos el odio contra los ricos, no señor; nosotros no predicamos el odio contra los latifundistas; nosotros predicamos el odio contra el latifundio, nosotros decimos que el latifundio es antieconómico, que el latifundio es injusto.
Yo sé, por ejemplo, que muchos ricos ayudaron a la Revolución. Yo sé que a la Revolución durante la insurrección la ayudó todo el mundo, todas las clases, pobres y ricos. ¿Pero eso quiere decir que ahora la Revolución tenga que dejar todo eso como está? (EXCLAMACIONES DE: “¡No!”) ¡No señor! El hecho de que todo el mundo haya ayudado a la Revolución no quiere decir que todo tenga que quedarse como está, porque las cosas estaban mal. Los ricos demostraron su patriotismo ayudando a la Revolución, ¡muy bien! ¡Que ayuden ahora también, demuestren su patriotismo ayudando a la Revolución también! (APLAUSOS.)
¿Que van a ganar menos? Pues que ganen menos. ¿Que algunos no van a ganar nada? Bueno, está bien. ¿Y cuántos cientos de familias, y miles de familias han vivido montones de años sin ganar nada? No se ocupen, que al que no gane nada nosotros lo ayudamos a que gane: le damos trabajo, lo ayudamos en lo que sea necesario también.
Nuestra política no es arruinar a nadie. Nuestra política es reajustar la economía del país, no es arruinar a nadie. Yo no me paro aquí a decir que son unos vampiros, que son unos malvados. No señor. Aquí todo el mundo fue de acuerdo con las leyes que había, de acuerdo con los gobiernos que había; se crearon infinidad de intereses. Nosotros venimos y decimos: esto hay que organizarlo de otra manera, esto hay que enderezarlo, esto no puede seguir así, porque esto es el caos, esta es la miseria, esta es la injusticia, esta es la ruina.
Tienen que hacer sacrificios, y el patriotismo tienen que demostrarlo no combatiendo a la Revolución, no combatiendo a la Revolución porque haga leyes justas, porque entonces yo podría decirles: “¡Ah!, entonces ustedes no ayudaron a la Revolución porque eran patriotas, ustedes ayudaron a la Revolución para que nosotros no hiciéramos leyes revolucionarias, ustedes ayudaron a la Revolución para comprarnos a nosotros.”
Por eso, como yo vi que en aquella etapa todo el mundo ayudó a la Revolución, a las clases económicas no les digo que se pongan contra la Revolución, les pido que se sacrifiquen también, les pido que se sigan sacrificando por la patria no solo en la insurrección sino en esta tarea creadora; que la Revolución no predica el odio, que la Revolución predica la justicia; para que haya paz en nuestro pueblo, para que haya felicidad en nuestro pueblo, para que haya progreso en nuestro pueblo, es necesario que no haya un solo hombre sin trabajo, es necesario que no haya un solo campesino sin tierra (APLAUSOS), es necesario que no haya una sola familia sin casa, es necesario que no haya un solo niño analfabeto; es necesario que no haya un solo enfermo sin medicina, es necesario que todo el pueblo disfrute de los beneficios de tener una patria. Y por eso vale la pena sacrificarse.
Combatir a la Revolución porque la Revolución lesiona algunos intereses no es patriótico. Combatir a la Revolución porque la Revolución lesiona algunos intereses es un egoísmo. Combatir a la Revolución porque la Revolución lesiona intereses es no tener noción de la justicia.
Y nosotros —lo repito— no predicamos el odio contra nadie; pero predicamos la justicia. Sé que todos ayudaron, sí, pero la Revolución no se hizo para mantener privilegios: la Revolución se hizo para implantar la justicia; la Revolución se hizo no para enriquecer al que estaba más rico sino para darle lo que necesita al que no tenía nada, para darle de comer al que estaba pobre (APLAUSOS).
