Discurso Pronunciado Desde El Balcon De La Sociedad El Progreso

Chapter 1

Chapter 13,932 wordsPublic domain

<< Autor: Fidel Castro

Compatriotas de Sancti Spíritus (APLAUSOS):

No podía ser para mí, esta ciudad de Sancti Spíritus, una ciudad más en nuestro recorrido.

Si las ciudades valen por lo que valen sus hijos, si las ciudades valen por lo que se han sacrificado en bien de la patria, si las ciudades valen por el espíritu y la moral de sus habitantes, por el fervor de sus hijos, por la fe y el entusiasmo con que defienden una idea, Sancti Spíritus no podía ser una ciudad más. Y si las ciudades se admiran y los pueblos se quieren por lo que han tenido de fe en las horas difíciles, es lógico que hacia esta ciudad, como hacia otras, especialmente en nuestra patria, sintamos nosotros especial cariño (APLAUSOS).

Y hay algo además que se nota en el espíritu de los pueblos, hay ciudades más entusiastas que otras, y si bien es verdad que es grande el entusiasmo, porque basta para comprenderlo saber que venimos de Oriente, la fe, el entusiasmo, el ardor que se observa entre los espirituanos es realmente incomparable (EXCLAMACIONES Y APLAUSOS).

No se trata de que se haya reunido una cantidad tan considerable de personas en este instante. Es posible que nunca antes, en ningún mitin político de los tiempos anteriores —mítines políticos porque este es un mitin revolucionario, pero como antes no había revolución los mítines eran políticos (APLAUSOS)—, se hubiese reunido en número tan considerable la ciudadanía de Sancti Spíritus, en un acto que no convocó nadie, que lo convocó el pueblo, cuando no se sabía a ciencia cierta a que hora pasaría nuestra caravana hacia La Habana y cuando sencillamente no son las 12:00 del día, ni las 3:00 de la tarde, ni las 10:00 de la noche, son las 2:00 de la madrugada (APLAUSOS), y es, además, un día de frío y parece que de lluvia también (EXCLAMACIONES Y APLAUSOS).

¿Pero qué le pueden importar a nuestro pueblo las inclemencias de la naturaleza en estos tiempos que ha aprendido a vencerlo todo? Las noches de frío y de agua impresionaban en otros tiempos la imaginación del pueblo (APLAUSOS); también impresionaban los tanques, impresionaban los cañones, impresionaban los aviones (EXCLAMACIONES) —digo que en otros tiempos (EXCLAMACIONES)—, impresionaban los fusiles que portaban en sus manos esos hombres de caras hoscas (EXCLAMACIONES), que miraban al ciudadano como a un ser inferior al que a cada rato le perdonaban la vida. Casi casi había que vivir agradecido de que no lo asesinaran a uno por la calle (EXCLAMACIONES DE: “¡Los chivatos, los chivatos!).

Pero, ¿los chivatos existen? (EXCLAMACIONES DE: “¡Sí!”) ¿O existían? ¿Dónde están? (EXCLAMACIONES DE: “¡A guindarlos, a guindarlos!”) No, no, no, a guindarlos no; no, ¿para qué? (EXCLAMACIONES.) Comprendo el deseo del pueblo de ver a los chivatos con la lengua afuera (EXCLAMACIONES), pero la soga es algo que han usado muchas veces los esbirros de la tiranía. ¡Soga no como hicimos siempre nosotros en la Sierra Maestra: los juzgábamos y los fusilábamos (EXCLAMACIONES DE APROBACION).

En fin de cuenta, el pueblo pide el castigo ejemplar de los esbirros y de los confidentes, no porque el pueblo esté lleno de odio; pide el castigo de sus enemigos y de los enemigos de la patria, no por una sed de sangre o de venganza; pide el castigo como ejemplo, pide el castigo porque tiene su pensamiento puesto en las horas terribles de esos largos siete años de tiranía (EXCLAMACIONES); pide el castigo porque no quiere ni puede olvidar a sus muertos (EXCLAMACIONES); pide el castigo porque no quiere que nunca más se vuelva a repetir en nuestra patria lo que hemos vivido (EXCLAMACIONES); pide el castigo, porque no quiere que la mala semilla germine (EXCLAMACIONES); pide el castigo porque nuestro pueblo está lleno de ansias de justicia (APLAUSOS); pide el castigo porque en Cuba no ha habido nunca justicia (EXCLAMACIONES Y APLAUSOS). Son viejas penas que llevamos dentro; quizás el recuerdo de 1895, donde los voluntarios y los traidores a la patria recibieron el manto protector de la intervención extranjera (EXCLAMACIONES). Piensa tal vez en el año 1933, en que los traidores recibieron el manto protector de la dictadura castrense (EXCLAMACIONES).

