Discurso de Miguel de la Madrid Hurtado en su Sexto Informe de Gobierno

Part 7

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Hago un ferviente homenaje al pueblo de México por su calidad extraordinaria ante la adversidad y por su tenaz voluntad para vencer los obstáculos.

Estos días, estos meses, estos años, estas jornadas, se recordarán en México como un tiempo de heroísmo en que el principal protagonista fue el gran pueblo mexicano.

Mi agradecimiento cariñoso a mi querida Paloma, soporte firme en todo momento digna compañera de estos años inolvidables.

Reconozco también el apoyo y comprensión de mis hijos, el estímulo reconfortante de mi madre doña Alicia y la amistad y el afecto de mi hermana y su familia.

Gracias también a mis colaboradores por su leal y abnegado esfuerzo.

Mexicanos:

Tenemos los elementos suficientes para asegurar nuestra viabilidad como nación independiente.

Contamos con un vasto territorio, el treceavo de un mundo de 160 países.

La población actual, de 82 millones de habitantes, será de alrededor de 100 en el año 2000.

Estamos bien dotados de recursos naturales: energía suficiente, abundante patrimonio minero, amplios recursos agropecuarios, forestales y pesqueros.

Nuestro país destaca por una extensa infraestructura de comunicaciones y transportes.

Nuestra ubicación geográfica es un factor positivo para el desarrollo: estamos en posición de fácil comunicación con las áreas más industrializadas del mundo.

Norteamérica y Europa, y somos parte de la Cuenca del Pacífico, donde se está realizando un cambio espectacular hacia etapas superiores de progreso.

En el continente americano somos la frontera de América Latina con el norte desarrollado y el Caribe mestizo.

Los enormes litorales mexicanos nos ofrecen comunicación con el mundo y preciosos atractivos turísticos.

La plataforma continental y el mar patrimonial aguardan su racional aprovechamiento.

Tenemos un pueblo de enorme valor y reciedumbre, nos enorgullecemos de nuestro legado histórico y de la enorme riqueza y vitalidad de nuestra cultura plural.

Hemos mejorado constantemente nuestra calidad como pueblo.

Día a día se han elevado los niveles de educación, salud, alimentación y vivienda, aunque todavía nos falta un gran camino por recorrer en nuestro desarrollo hacia una sociedad más igualitaria.

Somos un país de instituciones sólidas con gran capacidad de adaptación al cambio.

Tenemos una elevada vocación para la democracia, practicamos y ampliamos las libertades, consideramos como el gran reto pendiente la justicia.

Nos sabemos imperfectos en muchos aspectos, pero la voluntad de superación es incontenible.

Los mexicanos somos un pueblo a la vez que resistente y heroico, imaginativo y creador.

Pueblo de artistas y conocedores del mundo mágico, hemos logrado también ser buenos agricultores, mineros, comerciantes y ahora extraordinarios obreros calificados que han levantado al país a ser la décima potencia industrial del mundo con el talento de una clase empresarial moderna cada vez más amplia y preparada.

Nuestro tejido social es rico y diverso.

El fenómeno asociativo se ha desarrollado a través de múltiples vías: partidos y asociaciones políticas, uno más maduros que otros, sindicatos obreros, ligas y uniones de campesinos, organizaciones populares, asociaciones de empresarios, sociedades de jóvenes, institutos de artes y ciencias, academias de artistas e intelectuales, colegios de profesionistas y agrupaciones de acción social.

Es la sociedad plural y dinámica que caracteriza a nuestros días; es nuestra riqueza más grande.

Para organizar políticamente a la nación, para guardar y fortalecer su soberanía, para garantizar las libertades y procurar la justicia social, para administrar servicios públicos y bienes nacionales está el Estado mexicano, con fuerzas armadas institucionales y leales y un servicio civil preparado y profesionalmente.

Es el mexicano un Estado al servicio de una sociedad de hombres libres que quieren vivir en paz, en libertad y con justicia.

No volveremos a tolerar la dictadura y jamás aceptaremos un poder totalitario.

