Discurso de Luis Echeverría Álvarez en su Tercero Informe de Gobierno

Part 6

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De este modo, no se incrementarán indebidamente los márgenes de utilidad y se evitará una especulación que los empresarios responsables y nacionalistas deben ser los primeros en condenar.

He instruido a las autoridades e instituciones competentes a fin de que determinen los métodos que garanticen la efectividad de este compromiso y para que, en caso de incumplimiento, lo hagan valer.

Las responsabilidades que a cada sector corresponden en esta hora, se encuentran claramente definidas.

Desde esta alta Tribuna, formulo un llamado a todos los grupos sociales para que resuelvan sus controversias con apego a la ley, por medio de la negociación y con el mayor patriotismo.

En periodos inflacionarios suelen recrudecerse los antagonismos entre intereses económicos divergentes.

Al Gobierno le corresponde velar porque prevalezca el interés general de la sociedad y se garantice su futuro.

El carácter revolucionario de nuestro régimen no está en duda: somos profundamente solidarios con las causas del pueblo.

Del mismo modo que luchamos en la esfera internacional porque se respeten los derechos del Tercer Mundo, lo hacemos en nuestro país porque se haga justicia a obreros y campesinos.

Igual que pugnamos porque la equidad y el sentido de supervivencia prevalezcan sobre la violencia irracional en la tierra; preservaremos, en México, una concordia nacional que asegure la prosperidad compartida.

MENSAJE

Honorable Congreso de la Unión:

Hemos trabajado sin descanso para servir a la Nación.

Hemos desechado toda forma de autoritarismo.

Hemos ampliado los sistemas de consulta popular y renovado aspectos esenciales de nuestra vida política.

La democracia no se agota en la elección de los gobernantes.

Es también ejercicio de los derechos ciudadanos y un estado de la conciencia pública.

Por eso, abrimos el debate sobre asuntos que, hasta hace poco, se trataban con inútil sigilo burocrático.

Alentamos la opinión responsable de cada ciudadano porque no creemos en el silencio como forma válida de acuerdo o de consenso.

Impedir la expresión legítima de las contradicciones sociales no las resuelve ni las suprime.

Simplemente, las disimula y las exacerba.

Conoce el pueblo los peligros que entraña el ejercicio de un poder público encerrado en sí mismo, los equívocos y las tensiones que surgen cuando el gobernante no vive inmerso en la realidad y se considera a sí mismo como árbitro distante, y no como actor sensible, del proceso social.

Todos los individuos y grupos han de ser copartícipes de las decisiones políticas pues ellos forman, juntos, la verdadera voluntad de la Nación.

Promovemos el cambio pero no confundimos lo deseable con lo posible.

Asumimos los riesgos y limitaciones para lograrlo por medio del fortalecimiento y no por la supresión de nuestro proceso democrático.

Las circunstancias internacionales son difíciles para los países en desarrollo.

Encontramos a cada paso la oposición de poderosos intereses y de arraigados prejuicios.

Sólo la voluntad concertada de los mexicanos y la confianza recíproca entre gobernados y gobernantes, nos permitirá seguir avanzando hacia la creación de más justas formas de convivencia.

Nos preocupa, sobre todo, la renovación de nuestro sistema político y la transformación de nuestro aparato económico.

México no quiere perderse en el laberinto de una imitativa sociedad de consumo.

Sus recursos, por ahora, sólo le bastan para una vida digna y sin extravagancias.

La prosperidad futura depende de su capacidad para reorientar, dentro del orden jurídico y la unidad política, el sentido de sus fuerzas productivas.

No gobernamos para el día de hoy ni para unos cuantos.

Cada decisión nos exige una perspectiva más amplia.

Tenemos presente el trayecto que México ha recorrido y el que habrá de recorrer. Pensamos en el destino de esta generación y en las que habrán de sucederla.

Atendemos la opinión de las organizaciones sociales, y la voz de los que carecen de medios para difundirla.

Ejecutamos un programa abierto a la complejidad social.

No pretendemos imponer dogmas ni manejar verdades absolutas.

Actuamos dentro de la realidad, no en un universo simplificado.

Nuestro empeño se enfrenta a los rezagos acumulados de ayer, a los problemas del presente y a las posibilidades del mañana.

Renunciamos a identificar la función administrativa con rutinas burocráticas.

El escritorio no debe ser frontera o privilegio, sino instrumento del trabajo.

A menudo lo dejamos para ir al encuentro de los problemas concretos, para conocer directamente las necesidades de nuestros compatriotas y dictar acuerdos de ejecución inmediata.

