Discurso Pronunciado En La Concentracion Celebrada En La Avenid
Chapter 1
<< Autor: Fidel Castro
Orientales:
Había estado ya varias veces en Santiago de Cuba después del primero de enero. Los santiagueros me preguntaban cómo era que yo pasaba por Santiago de Cuba y no les avisaba, por qué no me detenía en Santiago de Cuba a hacerles la visita, y yo les respondía siempre: estoy trabajando.
(DEL PUBLICO LE DICEN ALGO).
El pueblo no es el que está hablando; los que están hablando son los que están en la tribuna (APLAUSOS). Siempre pasa lo mismo con los “privilegiados”: se portan distinto del pueblo (APLAUSOS). Yo propondría que en los futuros mítines..., porque una de las cosas que se ha organizado mal hoy aquí es la tribuna. No puedo dejar de decirlo: el acto ha sido maravilloso, la concentración es extraordinaria, asombrosa, increíble; sin embargo, la tribuna está muy mal hecha. ¿Para qué? (APLAUSOS.)
Así que yo felicito a los organizadores por la movilización que han hecho, que se debe, desde luego, fundamentalmente, al entusiasmo del pueblo, pero les critico la tribuna. ¿Cuándo van a aprender los revolucionarios a hacer tribunas? (APLAUSOS.) En las tribunas no debe haber tanta gente. ¿Para qué tribunas, señores, aquí? ¡Que todo el mundo, en el futuro, vaya a los mítines junto con el pueblo y se pare ahí! (EXCLAMACIONES.)
A mí no me importa. Señores, señores, hoy no los vamos a botar, hoy los vamos a criticar. Ellos no tienen la culpa, la culpa la tienen los que hicieron tribunas grandes. Hay que hacer una tribuna chiquita, donde el que habla pueda ver al pueblo; porque si hacen una tribuna grande, se llena de todas maneras de personas. Eso no tiene remedio. El problema es hacer tribunas pequeñas para que no se nos llene de personas. Se puede poner algún lugar para los periodistas, para los fotógrafos.
A mí no me importa hablar solo en una tribuna, ni me importa estar solo. Eso no me preocupa. Mi deber es ese, y no me queda más remedio que cumplirlo, sencillamente. Me paro solo, aunque esté solo en una tribuna. No me preocupa absolutamente nada. Así que eso es para el próximo mitin, porque no creo yo que sea este el último acto revolucionario que tengamos que organizar.
Yo les explicaba... (EXCLAMACIONES). Que no me vayan a hacer quedar mal los del pueblo, ahora. Yo les explicaba que hoy cuando me preguntaban por qué no me reunía con el pueblo, les explicaba que estaba trabajando; que yo no tenía por qué estar dando un acto en todas partes; que yo no tenía por qué estar agitando dondequiera que llegase; que yo reuniría a los santiagueros y al pueblo de Oriente cada vez que fuese necesario, pero que si yo venía a Oriente para visitar la Sierra Maestra, para inspeccionar una cooperativa, para atender cualquier problema, no tenía que estarme exhibiendo, porque mi trabajo no es estarme exhibiendo, mi trabajo no es estar agitando.
Sin embargo, esta vez fue necesario reunir a los orientales. ¿Para hablarles solamente? ¡No! Yo le puedo hablar al pueblo a través de la radio, a través de la televisión... (EXCLAMACIONES DE: “¡No se oye!”). Les decía que yo podía hablarle al pueblo de distintos modos: por la radio, por la televisión, por la prensa.
¿Por qué, sin embargo, fue necesario reunir al pueblo? Fue necesario reunirlo porque el pueblo es la fuerza de la Revolución; fue necesario reunirlo para demostrar la fuerza de la Revolución.
Los sacrificios que ustedes han hecho acudiendo aquí desde todos los rincones de Oriente, no son sacrificios inútiles. Han venido aquí a respaldar con su presencia al Gobierno Revolucionario (APLAUSOS); han venido aquí a demostrar con el número de compatriotas que se ha reunido, la fuerza de la Revolución; han venido aquí para demostrar que la Revolución tiene respaldo, que la Revolución es fuerte, que la Revolución está alerta, que la Revolución es invencible.
