Discurso pronunciado en el Colegio de Arquitectos, el 16 de febrero de 1959
Part 3
La cuestión es hacer un plan racional. Si tenemos ventajas que no tiene ningún país del mundo, no tenemos problema con nadie, además, no les tenemos miedo a los problemas de nadie. Y como el miedo lo que produce es todo ese armamentismo y toda esa fabricadera de armas, nosotros, como no tenemos miedo, no hacemos nada de eso; por lo tanto, nos podemos dedicar a organizar a Cuba sobre bases tan justas que elevemos extraordinariamente, cinco veces más, el estándar de vida; que haya más satisfacción.
Y hay que ver las ventajas de un poco de justicia. Hay que ir a las playas ahora: se las encuentran llenas. Era invierno, un domingo de invierno ayer, y ayer, por ejemplo, estaba Guanabo repleto.
Yo andaba buscando playas de acuerdo con los planes que tenemos, porque es otro fenómeno que me encontré: todas se las habían cogido. Dejaron al pueblo sin salida al mar (APLAUSOS). Entonces fui y me reuní con los médicos que tienen allí su club, me reuní con los bancarios, con todos, pidiéndoles que nos ayudaran, hablándoles —porque era justo— a los propietarios de allí. Porque no se trata de imponer una ley a la fuerza, porque se puede imponer, sino de persuadir, que es una necesidad, para que haya el menor número de resentimientos, para que todos nos ayuden.
A cambio de eso podemos darles otras ventajas.
Eso puede ser una zona turística. Los dos kilómetros que están entre Boca Ciega y Santa María del Mar, que sean playa y allí se hagan casetas para el pueblo, pero construidas tan bonitas como estas —porque no porque sean del pueblo tienen que ser una basura (APLAUSOS). Las hacemos. Ahí está el Ministro de Obras Públicas... (SALTO EN LA GRABACION)... formidable, y tiene ideas muy geniales sobre construcciones.
Y allí estarán también los restaurantes, funcionarán. Aquí lo público parece malo, inmoral. La palabra público asusta. No señor, lo público de ahora en adelante va a ser lo más decente, lo más fino, lo mejor organizado.
Y en las zonas donde hay residencias, pues institutos, hoteles de turismo.
Hay cuatro kilómetros de playa ahí fantástica en La Habana. Eso es un privilegio, tener cuatro kilómetros ahí al lado de nosotros, en una ciudad calurosa como esta. ¿Cómo nos los van a quitar?
Entonces, vamos a ajustar los intereses y que las playas sean libres. Y ya los intereses establecidos pues que aíslen el barrio de alguna manera. Todos coincidir, porque es perfectamente posible hacer coincidir los intereses. Desde luego que para nosotros lo que es muy difícil... (SALTO EN LA GRABACION)... 15 000 ó 20 000 ó 25 000. ¡Una cosa terrible! Y cuando por un lado está beneficiando a uno, se lo encuentra más para a’lante que lo está perjudicando, porque todo está mal organizado.
Ese problema de las playas es terrible. Le dejaron al pueblo nada más el diente de perro y los pantanos (APLAUSOS).
Le vamos a dar a tiempo instrucciones a la Marina de Guerra de que vaya inmediatamente y ocupe las playas que no estén ocupadas, para que no se las cojan también (RISAS). Y entonces, arreglar lo de las otras, no imponer una ley. Vamos a ir haciendo un trabajo de persuasión, ir organizando de una manera en que todas las playas queden libres.
No voy a decir los clubes ya que están hechos, aquellos que es imposible de hecho liberarlos, no hace falta; pero sí las playas libres, las extensiones grandes de arena, organizarlas de manera que todos quepamos allí bien. En cuatro kilómetros cabe La Habana entera (RISAS), y en menos.
Y sin perjudicar propiamente. Claro, si hay un señor que quiera tener unos 100 metros de playa para él solo y su familia, no puede ser de ninguna manera. Pero si lo que quiere es aislamiento —que las calles vayan por aquí porque los niños juegan allí—, muy bien. Pero vamos a hacer más: vamos a que aquellos terrenos se vendan a un precio justo. Y, además, el que tenga su terreno comprado allí, pero que no tiene casa, el instituto se la puede hacer. Vamos a llevar los beneficios incluso hasta esos repartos, las ventajas que sean necesarias, pero a cambio de que se establezca también el principio justo de que los demás tienen derecho.
