Discurso pronunciado en el resumen de la Asamblea Extraordinaria de los Empleados de la Compañía Cubana de Teléfonos, para respaldar las nuevas tarifas telefónicas y la intervención, efectuada en el Teatro de la CTC, el 6 de marzo de 1959

Part 4

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Así que nosotros no tememos esta batalla, porque todas las avenidas están tomadas, hagan lo que hagan. Son poderosos: tienen mucho dinero robado; cuentan, además, con el dinero de las grandes compañías; cuentan, además, con la impunidad allá en Estados Unidos, donde actúan libremente los criminales de guerra; allí les dieron asilo, pero no solamente les dieron asilo, los dejan comprar y acumular armas. Pero a nosotros nada de eso nos importa: la Revolución no la van a detener con nada, y aquí no tiene ni que preocuparse, ni que intranquilizarse, ni que alarmarse; nadie tiene que alarmarse, en ningún momento: aquí todo el mundo trabajando, y cumpliendo su deber. Si aparece algo cualquier día, cualquier cosa, ya se le combatirá, cuando sea, sin alarmarse nadie aquí, despreocuparse. El pueblo entero tiene que hacer como los campesinos de la Sierra Maestra: cuando se acostumbraron allí a la lucha, ya llevaban una vida normal en todo, sentían los aviones, sentían los tiros, sentían todo, tan tranquilo, allí no se preocupaba nadie.

Así que con la firmeza que tiene la Revolución, con la solidez que tiene la Revolución, aquí no tiene nadie que preocuparse de nada, sino seguir adelante. Seguir adelante es la única consigna. Yo tengo, por lo pronto, una absoluta seguridad en el triunfo, solo que tenemos que trabajar mucho, que tenemos que ser muy constantes, que tenemos que mantener vivo el entusiasmo, y ustedes y nosotros, unidos, siempre dentro de una línea recta, siempre dentro de un gran espíritu de sacrificio, siempre dentro de una línea patriótica, saldremos adelante, saldremos vencedores en esta lucha contra tantos interés de dentro y de fuera. No son muchos en número, pero son poderosos en recursos; son los que pueden hablar y escribir, los que pueden alquilar grandes páginas. Tienen dinero para eso.

Y yo decía —como decía al mediodía— que el aplauso de los poderosos es un aplauso que se oye mucho, porque ellos tienen manera de hacer oír el aplauso y tienen la manera de hacer oír la crítica. No es como el aplauso del humilde, no es como la protesta del humilde, que no tiene recursos con qué hacerse oír. Y claro, todo lo que tratarán ellos siempre es de confundir, de restarle fuerzas a la Revolución, de ganarse adeptos; no les pueden hablar de temas sociales: les hablan de temas religiosos; no les pueden hablar de problemas sociales: les hablan de temas regionales. Y siempre estarán tratando de buscar algo para debilitar la Revolución, alguna pasión, para ver si de la multitud se apoderan de algo, si confunden a alguien, tratando ellos de suscitar todos los resentimientos. Esa será la técnica que seguirán, pero de antemano les auguro el fracaso, y les aconsejo que inventen otra cosa, que inventen otra cosa, porque van mal, van mal por ese camino, sencillamente, y lo declaro aquí. Nosotros ya hemos dicho cuál es nuestra línea, nadie tiene que alarmarse.

Se ha hablado luego por ahí de moratorias hipotecarias, nadie tiene el propósito en el gobierno de moratorias hipotecarias; de impuestos al capital inactivo, nadie ha hablado de impuestos al capital inactivo, eso es una teoría. Todo el capital se pondrá en circulación, se pondrá en movimiento para producir industrias; los industriales, y la banca cubana, están en plan de colaborar con el Gobierno Revolucionario. Esos son anuncios y rumores que se hacen para perjudicar. Ya nosotros hemos dicho bien nuestra política: el latifundio, no tiene ninguna garantía; el capital invertido en alquileres, en solares, en garrote, etcétera, etcétera, no tiene garantías; el capital invertido en industrias, para darle trabajo al pueblo, sí tiene garantías; el crédito invertido en industrias, sí tiene garantías, todas las facilidades; los organismos de créditos cubanos, esos, sí tienen garantías. Y tendrán garantía las industrias, porque las protegeremos, las protegeremos con medidas proteccionistas, las protegeremos con campañas en favor del consumo de artículos nacionales.

