Discurso pronunciado en Guantánamo, el 3 de febrero de 1959
Chapter 1
<< Autor: Fidel Castro
Compatriotas de Guantánamo:
Este acto de Guantánamo, por su extraordinaria magnitud, me recuerda el mitin del millón en la capital de la república.
He llegado aquí como cuando subíamos los picos más altos de la Sierra Maestra. He llegado un poco cansado por la larga jornada, por la intensa tarea que hemos tenido que realizar desde el Primero de Enero.
Los que mandan a callar están haciendo más bulla que los que están hablando. Si los que mandan a callar se callan y los que están haciendo bulla se callan, entonces todos me pueden oír a mí y yo los puedo oír a ustedes, porque yo también tengo mucho interés en oírlos a ustedes (APLAUSOS), que han hecho tanto sacrificio; porque todo el sacrificio que han hecho millares y millares de campesinos para venir desde muchos kilómetros de distancia bajo un sol abrasador y las horas que llevan aquí parados en este parque bajo el sol ardiente del mediodía no pueden ser por gusto, ni los esfuerzos que hemos hecho nosotros para llegar aquí pueden ser por gusto.
Es necesario que guarden silencio para que pueda hablarles y para poder oírlos a ustedes.
Vamos a demostrar aquí en Guantánamo que los guantanameros son tan disciplinados como los habaneros, porque si a la multitud de un millón de habitantes se le pidió que guardara silencio y lo guardó, ¿cómo es posible que los guantanameros vayan a tener tanta bulla aquí que no podamos hablar?
Vamos a ser breves hoy porque hace mucho sol, y, además, lo que hace falta son hechos y no palabras.
He estado leyendo todas las demandas de los campesinos, en primer lugar; de los trabajadores, en segundo lugar; de los estudiantes, en tercer lugar, y, en fin, de todos los sectores de Oriente, en particular de esta zona de Guantánamo, sobre todo de la gente humilde, que es la gente que está necesitada de la ayuda de la Revolución.
Yo quiero decirles una cosa: No vengo aquí como gobernante a escuchar demandas, yo vengo aquí como revolucionario a apoyarlas (APLAUSOS). No vengo aquí a que ustedes me digan lo que necesitan, vengo aquí a decirle junto con ustedes al Gobierno Revolucionario lo que el pueblo necesita.
Yo no soy gobierno, yo soy revolucionario (APLAUSOS). No quiero decir con esto que ser gobierno signifique que no sea revolucionario, no; pero yo no vengo aquí en función de gobernante, porque no soy el gobierno. Ahora, yo sí soy un revolucionario, y vengo ante la opinión pública, a escuchar la opinión pública, a hablarle a la opinión pública y a interpretar los deseos de la opinión pública.
Nosotros tenemos una fuerza formidable, lo hemos demostrado, esa fuerza es la opinión pública. Una fuerza superior a las armas, superior a los tanques, superior a los cañones, superior a todo, porque esa fue la fuerza que derrotó a la tiranía, esa fue la fuerza en virtud de la cual fue posible el triunfo, esa es la fuerza que hemos movilizado contra la amenaza extranjera, esa es la fuerza que hemos movilizado contra la campaña de descrédito y de calumnia contra nuestra Revolución.
Ustedes constituyen esa fuerza que es la opinión pública. Y la revolución democrática que ha llegado al poder es la Revolución cuya característica tiene que ser necesariamente la interpretación de los deseos y de los anhelos de la mayoría del pueblo.
La Revolución ha llegado al poder no para que mande un grupo de hombres, sino para que mande el pueblo. El pueblo es el que está gobernando. El triunfo de la Revolución ha significado, en primer lugar, la desaparición de toda esa politiquería y de toda esa hipocresía que ha caracterizado la vida pública de nuestro país.
Esta Revolución ha significado en primer lugar no solo que el pueblo es libre, no solo que se acabó el crimen, no solo que se acabaron los atropellos, las torturas, los golpes, las humillaciones que constantemente estaba sufriendo cualquier ciudadano, sino que el pueblo ha llegado al poder, que ustedes han llegado al poder, y que los hombres que hoy estamos en el poder no nos parecemos absolutamente en nada a los hombres que han estado siempre en el poder, bien bajo una dictadura e incluso bajo gobiernos constitucionales.
