Discurso De Luis Echeverria Alvarez En Su Sexto Informe De Gobi
Chapter 11
Pero a pesar de que, con frecuencia hay una gran irresponsabilidad en la improvisación de puntos de vista y de expresión, el gobierno no viola ninguna garantía, ni mucho menos despliega una "cacería de brujas".
Hemos fomentado el diálogo.
Dentro del propio gobierno, con mucha frecuencia a lo largo del sexenio, hemos concurrido a juntas en que señores Secretarios de Estado y directores de empresas descentralizadas, durante horas, acompañados de sus inmediatos colaboradores y de colaboradores muy jóvenes, recién salidos de nuestras aulas superiores, con entera libertad han debatido, sin considerar las ideas de su jefe inmediato, ni las ideas del Presidente, como algo indiscutible.
La verdad tenemos que descubrirla entre todos.
Y aquí hay muchos dirigentes obreros y campesinos que saben que en sus sindicatos, en sus ejidos hemos estado muchas veces y muchas horas hablando de sus problemas y rompiendo las formas tradicionales de comunicación para llegar a la esencia de las cosas. Este es el método político que hemos seguido para adentrarnos en los procesos sociales e impulsar las transformaciones que se requieren.
Tenemos que combinar estas enseñanzas con lo poco que aprendimos en la Universidad.
Se aprende poco en las aulas.
Hasta que no se sale a luchar por la vida, en contacto con los problemas de los hombres, nuestro campo de conocimiento es muy reducido.
Y esto es parte de la inconformidad que recomendamos a los estudiantes: que se preparen y que, con rebeldía, salgan a la vida a luchar, a servir a los obreros y a los campesinos y a integrar un modelo de acción que sea realmente revolucionario para transformar la sociedad.
Ninguno de estos agentes de cambio social será perseguido.
Los terroristas han asesinado a un gran capitán de empresas de Monterrey, don Eugenio Garza Sada; querían asesinar a Margarita López Portillo; por su audacia y su valor Rubén Figueroa se salvó; por una presión de los Estudiantes de la Universidad de Guadalajara, y de campesinos y obreros, dejaron libre al licenciado Zuno; pero no hemos incurrido en eso a que se nos ha querido llevar: a una persecución de los izquierdistas, de los disidentes y de los críticos.
Pensamos que para preservar nuestras libertades es preferible sobrellevar y combatir específicamente a una "Liga 23 de Septiembre", tiene ningún trasfondo ideológico, que caer en la provocación, en una reacción policiaca estatal cerrada, que romper nuestras instituciones democráticas, como ha pasado en algunos países por hechos que lamentamos mucho, pero que creemos son transitorios.
Estas son nuestras convicciones políticas.
Habremos de salvar nuestra democracia y nuestro espíritu crítico; y habremos de seguir siendo inconformes frente a los privilegios internos e internacionales
De acuerdo con la nueva Ley General de Población aprobada en su oportunidad por la representación popular, se ha ampliado a todos los perseguidos del mundo, y no sólo a los latinoamericanos, el derecho de cobijarse bajo el asilo que concede el pueblo de México.
La misma preocupación por la dignidad del nos ha llevado a enfrentar decididamente el grave problema de los trabajadores migratorios mexicanos no documentados.
Hemos reconocido la necesidad de resolver este problema en el fondo, a través de la creación acelerada de empleos en el campo y en la industria.
A este fin se ha encaminado toda la política gubernamental de desarrollo.
Pero estamos obligados al mismo tiempo, a atender de inmediato este fenómeno producido por una conjunción de factores que operan, subrayo, en ambos lados de la frontera.
Hoy en la tribuna más elevada de México protestamos enérgicamente contra la flagrante violación de los Derechos Humanos y los atentados contra la vida y la dignidad de compatriotas nuestros, que merecen el respeto que toda sociedad civilizada aspira a otorgar a los seres humanos, independientemente de consideraciones formales, como las que se refieren a su calidad migratoria.
Rechazamos la idea de un nuevo convenio de braceros porque con ello nunca se evitó en el pasado la emigración no documentada.
La historia de estos convenios a partir de la Segunda Guerra Mundial nos demuestra que las cuotas, lejos de resolver el problema lo incrementaron.
La postura que asumimos en materia de derechos humanos y la defensa que estamos realizando de la dignidad del hombre en todos los rincones del planeta no han tenido vacilaciones.
Nuestros compatriotas saben bien que la actitud que hemos mantenido ante el gobierno norteamericano ha sido y será inflexible.
