Discurso Pronunciado En La Concentracion Celebrada En La Avenid

Chapter 2

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Yo sé que si se dice aquí: “Vamos para Santo Domingo”, no queda nadie (APLAUSOS). Pero es que no hace falta, aunque, eso sí, debemos estar siempre alertas y debemos advertirle al dictador, debemos advertirle que, desde luego, tenga mucho cuidado en llegar bien lejos en sus provocaciones contra Cuba. Ya se cogieron los aviones; está bien, ya se robaron los aviones; está bien. No quieren devolver los aviones; está bien. Han cometido un acto de gangsterismo internacional; está bien. Está bien, nosotros no perdemos por eso la calma, nosotros no perdemos la ecuanimidad.

Hace unos días me llamó el Presidente de la República para mostrarme un escrito remitido desde Santo Domingo, donde el Ministro de Estado de Santo Domingo lanzaba una serie de ataques contra mí. Y me decía el Presidente: “Hay que hacer una protesta enérgica, hay que elevar una protesta oficial, porque usted es un funcionario del Gobierno de Cuba, usted es el Primer Ministro y lo están atacando.” Y yo realmente me sonreí, y le dije: “Mire, Presidente, no se preocupe por eso. ¿Cómo yo me voy a preocupar de los ataques que me dirija ese señor? Ni se moleste, Presidente; el Gobierno de Cuba no debe molestarse. Yo de esos ataques me tengo que reír. Lo terrible sería que me estuviera defendiendo, lo terrible sería que me estuviera elogiando. Pero, ¿cómo yo me voy a molestar por eso? ¿Como vamos a tomar en serio esos ataques —le dije—, si yo también cuando voy a una tribuna hago mis juicios sobre el dictador dominicano?”

Entonces el Presidente me decía que Trujillo no era el presidente oficial de Santo Domingo, que por lo tanto los ataques que yo hacía no eran ataques oficiales, me explicaba. En realidad viene a ser lo mismo: Trujillo es el amo de Santo Domingo, Trujillo es el amo omnímodo de Santo Domingo, y yo no ando creyendo en esas sutilezas.

Los ataques no los podía tomar en serio. Así que se quedan con los aviones y encima nos insultan. Está bien, eso no importa, porque Trujillo a nosotros nos tiene sin cuidado. En cambio, Trujillo está muy asustado.

Por ejemplo, ¿qué sabemos nosotros? Nosotros decimos: ¿Qué es lo que pueden hacer todos los criminales de guerra juntos, ayudados por Trujillo, contra Cuba? Nada. ¿Qué es lo que pueden hacer? Díganme (EXCLAMACIONES DE: “¡Nada!”). ¿Conspirar? Nada. ¿En dónde? ¿Van a venir a conspirar con los rebeldes, van a venir a conspirar con los barbudos? Si los guardias ya no están ahí, ¿con quién van a conspirar? Bueno, ¿qué es lo que van a hacer? ¿Desembarcar? Desembarcar, ¿para qué? Si cuando estaban aquí con todos los aviones, todos los tanques y todos los cañones salieron huyendo, ¿para qué van a desembarcar ahora?

Por eso yo he dicho que si quieren venir no tienen que esconderse ni que preocuparse, que nosotros les prestamos los barcos para que vengan; nosotros les prestamos los barcos y hasta les damos dos o tres días para que hagan trincheras y todo eso, que no hay problemas (APLAUSOS). Ahora, ¿qué van a hacer? ¿Organizar guerrillas? ¿Dónde? ¿Dónde es que van a organizar las guerrillas? Ustedes ven: tienen una estación de radio por allá por Santo Domingo o por Miami y dicen que la tienen en el Escambray. ¡Oigan eso! (RISAS.) ¿Dónde? Guerrillas, ¿dónde? Guerrillas, ¿cómo? ¿Guerrillas sin el pueblo? ¿Quién los va a ayudar? ¿Los campesinos? (EXCLAMACIONES DE: “¡No!”) ¿Van a venir a hacernos cuentos a nosotros de las guerrillas? Si nosotros fundamos esa universidad ahí en la Sierra Maestra y sabemos que sin el apoyo del pueblo no hay quien haga una guerra como la que hicimos nosotros.

