Discurso pronunciado en el Parque La Libertad de la Ciudad de Matanzas, en su recorrido hacia La Habana, el 7 de enero de 1959

Part 3

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(EXCLAMACIONES DE: “¡Fósforos!”) Bueno, ¿fósforos? (EXCLAMACIONES.) ¿Qué pasa con los fósforos? (EXCLAMACIONES.) ¿Dónde están las fábricas de fósforos? (EXCLAMACIONES.) ¿Se las llevaron? (EXCLAMACIONES DE: “¡Sí!”) ¿Que hay un monopolio con los fósforos que es del hijo de Batista? (EXCLAMACIONES DE: “¡Sí!”) Por supuesto, pueden tener la más completa seguridad de que ese monopolio murió el mismo día primero de enero (EXCLAMACIONES Y APLAUSOS).

Lo que sí yo quiero es que comprendan que todas estas cosas llevan tiempo. Ustedes estarán de acuerdo conmigo en que no podemos resolverlo todo en una sola noche (EXCLAMACIONES DE: “¡Sí!“).

Vamos a conformarnos con lo de hoy ya, con los acuerdos que hemos tomado aquí (EXCLAMACIONES). Lo del acueducto, el estadio, el hospital y todo eso. La próxima vez, yo pienso hacer una tribuna cerquita del pueblo, para poder entendernos mejor (EXCLAMACIONES).

Hay otra cosa que nosotros queremos pedirle al pueblo y es... (EXCLAMACIONES DE: “¡El teléfono!”) Por supuesto que lo del teléfono tiene que revisarse, no les quepa la menor duda de eso, las tarifas y todo eso, y rápido (EXCLAMACIONES).

¿La electricidad? (EXCLAMACIONES)... (INTERRUPCION EN LA GRABACION...)

... ¿Tienen bibliotecas suficientes para la población de Matanzas? (EXCLAMACIONES.) Entonces no hay nada en Matanzas. Y supongo que el resto de la isla esté igual; luego, hay que trabajar mucho y será cuestión de tiempo, no se podrá resolver todo de la noche a la mañana, eso lo tienen que saber ustedes, ¿verdad? (EXCLAMACIONES DE: “¡Sí!”) Y eso es lo importante, que ustedes tengan confianza en nosotros y tengan la seguridad de que los problemas los vamos a resolver, cueste lo que cueste (EXCLAMACIONES Y APLAUSOS).

Bueno, yo quiero que ustedes sigan creando estados de opinión y sigan analizando las cosas que se necesitan (EXCLAMACIONES); pero todas las cosas en un día no, tienen que guardar algunas cosas para la próxima vez que vengamos a Matanzas, que yo pienso volver pronto a Matanzas (APLAUSOS). Y pienso venir menos cansado que hoy, porque ya venimos agotados de muchas noches sin descanso. (DEL PUBLICO LE PREGUNTAN: “¿Cuándo?”) Pronto, no les puedo decir exactamente, porque tengo que visitar muchos pueblos todavía; pero yo les prometo, eso sí, que volveré a Matanzas y no una sola vez, sino cuantas veces pueda (EXCLAMACIONES Y APLAUSOS).

Lo que, por nuestra parte, le vamos a pedir al pueblo de Matanzas es que a través de su municipio les erija un modesto monumento a los revolucionarios de esta provincia que han caído luchando contra la tiranía (EXCLAMACIONES Y APLAUSOS), un monumento que lleve inscritos los nombres de José Antonio Echeverría, José Smith, Horacio Rodríguez, Enrique Hart, Mario Muñoz, Julián Alemán, Julio Reyes, René Fraga y a todos los compañeros que han caído heroicamente (APLAUSOS).