Y por eso digo que para el capital invertido en alquileres no hay garantías, para el capital invertido en solares no hay garantías, para el latifundio no hay garantías. Hay garantías para el capital que se invierta en industrias, hay garantías para el capital que se invierta en industrias, con una condición: que mantengan salarios altos, ¡que mantengan salarios altos! (APLAUSOS.) Porque nosotros tenemos que desarrollar nuestra industria para darles trabajo a cientos de miles de cubanos. Ahí tienen una actividad donde pueden ayudar las clases ricas: que no inviertan el dinero en alquiler, que no inviertan el dinero en solar, que no inviertan el dinero en garrote, que no inviertan el dinero en latifundio. ¡Que lo inviertan en industrias para darle dinero al pueblo y que paguen salarios altos! (APLAUSOS.)
El pueblo va a tener con qué comprar, luego las industrias van a tener a quien venderle. Si el pueblo no tiene con qué comprar, la industria se arruina. Y por eso nosotros queremos que el pueblo y los campesinos tengan dinero para comprar. Eso solo es posible dándoles a los campesinos la tierra. ¿Por qué? Porque mientras no tengan la tierra estarán pasando hambre, estarán ganando dos o tres pesos el día que trabajen, y estarán sin trabajar la mayor parte del año.
¿Qué puede comprar un campesino con lo que gana hoy día? No puede comprar nada. Nosotros no solo tenemos que darles la tierra a los campesinos —con eso no hacen nada—, porque si les damos la tierra para que siembren malanga, boniato, ñame, yuca, y tengan unas cuantas gallinas allí, pues tendrán que comer, pero con eso no ganan nada, porque no tendrán con qué comprar ropas, con qué comprar zapatos, con qué comprar toda clase de artículos que necesiten.
Luego, no solamente hay que darles la tierra sino decirles: “Ustedes produzcan aquí maíz hasta tanta cantidad, ustedes produzcan aquí frijoles, ustedes produzcan aquí caña, ustedes produzcan aquí soya, ustedes produzcan aquí algodón.” No producir más de lo que se necesita sino decirles lo que tienen que producir, y entonces darles para cada tierra una producción. ¿Para qué? Pues no solo para que siembren malanga, boniato y viandas para comer, sino para que siembren artículos que puedan venderse en el mercado y obtener ingresos. Porque tenemos que decirles qué es lo que deben producir, porque si todo el mundo produce la misma cosa no hay precios, sobran los artículos.
y aquí, unos pueden producir café, otros maíz, otros arroz, otros frijol de soya, otros frutos menores, otros algodón, otros ganado, otros caña, y cada cual tener un artículo que tenga el precio asegurado en el mercado, para tener su tierra y no solo todo lo que necesita para comer sino los artículos mediante los cuales se pueden ganar cientos de pesos todos los años, 1 000 pesos, y si es posible más de 1 000, 2 000 pesos todos los años; para que tengan la comida asegurada, la casa asegurada, y además tengan dinero para comprar todas las demás cosas que necesitan (EXCLAMACIONES Y APLAUSOS).
Así cuando el campesino tenga dinero, la industria progresa porque tiene a quien venderle, y entonces todos los hombres que están en la ciudad sin trabajo encontrarán trabajo en la industria.
¿Qué estamos haciendo nosotros? Estamos elevando el ingreso de las familias y manteniendo los costos bajos, porque, si nosotros elevamos los ingresos y la vida se pone más cara, no hacemos nada. Así ustedes ven que mientras se aumentan los salarios poco a poco, el alquiler baja, los teléfonos bajan, los artículos de primera necesidad bajan.
Nosotros tenemos que tener mucho cuidado, a medida que aumenten los ingresos, que no vayan a aumentar los artículos de primera necesidad. Por eso, el campesino tiene que producir con tractor, con abono, con regadío. ¿Para qué? Para producir barato, y ganar dinero. Porque hoy el campesino tiene que producir muy caro.