Sobre todo ahora mismo, el pueblo tiene que estar muy claro en esto: ahora aumenta la cantidad de dinero de que va a disponer el pueblo, con las tarifas rebajadas, las tarifas telefónicas, con la rebaja de los alquileres, con los aumentos de sueldos que se van a ir haciendo; con el aumento de hombres que van a trabajar, va a haber más dinero. Este dinero hay que adquirirlo en artículos del país, y en eso tienen que ayudarnos (APLAUSOS), pues cuando se compra un par de zapatos extranjeros se le está pagando un salario a un obrero extranjero, se está beneficiando a una industria extranjera; cuando se está comprando un par de zapatos cubanos, se está dando trabajo a un obrero cubano, sobre todo se está aumentando el trabajo para los hombres que están sin empleo y que constituyen hoy nuestro principal problema.

Ya ustedes ven cómo nosotros vamos abaratando la vida; ahora el problema, más que demandas de altos salarios, el problema es demandas de empleos, demandas de aumento de empleo, para darle trabajo al que no tiene. Cuando ganemos esa batalla, entonces iniciaremos otras, entonces la aspiración será otra; ahora, fundamentalmente, es la de darle empleo al que no tiene empleo, darle trabajo a todo el que quiera trabajar y ganarse la vida aquí decente y decorosamente, produciendo. Y por eso, ese dinero, si se invierte en artículos de importación, la consecuencia sería que las reservas de divisas nuestras, que están escasas, se nos agotarían y perjudicaría a nuestra moneda. Así que cuando compramos artículos del país estamos defendiendo nuestra moneda, y estamos defendiendo nuestra industria, y estamos creando más trabajo para los cubanos; porque si todo lo que hoy se gasta en zapatos que vienen de fuera se gasta en zapatos que se hagan en el país; si todo lo que hoy gastamos en camisas de fuera lo gastamos en camisas del país, pues en los talleres de confecciones, en las fábricas de zapatos, necesitarán duplicar el número de obreros que estén trabajando allí, y empezaremos a ganar la batalla contra el desempleo, al mismo tiempo que estamos defendiendo nuestras divisas (APLAUSOS).

(DEL PUBLICO LE DICEN: “¡Y el cigarro americano!”) Hay una disminución del cigarro americano bárbara. Yo digo que es preferible no fumar a fumar cigarro americano. Si uno no puede fumar el cubano, que es el mejor del mundo, pues no fuma ese (APLAUSOS). Y eso no es más que cuestión de voluntad.

Así que en la misma medida en que ustedes sigan esta política, en la misma medida en que ustedes nos ayuden a ahorrarnos divisas, en la misma medida en que ustedes consuman artículos del país, nos permitirán a nosotros ir levantando el estándar de vida, ir levantando el índice de empleo. Si el pueblo colabora con nosotros, nosotros duplicaremos y hasta triplicaremos el estándar de vida del pueblo, y le daremos trabajo a todo el mundo aquí. Por eso necesitamos la colaboración de ustedes y que ustedes sigan...

