Part 3
A las montañas no pueden ir, en la ciudad no pueden conspirar, y si desembarcan, bueno, pues, si desembarcan les podemos hasta hacer las casas de campaña para que duerman los primeros días allí (RISAS). Y si necesitan barcos se los prestamos. Nosotros, por ejemplo, sabemos que en Miami están conspirando por la libre, comprando armas, Masferrer, y Ventura, y Carratalá, y Laurent. (DEL PUBLICO LE DICEN: “¿Por qué no se quedaron aquí?”) Yo no sé, pero si tenían todos los fusiles y se fueron huyendo, ¿para qué se van a compra fusiles ahora? (APLAUSOS.) A esa gente no la entiende nadie, ¡no la entiende nadie! Se van, dejan los tanques, dejan los aviones, dejan los cañones, dejan todo y ahora se ponen a comprar armas allá (RISAS). Así que, bueno, uno no se explica estas cosas, pero algunos aliados tendrán por allá cuando se sienten tan atrevidos; cuando se sienten tan atrevidos es porque tienen algunos aliados. Por lo pronto yo no veo que el FBI los meta presos. No, no, allí tienen todas las garantías. Pero bueno, nos tienen sin cuidado; y nos tienen sin cuidado los ataques de “Time” y comparsa.
Las dos condecoraciones más grandes que he recibido en estos días son: la medalla que me mandaron los rebeldes argelinos y los ataques de la revista “Time” (APLAUSOS), porque eso demuestra que voy bien (APLAUSOS). Aquí lo malo es que “Time” empezara a elogiarme, entonces sí es verdad que yo no sabría qué hacer. Y ojalá que no se vayan a enterar, no vaya a ser que por hacerme daño, me elogien (RISAS). ¡Son capaces hasta de eso! Por ejemplo, aquella vez sacaron la fotografía para despertar el interés y adentro el ataque. Pero bueno, ¡me hacen más fuerte mientras más me ataquen! En eso están colaborando. Podrán confundir a alguna gente por allá, por Suramérica, pero bueno, ¡no es tan fácil! Suramérica sabe el corte de los gobiernos contrarrevolucionarios, reaccionarios: Trujillo, Somoza, Pérez Jiménez, castas militares, etcétera, etcétera. América sabe que este no es el gobierno de un ejército, este es el gobierno de los guajiros de la Sierra Maestra, que hicieron añicos el ejército mercenario de la tiranía (APLAUSOS).
América sabe que a los criminales de guerra los hemos fusilado, a pesar de todas las campañas que se hicieron contra nosotros; hemos hecho lo que están deseando hacer todos los pueblos americanos hace mucho tiempo. Y la América Latina está viendo nuestras leyes revolucionarias. Los cables internacionales no podrán engañarla, ni podrán engañar a nadie. Al pueblo no lo van a engañar, ¡el pueblo está muy claro!, ni argumentando o despertando sentimientos localistas, ni sentimientos religiosos. Porque claro, como no le pueden venir a hablar al campesino, al inquilino, al obrero, al profesional, a nadie le pueden venir a hablar, tratan de buscar por otro lado, a ver si se despiertan otras pasiones: la pasión religiosa, la pasión regional, y le hablan de “Oriente Federal”, y tratan de mezclar las cuestiones religiosas en los problemas políticos. Esa es la reacción, pero el pueblo está muy claro, el pueblo, independientemente de lo que cree.
La religión es una cosa interna del hombre, eso no tiene nada que ver con la política, señores. Y nosotros empezamos por respetar todos los cultos y todas las creencias religiosas, a todo el que cree como al que no cree, porque para eso somos un país liberal, un país democrático, un país libre. Así que esas pasiones, como en Oriente, querían despertar el sentimiento regionalista de Oriente, hablando de “Oriente Federal”. No decían “Cuba Federal”, sino “Oriente Federal”, tratando de dividir. Claro que eso no lo hacía ningún campesino; se sabía de donde venían todos esos ataques.