Cuando se haga la reforma agraria venderán más barato y ganarán más y entonces todas esas familias que en la ciudad hoy pagan 30, 40 ó 50 pesos menos de alquileres, que han obtenido un aumento en los ingresos, podrán comprar más barato en el mercado. Así es que nuestra política es aumentar los ingresos por familia, tratando a toda costa de que no aumente el precio de los artículos de primera necesidad. Porque, si nosotros aumentamos los ingresos y los artículos de primera necesidad aumentan, no hemos hecho nada. ¿Comprenden?
(DEL PUBLICO LE DICEN ALGO.)
A mí no hay quien me haga trampas. Voy al extranjero, y voy a donde tenga que ir, y hay que respetarme, porque represento al pueblo de Cuba sencillamente (EXCLAMACIONES Y APLAUSOS), y porque no tengo miedo de ir a donde haya que ir, ni hablar donde haya que hablar, ni decir mi verdad donde tenga que decirla, porque es la verdad de nuestro pueblo (EXCLAMACIONES Y APLAUSOS).
Así es que he aprovechado esta ocasión para explicarle al pueblo lo que vamos haciendo. ¿Ustedes creen que hemos hecho mucho? ¡No, hombre, no: todavía no hemos hecho nada! Las leyes que hemos hecho son pocas todavía; tenemos que hacer muchas más leyes revolucionarias. Por ejemplo, nos falta la Ley de Reforma Agraria sobre latifundio, que está confeccionándose y estudiándose muy cuidadosamente. Yo todavía no le he podido dar a los campesinos... Bueno, ya a todo el que tiene su pedazo de tierra lo hemos garantizado allí; pero todavía no le hemos podido dar la tierra al que no la tiene. ¡Y se la vamos a dar!
¿Por qué el pueblo tiene fe? ¿Por qué está tranquilo? Porque sabe que nosotros siempre hemos cumplido nuestra palabra, porque sabe que yo no los engaño, porque sabe que yo no vengo con politiquerías ni a hablar con demagogia. Sabe que lo que les prometo se lo cumplo, porque siempre he cumplido mi palabra (EXCLAMACIONES Y APLAUSOS).
Por eso los campesinos no se impacientan. Ellos saben que yo estoy reuniendo tractores allá; ellos saben que yo estoy reuniendo millones de pesos para comprar tractores; ellos saben que la ley se está confeccionando, y que si en estos días no se ha adelantado más es porque hemos estado haciendo otras leyes revolucionarias, como es la rebaja de las tarifas eléctricas en todo el interior, las rebajas de las tarifas telefónicas, la ley de alquileres, el aumento de sueldo a todos los empleados públicos, el sueldo mínimo de 85 pesos, la ley de confiscación a los colaboradores de la tiranía, y una serie de leyes revolucionarias más que se van haciendo.
Ustedes saben que vamos sin prisa pero sin tregua. Todavía no he podido hacer nada por los obreros azucareros; sin embargo, yo sé que los obreros azucareros tienen confianza en mí. Lo único que les he podido hacer hasta ahora es rebajar las tarifas eléctricas a muchos pueblos del interior. Pero tienen confianza en mí y saben que todo cuanto esté al alcance de mis manos lo haré en todos los aspectos por mejorar el estándar de vida, por mejorar el estado económico, por mejorar en todos los órdenes al obrero azucarero.
Ellos lo saben, y saben que al igual que otros sectores han ido recibiendo los beneficios ellos los recibirán también. No se los he podido dar ahora, no se los he podido dar, porque antes que nada dije: “Aquí hay que salvar la zafra, porque si no salvamos la zafra se nos cae la moneda; y si se nos cae la moneda, nos arruinamos.” Porque calculen ustedes el retirado, el pensionista que gana 30 pesos, que no le alcanza casi ni para empezar el mes, que baje el valor de la moneda y cada peso le valga 20 centavos. Entonces en vez de 30 pesos lo que gana son 6 ó 7 pesos.
