Discurso De Toma De Posesion De Carlos Salinas De Gortari Como

Chapter 1

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Honorable Congreso de la Unión;

Mexicanos:

Con emoción y convicción he protestado guardar y hacer guardar la Constitución General de la República y las leyes que de ella emanan.

Conozco las facultades que me otorgan, las ejerceré a plenitud para responder al mandato ciudadano; conozco las limitaciones que la ley me impone y aquellas que la costumbre y la voz popular reclaman de mi conducta, las acataré con civismo; pondré en práctica una presidencia democrática, que respete y fortalezca el equilibrio constitucional de los poderes Legislativo y Judicial; promoveré una eficaz relación con los gobiernos de los estados y municipios, alentando la descentralización de funciones, recursos y actividades; sobre la solidez de las instituciones de la República, la presidencia fincará la conducción del país.

Defenderé siempre con lealtad y patriotismo los intereses supremos de la nación; gobernaré para todos los mexicanos; serviré a mis compatriotas, a todos sin distinción ni preferencia; seré prudente para nunca arriesgar el destino del país; seré decidido para hacer avanzar el bienestar del pueblo; seré firme para hacer valer el orden institucional; cumpliré las promesas de campaña que hice en cada estado y en cada comunidad; habrá congruencia entre mi compromiso como candidato y mi labor como Presidente.

Gobernaré la República con apego indeclinable a los principios y al proyecto de la Revolución; me apoyaré en el gran acervo cultural y político que los mexicanos juntos hemos construido, lo haré inspirado en nuestra grandeza histórica, seguro del vigor nacional, orgulloso de nuestra extraordinaria entereza, confiado en nuestra tenacidad para superar escollos y desafíos, por difíciles y complejos que éstos sean; lo haré con la certeza de que México, por su historia, su dimensión y por calidad de su pueblo, merece ocupar un sitio de mayor fortaleza entre las nacionales del mundo.

Tomo posesión como Presidente de la República en una hora compleja entre la esperanza colectiva y el peso de los sacrificios acumulados, entre la necesidad de construir para el futuro y la premura de realizaciones inmediatas; es éste un momento singular de nuestra historia, cargado de riesgos pero rico en oportunidades, lo asumo con ánimo y optimismo.

Tengo fe en que los vientos del cambio serán favorables, porque nuestro esfuerzo tiene rumbo, nuestro nacionalismo nos da fortaleza; tenemos un proyecto histórico que se ha configurado generación tras generación; cada una respondió a la necesidad de su tiempo; cada una enfrentó sus propios retos; ha sido una tarea que nos ha dado rostro, estatura histórica y una vocación de justicia y libertad.

La Independencia, La Reforma y la Revolución expresan la determinación del pueblo para darse a sí mismo un destino original e instituciones y organizaciones propias; nuestra capacidad de transformación nos ha permitido sortear los más duros embates y adaptarnos contantemente a nuevas realidades; sabemos que nuestros problemas no vienen por el fracaso de nuestro esfuerzo, sino por el tamaño de la adversidad.

Los últimos años han puesto a prueba la solidez del país.

A Miguel de la Madrid le tocó encarar una de las más graves crisis económicas de que tengamos memoria, no han sido estos años de reposo sino de crisis y sacrificio; ante ello, actuó en todos los ámbitos, con patriotismo, responsabilidad y claridad estratégica, no sólo para conjurar los peligros que acecharon al país, sino también y sobre todo, para restablecer y vitalizar la confianza en nosotros mismos y fortalecer nuestra viabilidad histórica.

Miguel de la Madrid nos deja un Estado más eficaz, una economía más sana, libertades intactas y una más vigorosa vida política; nos deja como ejemplo de conducta, las virtudes de su comportamiento: honestidad, tolerancia, temple y serenidad; llega al final del mandato que el pueblo le confirió con el respeto de la mayoría de los mexicanos.

A partir de la resistencia que encabezó, su legado es de profunda renovación, sobre ella fincaremos transformación y progreso.

Avancemos ahora hacia el cambio, la modernización de México es indispensable para poder atender las demandas de los ochenta y cinco millones de mexicanos de hoy, a los que se sumarán diez millones más en los próximos seis años, todos requerirán alimentos, servicios urbanos, vivienda, educación y un modo honesto de vida.

En mi administración, ingresarán al sistema educativo nacional nueve millones de estudiantes adicionales con la legítima esperanza de una mejor calidad de vida que la de sus padres; un millón de jóvenes anualmente aspirará a un empleo digno, a un futuro cierto, a un país soberano y justo; para enfrentar estos retos, necesitamos crecer con equidad, hacer más efectivo al Estado, aumentar la productividad general, desatar la energía de la comunidad, enraizar la participación popular, necesitamos, en pocas palabras, modernizar la política, la economía y la sociedad.

