Discurso pronunciado en el Colegio de Arquitectos, el 16 de febrero de 1959

Part 6

Chapter 63,180 wordsPublic domain (Wikisource)

Creo que en la exposición que hizo Fidel Castro existe un propósito fundamental, bien claramente expuesto, y ya se ha creado el primer instrumento, el instituto de viviendas, que es el primer paso fundamental.

Los detalles en sí de cómo se va a hacer la edificación se irán perfilando con más cuidado dentro de los próximos días.

Creo que todo lo fundamental está puesto. Ahora, los detalles, por ejemplo, que aquí sé que les preocupan y que algunos no han sido todavía expuestos, como la actividad esa diferenciada entre la actividad profesional del arquitecto y la que es en sí de la construcción, que son dos cosas distintas (APLAUSOS), en esto estoy seguro de que no tienen nada por qué temer ni por qué afectarse. Incluso, puede ser que un arquitecto venga con su cliente que tenga su confianza en él, incluso los pobres tienen el derecho de escoger con gusto quién es el mejor arquitecto que él estime, y venir aquí y que sea el organismo de construcción de viviendas quien les construya a ellos (APLAUSOS).

Y es también absolutamente seguro —porque lo conocemos en nuestra parte de práctica profesional— que cuando vienen en el caso de la familia modesta que quiere su casa a buscar a ese arquitecto —que fue el caso que se planteó aquí—, tampoco ese arquitecto explota a esa familia para hacerle su casa, sino que se hace todo. Porque se está haciendo hoy, aun con el régimen que obligaba hasta a la casa más ínfima a pagar más que a la casa más grande, porque así es como se obliga hoy la tarifa: las casas más modestas tienen que pagar más que las casas mayores. Sin embargo, los arquitectos por sí mismos se han encargado de hacer la justicia en este caso y no les cobran a los infelices lo que les cobran a los grandes (APLAUSOS).

____________.- Para una aclaración.

Era simplemente para agradecer al ministro Ray la respuesta, y que me ratifica que será la Junta de Planificación entonces la que intervendrá activamente como coordinador de esos órganos del Estado, a diferencia de lo que no hizo en el pasado.

CMDTE. FIDEL CASTRO.- Yo voy a explicar una cosa. Aquí se originó un poco de confusión cuando me hicieron al principio una pregunta, una de las primeras, de que si el instituto se hacía para facilitar los fondos para construcciones de tipo privado. Yo dije que ese no era el objetivo del instituto, porque para hacer una construcción privada de una casa cualquiera no tenía necesidad de ir al instituto, va al banco y el banco le presta. Claro que si el banco no le presta puede ir al instituto y si el instituto tiene fondos le presta.

No se trata de nosotros intentar monopolizar a todos los arquitectos. Eso es absurdo. Lo que vamos a hacer es una cosa: darles trabajo a todos los que no tienen. Eso sí va a ser (APLAUSOS).

Yo digo que pudiera necesitar los servicios de todos, pudiera necesitarlos; pero como también hay un aumento en los arquitectos que se van graduando, lo que entiendo es que necesitará el instituto —supongo que necesite— unos 150 arquitectos o unos 200 arquitectos, que me imagino que serán más o menos los que puedan estar en estos momentos sin trabajo —no sé, ese dato no lo conozco—; pero que no se hacía el instituto con el fin específico de prestar dinero para hacer construcciones, porque partíamos de la base de que las construcciones serían más baratas haciéndolas en masa.

Estábamos pensando en el caso no del que va a hacer una casa, sino en el caso de un edificio de apartamentos precisamente para que vivan cerca del centro de la ciudad. Porque, por ejemplo, hay un solar. ¿Que se puede construir un edificio de apartamentos? Se construye ahí. Ese no es el caso del hombre de pocos ingresos que quiere construir su casa.

En realidad, nosotros lo que necesitamos son los servicios de los arquitectos, de una parte de los arquitectos.

El hecho es que hay que hacer infinidad de construcciones, que las que va a realizar el instituto son las construcciones de viviendas fundamentalmente y no las casas particulares, sino las construcciones grandes, porque calculen la extensión de terreno que se necesitaría para que cada familia viviera en una casa propia. Se continuarán haciendo miles de casas, ¡miles de casas!

Ahora, yo digo que el instituto ofrece tales ventajas y debe ofrecerlas sobre todo en la construcción, porque un arquitecto no es una empresa, un arquitecto que hace una casa para alguien no es una empresa; es, sencillamente, un arquitecto trabajando. Yo digo que las empresas no podrán competir con el instituto, porque las empresas tienen que lucrar con la construcción, tienen que pagarle al arquitecto, tienen que pagarle al obrero, tienen que lucrar con la construcción.