Los elementos contrarrevolucionarios ya han empezado a asomar las orejas, y el caso lo tenemos ahí bien claro con el de los pilotos criminales de guerra, ¡bien claro!: han defendido a los pilotos criminales de guerra con el ardor que no han defendido aquí a nadie. Si esos abogados que defendieron a los criminales de guerra, se hubieran dedicado a defender al infeliz aquí como están defendiendo a esos criminales de guerra, si se hubieran dedicado a combatir aquí los privilegios con esa saña, si se hubieran dedicado a mandar a la cárcel a los criminales, si se hubieran dedicado a defender a los pobres, a los campesinos desalojados de sus tierras, a las personas que les han ejecutado sus bienes, que les han arrebatado lo que tienen; si se hubieran dedicado, no hubiera habido tantas injusticias aquí en nuestra patria. Han defendido a los criminales de guerra con el calor que no defendieron nunca a los revolucionarios.
Y, claro, uno de esos abogados, un tal Recaredo, era fiscal en época de Machado, y todavía —miren qué alatés— está hablando. Y claro, claro, no eran alegatos jurídicos, eran alegatos políticos. ¿Y qué planteaban? ¿Pues saben ustedes lo que planteaban? Pues planteaban que les soltáramos a los pilotos. Eso es lo que pedían; o sea, declarar que no era crimen lo que hicieron, que eran inocentes. Entonces, si estos eran inocentes, todos los que se escaparon y están en Santo Domingo también eran inocentes. Y haber bombardeado todas las casas con bombas incendiarias, bombas de 500 libras, cohetes, metralla de toda clase, que haber hecho todo eso no es delito, y ahora, cuando Trujillo está comprando aviones, lo que plantean, nada menos, es que soltemos a esta gente para que se trasladen también a Santo Domingo y vuelvan otra vez a bombardear aquí las ciudades y los campos (EXCLAMACIONES). Eso es lo que plantean.
Y entonces, ¡ah!, que si se les condena, eso es “violar la justicia”; ¡ah!, que “los familiares”... Claro, los abogados tienen derecho a recurrir la sentencia cuando es contra un criminal de guerra; ¡ah!, pero el pueblo no tiene ningún derecho a recurrirla, según plantean. Y es absurdo que cuando todavía están frescos los cadáveres de tanto infeliz asesinado, estén planteando la impunidad de los pilotos; que no es crimen haber bombardeado; que no son acreedores de castigos los que han bombardeado nuestras ciudades y nuestros campos, y que, por tanto, pueden ahora, los mismos que estaban al servicio de Batista, ponerse al servicio de Batista otra vez, y de Trujillo. Porque en definitiva dirán esos abogados que Batista es el presidente legal, porque, señores, salió electo en las elecciones de 1954, lo ratificó el Tribunal Superior, el Tribunal de Garantías, el Tribunal Electoral, todos los tribunales. Y ahora dirán esos abogados: Batista es inocente, Batista es bueno, porque ellos dicen: “respeto, protestamos de que se les llame criminales, porque fueron absueltos por una sentencia”, pues entonces dirán: “respeto también de que a Batista se le llame dictador, porque los tribunales también aceptaron que ganó legalmente las elecciones, y el Tribunal de Garantías y el Tribunal Electoral aceptaron que era el triunfador”.
Y protestan de que se califique como se merecen al señor D’Acosta y a los demás abogados; al señor D’Acosta que era, nada menos que oficial del ejército antiguo, y todavía se le permitió seguir de oficial, y que se fue sin permiso, sin permiso de nadie —no le pidió permiso a nadie aquí—, encantado de la vida se fue allá a defender por dinero, a los criminales de guerra. Esos abogados estaban defendiendo por dinero a los criminales de guerra, y cuando los criminales de guerra van a ser castigados, después de una revisión de una sentencia que decía: “Considerando probado que bombardearon y que en los bombardeos hubo muertes”; pero no está probado que lo hayan hecho con dolo, ¡es que parece que los pilotos estaban paseando por las montañas y se les cayeron las bombas! Plantean, nada menos, que suelten a esos criminales de guerra, la impunidad del crimen de bombardear, cuando apenas han transcurrido dos meses desde los últimos bombardeos, cuando todavía están en la mente de los cubanos grabadas las fotografías de los niños destrozados por las bombas. Y entonces protesta el Colegio de Abogados de Santiago, y el de La Habana y el Nacional, no el colegio, no, dos o tres que se reunieron ahí y no le dieron cuenta a nadie, que se reunieron ahí para protestar de los ataques al señor D’Acosta y comparsa.