Déjennos eso a nosotros y muy particularmente a ese pueblo que estoy seguro de que va a imitar el ejemplo de Cuba muy pronto (EXCLAMACIONES).

Lo que ocurre hoy —y tal vez a ello se deba la extraordinaria alegría del pueblo, no por nuestros méritos que son muy pocos (EXCLAMACIONES), porque no es nada haber luchado dos años y un mes, cuando en cada uno de nosotros existía la decisión de luchar 40 si fuera necesario (EXCLAMACIONES)— es que el pueblo comprende que por primera vez, desde la llegada de Cristóbal Colón, hace 400 años aproximadamente, ¡por primera vez va a haber una revolución en Cuba (EXCLAMACIONES).

El abuso empezó entonces cuando llegaron aquí aquellos antepasados nuestros, se apoderaron de la pacífica isla de Cuba, implantaron su dominio por la fuerza, y desde entonces Cuba ha vivido bajo el imperio de la fuerza (EXCLAMACIONES); cuando no han sido las fuerzas opresoras o interventoras de países extraños, han sido las fuerzas opresoras de los traidores de la patria (EXCLAMACIONES).

¿Cuando hubo democracia aquí? (EXCLAMACIONES.) ¿En 1944? (EXCLAMACIONES DE: “¡No!”) ¿Y Pedraza andaba por las calles, y tenía unos latifundios enormes en Santa Clara, y todos los asesinos aquí imperaban por su respeto, y los mismos fusiles y los mismos hombres que habían estado defendiendo la dictadura estaban todavía allí en los cuarteles con sus fusiles en la mano? (EXCLAMACIONES.) Y pasó lo que pasó luego, que cuando le dio la gana vino otra vez y dio las órdenes (EXCLAMACIONES).

Esta vez —y eso es lo que comprende el pueblo al cabo de cuatro siglos—, por primera vez un pueblo manda (APLAUSOS Y EXCLAMACIONES); por primera vez los hombres que tienen las armas en la mano se inclinan reverentes ante el pueblo de Cuba (APLAUSOS Y EXCLAMACIONES).

Y créanme que aquí han ocurrido sentimientos realmente singulares. Es posible que el pueblo lleno de entusiasmo venga a recibir el paso de las columnas y nos reciba a nosotros con la sensación de que la Revolución ha llegado al poder, y que, por lo tanto, los jóvenes revolucionarios están mandando en Cuba. Y ocurre al revés, la verdad es que yo llego, llegan mis compañeros, y desde que vemos que quien manda aquí es el pueblo nos sentimos llenos de admiración y de emoción de ver a un pueblo mandando (APLAUSOS Y EXCLAMACIONES). Y ahora sí que van a ver lo que es un pueblo mandando (EXCLAMACIONES), porque el pueblo no se puede traicionar a sí mismo.

¿Quién protesta cuando hay algo mal hecho en Cuba? (EXCLAMACIONES DE: “¡El pueblo!”) Luego el pueblo no puede hacer cosas mal hechas (EXCLAMACIONES DE: “¡No!”).

¿Quién protesta cuando hay un crimen? (EXCLAMACIONES DE: “¡El pueblo!”) Luego el pueblo no puede permitir el crimen.

¿Quién protesta cuando hay latrocinios y hay desfalcos, y se roban el dinero del pueblo? (EXCLAMACIONES DE: “¡El pueblo!”) Luego el pueblo no puede permitir el desfalco, ni el robo, ni la inmoralidad, ni el privilegio (EXCLAMACIONES DE: “¡No!”).

¿Quién protesta cuando no hay libertad de prensa? (EXCLAMACIONES DE: “¡El pueblo!”) Luego el pueblo no puede permitir la censura (EXCLAMACIONES DE: “¡No!”).

¿Quién protesta cuando hay elecciones fraudulentas o cuando no hay elecciones? (EXCLAMACIONES DE: “¡El pueblo!”) Luego el pueblo no puede permitir el fraude electoral, ni el secuestro de su propia voluntad (EXCLAMACIONES DE: “¡No!”).

¿Quién protesta cuando no hay libertad de reunión? (EXCLAMACIONES DE: “¡El pueblo!”) Luego el pueblo no puede suprimir la libertad de reunión (EXCLAMACIONES DE: “¡No!”).

