Discurso pronunciado desde el Balcón de la Sociedad “El Progreso”, de Sancti Spiritus, Las Villas, el 6 de enero de 1959.

Part 2

Chapter 24,076 wordsPublic domain (Wikisource)

Puedo decirles, por ejemplo, que en la Sierra Maestra murieron más de 20 combatientes de los soldados que se sumaron a la Revolución, y que combatieron con mucho valor; los militares tienen muchos mártires que han caído luchando junto con los revolucionarios. Aquellos hombres acudieron a nuestras filas cuando se les presentaba la oportunidad, que no siempre era fácil para ellos, porque durante largo tiempo nosotros, de hecho, no dominábamos territorio alguno, y era muy difícil hacer contacto con nuestras filas; les era difícil hacer contacto a los propios dirigentes de la organización del 26 de Julio, con mucha más razón a los militares.

Así que nosotros tenemos el propósito de castigar y de expulsar de las filas de las fuerzas armadas a todo el que deshonra el uniforme (APLAUSOS); pero abrirles también las puertas en el nuevo ejército de la república a los hombres que hayan estado ostentando funciones militares y no hayan robado, y no hayan asesinado, que hayan sabido respetar al pueblo (APLAUSOS).

Se hace tarde... (DEL PUBLICO LE DICEN ALGO). Oye, mandar sí, pero dictadura no; el pueblo manda pero el pueblo no es dictador.

Bueno, ¿y si todos quieren subir, caben aquí? (LE RESPONDEN: “¡No!”) Luego, ¿si suben unos y otro no, no sería un privilegio? (LE RESPONDEN: “¡Sí!” ¿Y no estamos contra los privilegios? (LE RESPONDEN: “¡Sí!”) Como ustedes no caben aquí, pero yo quepo allá, voy a bajar a verlos a todos (EXCLAMACIONES Y APLAUSOS).

(DEL PUBLICO LE PREGUNTAN: “¿Y Raúl?”) Raúl está en el cuartel Moncada; Gómez Ochoa está en el regimiento de Holguín; Juan Almeida está aquí con la columna blindada y va a ser designado jefe de la división blindada que vamos a organizar con los veteranos de la Sierra Maestra; Camilo Cienfuegos está en Columbia; el comandante Ernesto Guevara está en La Cabaña, y el comandante Efigenio Ameijeiras ha de estar ya a estas horas en la jefatura de la Policía Nacional.

Aquí está el comandante Juan Almeida (APLAUSOS).

¿Paco Barrera dicen? Bueno, es que la columna está repartida creo que por toda la provincia, y no es tan fácil encontrar a todas las tropas; ahí viene el pelotón “Mariana Grajales” también en la tropa (EXCLAMACIONES).

Lo importante ahora es que estén donde estén, cada cual se dedique a cumplir con su deber (APLAUSOS); lo importante es que el pueblo tenga fe y confianza en esos hombres (APLAUSOS); lo importante es que esos hombres están hoy y estarán siempre al servicio incondicional del pueblo (APLAUSOS); que en esos hombres se puede tener la confianza que se tiene en un hijo, en un padre o en un hermano (APLAUSOS), porque yo, que los conozco bien, sé que son hombres incorruptibles y sé que jamás traicionarán a su pueblo (APLAUSOS).

Hemos hablado hoy con júbilo de los héroes de la Revolución, de los nombres más destacados, de la alegría de nuestro pueblo. Faltan por decir algunas cosas y ahí vamos. La zafra ya se sabe que a fines de mes a más tardar, de acuerdo con nuestros cálculos, habrá comenzado en la mayor parte de los centrales de la isla (EXCLAMACIONES Y APLAUSOS). Iba a decirles, precisamente, que el pueblo no se puede dormir sobre los laureles; que el camino que tenemos por delante es un camino largo y duro; que la Revolución en su etapa constructiva no será un paseo; que por delante tenemos muchos intereses creados; que toda obra justa encontrará resistencia; que el enemigo agazapado, el enemigo en fuga, pero con cuantiosos recursos económicos tratará de poner en nuestro camino todos los obstáculos, se asociará con cuantos enemigos de Cuba pueda encontrar y estaremos en la obligación de mantenernos siempre alertas, siempre en guardia; que muchos peligros amenazan a nuestros combatientes, porque ahora ya no es el tiro que se dispara desde una trinchera, es el tiro alevoso y cobarde que se dispara desde una esquina, desde una azotea; que agotará todos los medios por sembrar la muerte entre los dirigentes de la Revolución, lo que no será en definitiva, tan difícil, porque nosotros nunca nos sustraeremos al contacto del pueblo, ni andaremos con escoltas ni haciendo ruido por las calles (APLAUSOS). Será ese un deber que afrontaremos, sencillamente, como hemos afrontado todos los demás.

