Cours familier de Littérature - Volume 06
Chapter 2
Hay algún otro problema, también de índole político-económica. Es, señor Presidente, que nuestra flota aérea de transportes está quedándose, avión por avión, en los Estados Unidos. El procedimiento es simple: suben algunas damas con armas ocultas entre las ropas; se las dan a sus cómplices; los cómplices asesinan al custodio, le ponen en la cabeza la pistola al piloto, el piloto enfila hacia Miami, y una compañía, legalmente, por supuesto -porque en Estados Unidos todo se hace legalmente-, establece un recurso por deudas contra el Estado Cubano, y entonces el avión se confisca.
Pero resulta que hubo uno de los tantos cubanos patriotas -además hubo un norteamericano patriota, pero ése no es nuestro- hubo un cubano patriota que andaba por ahí, y él solito, sin que nadie le dijera nada, decidió enmendar la plana de los ladrones de bimotores y trajo a las playas cubanas un cuatrimotor precioso. Naturalmente, nosotros no vamos a utilizar ese cuatrimotor, que no es nuestro. La propiedad privada la respetamos nosotros pero exigimos el derecho de que se nos respete, señores; exigimos el derecho de que no haya más farsas; el derecho de que haya órganos americanos que puedan hablar y decirles a los Estados Unidos: «señores, ustedes están haciendo un vulgar atropello; no se pueden quitar los aviones a un Estado, aunque estén contra ustedes; esos aviones no son suyos, devuelvan esos aviones, o serán sancionados.» Naturalmente, sabemos que, desgraciadamente, no hay organismo interamericano que tenga esa fuerza.
Apelamos, sin embargo, en este augusto cónclave, al sentimiento de equidad y justicia de la Delegación de los Estados Unidos, para que se normalice la situación de los robos respectivos de aviones.
Es necesario explicar qué es la Revolución cubana, qué es este hecho especial que ha hecho hervir la sangre de los imperios del mundo y, también, hervir la sangre, pero de esperanza, de los desposeídos del mundo -o de estas partes del mundo, al menos.
Es una Revolución agraria, antifeudal y antiimperialista, que fue transformándose por imperio de su evolución interna y de las agresiones externas, en una revolución socialista y que lo proclama así, ante la faz de América: una revolución socialista.
Una revolución socialista que tomó la tierra del que tenía mucho, y se la dio al que estaba asalariado en esa tierra, o la distribuyó en cooperativas entre otros grupos de personas que no tenían ni siquiera tierras donde trabajar, aun cuando fuera como asalariado.
Es una revolución que llegó al poder con su propio ejército y sobre las ruinas del ejército de la opresión; que se sentó en el poder, miró a su alrededor, y se dedicó, sistemáticamente, a destruir todas las formas anteriores de la estructura que mantenía la dictadura de una clase explotadora sobre la clase de los explotados.
Destruyó el ejército totalmente, como casta, como institución, no como hombres, salvo los criminales de guerra, que fueron fusilados, también de cara a la opinión pública del Continente y con la conciencia bien tranquila.
Es una revolución que ha reafirmado la soberanía nacional y, por primera vez, ha planteado para sí y para todos los pueblos de América, y para todos los pueblos del mundo, la reivindicación de los territorios injustamente ocupados por otras potencias.
Es una revolución que tiene una política exterior independiente, que viene aquí a esta Reunión de Estados americanos, como una más entre los latinoamericanos; que va a la reunión de los países No alineados como uno de sus miembros importantes y que se sienta en las deliberaciones con los países socialistas, y éstos lo consideran un país hermano.
Es, pues, una Revolución con características humanistas. Es solidaria con todos los pueblos oprimidos del mundo; solidaria, señor Presidente, porque también lo decía Martí: «Todo hombre verdadero debe sentir en la mejilla el golpe dado a cualquier mejilla de hombre.» Y cada vez que una potencia imperial avasalla un territorio les está dando una bofetada a todos los habitantes de ese territorio.