¿Quién protesta cuando hay hambre? (EXCLAMACIONES DE: “¡El pueblo!”) Luego el pueblo tiene que ponerle fin al hambre (EXCLAMACIONES).

¿Quién protesta cuando los artículos tienen un precio abusivo? (EXCLAMACIONES DE: “¡El pueblo!”) Luego el pueblo tiene que ponerle fin a la especulación (EXCLAMACIONES).

¿Quién protesta cuando hay bajos salarios? (EXCLAMACIONES DE: “¡El pueblo!”) Luego el pueblo tiene que poner salarios altos (EXCLAMACIONES).

¿Quién protesta cuando los campesinos no tienen tierra? (EXCLAMACIONES DE: “¡El pueblo!”) Luego el pueblo tiene que darles la tierra a los campesinos (APLAUSOS Y EXCLAMACIONES).

¿Quién protesta cuando no hay calles pavimentadas, ni hay hospitales, ni hay escuelas, ni hay higiene, ni hay salubridad? (EXCLAMACIONES DE: “¡El pueblo!”) Luego el pueblo tiene que arreglar las calles, tiene que hacer hospitales, tiene que construir escuelas y tiene que prestar todos los servicios que el pueblo está demandando (EXCLAMACIONES).

¿Quién protesta cuando los ladrones andan por la calle? (EXCLAMACIONES DE: “¡El pueblo!”) Luego el pueblo tiene que encarcelar a los ladrones (EXCLAMACIONES).

¿Y qué ha pasado aquí, por qué el pueblo siempre está protestando? (EXCLAMACIONES.) Porque el pueblo nunca ha estado gobernando. Y ahora lo que ha ocurrido aquí es que el pueblo, no el pueblo que se imaginan los enemigos de la democracia, no el pueblo que se imaginan los tiranos, no, que piensan del pueblo como algo desorganizado, como algo anárquico como algo que no tiene disciplina, que no tiene orientación, que no tiene conciencia. Eso es lo que piensan ellos... Podían pensar eso antes, cuando llegaban aquí y se encaramaban en el poder mediante unas elecciones fraudulentas y no pasaba nada; podían pensar eso antes cuando llegaban aquí, tomaban el poder por la fuerza, y se dedicaban a saquear la república como vulgares piratas y no pasaba nada (EXCLAMACIONES). Podían pensar eso del pueblo cuando tenían 50 000 hombres sobre las armas y el pueblo no tenía ni un fusil ni un hombre armado; pero ahora, que se encaramaron y los botamos (APLAUSOS Y EXCLAMACIONES); ahora, cuando el pueblo que no tenía ejército, que no tenía fusiles, que no tenía nada, a la vuelta de dos años se aparece con los tanques, los cañones, los aviones, los fusiles en la mano (EXCLAMACIONES), un pueblo que no tenía un solo fusil y los tiene hoy todos en la mano, a ese es un pueblo que hay que respetar.

¿Ahora qué pensará el dictador del pueblo de Cuba? (EXCLAMACIONES.) ¿Qué pensarán los asesinos que han escapado? (EXCLAMACIONES.) Y que no había noche que no asesinaran media docena de compatriotas; porque cuando pasaban por Columbia y veían tantas trincheras y tantas alambradas y tantas cosas extrañas allí adentro, y tantos fusiles y tanto armamento y tantas microondas y tantos aviones y tantos chivatos, decían: esto es invencible. Y junto con ellos pensaban los politiqueros, que se dedicaban a combatir la tesis revolucionaria y a decir que aquí la solución eran las elecciones del primero de noviembre (EXCLAMACIONES).

Eran los mismos que habían dicho que la solución eran las elecciones del primero de noviembre de 1954, y los mismos que iban a decir que la solución era las elecciones del primero de noviembre de 1962. Y así iban a estar los muy pícaros, porque lo único que les preocupaba era ir allí y sentarse en el Senado con una minoría; su botellita, mientras los otros derramaban su sangre.