Yo les voy a rogar a los periodistas que estas cosas me las escriban claras, porque a veces me pasa (RISAS Y APLAUSOS), y no se trata de mala intención, porque yo les voy a decir sinceramente: casi todos los reporteros que han estado conmigo en todas partes han estado tratando de ayudar lo más posible, pero es que, como se toman las notas —no es como cuando uno habla por televisión o radio, que el pueblo lo oye—, que no les preocupa que después se haga una versión que no salga con exactitud. Porque recientemente, hablando en el Palacio de los Deportes, se lanzaron ataques a determinados hoteles. Yo no mencioné nombre de hoteles, pero mencionaron nombres de hoteles. Ya se me veía a mí atacando específicamente a hoteles, haciendo imputaciones; que cuando no hay necesidad de hacer imputaciones concretas no hay que hacerlas, sino hablar en los términos generales, y aparecieron los ataques a los hoteles. Y después, algunas cosas que yo dije allí, alguna frase que dije: “Nosotros no teníamos por qué temer a nadie dentro ni fuera”, apareció dicha como en un tono bravucón.
Una cosa que es sin quererlo, no es que quisieran. Pero es que a veces el tono lo dice todo, y cuando a usted lo oyen hablando en un tono y después aparece escrito, pues la escritura no tiene tono (RISAS). Y estas cuestiones, si no se explican bien, bien, le puede pasar a uno que los que se informen después por escrito de lo que se habla, lleven una impresión completamente distinta.
Así que en todos esos problemas estamos trabajando. Pero, en resumen, lo que importa aquí hoy: lo que queremos de los arquitectos.
Queremos que los arquitectos nos organicen el departamento de construcciones del Instituto de Ahorro y Viviendas. ¿Quiénes? Los arquitectos que están sin trabajo. ¿Quiénes en el futuro? Todos los arquitectos. Porque en el futuro, bueno, habrá el que haga una fábrica, habrá construcciones, habrá de todo; pero un porcentaje grande de los arquitectos irán a trabajar con buenos sueldos, buenos, lo que pueda pagar la mejor compañía, al Instituto de Ahorro y Viviendas.
El departamento de construcciones nos lo organizan ustedes, ustedes buscan a la gente. No me digan después si hay un batistiano o no hay un batistiano, esa responsabilidad es de ustedes; pero lo que sí pido una cosa que sea rápida, no sea que nos pasemos un mes discutiendo. Y lo desesperante es que uno tenga deseos de empezar, y tenga hasta el dinero y no pueda porque los planos no estén.
Lo que queremos de los arquitectos es que nos tracen el plan de una ciudad grande —como la quieran soñar—, cumpliendo requisitos de economía, higiene, estética. Porque ahí, si hay que pagar un 5% más caro para que esté más bonito, para que haya que darles trabajo a artistas para que pinten murales, o a los dibujantes para que lo hagan en colores, se lo damos también (APLAUSOS). A la estética se le puede dedicar un 5%; no es mucho, pero se vive más agradablemente y se les da trabajo a otros cubanos que también lo necesitan. Que la tracen para el presente y para el futuro, previendo cómo va a crecer dentro de 50, dentro de 100 años incluso: las direcciones que van a tener las calles, hacia qué dirección, los parques que debe tener, el tipo de construcción que sea económica pero que sea buena, cuántos pisos debe tener. Y a veces hay que sacrificar también a las conveniencias humanas el tamaño. Alguien me decía que los edificios de muchos pisos pudieran resultar. Desde luego, no resultan económicos, pero puede ser que fuera en el piso 15 donde empezar a ponerse, por ejemplo, más caro, pero que no convenga la casa de 15 pisos porque el que vive allá arriba vive alejado del mundo.
Así que el problema es cinco, seis, siete, de acuerdo con el lugar. Se hace un plan racional para las construcciones.
