Discurso pronunciado en el Club Rotario de La Habana, el 15 de enero de 1959
Part 3
Digo, en primer lugar, que no creo que jamás se cometa por un país poderoso como Estados Unidos el disparate de intervenir en Cuba. No creo que lo haga, yo tengo casi la seguridad de que no lo haga, aunque uno no sabe, a última hora, quién predomina allí, pero es que la opinión pública en Estados Unidos influye mucho. Desde luego, hay que mirar con preocupación el hecho de que traten de pintarnos ante la opinión pública norteamericana como una tribu salvaje viviendo al lado de Estados Unidos. Yo dije, naturalmente, una frase —sí, la dije, pero no como para que saliera en los cables, porque había un grupito, pero como hay deseos de intrigar, sale, y aquí una agencia internacional de cables publicó la noticia. También ustedes recuerdan que una vez publicaron que a mí me habían matado cuando desembarqué, ustedes recuerdan—, lo que yo dije en la conversación, es lo siguiente: Que aquí no había intervención y, además, que si había intervención nos defenderíamos. Y dije que si mandan a desembarcar a los marinos habría 200 000 muertos en las calles de Cuba.
Lo dije, sí, que iban a morir 200 000 norteamericanos, si desembarcaban aquí; lo dije. No lo dije con ánimo de sembrar la hostilidad en Estados Unidos, no lo dije con ánimo de levantar la tensión, no lo dije con ánimo de producir una declaración insolente. Lo dije en un grupo, no lo dije para la prensa; pero vino una agencia y escribió. La Associated Press pone en boca suya las palabras que yo dije al salir del Habana Hilton hoy, y dice: “Si mandan a desembarcar marinos, habrá 200 000 gringos muertos en las calles de Cuba” (RISAS). No fue una declaración para la prensa, porque yo no hubiera dado esa declaración a la prensa, porque no voy a estar en plan de estar pintándome aquí en actitud retante, insolente y retadora, no. Yo me atrinchero, en mis derechos, me atrinchero en la razón humildemente, si se quiere, modestamente; si se quiere, nos atrincheramos y defendemos la patria, atrincherados, sin amenazas y sin insolencias (APLAUSOS).
Declaraciones agresivas no. Yo a la prensa no le hubiera dado esas declaraciones. Lo dije allí en un grupo de cinco o seis, no lo dije en una tribuna, no lo dije en un mitin. Sin embargo, fueron a publicarla. ¿Para qué? Para pintarme en plan también de agresión, de insolencia, de reto, en plan de individuo que está desaforado, que ha perdido los estribos. Es la mala intención. Me enseñan porque, ya les digo, somos nuevos y tenemos que aprender. Ya no abriré la boca ni aunque tenga tres delante (APLAUSOS). Una lección más. Sí lo dije, lo que no lo dije con esa intención de retar, lo dije ante un grupo, como habla uno ante un grupo y a veces se desahoga. Precisamente se desahoga uno ante un grupo pequeño para no desahogarse ante un grupo grande; se desahoga uno ante un grupo pequeño para no decir algo que salga divulgado. Y yo creo que esa noticia no se debió haber divulgado. Hay libertad, la pueden divulgar, los que lo hicieron tienen garantizado todo y si quieren una escolta para que los cuiden allí, se la pongo, porque esa es libertad; pero, honradamente, si se quiere ayudar a la Revolución, es peligroso dar este tipo de noticia. Es peligroso, porque tienden a crear confusión.
Por lo demás, reitero una sola cosa, y es lo siguiente: No va a ocurrir nada, por supuesto; todos estos problemas se irán resolviendo. Tranquilamente, nadie ha amenazado, yo lo que sí me preocupo, naturalmente, por la campaña de propaganda que se ha hecho, porque hay que salirle al paso a tiempo.