Horas muy amargas tuvimos que soportar cuando veíamos a los que trataban de confundir y de matarle la fe a nuestro pueblo. El peor crimen que se pueda cometer contra nadie es matarle la fe; incluso cuando los hombres no tienen otra cosa, mientras conservan la fe, conservan mucho. Lo terrible es cuando los pueblos han perdido la fe por completo. Y los que venían a conspirar contra la fe del pueblo y a decirles que nosotros éramos potentes para resistir pero impotentes para vencer; o que aquellos cuatro gatos que estaban en la Sierra Maestra (EXCLAMACIONES) cómo iban a tomar Çolumbia, cómo iban a derrotar a Batista que tenía tantas armas y tantos cañones; que nosotros éramos unos románticos pero que los pobrecitos, había que salvarlos, había que darles una lección a la carrera para que se salvaran. Y luego eran tan descarados que decían que cuando ganaran —cuando ganaran los politiqueros que decían que eran de la oposición— iban a dar una amnistía (EXCLAMACIONES), como si todo el problema del pueblo de Cuba consistiera en que a nosotros nos perdonaran, nos perdonaran (EXCLAMACIONES).

Quiero decirles una cosa: de acuerdo con el Código Penal, la ancianidad es un eximente de culpa (RISAS), y, pasado ya ciertos límites, el Código Penal se abstiene de la aplicación de penas de ninguna índole (DEL PUBLICO LE DICEN ALGO).

¡Ah!, a ese le vamos a exigir cuentas (EXCLAMACIONES). Como el pueblo es el que manda, yo creo que el pueblo lo que tiene que hacer es precisamente eso, pedir aquí y demandar aquí todas las cosas (EXCLAMACIONES).

Y volviendo al hilo de mis palabras, después de estas consideraciones, me vuelvo a preguntar qué dirá ahora el valiente dictador; el hombre que tenía una bala en la pistola y que se fue, lo mismo que entró, con nocturnidad y alevosía, sin que nadie sepa siquiera en este momento por qué caminos anda. Bueno sería que vieran el mitin que vamos a dar ahora en Columbia con el pueblo (APLAUSOS). El acto debe ser en Columbia porque el pueblo ahora es quien tiene los fusiles y es el que manda.

(DEL PUBLICO LE PREGUNTAN: “¿Y Masferrer?”) No me pregunten por aquel que escapó también, pregúntenme dónde están los sicarios, los esbirros, los asesinos que dejó aquí. Y les diré que los que no han caído ya deshonrosamente tendrán que afrontar los tribunales revolucionarios.

(DEL PUBLICO LE PREGUNTAN: “¿Y Mirabal?”) Mirabal, Casillas, Olayón, habrá que preguntárselo al mismísimo diablo (EXCLAMACIONES Y RISAS).

(DEL PUBLICO LE PREGUNTAN: “¿Y Mujal dónde está”?) ¿Mujal?, hay que tener paciencia.

La verdad es que no sé si todos pensaremos igual, yo tengo mi filosofía: esa gente muerta, pues murieron; esa gente viva sufre más. Vivos, huyendo, sin patria, perseguidos por el odio del pueblo, el desprecio de la ciudadanía que se les tiene que estar clavando sobre sus conciencias oscurecidas (EXCLAMACIONES), y, sobre todo, un sufrimiento mayor, el sufrimiento de ver a nuestro pueblo libre (APLAUSOS). No podrá haber para los que escaparon de una forma tan deshonrosa peor castigo.

(DEL PUBLICO LE PREGUNTAN: “¿Dónde está Castillo?”) ¿Castillo? ¿Cuál el bolitero o el secretario, o los dos? (DEL PUBLICO LE CONTESTAN: “¡Cantillo!” Ah, ¿Cantillo? (DEL PUBLICO LE CONTESTAN: “¡Sí!”) Esperando por el tribunal revolucionario. Y Morales del Castillo, si es cierto que lo capturaron, esperando también por el tribunal revolucionario (APLAUSOS). Y Castillo, uno de los zares del juego, esperando también por los tribunales revolucionarios (EXCLAMACIONES Y APLAUSOS).

(DEL PUBLICO LE PREGUNTAN: “¿Y Tabernilla?”) Los Tabernilla, dicen que se robó el retiro del ejército completo, que son como 40 ó 42 millones, una cosa por el estilo. Lo tendrán que devolver, porque para eso lo sabremos exigir dondequiera que estén metidos (EXCLAMACIONES Y APLAUSOS).

Mas no creo que el pueblo deba sufrir pensando en los que se escaparon. Está bien que les guarden la deuda cuidadosamente, para cobrársela ahora o dentro de 50 años (APLAUSOS). Es bueno que los pueblos no olviden, para que no vuelva nadie más a escribir: Cuba, país de poca memoria. Lo que vamos a escribir la próxima vez es: Cuba, país de mucha memoria (APLAUSOS).

