Part 1
<< Autor: Fidel Castro
Aún nos queda algo de energía y de voz para saludar al pueblo de Matanzas (APLAUSOS). Lo único que no me gusta es que este balcón está muy alto y yo estoy muy lejos de ustedes, yo quisiera estar más cerca de ustedes. Yo quisiera estar allá abajo (EXCLAMACIONES Y APLAUSOS), pero si ustedes me ven a mí, yo no los veo a ustedes. De todas formas, como el pueblo es el que manda, que las luces se queden encendidas (EXCLAMACIONES Y APLAUSOS).
Decía que lamentaba no estar más cerca, porque yo no he venido a los pueblos a hacer discursos, no he venido a los pueblos a hacer retórica, no he venido a los pueblos a impresionar a nadie, he venido a los pueblos a hablar con el pueblo (EXCLAMACIONES Y APLAUSOS).
Los tiempos de los discursos se acabaron, los tiempos de la politiquería se acabaron, los tiempos de la demagogia se acabaron, los tiempos de las promesas falsas y de los golpes de pecho se acabaron (EXCLAMACIONES Y APLAUSOS). Se acabaron los politiqueros, los esbirros, los confidentes, los dictadores. Aquí no queda más que una sola cosa: pueblo (EXCLAMACIONES).
Ahora pueblo quiere decir algo, porque hacía mucho tiempo que el pueblo no contaba para nada en nuestra patria. Todo el mundo hablaba en nombre del pueblo, todo el mundo se sacrificaba por el pueblo, todo el mundo quería al pueblo, todo el mundo quería el bien del pueblo y todo era hablar de pueblo; pero nadie se acordó nunca del pueblo, ni tuvo en cuenta al pueblo (EXCLAMACIONES).
Y desde que el pueblo de Cuba ha dado uno de los ejemplos más extraordinarios de la historia de América, desde que el pueblo de Cuba, desarmado, sin instrucción militar, sin un solo fusil, sorprendido una madrugada infausta en que le lanzaron los tanques a la calle, le arrebataron sus derechos, le pisotearon su Constitución, humillaron su dignidad y lo han estado asesinando durante siete años (APLAUSOS); ese pueblo sin armas, sin tanques, sin cañones, sin aviones, solo con el coraje, con la dignidad y con el valor, aunque ha tenido que pagarlo en un precio muy alto de vidas, arrebató a la tiranía sus fusiles, sus tanques, sus cañones, sus aviones (EXCLAMACIONES Y APLAUSOS); arrebató a la tiranía, le arrancó de las manos las armas homicidas y hoy es un pueblo libre.
¿Cuándo se había dado un caso semejante? (EXCLAMACIONES DE: “¡Nunca!”) No conocemos ningún caso igual en el siglo XX, porque desde que existen las armas modernas, desde que los ejércitos tienen armas automáticas, aviones, tanques, bombas de 500 y de 1 000 libras y equipos bélicos de todas clases, modernos, se decía que era imposible que los pueblos hicieran nada.
Los dictadores vivían engreídos de que podían permanecer indefinidamente en el poder, de que bastaba con tener sobornados a los generales y a los coroneles, repartir billetes de lotería y prebendas de todas clases, permitir que los coroneles se enriquecieran con el juego ilícito, con el robo y el chantaje, con la picada y con la excedencia; creían que permitiendo las piraterías... (SALTO EN LA GRABACION)... que mandaban soldados y tenían las armas en la mano, mantenerlos incondicionalmente... (DEL PUBLICO LE DICEN ALGO.) No, yo no soy el hombre, yo soy un servidor de mi pueblo, sencillamente (APLAUSOS).
Los hombres, en el sentido que hablaban ellos, se acabaron (EXCLAMACIONES Y APLAUSOS). El hombre ahora es el pueblo, porque lo ha demostrado sobradamente (APLAUSOS).
Ellos creían que la dictadura iba a ser eterna, si no lo hubiesen creído, no habrían cometido las barbaridades que cometieron, si no lo hubiesen creído así, no habrían estado asesinando bárbaramente como lo estuvieron haciendo hasta última hora (EXCLAMACIONES DE: “¡Viva la Revolución! ¡Abajo Batista!”).
¿Abajo Batista? ¿Quién se preocupa ya de gritar abajo Batista? (EXCLAMACIONES.) Aquí lo más que cabe preguntar es: ¿Dónde estará Batista? Me parece qua está tan lejos, tan lejos, que esta vez sí que no vuelve nunca más aquí (APLAUSOS).