También el día primero de enero Cantillo quiso apoderarse del mando y poner un presidente. Nos preocupamos y a tiempo adoptamos las medidas necesarias para que por la noche no estuvieran ahí. De la misma manera, frente a esta campaña que se está haciendo, nos defenderemos; hablamos con los rotarios, hablamos con la prensa, tocamos a todas las puertas, y les decimos: El problema es este; se está organizando una campaña que no tiene fundamento y que tiende a desacreditar al pueblo de Cuba injustamente, sencillamente, ante un problema de unos criminales que todo el pueblo quiere que se castiguen y que todo el pueblo quiere que se les aplique la pena que les corresponde, y que no hay tribunales ordinarios porque todos están desarticulados, hay que hacerlo a través de los Tribunales de Guerra. ¿Qué otra cosa se puede hacer, señores? Lo que nosotros no hacemos es ir a darles un pistoletazo; lo que nosotros no hacemos es ir a asesinarlos. Entre la justicia y el crimen hay una gran diferencia. Nosotros lo afrontamos públicamente y decimos: “Al fusilado tal, se le ha ajusticiado por esto”, no andamos ocultándolo al pueblo, porque quien actúa con limpieza y con justicia no tiene que ocultar absolutamente nada.
(Del público le dicen que explique el funcionamiento de los tribunales de guerra.)
Pero si incluso se sacó una película donde aparecieron los juicios, que la ha visto el pueblo. Precisamente por el exceso de trabajo no pudimos hacer una cosa que era importante: prohibir que se tomaran fotografías de las ejecuciones —como se prohíbe en Estados Unidos que se tomen fotografías—, por la siguiente razón: hay que distinguir entre la opinión nacional y la internacional. Ya se han dado órdenes de que no se tomen fotografías ni películas de las ejecuciones. ¿Por qué? Por una cuestión psicológica. Cuando aquí se fusila a un Olayón, por ejemplo, todo el mundo sabe quién era, todo el mundo lo veía con desprecio, y cuando lo ve caer, ve caer al criminal. Los que no están enterados, los que no saben las cosas que hizo Olayón, nunca les pasó Olayón por el lado, ni estuvieron a merced de Olayón, allá, lejos de Cuba, no ven al criminal, sino al ser humano que se desploma, y ven el espectáculo de un ser humano desplomándose, no ven un criminal; por lo tanto, si bien en la opinión pública nuestra no habría inconveniente en enseñar la fotografía, sí lo hay desde el punto de vista internacional, porque aquellos no han vivido lo que hemos vivido nosotros.
La idea es: sí, es un criminal, pero nunca les pasó por el lado, ni estuvieron a merced de él, ni las vidas de sus hijos ni de su mujer estuvieron expuestas a que cayeran bajo las garras de aquel criminal. Así que es por una cuestión simplemente psicológica; pero los nombres y los juicios sí.
Y vamos a hacer los juicios en el Anfiteatro de La Habana. Hemos mandado a buscar a las viudas, los hijos y las mujeres de los campesinos que asesinó Sosa Blanco, Grau, Suárez Suquet.
Ustedes oyeron hablar de aquel grupo de prisioneros rebeldes heridos que fueron asesinados en el camino que va a Santa Cruz del Sur. ¿Quién los asesinó? Pues el que los asesinó cayó, le tocó responder ante la justicia, y les traeremos los testigos para que se pruebe. Y haremos los juicios de esos casos connotados, para que se saque, para que se tome testimonio gráfico de cómo se está aplicando la justicia, porque yo les aseguro que no se ha cometido una sola injusticia. Además, que vayan a las prisiones a ver si algunos de esos hombres han sido torturados para que declaren, si algunos de esos hombres han sido golpeados para que declaren. Con tanto odio como el que les tenía el pueblo, y ninguno recibió un golpe. Eso sí es lo que debe destacarse, sobre eso es lo que hay que escribir, que será un ejemplo sin paralelo en la historia de las guerras y de las revoluciones.
