Discurso pronunciado en el Aniversario del Ataque al Palacio Presidencial, el 13 de marzo de 1959
Part 1
(VERSION TAQUIGRAFICA DE LAS OFICINAS DEL PRIMER MINISTRO)
Compañeros:
Casualmente hubo aquí un orador que dijo que él no era yo (RISAS), casi hasta dio a entender que yo hablaba mucho (RISAS).
Yo creo que al compañero Camilo Cienfuegos le pasó como a Sansón, desde que se peleó ha perdido un poco de fuerza (RISAS), y el sombrero... Ya no lo veo ni peludo, ni con sombrero. Además, no le pidió permiso a nadie para pelarse (RISAS).
Ahora, eso sí, le queda mucha vergüenza, porque miren qué colorado se puso (RISAS).
(DEL PUBLICO PREGUNTAN: “¿Y el Che?”)
El Che se está restableciendo de la salud, compañeros.
Bueno, quiero decir algunas palabras. Me he permitido estas bromas en la tarde de hoy porque —como muy bien han señalado distintos oradores y decía el comandante Hubert Matos en la tumba del inolvidable José Antonio Echeverría— a pesar de la fecha, a pesar de la devoción con que recordamos a nuestros caídos, no parece hoy un día de luto, más bien parece un día de fiesta; y no acabo de ver por qué haya de ser hoy un día de luto. ¿Fue acaso un 10 de Octubre o el 24 de Febrero un día de luto? (EXCLAMACIONES DE: “¡No!”)
¿Cómo puede llamarse día de luto a una fecha que marca un jalón en las luchas para las libertades de nuestra patria? ¿Cómo puede llamarse día de luto un día de rebeldía, un día de lucha, un día de combate contra la tiranía? Día de luto el 10 de marzo. Todos los demás días son días de fiesta (APLAUSOS).
El 13 de marzo como el 26 de julio, para mí no serán jamás días de luto, serán días de fiesta (APLAUSOS).
Se dijo que un día de duelo oficial. Eso no quiso decir de tristeza oficial, eso quiso decir que se iba a recordar aquel día, que iban a recesar las actividades, y que sencillamente el Gobierno Revolucionario, representando a la nación, recordaría ese día a los caídos.
La razón principal por la que no puede llamarse luto, es precisamente porque esos compañeros no cayeron en vano, porque aquellas muertes no fueron inútiles, porque de aquellos sacrificios la patria ha empezado a recibir ya sus primeros frutos. El luto ese día no lo sembraron los revolucionarios. Los que cayeron combatiendo cayeron gloriosamente; los que cayeron combatiendo, los que murieron peleando frente a frente, esos no fueron asesinados: murieron peleando. El luto ese día lo sembraron los esbirros, los criminales de guerra, asesinando después del combate a los heridos que recogieron en la calle, a los heridos que encontraron en los hospitales (APLAUSOS).
Pero cuando más de 400 criminales de guerra han sido pasados por las armas... (EXCLAMACIONES DE: “¡Y los que faltan!”) Si fusilamos aquí a todos los que faltan, no terminamos de fusilar en tres años (RISAS). Porque los culpables de la tiranía son muchos más que los criminales de guerra, son más en número; están los criminales de guerra, están los confidentes —que hacían ola—, están los politiqueros —que hacían ola también—, están los compadres y las comadres que mantenían esas camarillas de politiqueros, y están los intereses reaccionarios que apoyaban la tiranía.
Porque si aquí vamos a someter a Consejo de Guerra y a pasar por las armas a todos los culpables, creo que no alcanzarían los fusiles, porque estas culpas vienen de atrás; y si empezamos a rebuscar y a revolver no terminamos más nunca de encontrar a los culpables. Y si ustedes recuerdan lo que ocurrió después del 13 de marzo, porque en aquellos días, en aquellos días el 13 de marzo lo miraba el pueblo con tristeza, porque todavía la Revolución no había triunfado, en aquellos días había tristeza y dolor infinitos en el pueblo, era la indignación, era la tristeza, era la amargura, era la impotencia. Y, sin embargo, esas escaleras donde cayeron los heroicos asaltantes del Palacio, y ese Salón de los Espejos, se llenaron de gente rastrera de toda laya, se llenaron de gentes de esas clases, tan “patrióticas”, que fueron a homenajear al tirano, a felicitarlo por haber salido indemne, a estrecharle las manos asesinas que quizás no se había lavado todavía de los crímenes que había cometido unos días antes (EXCLAMACIONES).