Desde el momento en que llegaban al poder los políticos, se olvidaban del pueblo por entero. No eran más que unos descarados tomadores de pelo, que estaban engañando siempre a la ciudadanía.
Aquí el hecho de que un representante le diera la mano a un ciudadano era un fenómeno. El hecho de que un alcalde entrara un día en una casa era considerado como un honor extraordinario, porque aquellos señores, desde que ascendían un poquito, se consideraban unos dioses ya; se alejaban del pueblo y miraban al pueblo como algo digno del olvido o como un estorbo al que buscaban en las épocas de elecciones y al que abandonaban en las épocas de gobierno.
Nosotros, que no hemos llegado al poder mediante la política sino mediante una revolución victoriosa, lo primero que hemos hecho es volver al pueblo.
Tardé un mes en regresar a la Sierra Maestra, y me parece que fue mucho. Y si tardé un mes, se debió a que tuvimos que defender el prestigio de nuestra patria, a que tuvimos que defender la soberanía amenazada de nuestro país, a que tuvimos que salirle al paso a la calumnia, a que tuvimos que movilizar al pueblo en todas las ciudades de Cuba, e incluso fuera de Cuba, para defender a la Revolución Cubana.
Pero yo tenía una extraordinaria necesidad de volver al pueblo, porque con el pueblo es como me siento bien. Yo tenía una extraordinaria necesidad de volver a Oriente, de volver a la Sierra Maestra, porque allí fue donde se gestó la Revolución, allí fue donde se inspiró el pueblo, allí fue donde se despertó la fe a la nación entera. Y nosotros debemos regresar al pueblo constantemente; constantemente debemos estar regresando al pueblo, para oír al pueblo y para seguir pensando y sintiendo junto al pueblo.
Les advierto que en la Sierra Maestra, en las épocas más duras de la campaña, personalmente me sentí allí más feliz que en las ciudades. Yo realmente añoro aquellos días de lucha, añoro aquellos tiempos de lucha. Para nosotros los revolucionarios, el triunfo no ha significado ni significará jamás un cambio de vida; es decir que viviéramos antes sacrificadamente para vivir ahora cómodamente. ¡No! Nosotros despreciamos todas las comodidades de la ciudad, y añoramos todos los sacrificios de la lucha en las montañas.
Yo les decía que al revés de lo que el pueblo ha estado acostumbrado a ver, hoy los hombres que gobiernan la república son como ustedes, exactamente igual que ustedes. Aquí nadie ha cambiado nada, aquí nadie se ha olvidado del pueblo, y yo ni siquiera creo que para mí sea una virtud o un mérito decir que no me he olvidado del pueblo. Es que, sencillamente, donde yo me siento bien es junto al pueblo. Me siento bien cuando me considero un igual a cualquier compatriota (APLAUSOS), porque en ese hombre humilde del pueblo es donde hay toda la sinceridad, toda la honradez. Toda la moral se concentra en ese hombre humilde del pueblo; yo me siento entre el pueblo en mi ambiente, y al pueblo lo necesito, y con el pueblo estoy dispuesto a librar todas las batallas.
Yo no voy a ir a convencer a nadie de que hay que hacer una ley u otra ley. ¡No! Yo vengo donde está el pueblo, y junto con el pueblo pido esa ley, ¡la pido! (EXCLAMACIONES Y APLAUSOS.)
Hay veces que los pueblos van delante de los líderes señalando el camino, y hay veces que los líderes ven un poco más lejos y trazan una pauta determinada.
Ustedes recordarán cuáles son nuestras ideas sobre la tierra, cuáles son nuestras ideas sobre una serie de cuestiones nacionales. Esas ideas, que eran las mismas de cuando el Moncada y fueron las mismas cuando la Sierra Maestra, son las mismas hoy.
Pero para ahorrar consideraciones, el objetivo de esta concentración campesina es solicitar del Gobierno Revolucionario de la república la inmediata aprobación de una amplia ley de reforma agraria (APLAUSOS).