Reunir aquí al pueblo es un paso de avance revolucionario. No hemos reunido al pueblo por gusto, lo hemos reunido cuando la Revolución comenzó a encontrar los primeros enemigos, cuando la Revolución comenzó a encontrar la primera oposición. No es que la Revolución haya carecido de enemigos desde el primer momento, hay ciudadanos que son enemigos natos de la Revolución, que son enemigos de todas las revoluciones, pero no surgieron desde el primer día. Los enemigos de la Revolución estaban silenciosos, no se atrevían a hablar en los primeros días. Pero todos sabíamos que cuando las aguas fuesen poco a poco volviendo a su nivel, los enemigos de la Revolución comenzarían a asomar sus orejas.
Y ha sido aquí, precisamente, en la provincia de Oriente, la provincia que llevó todo el peso, o mejor dicho, el peso principal de la lucha contra la tiranía, la provincia heroica, la provincia revolucionaria donde, junto a ese espíritu heroico y patriótico de la inmensa mayoría del pueblo oriental, comenzaron a surgir las primeras manifestaciones contrarrevolucionarias.
Un incidente sirvió como pretexto: el incidente de los pilotos. ¿Qué se quería? ¿Qué se pretendía? ¿Que los pilotos fuesen absueltos? (EXCLAMACIONES DE: “¡No!”) ¿Qué se pretendía, que el pueblo de Oriente, que sabe lo que son bombardeos y ametrallamientos; que el pueblo de Oriente, que sabe lo que son los ataques aéreos porque los sufrió durante dos años y los sufrió en toda la provincia, porque no hubo lugar de Oriente donde no hiciesen acto de presencia los aviones de ametrallamiento y bombardeo piloteados por criminales de guerra...?
¿Quién no sabe aquí lo que es un B-26 cargado de bombas? ¿Quién no sabe aquí lo que son los aviones de caza ametrallando con ocho ametralladoras calibre 50? ¿Quién no sabe aquí lo que son los cohetes? ¿Quién no sabe aquí lo que son las bombas de napalm? ¿Quién no sabe aquí el terror que sembraron durante dos años? ¿Y qué se pretendía? Inferir al pueblo de Oriente la humillación de que los criminales de guerra, los más cobardes criminales de guerra, que fueron los pilotos, porque volaban bajito, porque sabían que no teníamos antiaéreas, porque sabían que el pueblo estaba indefenso… ¿Qué se pretendía, que los pusiésemos en libertad? (EXCLAMACIONES.) ¿Qué se pretendía? ¿Inferir al pueblo de Oriente esa humillación?
El incidente de los pilotos sirvió para demostrar lo que es la irresponsabilidad, lo que es la falta de patriotismo, lo que es la conducta de aquellos elementos de la sociedad que viven desvinculados por completo del dolor y de los sentimientos del pueblo.
¿Qué ocurrió a raíz de la sentencia que absolvía a los pilotos criminales? ¿Qué ocurrió? Pues recibo la noticia por los periódicos: “Absueltos los pilotos.”
¿Qué hice? ¿Cómo reaccioné? Es cierto que se trataba del Primer Ministro, es cierto que tengo una responsabilidad oficial. Pero también es cierto que antes que Primer Ministro y primero que Primer Ministro y siempre antes que Primer Ministro, seré revolucionario (APLAUSOS).
Yo no hice revolución para ser ministro; yo no hice revolución para ostentar cargos. Yo hice la revolución, yo inicié esta lucha revolucionaria, convoqué al pueblo a la lucha, logré el respaldo del pueblo y junto con el pueblo se hizo esta Revolución, primero, para derrocar la tiranía y, después, para hacer justicia (APLAUSOS). Los cargos no me importan.
