Discurso de Salvador Allende en la Universidad de Concepción (4 de mayo de 1972)
Part 2
¿Qué le pasa a este país, jóvenes estudiantes, qué le pasaba a este país? País que importaba en alimentos tan sólo 190 millones de dólares al año, es incapaz de producir para las necesidades esenciales, en todos los rubros de la actividad por la propia concepción del régimen y del sistema; país endeudado como ningún otro país en el mundo -excepto Israel que es un país en guerra-, país con 4.226 millones de dólares en deuda. Compañeras y compañeros jóvenes: tuvimos que ir a renegociar la deuda. Primero, por haber nacionalizado el cobre, se nos cortaron las líneas de crédito a corto plazo. Quizás algún joven dirá: ¿Qué importancia tiene? ¡Profundo error! Necesitamos comprar miles de cosas que Chile no produce, entre otras --óiganlo bien- los repuestos para la minería pesada, que son, en el caso del cobre, 150.000 repuestos, que tenían un solo origen. Un mismo país ha sido siempre el abastecedor de esos repuestos, porque toda la instalación destinada a producir la riqueza minera también tiene un mismo origen y las compañías eran de ciudadanos de ese país. Por lo tanto, de acuerdo con su concepción, defienden los intereses de sus connacionales, se toman medidas diferentes, según sea la capacidad de resistencia del país.
En Chile, por su historia, por su tradición, por su cultura, no van a desembarcar fuerzas adversarias armadas; pero en Chile se han tomado antes, durante y después de nuestra llegada al Gobierno medidas que los jóvenes no pueden desconocer.
Siempre lo dije en la campaña presidencial: «Va a ser difícil que ganemos la elección. Va a ser más difícil que alcancemos el Gobierno. Va a ser mucho más difícil que realicemos el programa». Que fue difícil que ganáramos en la elección, ustedes lo saben. Que llegáramos al Gobierno le costó la vida al comandante en jefe del Ejército. También, a algunos jóvenes que gritan reclamando un fusil yo les digo, con respeto, pero con claridad: Hay un Gobierno Popular en Chile, porque hay un pueblo consciente, porque hay un pueblo con tradición de lucha, porque hay un pueblo que vivió Ranquil, San Gregorio, La Coruña, porque vivió «José María Caro», El Salvador o Pampa Irigoin, porque hay Fuerzas Armadas y de Carabineros que son profesionales. Lo que no ocurre en muchos países del mundo, lo que no ocurre en pocos países de este continente, que sólo ocurre -y hay que tener el orgullo de reconocerlo- en nuestro propio país, Fuerzas Armadas y de Carabineros profesionales que acatan la voluntad del pueblo, expresada en las urnas. Por eso, como gobernante he dicho y lo sostengo, que ellas serán las únicas Fuerzas Armadas de nuestra patria. (Aplausos.)
La historia es muy distinta en cada país y en cada etapa del proceso. Tampoco dejo de pensar en la frase, después de un denso razonamiento, del joven compañero Manuel Rodríguez.
Coincido en el pensamiento de muchos compañeros jóvenes, en que la historia nos enseña que las fuerzas heridas en sus intereses, despojadas de sus privilegios, no se resignan y ellas son las que desatan la violencia. Lo importante es hacer entender eso a la inmensa mayoría de los chilenos. El poder de la prensa y de la información de los otros hace creer que la violencia es el único camino nuestro.
Lo dije al pueblo, con honradez, lo dije como candidato y lo digo como Presidente: No queremos la violencia, no necesitamos la violencia. Aquellos que exhiben en la prensa que es posible que en este país hubiera una guerra civil o aquellos que lo hablan, son unos irresponsables y unos cobardes. La guerra civil es algo demasiado duro, demasiado profundo, marca demasiado a un pueblo, cierra las expectativas de convivencia durante largos años, destroza la economía de un país. Nosotros somos los poderosos y los fuertes, porque tenemos la fuerza de millones de personas: obreros, campesinos y empleados. Somos la fuerza del trabajo y la producción, somos la fuerza capaz de hacer que todos los días la usina, la empresa, la escuela,, el taller y la universidad, caminen. Pero, al mismo tiempo, somos la fuerza capaz de paralizar este país y hacernos respetar. Somos la fuerza, que tiene la seguridad y la certeza que, siendo más poderosa, sólo la usará para responder a la agresión y a la fuerza de los otros.