En la Sierra Maestra hicimos la Ley Agraria del Ejército Rebelde, que concedía la propiedad de la tierra a todos los pequeños arrendatarios, aparceros, colonos y precaristas. Pero en uno de los Considerando de la Ley se decía: “Por cuanto será tarea del Gobierno Revolucionario cumplir el artículo de la Constitución de la República que dice: ‘se proscribe el latifundio’, y a los efectos de su desaparición, la Ley señalará el máximo de extensión de tierra a todo cultivo, a toda producción agrícola o industrial.” Y ya estamos en la etapa del Gobierno Provisional Revolucionario. La Ley Agraria del Ejército Rebelde no es suficiente, porque si bien es verdad que ya garantiza la propiedad a más de 100 000 pequeños aparceros, arrendatarios y precaristas que tengan parcelas de menos de cinco caballerías de tierra, queda un problema muy importante: el problema de los que no tienen tierra; porque ya los que la tienen, bueno, pues reciben su propiedad, ¿y los que no la tienen? ¿De dónde la sacan? Pues yo les voy a decir de dónde la van a sacar (EXCLAMACIONES Y APLAUSOS).
Primero, no voy a decir que de las tierras del Estado, porque las tierras del Estado están ocupadas ya por los campesinos en una parte, y en una parte muy considerable por los geófagos y los terratenientes. Yo quiero que ustedes sepan que en Cuba, de acuerdo con un estudio que se ha hecho, el Estado debía poseer 270 000 caballerías de tierra y lo que el Estado posee son 40 000 caballerías de tierra. Las otras 230 000 se las robaron los geófagos (APLAUSOS).
Los problemas nuestros son muchos y afectan a toda la población, lo mismo campesina que no campesina. Aquí tenemos los problemas de los campesinos, tenemos los problemas de los trabajadores, tenemos los problemas de los desempleados, que son tres aspectos considerables e importantes del problema social cubano, amén de otras muchas injusticias que hay en Cuba, como es el problema de la discriminación racial, que es otro de los problemas que la Revolución tiene que abordar (EXCLAMACIONES Y APLAUSOS).
Aquí naturalmente que la república está sufriendo la consecuencia de 50 años de malos gobiernos. La herencia que nos han dejado 50 años de malos gobiernos es esta: un cuadro de necesidad por todas partes. Voy a hablar, por ejemplo, de Guantánamo: miles de hombres sin empleo, decenas de miles de hombres ganando salarios de hambre, decenas de miles de campesinos sin trabajo, sin tierra. Usted va a cualquier sitio y se encuentra un pueblo acostumbrado por los políticos a estar pidiendo casi de caridad y casi de limosna que le resuelvan los problemas.
Pero quien llegue al pueblo como llego yo, quien hable con sus compatriotas como hablo yo en cualquier lugar, se puede dar cuenta de lo que son las necesidades de este pueblo. Hablando en cualquier club aristocrático de la capital, es lógico que nadie se entere de lo que le pasa al pueblo. Pero usted viene al campo, a cualquier centro de trabajo y usted va —como fui yo anoche— a Charco Redondo, centro obrero importante que está actualmente paralizado por los manejos de la compañía, usted va a cualquier pueblecito de Cuba y se encuentra la tragedia; se le acerca una madre a decirle que es viuda, que tiene ocho hijos y que no tiene trabajo. Se le acerca otra madre a decirle que su hijo está lisiado y que necesita recluirlo en algún hospital. Se le acerca otra madre a decirle que su hijo está enfermo y no tiene medicinas. Se le acerca otra madre a decirle que tiene siete hijos y que nunca han tenido escuela, y que quiere enviarlos a una escuela. Se le acerca otra madre a decirle que no tiene trabajo. Se le acercan decenas de hombres a decirle que no tienen empleo y a tratar de que uno les resuelva el problema individualmente.
Es lógico, resulta imposible resolver los problemas individuales, porque los problemas hay que resolverlos colectivamente; no buscarles trabajo a uno, a dos o a diez como un favor personal, hay que buscarles trabajo a cientos de miles de personas (APLAUSOS).
Pero se da uno cuenta de las necesidades.