¿Por qué el campesino se sumó a nosotros? Porque veía en el sargento, en el capitán, en el coronel, un enemigo; porque veía en el mayoral de todos esos latifundios, un enemigo; porque no habían hecho más que abusar de él; porque cuando tenía la tierra sembrada se la quitaban y lo botaban, le daban cuatro planazos, le quitaban parte del dinero que ganaba; si tumbaba un pedazo de monte, se aparecía allí el sargento diciendo que tenía que devolverlo. Cuando iban los guardias rurales a las casas de los campesinos, se escarranchaban en un taburete y allí no querían respetar ni a la mujer, ni a la hija, ni a la familia de los campesinos. ¿Por qué andaban allí metiéndole miedo a todo el mundo, humillando a todo el mundo, abusando de todo el mundo, ofendiendo a todo el mundo y explotando a todo el mundo? ¿Por qué? Porque estaban allí defendiendo a los grandes latifundios, y todo el mundo sabía que cuando un campesino iba a protestar nadie le hacía caso. El campesino ya ni iba a protestar. Protestar, ¿para qué? Iba a un juez, y el juez estaba vendido; iba a buscar un abogado, y no tenía dinero con qué pagarle; iba a buscar un sargento, y le entraba a planazos.

Entonces, cuando nosotros llegamos a la Sierra Maestra no conocíamos a ningún campesino. Pero sabíamos que el campesino estaba explotado, sabíamos que el campesino estaba oprimido, sabíamos que el campesino había sido muy sacrificado, y muy maltratado por los sargentos y los capitanes y los abogados y los latifundistas y los jueces, y toda aquella gente. Lo sabíamos.

Cuando llegamos, ¿qué nos encontramos? Nos encontramos, sí, con que había mucho miedo, nos encontramos con que había unos cuantos “chivatos” por una zona, nos encontramos con que de cada 100 ó 200 personas había alguno de esos que tenía alguna “botella”, o que era el que le cobraba la “bolita” al sargento, o que era el que le cobraba la tumba de monte al sargento, o el que servía de espía y de confidente al sargento. Esos eran los “chivatos”. Y mientras nosotros solo le pagábamos al campesino, respetábamos al campesino, ellos asesinaban, quemaban casas, se llevaban los cochinos, las gallinas, los gallos finos, y hasta el radio, cuando tenían un radio; le llevaban la ropa y se lo llevaban todo.

Y así, ahora, después que la Revolución ha triunfado, después que se acabaron los desalojos, después que se acabaron los mayorales, después que se acabaron los sargentos, después que se acabaron los jueces vendidos; ahora, cuando ya todos los campesinos que estaban en esa zona están sobre su tierra, esperando nada más los papeles, que es lo único que les falta; cuando ya todo el campesinado sabe que la reforma agraria es una realidad; cuando ya todo el campesinado sabe que se están dando los últimos toques a la Ley de Reforma Agraria; cuando ya todo el campesinado sabe que estamos reuniendo millones de pesos para comprar tractores, para comprar arados; cuando todo el campesinado sabe que va a ser redimido, que va a alcanzar los sueños de tantos años; cuando ya el campesinado sabe que tiene un gobierno suyo; cuando ya el campesinado sabe que tiene un gobierno para defenderlo (APLAUSOS); cuando ya el campesinado sabe que los hombres que lucharon junto a él durante dos años están allá en los cuarteles, están allá en el poder, están allá dictando leyes revolucionarias para la república (APLAUSOS); cuando todo eso es una realidad; cuando estamos sembrando ya las primeras semillas de la gran cosecha que en los meses y en los años venideros recibirá la nación cubana, ¿quién se alza, quién se mete en las montañas? ¿Quién escapa? ¿Quién escapa, señores, quién escapa por esos firmes, por esas montañas, por esos ríos, por esos arroyos, por esos trillos que conocemos como las palmas de nuestras manos? ¿Quién les servirá de guía? ¿Quién les llevará comida? ¿Quién les prestará apoyo? (EXCLAMACIONES DE: “¡Nadie!”) Y si cuando tenían ejércitos enteros, cuando tenían batallones enteros, cuando tenían las mejores armas, cuando tenían todas las armas, cuando tenían 30 000, 40 000, 50 000 hombres, y nosotros no éramos más que 300, no pudieron, ¿cómo van a poder ahora?

