Discurso de Venustiano Carranza en su Primer Informe de Gobierno
Chapter 13
Será entonces cuando al lado de Vuestra Señoría se destaquen también con refulgencias inextinguibles, tantos ciudadanos beneméritos, abrumados de lauros, a quienes ya desde hoy, la opinión pública, con instinto finísimo de justicia, ha discernido puesto de honor entre vuestros sobresalientes colaboradores; y será también cuando con sereno y desapasionado juicio, se descuenten los cargos que sistemáticamente han formulado contra nuestra gloriosa Revolución sus jurados enemigos, al divulgar, en mil diversas formas, para desvirtuarla y escarnecerla, sus crudezas, sus atentados, sus violencias, sus represalias, todas ellas lógicas, disculpables, ineludibles, pues desde que la humanidad ha venido luchando a través de los siglos y en todas las zonas del planeta por los grandes ideales de justicia y de libertad, ha procedido con la furia ciega de los elementos desencadenados de la naturaleza, arrollando, arrasando, demoliendo, que al Tabor de todas las redenciones se ha llegado siempre por un viacrucis erizado de abrojos y de miserias.
No menos embargará la atención de los juzgadores de esta tormentosa etapa histórica el hecho de suyo enaltecedor, de que enmedio de las fatigas de la cruenta lucha se hubiera preocupado la Revolución de poner los cimientos de la reconstrucción nacional en todas las diversas ramas del servicio público, de acuerdo con sus finalidades y propósitos reivindicadores.
Justipreciarán, sin duda, los pósteros, la resella administrativa contenida en los diversos capítulos de vuestro mensaje en los que habéis puntualizado con sobriedad, pero con exactitud, toda la labor desarrollada en los diversos departamentos de Estado.
Y una Revolución que al mismo tiempo que destruye y rompe los viejos moldes, se preocupa desde sus orígenes en mejorar el servicio público, trazando orientaciones nuevas tendentes a satisfacer
las necesidades públicas, en consonancia con el clamor de los oprimidos, con las deprecaciones de los humildes, parias todos ayer, elevados hoy a la dignidad imponderable de la ciudadanía; una Revolución que aniquila y crea al mismo tiempo, que redime y dignifica, tendrá derecho siempre a ser enaltecida, a ser ensalzada y a ser glorificada por la posteridad.
Cuando habéis consignado en lo que atañe a la labor efectiva, desarrollada durante los cuatro arios de lucha, en el orden administrativo, acredita de modo irrecusable la sinceridad con que ha procedido en todos sus actos de nuestro Gobierno Preconstitucional, el Gobierno de la Revolución.
Y hoy que se inicia la etapa constitucional, con la instalación solemne del Poder Legislativo, emanado del sufragio público; hoy que la efectiva representación del pueblo, que se armó para derrocar a la usurpación y para reconquistar el imperio de la ley, abre las puertas de este santuario convertido ayer en palenque en que ardorosamente se han discutido las credenciales de los representantes del pueblo, podéis estar seguro de que, unificados todos en convicciones y en propósitos dentro del dogma revolucionario, no liarán, no podrán hacer, no sabrán hacer otra cosa, que cumplir con su deber, robusteciendo la acción del Ejecutivo que hubiere surgido de las urnas electorales, secundando políticamente cuanto el futuro Presidente Constitucional de la República promueva en consonancia con las necesidades públicas que se manifestaron durante el período de la contienda armada. Y es natural.
Si tanto el futuro Mandatario Supremo del país, como este Congreso de la Unión son la cristalización de la voluntad popular, si uno y otro Poder estarán integrados por los que en esta época de prueba han contribuido en diversas formas y en diferentes grados al triunfo de la Revolución, los componentes del Congreso de la Unión serán los genuinos e inmediatos colaboradores del Poder Ejecutivo, y el Poder Ejecutivo un coadyuvante de la Representación Popular.