Y el que apliquemos la justicia, sí, y deben elogiarlo, porque sin justicia no puede haber paz. Si no se castiga hoy a los criminales, tendremos la venganza dentro de 10 o dentro de 15 años, tendremos el gangsterismo, porque entonces vendrán los compañeros de los muertos y dirán: Este está vivo, míralo por la calle, lo voy a matar, porque no hubo justicia en el país. Y siempre se dijo que no habría venganza en el futuro, porque habría justicia. Lo que se está haciendo, precisamente, es la justicia; porque nadie, ningún familiar de alguien que haya asesinado a 15 o a 20, se siente con fuerza moral para vengar aquel castigo, porque en su fuero interno, aunque le duela, porque sea un ser querido, porque sea un amigo, sabe que era lo que merecía, porque él no tuvo piedad para los demás, porque él fue un hombre que abusó del poder, abusó de la fuerza, y después tendría que atenerse al castigo, y no deja rastro ninguno de odio. Lo que sí deja odio es el crimen injustificado y el crimen impune y, precisamente, para que el día de mañana no haya venganza, se está haciendo justicia, y la Revolución no tiene otra alternativa que hacer lo que está haciendo.
Yo les decía que nuestros problemas los resolveríamos, porque estamos actuando rectamente. Los derechos de nuestro pueblo habrá que respetarlos. ¿Por qué? Porque los derechos hay que respetarlos, sencillamente, y porque los sabemos defender con la palabra, con la razón, con los argumentos. Si nada de eso valiera y un día se empleara la fuerza contra nosotros, ¡ah!, tengan la seguridad de que aquí pelean hasta las mujeres, los niños, los hombres, los jóvenes; y si nos viéramos un día ante esa trágica situación —que no nos veremos, tengan la seguridad de que no nos veremos—, si algún día se agrediera a la República de Cuba, el pueblo se defendería, porque nosotros seríamos los primeros que estaríamos aquí defendiendo al pueblo. Eso es lo que yo he dicho.
No quiero hacer declaraciones alarmantes contra nadie, pero digo que si una revista se toma el derecho de decir que no es cosa del pasado la intervención y la deja entrever, yo digo también que si hay intervención, hay resistencia a toda costa aquí, y una resistencia larga y una resistencia invencible (APLAUSOS).
Se trata, sencillamente, de salirles al paso a tiempo a esas intrigas, salirles al paso a todas esas intrigas a tiempo, porque más vale prever, precaver, que tener que lamentar. Nos callamos la boca y entonces sigue la campaña. Hay que defenderse con la propaganda, con la razón y más nada; nadie se preocupe de nada más. Aquí seguiremos en paz y seguiremos haciendo nuestra Revolución. Los intereses de unas cuantas compañías no valen más que los intereses de Estados Unidos ni el prestigio de ese país que tendrá que velar por su prestigio, ni valen más que los intereses del pueblo de Cuba; al contrario, deseamos las mejores relaciones con Estados Unidos. Buenas relaciones sí, sometimiento no (APLAUSOS).
Es curioso que nos encontramos infinidad de turistas norteamericanos en la calle y nos felicitan (RISAS), están de acuerdo con nosotros, ven lo que pasa aquí. Y seguimos invitando a los turistas norteamericanos, y del Canadá, y de Europa y de todas partes. Vale la pena que vengan a conocer este pueblo nuevo, este pueblo feliz, este pueblo que está luchando por mejorar su destino, este pueblo que vive en paz, un pueblo donde no hay ni policías —creo que es el único— y donde los boyscout van a cuidar el tránsito (RISAS Y APLAUSOS). Vale la pena que vengan los turistas a presenciar este espectáculo, que no se ha dado en ninguna otra parte del mundo, por la sencilla razón —lo creo honradamente— de que no hay otro pueblo en el mundo como el pueblo cubano, ni otro país más rico en el mundo que la nación cubana. Luego, nosotros tenemos derecho a un gran destino, que no es el de dominar a nadie, ni el de avasallar a nadie, ni el de tener poder, sino a crear aquí las condiciones necesarias para que sea feliz nuestro pueblo.
