Discurso pronunciado en el Estadio Universitario, el 13 de marzo de 1959
Part 2
Y a pesar de que digo y repito que no se deben cometer cesantías injustas, hay funcionarios que “les entra por este oído y les sale por el otro” (DEL PUEBLICO LE DICEN: “¡Depurarlo!”). Sí, pero para ponerme a depurar a esa gente tendría que abandonar otras muchas obligaciones. Y es la eterna tragedia de no poder saber si aquellas personas que se quejan, se quejan con razón o sin razón; es que no se puede improvisar un cuerpo de investigadores en unas semanas. Y que, además, cuando en todo esto intervienen las pasiones y hasta tendencias, y hasta ambiciones, lo complican todo más; esto no tendría más remedio que patriotismo, ¡una dosis mayor de patriotismo, una dosis mayor de desinterés, un deseo mayor de colaborar, un deseo mayor de sacrificarse! (APLAUSOS.) Eso no lo remedia más que el tiempo, desgraciadamente; y muchas injusticias de esas no podrán repararse, porque estos hechos son efectos que tienen sus causas en viejos males de la República.
¿A quién enseñaron aquí a ser honesto?, ¿a quién enseñaron aquí a ser decente? (EXCLAMACIONES DE: “A nadie”), ¿a quién le dieron buenos ejemplos? (EXCLAMACIONES DE: “A nadie.”) Pero, si todos ustedes saben que se había puesto de tal modo de moda la desvergüenza en Cuba que cuando un señor no robaba decían que era un idiota; que hasta los propios parientes, cuando tenían un pariente que era honrado, decían que ese era un bobo; que hasta en la propia familia se inculcaba la deshonestidad y el oportunismo. Si el pueblo no vio más que malos ejemplos; si nuestras escuelas, si nuestros sistemas de enseñanza, si toda la educación de la cual ha tenido que nutrirse el pueblo de Cuba es deficientísima, es arcaica, es incompleta; si hemos vivido en una perenne contradicción de niños que abren sus libros de historia y les hablan de libertad, y les hablan de independencia, y les hablan de honradez, y les hablan de heroísmo, y los enseñan a cantar un himno, y los enseñan a saludar una bandera, y los enseñan a venerar a nuestros mártires, y al lado de la bandera se encuentran un trapo sucio, y al lado de su himno le cantan una conga politiquera, y al lado de los hombres ejemplares que hicieron la historia de la patria se encuentran los nombres de los criminales que la han gobernado, de los malversadores que la han saqueado.
¿Cómo hacer compaginar en la mente del niño lo que se le enseña y lo que se hace, lo que le dicen y lo que ve? ¿Qué virtud, qué moral, qué principios se pueden formar en las mentes que vienen al mundo a recibir lo que les den, a hacer lo que vean hacer, a aprender lo malo, si es lo malo lo que les enseñan, y lo bueno, si es lo bueno?
Y con esas mentes, con el producto de ese pueblo, que ha vivido en la contradicción, que no ha visto más que malos ejemplos, que no ha visto más que deshonor, con esos tenemos nosotros que echar a andar hoy la República. ¿Cómo encontrar hombres que no sean imperfectos? ¿Cómo no adolecer de esa falta de elemento humano que se necesita para una tarea como la que tenemos delante? Y nuestros centros de enseñanza, nuestra escuelita pública olvidada y maltratada, nuestros institutos que son kindergartens para mayores (APLAUSOS), donde no se enseñan más que cosas de memoria, donde se le obliga al alumno a estudiar en un libro que lo hizo, tal vez, un ignorante, pero que como es el profesor hay que comprarlo aunque no sirva (APLAUSOS). Y cuando nos encontramos profesores que son de Lógica, de Cívica, de Psicología, de Historia, de Economía Política, y además hacen un libro de cada una de esas cosas, y de ninguna saben nada; si cuando se gradúa un joven de Bachiller no tiene un título que le abra las puertas en ningún trabajo; si en la universidad nos pasa otro tanto; si hemos tenido que pasarnos las noches enteras leyendo en unas conferencias borrosas, porque ni siquiera se ocuparon de darnos un libro de texto (APLAUSOS). Si veíamos un sinnúmero de profesores “botelleros”, de profesores politiqueros; si había, por ejemplo, un Concheso, pongamos el caso —que ni en paz descanse, porque no