Lo dije y lo vuelvo a repetir: sólo a la contrarrevolución que use la fuerza, usaremos nosotros la fuerza revolucionaria del pueblo. (Aplausos.)
A veces vacilan nuestros partidarios, sin embargo, avanzamos seguros, apoyados en la fuerza creadora de los trabajadores. Para avanzar con más firmeza, tenemos que incorporar fundamental y conscientemente a miles de chilenos.
La historia también lo enseña; los campesinos han sido en muchas partes un factor limitante por su sentido de la propiedad. A ellos hay que demostrarles en los hechos, que la tierra, si no va a ser trabajada individualmente por ellos, como cooperativa va a significar más para ellos mismos.
No hay que desconocer que en todos los procesos revolucionarios, junto al proletariado, han estado sectores de la burguesía, y guste o no les guste a muchos, socialmente, los líderes han salido de esos sectores. La actividad de miles y miles de chilenos que representan la pequeña industria, el comercio, la artesanía o la pequeña propiedad agraria, es indispensable también para el proceso revolucionario.
¿A alguien se le ocurriría que en un país con cesantía, que no tiene los medios de producción suficientes, que tiene las dificultades inherentes a una etapa en que sólo parcialmente se ha construido el área social de la economía, fuéramos, por ejemplo, a suprimir a los comerciantes detallistas, fuéramos a suprimir a los taxistas y autobuseros, fuéramos a suprimir a cientos y miles de pequeños artesanos? Sería absurdo compañeros jóvenes, sería una torpeza política, un error político. No lo han hecho países que tienen años y años de socialismo. Yo los he visitado y por eso les puedo afirmar tan rotundamente esta realidad.
Ello nos lleva a mirar con claridad cuáles son las etapas que tenemos que recorrer. En el caso concreto de Chile, me inquieta profundamente el hecho de que la mujer no haya entendido que ella será la beneficiada en forma más extraordinaria, con el proceso de cambios revolucionarios de Chile. Una nueva moral, una nueva relación en el trato humano entre el hombre y la mujer, una concepción del respeto a la compañera. Se abren nuevas expectativas para ella. Una igualdad jurídica acentúa su derecho a una igualdad económica en igual trabajo, dándole la consideración que tiene en su noble y elevada concepción de madre. Todos estos aspectos, en el proceso egoísta del capitalismo, son mucho más claros y mucho más duros. Sin embargo, la mujer no los mira con esa claridad y teme; teme a la revolución.
Es gran tarea, es una enorme tarea la de atraerla conscientemente, para que ella entienda que su propio futuro está precisamente en esos derechos que se le negaron y que nosotros no le vamos a regalar, porque ella los ha conquistado por el hecho de ser mujer y que va a construir junto al hombre, una sociedad distinta.
¿Y la juventud y los jóvenes? ¿Por qué yo he dicho que el año 1972 debe ser el año de la mujer y de los jóvenes chilenos? Porque no hay revolución sin la presencia de la mujer coadyuvando a este proceso de cambios y llevando su dulzura y su firmeza, su decisión y su capacidad creadora, como ya la han visto ustedes en el tierno ejemplo de esa muchachita de Vietnam, estudiante, bella, grácil y guerrillera. La mujer siempre responde a las necesidades del proceso social cuanto ella participa conscientemente.
¿Y la juventud? Este es el año de la juventud, es el año de ustedes. Me congratulo de planteamientos teóricos como los que ha hecho el compañero, pero en un sentido de hombre más viejo, me habría gustado que su concepción teórica hubiera concretado en problemas que la juventud chilena reclama.
¿Qué vamos a hacer por la juventud obrera? ¿Qué vamos a hacer por la juventud campesina? ¿Qué vamos a hacer por ustedes en cuanto a becas, hogares? ¿Qué vamos a hacer por el deporte? ¿Qué vamos a hacer por los estudiantes de los sectores medios? ¿Qué representa el porcentaje todavía alto de muchachos de la clase elevada que entran en las universidades, y los que quedan al margen? ¿Cuál es el problema esencial de un país en donde hay subalímentados?