Es importante que el pueblo sepa desde hoy y comprenda que la Revolución no podrá ser tarea de un día, ni de dos, ni de tres; que nuestros males no encontrarán solución de la noche a la mañana; que será preciso trabajar mucho; que al igual que la guerra no se ganó en un día, que al igual que la guerra fue necesario ganarla poco a poco, paso a paso, pero firmemente con un solo propósito, el que concluyese solo con la victoria o con la muerte como reza nuestro lema, la Revolución tendrá que realizarse también paso a paso, poco a poco y sin otra divisa también que la del triunfo.

Vendrán ahora, porque es natural que vengan y es lógico que los esperemos, los demagogos, vendrán los oportunistas, vendrán los que no se sacrificaron a querer medrar a costa del sacrificio de los demás. Vendrán los demagogos que no hicieron nada en las horas duras de la tiranía a sembrar el descontento, a sembrar la desconfianza, porque quien no tenga méritos solo encontrará el camino táctico para ellos de rebajar a los demás; aquellos que no gocen de la confianza de la nación se dedicarán a restar la confianza del pueblo en sus dirigentes.

Ponía un ejemplo de lo que es el demagogo. El demagogo es aquel que si, por ejemplo, en estas circunstancias son fusilados en un pueblo 25 confidentes, o en una provincia, o en toda la isla se fusilan 100 esbirros, inmediatamente salen a predicar que la Revolución ha sido traicionada, que hay que matar 10 000, que por ahí no se llega a ninguna parte, que los chivatos andan por la calle.

Vendrá el ambicioso, los que no se preocupan realmente por la patria, los que no estén preocupados más que de sus ambiciones y de su vanidad personal. Vendrán, incluso, los que dentro de las propias filas revolucionarias deserten del deber, los que se corrompan y, además, todos los obstáculos que una revolución tiene en su camino. Todos los peligros que una revolución tiene en su camino los tendremos que afrontar, tal vez amenazas extranjeras, tal vez agresiones extranjeras; pero frente a todo ello, hay, sin embargo, una inconmovible fe; la fe que nace de dos cosas: de la confianza que tenemos en nosotros mismos y de la confianza que tenemos en nuestro pueblo (APLAUSOS).

Porque nos sabemos leales, porque nos sabemos honrados, porque sabemos que jamás la tentación penetrará en nuestros corazones, que jamás nuestras manos se mancharán con dinero robado o con la sangre del crimen (APLAUSOS). Como sabemos que no vivimos más que para un solo fin, porque sabemos que nuestro destino ha sido este, el de servir a nuestra patria y a nuestro pueblo, porque han sido muy grandes y muy profundas las emociones que hemos vivido, porque cuantas veces nos hemos reunido con el pueblo, hemos recibido ese aliento y ese cariño, que es el cariño que impulsa a los hombres idealistas, que los hace más firmes, que los hace más decididos (APLAUSOS).

Todos ustedes saben algo del cubano, que por las buenas se obtiene de un cubano mucho, que por las malas jamás se obtendrá nada de un cubano (APLAUSOS); que a quien lo quiere, quiere; que a quien lo trata con cariño, con cariño trata a quien así lo trata (APLAUSOS). Que no devolvemos el bien por mal, que no odiamos a aquellos que simpatizan con nosotros; tal somos los cubanos, tal son ustedes, tal soy yo, tal son mis compañeros, y a ese inmenso cariño, a esas muestras extraordinarias de simpatía, más allá de todos los méritos que podamos tener nosotros, y que vuelvo a repetir que son muy pocos, solo pagaremos con un cariño y con una lealtad igualmente grandes (APLAUSOS).