En el año 1944 hizo como que se iba, y claro, se fue y dejó a sus soldados aquí, se fue y dejó a sus amigos con los fusiles, las balas y las armas de todas clases. El gobierno que vino, tan incauto y tan ingenuo, lo que se dedicó fue a robar descaradamente —porque la verdad hay que decirla de una vez— y dejó a los amigos de Batista en los cuarteles, con sus fusiles, sus armas y sus balas, y sus cañones, y sus sargentos, y sus coroneles. ¿Y qué pasó?, que al cabo de ocho años aproximadamente, cuando ya aquel señor se cansó de estar fuera del poder, vino una madrugada, se metió en Columbia, y empezó a darles órdenes a sus amigos. Era lógico, por la inmadurez, la irresponsabilidad y la falta de sentido político y de sentido común, incluso, de los señores que siguieron a Batista, que Batista pudiera regresar al poder; pero esta vez (EXCLAMACIONES Y APLAUSOS), en que el pueblo ha llegado al poder no mediante unas elecciones, sino mediante una revolución de verdad, la cosa es bien distinta.
En primer lugar, desde luego, ese señor no vuelve a pisar tierra cubana como no sea para morir aquí, por supuesto (APLAUSOS). Ni él, ni nada que se parezca a él; ni él, ni la sombra de él; ni él, ni los restos de él (APLAUSOS). Y, desde luego, si se le ocurriera... (EXCLAMACIONES.) Pero hay algo más, hay algo más, les voy a decir una cosa: este señor —estoy diciendo todo esto porque es lo que sentimos—, este señor es tan infeliz hoy día, es tan impotente, que lo podemos dejar venir (EXCLAMACIONES DE: “¡Fuera!”).
Yo le hago una pregunta al pueblo, yo le hago una pregunta al pueblo, les voy a hacer una pregunta y me la van a contestar. ¿Se oye? (EXCLAMACIONES DE: “¡No!”) ¿Y cómo me oyeron ahora? (EXCLAMACIONES.) Yo le voy a hacer una pregunta al pueblo: ¿Le tiene el pueblo de Cuba miedo a Batista? (EXCLAMACIONES DE: “¡No!”) Entonces permítaseme hacer una suposición para que comprendan bien qué distinta es esta Revolución de las revoluciones anteriores.
Nosotros pudiéramos dejar —si quisiéramos, que no lo vamos a querer, por supuesto— que el señor Batista viniera (EXCLAMACIONES DE: “¡No!” ¿Le tiene miedo a Batista el pueblo? (EXCLAMACIONES DE: “¡No!”) Pero déjenme hablar. Yo les quiero explicar por qué antes pudo y ahora no puede. ¿Antes lo dejaron venir? Muy mal hecho, porque los que estaban en Columbia eran los amigos de él, y ahora los que están en Columbia son los barbudos, señores (EXCLAMACIONES). Eso es lo que yo quería decirles, porque Batista llegaba a Columbia antes, cuando tenía allí a sus amigos y decía: “Sargento, capitán”, y llamaba a toda aquella gente: “A sus órdenes, a sus órdenes”; y ahora se encuentra un barbudo a la entrada de Columbia (EXCLAMACIONES). ¿Qué le puede decir Batista a un barbudo? (EXCLAMACIONES.)
Eso quiere decir, señores, eso quiere decir que esta vez sí que, de verdad, ni él ni nadie parecido a él, puede venir a hacer lo que él hizo (APLAUSOS).
Yo quisiera orientar al pueblo, o al menos aclarar ante el pueblo algunos conceptos sobre la Revolución. Ustedes saben que después del 10 de marzo, en aquellos momentos terribles de angustia y de tristeza, en que todo el mundo se quedó impávido ante aquella puñalada, aquella traición, aquel regreso funesto a nuestra patria, como si todo el mundo comprendiera la sangre, el luto y el dolor que iba a costar, ustedes recordarán, que todo el mundo se dedicó a la tarea de conspirar. Ustedes recuerdan que todos los días venía una conspiración, todos los días daban un golpe, ustedes se acuerdan, ¿verdad? (EXCLAMACIONES DE: “¡Sí!”) Ese y el 20 de mayo, que si el 12 de agosto, que si el 27 de noviembre, todos los meses venía una guerra, y una conspiración y se acababa la dictadura.