Las ventajas del instituto sobre las empresas que construyan casas para vivienda es que no lucra. Ahí es donde está la ventaja. Un arquitecto construyendo una casa no es una empresa, sino es un técnico construyendo una casa.

¿Se explica ahora mejor? (EXCLAMACIONES DE: “¡Sí!”) ¿Tienen alguna preocupación ustedes los arquitectos de que perjudique a los arquitectos? Díganmela.

____________.- Sí, yo quiero hacer una pregunta.

CMDTE. FIDEL CASTRO.- No sea que yo, que quiero ayudar a los inquilinos, me vaya a pelear con los arquitectos ahora (RISAS), me hagan una huelga de constructores.

____________.- Yo creo una obligación moral mía y de todos los arquitectos hacer en estos momentos una pregunta que voy a basar en una serie de razonamientos. La parte que nosotros vemos difícil aquí, la que puede traer conflicto, es la siguiente: está claro que el instituto va a ser de la vivienda, no va a afectar otra clase de edificios; esos tipos de edificios seguirán siendo para el arquitecto privado, eso está claro. Pero hay un punto ahí que hace falta aclarar: ¿Hasta qué precio será esta vivienda? Porque lo que no encontramos justo es que el instituto haga viviendas de lujo para ayudar al rico. El rico tiene dinero para hacerse su vivienda ahora, antes y en cualquier época (APLAUSOS). Y el dinero del instituto, que tiene que irse invirtiendo poco a poco, debe ir primero al pobre y a la clase media. El rico que vaya al arquitecto privado y que se deje explotar, porque si el rico quiere algo de lujo que lo pague (APLAUSOS).

CMDTE. FIDEL CASTRO.- Ahora les voy a explicar precisamente, porque el instituto se hace pensando en el pobre. Lo que decía es que las ventajas las podía tener hasta el rico, porque no estamos contra los ricos. Eso es lo que digo.

Ahora bien: le voy a explicar. ¿Qué concepto de vivienda se tiene aquí para el pobre? Pues sencillamente una porquería, señores, lo voy a decir bien claro (APLAUSOS). ¿Cuáles son los sistemas de construcciones de viviendas para el pobre? Unas casas en “remanganagua” que parecen un cementerio más que un barrio de residencia.

¿Por qué el pobre no va a poder vivir en el apartamento en que vive un hombre de la clase media y lo pueda obtener por 60 ó 70 pesos? ¿Por qué tiene que irse a vivir a 60 leguas de la ciudad? ¿Por qué?

Lo que yo he dicho: tiene el pobre, sin necesidad de irse a vivir a 60 leguas de la ciudad, el derecho a tener un apartamento en el centro de la ciudad y a adquirirlo por lo que paga de alquiler. ¿Es eso o no ayudar al pobre? Se ayuda al pobre, se ayuda a la clase media. En dos palabras, ¿saben a quién se ayuda? A ese inmenso sector del pueblo que hoy paga alquiler y que no son los ricos, porque los ricos no pagan alquiler, tienen casa propia. El que necesita del instituto es el que paga alquiler, más pobre o más rico. A ese es el que vamos a ayudar, sin desterrarlo a la Siberia por el problema de que quiera una casa, que es lo que se hace hoy, que lo mandan lejísimo. Le hacemos su apartamento propio en el centro de la ciudad por lo que paga de alquiler.

¿Puede no entenderse bien esta idea? ¿Puede entrañar alguna injusticia? ¿Puede entrañar algún privilegio?

Señores, ¡queremos ayudar a todo el que hoy paga alquiler en la ciudad! Dicho clara y concretamente ese es el objetivo del instituto: convertir en propietario de su apartamento o su casa a todo el que hoy paga alquiler en la ciudad y que se acabe el alquiler. Ese es el objetivo del instituto (APLAUSOS).

____________.- Muy bien, Fidel.

OSMANY CIENFUEGOS.- Compañeros, yo quiero aclarar algo que creo que debemos aclarar nosotros los arquitectos.

El compañero doctor Fidel Castro ha estado conversando con nosotros, y yo noto una preocupación bastante grande entre todos los arquitectos aquí presentes. Noto una preocupación que a mí me preocupa, una preocupación que yo no entiendo mucho.