Es verdaderamente desesperante la situación del pueblo, la situación del pueblo es verdaderamente desesperante. Las docenas de papelitos que a mí me echan en el bolsillo, si yo los guardara nada más para leerlos después tranquilamente, tendría un retrato de las necesidades del pueblo.
Esa es la consecuencia... (CONTINUA EL BULLICIO EN EL PUBLICO.)
Yo no sé quién será el que está hablando, pero a mí me parece inconcebible que haya un solo ciudadano que no esté preocupado por estas cuestiones. ¿O es que aquí hay alguien que tiene resueltos todos sus problemas y no le importa el problema de los demás? (EXCLAMACIONES DE: “¡No!”)
Esa situación actual del pueblo de Cuba es la consecuencia de 50 años de malos gobiernos, 50 años de politiquería, 50 años de entreguismo a los intereses extranjeros, 50 años de explotación, 50 años de robo, 50 años de juego, 50 años de malversación (EXCLAMACIONES Y APLAUSOS).
Un país tan rico como este, un pueblo trabajador como es el pueblo cubano, y además un pueblo inteligente, una nación donde pudieran vivir 25 ó 30 millones de habitantes, resulta que los 6 millones que somos nos estamos prácticamente muriendo de hambre aquí.
Va usted a los campos, y se encuentra por dondequiera los bohíos, que son inhabitables, que carecen de higiene por completo, que son viveros de parasitismo y de toda clase de enfermedades; se encuentra a los muchachos descalzos y comidos de parásitos; se encuentra un porcentaje extraordinario de mujeres enfermas —están enfermas con una salud deficiente; tienen que sostener seis, siete u ocho hijos y se alimentan muy mal, y el porcentaje de madres cubanas en el campo en estado de salud lamentable es altísimo—, los hombres tienen una alimentación deficiente. No hay escuelas. El analfabetismo, la cantidad de muchachos inteligentes —tal vez verdaderos genios— que se pierden en esos campos es desconsolador. No tienen maestros, no hay fábricas, no hay caminos, no hay hospitales.
Aquí para que un hombre lleve a un hijo a un hospital tiene primero que vendérsele a un político y ofrecerle el voto y llevarle la cédula (EXCLAMACIONES). Aquí para que una muchacha joven pueda obtener un empleo tiene casi que prostituírsele a la persona que va a darle el empleo (EXCLAMACIONES). Aquí, para dondequiera que se mire, el pueblo ha estado sufriendo una serie de injusticias y de explotaciones que son las causas de los males que estamos padeciendo actualmente. Y menos mal que nos quitamos a los guardias de arriba, y menos mal que nos quitamos a los policías (EXCLAMACIONES Y APLAUSOS) porque, aunque no resuelve todos los problemas, es algo, y por lo menos empezamos a resolver los problemas. Porque cuando teníamos a esos señores aquí, con el fusilón al hombro, con el revolvón a la cintura y con el plan de machete al otro lado, no podíamos siquiera reunirnos para discutir los problemas.
Ya se sabe al servicio de quién estaba el sargento, al servicio de quién estaba el teniente, al servicio de quién estaba el capitán, al servicio de quién estaba el comandante, el coronel, el general y todo el mundo aquí, señores (APLAUSOS). Ya se sabe que los guardias rurales en el campo lo que hacían era enamorar a las hijas de los campesinos (DEL PUBLICO LE DICEN: “¡Es verdad!”), vivir como si fueran los reyes de este país. Eran impunes, le daban una galleta a cualquiera y nada pasaba; le daban un planazo a cualquiera y nada pasaba, en esta época y en las otras también, que eso es bastante viejo aquí en Cuba (EXCLAMACIONES Y APLAUSOS), me refiero a la época que acaba de pasar, por supuesto. Miraban a los ciudadanos como quien les perdona la vida, y el ciudadano que se encontraba con un guardia rural en la calle pues casi casi tenía que agradecerle que no le dieran una trompada o no lo mirara con malos ojos o no le metiera miedo.
Ustedes saben incluso otra cosa. Yo recuerdo que donde había un guardia rural siempre había un grupito alrededor, ¿ustedes no se fijaban en eso? (EXCLAMACIONES DE: “¡Sí!”) Entonces al guardia rural le pagaban el café, le pagaban el trago; el que hablaba era él y los que se reían eran los otros (RISAS). ¿Y eso por qué? Porque el pueblo le tenía miedo, y mucha gente, para quitarse el miedo, lo que hacía era que guataqueaba a los guardias rurales.
