Discurso pronunciado en Guantánamo, el 3 de febrero de 1959

Chapter 2

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Si al chivato lo fusilamos le hacemos un favor, si al chivato lo condenamos a muerte le hacemos un favor. Para el chivato será mucho peor estar preso durante 30 años, condenado a trabajos forzados, porque tendrá que llevar esa culpa sobre él, tendrá que llevar ese dolor sobre él; porque si no tiene vergüenza ni tiene conciencia, en cambio, cuando tenga que trabajar 8 ó 10 horas todos los días, va a tener oportunidad de saber las consecuencias de lo que es haber aspirado a vivir de la delación y de la sinvergüencería.

Naturalmente, no tenían la culpa solo los chivatos. Una de las causas de que hubiese tantos chivatos en el país es que había tanta miseria en este pueblo, ha habido tanto mal ejemplo en este pueblo, ha habido tanto gobernante ladrón y sinvergüenza, ha habido tanta impunidad, que yo recuerdo casos de chivatos por miedo, casos de chivatos por infelicidad, de este tipo moralmente sin contextura ninguna, tipo cobarde, que del miedo que les tenía a los soldados de la dictadura pues iba allí a dar una noticia lleno de terror y lleno de miedo.

Todos los hombres no tienen el mismo temple, pero es lógico que incluso esos cobardes y esos tipos que fueron chivatos más bien por miedo que por otra razón, esos también tienen que ser castigados indefectiblemente.

Ese tipo de hombre hay que eliminarlo de nuestro medio social, y ese tipo de hombre será eliminado de nuestro medio social cuando se acabe el mal ejemplo, cuando se acabe el abuso, cuando se acabe la discriminación, cuando se acabe la explotación. Porque una sociedad como ha sido la sociedad cubana, tenía que producir un tipo como el esbirro y un tipo como el chivato.

La sociedad nueva que estamos creando no producirá ni chivatos ni esbirros, porque los hombres crecerán, los hombres vivirán y los hombres se educarán en una mentalidad enteramente nueva. Como el hombre es en gran parte producto del medio ambiente donde vive, en el futuro ni habrá dictaduras, ni habrá esbirros, ni habrá chivatos, porque la tarea de la Revolución es precisamente reformar ese medio ambiente y poner fin no a la dictadura, sino a las causas que originaron la dictadura; no solo a los esbirros, sino a las causas que originaron a los esbirros; no a los chivatos solamente, sino a las causas que hicieron posible el chivato, que es un ser despreciable que va a desaparecer también de aquí.

Lamentablemente ninguna obra es perfecta. Imposible encontrar para cada pueblo un jefe militar eficiente, inteligente, de mente ágil; imposible encontrar para cada pueblo un rebelde que sea un juez formidable: el resultado es que hay por ahí más de un chivato que se ha colado y se está haciendo el bobo (EXCLAMACIONES DE: “¡Es verdad!”).

Yo decía que eso obedecía al hecho de que es imposible encontrar un jefe perfecto. Ustedes tienen que tener en cuenta que nuestros oficiales no estudiaron en academias, que nuestros oficiales se hicieron peleando en las montañas, que son muchachos llenos de buenas intenciones, que son muchachos de vergüenza, pero que todos no tienen esa experiencia, esa habilidad para hacer las cosas perfectas, y solamente el tiempo los enseñará.

Cuando nosotros desembarcamos en playa Las Coloradas no sabíamos nada de guerra, y tuvimos que aprender a lo largo de dos años de lucha. Así, de la misma manera, muchos compañeros de nosotros todavía no tienen experiencia en la paz para manejar infinidad de problemas que hay y entonces las cosas no salen perfectas. Pero no es porque aquí se quiera perdonar a nadie.

Yo cada vez que tengo noticias de un chivato que se escapó lo mando a detener. Y cada vez que... (SALTO EN LA GRABACION)... si cuando haya que fusilar a un señor existiera duda, no se debe fusilar; aunque se sepa que es un criminal, si todo el mundo no está convencido, entonces hay que condenarlo a otra pena.

Pero lo que les quiero decir es que esos casos obedecen a las circunstancias de que todo el mundo no es un funcionario perfecto.

