Discurso De Toma De Posesion De Carlos Salinas De Gortari Como
Chapter 2
La política económica de 1989 será de transición, ello es obligado por el tiempo que requiere el proceso de negociación firme de la deuda con el exterior, por eso también ésta tiene que resolverse pronto, mientras así ocurre, se requiere mantener estricta disciplina en el manejo económico para reducir la vulnerabilidad de nuestra balanza de pagos y evitar que ellos nos debilite en la negociación externa.
Les pido a mis compatriotas que hagamos el esfuerzo adicional que esta transición requiere, así enfrentaremos la negociación con nuestros acreedores en una posición de mayor fortaleza.
Estoy convencido que lograremos una renegociación satisfactoria, porque tenemos la razón y los argumentos para alcanzarla; podremos entonces entrar a una nueva etapa de crecimiento económico, con estabilidad y equidad; crearemos así las condiciones para que los mexicanos se instalen a vivir con decoro y no a sobrevivir con estrechez.
Una política económica congruente y una concertación eficaz han permitido abatir la inflación a niveles no observados hace casi ya dos décadas; sobre la base de la experiencia exitosa del pacto, haremos institucional la concertación con los sectores sociales como método permanente para la definición de la política económica; crearemos bajo el amparo de la Ley de Planeación, el Consejo Nacional de Concertación Económica.
En ese marco habrán de precisarse los criterios generales de la política económica para el próximo año e integrarse el Plan Nacional de Desarrollo 1989- 1994.
Razón principal del empeño del gobierno es el ver por la prosperidad y seguridad de los ciudadanos; volveremos a crecer pero no esperaremos a la recuperación para iniciar el camino hacia la justicia y la equidad, por eso, propongo a la nación poner en marcha de inmediato un acuerdo nacional para el mejoramiento productivo del bienestar popular y elevar así el nivel de vida de nuestros compatriotas.
Para hacer realidad este acuerdo, concentraremos recursos y esfuerzos en cuatro temas críticos, prioridades sociales de mi gobierno, cuya atención ya no admite ni titubeos ni posposiciones, éstos son: la erradicación de la pobreza extrema; la garantía de seguridad pública; la dotación suficiente de servicios básicos en los estados de la República, y el restablecimiento de la calidad de vida en la ciudad de México.
El propósito medular de la Revolución Mexicana, que es el de la justicia social, no ha sido alcanzado; recobremos la capacidad de indignación ante la pobreza y la desigualdad que todavía extienden su sombra en diversas partes del país; la pobreza casi siempre se retroalimenta, no sale de sí misma, sino con un impulso de ruptura y de cambio.
Para revertir la baja en los niveles de vida, hay que actuar ya, y hacerlo decididamente.
Pondré de inmediato en marcha el Programa Nacional de Solidaridad Social, con acciones eficaces en las regiones rurales y en las zonas urbanas con niveles de vida más deprimidos; asimismo, se enfocará hacia los grupos indígenas, quienes exigen respeto, nuestro máximo apoyo y trato justo.
Si bien es cierto que aumentando el empleo y elevando la cobertura y la calidad de la educación crearemos los medios estructurales para revertir la iniquidad y la creciente concentración del ingreso, necesitamos complementarlos con este Programa de Solidaridad Social; no pretendo en unos cuantos años eliminar deudas seculares, no se trata de quitar para dar, sino de cumplir el compromiso histórico y moral con los que más han padecido.
El bienestar de cada familia tendrá que ser la medida de la prosperidad de la nación; el gran propósito de equidad es que todos eleven su nivel de vida, pero los que menos tienen deben beneficiarse más, y los que más han alcanzado, menos.
Me inspiro para proponerlo en los "Sentimientos de la Nación", de (José María) Morelos.
Para enfrentar niveles de vida abatidos, vamos a promover nuevas formas sociales de incorporación al trabajo, es decir, programas productivos para elevar el bienestar social y no subsidios indiscriminados que perpetúen la iniquidad; se incluirán acciones de alimentación, de vivienda popular con crédito ágil, de procuración de justicia, de apertura y mejoramiento de espacios educativos, de electrificación de las comunidades, de agua potable, de infraestructura agropecuaria y de salud, de reforestación y programas de inversión recuperable; al participar en este programa, los mexicanos podrán convertir en permanente la solidaridad mostrada ante los terremotos de 1985.
Convoco a todos mis compatriotas a comprometerse solidariamente con los que menos tienen para enfrentar la situación, en ocasiones dramática, de la población de menores ingresos.