De una cosa puede estar seguro el pueblo, cualesquiera que sean las vicisitudes; de una cosa puede estar seguro —sobre todo el pueblo humilde, el que necesita de la Revolución, porque es el que ha sido víctima de la injusticia; el pueblo humilde que es el que más necesita de nosotros, más que los ricos, más que los poderosos, aunque todos hayan recibido los beneficios de la libertad, porque la tiranía era igualmente odiosa para todos los cubanos de todas las clases sociales; pero la Revolución, sobre todo, ha de ser en beneficio de los humildes y de los pobres—, jamás le fallaremos. Ciegamente pueden creer en los hombres que han hecho esta Revolución (APLAUSOS), que la continuarán haciendo, porque hay cosas que los hombres de honor, los hombres de sentimientos aprecian más que ninguna otra.

El ladrón es antes que nada un hombre que carece de dignidad y que carece de pudor, un hombre que al pasar por las calles no le importa que sus conciudadanos le digan: aquel es un ladrón. No le importa que su hijo oiga o lea que su padre es un ladrón, no le importa que su esposa oiga o lea todos los días que su esposo es un ladrón. El ladrón, el traidor, el criminal es antes que nada un hombre que carece del más elemental pudor. Los hombres de pudor prefieren la muerte antes de que se les señale. Los hombres de pudor prefieren mil veces la muerte antes de que les llamen ladrón, antes de que sus hijos vean que les llaman y les pueden llamar, con razón, ladrón, o criminal, o traidor, o inmoral.

Nosotros, los que hemos tenido el inmenso privilegio de saber lo que es el cariño de un pueblo, nosotros, los que hemos tenido el inmenso honor de vernos aclamados por multitudes delirantes, que tienen fe en nosotros, es lógico comprender que prefiramos mil veces la muerte a venir un día por estas mismas calles y encontrarnos la indiferencia, el olvido o el odio de nuestros conciudadanos (APLAUSOS).

Duro ha sido luchar contra la falta de fe. Aquí nadie creía en nada ni en nadie, porque muchas veces nuestro pueblo había sido traicionado; nuestra generación se encontró con una semilla de escepticismo, con una semilla de pesimismo. Hoy de nuevo ha renacido en el pueblo la fe, de nuevo hay confianza en un grupo de hombres; aquellos que en otros tiempos la traicionaron, aquellos que en otros tiempos gozaron de la simpatía de las multitudes y después se resignaron tranquilamente a vivir en medio del desprecio público, aquellos hombres, aquel tipo de hombre, resulta inconcebible de acuerdo con nuestra manera de pensar.

Nosotros solo queremos una cosa, solo queremos poder siempre comparecer ante el pueblo, poder siempre comparecer ante la multitud, poder hablar con ella, rendirle cuenta de mis actos.

Dicen que las elecciones, por ejemplo, son difíciles, que se necesitan tales y más cuales tramites. Yo creo que los hombres públicos deben estar en consulta permanente con su pueblo, basta venir aquí y reunirse con 10 000 personas para saber lo que el pueblo quiere (APLAUSOS). Y lo que el pueblo quiere aquí es lo mismo que quiere en Camagüey, y lo que el pueblo quiere en Camagüey es lo mismo que quiere en Holguín, en Santiago de Cuba y en el resto de la isla, porque el pueblo es uno solo, y tiene un solo sentimiento y una sola opinión sobre todas las cuestiones (APLAUSOS).

Cuando nosotros queramos saber lo que quiere el pueblo, basta con venir a hablar con el pueblo.

El pueblo ahora, por ejemplo, se preocupa por la zafra, porque lo dice, porque cuando se habla de que la zafra empieza pronto, todo el mundo se alegra, luego esa es una preocupación del pueblo (APLAUSOS). El pueblo se preocupa de que haya justicia, de que los esbirros y los confidentes sean castigados ejemplarmente (APLAUSOS).