¿Cuál debe ser el ideal de un arquitecto? Construir una ciudad, no un edificio. Yo les digo a los arquitectos: vengan y vamos a hacer una ciudad nueva sobre estas bases.
Incluso, nosotros podríamos de inmediato en tareas de planificación —aunque no fuese al empezar con un sueldo muy alto, porque es para empezar, todavía no es la construcción—, darles trabajo por lo menos a 100 arquitectos. Quisiéramos que se hagan varias comisiones, que cada una presentara proyectos y después que se conciliaran esos proyectos, como aquí está presente el Ministro de Obras Públicas, porque obras públicas es el que tiene que hacer las calles y los parques. Pudiera ser que el plano lo pudieran hacer 20, pero si digo 100 es porque tengo interés en que todo el mundo se entusiasme y se interese por el proyecto, y que después, con los acuerdos a que lleguen, los planos a que lleguen —teniendo en cuenta todas las consideraciones de orden económico, de orden social, de orden estético, todo—, pues se concilien con el Departamento de Planificación del Ministerio de Obras Públicas, porque hay que trabajar en estrecha colaboración. Pero sí quiero que antes de 45 días ya haya un número determinado de ingenieros y todo listo, para empezar a construir los primeros 100 edificios.
Vamos a tener que trabajar todos mucho; antes de dos meses que ya haya miles y miles de obreros trabajando y por cada edificio, un ingeniero ahí, un arquitecto; porque hay que organizar el departamento —por ejemplo— de planes, hay que organizar el departamento de construcciones, de equipos, de materiales, de compras, de todo. Ahora, los organizan bien. Después no me digan que el Estado no sirve. Yo diría entonces, después: el Colegio de Arquitectos no ha hecho bien las cosas (RISAS Y APLAUSOS), porque si les hacen bien los edificios a los particulares, tienen que hacérselos bien ahí. Si los particulares pagan buenos sueldos, nosotros los pagamos mejores si es necesario. ¿No es verdad? (RISAS.) Bueno. Están comprometidos.
Algunos me han preguntado cuánto vamos a invertir. Pues invertimos lo que se recaude por la venta de los valores; invertimos las facilidades que nos den los bancos, el dinero que nos presten a un interés determinado.
Aquí hay representativos de tres bancos: del Banco Núñez, del Banco Agrícola Industrial y del Banco Continental Cubano, interesados en colaborar con el Instituto de Ahorro y Viviendas (APLAUSOS), lo que significa más garantía, la seguridad del éxito de estos proyectos. No les estoy hablando sobre bases falsas.
Sé que en la calle hay interés, sé que va a ser extraordinaria la demanda de bonos. Y cuando aumente el número de bonos: más corredores de valores, menos desempleados, más obreros construyendo. Eso va a ser como una centrífuga: va a empezar a circular el dinero, con beneficios extraordinarios al país. Se consolidará la Revolución. Y esto es una parte de los muchos proyectos revolucionarios que se van a llevar adelante con la colaboración y la paciencia de todos, porque hay que tener un poco de paciencia.
Aquí los que más impacientes estamos somos nosotros, porque ya les digo: a veces está el dinero y los planes tardan.
Aquí también está el arquitecto que está haciendo los planos de la primera ciudad escolar para 20 000 muchachos. Ya hizo una maqueta y otra, porque no se pueden hacer los planos en tres días, y no se puede empezar a construir sin que estén los planos.
Yo, por mi parte, casi tengo deseos no de construir antes de que esté la ley: antes de que estén incluso los planos a veces. Por lo pronto, separar el terreno, hacer algo, porque créanme que se impacienta uno. Sabe que están esperando, y que ya, teniéndose los proyectos, tardan, por lo que tardan en planificar.
Se nos podría decir: “Bueno, ¿y por qué no hicieron los planos antes?” La verdad es que había que hacer muchas cosas antes, y luchar mucho, y era imposible. Y es nuestro deseo de empezar cuanto antes lo que nos impacienta.
Está el instituto, a principios de marzo. Ya está la ley, porque aquí está el compañero Yabur, que trae la ley, que le está dando los últimos toques. ¿Tú la tienes ahí? (Le dice que sí.)