El hecho cierto es que muchos dirigentes políticos, muchos dirigentes políticos, se dedicaron a hacer contacto con los militares, se dedicaron a conquistar militares para que les quitaran a Batista de encima; se dedicaron a fraguar conspiraciones para ver cómo un grupo de capitanes, un grupo de comandantes, un grupo de coroneles quitaba a Batista, y entonces convocaba a unas elecciones, restablecía algunos derechos y se resolvía el problema de Cuba. ¿Eso era revolucionario? (EXCLAMACIONES DE: “¡No!”) ¿Por qué? (EXCLAMACIONES). Pues muy sencillo, esos líderes políticos no tenían noción de lo que era la Revolución. Los militares habían dado el golpe de Estado junto con Batista arrebatándole al país sus derechos, ¿y qué querían algunos seudorrevolucionarios? —que aquí han abundado mucho los seudorrevolucionarios y tenemos que tenerlos muy en cuenta—, pues querían que los militares vinieran y quitaran a Batista para poner a otro; después, cualquier día, esos militares se sentían con el derecho de quitar a ese que habían puesto y poner a otro, y, en definitiva, el pueblo no contaba para nada.
Los militares quitaban y ponían presidentes, los militares decidían todas las cuestiones; el pueblo, para esos líderes políticos, era un cero a la izquierda. Y a eso llamaban revolución, y a eso llamaban solución. ¡Qué distinto lo que ha ocurrido, compatriotas!
Nosotros nunca fuimos a los cuarteles a hacer conspiraciones, nosotros nunca fuimos a mendigar a las puertas de los cuarteles que nos ayudaran a resolver los problemas de Cuba. Nosotros nunca fuimos a guataquearles a los militares para que nos recobraran nuestras libertades, porque los derechos —como dijo el Apóstol— se toman, no se mendigan; se arrancan, no se piden (EXCLAMACIONES).
El ejército nos había arrebatado nuestra libertad y nuestra Constitución. ¿Qué había que hacer? Pues arrebatarle al ejército nuestra libertad y nuestra Constitución. ¿Qué hicimos nosotros? Reunir un grupo de fusiles 22, de escopetas calibre 12, de revólveres y de pistolas, marchar hacia Santiago de Cuba y atacar el cuartel Moncada (EXCLAMACIONES). No había otra forma; si queríamos recobrar nuestros derechos y queríamos hacer una revolución de verdad, teníamos que empezar por quitarles los fusiles a aquellos que estaban utilizando los fusiles para oprimir al pueblo (EXCLAMACIONES Y APLAUSOS).
Sufrimos un revés, fracasó el ataque, no se pudo tomar el cuartel Moncada, infinidad de compañeros fueron asesinados cobardemente. ¡Qué distinto, qué distinto de lo que ha sido cuando fuimos nosotros los que hicimos prisionero a casi todo el ejército! Si lo hubiésemos asesinado, hoy habría 15 000 muertos a lo largo de la isla, porque hemos hecho prisionero al ejército entero, se puede decir (EXCLAMACIONES); por lo menos, excepto a las unidades que desde el primer momento se sumaron a la Revolución, que, por lo tanto, las dejamos con sus armas y que algunas de las cuales vienen con nosotros aquí, y que tuvieron un gesto revolucionario en aquel momento, el resto de las armas fueron ocupadas, o, por lo menos, fueron tomadas y repartidas.
Tuvimos un revés, fracasó el ataque, muchos fueron asesinados (EXCLAMACIONES DE: “¡Viva Cuba Libre!”). Decía que en aquella ocasión muchos compañeros murieron asesinados después de caer prisioneros y otros fuimos a parar a las cárceles donde estuvimos casi dos años. Era un revés, pero un revés no es nada. Aquel no iba a ser ni el primero, ni el último.
Realmente, comparadas las fuerzas y los recursos con que contaba la dictadura, lo que nosotros podíamos enfrentarle era absolutamente nada. Lo que nosotros pudimos reunir después de casi dos años de actividad revolucionaria, fueron 82 hombres escasamente armados; 82 hombres no podían compararse con los 40 000 miembros de las fuerzas armadas; 82 hombres en un barco de 60 pies, no podían compararse con los recursos bélicos con que contaba la dictadura de Batista; 82 hombres que recogían los recursos para hacer la guerra peso a peso, sus recursos no podían compararse con los millones de pesos de que disponía la dictadura.