Si nosotros no recibimos las divisas que nos manda el azúcar, se nos cae la moneda. Por eso, salvar la zafra era cuestión esencial, porque si no nos arruinábamos —y la república ya más arruinada no podía estar, apenas lo único que le faltaba era que se cayera la moneda— y yo les pedí a los azucareros... Yo no les iba a pedir los sacrificios a los hacendados, porque no me iban a hacer ningún caso. Yo les tenía que pedir los sacrificios, ¿a quiénes? A los obreros. Porque sabía que me iban a hacer caso, porque sabían que yo era su amigo, porque sabían que la Revolución no se hizo para defender al poderoso sino para defender al pobre (EXCLAMACIONES Y APLAUSOS).
Y yo fui al obrero azucarero y le dije: “Aunque no accedan a la demanda, no se dejen llevar por las provocaciones. Hay tiempo. Lo que tenemos que hacer es salvar la zafra. ¡A trabajar todo el mundo!” y los obreros azucareros fueron a trabajar, y gracias a ellos no se ha arruinado la república (APLAUSOS). Gracias a ellos, gracias a los obreros azucareros, nosotros hemos podido ir haciendo todas estas medidas en favor del pueblo; que si no hubiera habido zafra, no hubiéramos podido hacer nada. ¿Y a quién le tenemos que agradecer eso? A los obreros azucareros (APLAUSOS).
Así que no les he podido dar nada, pero no los olvido. Y ellos recibirán, como los demás, en su oportunidad, los grandes beneficios de la Revolución. Les dije que esperaran, les pedí que esperaran, y no se arrepentirán nunca de haber esperado (EXCLAMACIONES Y APLAUSOS).
Ellos ven que nosotros no estamos perdiendo el tiempo, ellos ven que nosotros estamos haciendo leyes revolucionarias. Ellos verán este año la reforma agraria, que ya empezará por constituir grandes beneficios para el campesinado en general y también mucho para los campesinos agrícolas que trabajan en el azúcar, y para los obreros azucareros en general.
Les tocó a ellos primero que a nadie hacer los sacrificios, y no les ha tocado todavía recibir los beneficios. En su oportunidad los recibirán. Ellos lo saben: tienen confianza en la Revolución, y eso es lo que nos importa a nosotros.
(DEL PUBLICO LE DICEN ALGO.)
Yo sé que han hecho muchas peticiones o me han presentado muchos carteles explicándome las cosas que les interesan. Yo solo puedo decirles que nosotros no descansamos y que día a día, uno por uno, vamos resolviendo todos los problemas; que si esas mejoras no llegan antes es porque son muchos los problemas. Y ustedes lo saben, que son muchos los problemas porque son muchos los años que lleva el país sufriendo malos gobiernos, muchos los años que lleva el país siendo víctima de la explotación y del robo. Y nosotros, por mucho que luchemos, por muy buena voluntad que tengamos, no podemos hacer más —más, más pronto—, pero sí haremos mucho más poco a poco; poco a poco, pero sin descansar. Nosotros vamos sin prisa, mejor dicho, yo vaya decir que vamos un poco de prisa, pero sin tregua. Y día a día ustedes verán cómo se va a notar la obra de la Revolución, a pesar de todos los obstáculos, a pesar de los enemigos de adentro y de afuera, a pesar de las preocupaciones.
El pueblo cubano sigue su obra, sin miedo, sin vacilaciones, sin descanso. El pueblo cubano sigue su marcha. Y tengo la seguridad de que en el curso de pocos años he de ver al pueblo de Cuba entre los pueblos más prósperos del mundo, tengo la seguridad de que en el curso de unos pocos años Cuba será el pueblo más próspero del mundo y el cubano tendrá el estándar de vida más alto del mundo (APLAUSOS).
Vamos a pasar a todos los pueblos del mundo. Nos vamos a situar —en el progreso económico y en el bienestar social— a la cabeza de todos los pueblos del mundo. Esto hará esta Revolución; esta Revolución que, surgida del pueblo, destrozó un ejército que estaba armado hasta los dientes; esta Revolución que está convirtiendo en escuelas las fortalezas, esta Revolución que se ha convertido en ejemplo de América y admiración del mundo. ¡Esta Revolución seguirá adelante! No podrá impedirlo nadie. ¿Quién se lo puede impedir? ¿Quién puede oponerse a la voluntad del pueblo? ¿Quién puede hoy frustrar el destino de nuestra patria? (EXCLAMACIONES Y APLAUSOS.)
