Discurso pronunciado en el resumen de la Asamblea Extraordinaria de los Empleados de la Compañía Cubana de Teléfonos, para respaldar las nuevas tarifas telefónicas y la intervención, efectuada en el Teatro de la CTC, el 6 de marzo de 1959

Part 2

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(DEL PUBLICO LE DICEN: “Que los coja Faustino.”) Pero, ¿dónde están? Esos no se sabe dónde meten el dinero; yo creo que ni en el banco lo tienen guardado.

Esa es la peor lacra que pesa sobre el pueblo, entre otras cosas porque ha enviciado al pueblo, yo lo digo porque ha enviciado al pueblo a pedirle. Eso es lo peor. Así que hay que arruinarlos, en primer lugar; en segundo lugar, hay que dictar medidas legales para encarcelarlos, porque es la única manera de ponerle fin al vil garrote, como se dice vulgarmente. Lo que se cobra es, sencillamente, criminal. Y no me basta más que oír que aquí, mientras yo hablaba del bodeguero, del tintorero, todo el mundo me decía: “El garrotero, el garrotero, el garrotero.” Es que es el mal más generalizado que hay. Y por lo que he visto, líderes obreros, periodistas, técnicos, ¡aquí todo el mundo va a parar a manos del garrotero! (RISAS.) Creo que del garrotero no se salva nadie aquí. Es una real necesidad librar al pueblo del garrotero. Ya sé que me voy a echar de enemigo al garrotero también, ¡cómo si fueran pocos los que me estoy echando en estos días! (RISAS); pero, que el garrotero se industrialice, yo le doy ese consejo (RISAS). (DEL PUBLICO LE DICEN: “Comandante, para coger a un garrotero de aquí a unos años...”) No, no, vamos a arruinarlos. Una golondrina no compone verano.

(DEL PUBLICO LE DICEN: “Lo que hay que dar una orden para coger los garroteros.”) No, no, van a salir huyendo todos. ¡No! Vamos a proponerle al garrotero que ponga una fábrica y se industrialice si quiere garantías. Porque la consigna ahora es industrializar al país, y ponerle fin a todo tipo de negocio especulativo y de ese orden, pero necesitamos la colaboración del pueblo. Porque, precisamente, al pueblo hay que quitarle una serie de cosas que ya constituyen un hábito, constituyen una costumbre, y que le hace mucho daño.

El pueblo tiene que colaborar en esa forma con las medidas del Gobierno Revolucionario, como está colaborando ya hoy en una serie de cuestiones: consumiendo artículos del país, comprando automóviles chiquitos para no gastar mucha gasolina. Y, sobre todo, a nosotros lo que nos preocupa es que como vamos a elevar tanto el estándar de vida, aquí, con el tiempo, el que más y el que menos se va a poder comprar una máquina —cuando nosotros establezcamos financiamientos con un interés bajo, y haya playas aquí para todo el mundo— (APLAUSOS), me temo que todo el mundo quiera comprarse una máquina, y entonces vamos a gastar en gasolina una cantidad exorbitante. O sea, no estoy pensando ahora, porque no queremos que los obreros de las gasolineras se queden..., sino al contrario; pero sí queremos que cuando se duplique el número de automóviles... La gasolina que esos Cadillacs y esos carros grandes gastan es una cosa terrible.

Me parece que tenemos que ir previendo, porque vamos a elevar de verdad el estándar de vida del pueblo, y tenemos que ir pensando en todas esas cosas.

Necesitamos que el pueblo colabore con esas medidas, como hay otras en que necesitamos que el pueblo colabore ahora. Porque ahora tenemos el problema: desde hacía muchos días, la gente que tenía fe en la Revolución se imaginaba algo aquí de las tarifas telefónicas y estaba aguantando los recibos; el que más y el que menos, se guardó su platica y no ha pagado los teléfonos.