Les voy a leer los Por Cuantos aquí en la asamblea, y quisiera que antes de dos meses se empezaran a construir los primeros 100 edificios. Ahora, eso depende de ustedes. Deben reunirse con la Dirección Provincial, y lo demás depende de ustedes. Hay que trabajar en La Habana y hay que trabajar en el resto de las provincias.
Los Considerandos dicen:
“Por Cuanto: El juego constituye un vicio, siendo práctica deleznable de los gobernantes explotar con fines de lucro personal o de recaudación fiscal, en vez de adoptar las medidas necesarias para erradicarlo.
“Por Cuanto: De todas las formas de juego, la peor es aquella que se nutre de los escasos recursos de las clases más humildes del pueblo, al que prostituye moralmente y lo empobrece en el orden material.
“Por Cuanto: Desde los inicios de la República la Lotería Nacional ha sido un departamento estatal encaminado a explotar el vicio, así como sentina donde, a expensas del pueblo, las camarillas políticas del gobernante de turno se nutrían de fondos con primas y dividendos. Y al ser derrocada la tiranía, existían en dicho departamento 3 684 personas que devengaban sueldos sin prestar servicio alguno, lo que demuestra hasta qué grado de descomposición había alcanzado la práctica viciosa.
“Por Cuanto: No existe hoy apenas sector social, comercial o industrial, que no emplee el juego con fines de lucro y de competencia, lo que perjudica al ciudadano en el orden moral y económico, y sustituye la competencia en la calidad y los precios de la industria y del comercio por la competencia en los planes de regalos, con grave detrimento en el desarrollo económico del país.
“Por Cuanto: Uno de los objetivos esenciales de la Revolución consiste en reducir el juego y combatir las causas que lo fomentan hasta suprimirlo totalmente.
“Por Cuanto: El juego como vicio, enraizado a través de siglos de colonia y decenios de República, no puede abolirse por simple decreto ni tampoco por medio de una represión policíaca, porque ello daría lugar a que se practicara dicho vicio al margen de la ley.
“El Gobierno Revolucionario, atendiendo a la psicología e idiosincrasia del pueblo, se propone sustituir el vicio por el hábito de ahorrar, que reintegre por ley al jugador lo que este invierte en el mismo.
“Por Cuanto: El Gobierno Revolucionario se propone crear nuevas fuentes de riquezas, que terminen definitivamente con el enorme desempleo que existe en el país y dar empleo digno a los vendedores de billetes, que eran explotados por toda clase de intermediarios.
“Por Cuanto: Lo que hasta hoy ha sido explotación del pueblo y estímulo del vicio debe sustituirse por un instrumento de ahorro, que permita controlar todas las demás formas de juego ilícitos, ofreciendo las abrumadoras ventajas que sobre el juego representa el nuevo sistema de ahorro que se propone implantar.
“Por Cuanto: Gobernar, orientar y educar a un país es obra de paciencia e inteligencia más que de fuerza, y la solución científica del problema del juego puede ir unida a la solución de otros males sociales, teniendo en cuenta que el Estado posee infinidad de recursos técnicos y materiales para lograr sus fines de convivencia superior en las sociedades humanas.
“Por Cuanto: El jugador se convertiría en ahorrador mediante la acción del Estado, haciendo evolucionar su mentalidad en un proceso de superación social, al brindarse mayor estímulo al que ahorra y menor ventaja al que juega; el hábito de ahorrar debe sustituir al hábito del juego.
“Por Cuanto: El Gobierno de la Revolución se propone solucionar definitivamente el problema de la vivienda, haciendo que la necesidad de vivir bajo techo deje de ser también una explotación, brindando a los que carecen de techo propio la oportunidad de adquirirlo en corto número de años y por las mismas sumas que hoy pagan en concepto de alquiler.
“Por Cuanto: Lo esencial de la función bancaria desde sus inicios históricos hasta hoy ha consistido en recibir y acumular dinero de los particulares para movilizarlo e invertirlo con fines de lucro, debiendo esta gestión ser encaminada a que rindan una verdadera función social.
