Discurso pronunciado en el Club Rotario de La Habana, el 15 de enero de 1959

Part 2

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La alegría que el pueblo demuestra y la simpatía que demuestra por nosotros, yo no la atribuyo a ningún mérito especial, la atribuyo al hecho de que era insoportable lo que estaba pasando aquí. Yo lo que mido por esto no son los méritos de los revolucionarios, sino el grado de terror, de crimen y de odio que despertó la dictadura de Batista, y es lógico que ese tremendo dolor y ese tremendo sufrimiento, cuando desaparece, tienda el pueblo a vernos, a los que hemos hecho algo, a los que hemos hecho modestamente lo que hemos podido, casi como a unos dioses aquí. Pero yo creo, sinceramente, que los méritos de nosotros no son absolutamente nada de extraordinarios, y creemos que a lo que estamos obligados es a seguir trabajando, para ver si acertamos, porque es un deber de ustedes y de nosotros, de todos, ver si de una vez echamos a andar la república hacia adelante (APLAUSOS).

Es posible que ustedes se pregunten por qué he traído a colación este tema. He hablado muchas veces, pero no he hablado de estos tópicos que he hablado hoy, y eso se debe, sencillamente, a que en las circunstancias actuales la Revolución Cubana tiene que estar muy alerta y el pueblo cubano tiene que estar muy alerta y muy unido frente a los peligros que lo amenazan. Yo tengo una confianza absoluta en el pueblo, y sé que a un pueblo, aunque sea pequeño, si es un pueblo digno, si es un pueblo unido, si es un pueblo inteligente, no hay quien lo venza, no hay quien se le imponga. Sencillamente, yo les digo, porque en escala menor he visto lo que puede el pueblo desarmado, el pueblo de Cuba, porque ningún pueblo del mundo ha hecho lo que ha hecho el pueblo cubano, un pueblo que no tenía entrenamiento militar, porque aquí no había servicio militar, ni nadie sabía manejar un arma, no tenía un fusil, y frente a él tenía una dictadura con miles y miles de soldados, armas modernas, millones de pesos, porque pudo aprovecharse de las instituciones bancarias, de las instituciones de crédito que habían creado gobiernos anteriores, para llegar aquí y poder disponer no solamente del presupuesto alto que proporcionaba un precio bueno del azúcar, sino, además, de presupuestos extras, al extremo de poder disponer de más de mil millones de pesos. Con aquella abundancia de millones, con aquella cierta prosperidad económica, y con el respaldo de las armas modernas y de miles y miles de soldados que creían en él, porque los tenían engañados, creían en él, se paraba en Columbia todos los 10 de marzo, todos los 4 de septiembre, y les metía un discurso y tenía engañados a los soldados... Señores, ¡la pandilla estaba encantada con el jefe de la pandilla!

Entonces, además, corrompía, repartía primas de la Renta de Lotería, repartía el producto del juego y permitía que todo el mundo por dondequiera se enriqueciera, porque los hombres se unen por dos causas, que son: un gran ideal, que despierta la fiebre que necesita el luchador, que despierta todas aquellas ilusiones que convierte a los hombres en seres capaces de todos los sacrificios, o un gran interés. Batista mantenía la adhesión de los soldados a base de un gran interés, de un gran soborno; todo el mundo se sentía bien, ganaba el triple de lo que señalaba el sueldo, y, además, eran impunes.

El ciudadano que puede vivir dentro de la sociedad haciendo lo que le da la gana, sin que le pase nada, es un ser privilegiado. Por ejemplo, el representante y el senador han sido unos seres privilegiados aquí, y hay que acabar también con esa cuestión (APLAUSOS). Si en algún detallito hay que modificar la Constitución de 1940 es en que se acabe la impunidad, no la inmunidad, sino la impunidad parlamentaria; porque dentro de la sociedad, dentro de un Estado democrático, dentro de una república igualitaria, donde se dice que todos los ciudadanos eran iguales, resultaba que cualquier ladrón, cualquier desfalcador que se llevaba los millones de pesos del Tesoro, aspiraba a representante, salía comprando votos, porque en aquel ambiente y en aquella atmósfera viciada no era muy difícil comprar votos. ¡Que vengan a comprar un voto al pueblo ahora como está lleno de entusiasmo! (APLAUSOS.)