Alguien dijo que cada cual tiene el gobierno que se merece; yo no lo creo, porque nosotros hemos tenido gobiernos que no nos los merecíamos. Pero si vamos a tener el gobierno que nos merecemos, lo vamos a tener de verdad; no el de nosotros, no, el presidente Manuel Urrutia es el presidente de los cubanos un tiempo (APLAUSOS). ¿Que nos llevamos bien los revolucionarios con nuestro Presidente? Sí, y tiene su explicación: es un hombre recto, un hombre capaz, un hombre inteligente, y, además, porque nosotros somos antes que nada civilistas (APLAUSOS), somos hombres desinteresados, que ponemos nuestras armas incondicionalmente a las órdenes del poder civil de la república (APLAUSOS). Por lo tanto, está garantizada la permanencia en el poder del Presidente Provisional de la República. Esto no será como en 1933, que estaba uno tres días, otro 24 horas; aquí seguirá el magistrado Urrutia de presidente de la república hasta que haya un gobierno producto de la elección, de la voluntad del pueblo.
Nosotros no tenemos interés en posponer las elecciones, no; el interés de posponer las elecciones lo tienen los grupos que dan un golpe de Estado, no tienen pueblo y se ponen a hacer milagros para ver cómo ganan votos. Pero para nosotros, que desde el momento que hemos triunfado tenemos el respaldo unánime del pueblo, si mañana fueran las elecciones, ya sería presidente el que se postule por cuatro años. Si es dentro de un año también.
¿Qué interés podemos tener en prolongar la provisionalidad? El tiempo mínimo necesario, ese es el criterio, para que se reorganice la república, que se hagan toda una serie de medidas que hay que hacer, que se restablezca la paz, y para que todo el mundo trabaje ahora. Porque tiempo para discutir, polemizar y atacarnos públicamente, para todo eso hay tiempo más adelante, sobrará tiempo para todas esas cosas. Ahora lo que interesa es trabajar, ahora todo el mundo gobierna.
Es bien sencillo, y les voy a explicar que no es una declaración demagógica: si hay una medida mala, llega el presidente del Club de Leones, del Club Rotario, de los Masones, de los Católicos, de cualquier sector social, los trabajadores, los empresarios, cualquiera, tiene acceso al Presidente de la República y se lo plantea, y le dice y le da sus opiniones, lo que está bien, lo que está mal, y se le va a oír. Hay periódicos, estaciones de radio, de televisión, todo el mundo puede hablar; pero es que no hay necesidad de ir allí cuando se puede ir directamente a plantearlo. ¡Ah!, ¿que hay divergencias de criterios? Vamos a discutirlo en una mesa redonda. Esta medida proclama un sector que es buena y el gobierno cree que no, bueno, vamos a reunir a todas las capacidades en la materia y a discutir sobre ese particular en una mesa redonda para que el pueblo se informe y el pueblo conozca, porque, además, el pueblo, para dar su opinión, tiene que estar informado.
Y aunque el pueblo sabe mucho —porque la verdad es que sabe de todo— y aquí lo mismo el conductor del ómnibus que montamos, que el chofer, que el que vende frutas en las calles, que el que vende periódicos, todo el mundo sabe de política y sabe lo que hay que hacer, además, hay ciertos problemas en los que se necesita mayor información, y el pueblo debe estar informado para que tenga opinión.
Si se deja al pueblo opinar, la mayoría del pueblo siempre opina bien. No es que los pueblos no se equivoquen, los pueblos se equivocan cuando les informan mal y los engañan. ¡Ah!, pero si al pueblo le informan bien, no se equivoca porque es inteligente. Además, porque aquí nadie es genio. No es que se trate de que los miembros del Gabinete sean genio. No señor, los miembros del Gabinete son personas igual que ustedes, igualitas en sentimiento, igualitas en capacidad. Como si a cualquiera de ustedes de repente le dicen: Usted va a ser ministro de tal cosa. Igual. Porque aquí había muchas personas capacitadas, pero había que escoger a algunas. Si no es bueno, ¿saben lo que pasa? El Presidente, con toda seguridad, lo sustituye por otro, con toda seguridad (APLAUSOS).
