Discurso pronunciado en el Colegio de Arquitectos, el 16 de febrero de 1959
Part 2
Ese es el plan. Pero hay algunas ventajas más, y por eso yo decía que adquirir los bonos es lo formidable para todo el que aspire a tener su casa. Y les voy a explicar por qué. El interés del 5% hasta puede parecer alto —no lo es, por ahí se cobra más, desde luego—, pero hay un procedimiento para que el interés sea menor. Desde luego, cuesta menos capital invertido porque la compañía construye sin lucro, construye en masa; además, construye más barato, y, por lo pronto, es menos capital y menos intereses lo que tiene que pagar; pero tiene un procedimiento mediante el cual ahorre intereses.
Por ejemplo, una persona que piensa acogerse a ese plan, dentro de año y medio o dos años estarán terminados los primeros edificios, si empieza a adquirir bonos desde ahora, ya está ganando el 2%, ya le lleva una ventaja; todavía no está pagando su 5% y ya desde ahora está cobrando su 2%. Además, en el tiempo que está pagando el 5% por el capital, está ganando el 2%. Cuando llega a cinco años, empieza a ganar el 3%, ya nada más está pagando el 2% de capital. Si llega a siete ya está ganando 4%. Pero el negocio de él es decir: Bueno, ya cumplieron cinco años estos bonos, estos bonos me están ganando a mí el 3% entre los cinco y los siete años, pero yo estoy pagando por este capital el 5%, ese no es mi negocio. Va al instituto y dice: Óigame, mire, yo quiero terminar de amortizar un año o dos, o terminar de amortizar esta casa, porque aquí me están pagando el 3% y aquí estoy pagando el 5%, no me conviene. Y amortiza con lo que haya guardado en esos años, cuando le falten tres o cuatro termina de amortizar la casa. No paga intereses en ese tiempo y ha invertido un dinero al que sí le ha estado ganando. O sea, que ha invertido dinero, ha estado ganando y cuando llega al cabo del quinto año no paga intereses por cinco años, porque aquel capital invertido al que le ganó el 2% lo va a invertir para pagar el que le prestaron; ventajas extraordinarias donde puede ser —tendría que ponerme a calcular— que le costara a uno que pensara bien las cosas menos del 2% del capital que le prestan o el 1,5%, y no tendría que pagar las comisiones de las construcciones.
Y, además, le construyen la casa comoquiera. Si es un edificio de apartamentos, no será un apartamento como esos, donde le ponen el servicio sanitario entre el comedor y la cocina, porque lo hacen porque no hay espacio, para meter más apartamentos de los que caben, etcétera, etcétera, porque hasta ahora es el lucro lo que ha dirigido las construcciones. Se construyen dondequiera, comoquiera; no les entra luz, la luz entra para uno solo, al de 120, y no le entra luz al de 40 o al de 50. Ese es el problema (RISAS Y APLAUSOS). Además, no tiene vías de comunicación, se lo construyen lejísimo de donde trabaja.
¿Qué pasa actualmente con las construcciones? Vamos a decirlo como es en muchos casos. Los bancos, ¿a quién le prestan? A mí nunca me hubieran prestado un centavo, porque no tenía ningún central, ningún edificio ni nada. Naturalmente, el banco le presta al que tiene un central, al que tiene un edificio grande; o sea, le presta al que tiene dinero.
El dinero que se presta para construir, el que recibe el dinero lo invierte. Entonces el inquilino paga. Además, al invertirlo, se lo da a una compañía. La compañía gana en la construcción el 10%, el 15% o el 20%; es su negocio en la contratación. O sea, ahorra para ganar más: pone un ladrillo menos, un poquito menos de cemento, un poco más de arena, lo que sea para ganar. Entonces gana. El inquilino paga el interés, la comisión de la compañía constructora, el capital —que lo está pagando durante 10 o durante 15 años—; no le queda nada. Pagó el edificio más caro, pagó un interés que puede ser del 6% o del 7% —él no tuvo que ver nada con eso—, pagó la construcción y amortizó el capital, pero lo amortizó para aquel a quien le prestaron el dinero, amortizó para otro. Bueno, si él es el que amortiza el capital y paga los intereses y paga todo, ¿por qué no lo amortiza para él? ¿No sería lo justo? Amortiza el capital para otro. Y creo que esa es una explotación inicua aquí y en cualquier parte del mundo, señores (APLAUSOS).