Pues yo digo aquí que protesto de los ataques a la justicia revolucionaria, y que si ellos piden respeto para los abogados de los criminales de guerra, pido respeto para los ancianos, los niños y las mujeres asesinados por los aviones de la tiranía (APLAUSOS).
Observen, observen cómo actúa la reacción contrarrevolucionaria. Claro, están haciéndole el juego al “Time”, están haciéndoles el juego a los enemigos de la república, están haciéndoles el juego a los criminales de guerra. No es casualidad que esos señores abogados estén defendiendo a los criminales de guerra, es bien sencilla la explicación: ¿A quién defienden esos abogados? Esos no son los abogados jóvenes, los abogados nuevos desplazados, son los abogados de los grandes bufetes, los abogados defensores de los privilegios. Y claro, han salido a la palestra como abanderados de esos privilegios, porque saben que nosotros estamos dictando leyes revolucionarias que ponen fin al privilegio. Y naturalmente, como los abogados de los grandes intereses son simples servidores, simples criados de los poderosos, ¡los amos no han salido a la palestra, pero han salido sus criados! (APLAUSOS.)
¡Ah, qué vergüenza la conducta de esos ejecutivos de los colegios Nacional y de La Habana, solidarizándose con las declaraciones de los defensores de los criminales de guerra, de los que piden que los bombardeadores, que los pilotos, sean absueltos, para que vengan a bombardear otra vez a nuestro pueblo! (APLAUSOS.) ¡Qué vergüenza!
Y lo triste es que, cuando esos aviones vengan otra vez a bombardear nuestras ciudades y nuestros campos, no serán ellos los que salgan a combatir; tendrán que ser los campesinos, tendremos que ser nosotros los que salgamos a combatir en defensa del pueblo, otra vez, porque mientras los demás estén pasando hambre, sed y lluvia en las montañas, ellos estarán encantados de la vida en su casa, tomando highball, y sin problemas, porque ya están haciendo méritos. Saben que de este lado hay garantías, pueden escribir, pueden hablar; pero del otro lado pues ya están haciendo méritos, ya están asociándose, porque los pilotos criminales son el cordón umbilical que une la reacción derechista y contrarrevolucionaria con los criminales de guerra, y no vamos a tardar mucho en ver a esos señores militando en los “tigres de Masferrer, porque han empezado ya por defenderles los pilotos a Batista, para ver si Batista cuenta con pilotos que tengan experiencia de dos años de bombardeo; conocen los lugares, conocen los pueblos, conocen cómo tirar las bombas sobre las ciudades.
Batista necesita a esos pilotos y a esos señores, que están en una actitud contrarrevolucionaria, porque saben que la Revolución es el fin de los privilegios. Ya están tratando de servir a los enemigos de la Revolución de dos maneras: una, tratando de confundir al pueblo, haciéndole creer que aquí están pasando las mismas cosas de antes: ya los “cuadritos” de protesta, de que se violan los derechos, de que hay injusticia, ya están haciendo la campaña para debilitar al pueblo y confundirlo, a ver si debilitan la Revolución; y al mismo tiempo que debilitan y confunden la Revolución, facilitarle a Batista pilotos, para que tiren. Y entonces, si estos son absueltos, decir que suelten a todos los demás que están condenados, porque, ¿por qué, si se suelta a los pilotos, se va a condenar a cárcel a los otros criminales de guerra? Y después dirán que es un crimen haber fusilado a los que hemos fusilado, y después dirán que son los redentores de la patria, y después dirán todo.