La nación puede estar segura que haremos todo lo necesario para salvaguardar con firmeza inquebrantable, en cualquier circunstancia, los derechos de los mexicanos.
Unos de los signos más relevantes de la política exterior de México ha sido su militancia permanente en contra del armamentista.
Los arsenales nucleares con que cuentan actualmente las "superpotencias" equivalen aproximadamente a un millón de bombas como la que en Hiroshima dio muerte a más de 100 mil personas.
Los gastos de la escalada militar en el mundo alcanzan la suma de 300 mil millones de dólares al año.
La carrera de los armamentos representa el más grande monumento elevado a la irracionalidad.
Al peligro permanente que esto implica para la supervivencia de la especie, se suma el más inmenso desperdicio de recursos que conoce la historia y uno de los más serios obstáculos para el avance de la justicia económica en las relaciones internacionales
El desarme representa por ello la vía más segura para la superación de las formas políticas, intelectuales y científicas del autoritarismo, así como una alternativa sólida para la transferencia de recursos materiales y energías humanas para fines pacíficos.
En 1974 y en 1975 la delegación mexicana logró que la Asamblea General de las Naciones Unidas adoptara dos resoluciones censurando la falta de avances sustantivos en las conversaciones entre los Estados Unidos y la Unión Soviética, conocidas con las siglas SALT, y por las cuales se instó a ambos
Estados a lograr progresos inmediatos en la materia.
Por otra parte, hemos apoyado, insistentemente, la idea de que se convoque a una Conferencia Mundial de Desarme y sugerido la conveniencia de que ésta pueda llegar a institucionalizarse con el objeto de que cumpla en su materia, la misma función que desempeña en cuestiones económicas la Conferencia de las Naciones Unidas para el Comercio y el Desarrollo. (UNCTAD.)
Nuestro país, promotor de la desnuclearización en América Latina, ha brindado apoyo permanente a todas las iniciativas presentadas en Naciones Unidas para constituir nuevas zonas libres de armas nucleares y en la Conferencia de Revisión del Tratado sobre la No Proliferación de las Armas Nucleares celebrada en mayo de 1975, México, con el copatrocinio de otras naciones del Tercer Mundo, sometió la propuesta de dos proyectos de protocolos adicionales relacionados con la "cesación definitiva de todos los ensayos nucleares" y con la "cesación de la carrera de armamentos nucleares y el desarme nuclear".
No obstante el apoyo abrumador de los países participantes que mereció nuestro proyecto, éste fue rechazado por los centros del poder.
Igualmente en la Conferencia de Desarme de la ciudad de Ginebra, México ha pugnado por la prohibición total del uso de armas químicas y de modificaciones del ambiente como elemento de ataque, así como se ha opuesto tajantemente, a la resolución patrocinada por las grandes potencias en esta materia, porque no está animada de una clara voluntad política para solucionar tan grave problema.
De igual manera que frente las actitudes hegemónicas, y a la escalada armamentista, México ha actuado con valentía y espíritu creativo frente al gran problema de nuestra época, que constituye la injusticia internacional.
El déficit de la balanza de pagos de los países periféricos, que importaba unos 12 mil 200 millones de dólares en 1973, ascendió a 33 mil 300 millones en 1974 y a más de 40 mil millones en 1975. De acuerdo con la tendencia actual, esta suma llegará a 112 mil millones en 1980.
El endeudamiento externo de estos países, que ascendía a más de 100 mil millones en 1973, se habrá duplicado a fines de 1976.
Por ello la moneda de muchos países del Tercer Mundo está flotando, como la nuestra desde hoy.
Estos datos revelan una situación adversa de carácter estructural, que no podemos resolver con medidas parciales o meramente cuantitativas.
Se requiere un cambio profundo en las relaciones económicas internacionales.
En tanto esto no ocurra, nuestros países seguirán importando a precios de inflación, la maquinaria agrícola, las plantas industriales y algunas materias primas que requieren, mientras que, por otro lado seguiremos siendo presa de una verdadera explotación internacional al pagársenos nuestras materias primas y en general, nuestros productos de exportación, a precios, sumamente bajos.
Esta es la clave del asunto, hablando con toda simplicidad.
El actual déficit anual de 20 millones de toneladas de cereales para la alimentación de los pueblos del Tercer Mundo, aumentará hasta 100 millones de toneladas en el año dos mil, si no se canalizan inversiones suficientes en la producción agropecuaria en estas naciones.