Sin embargo, había otro factor, había otras circunstancias en las que nadie creía, y sin embargo, creíamos nosotros. Había algo con lo que nadie contaba y con lo que, sin embargo, contábamos nosotros, y ese algo, ese algo en lo que no creían los politiqueros, ese algo en que no creían los conspiradores que iban a Columbia a mendigar a los militares que le devolviesen su libertad, ese algo era el pueblo (EXCLAMACIONES Y APLAUSOS). Porque, ¿con qué contábamos nosotros si no era con el pueblo?, ¿con qué íbamos a ganar la guerra si no era con el pueblo?, ¿quiénes iban a sustituir a los hombres que cayeran, si no los hombres del pueblo?, ¿quiénes nos iban a dar alimentos, si no los hombres del pueblo?, ¿quiénes nos iban a servir de guía, si no los hombres del pueblo?, ¿quiénes nos iban a brindar información sobre el enemigo, si no los hombres del pueblo?, ¿quién iba a nutrir las filas del ejército libertador, si no los hombres del pueblo? (EXCLAMACIONES Y APLAUSOS.)
¿Quién compraba los bonos? (EXCLAMACIONES DE: “¡El pueblo!”) ¿Quién mandaba frazadas y hamacas, abrigos y medicinas? (EXCLAMACIONES DE: “¡El pueblo!”) ¿Quién nos daba aliento? (EXCLAMACIONES DE: “¡El pueblo!”) ¿Quién demostraba sus simpatías a la causa? (EXCLAMACIONES DE: “¡El pueblo!”) ¿Quién iba a las huelgas? (EXCLAMACIONES.) ¿Quién se negaba a votar? (EXCLAMACIONES DE: “¡El pueblo!”) ¿Quién era el que pagaba en un precio más alto de vida la lucha contra la tiranía? (EXCLAMACIONES DE: “¡El pueblo!”) ¿A quién le asesinaban sus hijos? (EXCLAMACIONES DE: “¡Al pueblo!”) ¿Quién intimidaba con su presencia, con su respaldo, a los esbirros del régimen? (EXCLAMACIONES DE: “¡El pueblo!”) ¿Por quién luchábamos nosotros? (EXCLAMACIONES DE: “¡Por el pueblo!”) ¿Quién ganó la guerra? (EXCLAMACIONES PROLONGADAS.) ¿Quiénes creyeron en el pueblo? (EXCLAMACIONES.)
Nosotros creíamos en el pueblo cuando muy pocos creían en el pueblo. Para muchos el pueblo era una turba, para muchos el pueblo era una masa desarmada, desorganizada e impotente, sobre todo para el tirano; el tirano no hacía más que ir a Columbia, reunirse con sus soldados, marinos y policías; al pueblo lo que hacía era insultarlo, humillarlo, engañarlo, ofenderlo. No contaban con el pueblo; ni contaba con el pueblo la dictadura, ni contaban con el pueblo los seudorrevolucionarios que iban a Columbia a mendigar a los militares la libertad que había que conquistar a base de sacrificio, porque si no, sería una libertad efímera.
¿Se sentiría el pueblo hoy seguro y tranquilo si en vez de haberse librado esta guerra, hoy la libertad fuese consecuencia de que un grupo de capitanes o de comandantes se hubiese sublevado en Columbia? (EXCLAMACIONES DE: “¡No!”) Si estos derechos restablecidos hubiesen sido consecuencia de un golpe militar, ¿podría estar tranquilo el pueblo? (EXCLAMACIONES DE: “¡No!”) Y no estaría tranquilo, porque es posible que las libertades que se conquistasen de esa forma, durasen lo que dura un merengue en la puerta de un colegio (EXCLAMACIONES)... (INTERRUPCION EN LA GRABACION)... porque el pueblo ha visto los cañones desfilar hacia La Habana, y sabe que esos cañones son del pueblo (APLAUSOS). El pueblo ha visto los fusiles desfilar hacia La Habana... (INTERRUPCION)... los sargentos se reunieron, botaron a los oficiales, quitaron a Carlos Manuel y pusieron una pentarquía. Al poco tiempo, quitaron la pentarquía y dejaron a uno, y a los tres meses quitaron aquel uno y pusieron a Batista que estuvo 11 años saqueando y asesinando cubanos. Esta vez quisieron hacer lo mismo, se dieron cuenta de que la dictadura estaba derrotada, tan formidables habían sido las victorias del Ejército Rebelde, que si dura 20 días más rendimos hasta la última guarnición de la república.