Tenemos pues los elementos y la voluntad de seguir siendo una nación viable y soberana; libre y justa.

Construyamos con estas bases la grandeza nacional.

¡México es grande y grande es su destino!

Mexicanos:

Un gran país se construye con esfuerzo tenaz, con la convergencia de voluntades, con empuje, imaginación y talento.

Estamos por cerrar un capítulo más de la historia.

En ella también escribimos, como en otros momentos lo hicieron nuestros antepasados, nuestra vocación por el nacionalismo, la democracia y la justicia.

Hagamos de la unidad un presente solidario y un destino común, continuemos fundando nuestro proyecto nacional en el aprecio a lo nuestro, en el orgullo de ser mexicanos, en el amor a la patria.

Durante casi seis años, hemos trabajado arduamente, hemos luchado contra adversidades externas e internas.

Las hemos superado.

Sigamos construyendo un México mejor.

Sigamos luchando unidos por crear un destino seguro de libertad, paz, justicia y democracia para nuestros hijos y para los hijos de nuestros hijos.

¡Nada nos ha doblegado ni podrá vencernos!

¡México es más grande que sus problemas!

¡Viva México!

Y a todos mis compatriotas les pido: afiancemos la libertad, cuidemos la democracia, seamos tolerantes incluso frente a los insultos de nuestros adversarios políticos.

Mexicanos, el destino de México no puede ser puesto en duda.

¡Nada nos ha doblegado ni podrá vencernos!

¡México es más grande que sus problemas!

¡Viva México!

Contestación del Dip. Miguel Montes García, Presidente del Congreso.

Ciudadano Miguel de la Madrid Hurtado, Presidente Constitucional de los Estados Unidos Mexicanos;

Ciudadano presidente de la honorable Suprema Corte de Justicia de la Nación;

Ciudadano presidente de la honorable Cámara de Senadores;

Ciudadanos secretarios de Estado;

Ciudadanos gobernadores constitucionales de cada una de las entidades de la República;

Ciudadanos servidores públicos federales y estatales;

Honorable cuerpo diplomático;

Compañeros legisladores;

Conciudadanos:

Señoras y señores:

Con la representación del Congreso de la Unión, en los términos de los artículos 6o. y 34 de la Ley Orgánica del Congreso General de los Estados Unidos Mexicanos, y en cumplimiento del artículo 8º. del mismo ordenamiento, contesto el informe que usted ha rendido a la nación, en los términos concisos, generales y formales a que este artículo se refiere.

Con posterioridad, las dos Cámaras que constituyen este Congreso, analizarán en detalle dicho informe.

El acto en que el primer mandatario informa a sus mandantes del estado que guarda la administración pública, es de profunda esencia republicana, por eso deben conservarse y acentuarse su sencillez, su claridad y la verdad de su contenido.

Es también un acto de clara vocación democrática, más hoy, que el informe se rinde ante un Congreso plural, resultado de la voluntad electoral de las diversas corrientes ideológicas que, aglutinadas en partidos políticos, fueron sostenidas por los votos emitidos por una sociedad también ampliamente plural.

Hoy y después, su informe se ha de juzgar sin constreñirnos a su literalidad.

Se hace indispensable considerarlo dentro del marco más amplio de su momento histórico.

En el desarrollo de su gobierno prevaleció la característica de lealtad a los fines de la gobernación democrática establecidos firmemente en la Constitución del país y en congruencia, también, a los puntos esenciales de su plataforma política.

Por lo que ve a los primeros puede decirse que, hasta ahora, nadie podría considerar que han dejado de tener vigencia.

Las tesis constitucionales no han sido superadas ni pueden ser suplantadas.

Sus razones son buenas y tienden a conseguir para el pueblo mexicano la satisfacción de sus intereses materiales y culturales bajo el amplio rubro de la justicia social.

Independientemente de que sus fines no se hayan alcanzado plenamente, las propuestas constitucionales se conservan íntegras e incólumes en su valía, en su generalidad y en su solidez.