Estas cifras no constituyen la derivación de una situación de coyuntura, sino son consecuencia de la estructura misma de las relaciones económicas internacionales.
Por su parte, el incremento demográfico y el problema del desempleo, manifestaciones de aquella situación, contribuyen a su agravamiento y conforman un panorama de carencias intolerables para millones de hombres.
Por esto hemos señalado reiteradas veces que sobre las actuales reglas los llamados países en vías de desarrollo en realidad se encuentran en una franca involución hacia la miseria y la dependencia.
Al choque tradicional de unas potencias con otras como amenaza permanente de la paz, se añade ahora la inminencia de una conflagración de igual trascendencia y magnitud: la explosión desesperada de los pueblos marginados.
Luchar sin descanso por la transformación de esta estructura inequitativa de las relaciones internacionales, ha representado desde el inicio de mi gobierno, y lo representará hasta el último día de mi mandato, un compromiso fundamental.
El cumplimiento de este compromiso no constituye tan sólo un imperativo humanista, sino una necesidad vital impostergable para garantizar la paz mundial.
Contamos en la realización de esta empresa, con una brillante tradición de política exterior, con la razón moral de un país que nunca ha agredido a otro, ni ha vulnerado jamás ninguna prescripción del derecho internacional, con la herencia de una inflexible actitud anticolonial de quienes lucharon por nuestra independencia y de quienes con Juárez reconquistaron el derecho a la nación, contamos también con el legado humanista de la Revolución Mexicana y la vocación de nuestro pueblo para abordar las causas más nobles y combatir por los ideales más justos.
En todas las entrevistas que sostuvimos con jefes de Estado y de Gobierno o líderes mundiales, y en los 15 foros internacionales, órganos y conferencias de las Naciones Unidas, en que intervenimos, analizamos sin ambages la estructura del sistema injusto de explotación mundial, basado en la división colonial del trabajo, en la rapiña de los recursos naturales y en la desvalorización de las materias primas y del esfuerzo humano de los pueblos del Tercer Mundo.
Este sistema, señalamos, ha acumulado el poder y la riqueza en unas cuantas sociedades opulentas y condenando a más de las tres cuartas partes de la población de la Tierra a una vida de permanente escasez y a millones de seres humanos, al hambre y a la insalubridad endémicas.
Manifestamos en todo momento, que las soluciones a los problemas y cuestiones que confronta el mundo solamente podrán alcanzarse si nos decidimos a enfocarlas desde una perspectiva global.
Con la representación de México asistí a la Primera Conferencia de las Naciones Unidas sobre Asentamientos Humanos.
Ahí sostuvimos que los problemas de los asentamientos humanos son efectos de un orden económico internacional y nacional injusto y que en consecuencia debían de ser analizados en ese contexto.
Las resoluciones tomadas al término de la Conferencia recogieron este planteamiento fundamental.
Reconociendo el valor que supone y el papel que desempeña la denuncia de las injusticias y el señalamiento de las deficiencias, nos decidimos a participar con otras naciones en una más ardua y compleja tarea, la de proponer las bases y los mecanismos para instaurar el Nuevo Orden Económico Internacional.
La meta que nos trazamos ha sido la de promover una nueva organización de la vida económica entre las naciones, fundada no en la voluntad de dominio y explotación, sino en la decisión de establecer e impulsar una cooperación equitativa entre los pueblos.
Este es el origen y el significado de la proposición que sometimos a la comunidad de naciones en el seno de la III UNCTAD en Santiago de Chile.
Después de casi tres años de arduas negociaciones fue aprobada por una abrumadora mayoría de 120 votos a favor, frente a 10 abstenciones y 6 votos en contra la Carta de Derechos y Deberes Económicos de los Estados.
Este documento representa hoy en día una posibilidad concreta para fincar una auténtica cooperación mundial, constituye una alternativa sólida y madura de asociación equitativa del trabajo humano, el capital, la tecnología y los recursos naturales de las naciones altamente desarrolladas y los países del Tercer Mundo.
Su formulación fue fruto de un ejemplar y alentador esfuerzo democrático y su texto recoge las normas fundamentales de la experiencia internacional y las conquistas más avanzadas de nuestros días.
Ante la inflexibilidad o la intransigencia estéril, frente a las actitudes demagógicas o desesperadas, constituye la Carta un documento objetivo y equilibrado que acabará siendo reconocido aun por aquellos países que votaron en su contra.
Su implementación ha representado, desde el momento en que fue aprobada, un objetivo prioritario de nuestra política exterior.
