Discurso Pronunciado En La Ciudad De Santa Clara El 6 De Enero
Chapter 2
Se me ha asignado la jefatura de los tres cuerpos de las Fuerzas Armadas, además del Ejército Rebelde, que era el que yo tenía bajo mi mando. El propósito es hacer un nuevo ejército de la república, tarea que considero que puedo realizar, por la experiencia que he adquirido en estos dos años de lucha y el conocimiento que tengo de los hombres y el apoyo que tengo de estos combatientes (APLAUSOS). La fuerza no me interesa, ni me interesan esas armas con ningún otro fin que servir a la república; y no es que lo diga, lo demuestro. Les interesa tener el control de los aparatos de fuerza, o de las armas, a aquellos que no tienen pueblos, porque quieren entonces alcanzar el poder por la fuerza (APLAUSOS). Quien tenga el pueblo —que es el soberano y es el que elige a los mandatarios de la nación—, no le interesará jamás la fuerza. Y los que tenemos el pueblo —y lo sabremos mantener porque sabremos ser leales a él— no necesitaremos jamás la fuerza. Y por otras razones no nos preocupa la fuerza, por la sencilla razón de que nosotros hace dos años y meses teníamos delante toda la fuerza de la dictadura y nosotros no teníamos ninguna; y, sin embargo, sabiendo que teníamos la razón, vencimos aquella fuerza (APLAUSOS).
Por lo tanto, lo que nos interesa, primero, es la razón; segundo, el pueblo; y en último término la fuerza para ponerla junto a la razón y al pueblo (APLAUSOS).
En estos instantes observamos uniformes con distintos brazaletes, pertenecen a distintas organizaciones. Quizás sea un problema que nos preocupe a todos y les interese a todos conocer nuestro criterio y nuestras ideas al respecto.
En primer lugar, todos somos jóvenes, hemos combatido juntos, juntos hemos ganado la guerra, juntos podemos contar con el cariño de todo el pueblo (APLAUSOS).
Yo le voy a preguntar al pueblo si es que él prefiere brazaletes. ¿Este pueblo a quien pertenece no es a la república? (EXCLAMACIONES DE: “¡Sí!”) ¿Qué es lo que considero a este respecto? Si somos iguales, ¿por qué no nos unimos todos en una sola cosa? (APLAUSOS.) ¿Por qué tiene que haber dos mandos, dos capitanías, y un ejército de uno, de uno y de otro? ¿Qué sentido tiene eso, si todos hemos luchado por la misma causa, y perseguimos el mismo propósito? Yo particularmente eso es lo que pienso, y creo que toda la juventud debe vestir un solo uniforme; nada de brazaletes. Vamos a organizar —por lo menos a los hombres armados—, vamos a organizarlos dentro del uniforme de la República y de todo el pueblo (APLAUSOS). Los civiles —o mejor dicho— los ciudadanos que no tienen armas que se pongan el brazalete. Yo no traigo ni una insignia, ni el brazalete (APLAUSOS). Cuando no tenga una función pública, cuando no tenga una función que pertenezca a la República, me volveré a poner entonces si es necesario la insignia, o la insignia no porque no me la he puesto, ni el brazalete tampoco. Los ciudadanos que no porten armas están en absoluta libertad de actuar, de hacer política, de organizarse donde estimen conveniente; los ciudadanos que porten armas deben vestir un solo uniforme, que no debe pertenecer a ninguna organización. Y lo digo consciente de que la organización que yo fundara y a la que pertenezco —o perteneceré cuando cesen las funciones que hoy tengo— es mayoritaria (APLAUSOS). Si fuera cuestión de saber quién tiene más, yo diría: “que todo el mundo tenga su brazalete”. Pero no se trata de eso. Aquí todos debemos tener un deber muy sagrado por delante, y es velar por el destino de la república y por el interés de nuestra patria (APLAUSOS). Nadie desconfíe de nosotros, porque si nosotros somos traidores, ya el pueblo se encargará de aplicarnos el castigo que merezcamos. Para eso lo hemos enseñado. La lección que le hemos enseñado al mundo entero de que aquí no puede haber dictaduras, que aquí no puede haber más régimen que el régimen democrático, el imperio de la ley de la voluntad soberana de la nación, esa lección que le hemos dado al mundo entero debemos ser los primeros en aprenderla nosotros (APLAUSOS).
