Discurso Pronunciado En La Concentracion Celebrada En La Avenid

Chapter 3

Chapter 34,179 wordsPublic domain

Y no solo eso. Va usted a las cajas de retiro, va a buscar, por ejemplo, el retiro azucarero y se encuentra que a los jubilados les pagan una miseria de 20 ó 25 pesos, y que las cajas están todas arruinadas; va al retiro de transportes y se encuentra que la caja está arruinada, que hay 15 000 obreros del transporte y que no hay un centavo y que hace falta un millón de pesos mensuales. ¿Dónde está la recaudación? Se la llevaron, o no pagaron, o hicieron un negocio turbio con ella.

Va usted a los demás retiros y se encuentra lo mismo. Va al Banco Nacional y se encuentra las reservas agotadas. Va a informarse de las deudas y se encuentra que se deben 1 200 millones de pesos. Va a ver en qué se ha invertido el dinero de los retiros y el que no se lo han robado, lo han gastado en burocracia o si no lo han invertido en alquileres. Vamos a rebajar los alquileres y nos encontramos con que tenemos que rebajar muchos edificios que pertenecen a los retiros.

Eso no tiene ni pies ni cabeza, invertir precisamente el dinero de los retiros en alquileres; o sea, convertir a los obreros en explotadores de otros obreros, invertir el dinero de los trabajadores en casas que otros trabajadores van a tener que pagar. ¿Qué sentido tiene esto?

¡Todo arruinado, todo abandonado, todo atrasado!

Va usted a la agricultura y se encuentra latifundios que tienen 14 000 caballerías de tierra, 10 000 caballerías de tierra, 6 000 caballerías de tierra; va a los campos y se encuentra 200 000 familias sin tierra, sembrando en la guardarraya su conuquito de maíz o de yuca que viene el mayoral y se lo tumba, que viene el guardia rural y se lo chapea. Eso era lo que había aquí. ¡Había!, ¿saben?, ¡había! (APLAUSOS.)

Caña, caña y caña. ¿Y la caña de quién? ¿Dulce para quién? Mucha caña y ningún árbol, mucha caña y ninguna casa decente, niños barrigones comidos de parásitos, mucha caña y muchos muchachos descalzos, mucha caña y muchas mujeres enflaquecidas, enfermas y hambrientas; mucha caña y muchos hombres en el campo sin trabajo, sin tierra, sin casa, sin salud. Eso es lo que ha sido nuestro campo, eso es lo que había aquí. Y para mantener eso es que había miles y miles de soldados; para mantener eso compraron aviones, compraron tanques; para mantener esos privilegios es que había gobiernos aquí.

¡Ah!, ¿y qué querían? ¿Que Cuba siguiera así? ¿Qué querían? ¿Que una familia ganara 80 pesos, 60 pesos, y pagara 50 de alquiler? ¿Qué querían? ¿Que la familia en vez de comprar alimentos, en vez de comprar ropa, en vez de tener un día de recreo al mes, tuviera que pagarlo todo en alquiler? ¿Qué querían? ¿Que siguiera el negocio? ¿Y qué negocio, qué utilidad producía a la república invertir millones de pesos en casas de alquiler que no le daban trabajo a nadie, excepto cuando la estaban construyendo; que era un capital invertido en eso que servía para extraer, mes tras mes, un porcentaje altísimo del ingreso de la familia? ¿Era eso justo? ¿Era eso económico? (EXCLAMACIONES DE: “¡No!”)

¿Por qué no se hicieron fábricas? ¿Por qué no se hicieron fábricas donde trabajaran los obreros, donde se produjeran riquezas, donde se produjeran artículos de consumo? ¿Por qué? ¡Ah!, porque era mucho más cómodo comprar la casita de apartamentos, las casitas de apartamentos, de 30 ó 40 apartamentos. Invertían el dinero en eso.

¡Ah!, ¿qué hicieron durante 50 años? ¿Acaso resolvieron el problema de la vivienda? ¡No! No lo resolvieron, porque yo veo que la inmensa mayoría del pueblo vive en un cuarto, en un solar, en una casa de esas que se está derrumbando y viven 200 personas, en Santiago, en La Habana, en todas partes; vas al campo y no hay vivienda. No resolvieron el problema de la vivienda, lo que hicieron fue hacer negocios.