Asimismo, lejos de permanecer indiferentes frente a la evolución del mundo, hemos salido del país para reafirmar la doctrina internacional de México, defender nuestros intereses, estrechar vínculos amistosos y establecer intercambios que fortalezcan nuestra autonomía política y económica.

Los grupos privilegiados siempre confunden el progreso en general con el suyo propio y combaten todo cambio que amenace sus beneficios particulares.

Olvidan, sin embargo, que la riqueza no es ilimitada y que su acumulación excesiva supone el empobrecimiento de otros sectores y una insuficiente remuneración del trabajo humano.

La paz social, requisito de todo proceso económico estable, no perdura en la injusticia.

En todo momento hemos tenido presente que un programa de transformación como el que hemos emprendido, se encontraría ante la oposición de sectores, grupos y personas con la mirada puesta en el pasado, con intereses en conflicto frente a las mayorías y con acciones e ideologías ajenas a los propósitos nacionales.

Es necesario que todos los mexicanos, incluso quienes no han entendido hasta ahora el sentido y la necesidad de las transformaciones que impulsamos, se sumen a la tarea colectiva.

Requiere el país integrar su capacidad creativa y su esfuerzo humano para trascender, sin tropiezos, el presente estadio de su evolución histórica.

No puede haber mayor derroche que la dispersión de voluntades.

La unidad nacional a que hoy exhortamos no sólo es principio de convivencia permanente, sino presupuesto del progreso.

Antes que cualquier propósito individual o de grupo, los mexicanos tenemos muchos objetivos comunes que alcanzar.

A casi tres años de haber asumido el mandato presidencial, el Gobierno de la República sustenta su acción en una vasta y sólida alianza popular, sin renunciar a ninguno de sus propósitos originales.

Al reafirmar mi confianza en el destino de México, me comprometo ante Vuestra Soberanía a mantener arriba las banderas de la renovación y a seguir, por el camino del pueblo, hacia adelante.

Contestación del Dip. Luis Dantón Rodríguez, Presidente del Congreso.

Señor Presidente de la República;

Honorable Congreso:

El pueblo de México y quienes lo representamos en el seno de este Congreso, estamos persuadidos, señor Presidente, de que el supremo objetivo de su Gobierno es mantener y mejorar nuestra forma de vida democrática.

Más allá de definiciones complejas, entendemos la democracia como el sistema político que está encaminado a alcanzar la plena libertad del hombre.

La libertad es, por una parte, la potestad que el hombre tiene de intervenir en la vida del Estado; de participar en las acciones y decisiones políticas y, por otra parte, la libertad es independencia del hombre dentro de la sociedad y frente al Estado.

Esa independencia, sin embargo, no es cabal mientras no se sustente en la seguridad económica.

Por eso, al lado de la democracia jurídica y política, se levanta como aspiración y meta la democracia económica; es decir, aquella que permita a todos los seres humanos tener a su alcance el número de bienes materiales y culturales que requieren para vivir con dignidad.

Pero ese mínimo de justicia social, ese diario contento en el hogar mexicano -sin el cual la verdadera libertad se anula- exige como condición previa el desarrollo nacional.

Es innegable que la Revolución Mexicana rompió la inercia social y puso nuestros recursos naturales y humanos en marcha hacia el desarrollo; creó las condiciones previas y consiguió las fórmulas y guías que pudieran hacerla factible.

Sin embargo, es hasta el régimen de este Gobierno que usted preside, cuando se ha evaluado el problema en su integridad: el problema del desarrollo económico, social y cultural; el problema del desarrollo en su verdadera dimensión y cuando se le ha ubicado correctamente dentro del contexto político y económico del mundo contemporáneo.

Todo esto ha quedado claramente precisado en el mensaje que acabamos de escuchar.

Intentar un análisis profundo, como es el que requeriría este documento, no es el propósito de estas palabras: corresponderá a cada asamblea legislativa que integra este Congreso evaluar y revisar públicamente el contenido del documento, y la trascendencia de toda la acción ejecutiva realizada durante el último ejercicio.

Es posible que sea solicitada la presencia, como en otros casos, de algunos de los señores Secretarios de Estado, para que junto con los miembros del Poder Legislativo, examinen el alcance particular e interpreten en el detalle el sentido de los actos de gobierno que conforman la Administración.

Baste por ahora con subrayar las condiciones claramente delineadas que su gobierno ha querido establecer como requisitos para un desarrollo que no sea una mera apariencia de crecimiento, o un espejismo de bienestar.