Pero en aquellos días, el pueblo escéptico, con el estado económico que tenía, en aquella atmósfera donde no había virtudes públicas, era fácil comprar votos, comprar sargentos, y más que comprar votos, porque este pueblo es tan puro que, incluso, los que compraban votos, no es que compraran 20 000, compraban a 50 ó a 60 que conocían bien el manejo de ese negocio, que eran compadres de 15 ó 20 porque les hacían un favor, y entonces, el cubano, con esa nobleza característica que tiene, pues cuando venía su compadre, porque era su compadre y venía a pedirle que lo ayudara, pues votaba por el candidato tal porque su compadre se lo pedía. El no se daba cuenta del daño que le estaba haciendo al país, que aquel señor estaba comerciando con su derecho más sagrado, que es el derecho a elegir su soberanía. Y resultaba que compraban los votos, salían electos senadores y representantes y quedaban fuera de la ley. Una vez senadores y representantes, cometían un robo y no les pasaba nada; violaban el tráfico.

Pero, sí era cosa curiosa: los choferes de representantes iban por todas las luces rojas y no se paraban nunca. ¿Y el policía qué? Si el policía los paraba: “Yo soy el representante tal.” ¿Para qué, si eran impunes los representantes? Eso lo sabe todo el mundo, no había ley para ellos; porque si elevaban un suplicatorio a la Cámara, siempre lo rechazaban. Las únicas ocasiones en que accedían era cuando el derecho agredido era el derecho de uno de los de la pandilla. Si el asesinado era un representante, ¡ah!, entonces sí, porque había que garantizar a la pandilla; si el asesinado era cualquier ciudadano del pueblo, ¡ah!, entonces no, porque la pandilla tenía el derecho a que no le pasara nada. Nunca, en los 50 años de república, se accedió a un suplicatorio, como no fuera un delito contra un representante. Y así vivían esos señores dentro de la sociedad.

Pero no eran esos señores, así vivían también los soldados. Nunca que un soldado diera un palo, un golpe, una tortura o cometiera un crimen, jamás fue sancionado, era impune. Si las garantías estaban restablecidas y había un juez digno y firme, que hiciera lo que hizo, por ejemplo, el juez Alabau Trelles, y procesara a Ventura y a toda aquella gente, venía inmediatamente una suspensión de garantías, pasaban al fuero militar, y se acabó. Treinta mil, 40 000, 50 000 hombres armados dentro de la sociedad eran impunes, cuando precisamente al hombre armado es al que más hay que exigirle; al hombre armado es al que hay que hacerle ver su responsabilidad, que es mayor que la de los otros, porque un hombre armado es un hombre peligroso, un desarmado no; a un hombre con un fusil hay que tenerlo muy vigilado, y a ese hombre hay que tenerlo sometido a una disciplina férrea y a un fuero especial. Y aquí se daba el caso de que los que estaban armados no estaban sometidos a ningún fuero, eran absolutamente inmunes a la ley, y por eso es que se cometían tantos crímenes.

Es increíble la cantidad de asesinatos que se han cometido. Yo les digo a ustedes que es increíble. Si ustedes van a algunos lugares de la Sierra Maestra, a un pueblecito como las Minas de Bueycito, y se encuentran que allí, en aquel pueblo pequeñito, que no tiene más que una sola calle, han asesinado a 450 vecinos, ustedes se imaginan entonces la aldea de Lídice, aquella tristeza en que se vive allí; allí no se reía. Nosotros pasábamos y era una alegría vernos pasar; pero en la atmósfera, en aquella loma, en aquella otra, en aquel campo, dondequiera había osamentas de infelices.

(Le preguntan que cuántos prisioneros le devolvió al ejército.)

Nosotros le hemos devuelto más de 2 000 prisioneros al ejército.

(Le preguntan que cuántos les devolvió el ejército a ellos.)