Si antes rechazamos que se sometiera a votación un texto claudicante o mediatizado, en estos meses nos hemos opuesto a la posibilidad de que se le conserve en los anales de las Naciones Unidas como una mera declaración de principios.
Desde que la Carta fue aprobada, ha habido una serie de conquistas, de realizaciones entre países latinoamericanos o de asociación con países de otros Continentes, con intereses económicos comunes, que nos convencen de que aquellos postulados, paulatinamente, se están llevando a la práctica.
Como ejemplo, están nuestras luchas para defender los precios del café y del azúcar:
Hemos estado unidos en los últimos años con los países de todos los Continentes que producen café, para defendernos ante las grandes bolsas internacionales y de su gran capacidad de especulación en Nueva York o en Londres; hemos estado unidos con todos los países latinoamericanos, sudamericanos, centroamericanos y Caribe, sin distinción de ideas, para defender los precios del azúcar, para coordinar una estrategia de exportación y para condicionar intercambios tecnológicos o desarrollar proyectos constructivos comunes.
Cuando la Comisión Nacional del Azúcar organizó en los Pinos la reunión de representantes de los países azucareros, era de verse por ejemplo, al representante brasileño sentado junto al representante cubano, junto a otros veinte, con las más distintas ideologías políticas, las que no nos han impedido hablar de intereses comunes.
Esto es muy importante.
Cuando hemos propuesto el Sistema Económico Latinoamericano como un foro de negociación para defender la economía de nuestros países, defender el precio de lo que vendemos y defendernos ante los precios de lo que compramos, así como para asegurar un intercambio justo de conocimientos tecnológicos, también lo hemos hecho aplicando los principios de la Carta de Derechos y Deberes Económicos de los Estados.
Cuando hemos fundado la creciente flota del Caribe (NAMUCAR) para que no quede la carga de los países ribereños de ese hermoso mar en manos de los monopolios mundiales, lo hemos hecho también en nombre de la solidaridad que estrictamente señala, entre países con problemas comunes, la Carta de Derechos y Deberes Económicos de los Estados.
Incidentalmente quiero afirmar que en estos años estrechamos fecundas relaciones con los países de esa zona.
Antes, absurdamente, parecía que se nos había olvidado que México tenía costa en el Caribe, compartiendo responsabilidades de desarrollo económico con Centroamérica, con las islas mayores y menores de Las Antillas y con Colombia y Venezuela.
Se han escrito en las universidades y en las escuelas técnicas del país docenas, muchas docenas de tesis profesionales sobre el tema de la Carta.
Y, por cierto, ha sido injusto que esta posición, mexicana se le llame "Carta Echeverría".
Aquí quiero manifestarlo, como lo he hecho en distintos foros, pero aquí sobre todo, cuando se presentó en Chile la doble oportunidad, a principios de 73, de la invitación del Presidente Allende para visitar su país -en contra el cual se acrecentaban las presiones externas que, conjugadas con las internas, provocaran el derrocamiento antidemocrático-, y la realización, también en Santiago, de la Tercera Reunión de la UNCTAD, yo invité a Los
Pinos a maestros universitarios y tecnológicos; a jóvenes profesionales, incluso a algunos estudiantes; invité a jóvenes funcionarios de la Secretaría de Relaciones Exteriores, de la Secretaría de Industria y el Comercio y de Hacienda, y les pregunté qué podría proponer México.
Así el diseño y la redacción esencial de la Carta nació de un grupo de economistas, sociólogos, abogados, ingenieros que conocen los problemas de la tecnología, y de algunos jóvenes estudiosos.
Es el producto de las preocupaciones revolucionarias y nacionalistas de personas que han sabido canalizarlas no por el camino fácil de la gritería y del alboroto - o de la reacción subrepticia de algunos grupos que aspiran a hacer partidos políticos y que son profundamente irresponsables al manipular a jóvenes que provocan desordenes, que traen como consecuencia reacciones conservadoras, sino por el camino arduo de los jóvenes verdaderamente revolucionario, jóvenes estudiosos que saben aprovechar el gran esfuerzo que hace el pueblo de México por su educación.
Es el verdadero origen de este documento, que va avanzando en el mundo (aplausos) en beneficio real de los pueblos pobres y oprimidos, y que no se guía por propósitos imperiales o expansionistas de ningún género.
Me refería a la lucha por la implantación de la Carta.
Recientes acontecimientos en la vida internacional, revelan que estamos avanzando en una segunda fase.