El fenómeno mismo del pluralismo representativo, ahora ampliamente favorecido y enriquecido, no ofrece, que sepamos, ninguna objeción operante a nuestra subestructura jurídica.

Nadie ha pedido que se modifiquen ni que se deroguen los principios sobre los derechos sociales del pueblo mexicano, ni las normas que garantizan las libertades personales.

La lucha es por su más acelerado cumplimiento, no por su sustitución.

Es muy conveniente, en estos momentos, llamar la atención sobre este punto.

El hecho que señalamos, la prevalecía de las bases constitucionales fundamentales no está a discusión.

Las voces de inconformidad que la libertad de expresión y de asociación y su propio vigor han permitido registrar sin temor alguno a la intolerancia, no lesionan los cimientos jurídicos de la organización nacional, ni el respeto que para ellos guarda y debe guardar la acción gubernamental.

Hay discrepancias, discrepancias importantes, pero nos resistimos a admitir que sean de tal profundidad que pudieran desmentir la unidad de los mexicanos, alrededor de las metas señaladas sobre el bienestar y el desarrollo de la población.

Pensamos que, en tal sentido, no se ha roto nuestra unidad y que nuestras diferencias no son sustanciales sino de orden accidental, susceptibles de buen entendimiento y superación.

Los mexicanos estamos andando, tal vez caminos distintos que tienen un mismo lugar de destino: el beneficio amplio de la nación.

Nos proponemos caminar esta ruta en paz y tranquilidad, conscientes de que sin ellas el presente se enturbia y desaparece el futuro.

Advertimos y compartimos, el ánimo firme de salvaguardar el orden jurídico interno, de salvaguardar la soberanía nacional dentro del orden jurídico internacional y de preservar la paz social y la concordia.

Así, nos explicamos las reformas a la Constitución Política del país iniciadas por usted y aprobadas por el Constituyente Permanente, tendientes a fortalecer y facilitar el trabajo del Poder Judicial Federal en su importante tarea de aplicar la ley para la justicia con la moderación de la equidad.

Y también, las que establecieron, a ese nivel constitucional, los principios por los que debe regirse la política internacional de México, principios enraizados en nuestra tradición y en nuestra historia.

Se explican, así mismo, las que tendieron a ampliar la representación popular para que cada tendencia política esté mejor representada en las Cámaras Legislativas.

La Asamblea de Representantes del Distrito Federal no es fin, sino principio de las nuevas formas de gobierno que la mayor concentración poblacional de nuestra patria sabrá darse para su mejor convivencia.

Consideramos que los lineamientos fundamentales de la administración se han apegado a los aspectos vertebrales de una política cuya naturaleza y esencialidad fue anunciada oportunamente y ha sido sostenida en congruencia.

Su valor intrínseco será analizado por el Congreso.

Por lo que ve a la observancia de los programas anunciados desde los primeros planteamientos de su postulación, y luego, durante el proceso sexenal, cabe considerar que las circunstancias históricas y principalmente económicas, a pesar de su rigor, no impidieron el cumplimiento de los capítulos más sustanciales.

Ningún gobernante, en ningún tiempo ni lugar, podrá jactarse de la cabal realización de las medidas que su capacidad programática le permita prever como óptimas.

Los acontecimientos no se ajustan siempre a las previsiones y entonces la prudencia y buen juicio aconsejan la modelación y las adaptaciones a fin de tratar de restar los efectos frecuentemente negativos o perniciosos de las circunstancias.

Para no juzgar desaprensivamente cualquier acción de gobierno, para no incurrir en injusticia, hay que considerar lo logrado y además tomar en cuenta los daños que se evitaron mediante la acción controladora y que de haberse producido sus efectos habrían sido de severidad mayor.

El análisis reflexivo y detenido, conduce a ponderar con justeza y en toda su extensión el esfuerzo desempeñado.

En su momento, el juicio sereno de la historia dirá la última palabra.