Ahora, ¿quién presta? No presta el banco. El banco recoge el dinero de los clientes y lo presta: el que guarda 100 pesos, 200 pesos. Ese es el sistema, en eso se basa el funcionamiento de los bancos —creo que aquí hay algunos banqueros porque vienen a apoyar el instituto, dicho sea de paso—, y la realidad es que recogen el dinero y lo prestan, pagan un interés e incluso pagan interés al que lo invierte, lo invierten a un interés mayor.
¿Aquí quién presta? El pueblo. ¿A quién le presta? Al pueblo.
El que adquiere bonos, en vez de billetes, invierte su dinero y se lo presta al que alquila su apartamento, que no es el rico, que es el pobre también.
Ahora bien: puede darse el caso de que se preste a sí mismo, porque si es tenedor de bonos y además se muda para una de esas casas, él se prestó él mismo y lo único que le descontaron fueron los gastos. ¿De premio al principio? Sí, cuando hay 40 000 bonos, 200 000 de premios es un gasto; pero cuando haya 150 000 bonos, ó 200 000, ó 300 000 bonos, los 200 000 no son nada ya. Así que las ventajas que se ofrecen son extraordinarias.
Además, ¿cómo se van a construir esas viviendas? ¡Ah, no!: en una ciudad nueva.
Esta es la ciudad de los privilegios, construida en medio de la anarquía, con todos los inconvenientes, no tiene nada de racional. Aquí no hay una calle que tenga lógica: una la hicieron los españoles en el año 700 y otra la hizo un bodeguero en el año 800 y otra la hizo un malversador en el año mil novecientos y tantos, ¿comprenden? No hay una sola calle que tenga lógica aquí. Nada tiene lógica dentro de esta ciudad.
Ya estaban en el lado de allá haciéndola igual que esta, ya habían adquirido terrenos antes de hacer las vías, ya tenían las playas tomadas, ya estaban haciendo repartos. ¿Para qué? ¡Ah!, para que el metro de terreno a dos pesos se pusiera a 40 y para que después ahí una compañía constructora invirtiera con un dinero que le prestaron a fulano para que el infeliz inquilino tuviera que pagar 120 ó 130 pesos y seguir el relajo, ¡el relajo! (APLAUSOS.)
Pero por suerte hemos llegado a tiempo y hemos agarrado aquella ciudad todavía con algunas calles, algunos alumbrados y demás. Y digo desde ahora que se despidan de todos esos planes de construcción allí, porque eso será sencillamente expropiado por el Estado (APLAUSOS).
Lo sentimos mucho, pero nosotros tenemos deberes muy grandes con el pueblo, y seríamos traidores a la Revolución si no apartásemos a nuestro pueblo de esos caminos.
Allí, como no hay nada construido, podrá trazarse científicamente una ciudad con sus centros escolares, sus establecimientos comerciales, distribuidos de una manera racional los locales para los establecimientos de acuerdo con el número de familias, sus parques, sus paseos; en los edificios, sus locales para los muchachos, sus patios para los muchachos, porque uno se muda a un apartamento de dos cuartos y le cobran 80 pesos y tiene tres hijos, no hay un parque por todos los alrededores, no tiene criada de mano y tiene que dejar los muchachos encerrados allí cuando se va a trabajar, prisioneros los muchachos; no tienen dónde ir sin peligro de que los arrollen o los maten.
Pues cada edificio tiene que tener para los niños un local donde puedan estar, y debe haber parque y debe haber patio, y tiene que tener todo, y campo deportivo y la ciudad trazada ya con alguna racionalidad: hacia dónde va a crecer, qué calles va a tener, para no tener que derrumbar un edificio después para hacer una avenida. Hay que hacer desde ahora las avenidas.
Esa ciudad será completamente distinta, y será del pueblo. Amortizarán los edificios los que vivan allí para ellos, y estará trazada sobre bases absolutamente distintas de las de ahora y algunas innovaciones más que en su oportunidad vamos a introducir.