Llega la Revolución y dice: Lo siento, pero se acabó este negocio; lo siento, pero ustedes no han resuelto el problema de la vivienda. Ustedes no han hecho más que extraer millones para construir más casas que siguen siendo caras, que siguen extrayendo el dinero de los ingresos familiares. Y hemos dicho: eso no conviene a la economía; más vale que ese dinero lo inviertan en la bodega, en comprar alimentos, comprar ropa, comprar zapatos, comprar medicinas y comprar todo lo que necesitan. Porque si el dinero que se paga en alquileres va a parar a un banco, entonces, ¿qué pasa? Pues que no beneficia a nadie. Si el dinero se queda en manos de los inquilinos, entonces los inquilinos van a una tienda y compran.

Cuando un inquilino compra una vara de tela o un par de zapatos está ayudando al obrero y al industrial que fabrican esos zapatos, les está dando trabajo a más trabajadores. Porque si liberamos 2 millones de pesos y se compran 100 000 pares de zapatos más todos los meses, pues se necesitan muchos cientos de obreros y muchos miles de obreros más para producir zapatos. Y le damos trabajo al zapatero, y le damos trabajo al curtidor, y le damos trabajo al que trabaja en la curtidora, y le damos trabajo al que trabaja en la tienda, y le damos a ganar a todo el mundo.

Ese dinero no solamente lleva algo más de bienestar a la familia, sino que lleva bienestar también a muchas personas que están ganándose la vida con su trabajo, y llevan el bienestar también a los que hoy están sin trabajo. ¿Por qué? Porque no hay dinero, no hay quien compre. Y si no hay quien compre, no hay quien trabaje en las fábricas.

¿Qué se necesita? Que el pueblo tenga dinero para que el pueblo compre y para que cuando el pueblo compre las fábricas funcionen, para que se pongan nuevas fábricas, para que todo el mundo trabaje aquí, para que todo el mundo se gane aquí la vida decorosamente (APLAUSOS).

(DEL PUBLICO LE DICEN: “¡Que haya trabajo!”)

¡Claro!

Tengo que decir de todo el mundo, de todos los pueblos. Pero es muy importante esto.

Venimos y hacemos una rebaja de alquileres. ¿Es porque nosotros les tengamos odio a los dueños de casas de alquileres? ¡No, señor! Nosotros no le tenemos odio a nadie, nosotros no hacemos leyes por odio; nosotros hacemos leyes por amor a la justicia. Nosotros no hacemos leyes por fastidiar a nadie ni amargarle la vida a nadie; nosotros hacemos leyes por beneficiar al pueblo.

Hacemos una ley que rebaja los alquileres hasta un 50%. Dicen que es mucho. Bueno, en primer lugar, voy a explicar esto: si nosotros no cortamos por lo sano no resolvemos nada. Todos los gobiernos han hecho su rebajita de alquileres: un 10%, un 15%, una bobería, algo para contentar al pueblo y dejar todo como está.

¿Nosotros qué hicimos? Lo primero que hicimos fue crear el Instituto de Ahorro y Viviendas. Y ya cuando estuvo el Instituto de Ahorro y Viviendas organizado, para que no se paralizaran las construcciones, no habíamos rebajado los alquileres. ¿Y qué pasó? Que las construcciones se paralizaron de todas maneras desde el primer día.

Nosotros esperando que el Instituto de Ahorro y Viviendas estuviera organizado y que hubiéramos ya organizado a los miles y miles y decenas de miles de obreros para hacer casas por millares y millares, ¿comprenden?; estábamos esperando que estuviera organizado, y nos encontramos con que, sin embargo, las construcciones estaban paralizadas. Y dijimos: pues no esperamos más, vamos ya; porque si de todas maneras no van a construir ahora y después no van a construir más, vamos a hacer la rebaja.

Nos encontramos distintos casos que nos dicen que la rebaja ha afectado lo mismo a quien tenía nada más que 10 casitas que al que tenía 100. Bueno, ¿y qué culpa tenemos nosotros? Nosotros sí nos preocupamos en la ley por aquellas viudas, por aquellas familias que tienen una sola casa o dos o tres casas pequeñas y no tienen ingresos superiores a 150 pesos. En esos casos sí nos preocupamos de no rebajarles el alquiler, porque sería enriquecer a unos empobreciendo a otra familia pobre.