En agosto último el Consejo Económico y Social de las Naciones Unidas aprobó, sin ningún voto en contra y con sólo abstenciones, un proyecto del Tercer Mundo que acelerará la puesta en marcha de la Carta y vigilará su aplicación.
En la reciente Conferencia de los países no alineados celebrada en Colombo, las resoluciones adoptadas y las intervenciones de numerosos Jefes de Estado y de Gobierno, recogieron este instrumento como bandera de la lucha para llevar adelante la tarea de implantar el Nuevo Orden Económico Internacional.
Este Nuevo Orden contenido en la Carta supone la definición de principios básicos reguladores, pero al mismo tiempo la congregación y la puesta en marcha de un programa de colaboración económica entre los países sujetos a la explotación.
Con la misma intensidad que ha actuado en la definición de su entorno normativo, México está participando creadoramente en la tarea de diseñar los mecanismos para organizar la cooperación internacional.
En el campo regional latinoamericano y en el más amplio de nuestras relaciones con todos los países del Tercer Mundo, en los terrenos monetarios, financiero comercial, industrial, tecnológico, del transporte y de la información, hemos abogado por la articulación de esfuerzos, la transferencia de experiencias y recursos, así como la creación de organismos multinacionales, que contribuyan a a la defensa de nuestras economías.
Esta fue la intención que animó la propuesta de nuestro país en el Perú el 15 de julio de 1974 del Sistema Económico Latinoamericano, posteriormente de la Naviera Multinacional del Caribe.
Estos dos organismos quedaron formalmente constituidos en octubre y diciembre de 1975, respectivamente, con la membresía de 25 países latinoamericanos en el primer caso y de 3 Estados caribeños en el segundo.
El SELA y la NAMUCAR, así como las diversas asociaciones de productores de materias primas que hemos comenzado a organizar, apuntan los principios de una colaboración económica genuinamente latinoamericana, sin tutelas ni asesorías metropolitanas, que podrá conducir en el futuro a la consecución del viejo y hasta ahora defraudado anhelo de nuestra integración regional.
El 9 de febrero de 1974, en la sede de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación propusimos la creación de un Banco Mundial de Alimentos para acudir en auxilio de los pueblos desesperados por el azote del hambre.
Meses más tarde ante la Conferencia Mundial de Alimentos reiteramos esa proposición y añadimos que esta institución debía operar también con un Banco Financiero de Fomento al Desarrollo Agrario.
Los países asistentes a esta trascendental reunión resolvieron la creación del Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola, así como la de una reserva internacional de cereales para casos de emergencia.
Es imprescindible ahora dar los pasos necesarios para llevar adelante ambas resoluciones.
Durante el IV Periodo de Secciones de la Conferencia de la Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo celebrado en Nairobi, Kenia, las propuestas medulares del Tercer Mundo para organizar un sistema nacional y equitativo de relaciones económicas, se enfrentaron nuevamente al bloqueo tenaz de la intransigencia.
A pesar de ello los países del Tercer Mundo representados en dicha Asamblea y algunas naciones, industrializadas que actúan con mayor visión, encararon el establecimiento, con sus propios aportes, del Fondo Común para el Establecimiento e Reservas de Estabilización de Productos Básicos.
El monto total de estos fondos fue estimado en 3 mil millones de dólares y habrá de proteger los precios de 10 productos fundamentales de los que dependen los ingresos de nuestros países.
México contribuyó activamente a la concreción de la idea, así como a otras resoluciones constructivas aprobadas en el seno de la Conferencia y con toda oportunidad anunció públicamente su voluntad de colaborar con recursos financieros y técnicos al establecimiento y la operación de este mecanismo.
En Alejandría, el 4 de agosto de 1975 propusimos la organización y el encuadramiento de todos nuestros empeños, de cooperación, en un Sistema Económico del Tercer Mundo.
Esta iniciativa coincide con los esfuerzos que en este campo han venido realizando, recientemente, los Países No Alineados, para proteger sus legítimos derechos en las transacciones internacionales, mediante la utilización de su poder de negociación colectivo y para explorar posibilidades concretas de colaboración económica, financiera, industrial y tecnológica.
A fin de llevar adelante con la mayor premura este proceso, México propuso la celebración de una Conferencia de mayor rango sobre la Cooperación Económica entre los países del Grupo de los 77.
Esta reunión habrá de celebrarse en México del 13 al 19 del presente mes, y tendrá a su cargo revisar los mecanismos y dispositivos de cooperación, así como fortalecer y concretar la voluntad común de impulsar unidos, nuestro progreso económico y social.