En Santiago de Cuba, en Oriente, había 10 000 soldados copados. Entre Oriente y Las Villas, había 5 000 soldados más copados, los tanques estaban todos del lado de allá y estaban copados también, porque los puentes estaban volados y no podían moverse (EXCLAMACIONES). La desmoralización en las filas de las fuerzas armadas era completa, no tenían posibilidad de resistir 20 días más.
Es en ese momento, cuando se acerca el general Cantillo, ofrece levantar el ejército y apoyar incondicionalmente la Revolución, sin condiciones. Desde luego que no podía poner condiciones porque estaba derrotado, y los derrotados no pueden poner condiciones, las condiciones las ponen los vencedores (EXCLAMACIONES). Pero cuando este señor viene a plantear eso, nosotros hubiéramos podido hacer dos cosas, nosotros hubiéramos podido decir: Bueno, si la guerra está ganada, ¿por qué aceptar ningún movimiento militar a esta hora, aunque sea respaldándonos incondicionalmente? Pero cuando se le plantea a un dirigente revolucionario un apoyo de esa índole, hay una cuestión de conciencia; la pregunta que se hace el dirigente revolucionario es esta: ¿Cuántos compañeros más van a morir en esos 15 ó 20 días que van a ser los más duros de la guerra? ¿Es posible obtener los mismos fines sin que mueran más compañeros? Entonces uno dice: Bueno, si podemos lograr lo mismo porque ofrecen un apoyo incondicional, porque se da el triunfo de la Revolución, vamos a aceptar ese movimiento militar de respaldo a la Revolución. Y fue lo que yo hice.
Me quedé esperando; porque no podía concebir que fueran tan brutos, tan estúpidos que, estando derrotados, vinieran a tratar, además, de traicionarnos (APLAUSOS). ¿Y qué hacen? En vez de aprovechar la oportunidad de que podían ahorrarnos a nosotros muchas vidas, y que la situación del ejército hubiese sido mejor si ellos realizan ese movimiento, se ponen a elucubrar planes fantásticos, faltan a la palabra empeñada, y en vez de hacer lo que habían acordado, en el día y la hora acordada, viene el señor Cantillo para La Habana, se reúne aquí con sus amiguitos, da un golpecito de Estado, se erige jefe del ejército, llama a un tal Carlos Manuel —otro Carlos Manuel para hacerlo más parecido a lo de Machado— y lo designa presidente. Inmediatamente empezó a llamar una comisión de paz para que fuera a vernos a nosotros, poco faltó para que nos dijera que entregáramos los fusiles de una vez también.
Este señor se creyó que nosotros estábamos pintados en la pared, o que no sabíamos lo que estábamos haciendo; creyó, a lo mejor, que al decir que Batista se había caído, todo el mundo se iba a poner muy contento, y le iba a tomar el pelo a toda el mundo (EXCLAMACIONES DE: “¡No saben quiénes son los barbudos!”). ¿Y qué pasó? Que tan pronto supimos a las 8:00 de la mañana que había dado un golpe... Porque se le había advertido bien claramente: “Oigame, usted va a La Habana, ¿usted me promete que no se va a dejar arrastrar por la tentación de darle un golpe de Estado a La Habana?” “No.” “¿Me jura que usted no va a realizar ningún movimiento en la capital?” “No.” Y eso fue precisamente lo que hizo. Empezó inmediatamente a decir que era un golpe de acuerdo con los rebeldes y que nosotros íbamos para La Habana. Sí, nosotros íbamos para La Habana, pero era para sacarlo a él de Columbia.
Sin pérdida de tiempo, esa misma mañana nosotros hicimos una declaración diciendo que no respaldábamos ese golpe, y les dimos la orden a todas las tropas de seguir hostigando, atacando y avanzando sobre los cuarteles. Esa misma mañana me comuniqué con los comandantes de las columnas que operaban en Camagüey y en Las Villas, y a Camilo le dije que en el término de dos horas partiera hacia La Habana y atacara Columbia. Al comandante Ernesto Guevara le dije que inmediatamente saliera hacia La Habana y atacara la fortaleza de La Cabaña. A las tropas que estaban en Camagüey se les dio la orden de avanzar sobre el regimiento de Camagüey, a las demás tropas de Oriente se les dio la orden de avanzar sobre Holguín e inmediatamente íbamos a avanzar sobre Santiago de Cuba.