Quien tiene fe en el pueblo no puede temer nada, ni dictadores, ni cosas por el estilo, porque el pueblo los saca de ahí, sencillamente, y se acabó. Lo que sí estaría contra los intereses de la República es que no hubiera hecho nunca nada por la patria, no obedeciendo más órdenes que las de su propia organización. Eso podría sembrar la anarquía, eso podría degenerar en gangsterismo, y eso fue causa de muchos males en la época de Machado (EXCLAMACIONES).
La gloria de los revolucionarios, de todos los que han combatido, pertenece al pueblo y pertenece a la historia. ¡Los muertos que han caído, cualquiera que haya sido su brazalete, pertenecen a la patria y pertenecen a la historia, no pertenecen a nadie! ¡Los sacrificios que se han hecho pertenecen a la patria y pertenecen a la historia! (APLAUSOS.)
Y yo estoy seguro de que ese es el sentimiento que vibra en los combatientes revolucionarios, en los bravos y gallardos combatientes que bajo un brazalete o bajo otro, combatieron aquí: en el Escambray, en Cienfuegos, o en Santa Clara, o en Oriente. Porque aquí vinieron a luchar dos columnas que se mandaron de la Sierra Maestra y ayudaron a los combatientes que estaban aquí en esta provincia, y murieron y pelearon junto con ellos. ¡Lo que importaba era el triunfo por encima de todo! Y yo sé que ese es el sentimiento que vibra aquí.
Y si la unión sincera aquí, en definitiva, de todos los elementos revolucionarios no se produce, no será por culpa mía. Yo tengo nada más que esta seguridad: que trataré de ser todo lo justo que humanamente se pueda ser con los que han luchado, y todo lo considerado y todo lo reconocido que humanamente se pueda ser con los que han luchado. Si esto no se lograra sería sencillamente por la ambición de algunos y de algunas, por la vanidad de algunos y algunas (EXCLAMACIONES). Y quien en esta hora gloriosa de nuestra patria, en esta hora grandiosa de Cuba —la más grande de toda su historia, porque por primera vez este pueblo es realmente libre—, pusiese su vanidad, sus cuestiones personales, por encima de la patria, no tendrá nadie que lo siga. Quien actúe mal pierde a sus seguidores, quien actúe mal no le seguirá nadie, porque ningún combatiente de estos que han afrontado la muerte más de una vez va a estar dispuesto a seguirlo (EXCLAMACIONES Y APLAUSOS).
Eso es lo que pienso hoy, pensaré mañana y pensaré siempre; la verdad que estoy dispuesto a decir aquí y en todas partes, discutir aquí y donde sea necesario discutirla, delante del pueblo, que es el que manda (EXCLAMACIONES Y APLAUSOS).
Y cuando tenga una dificultad vendré a ver al pueblo y cuando tenga un problema vendré a ver al pueblo; y siempre agotaré hasta la saciedad los razonamientos, los argumentos, la persuasión, la diplomacia, ¡jamás la fuerza porque no será necesario nunca más usar la fuerza en nuestra patria! Cuando tengamos una queja que exponer, vendremos al pueblo y la expondremos; si el que manda es el pueblo, y si el pueblo está dispuesto a actuar, como actuará siempre, con honradez y con justicia, el pueblo será quien diga la última palabra sobre todos nuestros problemas (APLAUSOS).