Todos los que hemos tenido oportunidad durante estos años de ver el desenvolvimiento de los arquitectos y de nuestra dirigencia, hemos sabido de esa dirigencia que todavía muchos de esos miembros —no de la dirigencia, sino de los que integraban las fuerzas regresivas del país y de nuestra clase, que integraban las filas batistianas— hoy todavía son bombines y batistianos en dependencias oficiales. Eso todavía está por depurar (APLAUSOS). Estamos acostumbrados por ello a oír constantemente la cacareada función social del arquitecto. Ahora la Revolución nos brinda la oportunidad de hacer esa función social. Es lógico que en nuestra clase vamos a estar afectados; es lógico que nuestra clase, que estamos acostumbrados a vivir cómodamente, que es quizás la clase profesional que más cómodamente vive en Cuba, se va a ver afectada; es lógico que vamos a tener que pensar en una forma distinta; es lógico que vamos a estar afectados. Ahora, hay que reconocer de hecho una cosa: estamos en un proceso revolucionario. Y hay que reconocer que tenemos que integrarnos como profesionales en ese proceso revolucionario, aunque de nuestras filas salgan las fuerzas regresivas que estaban durante el batistato y que se van a poner a operar ahora en contra de la función social del arquitecto (APLAUSOS).

Así que no vamos a confundirnos los que actuamos de buena fe. No vamos a tener preocupaciones. La Revolución se hizo para hacer justicia. Para eso se luchó.

Y es bueno que sepa el doctor Castro, que sepa el Gobierno Revolucionario, que los arquitectos tienen en las filas de ellos los que van a garantizar precisamente que el proceso revolucionario se lleve a cabo dentro de nuestras filas, y que esas fuerzas regresivas no puedan sumarse en contra del proceso social (APLAUSOS).

Para aclarar eso.

____________.- Yo creo que vale la pena también decir aquí un momento, algo que tuvimos oportunidad de decir hace unos días en la Sociedad Cubana de Ingenieros, que todos los profesionales tenemos que darnos cuenta de que el país no es nuestro.

Esto lo digo, y lo dije primero ante los ingenieros, donde tuve el honor de ser Presidente, porque todos tenemos el privilegio de haber recibido de toda la nación un gran esfuerzo para que nosotros nos capacitáramos. Eso nos da la oportunidad de ser de los que mejor vivimos en general, como promedio, dentro de la sociedad. Pero el fin de ese esfuerzo que ha hecho toda la nación, no es para eso. Es para que esa capacidad rinda una función social, de la que tanto se ha hablado. Y eso es una responsabilidad que adquirimos al aceptar esa capacitación de hecho.

Eso lo ha probado en este proceso revolucionario el gran número de profesionales que se incorporaron a la lucha, en una medida y en una proporción mucho más alta de lo que les correspondía desde el punto de vista de su nivel económico y de su bienestar social que disfrutaban. Porque, tenemos que reconocerlo así, gran número de arquitectos, ingenieros, médicos, de la clase profesional, ocuparon los primeros lugares de la lucha en este proceso en una proporción mucho más alta que otras clases de igual nivel social, desde el punto de vista del bienestar social de que disfrutaban.

Eso es una medida del reconocimiento implícito en la conciencia de las responsabilidades que tenemos por la capacidad que adquirimos, con el esfuerzo no nuestro, sino de toda la nación, para que nosotros tuviésemos la posibilidad de hacer algo por ella (APLAUSOS).

ARQUITECTO NOVOA.- ¿Puedo hablar?

Yo soy el arquitecto Novoa. Algunos me conocerán y otros no. He dudado mucho de si venir a hablar aquí o no. Pero negar mi concurso a esto, parecería que no coopero con la Revolución.

Para demostrar que no me mueve ningún otro interés, más que aclarar principios y hablar como industrial —porque todos saben que yo tengo la construcción de las casas prefabricadas, que inicié hace 33 años—, quiero primero, antes de hablar de esto, leer lo que le ofrecí a la Junta de Planificación hace unos días, cuando me llamaron para consultarme sobre unos problemas.

“Sintetizando nuestra conversación del día de ayer” —esto es de fecha 11 de febrero—, “paso a exponerles lo tratado en el cambio de impresiones sostenido con ustedes.

“En primer lugar, deseo agradecerles el interés que ustedes se han tomado en estudiar y conocer en todos sus detalles nuestros sistemas de construcción, que, a nuestro juicio, y con los costos reales. en las manos, no tienen paralelo con ningún otro sistema conocido hasta hoy.

“Ese interés demostrado por ustedes representa los nuevos ideales de la Revolución, encarnada en una juventud entusiasta y activa, pero también consciente del valor de la experiencia y vigilante celosa del progreso.

“Industrias Novoa ofrece al Gobierno de la República el uso y disfrute gratuito de todas sus patentes de construcción, siempre que se utilicen en obras económicas de beneficio social, y siempre que el empleo de las mismas sea supervisado por arquitectos y técnicos competentes, para garantizar el empleo correcto de las mismas.

“Industrias Novoa ofrece al Gobierno de la República su cooperación decidida y gratuita en todo lo concerniente... (SALTO EN LA GRABACION)...” Pueden hablar de la casa popular o de la casa económica —no casa barata, sino de la casa económica— como yo. Porque he construido más de 1 300 casas.