Pero, ¿qué vamos a hacer? ¿Un plan minúsculo? ¿Un intento de construir cuatro casitas? ¿Un FHA o como se llame el instituto ese de basura? (RISAS Y APLAUSOS.) Como todo lo que hizo Batista, porque Batista no podía hacer nada bueno, señores (APLAUSOS). Cosas minúsculas que cuando usted ha pagado 116 pesos ha amortizado treinta y tantos de capital y setenta y tantos de intereses, señores (APLAUSOS). Díganme si eso no es un atraco. Además, construidas las casas a un costo a lo mejor del doble de las que vamos a construir, y esperando tanto tiempo. ¡No! Aquí hasta que está terminado el edificio no se le cobra nada a nadie; desde el momento en que se muda allí empieza a pagar, ya está mudado hasta con muebles y todo si quiere, y sin más requisito que el ser una persona seria, honrada, que tenga un trabajo. ¿Investigación? Sí, pero no hacen falta diez años de investigaciones ni nada; elementales requisitos. Eso estará en los reglamentos.
Ahora, ¿qué? ¿Vamos a construir diez casitas? ¡No! Vamos a invertir este primer año 100 millones de pesos en construcciones en La Habana y en el interior, 50 en la capital y 50 en el interior (APLAUSOS). Pensamos invertir 1 000 millones en cinco años (APLAUSOS).
¿Se arruina el capitalista? ¡No, qué va! Tiene su gran oportunidad y le quitamos muchos dolores de cabeza. Que nos preste a nosotros, al instituto, y le pagamos sus intereses. ¡Ah!, lo que no tienen que prestarle a otro para que ese otro construya y ese otro después amortice el edificio para él. No, señor. Que nos preste a nosotros, que todo lo que nos preste a menos del 5% lo aceptamos y lo invertimos; porque como nosotros no lucramos, lo invertimos también al 5%.
Que nos presten, y, además, como tenemos un extraordinario capital para empezar, somos más ricos que nadie, pues tendrán que prestar garantizado todo y a un interés justo.
Así que hasta los que tienen dinero tienen oportunidad de invertirlo y ganar, pero vamos a enderezar las cosas y vamos a ponerle fin a la explotación. Que nos hagan el favor de prestarnos y les hacemos el favor de pagarles un interés, pero que no nos hundan con el sistema establecido, señores, porque hay que enderezar esto; esto hay que enderezarlo de alguna manera, con la buena voluntad de todos. Y creo que si no lo enderezamos ahora nunca más lo arreglamos nosotros, porque si esto se sigue torciendo es terrible (APLAUSOS).
Entonces vamos a empezar construyendo 100 edificios enseguida, allí a lo largo de un malecón; pero ya los edificios de alante tendrán una altura, porque los que saben de eso dirán cómo deben ser los de a’lante, los de más atrás de aquello. No es que a uno le construyan una casita chiquitica atrás y le pongan un edificio grande delante, señores (RISAS). Y eso es lo que pasa, porque el que compró el terreno delante hace lo que le dé la gana con él, y el que compró más para atrás se fastidió.
¡Ah!, ¿que viene un señor y quiere que le hagan una casa a su gusto de 40 000 pesos? Muy bien: se la hacemos a su gusto, de 40 000 pesos, en un reparto para casas de ese tipo, y entonces le decimos: Bueno, a usted le vamos a dar también las mismas ventajas que a todos los demás, no le vamos a lucrar y va a pagarla en 10 años. Porque ese señor tiene 800 de entrada y puede pagar 200 mensuales y hacerse una casa de 20 000 o de 25 000, magnífico, al gusto.
¿Que la quiere en la playa? Se la hacemos en la playa. ¿Que después que construyó una en la ciudad quiere una de recreo? Se la hacemos también. Mientras más quiera que le hagamos, mejor.
Ahora, ¿quiénes se van a beneficiar de inmediato? Bueno, pues se va a acabar el juego por un lado, el que juega va a ahorrar, al que antes lo explotaban con el alquiler y lo obligaban a amortizar un edificio que no era para él va a ser de él, se les va a empezar a dar trabajo a decenas y decenas de miles de obreros; pero si nosotros empleamos directamente 30 000 ó 40 000 ó 50 000, hay que contar los que se van a emplear en las fábricas de cemento, de ladrillos, de cabillas, etcétera, etcétera.