Eso venía de la época de la colonia, del miedo a los guardias civiles y de las costumbres de sumisión que nos quedaron a los cubanos; muchas costumbres malas, costumbres que vienen de la época de la esclavitud y costumbres que vienen de la época de la colonia, y que nosotros ahora con la Revolución tenemos que barrer.
Quizás el motivo de la alegría que tiene el pueblo, entre otras cosas, aparte de que significa el inicio de una era nueva de la cual todos los cubanos esperamos mucho, es que el pueblo empieza a sentirse seguro quizás por primera vez desde hace 50 años.
Nosotros nunca habíamos sido independientes, nunca. Decían que esta era una república soberana e independiente y eso era mentira. Aquí el Embajador norteamericano era el que daba órdenes y gobernaba en la mayor parte de los casos (EXCLAMACIONES Y APLAUSOS).
Habían acostumbrado al pueblo de tal manera a mirar para los norteamericanos que yo me acuerdo, en los primeros tiempos de la campaña de la Sierra Maestra, que a cada rato llegaba corriendo un campesino y, como quien traía una buena noticia, me decía: “Oigame, hay siete barcos americanos que están llegando a La Habana, y dicen que los americanos van a intervenir.” Habían acostumbrado al pueblo a pensar que intervenir era una cosa buena; que, por ejemplo, para quitarse la dictadura de encima, el que intervinieran los norteamericanos era una cosa buena. Habían acostumbrado a muchos cubanos a eso. A tal grado había llegado la irresponsabilidad y el entreguismo aquí en este país, que le habían creado al pueblo un complejo de impotencia.
El pueblo no se sentía libre, se sentía como quien tiene que estar dependiendo de un extranjero. Esto en el orden político, porque en el orden económico desgraciadamente estamos dependiendo todavía, y es otra de las batallas que tenemos que librar aquí para hacer libre económicamente al país (EXCLAMACIONES Y APLAUSOS).
Pero les decía que el pueblo cubano nunca se sintió libre. ¿Cuándo se ha sentido el pueblo cubano enteramente libre por primera vez? (EXCLAMACIONES DE: “¡Ahora!”) El ciudadano no se sentía seguro nunca, en ninguna época, en ningún gobierno.
Esto que ocurre hoy de que venga un rebelde con un fusil y quieran al rebelde, eso nunca se había visto, porque aquí teníamos al guardia rural y a ese no lo quería nadie.
Eso de que el pueblo se sienta seguro de su destino, eso de que el pueblo se sienta seguro de que nunca más se cometerá un crimen y el que lo cometa será castigado ejemplarmente (EXCLAMACIONES DE: “¡Justicia, justicia!”), eso de que el pueblo vea que por primera vez se está haciendo justicia en nuestra patria, eso de que el pueblo vea que se acabaron los golpes, eso de que el pueblo vea que se acabaron las torturas, eso de que el pueblo vea que se acabaron las humillaciones, que cualquier ciudadano se sienta libre, que cualquier ciudadano se sienta seguro, que pueda andar de día y de noche por las calles que nadie lo va a golpear, que nadie lo va a humillar delante de su mujer y delante de sus hijos (EXCLAMACIONES DE: “¡Viva Fidel!”), ¡eso es una de las causas de que el pueblo se sienta contento!
¿Y cuándo por primera vez en su historia el pueblo se ha sentido seguro como se siente hoy? (EXCLAMACIONES DE: “¡Ahora!”) ¿Cuándo por primera vez en su historia ha existido justicia revolucionaria? (EXCLAMACIONES DE: “¡Ahora!”)
Ustedes saben que aquí en nuestra patria, cuya historia comenzó hace cuatro siglos cuando la descubrieron los españoles y cuando la conquistó Diego Velázquez, desde el primer indio que asesinaron los españoles hasta el último joven que asesinó un esbirro de Batista han estado pidiendo justicia, porque nunca hubo justicia en nuestra patria, y por primera vez hay justicia en nuestra patria (APLAUSOS Y EXCLAMACIONES DE: “¡Abajo los chivatos!”).