merecen descansar en paz quienes tanto daño hicieron—, que era un botellero, que le regalaba las notas a los batistianos en la universidad, que no lo botaban después de pasar largas jornadas al servicio de la tiranía, que no se le impugnaba moralmente; cuando no se establecía ninguna diferenciación entre el profesor honesto y cívico y el profesor malversador, ladrón y politiquero; cuando la mitad de los profesores de algunas facultades no iba siquiera a clase (APLAUSOS). ¿Qué les podían enseñar en esta universidad, que está muy necesitada de una depuración y de una buena reforma? (APLAUSOS.) Porque si hubiesen imperado los criterios morales rectos y firmes en nuestra bicentenaria universidad —bicentenaria por su tradición y por su historia, y bicentenaria porque tenía también dos siglos de retraso— (APLAUSOS), si hubiesen imperado criterios morales, un Carrera Jústiz jamás hubiese sido allí profesor, un Concheso jamás hubiese sido allí profesor. Y esos señores, que no tenían moral, ni tenían talento, ni tenían virtudes de ninguna índole, no debieron pertenecer jamás al cuerpo de profesores universitarios.
No he intervenido en el conflicto creado. Considero que en el fondo los estudiantes tenían razón, pero que cometieron un error táctico en la forma, porque unieron a profesores buenos y a profesores malos. Afortunadamente, esa crisis se ha superado; afortunadamente, los rectores buenos de la universidad, con el estudiantado —que es todo bueno—, le han brindado a José Antonio Echeverría el homenaje de superar la crisis que mantuvo la universidad largas semanas (APLAUSOS).
Era triste ver como, mientras aquí todo se reformaba, mientras todas las instituciones se transformaban, cuando el espíritu revolucionario penetraba en todos los sectores del país, cuando todo iba a renacer enteramente nuevo, la universidad se estancaba durante semanas, en una crisis que no acababa de superarse; que la universidad, centro y eje de las luchas revolucionarias; que la universidad, cantera de tantos mártires; que la universidad, nervio y corazón de la patria; que la universidad, cerebro de la patria; que la universidad, forja de los hombres que necesitará la Cuba de mañana, la Cuba que no ha de adolecer de estas lagunas que adolece hoy, de estas deficiencias que adolece hoy, de esta falta de hombres competentes y capaces que adolece hoy (APLAUSOS); que la universidad no alcanzase también los extraordinarios beneficios que la Revolución pueda aportarle. La universidad, porque nos interesa como ninguna otra institución, una universidad que no sea una fábrica de profesionales, que no salgan los abogados en serie, como los bonos del Instituto de Ahorro y Viviendas; de la universidad que se orienta en las necesidades del país, y no en los caprichos individuales; de la universidad que investigue cuántos médicos necesitamos, cuántos ingenieros, cuántos arquitectos, cuántos técnicos, cuántos necesitamos de más y cuántos abogados necesitamos de menos, para que ajuste esa forja de profesionales a las necesidades del país, que hasta ahora ha sido una producción anárquica y por la libre de profesionales, en una buena parte profesionales reaccionarios.
Y les voy a explicar por qué. Porque en esa universidad se cobraba la misma matrícula al hijo del millonario que al hijo del zapatero, y entonces los que más podían estudiar en la universidad no eran los hijos de los zapateros, sino los hijos de los millonarios (APLAUSOS). Resultado: que viene una Revolución, y se encuentra usted una buena cantidad de abogados reaccionarios, y se encuentra usted una buena cantidad de arquitectos reaccionarios. Es verdad que hay muchos abogados revolucionarios, pero que precisamente no tienen la menor oportunidad, porque los abogados monopolistas de los grandes bufetes, defensores de los grandes trusts, de los grandes monopolios, de los grandes intereses, les tienen cerradas las puertas al trabajo donde puedan librar su sustento, no voy a decir que muy honradamente, porque cuando hay que defender a un malversador o a un magnate de esos, no se libra el sustento honradamente (APLAUSOS).