Entonces rebajamos los alquileres no de las casas viejas, o sea de los que estaban viviendo todavía en las mismas casas que hace 20 años. A esos no, porque ya se habían rebajado los alquileres y los alquileres eran bajos en aquel tiempo. No me refiero a las casas donde se mudaron los inquilinos y los dueños los aumentaron, porque esos casos sí están comprendidos en la ley, ¿saben?, esos sí, aunque sean casas viejas, ¡sí, aunque sean casas viejas!

Pero nosotros nos preocupamos de proteger en la ley al que tenía una casita o dos o tres casas pequeñas y no ingresaba más de 150 pesos. Ahora, de ahí para arriba, tuviera 10, tuviera 500 o tuviera 1 000 casas, teníamos que hacer la rebaja. ¿Qué culpa tenemos nosotros de eso? La culpa la tiene precisamente el alquiler, porque gracias al alquiler el que tenía más casas cada vez tenía más casas; porque mientras el que tenía 10 a lo mejor nada más podía construir una más todos los años, el que tenía 100 podía construir 10 más todos los años, y el que tenía 1 000 podía construir 100 más todos los años. Luego, cada vez los que tenían más casas era mayor la proporción de casas que tenían. ¿Por culpa de qué? Pues por culpa del alquiler sencillamente.

Entonces, ¿qué vamos a hacer nosotros, una ley que diga: se rebaja el 50% para el que tiene 500 casas, se rebaja el 49,6% al que tiene 470, se rebaja el 48%, etcétera, etcétera, etcétera, hasta llegar al que tiene 10 casas? ¿Quién entendería esa ley, señores? ¡Eso no tiene pies ni cabeza!

Así que se hizo la ley, y ya se sabe que a menos que hagamos un retrato para cada caso, las leyes tienen que hacerse como la hicimos nosotros; cortar por lo sano. Porque si no cortamos por lo sano no enderezamos esto más nunca.

Aquí hay que hacer una operación quirúrgica. Y si cuando hay que hacer una operación quirúrgica los médicos se dedican a poner mercurocromo, el paciente se muere, señores.

¿Rebajitas del 10%? ¿Rebajitas del 15%? ¿Rebajitas del 20%? ¡No señor! ¡Rebaja del 50% a todo el que paga menos de cien pesos! Porque eso es justo y, además, es necesario.

Nadie podrá pensar que lo hago por demagogia, porque lo que yo he hecho con esta ley es ganarme muchos enemigos. ¿Al pueblo? El pueblo era amigo mío ya, no tenía que hacer leyes para ganarme su amistad (APLAUSOS). Pero muchas personas que tenían edificios de apartamentos y que tenían un letrerito en la máquina que decía: “Gracias, Fidel”, han quitado el letrerito de ahí (RISAS). Ya no me dan ni las gracias —¡bueno!— y los tengo de enemigos. Así que yo no hice esto... Yo lo hice porque era necesario.

¿No decían que había contracción económica? Pues vamos a ver si hay ahora contracción económica. ¡Ah!, ¿contracción económica porque escondieron el dinero? ¿Contracción económica porque paralizaron los trabajos? Bueno, pues ahora no habrá contracción económica porque habrá dinero en la calle: todos esos millones que se ahorra el pueblo de alquileres.

Ya sabemos que unos han perdido más que otros; ya sabemos que unos han perdido más que otros; ya sabemos que algunos tenían hipotecada la casa. Y me dicen: “Bueno: pero se puso fatal el que pidió una hipoteca para terminar la casa y ahora el dinero apenas le alcanza para pagar la hipoteca.” ¿Y qué querían? ¿Que se pusieran fatales los cien o los cincuenta inquilinos que vivían en el edificio y que no hubiera rebaja para ellos? ¿Qué querían? ¿Que mientras se rebajaba para otros no se rebajara para ese inquilino? ¿Por proteger a uno perjudicar a cincuenta? ¿Perjudicar a cien? (EXCLAMACIONES DE: “¡No!”) ¡Pues eso no era justo!

Desde luego que sentimos mucho esos casos; pero no era posible excluirlos, porque para eso entonces no se hace ninguna rebaja.