Es necesario que en esta provincia, donde lucharon combatientes de muchas organizaciones, estas ideas se expresen con toda claridad para que se conozca nuestro pensamiento. ¡Nada de bendiciones! Nosotros estaremos siempre dispuestos a una cosa: sacrificarnos en lo que sea necesario, trabajar por el pueblo. Cualquiera pensaría que cuando nosotros bajáramos de la Sierra Maestra íbamos a estar encantados, porque se acabarían las lomas, el hambre, y la cosa es al revés: yo les digo que allá en la Sierra dormíamos mas, comíamos más, y descansábamos más; y que aquí en el llano, yo les digo que aquí nadie duerme, por lo menos los que andan conmigo, pues es un viaje muy largo desde Oriente, en camiones, que no vienen en pullman ni en literas: ¡parados!, sufriendo sed, pues por su número excesivo es muy difícil adquirir alimentos, y nadie duerme aquí. Esta mañana, en Sancti Spíritus, a la una y media de la mañana, pues todo el mundo tirado a la calle a las cuatro de la mañana; el pueblo ya no tiene ni hora, ni de día, ni de noche (APLAUSOS). ¡Sin que nadie haya dormido, sin que nadie haya dormido un minuto! Salimos de allá por todos esos caminos, llegamos aquí, nos reunimos con distintos compañeros, hablamos con numerosos vecinos de aquí de este lugar, y volvimos aquí. Y de aquí salimos, y el domingo llegaremos a La Habana, llegaremos a Pinar del Río, y ¡no duerme nadie aquí! ¡Estamos dedicados a trabajar!
Hemos aprovechado este viaje, porque es un recorrido planeado no precisamente para dar estos actos; teníamos el recorrido, porque en aquellos momentos fue que comunicamos con el Comandante Ernesto Guevara, que fue el héroe de la batalla de Santa Clara (APLAUSOS Y EXCLAMACIONES), el líder, el dirigente, el jefe que dirigió la operación, con el apoyo de los demás núcleos que había en la provincia (APLAUSOS), y que todos pagaron un precio muy elevado de sangre.
Porque se comunicó conmigo, me decía que se dirigía hacia Santa Clara. Por aquellos momentos estábamos nosotros preparando el ataque a Santiago de Cuba, y yo le respondí que antes de siete días pensaba estar en la provincia con una gran columna motorizada, que pensaba transportar un vehículo. Posteriormente, se produjeron los acontecimientos del día primero de enero y se le comunicó al compañero Guevara, así como al compañero Camilo Cienfuegos, la orden de avanzar rápidamente. El me dijo que le quedaban unos 300 soldados cansados, que los podía mantener un mínimo de hombres, y avanzar hacia La Habana. Era urgente avanzar hacia La Habana y atacar La Habana, mientras nosotros atacábamos Santiago y otras fortalezas.
El recorrido tenía por objeto transportar la columna en apoyo de los compañeros que iban hacia la capital; yo pensaba pasar rápidamente. Pero en eso se cae, mejor dicho: fue derrocada la tiranía, porque no se cayó: la derrocaron (EXCLAMACIONES Y APLAUSOS), al dictador y a los que quisieron sustituirlo; en un día se cayeron dos: Batista y Cantillo (EXCLAMACIONES).
Ese era el objetivo del viaje. Yo no tenía pensado hacer una marcha triunfal, ni mucho menos; me parece que eso estaría un poco fuera de lugar en este momento. Yo me he detenido en los pueblos porque me han detenido en los pueblos, el pueblo (EXCLAMACIONES Y APLAUSOS). Y no he podido hacer otra cosa que hablar con el pueblo, a pesar de que me parecía que era necesario que estuviésemos en La Habana cuanto antes, y todo el mundo sabía que necesitábamos estar en La Habana cuanto antes; pero ya veníamos en este recorrido, y no podía menos que atender el deseo del pueblo de hablar con nosotros y de saludar a los combatientes del Moncada.
Ese ha sido el origen de estas reuniones. Pero he querido aprovecharlas —visto de que se reúnen en todos los pueblos gran cantidad de compatriotas, y visto que la prensa se ha interesado mucho por divulgar nuestro pensamiento—, para ir aclarando una serie de ideas fundamentales. No obstante, el cansancio y el exceso de trabajo no nos permite organizar nuestras ideas debidamente; no nos deja siquiera un minuto libre antes de cada comparecencia ante el pueblo. A través de los distintos actos hemos ido, sobre todo, sembrando en nuestros compatriotas esta idea, porque la Revolución ha triunfado firmemente, porque la victoria del pueblo ha sido total, y que de ahora en adelante el pueblo comprenda lo que ha obtenido; que no se trata de que haya triunfado el movimiento tal o más cual, que el pueblo comprenda porque tiene que darse cuenta de que ha triunfado él (EXCLAMACIONES Y APLAUSOS). Y, por lo tanto, no se trata de que me digan a mí o a los demás compañeros que tenemos una gran responsabilidad sobre los hombros, sino soy yo el que le digo al pueblo que tiene una gran responsabilidad sobre los hombros, porque tiene la responsabilidad de gobernar la república (APLAUSOS).