Nosotros queríamos rebajar los teléfonos desde el mismo día —podíamos rebajar los traganíqueles porque era un problema mecánico—, pero ya todos los recibos estaban hechos, en virtud de un mecanismo determinado y eso no se podía cambiar en pocas horas. Se acordó que los recibos de este mes iban a salir como estaban, entonces ya viene lo que se debe, se computa la parte que se paga mensual ahora y la parte que estaba medida ya de acuerdo con la tarifa. Pero ahora ese dinero hace falta cobrarlo, porque como está intervenida la compañía y hay que ampliar el servicio, pues la administración, la Intervención necesita que el pueblo le pague y que pague los recibos tal como están ahora, en espera ya de los nuevos recibos que vienen el otro mes. Tengan presente que eso que paguen no servirá para enriquecer a nadie: servirá para ampliar el servicio y para darles trabajo a cientos de obreros (APLAUSOS). Así que por eso pedimos la colaboración del pueblo.

También se planteó que el peso ese de cinco a seis que se estaba cobrando, se quedara en seis pesos y no en cinco, con vistas a los planes de ampliación, que tenemos mucho interés. Y si durante muchos años se estuvo pagando esos seis pesos, que se paguen ahora a la Intervención, precisamente para poder ampliar los servicios y determinar, en definitiva, la política que se siga con la compañía.

Esa es la razón por la que necesitamos la colaboración de todo el pueblo, que pague los teléfonos. ¡No vayan a hacer como con el garrotero! Los teléfonos hay que pagarlos ahora, porque la administración lo necesita para ampliar sus servicios. De lo contrario... (DEL PÚBLICO LE DICEN ALGO.) Sí, cómo no. A mí no se me había olvidado este problema tampoco, el de los centros automáticos. Ese es otro problema.

La cuestión es que necesitamos en eso la colaboración del pueblo, para que la administración salga adelante y se pueda realizar ese plan fulminante de expansión de los teléfonos, y también dar empleo a muchos cubanos, que van ahora a empezar a ganar buenos sueldos también.

Y está también el problema de los centros automáticos. Yo les puedo ya garantizar a los cientos de obreros telefónicos que están preocupados por esa cuestión, que después de hablar con el señor interventor ya les podemos asegurar que ningún obrero será trasladado de la localidad donde vive (APLAUSOS). Eso es algo que les preocupa mucho, sobre todo, a los operadores del interior, que los quieren mudar a la fuerza; así que les ponen un centro automático allí, y los mudan, como si el hombre fuera también una máquina que la quitan de aquí y la ponen allá en otro lado. Y ese problema es una cuestión humana, que es justo que se atienda. Y ya se lo puedo adelantar para tranquilidad de todos los telefónicos que han enviado cientos de telegramas aquí.

Así que veo con optimismo que la medida revolucionaria en la Compañía de Teléfonos va a tener un gran éxito, y que el pueblo no tardará en ver los beneficios. Y que por fin aquí se podrá comunicar todo el mundo por teléfono, y barato. Las tarifas, en definitiva, que se hagan, se harán atendiendo realmente los costos, atendiendo realmente las necesidades. Será una cosa justa lo que se señale.

Claro que si acostumbráramos al pueblo a que no llamara nada más que lo estrictamente necesario, entonces el problema de la medida pues pudiera llegar hasta a suprimirse. No soy muy técnico en eso; lo único que sí digo es que las tarifas que se señalen serán las que realmente se justifiquen de acuerdo con los costos y los planes. Por lo demás, quedan muchas perspectivas con respecto a la compañía. Nuestro deseo sería estudiar la fórmula mediante la cual la compañía fuera de verdad la Compañía Cubana de Teléfonos (APLAUSOS).

Naturalmente que esto no le ha hecho mucha gracia a nadie. Mejor dicho, no a nadie, no le ha hecho mucha gracia a todo el mundo, sobre todo por allá por el Norte. Se ha escrito algo en estos días, se ha escrito mucho sobre el problema de las tarifas telefónicas. Yo no me explico: si movemos un dedo aquí, inmediatamente tiene que ver todo el mundo con ese dedo que nosotros movemos aquí, ¡en nuestra patria libre y soberana, señores! (APLAUSOS.)