Por eso nosotros luchamos, indiscriminadamente, sin preguntar el régimen político ni las aspiraciones de los países que luchan por su independencia; luchamos por la independencia de los países, luchamos por la reivindicación de los territorios ocupados. Apoyamos a Panamá, que tiene un pedazo de su territorio ocupado por los Estados Unidos. Llamamos Islas Malvinas, y no Falkland, a las del sur de la Argentina, y llamamos Isla del Cisne a la que Estados Unidos arrebató a Honduras y desde donde nos está agrediendo por medios telegráficos y radiales.
Luchamos constantemente aquí, en América, por la independencia de las Guayanas y de las Antillas Británicas; donde aceptamos el hecho de Belice independiente, porque Guatemala ya ha renunciado a su soberanía sobre ese pedazo de su territorio; y luchamos también en el Africa, en el Asia, en cualquier lugar el mundo donde el poderoso oprime al débil, para que el débil alcance su independencia, su autodeterminación y su derecho a dirigirse como Estado soberano.
Nuestro pueblo -permítasenos decirlo-, en ocasión del terremoto que asoló a Chile, fue a ayudarlo en la medida de sus fuerzas, con su producto único, con el azúcar. Una ayuda pequeña, pero, sin embargo fue una ayuda que no exigía nada; fue simplemente la entrega al país hermano, al pueblo hermano, de algo de alimento para sobrellevar esas horas angustiosas. Ni nos tiene que agradecer nada ese pueblo, ni, mucho menos, nos debe nada. Nuestro deber hizo que entregáramos lo que entregamos.
Nuestra revolución nacionalizó la economía nacional; nacionalizó las industrias fundamentales, incluyendo la minería; nacionalizó todo el comercio exterior, que está, ahora, en manos del Estado, y se dedicó a su diversificación, comerciando con todo el mundo; nacionalizó el sistema bancario para tener en sus manos el instrumento eficaz con que ejercer técnicamente el crédito de acuerdo con las necesidades del país.
Hace participar a sus trabajadores en la dirección de la economía nacional planificada, y ha realizado, hace pocos meses, la Reforma Urbana, mediante la cual entregó a cada habitante del país la casa donde residía, quedando dueño de ella con la sola condición de pagar lo mismo que estaba pagando hasta ese momento, de acuerdo con una tabla, durante determinado número de años.
Tomó muchas medidas de afirmación de la dignidad humana, incluyendo, casi entre las primeras, la abolición de la discriminación racial -porque en nuestro país existía la discriminación racial, señores Delegados; en una forma algo sutil, pero existía. Las playas de nuestra Isla no servía para que se bañaran el negro ni el pobre, porque pertenecían a un club privado, y venían turistas de otras playas a los que no les gustaba bañarse con los negros.
Nuestros hoteles, los grandes hoteles de La Habana, que eran construidos por compañías extranjeras, no permitían dormir allí a los negros, porque a los turistas que venían de otros países no les gustaban los negros.
Así era nuestro país. La mujer no tenían ninguna clase de derecho igualitario: se le pagaba menos por el trabajo igual, se la discriminaba como en la mayoría de nuestros países americanos.
La ciudad y el campo eran dos zonas en permanente lucha y de esa lucha sacaba el imperialismo la fuerza de trabajo suficiente, para pagarla mal y discontinuadamente.
Nosotros realizamos una Revolución en todo esto y realizamos, también, una auténtica revolución en la educación, la cultura y la salud.
Este año queda eliminado el analfabetismo en Cuba. Ciento cuatro mil alfabetizadores de todas las edades están por los campos de Cuba alfabetizando a 1.250.000 analfabetos -porque en Cuba sí había analfabetos: había 1.250.000 analfabetos, mucho más de lo que las estadísticas oficiales de tiempos anteriores decían.