No se puede dejar confundir, no se puede dejar engañar. Porque vendrán los demagogos, vendrán los oportunistas y vendrán los descarados a querer confundir al pueblo. ¿Quieren unir al pueblo? Lo que tratarán es de dividirlo, lo que tratarán es de engañar. Y si ustedes castigan a 10, dirán que es muy poco, que había que castigar a 30; y si usted castiga a los 30 dirá que es mucho, que había que castigar a 10, que es un crimen. Porque siempre habrá razones que exponerle a la gente, de enfrentar sus sentimientos y confundirlo, pero el pueblo tiene que estar muy alerta. Por fortuna el pueblo tiene un gran sentido crítico y un poder de adivinar quien es demagogo y quien no lo es. Si yo les preguntara aquí, de ciertos personajes conocidos: ¿fulano de tal qué tal es? “¡Ese es un sinvergüenza!” Si preguntara de otra persona, dirían: “ese es un hombre decente, serio, noble, bueno”; porque nos conocemos todos aquí y conocemos los sentimientos de todos.
El pueblo tiene que estar muy alerta, no puede creer que en un día vayamos a resolver todos los problemas, que ustedes y nosotros vayamos a resolver los problemas de Cuba. Les voy a decir más: vamos a equivocarnos más de una vez, porque nosotros no tenemos que ser infalibles; empieza el pueblo a gobernar y puede equivocarse.
Cuando empezó la guerra nosotros no sabíamos nada de guerra, y tuvimos los primeros reveses, y ni Camilo Cienfuegos ni Ernesto Guevara, ninguno de esos compañeros en aquella época sabía tomar ciudades ni mucho menos, sabía hacer una emboscada chiquitica a los soldados y nos teníamos que conformar con eso (RISAS Y APLAUSOS). Pero fueron aprendiendo día a día, mes tras mes, y hoy se les puede mandar a tomar cualquier ciudad, porque son ya verdaderos militares, y hombres capaces de llevar a cabo cualquier objetivo militar (APLAUSOS). ¡Aprendieron!
De los ministros jóvenes que están señalados, yo les puedo decir una cosa: están llenos de las más sanas intenciones del mundo (APLAUSOS Y EXCLAMACIONES DE: “¡Bravo!”). Ahora, que se pueden equivocar, porque nunca han sido ministros (RISAS), y nadie nace sabiendo ni aprende las cosas al nacer; se van a equivocar, se los advierto. Pero sí les aseguro que van a aprender sobre la marcha, y les aseguro que esta generación va a dar formidables gobernantes como ha dado formidables guerreros. Lo que hay es que darles oportunidad, poner los revolucionarios a trabajar, todo el que quiera. Y si algo puedo hacer por la gente joven, cualquiera que sea la organización, que me venga a ver. Porque tenemos que hacer por los revolucionarios lo que sea necesario, y saber, sobre todo, que en este momento pertenecemos al pueblo (APLAUSOS).
Y pueden tener la seguridad que si en este sentido no se ha avanzado más, no es culpa nuestra; y si culpas hay, que se sepan en el futuro, cuando llegue el momento de que se sepan, porque a esta hora debíamos estar más unidos los revolucionarios (APLAUSOS), y que no hubiera estas dificultades de si tomó el Capitolio, de si tomó Palacio. ¿Dificultades por qué? Y en esta hora, cuando tenemos que estar todos muy unidos, y vuelvo a repetir que culpa nuestra no ha sido ni será, porque con José Antonio Echeverría fui como un hermano; con l me uní en Miami, allí suscribimos el pacto y siento que no esté vivo, porque aquel muchacho era todo espíritu santo, todo amabilidad, todo lo que se merece (APLAUSOS Y EXCLAMACIONES DE: “¡Bravo!”). Siento profundamente, siento profundamente que haya muerto, porque aquí hacía mucha falta en esta hora y porque aquí estaría abrazado conmigo el compañero José Antonio Echeverría (APLAUSOS).