No se explica qué pasa con los cubanos, no sé qué quieren de los cubanos. Parece que ellos no se imaginan la clase de pueblo que es el pueblo cubano, la clase de hombres y mujeres con que cuenta este pueblo, la clase de niños y de ancianos con que cuenta este pueblo, porque aquí hasta los muchachos de cuatro años ya saben lo que es Revolución y lo que es patria, ¡han aprendido mucho! (APLAUSOS.) No sé si piensan que nosotros estamos condenados, por naturaleza, a ser una especie de pueblo atrasado, una especie de pueblo explotado, una especie de pueblo esclavo; un pueblo para vivir explotado, pasando hambre, sin trabajar aquí nadie, durmiendo en un solar, víctima del garrotero, víctima de todos los especuladores, víctima de todo el mundo. ¡Qué bonito! Eso ha sido hasta hoy: víctima de los gobernantes traidores y miserables.

Realmente, si no se respetaba a este pueblo como debía respetarse, era porque los jefes de este pueblo, los gobernantes, los representantes, los mandatarios del pueblo, no se hacían respetar. Porque es lógico que cuando un gobernante, en vez de dedicarse a trabajar en lo que tiene que trabajar, que es en hacer leyes justas, en estudiar los problemas, en resolverlos con mucha calma y mucha paciencia, se dedica a enriquecerse, se dedica a coger por aquí, por allí, por acá, con todas las manos, por dondequiera, pues no lo respeta nadie, porque cuando viene un funcionario extranjero a hablar con aquel señor, ya lo mira con sorna: no está hablando con un gobernante —no hay moral para parársele allí a discutir y a defender sus derechos—, está hablando con un señor que está explotando a ese mismo pueblo, y lo que hacen es que lo tientan, lo sobornan, le ofrecen más dinero, buscan un arreglo. Y así ha estado el pueblo. Los gobernantes eran los primeros que se ponían de acuerdo con los intereses extraños. Un poco más y casi uno no acaba de explicarse cómo no arruinaron la república, cómo no la vendieron. Es casi un milagro.

Y así, claro, si nosotros quisiéramos resolver el problema del desempleo, enseguida habría un procedimiento para resolverlo: ponemos un letrero aquí que diga que aquí puede venir todo el mundo a invertir, a poner todas las fábricas que les dé la gana, que hay todas las exenciones, y se nos llena de chimeneas la isla. Claro, a los pocos años aquí, a los dos o tres años, está todo el mundo trabajando, pero la isla la hemos vendido completa. Vienen capitales de todas partes del mundo a invertirse aquí, y cuando les hagan esas concesiones, pues, entonces, sí, trabajan al principio pero después se tienen que pasar toda la vida sacando el dinero del país para afuera, y nos convertimos en un pueblo esclavo, sin independencia económica.

El mérito está en industrializar nuestro país sin vender la república, sin sacrificar a los trabajadores, sin sacrificar al pueblo. Claro, si nosotros decimos que tienen derecho a despedir obreros, a hacer lo que les dé la gana, a pagar los salarios que les dé la gana, se nos llena de chimeneas esto enseguida. Pero el problema no es ese, el problema no es chimeneas, sino llenarlo de fábricas —aunque nos tardemos más—, pero que esas fábricas sean fábricas cubanas (APLAUSOS).

Ahora por lo menos hay una cosa: cuando vengan aquí, quien venga y de donde venga, a hablar con nosotros, sabe que está hablando con gente honrada, sabe que no nos pueden hablar de un millón, ni de diez, ni de cien, ni de mil, ni de todos los millones juntos; saben, además, que no pueden asustar a nadie aquí; saben, además, que hay un pueblo unido y firme, y saben, además, que para nosotros no hay más que un deber sagrado, que son los intereses del pueblo, la dignidad y la soberanía de la nación. Y solo así se hacen respetar los pueblos. Podrán atacarnos, podrán insultarnos, podrán calumniamos, ¡pero tendrán que respetarnos! (APLAUSOS.)