Antes que nada, yo sabía que algunos me iban a criticar, yo sabía que algunos iban a sacar a relucir que yo no debía hacer declaraciones sobre una cuestión como esa, puesto que por ser Primer Ministro podía interpretarse como una interferencia en las actividades de los Tribunales Revolucionarios. Yo lo sabía y eso no me importó. Lo que no me hubiera perdonado nunca, lo que hubiera constituido un abandono de mis deberes como revolucionario, lo que hubiera constituido una falta a mis obligaciones para con la nación, hubiera sido permitir que esos pilotos hubiesen sido puestos en libertad. Que después que los libertásemos, se marchasen de nuevo a Santo Domingo, se uniesen allí con el resto de los pilotos criminales que lograron escapar y algún día volviesen a Cuba a bombardear los bohíos de los campesinos, a bombardear las casas de las familias cubanas, a bombardear nuestras ciudades; a asesinar mujeres, niños y ancianos, sencillamente, porque en Cuba se habría declarado que asesinar, que bombardear, que ametrallar ciudades indefensas, que ametrallar y bombardear bohíos indefensos, no era delito y que, por lo tanto, podían volver aquí cuantas veces les viniese en gana.
Como se trataba de una cuestión que afectaba la seguridad del pueblo, sin vacilaciones —¡sin vacilaciones de ninguna índole!— hice unas declaraciones diciendo que el fallo era un fallo erróneo, y que el Ministerio Fiscal debía apelar la sanción. Si cuando el criminal de guerra es sancionado, tiene derecho a apelar o a pedir una revisión del juicio, ¿por qué el pueblo —el pueblo que son ustedes, el pueblo que sufrió los bombardeos, el pueblo que sufrió la tiranía— no va a tener derecho también a pedir que una sentencia errónea se rectifique, a pedir que un juicio erróneo se rectifique? ¿Por qué el pueblo no va a tener los mismos derechos que tiene el criminal de guerra? Si el criminal de guerra tiene derecho a recurrir, ¡el pueblo también tiene derecho a recurrir! (APLAUSOS.)
Peor estaba el pueblo bajo la tiranía, porque cuando los aviones venían, cuando los bombarderos venían y ponían en peligro a las mujeres y a los hijos de los campesinos, no tenían a quién recurrir, no tenían a quién llamar, no tenían a quién apelar. Tenían que resignarse a soportar el bombardeo, y no un día, sino todos los días; no un mes, sino dos años. ¡Dos años soportando bombardeos, sin tener a quién acudir, sin tener a quién recurrir!
Así que cuando llegó la hora —porque a cada santo se le llega su día, como dice el refrán—, cuando les llegó la hora y cuando se hace una sentencia errónea, ¿por qué el pueblo no iba a tener derecho a recurrir? ¿Qué querían, que los pilotos se fueran? ¿Qué querían, que nos volvieran a bombardear? Porque si estos eran inocentes, los que se escaparon también eran inocentes. Y si no es crimen bombardear, entonces cualquier día Trujillo puede armar a esos pilotos, venir, tirar, y entonces no es delito. Eso era lo que querían: tener al pueblo indefenso, exponer al pueblo a nuevos peligros.
Y lo bonito es que si vuelven aquí los criminales de guerra a bombardear, “no son esos abogados los que van a salir a defender al pueblo, no son esos abogados los que van a salir a pelear, no; es el pueblo. Porque si hay libertad en Cuba, si ellos pueden hablar hoy en los tribunales, si pueden sacar declaraciones insultantes en los periódicos, declaraciones mentirosas —porque pedían garantías para el ejercicio de su profesión y, ¿quién los molestó? ¿Quién los entorpecía? Hablaron allí hasta por los codos, dijeron todo lo que quisieron, fueron a los periódicos, publicaron cuadros; nadie se metió con ellos. Dijeron que eso era injusto, dijeron que eso era violar las leyes, dijeron cuanto se les ocurrió en favor de los criminales de guerra, y nadie los molestó—, si ellos tienen hoy esa libertad, no es porque estaban peleando para conquistarla; si ellos tienen esa libertad, a quien se la tienen que agradecer es al pueblo, a quien se la tienen que agradecer es a esos mismos campesinos que soportaron los bombardeos. Es al mismo pueblo que, en el campo y en las ciudades, luchó junto al Ejército Rebelde, colaboró con todos los medios a su alcance, hizo todos los sacrificios necesarios y obtuvo la victoria.
Pues, claro, ¿qué otra cosa iba a hacer el señor D'Acosta que lo que hizo en el juicio de Santiago de Cuba? ¿Qué otra cosa iba a hacer, si cuando el pueblo estaba sufriendo los bombardeos, él era abogado del ejército de la tiranía? (EXCLAMACIONES.) Si cuando el pueblo estaba sufriendo los bombardeos y el pueblo estaba peleando, él estaba en Columbia, con un uniforme amarillo, cobrando un sueldo y viviendo allí encantado de la vida.