(DEL PUBLICO DICEN: “¡Viva el capitán Castillo!”) ¡Que viva el capitán Castillo!, porque ese es un Castillo bueno, ¡que viva el teniente Viciedo y vivan todos los combatientes revolucionarios (EXCLAMACIONES DE: “¡Vivan!”) ¡Que vivan todos los que han hecho posible la libertad de la patria (EXCLAMACIONES DE:”¡Vivan!”) Y que viva, por encima de todo, nuestro pueblo heroico y glorioso (EXCLAMACIONES DE: “¡Viva!”).

Pero muchos más motivos de orgullo tiene el pueblo de Sancti Spíritus, con sus combatientes, porque no son ni dos ni tres, son muchos, y muchos los oficiales que se han distinguido en esta guerra, y aquí tenemos a nuestro Comandante Félix Duque, de Sancti Spíritus, veterano de incontables combates victoriosos (EXCLAMACIONES Y APLAUSOS), autor de numerosas proezas, y hay entre ellas una que tendrá que escribirse y que se la voy a contar al pueblo.

Era en los días de la ofensiva contra la Sierra Maestra, aquella temible ofensiva que iba a exterminar hasta el ultimo rebelde y que terminó en Columbia, porque la batalla que comenzó a librarse en los días finales de mayo del año 1958, terminó en Columbia, a los seis meses después, aproximadamente —la batalla que comenzó en la Sierra Maestra—, porque con las armas que se le arrebataron en aquella ofensiva a la dictadura, se armaron las columnas invasoras que llegaron hasta Las Villas (EXCLAMACIONES Y APLAUSOS). Después de aquellas proezas singulares e incomparables, que no tienen paralelo en nuestra historia, como fue la travesía de dos columnas, una de 82 hombres y otra de 110 hombres armados contra miles de enemigos, por un terreno completamente llano (EXCLAMACIONES Y APLAUSOS), dirigidas por los comandantes Ernesto Guevara y Camilo Cienfuegos (EXCLAMACIONES Y APLAUSOS).

Era en aquellos días de la ofensiva contra la Sierra Maestra, en que nuestras fuerzas, después de la batalla victoriosa de El Jigüe volvieron todas sus armas contra la odiada columna del criminal Sánchez Mosquera, acampado en Santo Domingo. Cuidaba el entonces capitán Félix Duque una de las entradas contra los posibles refuerzos enemigos; las fuerzas de Mosquera hacían un intento desesperado por escapar, y le envío al capitán Félix Duque una instrucción de que interceptara a la fuerza enemiga por uno de los caminos posibles de retirada, y por donde, efectivamente, iban a cruzar. Tenía en aquel momento 60 hombres bajo su mando, la orden —que fue necesario enviar por escrito, pues en aquellos tiempos no teníamos microondas— llegó algo retrasada, con motivo de que el campesino que la portaba hubo de ocultarse de la aviación que durante todo el día trataba de hostigar nuestras líneas, y lo que ocurrió fue lo siguiente:

En las primeras horas de la noche, nuestro capitán Félix Duque sale al frente de su tropa; pero había olvidado algo, a pesar de que no era la primera vez que le ocurría: que en horas de la noche y por terreno montañoso es muy fácil que la tropa pierda el contacto, que una hilera pierda el contacto en cualquier curva y se divida la columna, y que es necesario en noches oscuras estar constantemente chequeando toda la columna para que no se corte y no se extravíe una parte de la fuerza o toda la fuerza. Y en el impulso del capitán Duque por cumplir la orden e interceptar al enemigo, avanzó tan rápidamente que se quedó atrás toda la columna y cuando vino a darse cuenta no andaba más que con dos compañeros de los 60 hombres (RISAS).

Quiero advertirles que está aquí vivo de milagro, pero de milagro de verdad, no de milagro de casualidades de esas (APLAUSOS). Porque era nada menos que la tropa más criminal que había pasado por la Sierra Maestra, la tropa de Mosquera. Cuando se vino a dar cuenta, estaba metido casi casi dentro del campamento enemigo, donde había acampado la tropa enemiga, porque al llegar la noche, en la posición en que se encontraban, acamparon. No se había dado cuenta de que había ido a parar entre el campamento y las postas enemigas. Al darse cuenta, regresa a buscar su tropa, y cuando regresa, ha caminado apenas unos 100 ó 150 metros con sus dos compañeros, cuando se encuentra unos hombres armados en un altico, y llega Duque y los saluda: “¡¿Qué pasa?!” “¡¿Qué pasa?!” (RISAS.) Y los hombres armados se aproximan también: “¡¿Qué pasó, qué pasó?!” (RISAS.) Era nada menos que un capitán rebelde con dos compañeros más, hablando con una de las postas de Sánchez Mosquera (RISAS).