Lanzamos al pueblo de Santiago de Cuba a la huelga a las 3:00 de la tarde, y lanzamos a todo el país la consigna de huelga general. El resultado fue este: a las 24 horas estaban desarmadas todas las guarniciones de la república (APLAUSOS).
Creyeron que iba a repetirse la misma historia de Machado. Repito que, para no dejar de parecerse, aquella vez pusieron a un Carlos Manuel y esta vez pusieron a otro Carlos Manuel; pero no contaron, no contaron con que aquella vez no había un Ejército Rebelde, y esta vez había un Ejército Rebelde, un Ejército Rebelde que actuó rápidamente y consumó en 24 horas una victoria, que ha constituido uno de los acontecimientos revolucionarios más asombrosos que han ocurrido en América Latina (APLAUSOS). No porque lo digamos nosotros, estaría mal que nosotros lo dijéramos, para que no se fuera a pensar que es vanidad del pueblo de Cuba y de nosotros, es lo que dicen los periodistas que vienen de todas partes del mundo, que toda la América está asombrada de cómo el pueblo ha podido desarmar al ejército entero; y todo el mundo está asombrado del civismo, del valor, de la agresividad, del patriotismo y del espíritu revolucionario del pueblo de Cuba, y eso que posiblemente no conocen al pueblo.
Si vieran lo que he visto yo, si hubieran presenciado estas manifestaciones multitudinarias, si hubieran hablado con el pueblo de Cuba como he hablado yo, es posible que la admiración que sintieran por nuestro pueblo fuera realmente más grande de la que sienten; porque para saber lo que es el pueblo de Cuba, era necesario haber recorrido, como hemos recorrido nosotros la isla de un extremo a otro, era necesario ver esas manifestaciones multitudinarias de hombres y mujeres delirantes, llenos de fe en su destino, decididos a todos los sacrificios, decididos a todos los esfuerzos y, sobre todo, con el entusiasmo, y con el cariño con que ofrecían su estímulo a los combatientes que iniciaron esta guerra en la Sierra Maestra hace más de dos años.
Si hubieran visto este pueblo unido, si hubieran visto al pueblo reunido a las 2:00, a las 3:00, a las 4:00, a las 5:00, a las 6:00 de la mañana, a cualquier hora; porque ya aquí se acabó aquello de que los mítines se dan a las 7:00 o a las 6:00; ya los mítines aquí, las reuniones, los mítines revolucionarios, lo mismo son a las 9:00, que a las 11:00, que a las 2:00, que a las 3:00, que a las 5:00 de la mañana (APLAUSOS). Algo que no se ha visto nunca en Cuba: un mitin a las 4:00 de la mañana (LE DICEN QUE NO SE OYE). Debe haber algún sabotaje por ahí (EXCLAMACIONES DE: “¡No!” Y DE: “¡Eso no existe en Cuba!”) ¿No? Ya no existen en Cuba los sabotajes.
Yo decía que hay cosas que nunca se habían visto como es el pueblo congregado a las 2:00, a las 3:00, a las 4:00 de la mañana, a cualquier hora. Son las 12:00, buenos días compatriotas (RISAS Y APLAUSOS). Y sobre todo, yo decía que si conocieran al pueblo como lo conocemos nosotros, si hubiesen visto el grado de conciencia revolucionaria que hay en nuestro país, la admiración que sentirían por el pueblo de Cuba sería dos veces más grande (APLAUSOS).
Tengo casi la seguridad de que nunca en nuestra patria se habían observado muchedumbres tan gigantescas como las que estamos observando en estos momentos (EXCLAMACIONES DE: “¡Nunca!” Y APLAUSOS).
Tengo la impresión de que no ha quedado una sola alma en las casas de Matanzas (EXCLAMACIONES DE: “¡Nadie!”). Tengo la impresión de que aquí está Matanzas entero; es todo el pueblo, y todo el pueblo unido. Si a este pueblo, cuando estaba desarmado y cuando no estaba unido, no pudo aplastarlo la dictadura, ¿quién puede en estos momentos derrotar al pueblo de Cuba? (EXCLAMACIONES DE: “¡Nadie!”)