Viene la Revolución, triunfa la Revolución. El Ejército Rebelde es generoso: busca solo a los criminales de guerra, somete a juicio solamente a los criminales de guerra, e incluso —por lo generoso que fue, porque no quería ensañarse contra el vencido, porque no albergaba odio—, permitió que algunos de esos señores siguieran en su profesión, siguieran de auditores, siguieran, incluso, en los institutos armados. Digo algunos, porque a la inmensa mayoría hubo que sacarla; la inmensa mayoría se rindió. Era un ejército derrotado; pero nosotros no quisimos ensañarnos con ese ejército, y muchos oficiales permanecieron en sus cargos. A aquellos que no habían robado, que no habían asesinado a nadie, pues se lo quisimos tener en cuenta. Porque yo recuerdo bien que cuando nosotros estábamos en la Sierra Maestra, lo mismo que odiábamos a un Sosa Blanco, a un Sánchez Mosquera, a un Morejón, cuando un oficial iba con su tropa y no quemaba casas, y no golpeaba campesinos, y no asesinaba campesinos, nosotros reconocíamos que era un oficial que, aunque defendiendo una causa mala, por lo menos se portaba caballerosamente con el pueblo (APLAUSOS).
Pero este señor ni peleó en el frente. No tuvo oportunidad de probar lo que era. Posiblemente si hubiera estado al frente de la tropa, hubiera sido tan asesino como Sánchez Mosquera o hubiera sido tan asesino como Sosa Blanco; si no, basta con ver el entusiasmo, el fervor y el interés con que ha defendido a los criminales de guerra. Si fuera un hombre con sentimientos humanos, no hubiera demostrado tanto calor al defender a esos asesinos.
Aquí el problema no estaba en que defendiera o en que no defendiera, el problema no estaba en eso, porque nosotros mismos hemos sido los primeros en establecer que el criminal de guerra tiene derecho a un abogado. Y cuando nadie quiere defenderlo, nosotros mismos le hemos puesto un abogado para que no quede indefenso. Lo malo fue que los defensores de los criminales de guerra no hicieron alegatos jurídicos sino alegatos políticos. Se valieron de la oportunidad para empezar a combatir a la Revolución, para empezar a calumniar a la Revolución.
y en los momentos en que nuestra patria, nuestro pueblo está siendo calumniado y está siendo atacado por los enemigos de la Revolución Cubana, por los periodistas mercenarios de algunos periódicos extranjeros que se venden al dinero y al oro del tirano; cuando los representantes de los intereses creados, de los intereses monopolistas extranjeros, atacan a la Revolución —que quiere decir atacar al pueblo, lo que quiere decir atacar a la patria—, salen estos elementos contrarrevolucionarios, salen estos elementos reaccionarios a hacer causa común con los enemigos de Cuba, con los enemigos de la Revolución, a darle pretexto a la campaña de difamación internacional, a darles pretexto a los enemigos de Cuba para que nos ataquen, e inmediatamente que el Colegio de Abogados de aquí tomó un acuerdo, sus colegas de la capital se sumaron también y apoyaron este acuerdo, y sus colegas del Colegio Nacional se sumaron también y apoyaron este acuerdo. ¿Qué impresión y qué sensación estaban dando fuera de Cuba? Pues estaban dando la impresión de que aquí no había justicia.
Y cuando los muy ilustres y los muy distinguidos señores ejecutivos del Colegio de Abogados y del foro —como se les llama— hacían unas declaraciones de que aquello no era justo, de que se violaban las leyes, estaban queriendo dar a entender al extranjero que en Cuba no había justicia, que en Cuba estábamos viviendo igual que antes, que en Cuba no se respetaban los derechos. Estaban dándoles argumentos a los enemigos de Cuba en el extranjero; estaban dándoles aliento para que siguieran en su campaña criminal. Luego no era una cosa insignificante el peligro que significaba el problema de los aviadores en Santiago de Cuba.