Ninguno, primero, porque nadie se dejaba coger (APLAUSOS) y, segundo, porque a los que cogían los asesinaban. De hecho les hemos devuelto más, porque al final de la Revolución quedaron prisioneros todos los soldados de la república. ¿Y qué hubiera pasado si hubieran sido ellos los que hubieran terminado la Revolución como la hemos terminado nosotros? ¿Qué hicieron en el Moncada? Asesinaron a los prisioneros. ¿Qué hicieron con Calixto Sánchez y sus 16 compañeros? Los asesinaron, hasta se enteraron por radio de que estaban muertos cuando todavía estaban vivos, oyeron la noticia estando vivos. ¿Qué hicieron con los prisioneros del “Corynthia”? Asesinarlos. ¿Qué hicieron con los prisioneros y los heridos del Palacio Presidencial? Asesinarlos. ¿Qué hicieron con los prisioneros del “Granma”? Asesinarlos. Nosotros: curar heridos, devolver prisioneros, hacer prisionero a todo el ejército, y ahí está. ¡Qué distinto hubiera sido si el Ejército Rebelde cae prisionero de la dictadura! ¡Qué distinto!

Y es bueno que esto se saque a relucir ahora y aquí, precisamente, en presencia de una institución tan prestigiosa como el Club Rotario, que tiene asociaciones en todo el mundo, destacar aquí la verdad, porque nos toca ahora defendernos contra la calumnia, defendernos contra la campaña malintencionada de los que quieren desacreditar a la Revolución Cubana.

¿Por qué se ha desatado ahora esta campaña contra la Revolución Cubana en la prensa de Estados Unidos? (EXCLAMACIONES DE: “¡Por dinero!”) No, no; parte sí, pero no tanto. Les voy a dar la explicación: porque ahora no tienen en Columbia a un sargento llamado Batista, porque ahora no tienen a la casta militar armada. Se han quedado asombrados ante el hecho de que el Ejército Rebelde y el pueblo de Cuba hayan desarmado por completo al ejército.

Ellos saben que ahora los que están aquí son revolucionarios, gente que no se vende ni claudica ni está dispuesta a servir a sus intereses, y dicen: “¿Podremos quitar al Presidente, al magistrado Urrutia?” No, porque en Columbia los que están son los rebeldes y en La Cabaña los que están son los rebeldes (APLAUSOS). Entonces, la cuestión es clara: empiezan inmediatamente a desacreditar a la Revolución, a crear un ambiente internacional, porque le tienen miedo al respaldo de opinión que hay en toda la América en favor de la Revolución Cubana y al respaldo de opinión que hay en el mundo entero. Y entonces comienzan a querer quitarle esa fuerza, porque la opinión es una tremenda fuerza en Cuba y fuera de Cuba; la opinión pública es una fuerza formidable, y la Revolución Cubana, el Gobierno Revolucionario cubano, cuenta con un respaldo de opinión extraordinario en el mundo entero en este momento, principalmente en la América Latina.

La quieren debilitar y le quieren empezar a quitar fuerza, pero esa opinión pública mundial no debemos dejar nosotros que la confundan. ¿Y qué pretexto toman? Toman el pretexto de los criminales de guerra. Resulta que en Estados Unidos llevan a la silla eléctrica a los criminales de guerra, cosa que nosotros no hacemos en época de paz, porque la Constitución prohíbe la pena de muerte en época de paz. Estados Unidos, cuando se termina la guerra, va a Alemania con un derecho discutido, porque era una guerra de naciones donde hubo bombardeo a ciudades de parte y parte (APLAUSOS); porque si es verdad que bombardearon a Londres, es verdad que hubo bombardeos en Colonia, en Berlín, donde murieron 300 000 civiles, y todo el mundo lo sabe; porque si es verdad que bombardearon a Londres, es verdad que las bombas atómicas arrasaron ciudades enteras en Hiroshima, y de criminal a criminal de guerra no había nada (APLAUSOS). Sin embargo, uno de los grupos que bombardeó se tomó el derecho de ir a juzgar a los jefes y a los mandatarios de la nación vencida. ¿Por la democracia? Bueno, no tanto, no tanto, porque nosotros hemos visto qué significa esa democracia, porque Trujillo, Batista, Somoza y compañía no son demócratas y al mundo se le dijo que aquello era una guerra por los derechos humanos y que los pueblos eran los que tenían que gobernarse a sí mismos, y eso no fue verdad, eso fue una mentira. Luego, si se hizo en nombre de la democracia fue falso, porque después los cañones y los tanques fueron a ayudar a las dictaduras en América Latina y en otras partes. La cuestión es que juzgaron a los alemanes.