Pero claro, el abogado en nuestra patria es víctima del medio social: tiene que defender exclusivamente a los ricos, porque los pobres no tienen con qué pagarle. Es una víctima, y en cierto sentido es una consecuencia del medio social.
¿Y el arquitecto? Pues hay muchos que en vez de arquitectos son inversionistas, y no se preocupan ya por el arte de la arquitectura, sino por el arte de ganar más dinero en el menor tiempo posible, aunque sea quitándoselo a los inquilinos, que son las víctimas de esos negocios (APLAUSOS).
Y nos encontramos las pugnas en el Colegio de Arquitectos, y un grupo de arquitectos combatiendo la Ley, y un grupo de arquitectos revolucionarios defendiéndola, porque quiero que se sepa que también hay arquitectos revolucionarios que están, sinceramente, junto a la Revolución (APLAUSOS).
Pero es lógico que de una universidad donde no hay facilidades para el hombre pobre, porque ya puede cualquier joven tener un talento extraordinario, que si no tiene para la matrícula no puede ser jamás un profesional; una universidad donde no se brinden esas facilidades, las profesiones tiende a adquirirlas un sector social, que suele ser el sector social dominante en lo económico, en lo político y en todos los órdenes. Y que nuestra universidad haya estado preparando magníficos talentos, ¡magníficos talentos de la reacción! ¡Que nuestra universidad, que la pagan los obreros, que la paga el pueblo, haya estado armando de inteligencia a los enemigos de los intereses del pueblo! (APLAUSOS.)
Por tanto, esta universidad y todas las universidades tienen que ser en el futuro forjadoras de talentos para el pueblo, forjadoras de talentos para la nación, y que en ningún sentido se cobre la misma matrícula a los pobres y a los ricos (APLAUSOS).
Una universidad donde las cátedras no sean vitalicias, porque las cátedras vitalicias, como todo lo vitalicio, está contra la cultura y está contra la superación de las instituciones (APLAUSOS). Una universidad donde para mantener sus cargos de catedráticos, tienen que estar constantemente superándose, constantemente aprendiendo (APLAUSOS); una universidad sin botelleros, una universidad sin profesores inmorales, una universidad donde todo lo que huela a batistiano sea expulsado (APLAUSOS). Una universidad organizada en lo académico, tomando en cuenta los criterios de los hombres expertos en cuestiones universitarias, pero universidades modernas, no universidades tricentenarias (APLAUSOS).
Que se convoque a un fórum en Cuba sobre reforma universitaria, que a ese fórum asistan las mejores inteligencias de América en el orden académico (APLAUSOS), para darle a la mejor Revolución de América la mejor universidad de América también (APLAUSOS). Y sobre esas condiciones, el Gobierno Revolucionario esta dispuesto a gastar lo que sea necesario, el Gobierno Revolucionario esta dispuesto y decidido a no escatimar un solo centavo en el centro que ha de tender a crear las inteligencias, a forjar y a preparar las inteligencias que en todos los órdenes necesita la patria que queremos hacer (APLAUSOS).
Porque si queremos ponernos a la altura de los demás pueblos del mundo, en todos los órdenes tenemos que tener hombres que sepan, tenemos que tener hombres capaces, tenemos que tener hombres preparados; que la universidad sea nuestro centro de investigación científica; que el industrial, el gobernante pueda ir allí a pedirles colaboración a los laboratorios universitarios, para que ayuden al progreso técnico, además del progreso cultural de la nación; para que nos ayuden a producir más y para que nos ayuden a producir mejor; para que nos ayuden a situar la patria entre los países más adelantados del mundo, con profesionales producidos aquí, que hay materia prima de sobra, materia abundante y materia buena, y no tengamos que estar como estamos hoy, que cada vez que necesitamos un técnico para algo tenemos que mandarlo a buscar a Holanda, a Japón y a otros países del mundo (APLAUSOS).
Por los servicios que las universidades pueden prestar al país, el pueblo de Cuba pagaría gustoso los sueldos y los presupuestos que fuesen necesarios, y además, que los servicios para quien tiene dinero, los pague; a quien le sobra el dinero, que en vez de gastárselo en viajes a Francia, se los gaste pagándoles la matrícula a sus hijos en la universidad (APLAUSOS).