Claro que escriben, escriben mucho. Hay por ahí un libelo, que se llama la revista “Time”, que no cesa un solo segundo de hacer los ataques más canallescos, más calumniosos y más groseros contra el pueblo de Cuba y el Gobierno Revolucionario cubano. A mí no... (DEL PUBLICO LE DICEN: “Boicot, hacerle boicot.”) Bueno, que circulen, para que vean lo indecentes que son (APLAUSOS). ¿Qué hace con esa insolencia? (DEL PUBLICO LE DICEN: “No lo compramos más.”) Bueno, a nosotros qué nos importa. Para que el pueblo vea. Y se meten en todo, ¡hasta en los muebles que tiene uno en la casa!, y si uno no tiene muebles, pues se meten también. Y si encuentran a uno durmiendo allí, en un sillón, porque se pasó tres días sin dormir, a un rebelde o a un periodista, porque está agotado de cansancio, pues lo ponen también, y que todo es un desorden. Sí, un desorden, pero hay leyes revolucionarias; un desorden, pero los obreros, en cuatro horas, han acabado con los tragarreales. ¿Eso es desorden? (APLAUSOS.) Un desorden, pero los alquileres están rebajados. Un desorden, pero las tarifas eléctricas del interior fueron equiparadas con la capital. Un desorden, pero el Instituto de Ahorro y Viviendas está establecido. Un desorden, pero el ejército mercenario está disuelto, aniquilado. Un desorden, pero donde antes había cuarteles, se están haciendo ahora escuelas (APLAUSOS). Un desorden, pero los malversadores están perdiendo sus bienes. Un desorden, pero existe soberanía en el país y los cubanos han sabido defender con dignidad su soberanía. Un desorden, pero los colaboradores de la tiranía han sido confiscados. Un desorden, pero se acabaron las “botellas”. Un desorden, pero se acabaron los contrabandos. Un desorden, pero se acabaron los negocios turbios. Un desorden, pero hay honradez en la Administración Pública. Un desorden, pero ya aquí no se mata a nadie, no se asesina a nadie, no se tortura a nadie (APLAUSOS). Un desorden, pero los ministros en vez de ponerse a robar, se rebajaron el sueldo.

No me atrevo ni a decir cuánto se han rebajado, porque me van a declarar una huelga cualquier día en el Consejo de Ministros (LE DICEN QUE NO SE OYE). Digo que cualquier día los ministros se declaran en huelga por la rebaja de salarios. Pero ya yo dije que cuando le aumentáramos el sueldo a todo el mundo, se lo aumentábamos también a los ministros (APLAUSOS).

Se vive en un ambiente distinto a pesar de ese “desorden”, con una paz completa. Claro, hay alguna gente preocupada aquí. ¿Qué vamos a hacer? ¿Qué querían? ¿Que dejáramos todo como estaba? ¿Qué pasaba aquí si dejábamos esto como estaba?

A pesar de ese “desorden” —y yo precisamente no voy al premierato, porque es que yo quiero demostrar que esto no es cuestión de burocracia, sino de trabajar—, a pesar de todo eso, a pesar de ese “desorden”, ha habido justicia revolucionaria y han sido fusilados cerca de 400 criminales de guerra. Y a pesar de ese “desorden”, ya hay unas cuantas caballerías de tierras repartidas y hay algunas cooperativas funcionando (APLAUSOS), y ya se están recaudando millones de pesos para comprar tractores, arados, plantas eléctricas y bombas de agua, y hay organizaciones campesinas. Y a pesar de ese “desorden”, hay una zafra que se está llevando a cabo ejemplarmente, gracias al apoyo, al sacrificio de los obreros azucareros (APLAUSOS PROLONGADOS). Los campesinos han respetado la tierra, porque están esperando a que nosotros la repartamos con orden y organizadamente.

Y a pesar de todos los problemas que tiene que confrontar un Gobierno Revolucionario, que se encontró un Estado desorganizado, no diré que hayamos hecho maravillas, pero aquí se han hecho algunas cosas ya, afortunadamente, y otras más se van a hacer poco a poco. Y cada vez iremos perfeccionando más el aparato administrativo del Estado, cada vez iremos seleccionando a los mejores funcionarios. Y, sobre todo, hay una batalla aquí que vamos a ganar, y es la batalla contra el desempleo. Veremos si dentro de seis meses hay el mismo número de desempleados, veremos si dentro de un año no hemos dado trabajo aquí a 200 000 cubanos —que es la meta que nos hemos propuesto— y en tres años, acabamos con el desempleo.