Entonces, ¿qué resulta aquí? No era esta una guerra entre naciones. Si algún crimen es odioso es el crimen que cometió Caín. La Biblia habla del crimen de Caín como el peor de los crímenes, porque fue el crimen de un hermano que mata a otros hermanos. Si puede haber crimen odioso, bombardeo odioso, violaciones de derechos odiosas, son aquellas que se reciben no de un país extranjero, sino de hombres que han nacido en el mismo suelo que nosotros. Por eso los criminales de guerra de la dictadura de Batista son mil veces más odiosos que los criminales de guerra si hubieran sido de un país enemigo donde mediaran odios de razas, distintos intereses. Sin embargo, hubo criminales de guerra y hubo hombres, como Sosa Blanco —que lo vamos a juzgar ahí en el Anfiteatro de La Habana y en presencia del pueblo (APLAUSOS)—, que en una sola tarde asesinaron a 53 campesinos, ¡en una sola tarde!, en un lugar donde nunca habíamos estado los rebeldes, en revancha por una derrota que habían sufrido a pocos kilómetros de allí.

A una madre le mataron a los siete hijos y al esposo, y cualquiera que tenga el temor de perder un hijo podrá considerar y calcular lo que será el dolor de perder siete y perder al esposo. Esos casos se dieron, ¡en una tarde! Nadie protestó. Y por aquella época seguían llegando balas, y tanques y bombas a la dictadura de Batista, y una misión militar americana daba clases en Colombia a los asesinos. Esa es una verdad que no tenemos miedo a decirla, cueste lo que cueste (APLAUSOS).

Entonces, ¿qué ocurre? Capturamos a una parte de los criminales de guerra, porque no pudimos capturarlos a todos, desgraciadamente; capturamos una parte considerable de hombres que todos han asesinado a dos, a tres. No es que hayan asesinado, es que torturaban atrozmente, les arrancaban los ojos, destrozaban a los hombres; no es el número de los hombres que han muerto solamente, sino el número de los hombres que han recibido un golpe, un palo, una tortura. Entonces, ¿qué hacemos? Nosotros no los asesinamos en el cuartel, nosotros no los llevamos para una esquina oscura para darles un pistoletazo por la cabeza, no señor; lo que decimos: “Es justo que estos hombres sean castigados.” Se les sometió a la jurisdicción penal de guerra, las leyes que habían regido durante la guerra y los tribunales que habían regido durante la guerra, con juicio; porque para hacer lo que hacía Batista no hacían falta tribunales, ni hacer nada. Entonces fueron detenidos, encarcelados, sometidos a Consejo de Guerra, con pruebas, y fusilados dentro de la ley.

Era imposible dejar a aquellos hombres vivos, porque todo el pueblo pedía castigo ejemplar, porque no hay nada que haga más daño a una sociedad que la impunidad, que la falta de justicia. Los que no tuvieron piedad con millares de nuestros compatriotas, los que no tuvieron piedad con nuestras madres, con nuestros familiares, ¿por qué iban a esperar que se les perdonara? ¿Qué se iba a hacer con aquellos hombres que habían llegado al extremo de barbarie y de crimen al que no llegaron ni siquiera los alemanes?, porque no un día, todos los días era la historia de seis o siete hombres asesinados. Sencillamente se va a aplicar la justicia, porque lo primero que pide el pueblo en todos los mítines es castigo; no pide otra cosa que el castigo de los culpables. El pueblo en esto es más radical que nosotros, nosotros miramos las cosas con más calma, pero el pueblo pide como una necesidad elemental que los criminales de guerra sean castigados (APLAUSOS).