¿Quién cree, quién les puede hacer caso? Mas esas no son las únicas razones. ¿Quién de ellos tiene el espíritu de sacrificio de nuestros combatientes? ¿Quién? ¿Acaso esos soldados que cuando caminaban 100 varas por una loma estaban ya ahogados? ¿Acaso esos soldados que apenas llevaban tres días en las montañas querían volver para su casa?

¡Hombre!, ¿a quiénes les van a venir a hacer el cuento? ¿A ustedes los campesinos? ¿A nosotros nos van a venir a hacer el cuento?

Miren, más vale que ni se tomen ellos esas molestias. Por eso, cuando uno ve un cable internacional diciendo que si hay alzados, que si están haciendo..., señores, nos reímos, y decimos: ¡Qué ingenuos son, qué equivocados están, qué ignorantes son de lo que es una revolución y de lo que es una lucha revolucionaria! Como si no hicieran más que cambiar las cosas, y poner esos tipos ahí, y ya. Como si cuando se metieran allí, hasta el último campesino no se movilizara enseguida para buscarlos y capturarlos, señores. No hay ni que tirarles. Nosotros sí que el día que haya uno o dos, no decimos que no hay nadie. ¡Eso es ridículo, señores! Al contrario: ¡Ojalá los criminales de guerra vengan, ojalá se metan en las lomas! Porque si escaparon de Columbia, de la Sierra Maestra o del Escambray o de Cristal, o donde se metan, no escapan más nunca, señores.

Así que el negocio de nosotros sería que vinieran los criminales de guerra. Ese sería el negocio de nosotros. Y si sabemos que eso es así, ¿quién se preocupa aquí? Nadie. Así que, por eso, mientras Trujillo está asustado, corriendo, comprando aviones, porque sabe que si se les meten allí unos cuantos dominicanos y se les alzan, lo derrocan, nosotros estamos tranquilos, absolutamente tranquilos. ¿Qué es lo único que puede hacer Trujillo? Provocaciones, venir un día con sus aviones a tratar de hacer daño, a tratar de provocar, a tratar de atacar.

Vean si no lo que está pasando en Haití: un presidente títere ahí, un infeliz asustado, que mantiene allí la opresión sobre el pueblo de Haití. ¿Qué hace? Estar llamando a los americanos, diciendo que hay amenazas; estar llamando a los americanos, y diciendo que tienen que intervenir; estar llamando a los americanos para decirles que tiene que haber orden aquí en el Caribe y que hay provocación.

Así que mientras provocan a Cuba, mientras se quedan con nuestros aviones, mientras les dan albergue a los criminales de guerra, se confabulan Trujillo y el dictador de Haití para estar escandalizando.

Yo he leído los cintillos, y ni me he molestado en contestarles, señores, ni me he molestado en contestarle a ese infeliz (APLAUSOS), porque tanto él como Trujillo están asustados. ¿Y qué hacen? Hablarles a los americanos. Para que intervengan ¿dónde?, para que intervengan ¿dónde?, porque aquí, en Cuba, aquí no interviene nadie (APLAUSOS).

Y es bueno advertirlo para que no se pongan con provocaciones; es bueno advertirlo para que no se pongan con provocaciones y después estén llamando a potencias extranjeras para que se inmiscuyan en los asuntos nuestros. Porque si ellos son tan inciviles, porque si ellos son tan traidores, porque si ellos son tan indignos que llaman a potencias extranjeras para que les saquen las castañas del fuego, aquí nosotros somos lo suficientemente patriotas y lo suficientemente dignos para decir que aquí no interviene nadie (APLAUSOS). Y que nosotros sabemos cómo se defiende el honor, la dignidad y la soberanía de nuestra patria.

Y lo advierto a tiempo, lo advierto a tiempo para que no se valgan de esos pequeños pretextos, no se valgan de esa intriga y no se valgan de esas provocaciones para decir que hay problemas en el Caribe. Porque, además, el Caribe es nuestro, ¿saben?, y nadie tiene que intervenir aquí en Cuba, por lo menos en nuestra patria nadie tiene derecho a intervenir ni permitiremos que nadie intervenga (APLAUSOS).