Hemos extendido, para este año, la enseñanza primaria obligatoria a 9 grados, y la enseñanza media a toda la población escolar en forma gratuita y obligatoria; hemos convertido los cuarteles en escuelas; hemos realizado la Reforma Universitaria, dando libre acceso a todo el pueblo a la cultura superior, a las ciencias y tecnologías modernas; hemos hecho una gran exaltación de los valores nacionales frente a la deformación cultural producida por el imperialismo, y las manifestaciones de nuestro arte recogen los aplausos de los pueblos del mundo -de todos no, en algunos lugares no les dejan entrar; exaltación del patrimonio cultural de toda nuestra América Latina, que se manifiesta en premios anuales dados a literatos de todas las latitudes de América, y cuyo premio de poesía, señor Presidente, ganó el laureado poeta Roberto Ibáñez, en la última confrontación; extensión de la función social de la medicina en beneficio de campesinos y trabajadores urbanos humildes; deportes para todo el pueblo, que se reflejan en 75.000 personas desfilando el 25 de julio en una fiesta deportiva realizada en honor del primer cosmonauta del mundo, comandante Yuri Gagarin; la apertura de las playas populares, a todos, por supuesto que sin distinción de colores ni de ideologías y, además, gratuita; y los Círculos Sociales Obreros, en que fueron transformados todos los círculos exclusivistas de nuestro país -había muchos.
Bien, señores técnicos, compañeros Delegados, ha llegado la hora de referirse a la parte económica del temario. El Punto I, muy amplio, hecho también por técnicos muy sesudos, es la planificación del desarrollo económico y social en la América Latina.
Me voy a referir a algunas de las afirmaciones de los señores técnicos, con el ánimo de refutarlos desde el punto de vista técnico, y expresar, a continuación. los puntos de vista de la Delegación cubana sobre lo que es una planificación del desarrollo.
La primera incongruencia que observamos en el trabajo está expresada en esta frase: «A veces se expresa la idea de que un aumento en el nivel y la diversidad de la actividad económica resulta necesariamente en la mejoría de las condiciones sanitarias. Sin embargo, el Grupo es de opinión que el mejoramiento de las condiciones sanitarias no sólo es deseable en sí mismo, sino que constituye un requisito esencial, previo al crecimiento económico, y debe formar, por lo tanto, parte esencial de los programas de desarrollo de la región.»
Esto, por otra parte, se ve reflejado, también, en la estructura de préstamos del Banco Interamericano de Desarrollo, pues en el análisis de hicimos de los 120 millones prestados en primer término, 40 millones, es decir una tercera parte, corresponden directamente a préstamos de este tipo: para casa de habitación, para acueductos, alcantarillados.
Es un poco... yo no sé, pero casi lo calificaría como una condición colonial; me da la impresión de que se está pensando en hacer la letrina como cosa fundamental. Eso mejora las condiciones sociales del pobre indio, del pobre negro, del pobre individuo que yace en una condición sub-humana; «vamos a hacerle letrina y entonces, después que le hagamos letrina, y después que su educación le haya permitido mantenerla limpia, entonces podrá gozar de los beneficios de la producción». Porque es hacer notar, señores Delegados, que el tema de la industrialización no figura en el análisis de los señores técnicos. Para los señores técnicos planificar es planificar la letrina. Lo demás, ¡quién sabe cómo se hará!
Si me permite el señor Presidente, lamentaré profundamente, en nombre de la Delegación cubana, haber perdido los servicios de un técnico tan eficiente como el que dirigió este Primer Grupo, el doctor Felipe Pazos. Con su inteligencia y su capacidad de trabajo, y nuestra actividad revolucionaria, en dos años Cuba sería el paraíso de la letrina, aun cuando no tuviéramos ni una sola de las 250 fábricas que estamos empezando a construir, aun cuando no hubiéramos hecho Reforma Agraria.