¿Por qué puede hacer eso? Porque es presidente provisional sin condiciones —nadie le ha puesto condiciones— y escoge libremente a sus funcionarios. Y si aciertan, los respalda, y si no aciertan, con toda seguridad que no los respalda, porque no tiene compromisos políticos, ni de partidos políticos. No tiene más que un compromiso y es con el pueblo de Cuba, que es el compromiso que tenemos todos. Sabemos cuál es su ilusión, la de él, la de sus hijos y la de sus amigos: consagrar su nombre mediante una obra grande ante el pueblo de Cuba, ser fiel a la confianza que el pueblo le ha puesto. Cuando los hombres asumen los cargos con esa idea no pueden fracasar; él sabe que, aunque dure un año, un año y medio, dos años, su provisionalidad, quien sea el primer presidente completo que tenga la república, moralmente seguirá siendo presidente de Cuba siempre, y dondequiera que vaya lo aplaudirán, lo acatarán y lo respetarán (APLAUSOS).
¿Y a qué mayor gloria puede aspirar un ciudadano? Ciudadanos, eso son los ministros, ciudadanos ministros, que pueden seguir siendo ciudadanos honrados, pasear por las calles sin que nadie los señale con el dedo, sin que nadie diga: “Ahí va un ladrón” (Del público le dicen que sin escoltas). ¿Escoltas? ¿Para qué escoltas? (APLAUSOS.) Absolutamente libres y, además, al acceso del pueblo. Antes, ver a un presidente era un fenómeno, era imposible. Al Presidente se lo encuentran por la calle, tranquilamente, cualquiera lo puede ver. Los funcionarios están al alcance de todo el mundo, ya no hay personajes, ya no hay aquella separación entre el pueblo y sus mandatarios, si no es ningún bicho raro el que ocupe un cargo importante. Por lo tanto, aquel divorcio, todo aquello ha desaparecido.
¿Que corremos riesgos? ¡Ah!, bueno, pero para eso estamos aquí, no vamos a venir ahora a ponernos en una caja de caudales nosotros para protegernos. Sería una cosa absurda. Los riesgos, sí, son los que tenemos que correr, ¡qué vamos a hacer!, esa es nuestra misión, nuestro destino. También un médico, cuando va a operar o cuando va a atender un enfermo, corre el riesgo de contagiarse, y cuando hay una epidemia de cualquier índole, la viruela, el tifus, o la peste, los médicos van corriendo el riesgo de morirse o de enfermarse también. Tenemos que cumplir nuestras obligaciones corriendo todos los riesgos, no nos queda otro remedio. Además, por una cosa que les voy a decir, es que a la Revolución no la aguanta nadie. Los que crean que suprimiendo a alguno aquí suprimen a la Revolución, están equivocados; van a unir más al pueblo si lo amenazan. Y si suprimen aquí a un líder revolucionario, lo que van es a despertar más el deseo del pueblo, la indignación del pueblo y el propósito del pueblo de seguir adelante. No le van a hacer ningún daño.
También creían los esbirros que matando aplastaban la idea de la libertad, que asesinando de día y de noche a todo el mundo debilitaban la Revolución, y la Revolución se hacía más fuerte. Si son tan estúpidos que creen que matando van a debilitar la Revolución, se van a encontrar con que la Revolución se va a volver más radical y se van a encontrar con que la Revolución se va a volver más fuerte, porque esto, señores, no hay quien le dé marcha atrás. Esto ni con bombas atómicas retrocede (APLAUSOS).
Y lo bonito es que todo el mundo está claro, todo el mundo conoce los problemas, sabe lo que hay, que hay una Revolución, lo que estamos haciendo; todo el mundo sabe lo que quiere, sabe hacia dónde vamos y cómo vamos; todo el mundo está informado, para eso hay libertad de prensa. Porque conforme a la dictadura la prensa no le conviene porque le estorba, a un gobierno honrado y a un gobierno democrático la prensa le conviene porque lo mantiene en constante contacto con la opinión pública.