Bueno es advertir esto, porque estos pueblos —el haitiano y el dominicano— están padeciendo ahora lo que padeció el pueblo cubano. Son pueblos oprimidos, son pueblos sometidos al hambre, son pueblos sometidos a la miseria. Y como esos dictadores tienen miedo al pueblo, porque vieron lo que pasó en Cuba, están tratando de buscar el apoyo de potencias extranjeras. Eso es lo que les pasa. ¿Para qué? Para mantener la opresión y la esclavización de sus respectivos pueblos, para mantener allí las tiranías, para mantener allí el poder sanguinario y dictatorial. Y con ese propósito están provocando a Cuba.

Pero Cuba está en calma, Cuba está ecuánime, Cuba se sonríe, porque Cuba está firme, Cuba está segura; Cuba, en su Revolución, es invencible.

Así, mientras ellos se asustan, nosotros estamos tranquilos. Nosotros sabemos que tenemos una fuerza más poderosa que los tanques, más poderosa que los cañones y que los aviones, y es la fuerza moral, es el ejemplo. El ejemplo que ha dado Cuba es más poderoso que todos los cañones y todos los aviones y todas las armas que tienen esos señores. Y ese ejemplo será lo que guíe el espíritu rebelde y el espíritu revolucionario de los dominicanos y de los haitianos. Un día se desploma todo aquello, porque aquello está muy podrido, porque aquello está muy carcomido, y porque basta ya —dicen los pueblos— de dictadores que están 20, 25 y 30 años, asesinando, esquilmando y explotando a los pueblos (APLAUSOS).

Bueno es que analicemos estas cosas para que se comprenda mejor la actitud de los defensores políticos de los criminales de guerra. Lo que querían era sumar más enemigos; lo que querían era que Trujillo tuviera más pilotos y más bombas, más pilotos para poder atacar a Cuba. Eso es lo que querían; darles armas a los enemigos de Cuba, darles pilotos a los enemigos de Cuba. Y hablaban en nombre de la ley. Hay dos clases de leyes: la ley justa y la ley injusta. Hay dos clases de derechos: el derecho justo y el derecho injusto. Derecho justo es el que la Revolución está haciendo; leyes justas son las que la Revolución está haciendo. Leyes injustas, derecho injusto, eran las leyes y era el derecho anterior, porque las leyes y el derecho que permitían los abusos que se han cometido en Cuba no pueden ser leyes justas, no pueden ser un derecho justo.

Y aquellos abogados que están acostumbrados a las cosas injustas, son los abogados que cuando se presenta una demanda contra un infeliz inquilino que botaron de su trabajo, o se quedó sin trabajo, o se le enfermaron los hijos y tuvo que gastar el dinero del alquiler en médico y en medicinas, llega el abogado con un juez y lo demandan; y aunque la madre se les arrodille, aunque los hijos lloren en su presencia y les digan que tienen hambre y les digan que están enfermos, que no los boten a la calle con sus muebles y con su familia, ellos permanecen impasibles, no les importa. Llaman al policía, llaman al juez, y echan a la calle al inquilino con su mujer y con sus hijos, y les echan los muebles a la calle y ni siquiera les dicen dónde pueden ir a parar con sus muebles. Los ponen en el medio de la calle.

Son esos abogados que cuando llega la hora de que un geófago bote a un campesino, o a 100 campesinos o a una aldea entera, de las tierras donde han estado trabajando por años, buscaban al juez, buscaban al sargento; llegaban, botaban a los campesinos, no les importaba los años que llevaban allí, no les importaba que se quedaban sin sustento, no les importaba el dolor de aquella familia, los lanzaban de sus tierras como si fuesen animales, y no se compadecían del dolor de esos campesinos. Ellos eran los intérpretes de la ley. Venían con una Gaceta Oficial vieja y amarilla, y con su Gaceta Oficial vieja y amarilla, con su juez, y su sargento y su mayoral, botaban a los campesinos.

Esa era la justicia. Así se ganaban la vida, así se ganaban el dinero. ¿Que venía un especulador, un comerciante grande, vendía a precio de bolsa negra, le robaba a todo el mundo? Enseguida estaban allí defendiéndolo, para que no fuera a la cárcel, y le cobraban. Así se ganaban la vida.