Y ahí fueron los impúdicos, los descarados, los cínicos, los que no tuvieron la vergüenza ni el pudor necesarios de decir: “yo no subo ahí, yo no voy a ir a adular, yo no voy a ir a prestar mi nombre, yo no voy a cometer la ignominia de venir a decir que me alegro, que lo felicito porque se haya salvado del castigo que merecía el infame criminal” (APLAUSOS).
Y unos tras otros visitaron al tirano, como mansos corderos, a ofrecerle su apoyo, a ofrecerle su respaldo, lo que implicaba una condenación y un desprecio para los muertos, los compañeros que cayeron el 13 de marzo (APLAUSOS).
Que no se vayan a pensar que somos un país de poca memoria, porque esta vez vamos a tener ni más ni menos que toda la memoria necesaria. Que no somos hombres de odio, que no somos hombres de rencor, que no somos hombres que nos ensañemos en el poder contra nadie está más que demostrado; pero que no empiecen tan temprano a estar hostigando a la Revolución, que no empiecen tan temprano a mostrar las uñas, ya que la “guataca” no les sirve de nada, porque vamos a tener que ser entonces un pueblo de mucha memoria y vamos a tener que recordar más de tres o cuatro cosas aquí (APLAUSOS).
Y lo digo porque ahora tenemos una serie de adhesiones, que más valiera que nos la hubieran expresado en tiempos atrás, que más valiera que nos la hubieran expresado cuando estábamos en la Sierra Maestra, en el Escambray o en los campos de lucha, y no después que llegamos a La Habana, tranquilamente, cuando ya el tirano se había ido.
Y lo digo porque a raíz de las leyes revolucionarias, a raíz de la rebaja de alquileres, por ejemplo (EXCLAMACIONES), a raíz de la confiscación de los bienes a los malversadores y a los colaboradores de la tiranía (EXCLAMACIONES), a raíz de las leyes de Reforma Agraria que hemos anunciado (EXCLAMACIONES), a raíz de las leyes revolucionarias como es la regulación del valor de los solares o en dos palabras: el traspaso de todos los solares yermos en las zonas urbanas, urbanizadas, y de probables áreas de desarrollo industrial al Instituto de Ahorro y Viviendas (EXCLAMACIONES), para que un solar donde no se ha añadido ni un minuto de trabajo, ni un centavo, y que costó 20 centavos no valga 50 pesos, y que cuando haya que hacer una casa, una industria, en vez de 50 pesos valga tres pesos, porque eso es revolucionario, porque es justo, sencillamente (APLAUSOS). Y para que cuando se vaya a poner una industria, cuando se vaya a poner una industria que dé trabajo a cientos de obreros, la tierra no cueste más que las maquinarias; porque aquí cuando alguien quería poner una industria primero, el terreno le costaba tanto como la maquinaria, pero además los gobernantes le pedían una cantidad de dinero, le hacían una exacción. Así no podía haber industrias. Y como uno de los propósitos del Gobierno Revolucionario es industrializar el país, hay que empezar por abaratar los solares donde esas industrias van a estar establecidas (APLAUSOS).
Les decía que a raíz de esas leyes y a raíz de las que estamos enunciando contra explotadores, contra especuladores, contra encarecedores de la vida, contra garroteros, contra extorsionistas, contra antipatriotas de toda clase aquí (EXCLAMACIONES), a raíz de esas leyes, ya han empezado a asomarse algunas protestas y algunas quejas de muy diversa índole, en favor de los “pobrecitos” propietarios de edificios de apartamentos (EXCLAMACIONES DE: “¡Fuera!”), a favor de los “infelicísimos” propietarios de edificios de apartamentos, algunos de los cuales, como Sarrá se dice que percibe la “modestísima” entrada de 25 000 pesos diarios nada más (EXCLAMACIONES). Ya han empezado a asomar sus orejas los amiguitos encubiertos de los grandes intereses creados que saben que les estamos dando duro y a la cabeza (APLAUSOS).