Yo me pregunto, señores Delegados, si es que se pretende tomarnos el pelo, no a Cuba, porque Cuba está al margen, puesto que la Alianza por el Progreso no está hecha para Cuba, sino en contra, y no se establece darle un centavo a ella, pero sí a todos los demás Delegados. ¿No tienen un poco la impresión de que se les está tomando el pelo? Se dan dólares para hacer carreteras, se dan dólares para hacer caminos, se dan dólares para hacer alcantarillas; señores, ¿con qué se hacen las carreteras, con qué se hacen los caminos, con qué se hacen los alcantarillados, con qué se hacen las casas? No se necesita ser un genio para eso. ¿Por qué no se dan dólares para equipos, dólares para maquinarias, dólares para que nuestros países subdesarrollados, todos, puedan convertirse en países industriales-agrícolas, de una sola vez? Realmente, es triste.
En la página 10, en los elementos de planificación del desarrollo en el Punto 6, se establece quién es el verdadero autor de este plan.
Dice el Punto 6: «Establecer las bases más sólidas para la concesión y utilización de ayuda financiera externa, especialmente al proporcionar criterios eficaces para evaluar proyectos individuales.»
Nosotros no vamos a establecer las bases más sólidas para la concesión y utilización, porque nosotros no somos los que concedemos; son ustedes los que reciben, no que conceden; nosotros -Cuba- quienes miramos, y quienes conceden son los Estados Unidos. Entonces, este Punto 6 es redactado directamente por los Estados Unidos, es la recomendación de los Estados Unidos y éste es el espíritu de todo este engendro llamado Punto 1.
Pero bien, quiero dejar constancia de una cosa: hemos hablado mucho de política, hemos denunciado que hay aquí una confabulación política, en conversaciones con los señores Delegados hemos puntualizado el derecho de Cuba a expresar estas opiniones, porque se ataca directamente a Cuba en el Punto 5.
Sin embargo, Cuba no viene, como pretenden algunos periódicos o muchos voceros de empresas de información extranjera, a sabotear la reunión. Cuba viene a condenar lo condenable desde el punto de vista de los principios, pero viene también a trabajar armónicamente, si es que se puede, para conseguir enderezar esto, que ha nacido muy torcido, y está dispuesta a colaborar con todos los señores Delegados para enderezarlo y hacer un bonito proyecto.
El honorable señor Douglas Dillon, en su discurso, citó el financiamiento; eso es importante. Nosotros, para juntarnos todos a hablar de desarrollo tenemos que hablar de financiamiento, y todos nos hemos juntado para hablar con el único país que tiene capitales para financiar.
Dice el señor Dillon: «Mirando los años venideros y a todas las fuentes de financiamiento externo -entidades internacionales, Europa y el Japón, así como Norteamérica, las nuevas inversiones privadas y las inversiones de fondos públicos- si Latinoamérica toma las medidas internas necesarias -condición previa- podrá lógicamente esperar que sus esfuerzos -no es tampoco que si toma las medidas ya está concedido, sino que «podrá lógicamente esperarse»- que sus esfuerzos serán igualados por un flujo de capital del orden de por lo menos veinte mil millones de dólares en los próximos diez años. Y la mayoría de estos fondos procederán de fuentes oficiales.»
¿Esto es lo que hay? No, lo que hay son quinientos millones aprobados, esto es de lo que se habla. Hay que puntualizar bien esto, porque es el centro de la cuestión. ¿Qué se quiere decir? -y yo aseguro que no lo pregunto por nosotros, sino en el bien de todos- ¿qué quiere decir: «si Latinoamérica toma las medidas internacionales necesarias»; y qué quiere decir: «podrá lógicamente esperar»?
Creo que después en el trabajo de las Comisiones o en el momento en que el Representante de los Estados Unidos lo juzgue oportuno, habrá que precisar un poco este detalle, porque veinte mil millones es una cifra interesante. Es nada más que las dos terceras partes de la cifra que nuestro Primer Ministro anunció como necesaria para el desarrollo de América; un poquito más que se empuje y llegamos a los treinta mil millones. Pero hay que llegar a esos treinta mil millones contantes y sonantes, uno a uno, en las arcas nacionales de cada uno de todos los países de América, menos esta pobre cenicienta que, probablemente, no recibirá nada.