Otra cosa, en cuanto a los fusilados. Yo les decía que no podíamos fusilar a todos los chivatos porque eran muchos miles, eso era imposible, y que la medida es hacerlos trabajar. Fusilar a los criminales notorios, porque ya eso es un gran ejemplo, y entonces aplicar la sanción de cadena perpetua, o sea el equivalente de 30 años de cárcel con trabajos forzados, que es también una sanción, y procurar que no quede nadie sin castigo. Esos individuos ustedes saben que todos llevarán sus penas, incluso aquel que se pueda escapar y quede en la calle llevará la pena de que le digan que es chivato.

Miren, ayer en Charco Redondo, en el mitin de ayer —mejor dicho, fue hoy; porque iba a ser por la noche, pero fue de tres y media de la madrugada a cinco porque yo llegué a esa hora allá a Charco Redondo—, hubo un señor que se subió a la tribuna y quiso hablar para plantear un problema, y habló, y se paró uno que estaba en un caballo y dijo: “Ese es chivato.” Lo denunciaron varias personas. Entonces yo le dije al sindicato que organizara una comisión para investigar si era o no chivato y que si era chivato que lo mandara a los tribunales.

Pero es que el que no ha estado claro lleva la pena con él de que en cualquier momento se vayan a parar y digan: “Este es chivato.” Y eso es una gran pena. Yo les digo que es mejor estar en la cárcel que estar pasando esa vergüenza, aunque ellos no tengan vergüenza. Pero de todas maneras a nadie le gusta, no le puede gustar que lo saquen, y lleva la pena consigo.

Así que aquí todo el mundo, en un mayor o menor grado, va a quedar castigado.

También hay el bombín, ¡también hay el bombín! El bombín es otro tipo de personaje que se cuela, se cuela en momentos como estos, ¿no? Tiene una gran... (SALTO EN LA GRABACION)... Porque yo les voy a decir una cosa, y es que aquí todo el mundo tiene que seguir una línea muy recta.

Yo les quiero decir a ustedes que nosotros, por ejemplo, Raúl y yo, hemos seguido una línea inflexible. No hay un solo familiar de nosotros que tenga un puesto, quiero que lo sepan (EXCLAMACIONES DE: “¡Es verdad!”). Yo quiero que sepan que incluso una hermana mía, que fue revolucionaria y que nos ayudó muchísimo, tenía un modesto empleo en donde trabajaba antes del 10 de marzo, en un departamento del Estado, y ella siempre decía: “Yo lo único que quiero es que cuando la Revolución triunfe a mí me devuelvan mi modesto empleo.” Bueno, pues ni eso le hemos dado nosotros, porque si no se les puede devolver el empleo a todos los que lo tenían antes no se le debe devolver a nadie porque sea hermana (APLAUSOS).

¡Ah!, es revolucionaria, pero nosotros somos los primeros en pedirle que se sacrifique, en pedirle que no acepte nada.

Nosotros teníamos otro familiar que era oficial del ejército y que a raíz del 10 de marzo lo sacaron. Pues tampoco ha ingresado en el ejército, porque el problema de nosotros es que no queremos que nunca nos puedan señalar y nos puedan decir: “Mira, le han dado un empleo a un familiar.” Aunque tenga derecho, nosotros preferimos pedirle que se sacrifique, porque hemos estado muy acostumbrados al nepotismo, y nosotros queremos llevar una línea muy recta, muy recta en todo.

Yo les aseguro que son muy pocos los hombres a los que nosotros hemos situado en determinadas posiciones, muy pocos; pero sí les aseguro que en esos no hay ningún bombín, porque son revolucionarios probados, revolucionarios viejos. Pueden haberse colado por ahí unos cuantos bombines; pero no hay que apurarse, que ya los descubriremos y ya los quitaremos (APLAUSOS).

El problema desde luego es en el Estado.

Otra cosa que voy a decirles, el Estado está hipertrofiado: una cantidad de organismos paraestatales que el Estado más parece un monstruo que otra cosa.

Usted saca una lista de departamentos del Estado y se asombra. Por casualidad hace tres días me cayó una lista, que pedí una lista para ver quiénes eran los que estaban por ahí para tener una idea, porque oí hablar de bombines y eso (EXCLAMACIONES DE: “Hasta capitanes hay”).