Para saber lo que el pueblo quiere, no hay más que venir a hablar con el pueblo, y esa será siempre nuestra línea de conducta; y el día en que yo no pueda pararme delante del pueblo, el día en que no pueda discutir con el pueblo, ese día para mí habrá terminado toda misión y toda función de carácter público.

Nosotros no empezamos ahora, y solo puedo decirles que empezamos llenos de la intención de cumplir con nuestro deber (APLAUSOS); que lejos de pensar que todo está hecho, pensamos que todo está por hacer; que lejos de creer que vamos a descansar después de dos años de subir y bajar montañas y de combatir contra un enemigo que tenía todos los recursos, ahora tenemos que trabajar el doble y el triple; porque aquello de que para los revolucionarios no hay más descanso que la tumba es una gran verdad.

El revolucionario no viene al poder a disfrutar del poder, a pasear en Cadillac, a robar, a vivir en casas cómodas, a comer bien. ¡No! El revolucionario llega al poder a vivir igual o peor que antes, a ser tan pobre o más pobre que antes, a ser tan sufrido o más sufrido que antes. El revolucionario no viene al poder a disfrutar de él, sino a ser más esclavo del pueblo, a seguir sacrificándose, en todas las formas posibles, y de eso estamos muy conscientes nosotros. No nos alegramos de pensar en el privilegio que signifique tener hoy los resortes del poder en manos revolucionarias. No, nuestro pensamiento vive solo puesto en que hay un deber que cumplir, en que hay un deber muy sagrado con los muertos, porque ellos están ausentes hoy.

Y no se luchó solo para derrocar la tiranía, se luchó para algo más, para sobre las ruinas de la tiranía edificar la nueva patria, que tiene que ser una patria distinta a la que ha sido hasta hoy (APLAUSOS).

El triunfo de esta Revolución es una reparación moral, no solo para los que han caído en esta lucha. Pienso con satisfacción que el triunfo de esta Revolución será la realización no solo de los sueños de los hombres de nuestra generación, sino también de los sueños de la generación que se sacrificó en la lucha contra la tiranía de Machado y la realización de los sueños de nuestros libertadores que no están realizados todavía (APLAUSOS).

Si ha habido traidores en nuestra historia, podemos decir que en cambio también ha habido hombres leales. Si otros olvidaron a sus muertos, podemos decir que nuestra generación no solo recuerda a sus muertos, sino a los muertos de todas las generaciones cubanas que anteriormente se sacrificaron por algún ideal (APLAUSOS).

¡Rendimos un tributo y lo seguiremos rindiendo no solo a los caídos de hoy, a los caídos de ayer, a los caldos de nuestras luchas de independencia, porque los mártires de la libertad, los mártires del progreso de su pueblo, los mártires del ideal, son los mismos de una organización que de otra, de una generación que de otra, de hoy como la de ayer, como la de antes de ayer. Son hombres que han muerto luchando por un sueño, sueño que no se ha realizado, pero sueño que ustedes y nosotros vamos a realizar! (APLAUSOS.)

No será esta la única reunión, aquí volveremos. No nos iremos a vivir a la capital de la república; viviremos en toda la isla, porque estaremos siempre en todas partes (APLAUSOS). Mi casa desde hoy, lo digo, es la casa de cualquier ciudadano, en cualquier pueblo de Cuba donde encuentre alberque (APLAUSOS), y tan pronto haya cumplido con las obligaciones más inmediatas en la capital de la república volveré.

Volveré primero que nada a la Sierra Maestra (APLAUSOS), ya no en plan de guerra, sino en plan de paz; ya no a pedirles sacrificios a los campesinos que nos sostuvieron en los días difíciles y que con nosotros soportaron las bombas y la persecución, sino a llevar algo, a hacer algo por ellos, a empezar a cumplir lo mucho que les hemos prometido, más que prometido, porque nosotros no prometemos, hacemos, y queremos hacer más que lo que prometemos (APLAUSOS). Vamos a empezar a hacer por ellos lo que ellos esperan de nosotros.