¿Y en nombre de quién hablan? Pues hablan y dicen que hay mucha gente que tenía sus rentas que no se robó el edificio, etcétera, etcétera. Bueno, a los pequeños rentistas los protege la ley. La ley no rebajó el alquiler a aquellos rentistas que nada más tenían una casa o más de una casa y no recibían más de 150 pesos; el pequeño rentista está protegido, la ley no lo olvidó.
¡Ah!, pero ¿qué quieren? ¿Que en vez de una ley hagamos una guía telefónica? (EXCLAMACIONES DE: “¡No!”), ¿y que haya una rebaja para cada caso, y el que tiene 60 casas le rebajen el 50%, y el que tiene 59 casas le rebajemos el 49,5%, y así, etcétera, etcétera? Pues hicimos una ley bien sencilla y bien clara y que la entendiera todo el pueblo. ¿Que disminuyen las ganancias de algunos propietarios? ¿Y por qué nadie protestó mientras la ganancia de 700 000 cubanos, que estaban sin trabajo, estaba disminuida por completo aquí? (APLAUSOS.) ¿Y por qué nadie protestó cuando cientos de miles de familias estaban pagando el 25% y el 30% de sus ingresos en alquileres? ¿Y por qué nadie protestó aquí de los latifundios, por qué nadie protestó aquí de los niños enfermos y descalzos en nuestros campos?
¿Y por qué nadie protestó aquí de que las mujeres campesinas vivan el 60% de lo que deben vivir por las condiciones de vida que llevan? (APLAUSOS.) ¿Por qué nadie protestó aquí de las decenas de niños que mueren en la ciudad y en el campo por falta de higiene y por falta de medicinas? (APLAUSOS.)
¿Por qué nadie protestó aquí de esos solares donde viven hacinadas cientos de familias, donde viven el padre, la madre y los cinco hijos en un solo cuarto? (APLAUSOS.)
Hay gentes aquí, hay gentes aquí cuyo descaro no tiene límites. Leía precisamente sobre una asamblea en el Colegio de Arquitectos, y leía que un arquitecto dijo que la ley era mala porque no resolvía el problema de las viviendas populares, protestaba de la ley. Y yo dije: bueno, ¿y los propietarios de edificios de apartamentos han resuelto el problema de las viviendas populares? (EXCLAMACIONES DE: “¡No!”)
Cuando venía desfilando hoy por la calle de San Lázaro hacia Palacio, no hacía más que fijarme en las casas. No había una sola casa pintada, no había una sola fachada pintada. Y lo que ofrece la ciudad es un espectáculo horrible. Yo pienso que si aquellos inquilinos fuesen los dueños de esas casas, las casas estarían pintadas y las casas estarían más cuidadas.
Hablan ahora de viviendas populares, hablan de viviendas populares y solamente en el barrio de “Cayo Hueso” hay 400 solares; no solares yermos, sino de esos lugares donde viven las familias amontonadas, señores.
¿Y qué creen? ¿Creen que las leyes de la Reforma Urbana concluyeron ya? No, pues faltan dos leyes más (APLAUSOS). Hablan de que la ley no resuelve el problema de las viviendas populares, y tienen razón. La ley no resuelve el problema de las viviendas populares, pero el Instituto de Ahorro y Viviendas sí lo va a resolver (APLAUSOS). Y los 100 millones de pesos que aquí se gastaban en juegos, ahora se van a gastar en viviendas para el pueblo. Dicen que las construcciones se van a paralizar y ¿a quién le van a “tomar el pelo” con eso? ¿A quién? Antes se construía por 50 ó 60 millones en viviendas y ahora vamos a construir por 100, y 100 es el doble de 50 (EXCLAMACIONES Y APLAUSOS).
Y ahora van a trabajar el doble de obreros de los que trabajaban antes.