No, ¡hay muchos que se han puesto estrellas, se han puesto galones y todo! Pero no se apuren (EXCLAMACIONES Y APLAUSOS).

Son cosas muy curiosas, han aparecido una mano de oficiales tremenda. Seguro que esos no fueron de los que pelearon. El que peleó se ganó los grados y nadie se los tuvo que poner (ALGUIEN LE DICE: “Como Mendoza”). Como Mendoza, por ejemplo, que se ganó sus grados peleando y que fue herido en dos combates; es capitán.

Hay algunos por ahí que se han colado, pero a esos los limpiamos también, los limpiamos en el sentido de que los quitamos, ¿saben? Hay quien no ha tirado un solo tiro aquí, no ha peleado, y es capitán. Entonces yo digo: “Menos mal que aquí el grado máximo que nosotros nos pusimos fue el de Comandante, porque si nos hubiéramos puesto el de general aquí habría como 100 mariscales de campo” (EXCLAMACIONES Y APLAUSOS).

No puedo concebir vanidad más ridícula que la de que un tipo sin mérito alguno se quiera poner estrellas. Señores, ¿y las estrellas para qué? Nosotros nos las pusimos porque teníamos que hacerlo, pero nosotros somos exactamente lo mismo con estrellas que sin estrellas, con uniforme que sin uniforme (APLAUSOS). Si llevamos este uniforme es porque no se ha deshonrado y porque no queremos que se deshonre el uniforme, y porque queremos seguir inculcando en nuestras fuerzas y en nuestros institutos armados revolucionarios el espíritu que tuvo el Ejército Rebelde. Cuando eso esté hecho, sobra el uniforme y sobran las estrellas.

Afortunadamente podemos decir que esta es la única guerra y la única Revolución que no ha producido generales ni coroneles; pero cuando veo a esos tipos que se hacen los bobos y se ponen un galoncito por aquí... Claro, como no se sabe en la calle —incluso vienen de La Habana y van para su pueblo, y vienen de su pueblo y van para La Habana, de todos los frentes— y usted no va a estar registrando a todo el mundo —además, esta es una época en que no se anda registrando a la gente ni pidiéndole el carnet, ¿no?—; pero cuando llegue la hora de dar los carnets ya averiguaremos quién se ganó los grados peleando y quién es el que hasta se ha puesto un uniforme y, haciéndose el bobo, se está dejando crecer la barba (EXCLAMACIONES Y APLAUSOS).

No crean que nosotros ignoramos esas cosas, pero ustedes deben tener presente que tenemos mucho que trabajar. Como me ha pasado a mí, que hace tres o cuatro noches que no descanso, que el último mitin que di, lo di esta madrugada de tres y media a cinco; si tengo que llegar aquí, si de aquí tengo que ir para Manzanillo, y si hemos tenido un trabajo enorme, es imposible.

No es como cuando estábamos en la Sierra, en la Sierra no se me escapaba nada de eso. Aquí pues se necesita tiempo para que se vaya organizando todo —porque es toda la república— para descubrir al bombín, para descubrir al que se hizo el bobo y se puso un uniforme y se puso unos galones. Yo le recomiendo al que se haya puesto unos galones que se los quite, se lo recomiendo (EXCLAMACIONES Y APLAUSOS).

Esta Revolución no se hizo para que los tipos anden de pepillos exhibiendo méritos que no tienen y estafando a la gente, porque eso de ponerse unos galones y unas barbas que no se ganaron en combate, es una estafa y una tomadura de pelos. Y que se anden listos los que se han autonombrado oficiales, porque pueden ir para Isla de Pinos o pueden ir a trabajar junto con los chivatos (APLAUSOS).

También hay mucha gente con uniforme. Yo me he encontrado cada tipos con uniforme por aquí, que lo menos que uno puede pensar es: ¡Mira que este señor es descarado, se ha puesto un uniforme! (LE DICEN ALGO DEL PUBLICO.)