Allí es donde nosotros podemos ayudar, no en plan de chantaje, como se está previendo, porque se dice: No, Cuba es la gallina de los huevos de oro, está Cuba, mientras esté Cuba, los Estados Unidos dan. No, nosotros no venimos en esa forma, nosotros venimos a trabajar, a tratar de luchar en el plano de los principios y de las ideas, para que nuestros pueblos se desarrollen, porque todos o casi todos los señores Representantes han dicho: Si la Alianza para el Progreso fracasa, nada puede detener la ola de movimientos populares -yo lo digo con mis términos, pero eso se quiso decir-, nada puede detener las olas de movimientos populares, si la Alianza para el Progreso fracasa, y nosotros estamos interesados en que no fracase, en la medida que signifique para América una real mejoría en los niveles de vida de todos sus doscientos millones de habitantes. Puedo hacer aquí esta afirmación con honestidad y con toda sinceridad.
Nosotros hemos diagnosticado y previsto la revolución social en América, la verdadera, porque los acontecimientos se están desarrollando de otra manera, porque se pretende frenar a los pueblos con bayonetas, y cuando el pueblo sabe que puede tomar las bayonetas y volverlas contra quien las empuña, ya está perdido quien las empuña. Pero si el camino de los pueblos se quiere llevar por este desarrollo lógico y armónico, por préstamos a largo plazo con intereses bajos, como anunció el señor Dillon, a cincuenta años de plazo, también nosotros estamos de acuerdo.
Lo único, señores Delegados, es que todos juntos tenemos que trabajar para que aquí se concrete esa cifra y para asegurar que el Congreso de Estados Unidos la apruebe, porque no se olviden que estamos frente a un régimen presidencial y parlamentario, no es una «dictadura» como Cuba, donde se para un señor representante de Cuba y habla en nombre del Gobierno, y hay responsabilidad de sus actos; aquí, además, tiene que ser ratificado allí, y la experiencia de todos los señores Delegados es que muchas veces no fueron ratificadas allí las promesas que se hicieron aquí.
Bien, es muy largo lo que tengo que decir en cada uno de los puntos, abreviaremos para discutirlos, con espíritu fraterno, en las Comisiones. Simplemente unos datos generales, unas apreciaciones generales.
La tasa de crecimiento que se da como una cosa bellísima para toda América es 2,5% de crecimiento neto. Bolivia anunció 5% para diez años, nosotros felicitamos al Representante de Bolivia y le decimos, que con un poquito de esfuerzo y de movilización de las fuerzas populares, puede decir 10%. Nosotros hablamos de 10% de desarrollo sin miedo ninguno, 10% de desarrollo es la tasa que prevé Cuba para los años venideros. ¿Qué indica esto, señores Delegados? que si cada uno va por el camino que va, cuando toda América, que actualmente tiene aproximadamente un per cápita de 330 dólares y vea crecer su producto neto en 2,5% anual allá por el año 1980, tendrá quinientos dólares per cápita. Claro que para muchos países es un verdadero fenómeno.
¿Qué piensa tener Cuba en el año 1980? Pues un ingreso neto per cápita de unos tres mil dólares, más que los Estados Unidos actualmente. Y si no nos creen, perfecto; aquí estamos para la competencia, señores. Que se nos deje en paz, que nos dejen desarrollar y que dentro de veinte años vengamos todos de nuevo, a ver si el canto de sirena era el de la Cuba revolucionaria o era otro. Pero nosotros anunciamos, responsablemente, esa tasa de crecimiento anual.