(ALGUIEN LE DICE: “Dígame algo de Hubert Matos; estoy desesperado por saber de él”). Hubert Matos está en estos momentos transportándose con la Columna 9 hacia Camagüey, donde se le da el mando del Regimiento aquel, ahora Regimiento de la Revolución.
(ALGUIEN DICE: “El y el hermano de Fidel que no sabemos de él). ¿El hermano de Fidel? Está en Santiago de Cuba, en el Cuartel Moncada (APLAUSOS).
Y como sé que hay un desinterés extraordinario en esta juventud, una moral extraordinaria en esta juventud, la juventud revolucionaria se unirá toda como está unido el pueblo, que es lo que hará grande y feliz nuestro destino. Tan grande es el desinterés de la juventud en esta hora, que les voy a decir una cosa a ustedes: nadie quiere ser ministro; al revés de la política, que todo el mundo está aspirando, que todo el mundo aspira, usted agarra a un compañero de muchos méritos y le dice: “Oigame: el Presidente quiere que usted sea ministro”, y le dice: “no, no, yo no quiero”. Llama a la gente para que sea alcalde y nadie quiere ser alcalde, y es increíble, es extraordinario el desinterés de nuestra juventud, que para que un señor sea ministro haya que darle una orden, haya que obligarlo a ser ministro (APLAUSOS).
Y creo que eso lo dice todo: por poco no hay ni Consejo de Ministros, ¡nadie quería ser ministro! ¿Alcaldes? Costaba un trabajo tremendo para encontrarlos; nadie, ningún combatiente quería ser alcalde (APLAUSOS). Sin embargo, yo estoy seguro de que si ustedes van allá, a ciertos círculos, de los que no han hecho nada en esta Revolución, y llama a la gente para ser ministros, se le aparecen doscientos (RISAS Y APLAUSOS). Porque el que no se sacrifica, el que no se sacrifica ese es el que quiere recoger los frutos.
Y esto para mí ha sido una lección más, porque todos los días se aprende algo nuevo. Y eso de ver que nadie quiere ser nada aquí, no como en los mítines en la política, que todo el mundo quiere estar en la tribuna para venir a meterle cuatro mentiras al pueblo; y tratándose de un mitin revolucionario, hay que obligar a la gente a que venga a hablar, hay que ir a hablar. ¿Se puede concebir espíritu más puro y más desinteresado en nuestra juventud, en nuestros revolucionarios? ¿No es como para tener fe en ellos? ¿No es como para creer en el destino de nuestra patria después de todo lo que estamos viendo? (APLAUSOS.) ¡Eso es lo que hay!
Quiero, al continuar mi ruta hacia la capital, dejar en mis compatriotas y en mis compañeros de Revolución —cualquiera que sea el brazalete— de esta provincia, la seguridad de que triunfaremos, la seguridad de que los hombres que han hecho esta Revolución están inspirados en las mejores intenciones del mundo, y que serán leales, porque somos leales con los que son leales a nosotros, queremos a los que nos quieren. Así somos los cubanos, así somos todos, así somos todos nosotros (APLAUSOS).
Esa confianza y esa fe es nuestra: la que ustedes tienen en nosotros y la que nosotros tenemos en ustedes. Nosotros seguiremos adelante, pero ustedes quedarán aquí con la seguridad de que siempre tendremos el pensamiento puesto en nuestro pueblo y que ustedes tendrán la confianza y el pensamiento y la fe puesta en sus triunfos. Hacía tiempo que la fe había muerto en nuestra patria. Duro tuvimos que luchar para despertarla en el pueblo, porque ya nadie creía en nada ni en nadie. Y a nosotros nos dejaron esa herencia. Veníamos a trabajar, queríamos derrotar a la dictadura, íbamos a buscar dinero. Y a veces pedía uno con la certeza de que aquel a quien le pedía dinero se quedaba pensando que uno era un pillo, que lo que quería era lucrar con la Revolución; porque había habido muchos pillos.
Porque todos no somos iguales. Y estos revolucionarios no iban a ser como los revolucionarios aquellos de “pacotilla” que tiraron cuatro tiros cuando Machado y se pasaron veinte años diciendo que eran revolucionarios, y que les dieran “botellas” y que les dieran puestos (APLAUSOS).