La modernización de México es también inevitable, sólo así podremos afirmar nuestra soberanía en un mundo de profunda transformación.

Hay una revolución científica en marcha, los centros de la dinámica tecnológica, financiera y comercial se alejan de los centros de poder militar.

Se anticipa el fin del conflicto bipolar, empieza a prevalecer la negociación diplomática sobre las soluciones de fuerza, ha terminado la llamada "guerra fría", la competencia se recrudecerá a partir de nuevas tecnologías y costos más bajos, veremos el consecuente desarrollo de relaciones multipolares, las presiones crecerán, la perspectiva internacional es de mayor complejidad y más tensión.

Por eso, la mayoría de los estados nacionales están cambiando sin importar ubicación, ideología, prácticas políticas o el nivel industrial alcanzado; la tendencia mundial es que los estados se reestructuran en busca de mayor fortaleza y capacidad de dirección, no lo hacen por moda o imitación, sino como fórmula para actuar ante la competencia internacional y poder satisfacer las necesidades de sus pueblos.

Cambiaremos para estar en la vanguardia de la transformación mundial.

No se trata de cambiarlo todo sin prudencia, al contrario, con firmeza y decisiones consistentes iremos actuando; lo haremos sin precipitaciones, gradualmente, con profundidad y sin violentar la solidez de nuestra estructura política; haremos cambios que calan en nuestras raíces, evitando fuegos de artificio que no perduran.

Tendremos que promover el cambio en ámbitos muy diversos, pero lo haremos en el cauce de nuestro estado de derecho y tomando en cuenta invariablemente el cuidado de nuestra soberanía y el bienestar del pueblo de México.

Nuestro camino para el cambio será la modernización nacionalista, democrática y popular, será una modernización nacionalista porque reafirma los valores fundamentales que nos dan identidad como mexicanos, porque abre una nueva etapa al proyecto de la revolución, porque tiene el propósito explícito de asegurar nuestras soberanía e independencia y la defensa de nuestros intereses nacionales; será democrática porque la llevaremos a cabo de manera concertada, mediante la participación corresponsable de los ciudadanos, grupos, organizaciones, partidos y sectores, porque está destinada a ampliar los espacios políticos y a crear las vías institucionales que requiere la mayor participación de la sociedad y será una modernización popular, porque tendrá un claro sentido social elevar el bienestar de nuestros compatriotas.

Alentaré y conduciré el esfuerzo de modernización nacional, que respetará nuestras tradiciones y la identidad diversa y múltiple que une a los mexicanos; al transformarnos, no destruiremos nuestra pasado, sino con orgullo, lo preservaremos como bandera de identidad nacional.

Para encauzar los cambios de manera ordenada y lograr que prevalezca el interés general, habremos de modernizar al Estado mexicano; creadas ya las grandes fuerzas sociales, es tiempo de reconocer y alentar el extraordinario potencial de la incitativa comunitaria y la superación personal.

El Estado al inicio del nuevo siglo y del nuevo milenio no puede ni debe intentar ser el único actor, sino el conductor de una sociedad democrática; no el más grande sino el más justo y eficaz; no el más absorbente de la fábrica social, sino el liberador de su enorme energía.

Sin excesos y sin mitos, el Estado moderno debe encontrarse de nuevo con sus principios originales, promotores de la justicia y del cambio, para poder seguir así llamándose revolucionario.

La transformación del Estado mexicano será encuentro con su futuro, no una vuelta nostálgica pero imposible al pasado.

El Estado moderno es aquel que garantiza la seguridad de la nación, y a la vez, da seguridad a sus ciudadanos; aquél que respeta y hace respetar la ley, reconoce la pluralidad política y recoge la crítica, alienta a la sociedad civil, evita que se exacerben los conflictos entre grupos, mantiene transparencia y moderniza su relación con los partidos políticos, con los sindicatos, con los grupos empresariales, con la iglesia, con las nuevas organizaciones en el campo y en las ciudades.

El Estado moderno es aquel que conduce la estrategia nacional de desarrollo, crea las condiciones para un crecimiento sostenido y establece, eleva la eficiencia y fortalece las entidades públicas estratégicas y prioritarias, desincorpora entidades no fundamentales para ampliar su acción en las responsabilidades sociales y explica y fundamenta la razón de estas decisiones, atiende con esmero y como objetivo fundamental el bienestar popular.