Que a veces nos tengamos que privar de algunas cosas de una calidad determinada, no importa. Tenemos que tratar de que la calidad de nuestros artículos sea mejor que la de los artículos de afuera, y ese será el deber de las industrias: mejorar la calidad, para que nosotros tengamos los mismos artículos que hoy vienen de afuera, de tan buena o de mejor calidad. Y esos son los sacrificios de nosotros, porque en la misma medida en que nosotros aumentemos el poder adquisitivo del pueblo, todos esos millones que se iban a pagar en alquileres, esos millones que se iban a pagar en tarifas telefónicas y en lo demás, en capítulos en que nosotros iremos mejorando el estándar de vida del pueblo, si se gastan en artículos de afuera se nos van y fracasa el Gobierno Revolucionario. Y por eso es esencial la colaboración del pueblo para poder ir elevando cada vez más el estándar de vida, para ir resolviendo cada vez más el problema del desempleo. Con esa colaboración de ustedes, el Gobierno Revolucionario vencerá todos los obstáculos, y nosotros esperamos tener esa colaboración del pueblo.

Así que no serán estas solas las medidas del Gobierno Revolucionario; muchas medidas más irán. Por ejemplo, yo espero que el pueblo de La Habana y el pueblo de Cuba en general, y todos los pueblos que tienen playa cerca, tengan playa este año y se puedan bañar en el mar; porque aquí se cogieron las playas y al pueblo le dejaron los “dientes de perro” para bañarse (RISAS). Y la Marina de Guerra está preparando las playas para el pueblo este verano. No solamente eso: construiremos en las playas clubes para niños de las escuelas públicas, clubes para estudiantes de la segunda enseñanza, clubes para maestros, clubes para profesionales, clubes para obreros, clubes para todos (APLAUSOS).

Ya, por ejemplo, los empleados bancarios tienen su club. ¿Por qué los empleados telefónicos no van a tener también su club en la playa? (APLAUSOS.) ¿Y por qué los empleados del comercio no van a tener su club en la playa? ¿Y por qué los empleados públicos no van a tener su club también en la playa? (APLAUSOS.) Así que iremos organizando las playas, de manera que todos tengan la oportunidad de tener su club, a donde puedan ir los días de verano, en sus jornadas de verano, en sus vacaciones, porque todo el mundo tiene derecho a disfrutar de las bondades de nuestro país. Y también tendremos derecho a adquirir los víveres más baratos, todos los productos del campo, que llegan aquí con un precio tres veces y cuatro veces mayor, perjudicando al pueblo, perjudicando al campesino.

Así que no solamente rebajaremos el costo del alquiler, sino que ese dinero lo van a poder invertir en artículos de consumo a más bajo precio. No solamente iremos elevando los ingresos, sino que en lo posible iremos abaratando los artículos, por lo menos no se irán encareciendo. Y de ahí que nosotros tengamos que resolver el problema del monopolio en el Mercado Unico; tengamos que resolver el problema de la electricidad, que se está pagando muy cara la electricidad aquí en La Habana también. Ya rebajamos la del interior, pues tiene que venir aquí también la rebaja (APLAUSOS). Y tiene que venir la rebaja en las medicinas también, que son carísimas (APLAUSOS); y tiene que acabarse el garrote, y tienen que acabarse los intereses usurarios que le cobran en las ventas a plazo al pueblo. Y ahora ya el juego, lo que antes se invertía en el juego el pueblo lo ahorrará para gastarlo en los años venideros, y el que adquiera una de esas casas, cuando amortice la casa será para él. Y todo empezará a cambiar en nuestra patria.

(DEL PUBLICO LE PREGUNTAN: “¿Cuándo salen los bonos?”) Ya creo que han salido, creo que empiezan ya.

Y les vamos a dar trabajo a muchos inválidos, sin prima. Y muchas personas que no pueden trabajar, trabajarán vendiendo valores del Estado, que son ahora los bonos; y el pueblo le prestará al pueblo. Ya no es como antes, que se cogían el producto de la lotería. Y, poco a poco, el pueblo irá dejando de jugar, para pensar en el ahorro, que ese es el objetivo que tiene el Instituto de Ahorro y Viviendas. Se pondrán a funcionar las escuelas y todo el mundo aprenderá a leer y a escribir; se construirán las ciudades escolares-industriales; se construirán las ciudades escolares-agrícolas, y el campesino será dueño de su tierra y se elevará el estándar de vida del hombre del campo cinco, seis, ocho y hasta diez veces; y nuestra patria marchará por senderos distintos.