El campesino no, el campesino tenía que soportar todo eso. Cuando venía un malversador, un ladrón de esos que se ha robado millones de pesos, cuando venía un criminal poderoso, allí estaban ellos, lo defendían. No les importaban los familiares de las víctimas, no les importaban los intereses de la república. Los defendían y los absolvían.

¿Quiénes iban aquí a la cárcel? A ver, ¿en Cuba para quién se hicieron las cárceles? Para el infeliz, para el que se robaba dos gallinas. ¡Ah! El que se robaba dos gallinas, ese, ese iba a la cárcel seguro. Ahora, el que se robaba 2 millones de pesos, el que se robaba 2 millones de pesos, ese no iba a la cárcel ni por casualidad. ¿Cuándo hemos visto a un solo malversador de esos que se ha robado un millón de pesos en la cárcel? ¿Cuándo? ¡Nunca! (EXCLAMACIONES DE: “¡Ahora!”) ¿Ahora? ¡Ahora están desaparecidos de la órbita de la tierra!

Yo digo que si esto es verdad o no es verdad (EXCLAMACIONES DE: “¡Es verdad!”). Es una verdad completa, es una verdad absoluta, pero verdades que nunca nadie le quería decir al pueblo, porque, ¿dónde lo iban a escribir? ¿Por dónde? Porque aquí los únicos que escribían...; no era el guajiro que no sabía leer ni escribir, allá metido en la loma pasando hambre. El infeliz no podía ni escribir ni hablar. No le hacían caso. Lo querían mantener en la ignorancia, porque un hombre ignorante puede ser engañado, un hombre ignorante puede ser confundido.

Y así veíamos lo que pasaba aquí: que llegaban las elecciones y venían los politiqueros malos, los politiqueros corrompidos; llegaban al campo, llegaban a la ciudad con su rollo de billetes, encontraban gente hambrienta y enseguida hallaban a alguien que tocara una guitarra, enseguida hallaban a alguien que hiciera un comitecito; llegaban allí y le ponían la mano arriba a la gente; llegaban por ahí y buscaban a todos los compadres, para que los compadres buscaran gente que votara por ese señor.

Y esto, ¿por qué? Porque mantenían al pueblo en la ignorancia y el campesino no sabía nada. Y muchas veces, cuando llegaba un representante, aunque fuera un ladrón, por el hecho de que se tratara de un representante, se sentía de lo más contento de que estuviera en su casa. Claro, si ahora el campesino ve llegar a un tipo de esos allí, yo le digo que tiene que salir corriendo el tipo por todo aquello, porque el campesino ha aprendido mucho, la Revolución le ha enseñado mucho, la guerra le ha enseñado mucho. Y yo les digo que hasta los niños, porque conmigo andaba hoy un niñito de la Sierra Maestra que tiene siete años, y andaba conmigo visitando los ministerios.

Era un niño que lo habíamos conocido en ocasión de una de las operaciones militares que se hicieron cerca de la Carretera Central; un niño muy inteligente que estaba paseándose por allá, por los edificios, de lo más campante. Y aquello me revelaba lo que era nuestra Revolución, aquello me producía una emoción profunda viendo aquel niñito de la Sierra Maestra, que era como un símbolo —aquel niñito que nunca hubiera salido de las montañas—, paseándose por las calles, tan natural; entrando en los edificios, tan natural; y allí conversando con los demás, tan natural. Aquel niño era un rey, aquel niño era el símbolo, aquel niño era el símbolo de la niñez, que va a tener lo que no tuvo nunca, de la niñez que no se quedará en la ignorancia, de la niñez que si tiene inteligencia será el día de mañana la que trabaje para la patria (APLAUSOS). Será culta, será culta y será útil.

Para mí aquel niño era un símbolo. Para mí aquel niño significaba toda la pureza, toda la grandeza y toda la transformación que a nuestra patria está conduciendo la Revolución Cubana.