Y entonces se desata la campaña de propaganda contra la Revolución Cubana: que si somos incivilizados, que si estamos vengándonos de los enemigos, que si estamos fusilando a los batistianos. ¿Quién dice? Si fuéramos a fusilar a los batistianos la verdad es que habría unos cuantos fusilados en la república, porque eran más de 10 000 o de 20 000 afiliados. Incluso hubo mucha gente que hasta de buena fe se afilió, mucha gente, porque creía que hacía falta; equivocadamente, en la desesperación por buscar una solución, el pueblo casi creía hasta en un dictador, y ese es el caso. Pero dicen que estamos fusilando a los batistianos, que no se someten a juicio, toda una propaganda, ¿para qué? Para pintar ante el mundo a la Revolución Cubana como una revolución incivilizada; a nosotros, que tenemos el antecedente que no tiene ningún ejército del mundo: el no haber asesinado a un solo prisionero de guerra, el no haber dejado abandonado a un solo herido en los campos de batalla, el no haberle dado un golpe ni al peor confidente para extraerle una noticia.

Yo reto a los detractores de la Revolución Cubana a que busquen un solo caso en toda la historia universal en que se haya librado una guerra más civilizada que esta. ¡Ah!, pero, ¿qué querían? ¿Que soltáramos a los que asesinaron a 20, a 30, a 40 y a 50? ¿Para qué? (EXCLAMACIONES DE: “¡No!” Y APLAUSOS).

Entonces lanzan la campaña de calumnias contra la Revolución. Campaña, sí, parte pagada, pero parte con todo el propósito de desacreditar a la Revolución Cubana, porque saben que es de verdad. Aquí no hay manera de influir en los destinos del país, como no sea de acuerdo con los intereses del país. Aquí lo único que regirá el futuro de Cuba es el interés de Cuba (APLAUSOS).

Nos defenderemos de la calumnia e iremos a hablarle a la opinión pública de Estados Unidos, iremos a hablarle, porque la opinión pública de Estados Unidos tiene que comprender esta verdad. ¿No se habla de democracia? Pues no hay país en este momento más demócrata en el mundo que Cuba. ¿No se habla de libertades? Pues no hay país en este momento más libre en el mundo que Cuba; no hay país donde haya más paz, más seguridad en sus derechos, más confianza, derecho de reunirse, de hablar, de escribir, de salir; se acabaron las torturas, se acabaron todo tipo de violaciones de derechos.

Hemos tenido incluso que tomar medidas contra compañeros que han participado en veinte batallas, sencillamente, por violar un derecho. ¿En qué país del mundo ha pasado eso? Y si de democracia se trata, este es el país más demócrata del mundo. Si de libertad se trata, este es el país más libre del mundo. Creo que somos en este momento en América los verdaderos y los genuinos representantes de las libertades humanas y de la democracia (APLAUSOS).

Hay que hablarle a la opinión pública norteamericana para que esté con nosotros. Nuestra fuerza no está en las armas, nuestra fuerza está en la opinión pública nacional e internacional.

¿Nos atacan? ¡Vamos a defendernos! Aquí están los Clubes Rotarios, ahí están las miles de asociaciones de Clubes Rotarios. El rotarismo cubano le puede prestar un extraordinario servicio a la patria, escribiéndoles a los rotarios de todo el mundo. Invitamos a los representantes de los Clubes Rotarios en todo el mundo a que vengan a ver lo que está pasando en Cuba, y cómo se gobierna en Cuba (APLAUSOS). Y no solamente de los rotarios, sino a los representantes de otras instituciones cívicas y culturales iguales a los rotarios, que vengan, porque nosotros nos sometemos al juicio de la opinión pública, no tenemos nada que ocultar; que vengan para que vean, que vengan para que la mentira no prospere.

Vamos a llamar a la prensa internacional, que venga, porque aquí no hay censura, no estamos en la época de Batista, se puede escribir, lo que no se puede es engañar a nadie cuando hay libertad para que todo el mundo conozca la verdad, cuando hay libertad para que todo el mundo observe y cuando hay libertad para que todo el mundo escriba. Que venga la prensa del mundo entero a ver lo que está pasando aquí, a ver si somos civilizados o no, y que venga la prensa de todo el mundo para que vea los montones de cadáveres, las fosas que encierran los huesos de cientos y de miles de nuestros compatriotas, para que escriban la historia de la tiranía y la historia de la Revolución, porque nos sometemos al veredicto público, nos sometemos a la vigilancia pública, nos sometemos al juicio de la opinión pública.