Pero claro, claro, las cosas no van a ser tan fáciles, porque no es lo mismo luchar contra la injusticia que luchar contra la justicia; no es lo mismo luchar contra la tiranía que luchar contra la libertad; no es lo mismo luchar contra la politiquería que luchar contra la Revolución; no es lo mismo luchar contra ladrones que luchar contra hombres honestos; no es lo mismo luchar contra minorías que luchar contra mayorías que están cumpliendo (APLAUSOS).
Lo que van a ganar esos intereses y esos privilegios que son enemigos de la Revolución, lo que van a ganar si se unen a los criminales de guerra, es que van a salir perdiendo más, porque entonces no les va a quedar absolutamente nada, ¡no les va a quedar absolutamente nada! Y lo peor que pueden hacer es no adaptarse a la Revolución, que la Revolución no está eliminando a nadie, no está arruinando a nadie, lo que quiere es ordenar las cosas de una manera justa y hasta darle oportunidad a todo el que contribuya. El rico puede contribuir invirtiendo su dinero en industrias, a condición de que mantenga salarios altos; ya nosotros nos encargaremos de darle casas baratas, y darle todo lo que el pueblo necesita, y darle escuelas, y darle hospitales, y darle todo lo que haga falta; pueden contribuir, y, efectivamente, un sector del país, de la gente con intereses económicos, como los industriales, puede contribuir grandemente en esta Revolución. Los demás, lo peor que pueden hacer es asociarse con los criminales de guerra, porque entonces aquella gente va a tratar de plantear un día, de manera violenta... Porque, ¿qué esperanza les puede quedar? Pues, tratarán de perturbar, de hacer el daño que puedan, tratarán de confundir, pero de aquí al pueblo de Cuba no lo sacan de aquí. Aquí, para derrotar la Revolución, tienen que pelear contra todo el pueblo, aquí se atrincheran hombres, mujeres y niños, aquí pelea hasta el último hombre. Así que aquí no hay la menor esperanza (APLAUSOS).
Y a ese pueblo que va a ver día a día cómo rectamente, cómo honestamente, seriamente se va a ir haciendo una obra, una tarea a favor del pueblo, sin sacrificar los derechos del pueblo, sin sacrificar una sola de sus libertades, sin sacrificar una sola de sus dignidades; a ese pueblo —tratándose del pueblo cubano— va a ser muy difícil, mejor dicho, va a ser imposible que lo puedan confundir, porque ya todo el mundo sabe por dónde vienen; ya saben lo que pueden esperar de los abogados de los grandes intereses y de los privilegios; ya saben lo que pueden esperar de los criminales de guerra; ya saben lo que pueden esperar de esos grupos dominantes, que fueron desplazados del poder por la Revolución; ya sabemos lo que nos espera de ellos. Y nadie está dispuesto a renunciar a las ventajas y a las conquistas que ha alcanzado; no las que ha alcanzado, las que va a alcanzar, porque los frutos de la Revolución no se pueden ver todavía. Los frutos de la Revolución se verán con el tiempo, y el pueblo verá y observará lo que era antes y lo que va a ser pronto, y lo que va a ser cada vez más en el futuro.
Así que lo más torpe, lo más erróneo que se puede cometer es eso, porque al pueblo no lo van a engañar. ¡El tiempo de los bobos se acabó!, como dice el dicho (RISAS). Ya no es cuestión de cintillos, como el de esta mañana, y esas cosas con lo que van a confundir aquí a nadie; ni los simuladores, ni los farsantes; no van a confundir, porque aquí van a quedar desnudos ante el pueblo, cuando se le diga la verdad, cuando se les desenmascare, cuando se le diga los propósitos que traen.