Pero, además, no es eso. El que empezó a trabajar y ganó dinero y compró y consumió, sobre todo si son artículos del país, ha producido un aumento de la demanda de trabajo en todas las industrias; porque si antes no vendía la fábrica tal zapato ahora va a vender zapatos y va a haber zapateros trabajando. Y es incalculable el dinero que vamos a invertir, porque en las construcciones hoy casi todo es nacional.
Me ha explicado el ingeniero Ray el porcentaje que se va para el exterior y que va a haber demanda de cemento. Pues hay que ponerse inmediatamente a trabajar, a poner otra fábrica más de cemento o a aumentar la producción de las existentes para no tener que importar cemento, y aumentar la producción de hierro, o tratar de poner aquí y fabricar las cabillas directamente y mejorar los objetos sanitarios, los muebles y todo lo que traemos de afuera, para darle trabajo aquí al pueblo (APLAUSOS).
Así que de inmediato los beneficios van a ser incalculables.
Forma parte de un programa. Si pensamos invertir 1 000 en viviendas, es porque estamos pensando en invertir 2 000 millones en industrias, y estamos pensando hacer eso de acuerdo con el sistema de protección a la industria nacional, la propaganda del consumo de artículos del país, la reforma agraria (APLAUSOS), y en condiciones extraordinariamente ventajosas, porque todas las clases del país se están adaptando a la Revolución, siguiendo, desde luego, una ley biológica de que el que no se adapta desaparece (RISAS). Además, porque hay un signo nuevo dirigiendo, un signo nuevo que es lo que está orientando, una consigna nueva, una divisa nueva, una mentalidad nueva: ya no va a ser el dinero el Todopoderoso aquí, va a ser la virtud y va a ser la honradez y va a ser el trabajo (APLAUSOS).
Entonces se les puede preguntar a las personas que ganen unas cantidades fabulosas de dinero: ¿Un millón de pesos para qué? ¿No les alcanza con cien mil? Pero miren, los 100 000 no van a tener cómo gastarlos, porque no hay quien gaste 10 000 pesos al mes, no hay quien se pueda comer más de tres filetes al día (RISAS), no hay quien se pueda poner más de un traje al día, ni hay quien pueda montar en más de un automóvil al mismo tiempo ni dormir en más de una cama al mismo tiempo (RISAS). Y yo les digo que el que gana 100 000 se compra tres automóviles todos los meses si quiere y va dos veces a París a pasear y le queda dinero; y come él todo lo que pueda comer y toda su familia, y puede dar propina y pagar el doble y le queda dinero, y se puede hacer dos casas, tres casas todos los años. ¿Para qué más dinero? Lo que tenemos es que tratar de que los que ganen mucho ganen menos y que todo el mundo gane más.
Es lo que yo digo: nosotros podemos organizar de tal manera la nación que el cubano más humilde viva mejor que un rey de Europa en el siglo XV, porque el rey de Europa en el siglo XV no tenía ni televisor ni radio (RISAS Y APLAUSOS).
Hoy un cubano humilde puede tener en su casa la orquesta filarmónica de Londres o de Nueva York, porque tiene un tocadiscos allí, tiene la comida en conserva, refrigerador, teléfono, todas las comunicaciones, medicinas, higiene. Yo digo que en aquellos tiempos los reyes se morían hasta de piojos (RISAS) —creo que hay el caso de un rey que murió de algo parecido—, y hoy tiene el hombre todas las ventajas que ha puesto el hombre, los sabios, los inteligentes, los que han producido para la humanidad, que han puesto al mundo en condiciones —de tal forma ha progresado en el orden técnico—, que si lo organizamos un poquito justamente en lo social, puede tener hoy el más humilde lo que no tenía un rey. O sea que ascendemos a rey al más humilde de todos. Y les aseguro que el rey en aquella época era un egoísta que no quería que nadie le quitara ni un poquito de las ventajas que tenía. Y hoy ya nosotros queremos poner al más humilde de los cubanos mejor que un rey, y podemos decir: Vive como un rey. Vive mejor que un rey —es lo que vamos a decir.