La tarea primaria, básica, irrenunciable de un buen gobierno, es ofrecer seguridad en la vida cotidiana a las personas, a sus familias y a sus bienes; la seguridad de los mexicanos a lo largo de toda la República, es empeño en el que no voy a transigir en los seis años que tenemos por delante.
La población está cansada de la impunidad del delito, de la arrogancia de algunas autoridades, de la no observancia sistemática de la ley por muchos de nuestros conciudadanos; con pleno respeto a su autonomía y dignidad, estableciendo los medios que la Suprema Corte de Justicia de la Nación requiere para que cumpla con su responsabilidad de tribunal constitucional, prestaremos todo el auxilio al Poder Judicial de la Federación; renovaremos las corporaciones policiales del país y reajustaremos severamente su estructura a fin de garantizar control, honestidad y eficacia; combatiremos los delitos con rapidez y con equidad; someteré iniciativa de reformas para elevar las penas sobre los delitos más irritantes.
El pueblo exige acción enérgica, atenderé su reclamo.
El narcotráfico se ha convertido en un grave riesgo para la seguridad de la nación y para la salud de los mexicanos, su combate es ya razón de Estado; crearé en la Procuraduría General de la República dedicada a su exclusivo combate, con más personal y mayor adiestramiento; elevaremos las sanciones por su tráfico, y perseguiremos con energía redoblada a sus promotores, sea quien sea.
Nos abocaremos con realismo, con ingenio, a la construcción de una eficaz red de servicios básicos en todos los estados de la República.
La responsabilidad gubernamental no puede ni debe asumir sola la solución a este problema, muchos sectores de la población pueden contribuir, los objetivos son claros:
En materia de alimentación, garantizar la oferta tanto en el campo como en la ciudad, regular el mercado de básicos y disminuir la inflación; en el área de abasto, transformar las redes de comercialización y asegurar una política clara, explícita y transparente en el uso de subsidios que sean absolutamente indispensables; en materia de salud, ampliar los servicios de atención primaria, elevar su calidad sobre todo en la atención cordial al público, y fortalecer la descentralización del sector, junto con la modernización de su infraestructura; mantendremos metas elevadas en materia de vivienda, primer espacio concreto en que se desenvuelve la vida, se forman las costumbres, se enraízan los valores y la moral; haremos que se respete y se renueve el medio ambiente; tendremos que aprender a vivir sin contaminar, cambiando nuestras actitudes y conductas sin excepción, porque a todos afecta; procederemos de inmediato con acciones que permitan fortalecer el ingreso de pensionados y jubilados que entregaron sus esfuerzos para el bien de nuestra patria.
Tarea principal de los próximos años será la de asegurar cantidad y cobertura suficiente en materia educativa, pero la prioridad será alcanzar la calidad que requieren sociedad y economía; si nos rezagamos de la revolución del conocimiento, estaremos cancelando el futuro.
Canalizaremos recursos crecientes a la educación básica y media; responderemos al reclamo de los centros de educación superior para fortalecer sus tareas y el nivel de vida de profesores, investigadores y trabajadores; la sociedad espera a cambio mayor calidad en la preparación que se dé a los jóvenes y mayor dedicación de ellos al estudio.
Quiero decirles a los maestros de la patria que su labor es fundamental, tienen la grave responsabilidad de educar a nuestros hijos en un ámbito de libertades, pero estoy convencido que para pedirles más calidad, tendremos que mejorar su nivel de vida; cumpliremos el compromiso tomado con los maestros, para que así ellos pueden cumplirle a México.
Instruyo al Secretario de Educación Pública para que convoque en el plazo más breve a maestros, padres de familia y organizaciones responsables, y en el marco de la libertad de educación se integre un programa que permita realizar la gran transformación del sistema educativo, sin el cual el país no podrá modernizarse ni alcanzar la equidad.
Convoco respetuosamente a los señores gobernadores a utilizar eficazmente este compromiso de la federación por más seguridad y mayor nivel de vida para los estados; estoy convencido que ustedes, en el ámbito geográfico de su responsabilidad, cumplirán también con talento y eficacia ante este intenso clamor de sus ciudadanos.
En la capital de la República, sumados a necesidades sociales y productivas, dos reclamos recorren cada vivienda, cada familia, cada centro de trabajo: más seguridad y menos contaminación.
La capital está en crisis de salud y seguridad.
Los habitantes del Distrito Federal están hartos de promesas de la autoridad frente a la creciente inseguridad, al presenciar a familiares o amistades vejados o abusados, y que sus hijos padezcan ya los daños de la contaminación; doy instrucciones precisas, urgentes y enérgicas, al Jefe del Departamento del Distrito Federal para que actué de inmediato con acciones eficaces, alentando la participación de la comunidad para abatir el delito y la contaminación.