Una vez en una asamblea aquí en el Colegio de Arquitectos, cuando habían limitado el número de obras que podía hacer un arquitecto a seis, mientras que podía hacer ese mismo arquitecto seis obras como la de la CMQ o como el Focsa, yo protesté. Y dije que iba a ser el primer clandestino de Cuba, el primer arquitecto clandestino de Cuba, porque se había olvidado el Colegio de Arquitectos de las clases populares, que había que ayudarlas por encima de todo, y que esa yo encontraba que había sido la misión y el deseo que siempre me había movido.

Así he construido casas sumamente económicas. Por ejemplo, de portal, sala-comedor, tres habitaciones, baño y cocina, con sus lavaderos, etcétera, con placas de hormigón, por el precio de 3 000 pesos. Y esas casas se han asombrado los arquitectos de cómo es posible que se puedan hacer a esos precios.

Estas mismas casas construidas por el instituto de la vivienda seguro que podrían —con sus materiales y hechas por los propios obreros— costar 800 pesos.

Ahora, yo lo que quiero es preguntar si pueden en alguna forma utilizar mis servicios, que esos servicios están a la disposición de la Junta de Planificación y del instituto de la vivienda (APLAUSOS).

____________.- Nosotros nos alegramos mucho del criterio del compañero Novoa, pero el Colegio de Arquitectos también tiene la política hace tiempo de reducir al mínimo, y en muchos casos a nada, los honorarios para las casas de gran proyección social.

CMDTE. FIDEL CASTRO.- Vamos a darle ya fin a este acto, porque tenemos otras obligaciones que cumplir.

Sólo me resta decirles que creo que esta medida que vamos a tomar, como toda medida revolucionaria y que afecta intereses, será una medida discutida. No es la primera vez y hace muchos días que vengo viéndome en la necesidad de decir lo que más conviene, aun a quienes no piensen exactamente como nosotros. No está muy lejano el día en que me vi en la necesidad, en una asamblea obrera de los representantes de 500 000 trabajadores, de hablar en contra de una medida que tenía el respaldo de todos, por considerar honradamente que no era lo que más convenía al futuro económico del país.

Desde luego que si fuésemos a dejar las cosas como están en Cuba, no habría problemas para nosotros de ninguna clase. Pero para dejar las cosas como estaban en Cuba, no valía la pena que hubiese muerto un solo cubano en esta lucha.

El problema no es sólo de libertad; el problema no es sólo de que todo el mundo tenga derecho a hablar, a escribir, a votar, a reunirse, el problema es que tengan derecho también a vivir.

Hay muchos crímenes sociales que no se mencionan nunca, y se dedican libros enteros a hablar del asesinato tal o más cual por un esbirro de la policía. ¡Valdría la pena que se hiciese un cálculo estadístico de los niños que mueren en la ciudad y en el campo por falta de higiene, por falta de condiciones de vida decorosas, y de los cuales nunca se habla! ¡Crímenes que nunca se combaten!

Hay muchos intereses creados, y toda obra revolucionaria tiene necesidad de chocar con esos intereses. Nosotros, más que chocar, tratamos de conducir el país hacia adelante con la mayor armonía entre todos los intereses, para evitarle conflictos a la Revolución, pero decididos a llevar sus propósitos adelante.

Comprendo que esta es una tarea muy dura y comprendo, naturalmente, que los intereses que puedan resultar afectados no hayan de tener con nosotros la mayor indulgencia. Pero sí sé que lo que estamos haciendo va a beneficiar al país, y eso es lo que importa. Y aun beneficiando al país, va a beneficiar a todas las profesiones; y aun cuando los arquitectos sean entre los profesionales los que han alcanzado un estándar de vida más alto, aunque sean los que mejor están entre los profesionales, nuestras medidas revolucionarias van a ayudar a muchos arquitectos de ahora y de luego: los que hoy son arquitectos y los que hoy están estudiando en la universidad para arquitectos. Y serán los que en realidad tengan más derecho a recibir los beneficios de la Revolución, porque son los que más la necesitan.

Bien dijo aquí el compañero Ray: son ustedes profesionales, porque la nación los ha ayudado a ser profesionales. Y es justo que los profesionales que hizo la nación, ayuden a la nación.

Ignoro cuáles serán los efectos definitivos de estos pronunciamientos en el seno de los arquitectos. Espero que los arquitectos nos ayuden, y nos ayuden pronto.

Todo lo demás queda ahora en manos de ustedes. Sobre todo de los más entusiastas, de los más revolucionarios.

No puedo aspirar a que todos sean revolucionarios, ¡pero sí aspiro a que los verdaderos revolucionarios nos ayuden!

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