Podemos inferir, dentro de una impresión muy general pero muy profunda que recibimos de la lectura de su informe, que en México el desarrollo no puede ser un fin en sí mismo, sino un medio para realizar la justicia social.

Por eso es indispensable, como usted lo ha apuntado, que el desarrollo sea equilibrado y sostenido; es decir, que no esté sujeto a grandes fluctuaciones con ciclos de expansión espectacular, que generalmente conducen a otros de depresión, sino que mantenga un ritmo de crecimiento similar y constante, que sea armónico en el sentido de que abarque todas las actividades económicas y no sólo unas cuantas; que sea general para que todas las regiones del país y todos los sectores nacionales disfruten de sus beneficios y, sobre todo, que sea independiente; es decir, que no esté subordinado a intereses externos ni sometido a presiones extrañas, como usted lo ha hecho sentir dentro y fuera del país.

Al mismo tiempo, como el objetivo central del desarrollo es el bienestar del hombre, habrá de procurarse que la expansión se realice sin grandes sacrificios para las clases populares, sino, al contrario, que vaya acompañada de aumentos reales en su capacidad de adquisición y con servicios sociales cada vez más extendidos.

No puede ocultarse que estas fórmulas para el desarrollo nacional tienen que enfrentarse, y se han enfrentado ya, a grandes obstáculos internos y externos que amenazan con frustrar sus patrióticos esfuerzos.

Los problemas de orden económico ocurridos durante el último año y los fenómenos adversos de la naturaleza, han agudizado algunos de nuestros problemas sociales, propagando la carestía y la desolación en los poblados.

Mientras que con estos fenómenos imprevistos pocos ganan mucho, la población trabajadora del campo y de la ciudad aumenta su pobreza.

Por estos motivos estimamos de gran trascendencia las disposiciones que ha dictado su gobierno para aumentar los precios de garantía en los alimentos básicos, anhelo diferido durante muchos años por los productores del campo, que con gran esfuerzo y un constante aumento en sus costos mantuvieron los mismos precios, en perjuicio de su economía y en beneficio de los sectores de la ciudad.

Asimismo, hemos escuchado con vivo interés la decisión de elevar la remuneración de los servidores de los poderes federales, porque de esa manera, tanto el maestro como el soldado, el oficinista, la empleada, la enfermera, verán compensados sus esfuerzos y, sin duda, sabrán responder al estímulo para mejorar los servicios de la propia administración.

Su Mensaje, señor Presidente, tiene, en nuestro juicio, un profundo contenido obrerista; refleja una preocupación por la clase trabajadora, particularmente en las medidas que determinó para restablecer el poder adquisitivo de su salario, que se ha venido mermando como efecto del alza de los precios en los artículos de consumo popular.

Ha sido ya recibida la iniciativa para autorizar a la Comisión Nacional de Salarios Mínimos el ajuste que habrá de hacerse en el nivel de los ingresos; y nos proponemos, dado el apremio que reclama la clase trabajadora, revisar de inmediato su contenido y ponerlo a discusión, obviando todos los trámites, a la mayor brevedad, a fin de que la medida permita que el hogar mexicano, particularmente el de ingresos fijos, vea compensado el deterioro en la obtención de satisfactores que se ha venido observando en los últimos meses -parte por los efectos inflacionarios y parte también por el abuso inmoderado de una clara actitud de especulación- que junto con su Gobierno estamos dispuestos a combatir por todos los medios legales que sean necesarios.

A la mitad de la jornada el pueblo de México ha sentido, en cada uno de su actos, la decidida y patriótica voluntad de realizar la justicia; sabe que están inspirados en el propósito de mejorar las condiciones de vida de las clases populares y de impulsar un desarrollo con justicia social.

También está al tanto de la dedicación, esfuerzo y energía que se requiere para encontrar las soluciones adecuadas.

No se ha escatimado ni tiempo ni recursos, para lograr los resultados con el mayor grado de eficiencia; el ejercicio del poder político -ya lo ha advertido la población- exige valor y, muchas veces, es necesario remover intereses económicos o ambiciones personales para alcanzar el beneficio social.

Su Gobierno ha sido a la vez un valioso sostén en este sentido; siempre se han hecho los planteamientos y expuesto los objetivos con toda franqueza, desterrando el engaño o el disimulo que crean confusiones o generan desconfianza.

El pueblo de México ha sentido la entereza con que se han tomado las decisiones, el valor personal y la responsabilidad política de afrontar las consecuencias, así como la suprema determinación de sostener las instituciones cuando se trata de proteger los valores esenciales de la República o de su soberanía.

Por eso, señor Presidente, más que verlo como un Jefe de Estado, el pueblo de México lo advierte como un líder moral.