El hecho de que el pueblo de Matanzas diga uno por uno sus nombres, demuestra que no los han olvidado (APLAUSOS), porque el pueblo no olvidará jamás a sus muertos. El pueblo sabe que esa libertad que hoy se disfruta, el pueblo sabe que estos derechos que hoy se han conquistado, para que de ellos puedan sentirse orgullosos y puedan disfrutarlos todos los matanceros y todos los cubanos, todos los hombres y mujeres de este pueblo y de toda la república; para que esos derechos hoy los pueda disfrutar nuestro pueblo, fue necesario que muchos compatriotas hayan dejado sus vidas en el camino, fue necesario que muchas madres hayan perdido a sus hijos, fue necesario que muchas esposas hayan perdido a sus esposos, fue necesario que muchas familias hayan perdido a algún ser querido.

En nuestra ruta, nos hemos encontrado con muchas mujeres vestidas de negro, nos hemos encontrado con muchos padres que no han tenido la fortuna de ver regresar a sus hijos. Ha habido, sin embargo, para ellos un consuelo, una compensación en medio del dolor grande: no ha sido vano el sacrificio.

La Revolución ha logrado su primera etapa: la tiranía ha sido derrocada, y esas madres y esas esposas saben que esa alegría, que ese entusiasmo, que esta felicidad presente y el espléndido porvenir que tiene por delante el pueblo de Cuba, hay que agradecérselo a sus hijos, a sus esposos (APLAUSOS). Y, además, porque cada madre que ha perdido a su hijo, sabe que tiene en cada revolucionario un hijo (APLAUSOS), sabe que nos tiene a todos nosotros, sabe que tiene al pueblo, sabe que no se verá jamás desamparada y sabe que siempre podrá llevar la frente en alto; porque nada será mayor motivo de orgullo para una madre, que saber que la libertad que disfruta su pueblo, que la felicidad que disfruta su pueblo, se le debe al hijo que llevó en sus entrañas (APLAUSOS).

Tristes hubieran sido esas muertes si la tiranía hubiese ganado la guerra, tristes habrían sido esas muertes si nuestro pueblo no hubiese recobrado su libertad; pero en esta ocasión como en ninguna otra, pueden repetirse los himnos, los versos de nuestro himno, o los versos del Apóstol, que morir por la patria es vivir (APLAUSOS), que para el que muere en brazos de la patria agradecida, la muerte acaba, la prisión termina, y empieza, al fin, con el morir la vida (APLAUSOS).

Viven en el corazón de nuestro pueblo los héroes caídos, sus restos están lejos, esparcidos muchos de ellos en las abruptas montañas en cada uno de los campos de batalla, donde la victoria se logró a costa de sacrificios. Yacen allá sus despojos mortales; pero sus nombres, su recuerdo, su presencia es algo palpable, porque la muerte se convirtió en libertad, la muerte se convirtió en victoria, y la muerte se convirtió en vida para el pueblo.

Días atrás, hace apenas 10 días, cruzar por estas calles era ver el terror, era ver la tristeza, era ver el dolor sin esperanza; cruzar por estas calles hace 10 días era ver la muerte, la muerte que sufren los pueblos bajo la opresión, bajo la tiranía. Venir hoy por estas calles, viajar a través de Cuba en los últimos días, es ver la alegría, es ver la energía, es ver el entusiasmo, es ver la vida, y ¿cómo ha sido posible este renacer del pueblo, si no con los sacrificios de los que han caído? Porque ellos cayeron, porque ellos murieron, nuestro pueblo tiene hoy alegría, nuestro pueblo tiene hoy vida, nuestro pueblo es feliz; luego, la muerte se ha transformado en vida, nuestros muertos viven en la alegría y la felicidad de nuestro pueblo (APLAUSOS).