Basta ya de que todo esté organizado aquí sobre la base del privilegio, los privilegios para los que lo tienen todo, la Ley del Embudo, de lo ancho para unos pocos y lo estrecho para la inmensa mayoría del pueblo (APLAUSOS). Había que hablar aquí de la universidad, porque estamos aquí en el corazón de la universidad, porque estamos rindiéndoles tributo a los mártires universitarios, y porque esta generación estudiantil, generación revolucionaria, esta generación no es una generación picadora de notas, no es una generación de copiadores que van al examen sin saber nada; es una generación estudiantil que se muestra con un magnífico espíritu de superación, con extraordinarias ansias de mejorarse, y porque, además, la universidad, libre ya de los problemas políticos que la embargaban, libre ya del eterno conflicto con los gobernantes, porque el sentimiento universitario, y el sentimiento público, y el sentimiento del pueblo, y el sentimiento de los gobernantes, serán en lo adelante una sola cosa (APLAUSOS); libre ya de las batallas que antes libraba, porque ya no tendrá que librarlas, porque ya no habrá injusticia; porque ya no habrá tiranía, porque ya no habrá inmoralidades, la universidad podrá invertir su extraordinario caudal de energía y de entusiasmo en preparar a los hombres, en preparar a la generación de hombres capacitados que la patria necesita, porque allí donde campeaba antaño la politiquería, el oportunismo y el vicio, ha de campear en el futuro la virtud y la capacidad.
¡A preparar los hombres que necesita la República! Esa debe ser la principal tarea, ese es el mejor premio a los estudiantes. No solamente una patria limpia, no solamente una patria libre, no solamente una patria revolucionaria, sino también una universidad limpia, una universidad libre, una universidad revolucionaria (APLAUSOS).
Tenemos que conquistar para la universidad lo mismo que estamos conquistando para la república. Y tan pronto la depuración se haga, tan pronto la reforma universitaria se esté discutiendo, el Gobierno Revolucionario fundará la ciudad universitaria (APLAUSOS), que llevará el nombre de José Antonio Echeverría (APLAUSOS), y en donde habrá un rincón para cada uno de los mártires universitarios, para cada uno de los que han caído en la larga lucha por el porvenir y la felicidad de la patria, desde los estudiantes de 1871, hasta el último estudiante asesinado por Batista (APLAUSOS). Esa universidad tiene que ser modelo de universidades; esa universidad tiene que estar a la altura de la obra que estamos realizando; en esa universidad queremos reunirnos los años venideros; en esa universidad queremos ver reunidos a los buenos todos los años, porque si la obra es buena, si la obra es grande, la fe no puede decaer, el entusiasmo no puede decaer.
Recuerdo con tristeza conmemoraciones pasadas, y aquí a las conmemoraciones les faltaba el calor del pueblo. Era como si para el pueblo careciese de sentido los sacrificios pasados, era como si para el pueblo la fe hubiese muerto, era como si el pueblo no creyera que valiera la pena siquiera molestarse a dedicar un minuto de recordación a un Mella, a un Trejo, a un Guiteras (APLAUSOS), porque tenía la sensación de que aquí todo era inútil, tenía la sensación de que la larga cadena de frustraciones en toda su historia haría imposible que jamás la nación arribara a un día venturoso de verdadero triunfo; tenía el pueblo la sensación de que esa meta con la cual han estado soñando todos los cubanos ilustres, todos los verdaderos patriotas, no se habría de alcanzar nunca, que era como una quimera, un imposible, un sueño irrealizable. Y por eso el pueblo si apenas recordaba a sus muertos, era aquello el fruto de la frustración, era la pérdida de la fe.
He visto hoy extraordinarias manifestaciones de fervor patriótico; he visto tres concentraciones multitudinarias: en Cárdenas, en la escalinata universitaria, frente al Palacio Presidencial, y esta noche aquí, y no hacía más que pensar si en los años venideros el pueblo continuará viniendo a estos actos (APLAUSOS), o si en los años venideros el pueblo se olvidará de sus muertos queridos (EXCLAMACIONES DE: “¡Nunca!”).