Antes, ¿qué era? El gobierno era un enemigo del pueblo, los gobiernos no se ocupaban más que de sus privilegios, de sus intereses personales. Gobierno y pueblo eran dos cosas distintas. Gobierno y pueblo son hoy una sola cosa. Ustedes y nosotros somos una sola cosa: ustedes defienden a su Gobierno Revolucionario (EXCLAMACIONES Y APLAUSOS), nosotros defendemos a nuestro pueblo revolucionario (APLAUSOS). Ustedes defienden a su gobierno honrado y nosotros defendemos a nuestro pueblo honrado (APLAUSOS). Ustedes defienden a su gobierno decente y nosotros defendemos a nuestro pueblo decente, a nuestro pueblo patriota, a nuestro pueblo heroico y a nuestro pueblo sufrido (APLAUSOS).
Nosotros estamos aquí representando hoy no los intereses personales, sino los intereses del pueblo; no el orgullo y la dignidad personal, sino el orgullo y la dignidad de nuestro pueblo. Tienen que respetarnos todos los pueblos del mundo. Tienen que respetarlos a ustedes y a nosotros, porque representamos a nuestro pueblo, y como representante de nuestro pueblo tienen que respetarnos, porque cuando vienen a hablar con nosotros no vienen a hablar con un ladrón, no vienen a hablar con un traidor, no vienen a hablar con un mercenario: vienen a hablar con los representantes de la voluntad de su pueblo, que saben cumplir con su deber con dignidad y con honradez. Tienen que respetarlos a ustedes y tienen que respetarnos a nosotros (APLAUSOS).
No diré que todo marcha perfecto. Desgraciadamente, hay muchas cosas que tenemos que superar. Yo sé, por ejemplo, que en veinte pueblos hay veinte problemitas, por problemas de alcaldes y de municipios, y por problemas de puestos y boberías de esas; yo lo sé. Desgraciadamente, sé que alguna gente todavía se cree que aquí no ha habido una revolución y se ha olvidado de que ya todas las cosas del pasado desaparecieron o tienen que desaparecer. Hay gente que se monta en una perseguidora todavía y anda sonando la sirena, y llevándose la luz roja; se olvidan de que esos tiempos se acabaron ya. Y que como no se acostumbren, el que no se acostumbre a ser un ciudadano ejemplar, el que no se acostumbre a andar tranquilamente en su perseguidora —que ya no es perseguidora, sino carro patrullero, porque ya no persigue a nadie—, y con cara de bueno y respetando la luz roja, como la respeta todo el mundo aquí, le quitamos el carro patrullero, le quitamos el arma, le quitamos la perseguidora y lo botamos de ahí (APLAUSOS).
¿Quiénes hacen eso? ¿La mayoría? ¡No! El 99% se comporta correctamente. Pero basta con que uno dé la nota. Y ya sabemos lo que ha pasado en algunos pueblos: unos, porque no botaron a nadie y dejaron hasta a algunos batistianos en los cargos; otros, porque quisieron botar a todo el mundo, y eso es una injusticia. En la administración pública el criterio que sostengo es que al empleado de confianza de la dictadura hay que quitarlo, que al confidente hay que quitarlo, que al botellero hay que quitarlo (EXCLAMACIONES Y APLAUSOS). Y quitarlo no para poner a un bombín o para poner a un arribista; si se quita es para poner a un revolucionario o no poner a nadie, porque creo que hay exceso de burocracia, y un hombre sentado detrás de un escritorio no produce nada; más produce un hombre sembrando maíz, porque ese por lo menos produce algo de comer (EXCLAMACIONES).