Yo le voy a decir al pueblo una cosa, porque tiene que estar el pueblo muy atento a esto. Nosotros, para evitar cometer una sola injusticia, hemos juzgado primeramente a los peores criminales de guerra, a esos que todo el mundo conoce, porque todo el mundo conoce aquí a los criminales de guerra. Que vengan ahora con esa pamplinería de que si prueba documental y qué sé yo. Miren, yo les voy a decir una cosa: ¿Aquí quién le iba a tomar una fotografía a un esbirro asesinando a un joven a media noche atrás de un cuartel? ¿Quién le iba a tomar una fotografía? (EXCLAMACIONES); sin embargo, todo el mundo sabe quiénes eran los criminales. ¿Por qué? Porque la técnica de la dictadura era destacar en cada pueblo un grupo de criminales.
Esos criminales no ocultaban que ellos eran los que torturaban y asesinaban, porque parte de la técnica del terror consistía en que todo el pueblo conociera a determinados sujetos como tipos que le arrancaban el corazón a cualquiera. ¿Para qué? Para que cuando pasaran en una perseguidora sembrar el miedo por todas partes, para que cuando un detenido fuese llevado allí a la cárcel, la mera presencia de “Pata de Ganso”, de “Mano Negra”, de “Agüero” y de toda esa gente, para que la mera presencia de esa gente... (EXCLAMACIONES DE: “quedan muchos ahí todavía!”)... ¡Bueno, pues si quedan muchos lo que hay es que aplicar la justicia revolucionaria! (APLAUSOS.)
(LE DICEN ALGO DEL PUBLICO).
Déjennos a nosotros eso, déjennos a nosotros eso. Ustedes verán. De nosotros no se ocupen, que vamos poco a poco, ¡poco a poco pero seguros!
Estamos conversando ahora, estamos hablando todos ahora en público. Bueno, déjenme hablar, que entre el sueño y el trabajo... (EXCLAMACIONES.)
Yo decía que cómo no íbamos a conocerlos si casi llevaban un letrero los esbirros. Si se han pasado siete años sembrando el terror aquí y allá, es lógico que todo el mundo los conociera; nadie se iba a equivocar cuando se fusilaba a uno de esos criminales, ¿comprenden?
Ahora viene el caso de los chivatos (ABUCHEOS). El chivato para mí es un ser despreciable, todo lo más despreciable que pueda concebir; pero, a diferencia del esbirro, el número de chivatos es cien veces mayor que el número de esbirros, porque por cada criminal había como 50 chivatos. Y, señores, no se puede fusilar a todos los chivatos, es imposible, porque son demasiados chivatos; por lo tanto, hay que fusilar a los criminales de guerra.
Durante la guerra a los chivatos sí los fusilábamos, porque estábamos allí y si los soltábamos nos podía costar la vida a todos nosotros.
Ahora bien, al criminal de guerra hay que fusilarlo, al chivato hay que obligarlo a trabajar (APLAUSOS).
Ando investigando cuántos chivatos tenemos ya condenados, porque tenemos el propósito de empezar la primera ciudad escolar allá cerca de la Sierra Maestra, y hace falta que los chivatos trabajen ahí, porque ya que hicieron tanto daño, ya que quisieron vivir de la delación, ya que quisieron ganarse la vida traicionando a los demás, que doblen el lomo, que suden la camisa y que trabajen en la ciudad escolar (EXCLAMACIONES Y APLAUSOS).
Miren, al criminal de guerra hay que fusilarlo, porque el criminal de guerra es un sujeto al que el más elemental sentido de justicia exige que se le aplique el castigo que él quiso aplicarles a muchos inocentes y que les aplicó a muchos inocentes. Porque, además, había que poner fin definitivamente en nuestra patria con un escarmiento ejemplar, había que arrancar de raíz el criminal, el delincuente y el esbirro; había que arrancarlos de raíz en nuestra patria, porque sencillamente existía esbirro porque nunca le había pasado nada al esbirro; pero como ahora no va a quedar esbirro con cabeza, se van a acabar los esbirros (APLAUSOS).