¡Cuánta es la necesidad de arrancar a la juventud de las frustración, del vicio, para que se entregue con pasión siquiera, aunque no sean nuestras ideas, a la defensa de sus ideas! ¡Cuánto hay que trazarse por delante! ¡Cuánto de valor tiene que darse al trabajo voluntario, porque es necesario en los países como el nuestro y en los que hicieron su proceso revolucionario! ¡Cuánto vamos a precisar lo que tiene que ser en el caso de la mujer, una carta de compromisos que no sólo satisfaga los anhelos justos de las mujeres de la UP, sino de la mujer chilena, cualesquiera que sea o no sea su ideología!
De la misma manera que debemos tener conciencia en la carta de la juventud chilena, ésta debe saber por qué metas combate, por qué metas lucha. Piensen ustedes la diferencia que hay en la tarea que tiene un joven campesino de hoy y la que tendrá mañana, en un país que no tiene tractores, en que la mecanización del campo es un embrión, en un país que tiene un porcentaje muy bajo de abono. Ahí tendremos que capacitar al campesino de mañana, para una concepción distinta de lo que es la tierra y su producción. En un país donde no hay agroindustrias, tenemos que decirle al campesino porqué y para qué se pueden hoy deshidratar los alimentos y las frutas, y se pueden preservar por muchos años la fruta sin necesidad, inclusive, de tenerla en frigorífico. Es decir, la técnica, el conocimiento, es algo que tenemos que incorporar a la juventud, cualquiera que sea su nivel, más bajo, por cierto, a la juventud campesina, que nunca supo nada sino de la experiencia que tanto enseña, pero que tendrá que saber los métodos diferentes.
De igual manera, no es posible que la juventud chilena, aun teniendo metas claras, no participe y se integre al proceso revolucionario, asumiendo plenamente su responsabilidad.
He llamado a la juventud, y ayer, por vez primera en la historia de Chile, ha habido un consejo de gabinete presidido por el compañero Presidente para recibir a los jóvenes, oír sus puntos de vista y contraer con ellos un compromiso: viejos, gobernantes y jóvenes hacer juntos en Chile, el 14 de este mes, el Día del Trabajo Voluntario, con una conciencia distinta, un valor diferente y una proyección mucho más amplia; y el 23 de junio, firmar ante la conciencia de la patria la gran Carta de los Derechos y de los Deberes de la Juventud, derechos y deberes que cada joven debe aprender, así como aprende a rezar o así como aprende los cantos revolucionarios. Derechos y deberes que tienen que metérselos en el corazón y en la conciencia, porque no se trata sólo de que van a tener ustedes derechos, tendrán deberes, y en un proceso revolucionario sólo se conquistan los derechos cuando se ha tenido el coraje de cumplir con los deberes, camaradas. (Aplausos.)
Compañeros jóvenes de Concepción, compañeros estudiantes universitarios, les agradezco el estímulo que ustedes me entregan con su inquietud, con su fervor, con su propia expresión. Le agradezco, estimado amigo rector, esta invitación. Me alegro de haber hablado con ustedes, y con la franqueza con que es mi obligación hacerlo.
No me olvidaré de ustedes y, seguramente, no esperaré el próximo año. Siempre Concepción, su bullente acero, el calor de su carbón, la esperanza triste de sus campesinos, la energía creadora de su juventud, me atrae. Volveré a esta provincia, para olvidarme un poco de la pequeñez de los que en el centro del país no tienen la visión de la historia y pretenden contener, con sus dedos débiles, las mareas que avanzan, y que no pueden detenerse ni con leyes represivas ni con amenazas fascistas.
Jóvenes de Concepción: ¡a estudiar, a prepararse, a ser buenos técnicos, a estudiar doctrina revolucionaria, a tamizar en las ideas y los principios generales, para hacer con ellos una receta justa frente a nuestra propia realidad! ¡A hacer de ustedes una bullente y permanente asamblea de las ideas, al margen de la violencia! ¡Nunca rechazar al adversario, por el solo delito de pensar distinto! ¡A hacer de la juventud un pivote de la unidad! ¡Aquí hay sectores ampliamente revolucionarios que pueden discrepar, pero que nunca pueden olvidar que el enemigo no está ahí, ni está aquí, el enemigo ustedes saben dónde está, desde afuera y desde adentro del país! (Ovación.)
Category:DH-D Category:Discursos de Salvador Allende