Detrás de los escritorios debe estar el mínimo necesario, ni uno más de la cuenta. Pero soy contrario de que al infeliz empleado que gana 60 pesos —ganaba, porque ahora gana 85—, que era víctima de todos los gobiernos, soy contrario a que lo boten, y menos que lo boten para meter a uno que dice que es revolucionario —porque ahora han aparecido más revolucionarios de la cuenta, ¿saben?— (EXCLAMACIONES), y entonces la gente que se queda sin puestos empieza a crear problemas, a crear provocaciones, empieza a hablar boberías. No hablan de las leyes revolucionarias, se ponen a hablar de puestos...
(DEL PUBLICO LE DICEN ALGO.)
Veo también que mucha gente quiere meterse en el Ejército Rebelde. ¿Y por qué ahora? ¿Por qué no se metieron cuando estábamos en la Sierra Maestra? ¿O es que creen que el ejército este de ahora es como el ejército de antes, donde la gente no tenía que trabajar? Pues aquello de que de sinvergüenza te metiste a guardia rural para trabajar, eso no se da aquí más, ¿saben?, porque aquí para ser del Ejército Rebelde hay que saber doblar el lomo, ¿saben?, saber sudar la camisa y saber trabajar (EXCLAMACIONES Y APLAUSOS).
Porque no vamos a tener un ejército para estar sentados en los cuarteles. Yo lo que quiero es sacar a los rebeldes de los cuarteles y llevarlos para las montañas, porque el rebelde no es un soldado de cuarteles, el rebelde es un soldado de montaña. Allá es donde tiene que estar para que cuando tenga que pelear, si algún enemigo lo ataca, no esté después ahogado ni después esté holgazaneando como estaban los guardias. Tienen que estar haciendo ejercicios, señores (EXCLAMACIONES Y APLAUSOS).
Que les queremos buscar trabajo en Obras Públicas y no quieren, no quieren. Pues miren: yo lo que creo es que para pertenecer al Ejército Rebelde hay que prestar por lo menos un año de servicios trabajando, para que el que se meta en el Ejército Rebelde no sea el más haragán sino el más trabajador. Ustedes conocen a todos los que se metían a guardias, ustedes saben que se metía a guardia el más haragán del pueblo, por lo general, el que no quería trabajar, el que era guapetón, el que era charlatán, el que era bocón; el que era haragán, ese se quería meter a guardia.
Algunas gentes creen que esto es igual que aquello, y no saben que el Ejército Rebelde tiene que trabajar, y va a trabajar en muchas cosas. Entre otras, va a trabajar en la repoblación forestal. Cuando podamos sacar al Ejército Rebelde de la ciudad, lo sacaremos; dejaremos la policía. En el campo dejaremos la policía rural, y el Ejército Rebelde para las montañas; que no se acostumbren a estar durmiendo en los cuarteles, porque si no dentro de 10 años tendremos un ejército que ya no es tan bueno, y un ejército refunfuñón, y un ejército holgazán, y un ejército que no quiere trabajar. Y eso no fue el Ejército Rebelde.
Porque yo les voy a explicar una cosa: cuando lanzamos la última ofensiva en Las Villas, en el Segundo Frente y en la Sierra Maestra, éramos nada más que 1 500 rebeldes. Había mucho escopetero, mucha gente alzada por ahí. Bueno, cuando se cayó la dictadura, como se ocuparon muchos fusiles, se nos llenaron los cuarteles de rebeldes, ¡no se sabe cuántos miles de rebeldes! ¿Quiere decir que eran malos? No. Mucha gente, muchachos que andaban con escopetas por ahí, cogieron el fusil e ingresaron en el Ejército Rebelde. Ya se había caído la dictadura, ¿pero quién se iba a ocupar en ese momento...? Todo el que agarró un fusil... Como algunos cuarteles habían caído y otros no, pues las armas de un cuartel las ocupaban, formaban filas, y por eso creció muchísimo; el mismo día que se cayó la dictadura, creció el Ejército Rebelde en un montón de miles de hombres, porque éramos nada más que unos 5 000, y después había como 15 000. Y lo malo no fue eso, lo malo fue que alguna gente empezó a ponerse galones aquí, y grados, y cosas...