Así que esos son los ataques, ataques virulentos, que dicen que yo combato el nepotismo y que mi hermano es jefe de las Fuerzas Armadas. ¡Por supuesto! ¡Como no se tratara de un revolucionario igual que yo! ¡Como si no hubiese estado de los primeros en el ataque al Cuartel Moncada! ¡Como si no hubiese estado veintidós meses en prisión, junto conmigo! (APLAUSOS PROLONGADOS.) ¡Como si no hubiese sido el primer exiliado que salió de Cuba, el primer acusado, apenas salió de la cárcel! ¡Como si no hubiese sido de los ochenta y dos, el último que dejó la nave, para cargar hasta la ultima bala; uno de los doce; uno de los cinco, que se presentó con sus armas, al cabo de quince días, después del primer revés; de los que con cincuenta y tres hombres organizó el Segundo Frente de la provincia de Oriente, “Frank País”! ¡Como si no tuviese todos los méritos de un revolucionario honesto, firme y decidido! ¡Como si pudiera haber nepotismo!

Pero eso es la intriga, la intriga de decir que yo combato el nepotismo, cuando lo que he hecho es, sencillamente: Camilo no es hermano mío y, sin embargo, es el jefe del Ejército, por sus méritos; Ernesto Guevara no es hermano mÍo y, sin embargo, es el jefe de La Cabaña; Efigenio Ameijeiras no es hermano mío y, sin embargo, es el jefe de la Policía; Almeida no es mi hermano y, sin embargo, es el jefe de División Blindada; Hubert Matos no es mi hermano, y es el jefe de Camagüey; Calixto García no es mi hermano y, sin embargo, es el jefe de Matanzas. Y no sigo: ¡digo que no son mis hermanos carnales, pero son mis hermanos de ideales, mis hermanos de sentimientos! (APLAUSOS PROLONGADOS.)

¡No, ese no es el nepotismo! Nepotismo es sacar a un pariente, que ni lo ha saludado a uno en los últimos siete u ocho años, y ponerlo de director de un departamento, darle un cargo. Nepotismo es buscar al familiar para favorecerlo, aunque no tenga mérito alguno. Y yo creo que el peor inconveniente que pueda tener nadie en estos momentos es ser familiar mío, porque excepto mi hermano Raúl, que bajó de las montañas con sus tropas, aquí no le he dado un solo cargo a un solo familiar, ni a mis hermanas, ni a nadie absolutamente. Pero eso no lo resaltan ellos; ellos van entonces a querer confundir, a hacer ver como que yo soy nepotista. Y lo que les duele es lo que yo he hecho, que yo he dicho: “Ustedes, conmigo, si quieren hagan lo que les dé la gana, pero el que viene detrás va a ser más radical que yo” (APLAUSOS).

Así que simplemente tomar algunas medidas previsoras, que me permitan la tranquilidad de andar como ando por la calle, sin mucha escolta —ando con dos o tres, y sobran; y no ando solo porque no me dejan andar solo— (RISAS), pero me junto con el pueblo, no ando con perseguidoras, ni tanques, ni motocicletas, ni haciendo bullas, ni tocando el claxon, ni nada de eso. Ando solo y ando con el pueblo, y eso es lo que haré siempre, si me quieren.

El otro día me dijeron que habían tirado unos tiritos por ahí, y yo todavía ni lo he averiguado, porque es que para tirarme a mí no hay que ir a Cojímar, si yo ando por la calle y seguiré andando por la calle todos los días. ¡Eso no me lo quita nadie! ¿Comprenden? Y seguiré juntándome con el pueblo. ¡Eso tampoco me lo podrá quitar nadie! Y no me importa, no me importan, incluso —a mí no me ha amenazado nadie, porque no creo que nadie pierda el tiempo en esa bobería—, los intereses de los perjudicados. Si quieren hacer, que hagan, si yo sé que haciéndomelo no le van a hacer ningún daño a la Revolución, porque van a radicalizar más la Revolución. Y si el último servicio que yo tengo que hacer es radicalizar más la Revolución, hacerla más firme, más decidida, lo hago tranquilamente. Así que eso no me ofrece ningún cuidado (APLAUSOS).

Esa es la prueba. Esos ataques no se los dirigieron a Batista nunca, ¡qué va! Aquí podían matar 50, 100, 200, 1 000, 2 000, torturar, ultrajar mujeres, golpear a todo el mundo, violar todos los derechos, suspender todas las libertades, llevar a cabo todas las farsas electorales; pero no, no, no, a Batista no. Batista era un amigo incondicional, un servidor de los intereses creados, un entregado, un vendepatria, un mercenario: ¡a ese no, a ese no se le podía atacar! A nosotros sí, a nosotros sí.