Así que yo creo que lo que hay es que salirles al paso rápidamente a todos los elementos pseudorrevolucionarios, a los elementos reaccionarios y a los enemigos de la Revolución cada vez que levanten cabeza, tenerlos en jaque, en evidencia ante la nación. ¡Que escriban! ¡A nosotros sí que no nos importa que escriban! ¡Que hablen! ¡A nosotros no nos importa que hablen!, porque nosotros sabemos también hablar y sabemos defender nuestro derecho. ¿Con qué? Porque si yo no estuviera aquí convencido de que estamos actuando con justicia, si no me sintiera con fuerza moral, no me pararía aquí. Se paran en la tribuna cuando no tienen razón, únicamente los cínicos, los descarados, los farsantes, los simuladores, como esos que se paran allí en una tribuna a decir que eran unos jóvenes idealistas los pilotos; esos pilotos que cobraban por tirar bombas, esos pilotos que después de bombardear una ciudad, iban a divertirse y a emborracharse en los cabarets, y en los prostíbulos. A esos les llaman jóvenes idealistas. Y llaman, comparan a los pilotos criminales con los estudiantes de 1871.
¿Qué clase de elemento es ese, que es capaz de atreverse a esas comparaciones? ¡Qué clase de desvergüenza, qué clase de falta de decoro y de pudor, qué clase de cinismo, atreverse a pararse delante del pueblo a decir esas cosas! ¡A qué grado de atrevimiento han llegado ya! Y qué equivocados están, ¡qué equivocados! Porque cuando aquí se acaben los privilegios, yo voy a ver quién es el que le va a dar trabajo a abogados, cuando aquí se acaben los latifundios, y se acaben unos cuantos privilegios. Porque antes, bueno, era cuestión de tener amistades: “Fulano tiene muchas relaciones con los jueces, está muy bien relacionado con el gobierno, etcétera, etcétera, con el sargento, con el capitán.” Y ahora todo eso se acabó. Les va a costar mucho trabajo ejercer la profesión.
Por lo pronto, el pueblo, a esos abogados de los criminales de guerra —no al que defienda gratis un sentimiento, o al que haga alegatos jurídicos; pero se han puesto a convertir en cuestión política el problema de los criminales de guerra, han hecho alegatos políticos—, el pueblo ya los ha identificado como los aliados de los criminales de guerra. Y yo digo que, realmente, han sido muy desleales con los criminales de guerra, porque eran sus amigos, porque, ¿de quién era amigo el capitán, el comandante? Era amigo del latifundista. ¿Al servicio de quién estaba? Al servicio de las compañías poderosas, le pagaban un sueldo y ese hombre estaba al servicio de la compañía. Y esos hombres mataron, asesinaron y pelearon, ¿defendiendo qué? ¡Los privilegios! Pues los privilegios han sido muy ingratos, porque se habían tardado mucho en defender a sus amigos, los criminales de guerra; se han tardado dos meses en defenderlos. Debieron haberlos defendido desde el primer día, han sido muy ingratos, y han venido ahora a defender a sus aliados, a sus amigos.
Esos simuladores no se explica uno cómo tienen cara de pararse en una tribuna a comparar a los criminales de guerra con los estudiantes de 1871, y llamarlos idealistas, jóvenes idealistas. ¿Qué se habrán creído? ¿Se creerán que están un año atrás? ¿Se creerán que están jugando allí, defendiendo a un revolucionario frente a los tribunales de la tiranía? Desde luego, ellos saben bien que no, pero como ellos saben que en la mentalidad del pueblo estaba aquella idea, acostumbrado a eso, ahora salen escribiendo las mismas cosas y los mismos cuadritos, a ver si confunden a alguien. Esa es, sencillamente, la técnica; pero creo que han cometido el error más grande que pueda concebirse.