La ciudadanía ha dicho que ya basta, no puede esperar y tiene razón, actuaremos con firmeza y oportunidad.
Conciudadanos, estos tres acuerdos nacionales para la democracia, el desarrollo y la justicia, requieren corresponsabilidad, compromiso y acción; la nueva realidad de México y los justos reclamos de nuestros compatriotas los hacen indispensables; exigirán una enorme labor de concertación política y comunicación social para cumplir con su cometido, de sus resultados dependerá el rumbo futuro de la nación, en nuestras manos está el hacerlos realidad.
Hay que sumarnos y realizar el esfuerzo adicional que exigen, México lo necesita, nuestros hijos se lo merecen.
La consecución de los tres acuerdos nacionales, hará que nuestra voluntad en el exterior lleve no sólo la fuerza del Estado sino también la de la sociedad entera, la respuesta al desafío internacional de México, a su vez, retroalimentará la realización exitosa de los acuerdos internamente pactados.
La norma del comportamiento exterior de México permanecerá inalterable, la no intervención y la autodeterminación de los pueblos, la cooperación internacional para el desarrollo, la resolución pacífica de los conflictos, la búsqueda de la paz, la proscripción de la amenaza o el uso de la fuerza en las relaciones internacionales y la igualdad jurídica de los estados.
Si somos celosos por tradición, casi por naturaleza, de nuestra independencia política, debemos comprender sin menoscabo de ello, que en el mundo contemporáneo las distancias y los tiempos casi no existen; las relaciones económicas, sociales y culturales, se vuelven cada vez más interdependientes, hay más interdependencia entre ricos y pobres, entre poderosos y débiles, entre el norte y el sur, el este y el oeste.
Modernizar el país en este sentido, quiere decir abrirnos al mundo contemporáneo, reafirmando nuestra identidad.
Buscaremos nuevos equilibrios con Estados Unidos de América, ámbito de oportunidades y delicadas diferencias; atenderemos los agudos problemas bilaterales de la deuda y del comercio, el combate sin cuartel al narcotráfico y la protección de los derechos humanos y laborales de nuestros trabajadores migratorios.
Estos retos nos exigen por respeto a nuestros pueblos, el más decidido esfuerzo de acción concertada y colaboración respetuosa.
Con Canadá, estrecharemos aún más nuestra relación.
La similitud de nuestras dificultades y el nuevo escenario mundial reclaman una vigorosa política de relación con América Latina y El Caribe, que fortalezca nuestra identidad regional y abra espacios efectivos al desarrollo y a la democracia.
Sé que esta visión de México coincide con la de las naciones latinoamericanas; quiero saludar aquí a los destacados jefes de Estado y de gobierno de la República Argentina, doctor Raúl Alfonsín; de Belice, señor Manuel Esquivel; de Colombia, doctor Virgilio Barco; de Cuba, comandante Fidel Castro; de Honduras, ingeniero José Simón Azcona; de El Salvador, ingeniero José Napoleón Duarte; de Guatemala, licenciado Vinicio Cerezo, y de Nicaragua, comandante Daniel Ortega, su presencia en nuestro país ratifica una voluntad de afianzar los acercamientos y abrir paso a una nueva etapa de integración entre nuestras naciones.
Reciban ustedes mi agradecimiento y lleven a sus pueblos la ratificación del compromiso de México con América Latina.
Fortaleceremos nuestra relación con la dinámica integradora de la comunidad europea; abriremos nuevos y más amplios cauces de comunicación y relación con la Cuenca del Pacífico, en especial con Japón, país con el que nos hermana esfuerzo y profundidad cultural; con la Unión de Repúblicas Soviéticas mantendremos nuestra relación de amistad, al igual que con la India; con la República Popular China buscaremos seguir ampliando la cooperación, así como los países de Asia y áfrica.
Con todas las naciones con la que tenemos lazos de amistad y entendimiento, promoveremos relaciones fructíferas y respetuosas; el beneficiario económico y político para México será innegable.
Agradezco la presencia de sus delegaciones oficiales.
Asumo con orgullo la elevada responsabilidad de comandante supremo de las Fuerzas Armadas mexicanas, desempeñaré tan honroso cargo velando en todo momento por la independencia y la soberanía del país, la integridad de su territorio y la seguridad nacional, lo haré con estricto apego a la Constitución y a las leyes que nos rigen, así como a las normas de la convivencia internacional, surgidas del pueblo y comprometidas inquebrantablemente con sus más caros ideales y anhelos.