Y dicen —porque lo bonito es que se acuerdan del pueblo cuando les conviene a ellos—, ahora dicen: la rebaja no conviene porque se paralizan las construcciones y se quedan los obreros sin trabajo. Enseguida llaman al obrero cuando les conviene a sus intereses, y mencionan a los que trabajan en las construcciones cuando les conviene a sus intereses. No lo mencionan cuando van a cobrarle a un obrero 60 pesos por un apartamento con dos cuartos; entonces no se acuerdan. Además, hablan de viviendas baratas para el pueblo, o sea, de viviendas de 20 pesos, porque se olvidan de una cosa: ellos creen que la gente va a seguir muerta de hambre, ellos creen que el pueblo va a seguir como hasta ahora, sin ingresos; pero como nosotros no estamos pensando en el pueblo de ahora, sino en el pueblo de dentro de unos años, en el pueblo donde todo el mundo trabaje, en el pueblo donde todo el mundo tenga ingresos (APLAUSOS); estamos construyendo para ese pueblo.
Porque pensamos, entre otras cosas, abolir ese estado de miseria, que hay tanto en la ciudad como en el campo. Y no estamos pensando en construir casitas de cartón para el hombre que hoy no gana nada o tiene ingresos muy limitados, sino que ese hombre gane lo necesario para tener una casa como la puede tener cualquier otro, señores (APLAUSOS).
Y yo les hablaba de que leía los distintos argumentos que se presentaban en el Colegio de Arquitectos, y les voy a decir un magnífico ejemplo de cómo opera el espíritu reaccionario:
¿Qué tienen que ver los arquitectos con la economía, señores, con los alquileres, con los salarios? Los arquitectos son constructores, lo que les interesa es que se construya lo más posible para vivir decorosamente de su profesión. ¿Qué tienen que ver con los alquileres?
Entonces, ¿por qué ese revuelo en el Colegio de Arquitectos? (EXCLAMACIONES.) Pues se los voy a explicar, porque aquí a cada rato es un revuelo en el Colegio de Abogados y en el colegio de Arquitectos. En definitiva, dondequiera que se oculte el espíritu de la reacción, señores. ¿Qué pasa en el Colegio de Abogados? Pues están divididos en dos sectores: abogados revolucionarios y abogados reaccionarios. ¿Qué pasa en el Colegio de Arquitectos? Que están divididos en dos sectores: arquitectos revolucionarios y arquitectos reaccionarios. Hubo arquitectos, pues, que combatieron la Ley de Alquileres. ¡Claro!, porque son arquitectos inversionistas, porque dejaron de ser arquitectos inversionistas, porque dejaron de ser arquitectos para ser usureros. ¿Saben por qué digo usura? Porque considero que el alquiler es un robo, considero que de cuantos negocios hay, uno de los más inmorales es el del alquiler. ¿No lo habían oído decir nunca? Pues óiganlo aquí por primera vez hoy. ¿Qué les parece? (APLAUSOS.)
Y les voy a explicar por qué. Porque aquí se construye un edificio que cuesta tanto, entonces, se le arrienda a un inquilino por 50, 60, 70 pesos, entonces el inquilino está supuesto a estar pagando toda la vida, y paga el edificio, una vez, dos veces, tres veces, y si viviera lo de Matusalén lo pagaría cien veces. ¿Y puede ser honorable una institución semejante? (EXCLAMACIONES DE: “¡No!”) ¿Por qué? Si el inquilino está pagando de su trabajo, ¿por qué no amortiza el capital para él, en vez de amortizarlo, dos, tres y diez veces para otro? ¿Por qué? ¡Ah!, ¿que el Derecho Romano dice que el alquiler y el arrendamiento?... Señores, eso fue en Roma hace 3 000 años, y Roma era una sociedad esclavista; no me hablen de Roma, ni me hablen de la democracia griega, porque mientras allí discutían unos señores poderosos en la Plaza Pública, había decenas de miles de esclavos trabajando 15 horas en el campo. Y Roma era una sociedad esclavista de hace 3 000 años.