Pero cuando Batista, hace dos años, entregaba esas concesiones onerosas a las compañías extranjeras, no se le dedicaban esos ataques a Batista; esos ataques nos los dedican hoy a nosotros, que hacemos por el pueblo. Porque lo que quisieran, lo que quisieran tener aquí es también un mercenario, un vendepatria, un hombre que se dejara sobornar o atemorizar.

Y esa campaña la siguen, y las campañas de las agencias cablegráficas internacionales las siguen. Y yo lo dije, lo dije en el mitin del millón, dije: “No se crean que esto se acaba, esto va en aumento. Dejen que nosotros rebajemos las tarifas telefónicas y eléctricas, que acabemos aquí con el latifundismo, ustedes verán a qué grado de ataques llegan.

Y ahora mismo, noticias de si hay una estación de “Radio Rebelde” en Las Villas, que si hay unos “alzados” (RISAS). ¿Quién se alza aquí que los campesinos no den cuenta y pago en cuatro minutos? (RISAS.) Miren, ¡que no vayan a cometer ese error!, yo se lo aconsejo, se lo aconsejo; o no se lo aconsejo, ¡me da lo mismo! Pero, honradamente, que no vayan a cometer el error de pensar que se puede hacer lo que nosotros hicimos, sin el pueblo.

Nosotros tuvimos que ganarnos al pueblo y, después que nos lo ganamos, porque llegamos a un pueblo al que siempre lo tenían esquilmado, a un pueblo, a unos campesinos que eran víctimas del guardia rural, del mayoral, de todo el mundo eran víctimas; y allí pues nosotros poco a poco nos conquistamos el corazón de ese campesinado. Ese campesinado ya es dueño de la tierra donde estaba establecido, no esté más que en trámite la propiedad. ¡¿Quién se mete en esos campos y en esas lomas?! Yo no se lo aconsejaría a nadie porque dicen que nunca segundas partes fueron buenas; ¡que no vayan a cometer ese error!, porque si allí se tuvieron que rendir los batallones enteros, cuando lo tenían todo, calculen ahora lo que les puede pasar. Ahora, de lo que sí pueden tener la seguridad es de que, desde luego, si algún criminalito de guerra cae por ahí y lo hacemos prisionero, ese ya de cabeza a los Tribunales de Guerra y se les aplica la ley correspondiente. Los demás, pues bueno, por lo menos tendrán la suerte que no tuvimos nosotros de que cuando caigan prisioneros serán prisioneros de hombres que no asesinan prisioneros, ¡aunque la Ciénaga de Zapata los está esperando para trabajar! (APLAUSOS PROLONGADOS.)

Y en cuanto a la lucha clandestina, ¿dónde es que van a esconderse?, ¿en qué edificio donde no haya un revolucionario, donde no haya un inquilino al que le hayamos rebajado el alquiler (APLAUSOS), donde no viva un obrero al que no hayamos mejorado en algún sentido, donde no haya un ciudadano...? ¡Porque aquí van a tener un millón de ojos vigilándolos!, porque ahora esto no es cuestión de policía ya, no, no, esto es cuestión de pueblo. ¡El ejército de nosotros es el pueblo! Y donde el conspirador ande metiéndose, yo creo que ni a la mujer le va a poder decir que está conspirando (RISAS Y APLAUSOS).

Porque, ¿qué ciudadano honrado del pueblo, qué hombre honesto, sea hombre o mujer, cualquier ciudadano, cuál de ellos no va a estar hoy en esta lucha epopéyica de nuestro pueblo, no va a estar al lado de la patria, al lado de la nación? Frente a todos esos intereses mercenarios, ¿quién va a traicionar a su patria? Y ahora aquí no hay que pagarle nada a nadie. ¡Ya aquí el chivato se acabó! El chivato es una institución que es necesaria cuando hay una minoría; cuando hay una minoría oprimiendo a una mayoría, tiene que tener un cuerpo de confidentes. Pero cuando hay una mayoría absoluta en el poder, que es la que está llamada a velar por su Gobierno Revolucionario, se acabó el chivato, ya no hace falta, aquí no hay que informar nada, porque todo el mundo estará al tanto de todo, y estarán mil ojos vigilando.