Se trata, señores, de que cuando le pongamos fin aquí a una serie de cosas...
Otro problema insólito: cualquiera de ustedes habrá tenido el problemita de comprarse un automóvil —el que más y el que menos—, o el deseo, o lo compró alguna vez. Si lo compró a plazos, a lo mejor se encontró con que por el automóvil que valía 2 000, tuvo que pagar 3 000 y tantos. Y, además, que hasta el último mes le estuvieron cobrando todo el dinero del capital que le prestaron al principio, aunque ya hubiera pagado casi todo. Interés de usureros es el que le cobran. Entonces, lo insólito: el rico, el que tiene mucho, lo compra al contado y le cuesta la mitad; el pobre, el que tiene poco, tiene que pagar el doble. ¡Absurdo! (APLAUSOS.)
Con los muebles. Yo, por ejemplo, fui inquilino con muebles comprados a plazos, y la verdad es que cuando no le quitaban la luz, le quitaban el teléfono, le querían quitar los muebles a cualquiera que compraba a plazos, que tenía necesidad de comprar y no tenía dinero. Calculen cualquiera que compre y lo dejen cesante.
Lo mismo, el rico lo compra al contado y le cuesta la mitad; el pobre lo compra a plazos y le cuesta el doble, y así.
¿Por qué el Estado no puede organizar instituciones que presten? Porque a uno cuando le venden a plazos, averiguan si puede pagar. Bueno, ¿por qué el Instituto de Ahorro...? Porque la ley dice que podrá hacer otras inversiones de utilidad nacional.
Que preste al 5% al año, en vez de la barbaridad esa que cobran. Después que tenga un departamento especial, todo el que quiera comprar un automóvil, que vaya al instituto; que dé el dinero de contado y cobre el 5%, que a lo mejor lo puede pagar hasta en bonos si quiere, porque el instituto acepta bonos también, ¿comprenden? (RISAS.) Y se acaba eso.
Ya sé que a lo mejor arman una manifestación los empleados que trabajan en la cosa de quitar los muebles (RISAS Y APLAUSOS). Si es así lo siento, porque a esa manifestación no le hacemos caso, tengan la seguridad.
Trataremos de asimilar. Yo les voy a decir: “Bueno, ¿ustedes quieren trabajar? Vayan al instituto.” Les van a pagar lo mismo que les pagan, pero van a estar al servicio del pueblo, señores. Además, aquí con la demanda de trabajo que va a haber, no va a haber problemas sociales de ninguna clase, pero es incuestionable que hay que acabar con eso y hay que decirles a las casas de empeño que se acabó el interés usurero: o prestan como tienen que prestar, y vigiladas por la ley y controladas, o el Estado también pone las casas de empeño aquí. ¡Se acabó! (APLAUSOS.)
Claro, yo creo que el que más y el que menos, de estudiante, tuvo que empeñar algo. Pero es insólita la explotación de que se hace objeto al pueblo en las casas de pignoración. Pues se ajustan, o buscan otro negocio. ¡Industrias, señores! Que se acabe ya esa inversión de hipotecas, de apartamentos. Eso es un dinero muerto, es una inversión parasitaria. Lo que hay que hacer es invertir en industrias para crear mercancías, para crear riquezas (APLAUSOS).
A la industria estamos dispuestos a darle toda clase de protección con una sola condición: salarios altos (APLAUSOS). Y lo van a poder hacer, porque cuando aumente la capacidad adquisitiva del pueblo, podrán vender cuatro veces más.
Yo les voy a poner un ejemplo: una finca de un batistiano —senador—, la ocupamos; 180 caballerías, a producir arroz. Buscamos 300 familias, de los familiares de los que trabajaban allí. Pues ahora es una cooperativa de producción agrícola, y en esa cooperativa, cada familia, además de que ahora van a tener escuelas, que van a dedicar parte a casas, al mejoramiento de todo aquello, familias que tenían una entrada de 150 ó 200 pesos al año, van a tener una entrada de 180 a 200 pesos al mes. O sea que van a ganar doce veces más.