La fuerza de un gobierno no está en las armas. Somos fuertes ahora los revolucionarios no porque tengamos todos los tanques cometa ingleses, los Sherman, los aviones ingleses y todas esas demás cosas; somos fuertes no porque tengamos miles y miles de armas; no, somos fuertes, realmente fuertes, porque contamos con la opinión pública del país que es un arma más poderosa que ninguna otra, porque nosotros hemos triunfado en esta guerra con la opinión pública del país. Y ahora que hemos triunfado no vamos a hacernos fuertes en las armas, vamos a hacernos fuertes en la opinión pública, que es nuestra arma: la opinión pública de Cuba y la del mundo (APLAUSOS).
Otra cosa: en la opinión pública es donde nosotros tenemos que buscar nuestra fuerza, no solo dentro, sino también fuera. Nosotros no tenemos acceso a los fusiles de Estados Unidos, ni a los fusiles de Brasil, ni a los de Venezuela; no, nosotros nunca podremos ni acercarnos a un tanque de cualquiera de esos países. Pero, en cambio, en esos países hay opinión pública, y nosotros podemos acercarnos y ganarnos la opinión pública de esos países (APLAUSOS). Luego, nuestra fuerza no está en las armas, hay que estar muy claros; nuestra fuerza está en la opinión pública, dentro y fuera del país.
Y cuando contemos con una sólida opinión pública en toda la América, que debemos ganarla, sostenerla y defenderla, ¡defenderla sobre todo contra las calumnias!, seremos fuertes, seremos invencibles y no habrá que disparar nunca un tiro. Si tenemos la opinión pública no habrá aquí nada, ni agresión, ni intervenciones ni nada. Por eso hay que defender la opinión pública, porque la batalla hay que darla en el campo de la prensa, la batalla hay que darla en el campo de la razón, de la moral y de la conducta. Actuemos rectamente y tendremos el respaldo del pueblo, dentro y fuera, porque los pueblos de América están viendo cómo lo hacemos nosotros, y tienen deseos de que triunfemos para ver si también ellos algún día obtienen todas las cosas que está obteniendo el pueblo cubano.
Así que hemos venido hoy a hablar de estas cosas, hemos venido a hablar de esto.
En Santo Domingo (APLAUSOS) hay un pueblo noble y bueno como el cubano, que ha tenido la desgracia de padecer a un Trujillo durante 26 ó 27 años —nosotros, que sabemos lo que es Batista siete años, podemos comprender perfectamente lo que es Trujillo 27 años—, y hasta allí tiene que haber llegado también el aliento de la Revolución Cubana. Porque antes se decía que era imposible luchar contra un dictador y su ejército moderno, y los dominicanos deben estar pensando ahora que fue posible luchar contra un dictador y contra su ejército moderno (DEL PUBLICO LE DICEN: “¡Vamos para allá!”). Ir para allá no, porque no hace falta. Los dominicanos solos, absolutamente solos, van a derrocar la tiranía de Trujillo, como van a derrocar los nicaragüenses la dictadura de Nicaragua. Y desde luego, con nosotros tienen alguna deuda pendiente, y son las armas que le mandaron al dictador Batista. Los dos tenían que ayudarse, eso era lógico; tanto ayudó Trujillo como ayudó Somoza, y le vendieron armas, ¡y le vendieron armas!
Nosotros podríamos decir que tenemos también el mismo derecho a venderles armas a los exiliados dominicanos. No quiere decir que lo vayamos a hacer, no. Nosotros las cosas las hacemos, no las decimos (APLAUSOS). Y el problema es que aquí no es cuestión de palabras, hay una fe, hay un impulso en los pueblos oprimidos, la América despierta, la América se levanta. Los dictadores caerán, porque no les queda más remedio que caer; como castillos de naipes se destruirán las dictaduras solas, porque el problema es que no necesitan que nosotros intervengamos, no hace falta.