Ya veremos si hay algún medio de compensarlos, por ejemplo, bajando los intereses que pagan por la hipoteca, para que no solamente cargue su parte de sacrificio el dueño del edificio hipotecado, sino también el que prestó en hipotecas; rebajando parte del tanto por ciento que pagan de intereses, porque siempre hay alguna manera de compensar. Y no se lamentan de que los que tenían 10 apartamentos salieron más perjudicados que los que tenían 100 ó 1 000 apartamentos, porque todavía no saben cómo pueden salir los que tienen 100 y 1 000 casas, ¡todavía no lo saben!

Así que la reforma urbana no ha terminado todavía, porque lo mismo que en el campo estamos haciendo la reforma agraria, también es justo que hagamos la reforma urbana.

La primera Ley de Reforma Urbana fue el Instituto de Ahorro y Viviendas. ¿En qué consistió? Pues en acabar con el juego y en convertir la lotería en una institución de ahorro.

Antes el pueblo compraba billetes y, si no se sacaba el premio, tenía que botarlos. Ahora el pueblo compra los bonos y, si no se saca el premio, los guarda, y al cabo de cinco años le dan lo que le costó más los intereses (APLAUSOS). Y si lo guarda más, le dan más. Luego, ya no se le roba al pueblo. Y si los quiere cambiar antes de los 5 años, le dan una parte del valor, le dan el 40%, o el 50%, o el 70%, pero si espera 5 años le dan todo más un interés. Y si espera 10 años, le dan todo más un interés compuesto. Así que lo que antes botaban...

Porque al pueblo no se le podía quitar el juego de repente, porque si le dicen: “No juegues”, mucha gente no iba a poder quitarse el vicio ese de jugar su numerito: ya se sabe. Porque si lo acostumbraron durante 50 años a eso, le enseñaron durante 50 años eso, nosotros no podemos venir de repente y quitárselo, porque no vamos a tener un policía a la puerta de cada casa: ese no es el procedimiento.

¿Qué hicimos? ¿El pueblo tiene la costumbre? Está bien. Lo que vamos a hacer es venderlos como antes; pero en vez de cogerles el dinero ese, guardárselo, y al cabo de un tiempo devolvérselo con intereses. Eso fue lo que hicimos (APLAUSOS).

Y mientras tanto, ¿en qué invertir esos cien millones que se invertían en juego? Antes se invertían 100 millones en juego, y los garitos y los explotadores del juego se lo robaban. ¿Ahora qué se va a hacer con esos cien millones? ¡Todos los años se va a invertir en casas! ¿Qué les parece? Y esas casas, ¿qué se va a hacer con ellas? Pues no se van a alquilar para toda la vida, sino que se les van a alquilar a las familias y por lo que pagan de alquiler, al cabo de 10, de 12 ó de 15 años se van a convertir en dueños de las casas, sin negocio ninguno, por lo que valen (APLAUSOS).

Y yo quiero que se sepa que el Instituto de Ahorro y Viviendas es la primera institución en el mundo de ese tipo y que, actualmente, en numerosos países de América, están pidiendo informes sobre el Instituto de Ahorro y Viviendas, porque es una de las instituciones más revolucionarias que se han hecho. En vez de explotar el Estado el juego, el Estado combate el juego: convierte el juego en ahorro, invierte ese dinero en construcciones y le da al pueblo esas construcciones por lo que paga de alquiler (APLAUSOS).

Así que la primera ley fue esa.

¿Cuál fue la segunda ley? La segunda ley fue la rebaja de alquileres.

¿Cuál es la tercera ley? Pues una ley que vamos a hacer sobre los solares urbanizados y en las zonas de desarrollo industrial.

¿Qué pasaba aquí? Llegaba un señor y compraba hace 30 años un solar y le costaba 20 centavos el metro. Entonces esperaba y esperaba. Venía alguien a construir y le decía: “No, no, no. Yo no vendo ahora. Estoy esperando que me hagan una carretera por aquí o me pasen la calle y que construyan allí.” Pasaban 10 años y decía: “No, no, no. No vendo.” Era como el perro del hortelano: ni construía ni dejaba construir. Esperaba que aumentara el valor, y al cabo de 20 años lo que valía 20 centavos valía 30 pesos. ¿Por qué, si no invirtió un centavo más allí? ¿Por qué, si no invirtió un minuto de su trabajo, se va a aprovechar del trabajo de otro, del que construyó una calle, del que construyó un edificio por ahí, para enriquecerse con el trabajo de otro, sin haber invertido ni un minuto de trabajo ni un centavo en el solar? ¿Por qué?