“Por Tanto: En uso de las facultades que otorgan la Constitución y las leyes de la República...”
Esos son los Por Cuántos de la Ley, ya la parte resolutiva es todo más o menos lo que hemos explicado aquí.
Esa ley se va a aprobar esta noche en el Consejo de Ministros, ya bien arregladita, a ver si mañana se la podemos dar a publicar a los periódicos (APLAUSOS).
Los modelos de bonos, como existen máquinas en las cuales se imprimían los antiguos billetes, todavía en el tamaño y en algunas cosas se parecen. Después incluso el tamaño será distinto. Pero todo va a cambiar.
Y ahora, por ejemplo, dos modelos aquí. Uno de los modelos: aquí uno dice “26 de Julio”; vamos a poner “Cuba Libre”, para que no parezca nada de tipo sectario. Aunque el 26 de Julio haya sido el que inició la Revolución, eso es justo reconocerlo, pero no lo vamos a poner, como no vamos a poner las banderas en ningún lugar de departamentos oficiales ni nada (APLAUSOS).
Este es el mejor tipo. Pueden ser los dos. Aparece una Sierra, un combatiente con su arma. Es uno de los modelos. ¿Cuántos modelos son? (LE RESPONDEN QUE 52.)
Cincuenta y dos modelos. Aquí unas casas, un brazo depositando una moneda (LO MUESTRA).
Entonces, al dorso van a llevar la fecha. Este bono, entre la fecha tal —9 de marzo, por ejemplo, de 1959 y el 9 de marzo de 1960—, se reintegrará el 40%. Entre el 9 de marzo de 1960 y 9 de marzo de 1961, se reintegrará el 50%. Y así lo llevará todo para que... (MURMULLOS Y RISAS).
(LE DICEN: “El 9 de marzo, cerca del 10 de marzo.”)
¡Está tan lejos ya, que casi lo hemos olvidado! (RISAS Y APLAUSOS.) Pero vamos a poner el 9 de abril. Y del 9 de abril de 1959 al 9 de abril de 1960 se reintegrará... De 1959, ¿no? ¿Voy bien? (RISAS.) ¡Tengo a Camilo aquí! (APLAUSOS.)
Entonces, de cada año y cada fecha, a qué tanto por ciento se reintegrará. Así que el que lo adquiere sabe cuándo lo puede ir a cambiar y qué le van a dar, cuánto va a ganar de interés tal año. Así que esto, que parece complicado, va a ser muy sencillo al dorso, explicado.
(ALGUIEN LE DICE: “¿Y el extracto de la ley lo van a poner?”)
El extracto de la ley va a ser difícil, porque es un poco larga. Los detalles de la ley; pero, sobre todo, lo importante es que sepa cada cual...
Hay un peligro aquí, y es la especulación. Va a haber quien le diga al que tiene bonos: “Mira, no vayas al instituto, que te da el 40%. Yo te doy el 50%.” Y hemos estado pensando en alguna medida, pero por el momento, esa medida puede hacer peor el remedio que la enfermedad. Porque pudiéramos poner que se inscriba el tenedor de bonos, pero ya tendríamos que armar todo un aparato para que se inscriban, poner una cantidad límite, estaríamos poniendo límite al que los quiera adquirir. Por ejemplo, los médicos, que quieran construir también su club y quieran comprar 100 000 pesos. Si ya les ponemos límite para que no haya especulación, el remedio va a ser peor que la enfermedad. Mejor es hacer una intensa campaña en favor de que nadie venda los bonos, y luego idearemos la forma, porque la especulación puede interferir el sistema de ventajas, porque llega el especulador...
Puede ser que pongamos una ley muy severa al que especule, y entonces ya no nos interfieran con las especulaciones.
Desde luego que el especulador puede ir olvidándose, que las especulaciones se van a acabar aquí de una manera o de otra.
La cuestión es que así va a estar el plan, y todo claro.