Para hacer eso, ha sido necesario lesionar algunos intereses. Para no lesionar intereses, no hubiéramos venido aquí; para dejar esto como estaba, no valía la pena que se hubiera derramado la sangre de un solo cubano. ¡No se derramó la sangre de los cubanos, en esta lucha y en las luchas anteriores, solo para disfrutar de una libertad de palabra!, porque le dicen ahora: “Usted es libre, pero se tiene que morir de hambre; usted es libre, pero no tiene trabajo; usted es libre, puede hablar todo lo que quiera y escribir todo lo que quiera, pero no puede comer, no tiene comida; usted tiene derecho a reunirse, a ir al parque, a transitar libremente, pero no tiene derecho a comerse un pedazo de pan.”

Se derramó la sangre, no solo para conquistar libertades políticas, libertades sociales, libertades sindicales; el derecho a que se respete al ciudadano en su integridad física, el derecho a que se le respete como el valor fundamental de la sociedad; ¡sino también el derecho a la felicidad del ciudadano: el derecho a adquirir una cultura, el derecho a ganarse la vida y a satisfacer sus necesidades materiales lo más ampliamente posible, el derecho a percibir los frutos de su tierra! Porque aquí le hablan a uno de patria desde que nace, ¡pero la patria no ha sido más que de unos cuantos! (APLAUSOS PROLONGADOS.) Aquí le han enseñado a cantar un himno que dice que “morir por la patria es vivir”, pero aquí se muere y se ha muerto muchas veces, por una patria que no es de uno, sino de unos cuantos. Y Martí dijo que la patria era “de todos y para el bien de todos”, y aquí la patria ha sido de unos cuantos y para el bien de unos cuantos.

¿Dónde está el pecado, dónde está el crimen, dónde está el mal que implique el tratar de hacer la felicidad de un pueblo? ¿Dónde está el crimen en tratar de hacer justicia? ¡¿Dónde está el crimen en tratar de defenderse de los privilegios nacionales o internacionales con los cuales se han labrado nuestras desgracias, nuestros dolores, nuestras penas, nuestras amarguras?! ¡¿Dónde está el crimen de querer ser libre, dónde está el crimen de querer ser soberano, dónde está el crimen de querer ser honesto, dónde está el crimen de querer implantar justicia, dónde está el crimen de querer acabar con la ignorancia, con los niños descalzos, con los hombres sin ropa, con los hombres y las mujeres sin trabajo?! (APLAUSOS PROLONGADOS.)

¿Dónde está el crimen en querer poner fin a la explotación de las mujeres, a la discriminación del cubano negro? ¿Dónde está el crimen en querer poner fin a las inmoralidades, a los negocios turbios, a la malversación de los bienes del Estado? ¿Dónde está el crimen en querer poner fin a la injusticia aquí, a la tortura, a la opresión, a la politiquería, a la inmoralidad que ha estado oficiando nuestra vida pública? ¿Dónde está el crimen en querer labrar la felicidad de nuestro pueblo, en querer brindarle a nuestro pueblo todo lo que pueda obtener con su trabajo, todo lo que pueda obtener de su tierra feraz y hermosa? ¿Dónde está el crimen en querer que este pueblo reciba al fin la herencia de tantas generaciones como las que se han sacrificado? ¿Dónde está el crimen en querer que nuestro pueblo reciba los beneficios y lo que desearon para él desde los primeros cubanos que murieron en la lucha de 1868 y los que murieron en 1895, y nuestros próceres, y nuestros apóstoles, y los que murieron en la lucha por establecer una república mejor, desde el primero hasta el último joven que cayó en la lucha contra la tiranía? ¿Dónde está el crimen en desear, en querer y en tratar no de recibir beneficios personales, no de tratar de enriquecernos nosotros, sino en tratar de que al fin este pueblo reciba los beneficios de tantos sacrificios y de tanta lucha?