Por nosotros no será jamás la culpa. Nosotros podremos venir aquí siempre, nosotros seremos leales siempre a la memoria de nuestros muertos (APLAUSOS); nosotros sabremos cumplir con el deber, o caer en el cumplimiento del deber; nosotros podremos venir aquí, tengo la más completa seguridad, por grandes que sean los obstáculos que se nos pongan delante. Tengo fe absoluta en el fervor y en el idealismo que guía a esta generación.
Dije aquí nuestras deficiencias, pero debo decir también las virtudes de esta generación, las virtudes extraordinarias de esta generación. Esta generación es la generación a la que nadie le dio un buen ejemplo, esta generación es la que creció y se educó en las contradicciones de que les hablaba antes; esta generación es la que vio el mal ejemplo por doquier, a la que nadie le enseñó nada bueno, y, sin embargo, esta generación sacó de sí misma todas las virtudes, sacó de sí misma todo el idealismo, sacó de sí misma todo el valor que era necesario para librar esta batalla que salvó a la patria de la ruina y de la muerte (APLAUSOS). Esta generación si de alguien aprendió fue de nuestros próceres gloriosos, si de alguien aprendió fue de los héroes de la patria, porque en medio de las contradicciones en que vivíamos, en medio de las monstruosas contradicciones en que se nos educaba, esta generación supo beber en la fuente de nuestra historia, en el heroísmo de los Ignacio Agramonte, de los Antonio Maceo, de los José Martí (APLAUSOS). Esta generación que rindió tributo en las tumbas de los estudiantes caídos; todos nosotros, que de la universidad procedemos, que de la universidad sacamos la idea revolucionaria que injertamos en el corazón de nuestros campesinos, con los cuales hicimos la Revolución (APLAUSOS). Esta generación, pese al mal ejemplo, pese a los propios familiares que aconsejaban mal, esta generación, pese a la indiferencia de la nación hacia sus muertos, esta generación aprendió de aquellos héroes, y de sí misma sacó el idealismo y sacó las virtudes, y sacó la esperanza en un mar de descreimiento, en un mar de desaliento, y de ese mar ha sacado a flote la patria (APLAUSOS).
Esta generación es, pues, la mejor generación que ha tenido la patria, porque como ninguna creció en medio de la negación y en medio de los peores ejemplos; surgió de una universidad que no enseñaba nada, surgió de unos institutos y de unas escuelas que no enseñaban nada, y esta generación tendrá que enseñar a la universidad que no la enseñó, tendrá que enseñar a las instituciones que no la enseñaron a ella, tendrá que hacerlo todo nuevo. Y es, pues, la mejor generación que la patria ha tenido, más no, sin embargo, mejor que las generaciones venideras, las generaciones que van a tener otro ejemplo, las generaciones que se van a nutrir no solo en la leyenda de 1868 y de 1895, sino también en la leyenda de esta guerra heroica, tan heroica como las anteriores (APLAUSOS); que se va a nutrir no solo de los ejemplos de Agramonte, de Maceo, de Martí, sino también de los ejemplos de los Frank País, de los José Antonio Echeverría, de los Fructuoso Rodríguez, y de todos los otros (APLAUSOS).
Esa generación que tendrá el ejemplo de gobiernos buenos, de hombres leales, de patriotas enteros que no se humillarán ante nada ni ante nadie, esa generación es la generación con que soñamos nosotros, es la generación donde —como decía el poeta, en los versos que fueron aquí declamados— “crecerán los niños que serán como imágenes de los hombres que han caído”; los niños que serán como “manzanita” (APLAUSOS), los niños que serán como Fructuoso Rodríguez, los niños que serán como Frank País, como Pepito Tey, como Joe Westbrook, como Ciro Redondo, como Abel Santamaría, como Renato Guitart y como tantos otros, cuya lista sería interminable.
¿Quieren una patria grande? (EXCLAMACIONES DE: “¡Sí, sí!”) ¿Quieren una patria extraordinariamente grande? (EXCLAMACIONES DE: “¡Sí, sí!”) ¡Pues lo será cuando todos nuestros ciudadanos sean como José Antonio Echeverría, como Frank País, como Abel Santamaría!
Categoría:Discursos de Fidel Castro