Y nosotros —no hace falta apenas decirlo— seremos leales a ellos, lo que quiere decir ser leales a nuestro pueblo. Nosotros —es innecesario decirlo— sabremos seguir en nuestra línea sin que nada ni nadie nos aparte de ella. Nosotros somos hombres hechos a una idea: antes de perder el cariño y la confianza de nuestro pueblo, antes de ver trocado en odio el cariño de hoy, antes de ver trocado en desprecio el afecto que el pueblo nos ha evidenciado en todas partes, mil veces será preferible para todos nosotros la muerte; mil veces, porque, créanlo, no podríamos concebir la vida de otra forma. Y ese aliento que el pueblo nos brinda, es el que nos hace luchar sin descanso, es el que compensa las horas de sueño que nos faltan, es el que nos da energía aun cuando parece que vamos a desfallecer de cansancio.

He llegado a Matanzas, me falta Cárdenas, me falta La Habana, y espero llegar. Confieso que hoy estoy muy cansado (APLAUSOS), confieso que casi apenas podemos sostenemos en pie. Pero debo decir también al finalizar, que estamos contentos, que estamos satisfechos, (EXCLAMACIONES DE: “¡Viva!” Y APLAUSOS), que nos vamos llenos de reconocimiento y de admiración hacia el pueblo de Matanzas (APLAUSOS), que nos vamos más revolucionarios, que nos vamos más optimistas, que nos vamos más seguros del porvenir de nuestra patria; porque cada vez que nosotros, los revolucionarios presenciamos estos hechos, observamos estas concentraciones de pueblo, esta disciplina de hombres y mujeres que en masa compacta permanecen en pie sin moverse, millares de cabezas atentas, millares de corazones latiendo al unísono, un mismo fervor, un mismo sueño, un mismo destino, una misma palabra, una misma fe, tenemos razones para sentirnos más seguros que nunca del porvenir lisonjero que espera la patria.

El destino para Cuba tiene que ser grande, porque nuestro pueblo se ha puesto en marcha, nuestro pueblo está de pie y decidido a cualquier cosa; y cuando los pueblos se levantan como se ha levantado el pueblo de Cuba, cuando los pueblos se ponen en marcha como se ha puesto el pueblo de Cuba, con su Ejército Rebelde a la vanguardia (APLAUSOS), entonces no hay alternativa. Ese pueblo no seguirá viviendo en la morosidad en que ha vivido hasta hoy, ese pueblo no continuará viviendo en el letargo en que ha vivido hasta hoy, este pueblo no seguirá soportando la vida mediocre que ha tenido que soportar hasta hoy.

Cuando los pueblos se ponen en marcha, solo dos cosas pueden ocurrir: o logran lo que se proponen y conquistan aquello a lo que tienen derecho, o hay que exterminarlos, hay que desaparecerlos, porque sería la única manera de impedir su triunfo. Y como no creo que nada ni nadie nos pueda desaparecer, como soy de los que creo que un pueblo cuando se decide a defender y a defender sus derechos es invencible por pequeño que sea, es por lo que creo que nuestro pueblo, esta vez, la primera ocasión en que triunfa plenamente una revolución —la revolución que no triunfó en 1895 porque terminó en intervención, la revolución que no terminó en 1933 porque el golpe castrense lo impidió—, esta vez que no hay ni puede haber intervención, esta vez que no hay ni puede haber traición castrense, esta vez que el pueblo está en pie, tiene experiencia, tiene vanguardia revolucionaria y tiene las armas en la mano, esta vez el pueblo alcanzará lo que tantas veces le han arrebatado (EXCLAMACIONES Y APLAUSOS).

Este es un pueblo lleno hoy de fe en sí mismo, un pueblo que ha decidido romper con la podredumbre, con el vicio, con la corrupción y con todas las inmoralidades que han retrasado su progreso; un pueblo que sabe lo que quiere y sabe cómo lo quiere, un pueblo que está seguro de sí mismo, que tiene confianza en los hombres que hoy lo dirigen (APLAUSOS), porque sabe muy bien que esta vez no lo engañarán ni lo traicionarán, como sabemos nosotros que mientras podamos contar con el pueblo, y contaremos con el pueblo mientras seamos leales al pueblo, no habrá obstáculo por delante que no seamos capaces de vencer.