Cuando se iba a poner una fábrica que les iba a dar trabajo a muchos obreros, que iba a producir riquezas, que iba a ahorrar divisas, no se podía poner la fábrica, porque cuando iban a comprar el terreno, el terreno valía más que las máquinas. No se podían hacer fábricas. Eso iba contra el progreso, eso iba contra el desarrollo industrial.

Vamos a dictar una ley revolucionaria declarando propiedad del Instituto de Ahorro y Viviendas todos los solares urbanos urbanizados y todas las áreas de desarrollo industrial. Y entonces —fíjense bien— se indemnizará esos solares a sus actuales dueños cuando alguien quiera construir allí.

Si llega una familia y dice: “Quiero construir aquí”, y el solar valía 50 pesos o valía 30 pesos, el Instituto de Ahorro y Viviendas le dirá: “Bien, usted puede construir ahí. El solar le cuesta cinco pesos” (APLAUSOS). Y el Instituto de Ahorro y Viviendas tasará el valor de los solares. Cuando venga una fábrica —que necesitamos fábricas—, cuando venga un inversionista que quiera poner una fábrica y diga: “Tengo un millón para poner una fábrica. Necesito terreno”, le decimos: “Ahí tiene terreno. Ese terreno, en vez de costarle 30 pesos el metro, como usted va a poner una fábrica y la fábrica va a dar trabajo, le va a costar a dos pesos o a dos cincuenta el metro; o sea, le va a costar diez veces menos que lo que le costaba antes.” ¡Para que se pongan fábricas y para que el pueblo trabaje! (EXCLAMACIONES Y APLAUSOS.)

El que tiene un solar para construir su casa, no se le toca. Ese puede ir al Instituto de Ahorro y Viviendas y decir: “Oiga, quiero hacer mi casa. Necesito que me preste 5 000 ó 10 000 pesos.” Entonces el instituto le presta el dinero, y fabrica su casa en su propio solar.

Así es que ahora en vez de pocas construcciones, va a haber tres veces más construcciones, porque va a haber facilidades para las construcciones, ¡va a haber facilidades para las construcciones! Y al dueño del solar se le pagará por lo que vale el solar, por lo que valía antes el solar, y por lo que convenga a las necesidades del pueblo.

¿Por qué? ¿Qué es lo que pasa hoy día? Pues el solar en la ciudad, la tierra, vale a 50 pesos el metro cuadrado. Entonces el empleado público, el obrero que vive en la ciudad, tiene que pagar de alquiler más caro que en ninguna otra parte; tiene que pagar los 50 pesos que está valiendo la tierra. Y aquella tierra no tiene razón para haber aumentado de valor porque en aquella tierra no se hizo nada, en aquella tierra no se invirtió ni un minuto de trabajo ni un centavo.

Esa es la tercera ley revolucionaria de la reforma urbana, y va a ser una de las leyes más revolucionarias de este gobierno, porque va a facilitar que todo el mundo tenga su casa; va a abaratar las construcciones.

Ahora, cuando el Instituto de Ahorro y Viviendas, haga la casa para una familia, en vez de cobrarle a 30 pesos el metro de tierra, le cobrará tres o cuatro pesos, y ya en tierra le ahorrará una parte considerable de gastos. Después le hará la casa y, por el dinero que le preste, le cobrará solamente un 5% para pagarles el interés a los que tienen los bonos (APLAUSOS).

Me dirán ahora que eso es un abuso. Me dirán que eso es un abuso, seguramente, y yo diré: No. Abuso es haber comprado ese terreno a 20 centavos para venderlo a 30 pesos, sin haber gastado allí un solo centavo más. Eso sí es un abuso, porque eso perjudica la economía del pueblo, eso ha perjudicado a todas las familias pobres. Aquí nadie pensaba en hacerse una casa porque le aterrorizaba pensar el número de pesos que valía un metro de terreno, y por eso nadie construía, y se pasaban años y años pagando la casa. Aquí hay familias que han pagado tres veces la casa donde viven, porque llevan 20, 25 y 30 años pagando alquiler; han pagado tres veces y nadie les ha dado facilidades para construir su casa.