El Estado moderno es aquel que no ignora su responsabilidad con los grupos que requieren su apoyo: mujeres trabajadores, infancia desprotegida, adultos pensionados, grupos indígenas, y amplía oportunidades encabezando su defensa.

El bienestar social en el Estado moderno no se identifica con el paternalismo que suplanta esfuerzos o inhibe el carácter; hoy la elevación del nivel de vida sólo podrá ser producto de la acción responsable y mutuamente compartida del Estado y la sociedad.

Vamos a modernizar al Estado mexicano en sus responsabilidades y en sus bases sociales, en sus instituciones políticas y en su quehacer económico, en su contacto y en su cercanía con el pueblo; el Estado será rector efectivo de la modernización de México, pero ésta sólo será posible en la corresponsabilidad de la sociedad y con métodos democráticos.

Somos una sociedad de gran complejidad y no sólo de contrastes.

Lo diverso de la economía, el número y dinámica de la población, el tamaño de nuestra geografía, la variedad de intereses en juego día con día, el mosaico de culturas, hacen que México viva cada reto en proporciones equivalentes a su enorme densidad, por eso, solamente tejiendo esfuerzos de grupos, de sectores, de regiones de individuos todos, alcanzaremos respuestas del tamaño de las aspiraciones individuales y a la amplitud de nuestros desafíos.

Dar impulso y movimiento a la modernización, a la que por voluntad y necesidad acudiremos, nos obliga a la obra conjunta y corresponsable; cada quien debe con tribuir con entusiasmo y compromiso, no hay tarea pequeña ni esfuerzo insuficiente.

Considero indispensable el trabajo de cada uno de mis compatriotas, todos cuentan para la edificación de la grandeza de México.

Ante los retos que enfrentamos por las transformaciones políticas y sociales que ya ocurrieron, y para lograr la modernización y el cambio por la vía institucional, legal y pacífica, propongo a mis compatriotas tres nuevos acuerdos nacionales, lo hago con convicción y de buena fe, reconociendo el reclamo ciudadano; estos tres acuerdos, buscan atender demandas inmediatas y abrir la perspectiva y el horizonte de los mexicanos.

Propongo:

Primero.

Un acuerdo nacional para la ampliación de nuestra vida democrática;

Segundo.

Un acuerdo nacional para la recuperación económica y la estabilidad, y

Tercero.

Un acuerdo nacional para el mejoramiento productivo del bienestar popular.

El momento actual de México es esencialmente político, la nación se ha abierto ya a la imaginación y a la textura de nuestras diferentes ideas sobre cómo debe ser nuestra sociedad; en las instituciones representativas, en las organizaciones nuevas y en transformación, en la perspectiva crítica de los ciudadanos, tenemos un rostro diferente al de México de hace no más de una década; avanzamos hacia un nuevo equilibrio en la vida política nacional, éste no surgió el 6 de julio, se manifestó en esa fecha.

Hay un nuevo México político, una nueva ciudadanía con una nueva cultura política; su expresión reclama cauces transformados; la organización política que tenga la visión, el talento y el coraje para entender los tiempos modernos y actuar en consecuencia, logrará encabezar esta nueva cultura y este nuevo quehacer político, ése es el reto, abordémoslo con optimismo y de cara al futuro.

Ante esta nueva realidad, mi gobierno será de apertura en nuestra vida democrática, para ello propongo un nuevo acuerdo político que fortalezca nuestra unidad y dé cabida a nuestras diferencias, tiene que ser un acuerdo que perfeccione los procedimientos electorales, actualice el régimen de partidos y modernice las prácticas de los actores políticos, comenzando por el propio gobierno.

Mi administración dará respuesta a la exigencia ciudadana de respeto a la pluralidad y efectiva participación; la garantía más urgente en el ámbito político es la transparencia de los procesos electorales.

Comparto esa inquietud ciudadana, garanticemos a todos que su fuerza política cabalmente medida en la libre decisión de los votantes, será contada y reconocida por todas partes; nos urgen confianza, apertura y aceptación a los otros.

El nuevo Código Federal Electoral, tiene partes que significan auténticos avances y otras que han dejado insatisfechos a todos los partidos, incluido el Partido Revolucionario Institucional, además, tácticas preelectorales de algunos opositores y deficiencias en el mecanismo oficial de información no explicadas a tiempo por autoridad competente, contribuyeron a dejar dudas en algunos grupos sobre el resultado de la elección; en esto se montó el engaño que enarbolan hoy algunos opositores y que han aprovechado para levantar una bandera de reivindicación y justificación personal y como táctica de negociación política.