¿Cómo van a venir a hablar aquí del Derecho Romano, y que esa es una institución —la de la renta, la del alquiler—, que es una institución sacrosanta? Fue sacrosanta hasta hoy, señores. ¡Hasta hoy! Hoy decimos la única verdad: que es una institución que no tiene nada de santa, ni nada de honorable; porque una institución que se fundamente en el hecho de que una familia amortice una vez, dos veces, tres veces, diez veces y cien veces una casa, no puede ser honrada. Lo honrado es que el que la amortice, la amortice para él. Porque al fin y al cabo esa casa no la construyó el dueño, señores, la construyeron los trabajadores, la construyeron los albañiles (APLAUSOS). Posiblemente, de esa casa no puso ni un granito de arena ese señor. Yo le preguntaría a esos señores que están tan disgustados con la rebaja de alquileres, cuántas paletadas pusieron en cada uno de los edificios. ¿Quién lo hizo? ¡Los trabajadores, señores! (APLAUSOS.) Me dirán: “bueno, pero yo puse el capital”. Entonces yo les pregunto: “¿Y el capital de quién era?” Yo les digo: se lo prestó el Banco. ¿Y quién le dio el dinero al Banco? ¿Quién guardó el dinero en el Banco? ¡El pueblo, señores! El pueblo lo guardó en el Banco. De donde viene a resultar que ninguno tiene nada en ese edificio, no eran dueños en muchos casos ni del dinero, no pusieron ni un granito de arena y, sin embargo, se tiran en el suelo con la rebaja de alquileres.
¿Qué se llama eso —y que me perdonen—, qué se llama eso, sino vivir de parásito? ¿Qué se llama eso, sino vivir de parásito?
Yo no vine aquí a andar contemporizando con la mentira ni con los convencionalismos, ni con los intereses creados (APLAUSOS). Vine aquí a llamarle al pan, pan, y al vino, vino (EXCLAMACIONES); y digo que el alquiler es una institución inmoral, porque el alquiler no produce riquezas para el país.
En una fábrica se producen riquezas para el país, en una fábrica se producen riquezas; el que pone una fábrica o invierte el dinero en una fábrica por lo menos da empleo, por lo menos empieza a producir bienes allí y es una inversión de la cual se pueden derivar beneficios para el pueblo; pero el que pide dinero prestado a un banco y construye una casa de apartamentos para estar cobrándole de por vida al infeliz pueblo un alquiler oneroso, esa, esa no es una actividad honesta, eso no produce riquezas; sí, el trabajo que se invierte mientras se construye el edificio, y total al que lo construye le pagan un salario cualquiera y no le dan más nada en beneficio.
¡Ah!, es justo, yo quiero que me digan si es justo que una familia que lleve 10 años pagando religiosamente su alquiler, vamos a suponer 100 pesos al mes, y que al cabo de 10 años ha pagado 12 000 pesos; pero ese día se enfermó el padre de familia, al cumplir los 10 años, pierde su trabajo, no tiene con qué pagar y después de haber pagado 12 000 pesos —doce mil pesos que se gastó paseando el dueño, o que se los gastó en ropas, o en Cadillacs, o en regalos, o en perfumes, o en vivir bien, en dos palabras—, aquel señor que pagó 12 000 pesos lo botan de su casa con sus muebles y con su familia, no le devuelven ni un centavo, no tienen con él la menor consideración (APLAUSOS). ¿Eso es honorable? (EXCLAMACIONES DE: “¡No!”) ¿Eso es decente? (EXCLAMACIONES DE: “¡No!”) ¿Eso es justo? (EXCLAMACIONES DE: “¡No!”) Pues eso es lo que ha estado pasando aquí desde el principio de la República. ¿Qué les parece?
Que creían que con poner letreritos que dijeran: “¡Gracias, Fidel!”, ya estaba todo resuelto (RISAS). ¿Qué querían, que dejáramos todo aquí igual que como estaba? (EXCLAMACIONES DE: “¡No!”) ¿Para qué? ¿Para que dentro de cinco o seis años tuviéramos otra tiranía? (EXCLAMACIONES DE: “¡No!”) ¿Para que dentro de cinco o seis años estuviera el país hundido en la miseria, en la guerra civil y en el caos? ¿Qué creían, que esto no iba a cambiar nunca? Pues más vale que se vayan acostumbrando a esa idea.
Es que hay gente que no se da cuenta que una Revolución está teniendo lugar en Cuba. Incluso el pueblo muchas veces no se da cuenta. Sí, porque si se dieran cuenta no meterían tantos problemas personales que no tienen que ver nada con los intereses de 6 millones de habitantes (APLAUSOS).