Pero lo peor todavía de la temeridad y de la imprudencia del capitán Duque es que en vez de llevar el arma lista, como se lleva en casos como esos, llevaba la ametralladora colgada aquí a la espalda (RISAS). Y, por supuesto, que el soldado también tenía una ametralladora colgada aquí (RISAS). Entonces cuando va él a tratar de quitarse la ametralladora para hacerle frente a la situación, ocurre que los otros se abalanzan sobre él —eran varios. Los otros dos compañeros hacen fuego al aire. Dos soldados tratan de capturarlo porque realmente no podían, en aquel momento —estaban próximos—, hacer otra cosa, y la cuestión es que ruedan por una pendiente hacia abajo, en un combate cuerpo a cuerpo, el capitán Duque y dos soldados enemigos.

Los compañeros —que tienen que retirarse ante la presencia del resto de las fuerzas del campamento— informan inmediatamente lo que había ocurrido. Cuando llegan hasta mí y me informan lo que acababa de ocurrir, a los pocos minutos de haber ocurrido el incidente, pues entonces una inmensa tristeza, disgusto y dolor se apoderó de todos nosotros, porque en aquellas condiciones, habiendo sido sorprendidos, habiéndose escuchado numerosos disparos, era virtualmente imposible contar con la vida del compañero Duque.

Así transcurrió toda aquella noche, cuando en horas del mediodía siguiente, como una verdadera aparición, como un fantasma, ve todo el mundo que se aproxima, un poco compungido y triste, disgustado por lo que había pasado, entre otras cosas, de no haber podido cumplir con la misión encomendada: llevar la tropa e interceptar al enemigo. Porque cuando yo llegué a la posición donde estaba el compañero Duque citado, me encuentro a todos los hombres de él y digo: “¿Y dónde esta Duque?” Me dicen: “no, que se fue solo” (RISAS). Regresa —ya les digo, al otro día, como a las 12:00 del día—, golpeado, amoratado, hinchado, el pelo alborotado. Y todo el mundo se quedó realmente como quien ve levantarse a un muerto.

Para mayor casualidad, por una de las microondas capturadas al enemigo, que interceptaba las comunicaciones, oigo que Ugalde Carrillo desde el avión decía: “¡Pues métele un tiro y mátalo pa’l diablo!” Y yo decía: bueno, es Duque que lo han hecho prisionero: “¡Métele un tiro!” Yo no había oído las palabras del que hablaba desde abajo, pero oí la respuesta del de arriba, y deduje que era un prisionero. Porque creo que hasta algo dijo: “un prisionero, ¡pues mételo un tiro y mátalo!” Y todo aquello nos había hecho perder a nosotros, los compañeros, todas las esperanzas.

¿Qué había pasado? Habían tratado de apresarlo, él se defendió, rodó por toda una pendiente y ha estado luchando en un arroyo, cuerpo a cuerpo, durante 10 minutos, con dos soldados enemigos, hasta que pudo deshacerse de ellos y salir al campamento de nuevo. Y gracias a eso lo tenemos aquí (RISAS Y APLAUSOS).

Ustedes saben que, al revés de los partes del Estado Mayor, nosotros nunca añadimos ni una bala más a la que se ocupa en un combate, y cuanto les he referido se ajusta, rigurosamente y sin exageración de ninguna índole, a la realidad, porque en la guerra suceden cosas realmente increíbles.

(Félix Duque dice: “El que se fajó conmigo esta por ahí y se unió a nosotros). ¡Ah!, pero ahora dice que el que se fajó con él esta por ahí (RISAS). Dice que se unió a la Revolución.

De todas formas, la isla no es tan grande y los protagonistas de esos acontecimientos se vuelven a reunir fácilmente. Y, al fin y al cabo, el pueblo victorioso tiene que ser, en estos momentos de triunfo, más que nunca, un pueblo de nobles sentimientos y un pueblo caballeroso, que tiene que contribuir a la paz, precisamente, tratando, sin olvidar a los culpables, castigando a los culpables, de comprender que no todos los militares eran criminales, que no todos los militares eran hombres de sentimientos crueles, y que una de nuestras tareas es seleccionar entre los buenos y los malos (APLAUSOS).