Fueron tres peligros que nosotros estábamos en la obligación de conjurar:
El peligro de que los soltaran y vinieran después a bombardear otra vez. Todo el mundo sabe que al lado de Cuba está Santo Domingo, más cerca de Oriente precisamente que de ninguna otra provincia. Todo el mundo sabe que en Santo Domingo está Fulgencio Batista. Todo el mundo sabe que en Santo Domingo hay muchos criminales de guerra. Todo el mundo sabe que allí está Trujillo, que lleva cerca de 30 años oprimiendo aquel país. Todo el mundo sabe que Trujillo es un enemigo de Cuba. Todo el mundo sabe que Trujillo es el que les ha dado asilo, el que les ha dado albergue a los prófugos; no solamente se lo dio ahora, se lo dio también cuando el machadato. Todo el mundo sabe que Trujillo es un asesino internacional. Todo el mundo sabe que Trujillo es un dictador internacional. Todo el mundo sabe que los agentes de Trujillo asesinan a sus enemigos, asesinan a los exilados políticos fuera del país, lo mismo en Cuba, que en México, que en Estados Unidos, que en cualquier parte. Todo el mundo sabe que Trujillo tiene una especie de terror internacional implantado. Todo el mundo sabe que Trujillo, por hacerle daño a Cuba, es capaz de cualquier cosa.
y lo que se pretendía es que, además de los 27 aviadores que se escaparon, les mandáramos a Trujillo y a Batista completico el resto de los aviadores. Unos aviadores que se pasaron dos años bombardeando; unos aviadores que practicaron durante dos años contra el pueblo; unos aviadores que aprendieron a tirar bombas y a ametrallar; unos aviadores entrenados, que conocen el terreno, que conocen cada pueblo, que conocen cada aldea, que conocen cada río, que conocen cada montaña.
Y, ¿qué es lo que querían, qué es lo que pretendían los que aquí enarbolaron la defensa política, los que aquí comenzaron a atacar a la Revolución porque no poníamos en libertad a los pilotos criminales? ¿Qué es lo que pretendían? ¿Que les enviásemos a Batista y a Trujillo sus pilotos, sus técnicos para que volviesen a atacarnos? Y cuando así se actúa, ¿se puede ser patriota? Cuando así se actúa, ¿se puede ser honesto? Cuando así se actúa, ¿se puede ser honrado? (EXCLAMACIONES DE: “¡No!”) ¿Y cuál era mi deber, permitir que soltaran a esos pilotos? (EXCLAMACIONES DE: “¡No!”) ¿Permitir que quedasen impunes sus crímenes? (EXCLAMACIONES DE: “¡No!”) ¿Permitir que Batista y Trujillo se armasen de nuevo a costa del pueblo? (EXCLAMACIONES DE: “¡No!”) Cuando incluso hay en Santo Domingo cinco aviones, cinco aviones cubanos, cinco aviones de los que se fueron, cinco aviones que se llevaron los criminales de guerra en su fuga, cinco aviones que pertenecen a Cuba, cinco aviones que pertenecen al pueblo; cuando están allí, cuando no los han querido devolver todavía, ¿quieren que encima les mandemos los pilotos? (EXCLAMACIONES DE: “¡No!”)
Y no han devuelto los aviones porque, según dice Trujillo, esos aviones volaban sobre el cielo dominicano y, por lo tanto, fueron confiscados; eran naves extranjeras volando sobre el cielo dominicano. ¡No podía ser más descarado! Porque, precisamente, fueron allí porque era el único lugar donde los iban a recibir al seguro, sin problemas. Además, enseguida los recibió como lo que son: sus aliados. Y sin embargo, los aviones no los devuelve porque eran naves extranjeras. El avión donde se fue Batista, el socio de Trujillo, el avión que le robaron a Cuba, dice que son naves extranjeras volando sobre el cielo dominicano y que, por lo tanto, se queda con él.