Yo creo que en términos generales esta ha sido la idea. Como ven, hemos adelantado algo, no se ha perdido todo el tiempo en estos 40 días. Hay muchas cosas que se han estado planeando, lo que, como la semilla que usted siembra, no se ve el árbol ni se ve el fruto desde el primer día, sino con el tiempo. Y lo digo, porque sé que la gente se impacienta mucho, y realmente hace falta tiempo para que se vean los frutos de la Revolución. Se ven algunos; por lo pronto, las “botellas” se acabaron, el robo se acabó, la malversación se acabó. El menor despunte que aparezca por ahí, pueden estar seguros de que será ejemplarmente castigado. Estamos esperando que venga el primero (RISAS).
Y hay libertades, se acabó la censura. Y así, se restablecerá el habeas corpus y todo, cuando esté todo organizado, pero bien organizado; aunque nos tardemos un poquito más, mejor es organizarlo un poquito mejor. Porque después de hacer un poder judicial bien organizado, de jueces decentes —si hubiera que hacer alguna revisioncita otra vez, hacerla para que no se nos cuele nadie por ahí, ¿comprenden? (RISAS)—; además, los jueces tienen que tener mentalidad revolucionaria, porque a tiempos nuevos y leyes revolucionarias nuevas, jueces nuevos (APLAUSOS). No sea que tengan la mentalidad… y que empiecen a aparecer recursos de todas clases, complicaciones y que aquí no marche nada. Puede ser que decidan de acuerdo con el espíritu de la ley, y nos ahorremos problemas.
Hay que ir preparando nueva gente, porque mucha gente está viviendo en los tiempos de atrás. Se lo digo por lo que me pasa en la calle: mucha gente me viene a pedir que yo les resuelva un problemita, que eran los problemas que antes le presentaban al concejal del ayuntamiento (RISAS). Y se olvidan de que uno tiene un trabajo extraordinario.
En muchas cosas se manifiesta que todavía la gente vive atrás. Hay otros que están ya evolucionando rápidamente. Mucha gente tiene el mismo esquema mental de las cosas, el mismo estilo, todo, de atrás. Y hay que ver lo que es una revolución, cómo todo empieza a cambiar, y sobre todo esta, por fortuna, que es una revolución pacífica. Se está aplicando el castigo a los de atrás, a los crímenes de atrás, pero no hay conflictos presentes, no se emplea la violencia ni se siembra el odio. Se tratan de buscar procedimientos armónicos, sin sacrificar —eso sí— el alcance de la proyección revolucionaria, ¡sin sacrificar el alcance de la proyección revolucionaria! Tratamos de hacerlo lo más armónicamente posible, con el menor número de conflictos posible y sin el empleo de la fuerza. Aquí no hay que guillotinar a nadie ni fusilar a nadie, ni nada de eso, por los problemas de las leyes revolucionarias que vamos a hacer. Fusilar a los criminales de guerra, que ya van quedando menos y que vamos a acelerar los procesos también ya, para poner la mente en otras cosas. Ya han hecho bastante daño (APLAUSOS).
Pudiéramos dedicarnos al trabajo creador, a organizar sobre bases nuevas el país, sobre bases firmes, con la ayuda de todo el pueblo. Eso es una ventaja extraordinaria, porque a pesar de que sea enorme el trabajo, la ayuda del pueblo, la buena voluntad del pueblo, la inteligencia del pueblo, la comprensión del pueblo, significa una ayuda y un factor de triunfo enorme.
Las mismas bases de la política hay que cambiarlas. Pensamos hacer las elecciones generales en un plazo de tiempo que no va a ser extenso, sino en lo que habíamos pensado. Y una cosa: el ministro que sea bueno no debe irse a aspirar a representante ni a senador, que siga de ministro. El funcionario bueno, que siga de funcionario; que se acabe la politiquería (APLAUSOS); que el hombre no tenga que vivir de la cosa pública ni pedirle favores a nadie para ingresar en un hospital o para buscar trabajo, que eso es lo que ha corrompido y enviciado, hecho que hizo caer al país en un círculo vicioso por completo; que el representante no gane 2 000 ni 3 000 pesos de sueldo, que se conforme con 500 o que siga en lo que tiene que seguir, señores (APLAUSOS). Y que se acabe la impunidad parlamentaria.