Cada vez es más clara su intención, los invito respetuosamente a que actúen con verdad y honestidad ante sus simpatizantes, ése es el compromiso elemental de un político.

Reconozcamos que hemos vivido una intensa contienda electoral, que representó una nueva experiencia para todos, muestra de que mucho hemos avanzado en nuestra convivencia plural y también de que hay mucho por actualizar y perfeccionar en nuestra vida política.

Tuve contendientes serios, todos comprometidos con México; pasada la contienda democrática, es el tiempo de afianzar la unidad nacional por el camino del diálogo, el respeto y la buena fe, ésa será la actitud de este gobierno en la nueva etapa que hoy iniciamos. Avanzaremos para ello y para fortalecer transparencia electoral, convoco a la revisión del código vigente.

Estoy decidido a sacar adelante una reforma democrática, he invitado a los partidos políticos al diálogo; aquí ratifico mi invitación, sé que es un asunto que interesa a todas las fuerzas políticas del país, a todos nos corresponde y concierne; trabajemos juntos en esa tarea.

La profundidad y ritmo de la reforma serán consecuencia del grado de consenso que las distintas fuerzas políticas lograremos construir.

Respondamos con talento a la sensibilidad política del pueblo mexicano, que para expresar su angustia ante el deterioro en su nivel de vida, escogió medios institucionales: las urnas y no la confrontación.

Debemos entrar sin más a la modernidad política de México, demos la bienvenida a una vida democrática distinta, más abierta, más rica, con partidos renovados; reconozcamos principalmente la corresponsabilidad que a todos nos toca en este proceso, son tiempos éstos de reconocer la competencia en la política, competencia quiere decir más y no menos responsabilidad de los partidos con sus miembros, con los demás partidos y con la sociedad en su conjunto; competencia que reclama cuidar la respetabilidad, que no el inmovilismo de las instituciones.

La competencia tiene un significado particular para el partido que me impulsó a la presidencia de la República, representa la oportunidad histórica para modernizar al Partido Revolucionario Institucional, renovando prácticas y procedimientos, y fortaleciendo principios y propósitos; la firmeza de su ideología le permite no temer a la negociación ni negociar por temor, al mismo tiempo, no confunde negociación con capitulación o con lo que voz popular llama transa.

La nueva realidad lo obliga a servir mejor a la comunidad, a estar cerca del pueblo, a escuchar su reclamo, a resolver sus demandas; es el partido, que desde el gobierno ha sido en México el instrumento de la paz, el orden y el cambio; por el acicate de la competencia y por la voluntad de sus miembros, estoy seguro que seguirá en la vanguardia de la transformación política de la nación.

El solo cambio político, sin embargo, sería insuficiente; en el estancamiento económico se marchitaría la democracia, la competencia política se tornaría en conflicto social y se frustrarían los propósitos de equidad; sin crecimiento, no hay posibilidad de justicia o de hacer realidad el potencial que tenemos para elevar nuestra calidad de vida; por eso tenemos que volver a crecer.

Postulo una nueva época de crecimiento, ya tenemos las bases estructurales para alcanzarlo, pongamos en marcha una nueva estrategia de desarrollo en torno al acuerdo nacional para la recuperación económica y la estabilidad.

Dejaremos atrás la crisis, pero no la tenacidad a la que ella nos obligó, iniciaremos la recuperación de los niveles de vida pero mantendremos los hábitos de ahorro, productividad y eficiencia.

El pueblo trabajador de México sabe que lo que ha ganado o la que ha protegido, lo ha logrado con su esfuerzo; los mexicanos me han dicho que no esperan soluciones fáciles, lo que reclaman es que los problemas se resuelvan, que se integre con verdad una salida cercana y duradera, saben que no habrá milagros, les aseguro que sí hay esperanza.

El Estado cumplirá con su responsabilidad, atendiendo el gasto social y la productividad de las entidades estratégicas y prioritarias; la inversión pública será clave para la recuperación, no por su monto, sino por su destino; alentaremos la actividad que realicen los particulares y promoveremos las condiciones para que como lo establece la Constitución el sector privado contribuya al desarrollo económico y social.

En la recuperación, la inversión del sector privado desempeñará un papel fundamental, dada la considerable salud y fortaleza financiera de sus empresas; factor primordial en el crecimiento serán también las exportaciones no petroleras; expandiremos el mercado interno, aumentando el empleo y fortaleciendo gradualmente en la recuperación, el poder adquisitivo de los salarios; alentaremos la actividad del sector social a través de modalidades eficaces para la producción, la solidaridad y el desarrollo de la nueva base social.