Pues ahora, después que costó tanto trabajo hacer esta Revolución, después que costó tanto trabajo darle prestigio y darle simpatía al verde olivo, hay gente con verde olivo incluso que va a una tienda, compra y no quiere pagar, quiere hacer lo mismo que los guardias. Hay delincuentes que se han disfrazado de verde olivo, pero a esos los descubrimos nosotros y los eliminamos, porque no es justo que después de todos los sacrificios que ha hecho el Ejército Rebelde por darle prestigio al verde olivo, ahora vengan algunos pícaros a ponerse un uniforme, valiéndose de estos momentos iniciales en que todavía no está todo organizado.

Pero yo lo que sí les aseguro es que no hay mal que no tenga remedio, y no van lejos los de alante si los de atrás corren bien —-como dice el refrán popular, ¿saben? (APLAUSOS.) Así que bombines y descarados de los que se han puesto grados, esos van a tener que justificar en cuántas batallas pelearon, cuántas batallas dirigieron, qué servicios prestaron a la Revolución para poder ostentar el grado que tienen. Y el que no lo justifique, ahora cuando quede reestructurado el ejército revolucionario, pues sencillamente se quedará sin uniforme y sin grados.

Con respecto al campo, yo puedo anunciarles a los campesinos que no tendrán al soldado en el campo. Vamos a organizar una policía rural igual que la del Canadá: una policía montada (APLAUSOS). Va a ser un individuo... (DEL PUBLICO LE DICEN ALGO.)

Les iba a decir que estamos organizando una escuela para los hombres que vamos a mandar al campo. Entonces, el ejército no va a estar ni cerca de las ciudades. Los batallones del nuevo ejército de la república tienen que estar en las montañas siempre, nada de campamentos en las ciudades. El holgazán no. Antes se buscaba al más holgazán, y a ese era al que metían a soldado. Yo recuerdo de muchacho un cantico que terminaba: “Te metiste a guardia rural, sinvergüenza, por no trabajar” (RISAS). Resulta que buscaban al más vago del pueblo para meterlo, y ahora el que quiera ser soldado tiene que ser el más trabajador, porque ese no puede estar durmiendo en un catre todo el día ni durmiendo siestas. Ese tiene que estar siempre entrenándose, subiendo y bajando lomas; si no sirve para eso, que se vaya para su casa, porque no queremos tener un ejército tan porquería como era el ejército que tenía la dictadura (APLAUSOS).

Como ese ejército no se tendrá para oprimir al pueblo, sino para defender la soberanía del país; ese ejército no se tendrá para abusar de nadie, es necesario por tanto que sea un ejército bueno, un ejército entrenado y un ejército que no se dedique a la bolita, ni al juego, ni a la prostitución, ni ninguna de esas cosas a las que se dedicaba aquí el ejército.

Para el campo se acabó el guardia rural, ¡se acabó! Ahora va un hombre con un uniforme distinto. Lo vamos a entrenar durante seis meses; y nada de tener 10 guardias en un central, eso es absurdo, con dos sobran, porque de ahora en adelante el que va a mantener el orden es el pueblo, señores. Antes los que querían mantener el orden y no lo podían mantener eran ellos. ¿Por qué? El pueblo no colaboraba con el orden, porque los principales delincuentes eran las autoridades y el pueblo estaba resentido siempre.

Ahora, un ladrón que se robe hoy una gallina aquí, mañana un cochinito allá y luego un caballo en el otro lado, ¿a quién perjudica? Al pueblo, a los vecinos, porque nadie se siente seguro. Y aquí hay que vivir de tal manera, que nadie tenga necesidad de llave ni candado en su casa, ¿comprenden?

Entonces, ¿quién es el que tiene que averiguar quién es el que roba y meterlo preso? (EXCLAMACIONES DE: “¡El pueblo!”) ¡El pueblo!

Así que para qué vamos a tener 15 soldados en un central. Los 15 soldados se tenían en el central para apalear a los trabajadores; los 15 soldados se tenían en el central a las órdenes del administrador del central, ¿comprenden? Porque aquí el sargento y el teniente, lo que hacían era que además del sueldo del Estado cobraban un sueldo del central, y siempre estaban a favor del central y en contra de los trabajadores (EXCLAMACIONES).