Pero déjenme ayudarlos por lo menos a salvarla. Yo nada más haría un calculo estadístico, y les diría que calcularan si yo tengo tiempo de contestar 300 cartas ó 400 000 todos los días (EXCLAMACIONES DE: “¡No!”). Es que la tarea de los gobernantes es hacer leyes en beneficio de todos. No es cuestión de que venga uno a pedirnos trabajo, sino de que nosotros hagamos un decreto o una ley, por ejemplo, estableciendo otra vez la fabricación de alcohol absoluto y les damos trabajo a 2 000 de una sola vez (APLAUSOS). La cuestión esta en invertir todas nuestras energías y nuestro tiempo en hacer leyes que beneficien a los 6 millones. Pero es que el pueblo está acostumbrado al favorcito pequeño, al favorcito que le hacían los políticos, los concejales y los sargentos, y tienen que prepararse, todos tenemos que adaptarnos. Y entre otras cosas, para no apartarnos de la idea, yo decía que más vale que ciertos intereses se acostumbren al cambio y se acostumbren a la idea, señores, de que aquí hay una Revolución que está teniendo lugar, y que esa Revolución no la va a detener nada ni nadie. Esa Revolución seguirá su marcha. ¿Por qué? Porque tiene detrás a todo el pueblo (APLAUSOS).
Ya empiezan algunos a escribir dando consejos de que vamos un poco apurados, de que hay que tener cuidado. ¿Cuidado con qué? (EXCLAMACIONES DE: “¡Nada!”) ¿Y cuidado por qué? (EXCLAMACIONES DE: “¡Nada!”) Y cuidado para qué? (EXCLAMACIONES.)
Yo digo que esos consejos realmente los agradecemos muchísimo, pero están demás. Porque, ¿qué quieren?, ¿que no cortemos por lo sano? A la República hay que hacerle una operación quirúrgica, y si nos ponemos a untar mercurocromo la República se muere (RISAS). Si aquí todo esta al revés, si aquí todo está arruinado. ¡Ah!, van a dar consejos para que no vayan a andar mal las cosas. No, no, si peor de lo que está no pueden andar de ninguna manera. Usted mira el transporte y se lo encuentra arruinado, va a los ferrocarriles y se los encuentra arruinados, va a la Compañía Cubana de Aviación y se la encuentra arruinada, va al Transporte Nacional y se lo encuentra arruinado, va a las cajas de retiro y se las encuentra arruinadas. Todo. Va a sacar la cuenta y deben 1 200 millones de pesos; va a informarse sobre las reservas monetarias que tiene el país y se encuentra con que la han agotado prácticamente. ¿Es que piensan que puede estar peor esto? ¿Y por qué antes no dieron consejos? Ahora vienen con las leyes económicas. ¡Hay cada economista aquí! Economistas de estos que arriman —yo no voy a decir la brasa a la sardina, sino sus teorías a sus sardinas— (RISAS), que les gusta arrimar sus teorías económicas a sus sardinas, es decir, a sus intereses, y escriben alegatos económicos para tratar de impresionar, para tratar de hacer creer que si no andamos con tacto esto se hunde, como si esto pudiera estar más hundido de lo que estaba (RISAS). Esto lo único que puede es salvarse, pero hundirse no puede, porque más de lo que estaba no puede hundirse.
Y aquí la economía la entienden hasta los niños de cinco años. Porque 700 000 personas sin trabajar... Porque una persona sin trabajar come cuando puede, y además no produce porque no puede. Luego hay que poner a todo el mundo a trabajar, porque esos 700 000 trabajando, produciendo telas, zapatos, casas, ladrillos, cemento, malanga, boniato, arroz, frijoles, todo eso (EXCLAMACIONES)... ¡Setecientos mil trabajando con las máquinas modernas tienen para alimentar no solo 7 millones, se puede decir que los que están sin trabajar, trabajando, podrían producir para 7 millones! (APLAUSOS.)
Ahora calculen, calculen que si todos los que están trabajando ahora, más los que están sin trabajar, trabajaran, ¿no se podrían tener aquí el triple y el cuádruple y tener cada uno una casa, por simple cálculo matemático?
La teoría aquí la sabe todo el mundo. Pero hace falta que la gente tenga dinero, porque si la gente no tiene dinero no hay industria que prospere, si no hay dinero con qué comprar, las fábricas se paralizan. Si todo el mundo tuviera el doble de dinero, las fábricas tenían que producir el doble y tener el doble número de obreros, y habría la mitad de las necesidades que hay ahora.