Mantendremos la soberanía de la nación sobre los energéticos, enfatizando el ahorro en el consumo, la diversificación de sus fuentes y atendiendo de manera fundamental, aunque no exclusiva, el mercado interno; daremos una clara prioridad a la excelencia en la investigación científica y al uso productivo de los desarrollos tecnológicos, de ello depende en el futuro, nuestra fortaleza interna y externa; expandiremos la infraestructura del país; modernizaremos el sistema carretero incorporando activamente el ahorro y la inversión de los particulares; daremos mayor dinamismo a los ferrocarriles, las telecomunicaciones, los puertos y la aviación; promoveremos intensamente las actividades turísticas para dar esparcimiento sano a los mexicanos y obtener las divisas, el empleo y el desarrollo regional que permite el turismo internacional.

El motor del nuevo crecimiento vendrá en lo fundamental del ahorro interno, sin embargo, en materia de deuda externa, la situación actual impide la recuperación económica; no volveremos a crecer de manera duradera si seguimos como hasta ahora, transfiriendo al exterior cada año el 5% del producto nacional, esta situación es inaceptable e insostenible; evitaré la confrontación, pero declaro enfáticamente y con convicción que por encima de los intereses de los acreedores está el interés de los mexicanos.

La prioridad ya no será pagar, sino volver a crecer.

Esto no es demagogia ni advertencia, es un razonamiento meditado que se desprende de las necesidades de mi pueblo y del enorme esfuerzo que ya hemos realizado; hemos mostrado seriedad al no pretender traspasar al exterior nuestros errores y hemos corregido deficiencias estructurales, ahora tenemos que volver a crecer.

Instruyo al Secretario de Hacienda para que de inmediato inicie la negociación de la deuda externa bajo las siguientes premisas:

Primero.

Deberá abatirse la transferencia neta de recursos al exterior para que la economía pueda crecer en forma sostenida;

Segundo.

Por lo que hace a la deuda histórica acumulada hasta ahora, deberá reducirse su valor;

Tercero.

Los recursos nuevos que se requiere el crecimiento sostenido de México, deberán estar asegurados para un horizonte lo suficientemente largo que evite la incertidumbre que provocan las negociaciones anuales, y

Cuarto.

Deberá disminuir durante la administración, el valor real de la deuda, y ser cada vez menor su proporción respecto a lo que producimos los mexicanos.

No podemos vivir en una situación en que un año contamos con recursos pero el siguiente quién sabe.

Deben encontrarse soluciones de carácter permanente y no de efectividad pasajera; esta negociación deberá realizarse en un plazo razonablemente breve con la banca internacional, con los organismos multilaterales y con los gobiernos de los países industrializados; asimismo, en forma responsable deberá mantenerse diálogo y comunicación con los otros países deudores.

No se trata de negociar la deuda para volver a etapas de derroche o desorden financiero, tampoco de suponer que el alivio externo es la solución a todos nuestros problemas; reitero que teníamos problemas internos antes de endeudarnos excesivamente, y tendremos que seguir enfrentándolos aún después de aligerar la carga de la deuda; la solución sigue dependiendo del esfuerzo doméstico, de nuestras propuestas de acción y de la capacidad colectiva para llevarlas a cabo, por eso mantendremos el esfuerzo de saneamiento de las finanzas públicas.

Ratifico enfáticamente; en mi administración habrá estricto control del gasto, porque lo contrario provocaría de nueva cuenta un desborde inflacionario; modernizaremos el sistema financiero para alentar el ahorro privado y estableceremos disciplina, castigando abusos en el mercado de valores; para fortalecer el consumo, el ahorro y la inversión, bajarán las tasas impositivas al ingreso de las personas y de las empresas, ampliando la base fiscal; menores gravámenes y más contribuyentes cumplidos fortalecerán el ahorro y alentarán el trabajo.

Ante la gravedad de los rezagos sociales, la recuperación económica debe alcanzarse con la menor demora posible, pero para recuperar el crecimiento duradero con estabilidad de precios, el aumento de la actividad económica debe ser gradual.

El crecimiento inmediato está limitado por las bajas tasas de inversión en los últimos años, una recuperación súbita propiciaría un desbalance que no llevaría nuevamente a los umbrales de la hiperinflación; no podemos forzar el paso, por ello, especial atención recibirá en el próximo año la consolidación de una estabilidad de precios indispensables para el desarrollo sostenido.