Más que deseos de ir a la capital, más que deseos, incluso, de ver a mi propio hijo, deseo ver de nuevo a aquellos campesinos después del triunfo; deseo ver aquellos rostros, aquella alegría inmensa que ha de invadir los corazones de aquellas familias que antes vivían bajo el terror de los geófagos; que apenas tenían derribada una parte del monte y con mil sacrificios habían podido hacer una finquita, venían los mayorales de los geófagos con la guardia rural y los expulsaban despiadadamente y en muchos casos hasta los asesinaban. Por eso aquellos hombres se adhirieron a nuestra causa incondicionalmente.

Ya desde que las primeras tropas del Ejército Rebelde recorrieron la Sierra, se acabaron los desalojos y se acabaron los abusos de los geófagos con los campesinos. Vinieron entonces los horrores de las tropas en operaciones, que asesinaron cientos de hombres inocentes y quemaron millares de bohíos.

Aquellos hombres están esperando por nosotros, aquellos hombres que tal vez en estos instantes piensen si volveremos, que tal vez hasta duden, porque siempre ha vivido nuestro campesinado en el temor al engaño, aquellos hombres tendrán la satisfacción de vernos pronto de nuevo en la Sierra Maestra. Digo en la Sierra Maestra porque por algún lugar hay que empezar, y si por allí se empezó la Revolución, justo es que las reivindicaciones se empiecen por allí (APLAUSOS), y que las mejoras que se hagan en Oriente sean seguidas por las mejoras que se hagan en Las Villas, porque después de Oriente vino la Revolución a Las Villas; porque entre Las Villas y Oriente hay una estrecha vinculación, y ha existido en toda nuestra Guerra de Independencia y en nuestras luchas por la libertad (APLAUSOS). En prenda de ello, el Ejército Rebelde mandó a esta provincia a dos de sus mejores comandantes, que atravesaron los llanos de Camagüey para llegar hasta aquí.

La vinculación entre las necesidades de los campesinos de la Sierra Maestra y las necesidades de los campesinos de Las Villas, es grande; lo que allá se haga es lo que se va a hacer aquí (APLAUSOS).

A lo primero que voy a tener el gusto de dedicar mi esfuerzo, junto con otras muchas cosas, es a hacer la primera ciudad escolar, con el propósito de que pueda albergar y educar, dentro de los más modernos sistemas de la pedagogía, no 100, ni 500, ni 1 000, sino 20 000 niñas y niños (APLAUSOS). En algún latifundio —-que ya tengo pensado, de ciertos geófagos, porque por allá hay muchos— iremos a separar las primeras 300 caballerías que van a ser propiedad de la ciudad escolar (APLAUSOS). La vamos a empezar a hacer solo con nuestro esfuerzo, con el trabajo de los reclutas revolucionarios, con el aporte del pueblo (APLAUSOS); porque a todo el mundo le voy a pedir ayuda, un poquito a cada cual, para hacer esa primera ciudad, como un homenaje a la primera zona de Cuba donde comenzó la Revolución (APLAUSOS), y para poder ir haciendo lo mismo en las distintas provincias de Cuba.

No podemos decir que al mismo tiempo vamos a hacer las 10 ciudades escolares que hacen falta y que es un proyecto monumental, donde realmente se va a crear un tipo totalmente nuevo de hombre cubano, porque allí no va a recibir solamente una cultura general, sino que va a aprender a trabajar, va a recibir conocimientos técnicos y prácticos y va a producir lo mismo que va a consumir allí (APLAUSOS). Es una de las primeras ideas que pensamos llevar adelante.

Ustedes saben cómo se ha constituido el gobierno, ustedes saben que a cada cual le ha tocado una parte de las funciones. A nosotros en este momento nos ha correspondido una función muy importante, relacionada con los institutos armados de la república, pero yo no quiero concretarme a eso. El hecho de haber estado con las armas en la mano combatiendo durante dos años, no ha de ser para privárseme del derecho de hacer otras cosas que no tengan que ver nada con las armas (APLAUSOS).

Mi problema no puede ser estar revisando tanques, cañones, ametralladoras, aviones y todas esas cosas. Yo lo tengo que hacer ahora, y lo voy a hacer, porque esas armas son del pueblo y me interesa mucho que el pueblo esté en condiciones de defenderse de cualquier agresión (APLAUSOS), y tengo que hacerlo como un deber y porque tengo, además, la seguridad de que voy a inculcar en esos institutos armados el mismo espíritu que se inculcó en el Ejército Rebelde, que ha sido un ejército de verdaderos caballeros (APLAUSOS).