Ahora vamos a tener una pareja de dos policías rurales, que van a llevar uniforme distinto, que van a ser gente culta, gente preparada, gente que sepa de primeros auxilios, gente que sepa... (INTERRUPCION EN LA GRABACION)... pensando siempre que vivía sin derecho de ninguna clase. Tenía un complejo y si no se fajaba, entonces se sentía mal, porque él tenía que demostrar que no tenía miedo; y cuando se daba cuatro tragos se fajaba, ¿comprenden? Si estaban los guardias allí más pronto se fajaba, para demostrar que no les tenía miedo a los guardias.

Aquí a la fiesta no hay que llevar guardias ni parejas ni armas, y la gente puede divertirse sin fajarse. Hay que acabar con esa costumbre, porque es que no hace falta.

Yo lo que digo es que sobran los guardias rurales, y habrá en cada barrio rural uno o dos policías rurales para prestar distintos tipos de servicio al pueblo. Tendrán un buen sueldo para que no se le vendan a nadie; desde luego, si se le venden a alguien, ya saben que van a tener que ir condenados a trabajo forzado un montón de años, ¿saben? Porque aquí no habrá tolerancia, y vamos a poner gente seria en este país.

Dentro de siete meses, a mi entender, ya podremos retirar las unidades del Ejército Rebelde y mandarlas para las montañas, y entonces sustituirlas en los centrales, en el campo y en todas las zonas rurales por la policía rural, que va a tener un entrenamiento especial. Va a ser un cuerpo para servir al pueblo, y va a ser gente de trato, gente de educación, para que todo el mundo se sienta igual, para que nadie tenga que guataquearle, y para que todo el mundo trate al individuo como a cualquier otro ciudadano, exactamente igual, porque aquí tan digno de respeto será el más humilde ciudadano como el más encumbrado oficial de cualquier cuerpo armado, señores (EXCLAMACIONES Y APLAUSOS).

Para eso, para eso estamos nosotros.

Ahora bien, ¿para defender la patria? Yo les voy a decir quién va a defender la patria si la atacan: todo el mundo, ¡todo el mundo! El ejército de Cuba es el pueblo, porque todo el mundo tiene que pelear. Entonces, aquí, en los sindicatos, en los clubs juveniles, en los institutos, en todas partes, hay que enseñarle a manejar las armas al pueblo, señores (APLAUSOS). Y los soldados del nuevo ejército, del ejército revolucionario, serán hombres bien entrenados para que, si hay que defender la patria, cualquier soldado pueda mandar 20 ó 30 ó 40 ó 100 hombres, como ha pasado aquí, que hombres que nunca habían peleado, que no tenían instrucción militar, terminaron siendo magníficos oficiales y mandaban 100 y 200 hombres.

Si el país tiene que defenderse algún día, todo el mundo tiene que combatir aquí, y así no habrá dictadura nunca, porque a un pueblo bien instruido, un pueblo preparado, un pueblo que sabe defenderse, no hay quien le imponga una dictadura por ningún concepto. Y eso es lo que nosotros queremos: preparar al pueblo, ¡preparar al pueblo para que nunca más nuestra patria tenga que pasar por un sistema retrógrado como el que hemos tenido!

Además, si nosotros establecemos un nuevo sistema en nuestra patria, si nosotros implantamos la justicia en nuestra patria, sobre todo la justicia social en nuestra patria; si acabamos con el hambre, si acabamos con la explotación, si acabamos con el desempleo, no puede haber dictadura. Hay dictadura donde hay miseria, donde hay pobreza, donde una camarilla puede alquilar hombres para que asesinen, donde una camarilla puede alquilar chivatos. No puede haber dictadura en un pueblo donde todo el mundo trabaje, en un pueblo donde todo el mundo tenga vergüenza, en un pueblo donde cualquier obrero gane mucho más que un guardia rural. ¡Señores, en ese país no puede haber dictadura! ¿Por qué? Porque los hombres no estarán dispuestos a alquilarse para matar. Nadie estará dispuesto a alquilarse para asesinar.

Ustedes saben lo que pasaba aquí. Que decían: “Siete mil hombres para el ejército”, les pagaban 30 pesos, y aparecían 10 000. Era porque las condiciones económicas del país arrastraban a la gente a tener que aceptar esos procedimientos para ganarse la vida.