Volveré a Matanzas otro día (APLAUSOS). Volveré con más calma para poder informarme mejor de todos los problemas de esta ciudad, volveré a hablar con ustedes codo a codo, más cerca (APLAUSOS). Y conste que yo estoy aquí en contra de mi voluntad, porque yo pasé por ahí, pasé por el medio de todo el pueblo y hubiera querido quedarme ahí (APLAUSOS); pregunté dónde estaban los micrófonos y me dijeron: En aquel balcón, y subí aquí, y realmente hubiera sido mucho más cómodo estar allí; a mí no me importa estar dentro del pueblo, ni me importa que pueda haber peligro de que se infiltre un traidor o un tirano (EXCLAMACIONES Y APLAUSOS).

Yo sé que para nosotros la guerra no se ha acabado, o sea, que aquí nosotros dejamos de disparar, nosotros ponemos las armas a un lado, pero que nuestros enemigos siguen armados; eso no nos importa, aquí también seguimos cumpliendo con nuestro deber en este campo de batalla.

Yo siempre estaré junto al pueblo. Esa advertencia se la hago a mis enemigos, a los traidores, a los esbirros, a los confidentes que queden por ahí, para explicarles que conmigo no tendrán muchos problemas, porque yo siempre estaré mezclado con el pueblo (APLAUSOS), y no necesitaré escoltas, ni fusiles, ni nada para andar junto al pueblo. Si llevo una escolta es para poder pasar, porque de otra manera ustedes saben que no puedo pasar; además, para que luego hasta me suelten, porque me dan la mano, son veinte los que me dan la mano y no me sueltan, y tengo que buscar ayuda para que me suelten: yo sé que todo eso es cariño del pueblo y simpatía del pueblo (APLAUSOS).

(DEL PUBLICO LE PIDEN HACER UN EDIFICIO PARA LA CRUZ ROJA.) Hombre, si hacer un edificio de la Cruz Roja no puede ser tan difícil para un gobierno revolucionario, cuenten con la ayuda de nosotros (APLAUSOS).

Volveré aquí, y mi mayor deseo es que el día que vuelva, pues venga después de haber dormido algunas horas y pueda dedicarle al pueblo de Matanzas más atención, más coordinación, incluso, de ideas; porque el cansancio y la falta de sueño nos hacen perder la voz, nos hacen perder, a veces, hasta el orden de las ideas, y de milagro no nos dormimos aquí en el micrófono: nos ha pasado algunas veces (APLAUSOS).

Esa es la única excusa que quiero pedirle al pueblo de Matanzas, reiterarle nuestra voluntad de llegar aquí y estar con ustedes el mayor tiempo posible, pedirles que me perdonen lo que les hice esperar durante toda la tarde (EXCLAMACIONES), darles las gracias por la atención que nos han prestado durante horas sin moverse de su sitio, darles las gracias por la confianza que tienen en nosotros, y darles las gracias también por las muestras de simpatía, que tan generosamente nos han dado en el día de hoy, muy superiores a nuestros méritos; porque creemos sinceramente (EXCLAMACIONES DE: “¡No!“), creemos sinceramente que hemos hecho muy poco, que los sacrificios realizados hasta aquí no son nada, que dos años y un mes combatiendo no significan gran cosa cuando estábamos dispuestos a luchar 40 años si fuera necesario (APLAUSOS). Que realmente todo para nosotros está por hacer, y que los mayores esfuerzos sin otra recompensa ni otros premios que los que ya sobradamente nos han dado... porque creo que más que por lo que hemos hecho, el pueblo nos está rindiendo tributo por lo que espera de nosotros (APLAUSOS); y nos ha demostrado tanto cariño, no por lo que hemos hecho, sino por lo que saben que vamos a hacer (EXCLAMACIONES Y APLAUSOS PROLONGADOS).

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