Las Fuerzas Armadas son ejemplo de patriotismo, lealtad institucional, espíritu de solidaridad, sacrificio, y vocación pacifista y democrática; buscaré fortalecerlas y modernizarlas, incrementado su eficiencia operativa y administrativa; impulsaré la superación del nivel profesional, moral y económico de sus miembros y de sus familias.
Reconozco la valiosa contribución de nuestros soldados y marinos al desarrollo del país y lealtad, y me alienta la convicción de que habré de contar con su firme respaldo en la magna tarea de forjar el México vigoroso, justo y democrático al que todos aspiramos.
Honorable Congreso de la Unión:
Cumpliré con el mandato que me dieron las mayorías del país; para hacerlo, reitero que gobernaré para todos.
Es propio de cada inicio de un nuevo gobierno llamar a la unidad de los mexicanos, porque sabemos que las tareas divididas y encontradas tan sólo consiguen degradar el ánimo y ocultar la esperanza de la sociedad; hoy, el llamado a la unidad es más profundo y más riguroso, es una necesidad de sobrevivencia colectiva, y es por tanto, propósito central de mi gobierno.
Todos tenemos la responsabilidad de mantener la paz social, tesoro que nos heredaron nuestros antepasados y que estamos obligados a conservar para nuestros hijos; todos tenemos una responsabilidad en la recuperación de México.
Unidos, es poco lo que no podamos alcanzar; divididos, es mucho lo que dejaremos de lograr.
Vamos al encuentro de la nueva unidad nacional, unidad sensible a las demandas de las mayorías, unidad de solidaridades y corresponsabilidad.
La unidad demandará lo mejor de nosotros mismos, ánimo para vencer obstáculos, arrojo para conjugar acciones y propósitos.
Vamos a ir construyendo una sociedad de corresponsabilidades, se trata de una tarea comprometida en la que todos tenemos que participar; pido solidaridad para afirmar logros y acrecentarlos; vamos a construir una sociedad donde demandas e inquietudes encuentren cauces para expresarse.
El pueblo de México nos exige cosas sencillas pero no menos profundas, cumplir las promesas, hacer lo que se dice, responder a lo pactado; el mexicano quiere cambios que eleven su bienestar, respeten su dignidad y garanticen su seguridad.
Asumo la responsabilidad de responder a este reclamo para cambiar, actuemos, hagámoslo ya.
México no está detenido, está inmerso en una enorme dinámica, esto es lo que podemos hacer cada uno para que juntos sigamos cambiando:
Con nuevas prácticas, podemos actualizar las relaciones entre el Estado y los campesinos; desterrar el paternalismo, protegiendo a los más débiles, dándoles amparo y defensa; reconocer en los hechos la probada capacidad de los hombres del campo para organizarse y ser conductores de su propio destino; seré promotor del nuevo modo de vida campesino, donde su trabajo se traduzca en ingresos justos y bienestar, a ellos los convoco a un esfuerzo adicional en el empeño de producir más y mejor y asumir de manera plena y responsable el control de sus organizaciones.
Con nuevas relaciones, podemos fortalecer la vinculación entre el Estado y el movimiento obrero, dando prioridad al empleo y a las medidas para restituir el valor de su salario; me comprometo a formular con las organizaciones de los trabajadores, las bases de la nueva legislación laboral del siglo XXI; será indispensable su participación para orientar la modernización en condiciones de justicia y productividad.
Reconozco y destaco la gran tarea de los trabajadores al servicio del Estado, fortaleceremos su nivel de vida y haremos que se reconozca la importancia de su labor.
Vamos a cambiar las relaciones entre el Estado y los grupos populares y medios; promoveré las condiciones para la participación y la organización; encontrarán en mi gobierno una actitud abierta, flexible y de respuesta a sus demandas; me apoyaré en el diálogo permanente para promover el cambio y forjar una nueva cultura urbana.
Exhorto a los profesionistas, a los pequeños comerciantes, a los trabajadores en los servicios, a todos los hombres y mujeres de nuestras ciudades, a canalizar su gran vitalidad transformadora hacia metas constructivas.
Vamos a estrechar las relaciones del Estado y los intelectuales; a través de un nuevo Consejo del Programa Nacional de Cultura, promoveremos participativamente el florecimiento cultural, la investigación científica y tecnológica y el ejercicio de la creatividad dentro del más cabal y amplio concepto de la libertad, porque es claro que sin libertad no hay cultura ni verdadera educación, ni genuino desarrollo; abriré los medios electrónicos de comunicación del Estado al libre flujo de las ideas y las imágenes, la crítica y el debate.