Y a los ejecutivos de los colegios de abogados de La Habana, de Santiago y el Nacional —no a la masa de los abogados revolucionarios, porque los abogados revolucionarios también están pasando hambre, porque estos señores de los grandes bufetes y de los grandes intereses lo controlan todo, son los magnates de la profesión, son los vivebién de la profesión, son los expertos en el truco, en cómo se desaloja a un campesino, en cómo se gana un pleito grande, en cómo se bota a un inquilino de la casa, en cómo se burla el fisco, en cómo se comete todo género de inmoralidades; esos tienen comprimidos allí a los abogados jóvenes, los tienen de porteros en los bufetes—, a los abogados jóvenes no, esos son revolucionarios, pero a los que salieron tan irresponsablemente en nombre de los abogados, a esos lo único que cabe decirles es que es una vergüenza que en vez de felicitar al Gobierno Revolucionario, a los Tribunales de Justicia, a la policía y al ejército revolucionario, porque indagaron, descubrieron y castigaron a los criminales que asesinaron a Pelayo Cuervo; en vez de felicitar al Gobierno Revolucionario, porque ha rebajado las tarifas abusivas en los teléfonos, que fue precisamente la batalla de aquel gran abogado, lo que hacen es protestar de que se critique al señor D’Acosta, y lo que hacen es defender a los abogados que han defendido a los criminales de guerra y hacer causa común con ellos; atacar a la Revolución, sin hacerle siquiera un solo reconocimiento.
Si fueran revolucionarios, si fueran justos, hubieran empezado por batir palmas y felicitar a un gobierno que ha hecho justicia frente a uno de los crímenes más cobardes que se han perpetrado, contra aquel ilustre abogado, contra aquel hombre de carácter, contra aquel hombre entero que fue Pelayo Cuervo Navarro. ¡Eso no! A defender al señor D’Acosta, a protestar de que se le critique, a protestar de que se condene y se castigue a los criminales de guerra: esa es la actitud que han asumido. Y, desde luego, esa tenía que ser, los criados de los privilegios tenían que salirle al paso a la Revolución.
Y lo bonito es que hablan en nombre de los abogados, como si nosotros no fuéramos abogados, como si una gran parte de los ministros revolucionarios no fueran abogados. Ellos hablan en nombre de los abogados. ¿De qué abogados? Hablarán en nombre de la reacción, hablarán en nombre de los grandes bufetes, hablarán en nombre de los privilegios, ¡pero no hablarán en nombre de los abogados y menos de los abogados revolucionarios, porque nosotros también somos abogados! Yo también soy abogado, ¡pero abogado que ha puesto su toga al servicio del pueblo! (APLAUSOS); abogado que ha seguido la tradición de Céspedes, que también era un abogado revolucionario; de Agramonte, que también era un abogado revolucionario; de Martí, que también era un abogado revolucionario. Y esa tradición es la que deben seguir los abogados honestos; no los que hacen causa común con los defensores de los criminales de guerra por una simple solidaridad de grupo; porque es lo mismo que si yo, cuando un rebelde hiciera algo mal hecho, me solidarizara con él porque es rebelde. Y eso es lo que han hecho.
Pero, en definitiva, se han puesto en evidencia ante el pueblo y se ha demostrado cómo actúa la contrarrevolución, cómo trata de confundir, cómo trata de dividir la opinión pública, cómo trata de engañar, para ver si recogen pueblo, debilitan la Revolución. ¿Debilitarla, en servicio de quién? ¡Ah!, pues en servicio de los criminales de guerra, de los prófugos de la tiranía, de los que están comprando armas, de los que están comprando aviones. ¡Debilitarla en lo material y debilitarla en lo moral! Eso es lo único que se proponen. Y, desde luego, que sepan que van a tener que enfrentarse a la Revolución, porque la Revolución es respetuosa de los derechos, pero sabe combatir y sabe defenderse.
Así que está bien que hayan ocurrido estas cosas, para que el pueblo se ilustre de la forma que tienen de actuar los enemigos. Y son los aliados de los criminales de guerra que están dentro, de los criminales de guerra que están prófugos, de los grandes intereses de la revista “Time” y de todos esos intereses que protestan de que aquí se hagan leyes revolucionarias. Y el pueblo tiene que estar muy alerta porque, frente a todos los intereses poderosos —muy poderosos por cierto—, hay, sin embargo, un arma formidable: la firmeza, la entereza y la unión del pueblo.