El trato de la deuda pública, el destino de nuestros recursos hacendarios y la rectoría económica del Estado, son temas que se enfocan desde distintos ángulos por lo mexicanos, en función de su formulación ideológica y su militancia partidaria.

Sus voces se oirán en el Congreso.

Sin embargo, queda claro que la deuda pública es un gravamen que aún limita el desarrollo.

Su peso es una realidad que no puede soslayares.

En el último proceso electoral que vivió la nación huelga señalar la trascendencia de la renovación política.

Nos convencemos cada día más, de que la norma que pretende regir el fenómeno político deberá ser prudente y dinámica.

Para un fenómeno de tal celeridad en su cambio, es difícil encontrar una norma legislada que lo regule con más o menos permanencia.

Con humildad, todos los legisladores, debemos realizar un ejercicio que permita encontrar normas que eviten divisiones en los momentos en que la lucha política electoral radicaliza posturas y actitudes.

Toda evolución propiciada por un genuino sistema democrático como el nuestro, no tienen por qué desembocar en enfrentamientos ni en violencia, sino en la coexistencia inteligente de las diferencias, para que el fruto de las contradicciones sea óptimo y no lo aborte la intransigencia.

La autocrítica la ponderación serena de las discrepancias , la libertad, la apertura y la buena fe, se impondrán como instrumentos del trabajo político de todos los mexicanos.

Para avanzar en el desglose y cabal solución de los grandes problemas nacionales, México reclama de todos, las más altas miras.

Sería lamentable que agotáramos nuestros esfuerzos en querellas infértiles; útiles, cuando mucho, al abono de intereses llanamente sectoriales.

Creo que el Poder Legislativo, no deberá tratar los problemas de su competencia como si no fuese el órgano colegiado que su naturaleza impone.

La bondad objetiva de las proposiciones, vengan de quien vengan, ha de ser la que impere y así lo solicitamos de todos sus miembros, en beneficio de la unidad y en combate frontal a la división.

Sobre todo en la Cámara de Diputados caminamos en el filo entre la fertilidad y la esterilidad, sólo la concertación nos librará de la última.

La concertación alrededor de los grandes propósitos; más que la circunstancial, la programática; la inmediata y la mediata; más que superficial, la profunda y la patriótica.

La división de poderes habrá de mantenerse sin que ello signifique su subordinación ni falta de coordinación en los planes constructivos del gobierno todo.

Confiamos en que esta coordinación prevalezca para que los aspectos positivos de las diferencias se traduzcan en soluciones benefactoras y no en desorden y caos.

Los poderes entre sí son autónomos, pero de ninguna manera rivales o incondicionales unos a otros.

La incondicionalidad o la rivalidad irracionales sólo podrán acarrear detrimento para el pueblo.

Un trato equilibrado y respetuoso entre los poderes será un real avance democrático.

Reconocemos el esfuerzo austero, congruente, veraz, realizado para buscar el bien de la patria, por el gobierno de Miguel de la Madrid Hurtado.

Cada grupo parlamentario, en los próximos días iniciará su evaluación sobre la obra de gobierno.

Esta presidencia agradece la paciencia y la tolerancia republicana, que el Presidente de México ha tenido en esta sesión y ante la nación, que la tolerancia de la mayoría de diputados y de senadores es fortaleza democrática, no debilidad.

Afirmamos que afrontaremos nuestras responsabilidades de mayoría con absoluto apego a la ley, sin que nos avergüence, porque no hay de qué ser mayoría.

Reciba usted la solidaridad de la mayoría de los legisladores mexicanos representantes de la mayoría del pueblo de México.

El pueblo de México no es enemigo de sí mismo, por eso apoya a su gobierno.

Fuentes:

http://lanic.utexas.edu/larrp/pm/sample2/mexican/hurtado/index.html

http://cronica.diputados.gob.mx/DDebates/54/1er/Ord/19880901.html

http://www.diputados.gob.mx/cedia/sia/re/RE-ISS-09-06-16.pdf

Categoría:Documentos de Miguel de la Madrid