Los expertos sugieren sustitución de ineficientes latifundios y minifundios por fincas bien equipadas. Nosotros decimos: ¿quieren hacer Reforma Agraria?, tomen la tierra al que tiene mucha y dénsela al que no la tiene. Así se hace Reforma Agraria, lo demás es canto de sirena. La forma de hacerlo: si se entrega un pedazo en parcelas de acuerdo con todas las reglas de la propiedad privada; si se hace en propiedad colectiva; si se hace una mezcla -como tenemos nosotros- eso depende de las peculiaridades de cada pueblo. Pero la Reforma Agraria se hace liquidando los latifundios, no yendo a colonizar allá lejos.
Y así podría hablar de la redistribución del ingreso que, en Cuba se hizo efectiva, porque se les quita a los que tienen más y se les permite tener más a los que no tienen nada o a los que tienen menos, porque hemos hecho la Reforma Agraria, porque hemos hecho la Reforma Urbana, porque hemos rebajado las tarifas eléctricas y telefónicas -que, entre paréntesis, ésta fue la primer escaramuza con las compañías monopolistas extranjeras-, porque hemos hecho círculos sociales obreros y círculos infantiles, donde los niños de los obreros van a recibir alimentación y viven mientras sus padres trabajan, porque hemos hecho playas populares, y porque hemos nacionalizado la enseñanza, que es absolutamente gratuita. Además, estamos trabajando en un amplio plan de salud.
De industrialización hablaré aparte, porque es la base fundamental del desarrollo y así lo interpretamos nosotros. Pero, hay un punto el cual es muy interesante -es el filtro, el purificador: los técnicos, creo que son siete-, de nuevo señores, el peligro de la letrinocracia, metido en medio de los acuerdos con que los pueblos quieren mejorar su nivel de vida; otra vez políticos disfrazados de técnicos diciendo, aquí sí y aquí no; porque tú has hecho tal cosa y tal cosa, sí -pero en realidad porque eres un fácil instrumento de quien da los medios-; y a ti no, porque has hecho esto mal -pero, en realidad, porque no eres instrumento de quien da los medios, porque dices, por ejemplo, que no puedes aceptar como precio de algún préstamo que Cuba sea agredida.
Ese es el peligro, sin contar que los pequeños, como en todos lados, son los que reciben poco o nada. Hay, señores Delegados, un solo lugar donde los pequeños tienen derecho al «pataleo», y es aquí, donde cada voto es un voto, y donde eso hay que votarlo, y pueden los pequeños -si están en actitud de hacerlo- contar con el voto militante de Cuba en contra de la medida de los «siete», que es «esterilizante», «purificante» y destinada a canalizar el crédito, con disfraces técnicos por caminos diferentes.
¿Cuál es la posición que verdaderamente conduzca a una auténtica planificación, que debe tener coordinación con todos, pero que no puede estar sujeta a ningún otro organismo supranacional?
Nosotros entendemos -y así lo hicimos en nuestro país, señores Delegados-, que la condición previa para que haya una verdadera planificación económica es que el poder político esté en manos de la clase trabajadora. Ese es el sine qua non de la verdadera planificación para nosotros. Además, es necesaria la eliminación total de los monopolios imperialistas y el control estatal de las actividades productivas fundamentales. Amarrados bien de esos tres cabos, se entra a la planificación del desarrollo económico; si no, se perderá todo en palabras, en discursos y en reuniones.
Además, hay dos requisitos que permitirán hacer o no que este desarrollo aproveche las potencialidades dormidas en el seno de los pueblos, que están esperando que las despierten. Son, por un lado, el de la dirección central racional de la economía por un poder único, que tenga facultades de decisión -no estoy hablando de facultades dictatoriales, sino facultades de decisión- y, por otro, el de la participación activa de todo el pueblo en las tareas de la planificación.
Naturalmente, para que todo el pueblo participe en las tareas de la planificación, tendrá que ser todo el pueblo dueño de los medios de producción, si no, difícilmente participará. El pueblo no querrá, y los dueños de las empresas donde trabaja me parece que tampoco.