Eso es lo que vemos hoy, no lo que veíamos ayer. Al pueblo lo mantenían en la ignorancia, porque únicamente sobre un pueblo ignorante podían mantenerse las camarillas políticas; únicamente sobre un pueblo ignorante podían mantenerse los malos gobiernos; únicamente sobre un pueblo ignorante podía erigirse una tiranía sangrienta. Por eso mantenían al pueblo en la ignorancia, por eso no había escuelas, por eso no había maestros. Por eso, y por otras muchas razones, no había reforma agraria. Por eso no había hospitales, porque, como no había hospitales, como los hospitales eran pocos, cuando al campesino se le enfermaba el hijo, cuando al campesino se le enfermaba la mujer —y cuando digo campesino digo pueblo en general—, tenía que tocar a las puertas de un político y decirle: “Mi hijo se está muriendo y no tengo dinero, présteme 10 pesos; mi mujer se está muriendo y no tengo dinero, présteme 10 pesos; mi mujer está enferma y no tengo hospitales, déme una recomendación, déme una carta para el director del hospital, para que me acepten allí, para que me admitan, para que se salve mi mujer.”

Y entonces, el político le daba la carta y le tomaba la dirección. Le hacía el favor y le pedía el voto, y le hacía creer al campesino que le había salvado la vida de la mujer, que le había salvado la vida del hijo; que era bueno. Y como el campesino es noble, como el campesino es agradecido, cuando llegaban las elecciones le daba su voto.

¿Qué le convenía al político, que hubiera o que no hubiera hospitales? Le convenía que no hubiera hospitales, como le convenía que no hubiera escuelas. Y cuando quería mandar a su hijo a un colegio, porque el niño era precoz, porque el niño era inteligente, porque el niño prometía; cuando quería mandar al hijo a un hospital de inválidos, cuando quería obtener el menor servicio del Estado, pues entonces le cobraban con el voto, porque le vendían el favor.

Por eso no había hospitales, ni había escuelas. Porque hasta para buscar trabajo había que buscar la recomendación de un político; para trabajar en las obras del Estado había que buscar la recomendación de un político. Hasta para cortar caña, como dicen aquí, había que buscar la recomendación de un político.

¿Y qué pasaba? Que el país se mantenía en el atraso.

¿Cómo iba a haber acueductos, cómo iba a haber hospitales, cómo iba a haber alcantarillado, cómo iba a haber pavimentación de calles si, además de que no les convenía, se robaban el dinero? ¿Cómo no va a resultar lógico, cómo no comprender que todas las ciudades de Cuba estén sin acueductos, sin escuelas, sin alcantarillados, sin filtros, sin pavimentación, en definitiva, que no haya nada en Cuba?

Si ustedes recorrieran los pueblos como los recorro yo, si ustedes visitaran todas las aldeas y todos los pueblos de Cuba, se asombrarían de ver las cosas que hacen falta. Hacen falta por lo menos 2 000 millones de pesos para construir todo lo que hace falta.

(DEL PUBLICO LE DICEN: “¡No los tenemos!”)

Los buscamos y lo construimos, porque para eso estamos aquí (APLAUSOS). No lo podremos hacer en un día, pero lo haremos, y eso es lo que importa. Nos tardaremos un año, o dos, o tres, o cuatro, pero lo haremos, que eso es lo que importa (APLAUSOS). No podremos hacerlo como por arte de magia, porque no somos magos. No podremos hacerlo en unos minutos, como sería el deseo de todos nosotros; pero sabemos que aunque tengamos que pasar mucho trabajo, que aunque tengamos que luchar mucho, que aunque tengamos que hacer muchos sacrificios, todas las ciudades y todos los pueblos de Cuba tendrán escuelas, tendrán hospitales, y tendrán acueductos, y tendrán filtros, y tendrán alcantarillados y tendrán todas las obras.

Porque hoy vamos a un pueblo y nos piden una escuela, un centro escolar. Es lo que más desean, pero no es eso lo único que necesitan. Lo necesitan todo: casa de socorros, si no tienen hospitales; necesitan alcantarillados, necesitan pavimentación, necesitan parques, necesitan stadiums. Piden una sola cosa de las muchas que necesitan. Y yo llevo mi libreta, y cada vez que paso por un pueblo se me llena una hoja de la cantidad de cosas que necesitan los pueblos. Es extraordinario el abandono.