Me dirán que es un abuso, y yo diré que no es un abuso, que les pagaremos por la tierra algo. Y solamente porque no queremos adoptar medidas drásticas, porque no queremos dejar de dar alguna compensación a los que tienen esos solares; porque yo considero, en definitiva, que la tierra cubana era de los indios que vivían aquí. ¿De quién era la isla de Cuba? De los indios que vivían aquí. Vinieron los españoles y se apoderaron de la tierra por la fuerza. Vinieron los reyes de España y concedieron mercedes otorgando esas tierras a determinados particulares. Vino una revolución y quitó la colonia, quitó el gobierno del Rey de España, y hasta en España quitaron a los reyes. ¿Por qué entonces van a estar vigentes aquí todavía las mercedes del Rey de España? (EXCLAMACIONES Y APLAUSOS.) ¡Ya no hay reyes ni en España, y sin embargo las mercedes del Rey de España todavía tienen vigencia en Cuba!

Si no ocupamos todas las tierras se debe a que no queremos arruinar a nadie, a que no queremos adoptar medidas drásticas, a que no queremos dejar de dar alguna compensación, y por eso indemnizaremos estas tierras; pero no por lo que digan ellos, sino por lo que valgan, porque en realidad las tierras esas se las quitaron a los indios, ¡y nosotros somos los herederos de los indios! (EXCLAMACIONES Y APLAUSOS.)

Yo creo que esa es otra gran verdad. Claro que alguna gente se pondrá las manos en la cabeza y dirá que estoy diciendo un disparate. Pero, bueno, lo otro no les pareció un disparate. El que una isla donde viven 6 millones de habitantes se la tuvieran cogida unos cuantos, eso no les pareció un disparate; y que al resto de la gente no tuvieran ni dónde enterrarlos, eso no les pareció un disparate.

Y nos llaman cubanos. ¿Cubanos por qué, si no tenemos nada aquí? Dicen que esta es nuestra patria. ¿Nuestra patria, por qué, si no tenemos nada en esta patria? ¡Será la patria de unos cuantos aquí! ¿Pero la de nosotros, si no tenemos nada? ¡Ah!, para poder llamarnos cubanos y para poder decir “nuestra patria”, es justo que cada cual tenga su pedacito en la patria, ¿no? (EXCLAMACIONES DE: “¡Sí!”)

¿Es que yo quiero acabar con la propiedad de la tierra? ¡No! Yo lo que quiero es que cada uno tenga su pedazo de tierra, tenga su pedazo de propiedad de la tierra, señores. Lo que quiero es que todo el mundo disfrute de la tierra. Con la reforma agraria, ¿qué es lo que queremos? De la reforma agraria no hay ni que hablar, porque ya todo el mundo sabe que es una realidad y que se les están dando los últimos toques a las leyes.

Naturalmente que aquí uno no puede hablar de leyes revolucionarias, porque cuando habla de leyes revolucionarias se asusta todo el mundo —digo, todo el mundo no, todos los que tienen latifundio y tienen muchos edificios de apartamentos (EXCLAMACIONES)—, enseguida empiezan a hablar. Bueno, está bien: pueden hablar, tienen derecho a hablar, tienen derecho a escribir, tienen derecho a criticar, tienen derecho a atacarme; tienen derecho a decir y a hablar y a pensar como quieran. La Revolución Cubana empieza por respetar las libertades humanas; empieza por respetar la dignidad humana, empieza por respetar la libertad de pensamiento, la libertad de cultos, la libertad de ideas políticas, la libertad en todos los órdenes, la dignidad del hombre en todos los órdenes. Esa es una de las cosas que más caracteriza a nuestra Revolución.

La Revolución no golpea a nadie, la Revolución no asesina a nadie, la Revolución no suprime ninguna libertad. Ahora bien: que no me vengan invocando derechos anacrónicos, que no me vengan hablando del Derecho Romano, porque el Derecho Romano lo hicieron los romanos para los romanos, ¡y el Derecho Cubano lo hace la Revolución Cubana para los cubanos! (APLAUSOS.)