El celoso patriotismo que han tenido sus actos dentro y fuera del país, mediante el acatamiento absoluto normas constitucionales, han motivado un general respeto de propios y extraños.

No se ha disminuido el ritmo ni se ha desviado del rumbo del desarrollo; por el contrario, el trabajo se ha intensificado, los esfuerzos se han multiplicado y los resultados obtenidos han sido cada vez más fecundos y constructivos.

El paso ha sido acelerado, porque no se tiene derecho, en esta hora de México, ni a la indecisión ni al conformismo.

Por lo que respecta al sentido del proceso económico, su Gobierno ha definido claramente la posición -y el día de hoy lo hemos escuchado en su Informe-: el objeto fundamental es alcanzar un proceso con justicia social.

Para ello se han creado las bases de un desarrollo que permita una mejor distribución del ingreso y haga un posible aprovechamiento racional de los recursos humanos, naturales, técnicos y financieros.

En una palabra, México, con su Gobierno, ha elegido la vía democrática hacia un desarrollo compartido, no un desarrollo para los afortunados, no un desarrollo para los ricos, no un desarrollo para los poderosos: un desarrollo para las clases populares del pueblo.

No sólo se ha rechazado el sistema que otorgue beneficio a una minoría privilegiada y los riesgos a los grandes sectores del pueblo, sino también se ha adoptado la decisión de enfrentarse al poder económico de las corporaciones internacionales y de los países industrializados, mediante instrumentos que exijan un trato justo y equitativo como la Carta de Deberes y Derechos Económicos para las Naciones.

El respeto a la ley y a la voluntad popular ha sido norma invariable de su gobierno, representa el origen del mandato democrático y la fuente real del poder que permiten al pueblo y al gobierno, conjugar su destino.

Por eso el pueblo tiene confianza en su Presidente, quien ha sabido interpretar fielmente la realidad histórica de nuestro tiempo; a la vez, el Presidente de México, ha contado siempre, y contará, con el apoyo del pueblo.

A los grandes trazos de la política nacional contenida en el importante documento que acabamos de conocer, la representación nacional expresa su reconocimiento y solidaridad, y lo hace consciente de que en el contenido del Informe están los principios fundamentales de una acción gubernativa; la fe inquebrantable de servir a quienes más lo necesitan, el decidido empeño de subordinar el interés particular a los intereses generales de la nación, la tesonera voluntad de realizar los cambios sociales por la vía pacífica y dentro del orden constitucional, el rechazo a la simulación y al engaño, la necesidad de lograr un desarrollo compartido por todas las fuerzas sociales que permitan lograr un país libre, más próspero y más justo.

En esta hora, el país vive un momento triste y difícil.

Las inundaciones y terremotos han sacudido su tranquilidad.

Millares de compatriotas quedaron sin hogar.

Muchos sucumbieron abatidos por la naturaleza.

Poblaciones enteras quedaron destruidas.

Los servicios interrumpidos y las comunicaciones desechas.

Los efectivos del Ejército Nacional, en una oportuna y eficiente movilización, junto con las autoridades civiles y sanitarias y los elementos de socorro y abastos, prestaron su colaboración, pero fue necesaria la presencia del Jefe del Estado en los lugares mismos de la tragedia para coordinar esfuerzos y ordenar la disposición de los recursos.

Como representante de Guanajuato, permítame, señor Presidente, expresarle la gratitud de nuestros hermanos caídos en desgracia por el apoyo solidario y materia que les proporcionó, una compañía de quien no sólo ha sido amparo y estímulo a la niñez mexicana, sino ejemplo de laboriosidad y patriotismo de la mujer mexicana en el trabajo social: su señora esposa, doña María Esther Zuno de Echeverría.

Debo expresarle, también, nuestro profundo reconocimiento por la decisión que ha sido anunciada, de trasladarse, una vez cumplido con este acto republicano, nuevamente a Irapuato para verificar el avance de los trabajos de reconstrucción, de la misma manera como lo ha hecho en Puebla, en Veracruz y en las demás zonas afectadas.

Su actitud ha motivado que en esta hora de abatimiento resurja el ánimo y el espíritu de solidaridad entre los mexicanos.

Ayer enterramos a nuestros muertos; mañana estaremos levantando los nuevos hogares para nuestros hijos.

Señor Presidente, en una frase que hemos escuchado el día de hoy, recogemos toda la filosofía de la decisión de un pueblo y de un gobierno:

"Todo es compatible cuando se cree en México y se sirve a México".

Muchas gracias.

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