¡Ah! ¿Qué nos dicen? ¿Que sometamos a los tribunales ordinarios a los criminales de guerra? ¿Y qué tribunales ordinarios hay en Cuba? ¡Si la dictadura no dejó tribunales de ninguna clase! ¿O es que los vamos a llevar a los Tribunales de Urgencia, al Tribunal Supremo, al Tribunal de Cuentas y a todos aquellos tribunales que eran cómplices de la dictadura en general, salvando las excepciones honrosas? (APLAUSOS.) No hay tribunales ordinarios, no los hay, y no se crean tampoco en 5 días, ni en 20 días, ni en 40 días. Si se quieren escoger jueces capacitados y escogerlos por oposición, como deben escogerse, pues nos estamos cinco meses, seis, hasta terminar y tener un poder judicial. ¿Y vamos a esperar eso para juzgar a esos señores? No, si este es un problema que todo el mundo pide que se resuelva cuanto antes, señores, que se castiguen cuanto antes (APLAUSOS). Si es cruel, es cruel tenerlos aquí esperando; ya se sabe el castigo que les toca a los criminales de guerra. Cuanto antes mejor, y se recupera la paz y se olvida todo eso, y se acabó, y sigue el pueblo adelante. Lo que este es un lastre que tiene atrás, porque no los vamos a soltar, señores, no puede ser, no los podemos perdonar. Y, además, para una cosa, para que nosotros aprendamos, para que aprenda todo el mundo lo que se hace con los criminales de guerra, porque esa es una lección para todo el mundo, un ejemplo, porque lo que queremos es que no vuelva a ocurrir jamás lo que ha ocurrido, y el mal hay que arrancarlo de raíz.

Cuando la Guerra de Independencia, los voluntarios se quedaron, y estos chivatos y esbirros de hoy son los hijos de los voluntarios de aquella época. La mala semilla que nadie arrancó de raíz, como esta vez se arrancará de raíz, y en justicia. Pueden tener la seguridad de que no caerá nadie de quien no se tenga la absoluta seguridad, y que es preferible, como reza un principio de la justicia, que algunos culpables se queden sin castigo antes de que sea castigado un inocente. Aquí no habrá un solo inocente castigado (APLAUSOS).

Ese es uno de los problemas que en estos momentos confronta la Revolución: defenderse contra la campaña calumniosa de los enemigos de la Revolución Cubana, de los que no hablaron ni escribieron una palabra, cuando aquí aparecían los racimos de cadáveres asesinados en las calles de La Habana, lo que estuvo ocurriendo durante muchos años, cuando nuestras mujeres eran violadas, cuando nuestros compañeros eran asesinados. Todo el mundo sabe que allá en Marianao, en una noche, aparecieron cerca de 90 muertos, y nadie se enteró, nadie escribió una palabra contra aquellos bárbaros que hacían tales cosas, y cuando llega el momento de castigar a los bárbaros, ¡ah!, no se condolieron de todo un pueblo masacrado durante tantos años y se conduelen de los asesinos, de los verdugos, de los criminales. Estas son las cosas que tiene que tener bien claras y bien sabidas el pueblo de Cuba.

Hay intrigas de todas clases, intriga en la prensa internacional. Ahora mismo me pasan un cable, y sí, efectivamente, esta mañana se estaba hablando de este problema; hubo una revista de Estados Unidos que dijo que la intervención no era cosa del pasado por completo, y casi llegaba a insinuar que podían intervenir aquí. Yo digo que aquí no puede intervenir nadie (APLAUSOS Y EXCLAMACIONES DE: “¡No!”), que aquí no puede intervenir nadie, porque la soberanía no es una gracia que nos conceda nadie, sino un derecho que nos corresponde como pueblo. Y la revista decía que la intervención no era cosa del pasado; y yo digo que sí es cosa del pasado (APLAUSOS).