Cuando en el país se acabe el hambre, cuando el país progrese y cuando aquí se acabe la explotación, yo les aseguro que no puede haber dictadura. Eso es una cosa lógica, una cosa clara. Y lo que queremos nosotros es establecer las bases definitivas de nuestra sociedad, para ponerles fin a todos esos males.

Nosotros no podemos resolver eso en cinco días, no. Nosotros necesitamos la máxima colaboración del pueblo, porque los males que fueron producidos por 50 años de malos gobiernos no se pueden resolver en cinco días ni en cinco meses.

Sé que es tremenda la situación: la cantidad de personas desempleadas, salarios bajos, campesinos sin tierra, alquileres altos, la industria sin protección de ningún género, discriminación racial, analfabetismo, falta de higiene y salubridad, falta de vivienda. Todos esos problemas tenemos que resolverlos y los vamos a resolver, lo que no los podemos resolver de un día para otro (EXCLAMACIONES Y APLAUSOS).

Ustedes pueden confiar en que los revolucionarios resolvemos esos problemas, porque la Revolución hay que hacerla. Si la Revolución no se hace, entonces será peor para el país. Si la Revolución se frustra, la contrarrevolución triunfa, y la contrarrevolución solo podría triunfar aquí sobre la base de un mar de sangre, de un verdadero mar de sangre.

A la contrarrevolución no podemos dejarla que triunfe. Tenemos que atrincherarnos y pelear aquí hasta el último hombre y hasta la última bala; por lo tanto, la Revolución hay que hacerla (EXCLAMACIONES Y APLAUSOS).

Lo primero que yo les digo aquí a los campesinos que están presentes, es que en un plazo inmediato —no hace falta más que redactar la ley, estudiarla bien y ponerla en práctica— se pondrá en práctica no la ley del Ejército Rebelde, porque ya no satisface todas las necesidades de este momento, sino una ley agraria que les dé a los campesinos, a todos los pequeños propietarios, arrendatarios, aparceros y precaristas, la propiedad. Pero que, además, les resuelva el problema de la tierra a los que no tienen tierra.

Ahora, ¿de dónde se va a sacar esa tierra? De los latifundios sencillamente, ¡de los latifundios!

No es justo que haya hombres con 1 000 y 2 000 caballerías de tierra donde haya campesinos con siete hijos que no tengan un solo pedazo de tierra, que no tengan ni cuatro pies cuadrados de tierra donde lo vayan a enterrar (APLAUSOS).

Aquí se suele hablar mucho de patria: y la patria, y nuestra patria, y nosotros los cubanos, y la patria. Pero ahora yo me pregunto: ¿Patria de quién? ¿Patria de quién?

¡Ah!, pues podrá hablar de su patria el que tiene 2 000 caballerías de tierra, porque casi toda la patria es de él, ¿no? Ahora bien: ¿Puede hablar de patria el campesino que no tiene ni una vara cuadrada donde lo entierren? (EXCLAMACIONES DE: “¡No!”)

Aquí el que más reparto de tierra hasta ahora ha hecho es Batista, porque repartió muchos miles de varas cuadradas para enterrar a los infelices que asesinó. Es el que más tierra ha repartido aquí. Los únicos repartos de tierra que se han hecho en este país, son los repartos de tierra que hicieron los esbirros cada vez que asesinaban a uno por ahí y lo enterraban. Son los únicos.

Pero la realidad es que no puede hablar de patria el hombre que no tiene ni una pulgada de tierra. Es la patria donde pasa hambre él, donde pasa hambre su familia, donde pasan hambre sus hijos; no tiene casa, no tiene nada; quiere trabajar y no le dan trabajo, se está muriendo de hambre. Señores, ¿y ese señor puede hablar de patria? (EXCLAMACIONES DE: “¡No!”) ¿Ese ciudadano puede decir: “Yo tengo patria”? (EXCLAMACIONES DE: “¡No!”) Si en la patria lo está partiendo un rayo —como diría un campesino—, porque es que no tiene ni donde trabajar, ni donde sembrar, ni donde vivir.

¡Ah!, habla de patria el que tiene 2 000 caballerías. Bueno, vamos a hacer una cosa: Vamos a hablar de patria todos, pero vamos a tener todos derecho a hablar de la patria, y vamos a hacer que la patria sea de todos, como quería Martí (EXCLAMACIONES Y APLAUSOS).