¡¿Qué derecho tienen a venir a meterse en nuestros problemas, qué derecho tienen a venir aquí a tratar de atacarnos y de calumniamos ante el mundo porque queremos hacer la felicidad de la patria?! (APLAUSOS PROLONGADOS.) ¿Qué derecho tienen a querer mantenernos en la abyección, en la ignorancia, en la miseria? Pues, ¡no! Somos un pueblo pequeño, pero un pueblo digno; somos un pueblo pequeño, pero un pueblo entero y un pueblo unido.

No les habla un demagogo. Más de una vez he tenido que emitir opiniones que quizás no coincidan con las personas que me están oyendo. He convertido en una ley de mi conducta con el pueblo decirle siempre la verdad, ser franco, ser sincero, ser honesto, no hablarle por conquistar simpatías. Porque si algunos han llegado al poder con el máximo de simpatía con que pueden llegar los gobernantes, esos hemos sido nosotros. Si después de tener el aplauso de todo el pueblo nos hemos dedicado a trabajar con más ahínco que nunca, con más ahínco que nadie, eso es sencillamente la prueba más elocuente de nuestra devoción a esta causa, de nuestra sinceridad con el pueblo, porque no tenemos que trabajar para buscarnos el aplauso que ya teníamos; al contrario, sé que haciendo leyes revolucionarias nos vamos a ganar enemigos que no teníamos, nos vamos a ganar criticas que no teníamos; sé que mientras más leyes revolucionarias hagamos, más van a tratar de calumniamos ante el mundo, más van a tratar de confundir al pobre mundo, a la pobre América la van a tratar de mantener en el oscurantismo y en la ignorancia.

Van a tratar de desacreditamos a los cubanos. ¿Para qué? Para que la América no imite nuestro ejemplo, para que la América no despierte; para que las castas militares, servidoras de los intereses creados, no desaparezcan. Pero, ya veremos quién puede más: si los pueblos, o los opresores de los pueblos; si los pueblos, o los explotadores de los pueblos; si la mentira, o si la verdad.

“Un principio justo” —como dijo Martí—, “desde el fondo de una cueva, puede más que un ejército.” Y con ese instinto que tienen los pueblos para conocer la verdad, con ese olfato que tienen los pueblos, los pueblos de nuestra América, a pesar de la calumnia, a pesar de los cables internacionales, a pesar de las mentiras, cada vez se sentirán más unidos al pueblo de Cuba, y mucho más en la misma medida en que la Revolución se haga. Y aquí la Revolución se hará, la Revolución se hará, ¡porque nada ni nadie podrá detenerla!; la Revolución se hará, porque mientras haya un pueblo como este, y mientras haya gobernantes dignos, la Revolución seguirá adelante.

¡Nunca hubo, juntos, pueblo bueno y gobierno bueno! Hubo pueblos buenos con gobiernos malos. Hoy, pueblo y gobierno son una misma cosa, pueblo y gobierno marchan juntos, pueblo y gobierno tienen el mismo pensamiento, la misma voluntad, la misma alma; pueblo y gobierno son una cosa sola en la Revolución. Ya no se puede decir gobierno y pueblo, sino pueblo y gobierno, y más bien dicho todavía: pueblo que gobierna, porque es aquí únicamente la voluntad mayoritaria del pueblo la que hoy está rigiendo sus destinos, es la voluntad de nuestro pueblo la que lleva adelante la Revolución. Y esta Revolución sí que puede hacer suya aquella consigna de Maceo cuando dijo que estaría en marcha mientras quedase una injusticia por reparar.

Muchas gracias.

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