Unos y otros tendrán que marchar por decoro, por honor, por patriotismo, en la misma senda, siguiendo el mismo derrotero, persiguiendo la misma finalidad: el bien del pueblo, la grandeza de la patria, la prosperidad común, la efectividad de las promesas revolucionarias, por medio de leyes que garanticen el imperio sereno de la justicia; el reinado absoluto de la libertad.
No pueden, no deben, por esto, existir más partidos políticos que los que tradicionalmente se han debatido a través de la historia, desde la Independencia acá, el liberal, que es hoy el partido de la Revolución y el conservador que es hoy el enemigo de la Revolución.
El Poder Legislativo integrado por ciudadanos revolucionarios, y por consiguiente liberales, luchará únicamente contra su enemigo histórico.
Pondrá todo su entusiasmo, toda su conciencia, todo su corazón al servicio de la patria y colaborará honradamente, dentro de los principios revolucionarios, can el Gobierno Constitucional, emanado de la Revolución.
Nunca podrá ser inconsecuente consigo mismo.
Nunca podrá traicionar a su propia conciencia.
Esta gloriosa Revolución, entre otros beneficios para la patria, ha tenido la dicha de aportar una enseñanza fecunda para la actual y las futuras generaciones: la de que los atentados contra la Ley, las asonadas, los motines, los cuartelazos, los crímenes contra la majestad de la ley, contra el orden constitucional, despiertan la ira del pueblo, arman el brazo popular y marcan con el hierro candente de la infamia la frente de los Iscariotes.
Podéis estar seguro, señor, de que el glorioso, el abnegado Ejército Constitucionalista, ha logrado estirpar para siempre en nuestra patria la simiente fatídica de la traición.
Ciudadano Primer Jefe del Ejército Constitucionalista, Encargado del Poder Ejecutivo de la Unión:
Me siento feliz por haberme deparado mi fortuna la dicha de haber colaborado con el Presidente Mártir para derrocar en 1910 la dictadura ominosa de siete lustros; me siento feliz de haber tenido la gloria de coadyuvar al lado de Vuestra Soberanía en el derrocamiento del Gobierno usurpador que levantó su solio sobre la traición y el crimen: y más feliz aún me siento por esta rara coincidencia: el 16 de septiembre de 1912, como Presidente del Congreso de la Unión, tuve yo el honor de contestar el mensaje del Presidente apóstol, del mártir de la libertad mexicana.
Y hoy 15 de abril de 1917, cuando el Jefe Supremo de la victoriosa Revolución penetra por primera vez en el recinto augusto de las leyes, para informar a la Representación del pueblo, siquiera sea esquemáticamente, sobre sus actos como caudillo y como mandatario, también me ha tocado en suerte el honor de contestar el informe del Jefe de la Revolución.
Séame permitido, por esa feliz coincidencia, que me coloca a través del tiempo en condiciones análogas, cerrar esta respuesta con las mismas frases con que lo hice el 16 de septiembre de 1912:
Transformada la Revolución en Gobierno, aunque sólo sea parcialmente, el país espera ver su obra para fallar en definitiva.
Nadie ignora los grandes obstáculos con que tropieza la satisfacción de las aspiraciones generales, y por eso el país está, satisfecho de lo que se ha logrado, no tanto por lo que va hecho, como por lo que augura que no es, en síntesis, sino la realización tangible de los tres supremos anhelos que expresan las palabras "Tierra, Justicia y Libertad". Fuente:
Los presidentes de México ante la Nación : informes, manifiestos y documentos de 1821 a 1966. Editado por la XLVI Legislatura de la Cámara de Diputados. 5 tomos. México, Cámara de Diputados, 1966. Tomo 3. Informes y respuestas desde el 1 de abril de 1912 hasta el 1 de septiembre de 1934.
Los cinco tomos fueron digitalizados por la Universidad de Texas: http://lanic.utexas.edu/larrp/pm/sample2/mexican/history/index.html
Categoría:Documentos de Venustiano Carranza