Vamos a modernizar las relaciones entre el Estado y la prensa; avanzaremos hacia una mejor relación entre medios y gobierno, entre medios y ciudadanos.
Reitero mi respeto absoluto al ejercicio pleno y responsable que los medios hagan de la libertad de expresión, acción vital para la democracia y el buen gobierno.
Con los empresarios, reitero mi compromiso de generar un ambiente propicio para la inversión privada, y con ella, para la creación de empleo y bienestar; estoy decidido a apoyar al empresario moderno que arriesga su capital y su talento, sensible y respetuoso de las demandas de los demás grupos de la sociedad; daremos reglas claras y certidumbre en las acciones del gobierno; simplificaremos regulaciones que obstaculizan la producción y solamente alimentan burocracias; promoveremos los flujos de inversión extranjera, en el marco de nuestras prioridades y con el propósito de generar empleo, transferencia tecnológica y aumento de nuestras exportaciones.
Pido a los empresarios invertir y reinvertir con visión moderna y emprendedora, y seguir comprometiéndose en la estabilidad económica, porque es en el interés de todos.
Tenemos que cambiar la relación con los jóvenes, ofrezco recoger su entusiasmo inconforme, su solidaridad intuitiva y espontánea, su agudo sentido de la justicia; responderé a su demanda por mejor educación, creación de oportunidades, de trabajo digno y bien remunerado, y apertura de facilidades de esparcimiento para evitar los riesgos de vicio y drogadicción; en especial, pondré en marcha un programa sin precedente, de promoción al deporte como lo comprometí.
Les pido que mantengan su inconformidad, aumenten su participación organizada y ratifiquen su orgullo por ser mexicanos.
Vamos a asegurar la plena incorporación de las mujeres a la vida social, vigilaré que los hechos se respeten los derechos de la mujer y se abran más oportunidades a su desempeño; desterremos para siempre prácticas atávicas en el trabajo, en la vida política, en la fábrica y en el campo.
Lo he dicho y lo reitero, a igual capacidad igual oportunidad, porque queremos hacer de la sociedad mexicana una escala de mérito y no de discriminación entre hombres y mujeres; salvaguardar la integridad física y moral de la mujer será siempre prioridad de mi gobierno.
Valoro el doble esfuerzo de la mujer mexicana en la familia y en el trabajo, sé que seguirá participando activamente en la transformación del país, creo en las causas de las mujeres, sus triunfos serán victorias para México.
Cambiaremos Estado y sociedad, nuestra actitud y conducta hacia los niños; daremos una atención privilegiada a sus necesidades, ellos son razón de nuestro empeño; promoveremos acciones de impacto y fortalecimiento a la familia, que es el núcleo que reproduce nuestros valores esenciales.
Para atender mejor a la niñez, primero debemos cuidar más a la familia, haremos un esfuerzo sin precedente por aliviar las necesidades básicas de los niños de México; inculquemos en ellos los valores del respeto a sí mismos, de la dedicación al trabajo, de la honestidad, de la justicia, la libertad, del aprecio por el esfuerzo de sus padres, de su comunidad y de su patria.
A mis colaboradores exigiré, sin apelación a ligas de amistad, el eficaz cumplimiento de sus deberes, el más escrupuloso y honesto de los comportamientos personales y el mayor de sus esfuerzos.
Al protestar hoy cumplir el mandato del pueblo como Presidente de México, declaro que asumo con solemnidad mi cargo, que abrazo mi responsabilidad con ánimo y con pasión al servicio de la República.
En mí no hay temor ni desencanto hay firmeza y optimismo; respeto y aprendo de nuestra historia, tengo sagradas nuestra soberanía e independencia; amo a mi tierra y a mi gente.
Al entregarme a México, aumentaré mis fuerzas y alargaré mis días.
Esta es mi vocación y ésta mi convocatoria.
Mexicanos, construir un país no es hazaña de un sólo golpe de heroísmo, es tarea cotidiana, tarea repetida de hombres y mujeres; nuestras creencias, nuestras costumbres, nuestro lenguaje, todo lo que ha ido construyendo a México a través de los siglos, todo ello constituye una reserva infinita de fortaleza y reciedumbre.
¿Cómo negar, sin embargo, los inmensos rezagos que por instantes, parecen cerrarnos el horizonte?, no falta quien en estas circunstancias, se hundan en la desesperanza, el cinismo o el temor, no falta tampoco quien busque sacar ventaja personal del desconcierto, pero a la inmensa mayoría de los mexicanos nos vincula hoy un deseo y una convicción; el deseo de abrir y ver claro el horizonte de la nación, la convicción de que lo alcanzaremos sólo si lo concebimos como una obra conjunta.