Su actitud no puede ser más provocativa; la actitud de nosotros no ha podido ser más serena, más ecuánime. Incluso por primera vez, después de 70 días, es que hablo de este tema. No ha podido ser más serena la actitud nuestra frente a la provocación del criminal Trujillo. Hace ya mucho rato que Trujillo está interviniendo en los problemas de Cuba; hace ya mucho rato que Trujillo está perturbando los pueblos del Caribe. No solamente fue la matanza de 10 000 haitianos. Han sido sus crímenes cometidos en distintos países contra exilados dominicanos; han sido las intervenciones en Cuba, cuando el machadato y, con posterioridad, en reiteradas ocasiones. Y ahora se queda con los aviones de Cuba y no le da la gana de devolverlos, tranquilamente. ¿Qué es eso si no una provocación? ¿Qué es eso si no una ofensa a nuestro pueblo?
Desde luego, les voy a decir una cosa, les voy a explicar una de las razones: este caso de Trujillo demuestra que nosotros sabemos actuar con serenidad, porque todo el mundo sabe la mala voluntad que el pueblo de Cuba le tiene a Trujillo. ¿Por qué ni me he molestado? Pues sencillamente, por una razón, por una convicción moral. Si en Santo Domingo hubiera un gobierno de tipo democrático o semidemocrático, pues valdría la pena entonces reclamar los aviones y que los devolvieran. Desde luego, los aviones se han reclamado por vía diplomática, pero ustedes han visto que yo no había hablado siquiera de ese tema, y es que, sencillamente, a mí me repugna dirigirme a un dictador como Trujillo, a mí me repugna dirigirme a un sujeto como Trujillo, a mí me repugna establecer ninguna clase de negociación con un gángster como Trujillo. Y esa es una de las razones por las cuales yo ni me he molestado.
Esos aviones, o los restos de esos aviones, algún día tendrá que devolvérnoslo Trujillo. Yo no voy a decir que sea el pueblo de Santo Domingo quien tenga esos aviones. Quien tiene esos aviones no es el pueblo de Santo Domingo, es Trujillo. Y algún día tendrá que devolverlos, porque el propio pueblo de Santo Domingo, el propio pueblo de Santo Domingo nos devolverá los aviones que hay allí. Nosotros no queremos que nos lo devuelva Trujillo. Lo que deseamos es que nos lo devuelva el pueblo dominicano, cuando Trujillo haya tenido que coger otros aviones para huir también como huyen todos esos dictadorzuelos.
Todo el mundo sabe que cuando se tiene una responsabilidad oficial, tiene uno que ser cuidadoso. Todo el mundo sabe que cuando se tiene una responsabilidad en el gobierno de un pueblo, tiene uno que contener los impulsos. Quizás me sentiría yo mucho mejor combatiendo a Trujillo de otra forma que no fuese con palabras. Quizás los rebeldes cubanos prefiramos la vida del combate y la vida del sacrificio mucho más que los cargos oficiales y las actividades que hoy estamos realizando. Sin embargo, nuestro deber como gobernante nos obliga a ser cuidadosos, nos obliga a no dejarnos llevar por el impulso, y tenemos que resignarnos a tener que condenar desde una tribuna a un dictador al que estaríamos combatiendo gustosamente en las montañas de Santo Domingo (APLAUSOS). Mas no es necesario que nosotros vayamos, en todos los pueblos hay luchadores, en todos los pueblos hay patriotas, y los dominicanos tienen sobrados patriotas y sobrados valientes para realizar allí la misma obra que nosotros realizamos en Cuba.
Algo les hemos dado ya. Les hemos dado el ejemplo, les hemos demostrado lo que puede un pueblo, les hemos demostrado que lo único que tienen que hacer es comenzar, que lo único que tienen que hacer es decir lo que dijimos nosotros: si salimos, llegamos; si llegamos, entramos; si entramos, triunfamos.
Así que a los dominicanos les hemos dado nuestro ejemplo, les hemos dado nuestra escuela, les hemos dado nuestra magnífica experiencia, y tengo la seguridad de que tarde o temprano los dominicanos iniciarán la lucha sin que nosotros tengamos que meternos, sencillamente, porque no hace falta. Desde luego que desde que la Revolución triunfó en Cuba, Trujillo no ha hecho más que comprar aviones, Trujillo no ha hecho más que comprar armas, Trujillo no ha hecho más que organizar batallones y regimientos. Es el miedo, el miedo que le produce el triunfo de la Revolución Cubana.
(DEL PUBLICO: “¿Cuándo nos vamos para allá, Fidel?”)