Estos revolucionarios de hoy sí que no quieren ni que les paguen nada, porque los dos años que han estado peleando, los seis meses, el año o el año y medio, eso no se lo va a cobrar nadie a la república; nosotros no vamos a cobrar sueldos, ni pensiones, ni cosa que se les parezca (APLAUSOS).
Aquí no importa que no haya dinero, o que los prófugos de la dictadura se lo hayan llevado casi todo. Lo que sí hace falta es trabajo, y nosotros estamos dispuestos a trabajar lo que sea necesario sin cobrar nada, como hemos estado peleando hasta ahora (APLAUSOS).
Esta juventud no defraudará a la patria esta vez; estos revolucionarios, porque lo son de verdad, porque han tenido que luchar muy duramente, no andarán diciendo: “yo soy revolucionario”, sino: “ya el pueblo lo sabrá”. Y el que se aparezca haciendo alarde de lo que hizo, posiblemente ese no hizo nada, porque el que hizo algo, no hace alarde (EXCLAMACIONES Y APLAUSOS). Ni pensará caer en los ministerios como una plaga a pedir “botella”, ni a andar con una pistola al cinto exigiendo cosas.
Y los estudiantes, que tanto han contribuido a la Revolución, no llevarán su fusil allí a la universidad para ponerlo en el pupitre, al lado del profesor para pedirle que le den buena nota; dejarán el fusil en el cuartel o en su casa —en su casa no, en el cuartel que es donde tienen que estar las armas de los revolucionarios—, irán a estudiar allí, ¡a estudiar de verdad! (APLAUSOS.)
Nadie irá a pedir la nota a título de que fue un héroe, porque tiene que ser allí también héroe no solo en el campo de batalla sino también allí, estudiando y actuando en concordancia. Mientras más grande sea su mérito como combatiente, más obligado está con el pueblo, y más obligado está con su conducta.
Y no aparecerá aquello que apareció cuando Machado, que salieron los pseudorrevolucionarios a pedir que les regalaran las notas y les regalaron los títulos, porque esos les hacen daño a la patria. Cursos breves, facilidades para que los que perdieron uno o dos años los recuperen, ¡sí, eso es justo! (APLAUSOS.) En seis meses se puede estudiar lo que se aprende en un año, y la mejor prueba es que casi todos los estudiantes estudiaban en dos meses lo que tenían que estudiar en un año y sacaban buena nota (APLAUSOS).
Pero a estudiar para capacitarse, porque lo que la república necesita no son sacadores de notas, falsos graduados, sino verdaderos graduados y hombres capacitados, porque esta es la hora en que se podrá poner al servicio del país toda la capacidad de nuestro pueblo (APLAUSOS).
Y los estudiantes tendrán derecho a pedir no que les regalen materia de examen, sino que les busquen buenos textos y buenos profesores (APLAUSOS). No habrá más huelgas porque les quiten un capítulo más o menos, porque esas huelgas lo que dan es vergüenza, y no creo que ningún revolucionario esté de acuerdo con eso. Que si hay una huelga es porque el profesor no viene a clases y les está haciendo perder el tiempo, que si hay una huelga es porque los libros de textos no sirven, que si hay una huelga es por reclamar mejores programas y mejores sistemas de enseñanza.
La reforma del sistema de enseñanza en Cuba es muy necesaria. Tenemos a toda la juventud estudiando bachillerato, y cuando terminan no se pueden ganar la vida en ninguna parte porque no tienen un título (APLAUSOS).
Yo he dicho muchas veces que el bachillerato es un kindergarten para mayores a donde los padres mandan a los muchachos porque no quieren que anden por la calle haciendo otra cosa, pero que no se aprende nada allí; allí la cosa es elemental, pero nada útil y nada práctica. Lo que le hace es perder criminalmente a la juventud cinco años.
Yo considero que hay que reformar completamente los sistemas de enseñanza. Lo que hay que hacer es una comisión de los cinco o seis mejores pedagogos de Cuba y hacer un estudio cabal de nuestro sistema de enseñanza (APLAUSOS), y adoptar planes de estudios ajustados a las necesidades de nuestra patria y a las necesidades industriales de un estado moderno, en el siglo XX, y no un método de enseñanza anacrónico por completo. Eso es lo que deben demandar los estudiantes.