Pues las fábricas de Coca-Cola, y de zapatos, y de Cawi, de Pepsi-Cola y de todo eso, venderán cinco veces más, seis veces más, en la misma medida en que aumentemos la capacidad de producción.
Lo mismo que el problema de vender caro le hace un daño tremendo a la economía. Cuando una Coca-Cola se vende a 15 centavos, el individuo compra una sola. Si se vende a medio, en cualquier lugar... Por eso yo digo que en las playas vamos a organizar restaurantes administrados allí por instituciones como, por ejemplo, los gastronómicos, durante los meses de verano. ¿Por qué si usted va a ir a la playa le van a cobrar tres veces más? ¡Ah!, ¿porque son unos meses nada más? Bueno, pues no puede ser un negocio entonces de ese tipo, de inversión privada. Que se le pague bien al que trabaja allí, pero que se le cobre lo más barato posible al que va a la playa; porque si compra una Coca-Cola, es un obrero que produce una Coca-Cola, una botella y una onza de azúcar. Si compra tres, son tres Coca-Colas, tres onzas de azúcar, tres botellas: hay que trabajar tres veces más, señor. En consecuencia, más trabajo en la industria.
Por eso aquí todo está empantanado, aquí todo está atascado, y cada vez es peor. De ahí el giro que hay que darle al país si queremos salvarlo. Y si no lo salvamos, ya saben lo que nos espera: tenemos aquí a Batista, a Ventura, a toda esa gente otra vez gobernando. Y eso sí es una cosa...
¡A invertir en industrias porque la era de las inversiones en apartamentos y de las inversiones en tierra se acabó, ¡se acabó! Es la era de la industria, porque es lo que conviene a la economía del país; y lo demás hay que reestructurarlo, y que los que tienen intereses allá, vengan a hacer industrias y a adaptarse. Hay que adaptarse, porque el que no se adapta desaparece. Esa es una ley biológica.
Y la Revolución es tan poderosa en estos momentos, ¡tan poderosa!, y tiene tal respaldo de pueblo —de pueblo justo, que quiere ordenar las cosas justamente—, que no hay quien la derrote: ni intereses internos, ni intereses extraños. ¡Eso es una verdad! (APLAUSOS.)
Aquí hay espacio suficiente para que todo el mundo viva en paz, para que todo el mundo tenga lo necesario y de sobra, sin temores de ninguna clase.
El país puede alcanzar un estándar de vida tan alto, que yo calculo que dentro de unos cuantos años el estándar de vida en Cuba, si los planes siguen adelante y si no nos ponen zancadillas, va a ser más alto que en Estados Unidos y que en Rusia (APLAUSOS), y les voy a decir por qué: porque en esos países se invierte un enorme porcentaje de la energía y del esfuerzo humano en producir bombas atómicas, aviones, barcos de guerra y armas. Y aquí nosotros, nada. ¡Riquezas para la nación! (APLAUSOS.)
Nosotros no tenemos que ponernos a construir armas, porque con unos cuantos fusiles viejos sabemos defendernos bien aquí (APLAUSOS).
Una isla que no tiene fronteras, una isla que no tiene problemas religiosos, una isla en que los problemas raciales son menos graves que en muchos otros lugares, y se pueden ir resolviendo y se deben resolver, debe ser el paraíso terrenal —que decían que se había desaparecido, y puede ser que lo encontremos aquí otra vez—, porque tiene todas las ventajas. Y aquí pueden vivir no seis millones: aquí pueden vivir 30 millones, señores.
Cuando se organice bien el país, podrá tecnificarse todo. Porque, claro, cuando se haga la reforma agraria, entonces faltarán brazos en la industria azucarera, y se podrá poner un central de botones si quiere, de esos en que se aprieta un botón, porque entonces habrá demanda de brazos. Y cuando podamos producir barato, pues entonces sacamos 10 millones de toneladas y competimos con el que quiera competir con nosotros y se acabó (APLAUSOS).
Y no se van a aprovechar otros países de los problemas que tenemos de orden social, para arruinarnos y quitarnos el mercado y quitárnoslo todo, porque entonces sí que andamos mal.