Pero quiero hacer otras cosas. Yo no intervendré en otros problemas de gobierno, porque para eso esta el gobierno, con plenas facultades para actuar. Y aquí no andamos con ambiciones ni con pretensiones de hacer creer que somos nosotros los que gobernamos, no señor. Nos concretaremos a cumplir nuestras obligaciones en donde se nos señale; pero si tengo un especial interés en dedicarme también a ciertas realizaciones de tipo civil, porque vuelvo a repetir que el haber luchado durante dos años contra la tiranía con las armas en la mano, no debe ser para que se me prive del derecho de hacer algo por el pueblo y directamente en contacto con el pueblo (APLAUSOS).

Y lo primero pienso hacerlo en la Sierra Maestra, lo primero que pienso inmediatamente empezar a realizar, porque yo sé cómo se hacen las cosas.

Para hacer una empresa, por grande y difícil que sea, lo que hay que hacer es empezarla, como empezamos la guerra aquí cuando parecía que era grande y difícil (APLAUSOS).

Hacer una ciudad escolar para 20 000 niños no puede ser más difícil que derrocar la tiranía de Batista, que parecía bastante difícil (APLAUSOS).

Voy a empezar por ahí y por tratar de realizar otras muchas cosas en una zona determinada. Yo no tengo facultades para hacer más, y hasta prefiero empezar haciendo poco, porque se va adquiriendo experiencia. Todos nosotros somos hombres jóvenes, no nos vamos a creer que sabemos; no sabemos nada, lo que tenemos es que aprender mucho y actuar con buena voluntad. El pueblo nos perdonará los errores, lo que no nos perdonaría nunca serían las sinvergüencerías, porque esas son las que no perdona el pueblo (APLAUSOS).

El pueblo sabe que lo que tenemos, por encima de todo, es honradez; que por el camino aprenderemos a hacer las cosas lo mejor posible, a hacer las cosas escuchando las opiniones de los que saben, poniendo siempre el oído al mandato y al sentimiento de nuestro pueblo.

Sí diría que el pueblo sabe, y, sobre todo, el pueblo cubano; el pueblo cubano sabe lo que quiere (APLAUSOS). El gobernante que fuese capaz solamente de saber escuchar al pueblo, sería un formidable gobernante. Consúltese la opinión pública y verá todo aquello que disgusta al pueblo, y al pueblo le disgusta lo que esta mal hecho; y todo aquello que alegra al pueblo, al pueblo lo alegra lo que esta bien hecho, porque tiene un sentido critico muy claro, y, por lo tanto, lo que quiero decirles es que ustedes y nosotros tenemos que seguir aprendiendo cada día, tenemos que seguir ganando experiencia.

No pienso que con la generación nueva en los primeros instantes todo sean aciertos; considero que habrá errores, hay que tenerlo presente, habrá errores. Y no es lo mismo el error que la mala intención, el error queriendo hacer las cosas y no siempre hacerlas lo mejor posible; pero cada error se rectificará, se tratará de rectificar siempre, y les aseguro que de la misma manera que al principio nuestros oficiales no sabían nada de la guerra y, sin embargo, estaban dispuestos a ganarla —nuestros capitanes pues sabían muy poco: hacer una emboscada, disparar algunos tiros, hostigar al enemigo. No sabia lo mismo el Che, Camilo, Efigenio y Raúl cuando desembarcaron allá que lo que saben hoy; hoy saben lo suficiente para tomar cualquier fortaleza y se puede tener confianza en ellos—, los hombres que hoy empiezan a gobernar no sabrán lo mismo ahora ni tendrán la misma eficacia que tendrán dentro de seis meses, o que tendrán dentro de un año. Eso lo comprende el pueblo bien, ¿verdad? (EXCLAMACIONES DE: “¡Sí!”) A nosotros lo que nos interesa es que el pueblo tenga presente esas cosas.