Discurso De Luis Echeverria Alvarez En Su Sexto Informe De Gobi

Chapter 10

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En las obras del Plan de Acapulco se invirtieron mi 457 millones de pesos durante la presente administración, suma que permitió la realización de grandes obras de infraestructura urbana en beneficio de más del 50 por ciento de la población de nuestro país más importante centro turístico.

El Distrito Federal, concentración urbana donde habitan más de 8 millones de mexicanos, ha recibido especial atención para resolver los conflictos que genera su impresionante crecimiento.

Se realizaron cuantiosas inversiones que resolvieron problemas trascendentes del funcionamiento de la ciudad, en el sistema de Drenaje Profundo, obra que elimina el peligro de inundaciones en la metrópoli.

El túnel de 60 kilómetros es una obra de ingeniería única en el mundo.

Se concluyó asimismo, la primera etapa del Circuito Interior, importante obra vial que coadyuvará a resolver el agudo congestionamiento en la circulación de vehículos de la ciudad; en su ejecución se invirtieron mil 963 millones de pesos.

El punto neurálgico de la comercialización nacional de frutas, verduras y legumbres se localiza, precisamente, en el centro de la ciudad, en el barrio de la Merced, sobre 50 hectáreas que comprenden una cuarta parte de zonas viales un conjunto de edificios históricos y una serie de construcciones mal adaptadas.

Para substituir estas viejas instalaciones de La Merced, se inició la construcción de la Central de Abastos, así como las obras de infraestructura necesarias, en 865 hectáreas ubicadas al oriente de la ciudad.

La nueva Central será un instrumento clave para la distribución eficiente de alimentos, y para la protección de los grandes grupos de productores y consumidores de nuestro país, permitiendo además la recuperación de una de las zonas de mayor tradición y valor arquitectónico para incremento del patrimonio de la capital, y el alivio considerable del tránsito de vehículos en el casco viejo de la ciudad.

Por primera vez en la historia del país se pusieron las bases para la planeación y la regulación del crecimiento de las ciudades.

El estado asumió plenamente la responsabilidad de no dejar a los habitantes citadinos en manos de los traficantes de la miseria al promulgar las reformas a los artículos 27, 73 y 115 de la Constitución General de la República, así como la Ley General de Asentamientos Humanos.

Los objetivos de la nueva legislación son incuestionables: mejorar las condiciones de vida de la población rural y urbana; aprovechar, en beneficio social, los elementos naturales susceptibles de apropiación, para hacer una distribución equitativa de la riqueza; lograr el desarrollo equilibrado del país armonizando la interrelación de la ciudad y el campo; obtener una distribución equilibrada de los centros de población en el territorio nacional, integrados en un marco de desarrollo regional; fomentar una adecuada interrelación socioeconómica de nuestras ciudades y propiciar el establecimiento de centros urbanos de dimensiones medias, a fin de evitar las grandes que producen impactos económicos negativos y grave deterioro social y humano.

La Comisión Nacional de Desarrollo Regional y Urbano ha puesto a disposición de los Comités de los Estados todas las experiencias que en esta materia han reunido el Gobierno Federal.

Los Poderes Estatales habrán de contar con sus propias leyes de asentamientos humanos antes del 6 de febrero de 1977.

Todas estas acciones, todas estas medidas, todas estas obras, revelan la prisa, la prisa justificada de un país y de un pueblo que anhelan superar, dentro de la ley, las dolorosas contradicciones persisten entre México desarrollado y el México de la marginación.

Política Exterior

Después de la segunda gran guerra el mundo entra a un período de profundas transformaciones.

Es la etapa en que se acelera la liberación y con ella la emergencia de los pueblos antaño sojuzgados.

No obstante el esfuerzo heroico y la lucha tenaz desplegada por la más vasta explosión revolucionaria de la historia, quedan todavía intactos muchos de los lazos del mundo colonial y se han establecido, a la luz de las nuevas condiciones de la época, otras formas de sujeción y de dominio.

Hoy sabemos claramente que la descolonización política, para producir sus últimas consecuencias requiere ir asociada a una más amplia estrategia de liberación social y emancipación económica.

Al mismo tiempo surgieron en estas últimas tres décadas, nuevos poderes económicos y militares que han conducido a una estructura más policéntrica de la convivencia internacional prevaleciente al inicio de los años de la guerra fría.

Ante este panorama se debaten en nuestro tiempo dos grandes tendencias.

La de quienes buscan profundizar el proceso liberador acentuado en el presente siglo y consolidar en la esfera internacional un orden auténticamente democrático y la de aquellos que, aferrados a un universo de privilegios se empeñan hoy, como siempre en impedir el cambio histórico y prolongar por nuevos o antiguos sistemas la hegemonía de unos Estados sobre otros.

La primera concepción postula un universo de naciones libres corresponsabilizadas de la conducción del mundo contemporáneo, la segunda es la visión tradicional de un mundo manipulado por las minorías del poder económico y burocrático.

Está en debate el problema central del ejercicio de la libertad en las sociedades y la soberanía de las naciones.

Por un lado, la aspiración de toda empresa humanista y revolucionaria: que los pueblos y los hombres merecen un destino propio que deben ejercer cabalmente; y por el otro, la postura de quienes por diversas vías y lenguajes políticos abogan por una organización dictatorial en el seno de cada Estado y la convivencia mundial.

Frente a la política del poder que ha dividido al mundo en esferas de influencia, patrocinado la carrera armamentista, promovido el intervencionismo político y militar y estructurado un sistema económico al servicio de la injusticia y la explotación, los países del Tercer Mundo, integrados por los pueblos que habitaron durante siglos la periferia del mundo imperial, persiguen la transformación cualitativa de las bases que está sujeta la vida internacional.

Ante este estado de cosas México no ha permanecido indiferente.

Desde un principio nuestra historia nos vinculó al más ancho campo de los acontecimientos del mundo exterior. Vivimos en carne propia el sistema colonial y hemos padecido las más brutales manifestaciones del expansionismo.

La Revolución Mexicana, como todo movimiento genuinamente libertador, estuvo nutrida de una vocación antiimperialista de un sentido profundo de solidaridad internacional.

Había sido sepultada además, hace mucho tiempo, por el mundo de la interdependencia y la comunicación, la época en que las naciones se refugiaban en un ilusorio aislamiento para intentar resolver sus problemas.

Por razones internas tampoco podíamos permanecer indiferentes a los acontecimientos del mundo exterior.

La estructura inequitativa de los intercambios económicos y tecnológicos internacionales obstaculizaba seriamente cualquier intento por impulsar nuestro progreso interno.

Decisiones económicas y monetarias tomadas en los centros de poder, así como un agudo proceso inflacionario generado esencialmente por las economías de los países altamente industrializados, lesionaron el ritmo de crecimiento de nuestra planta productiva y afectaron los niveles de vida y de ocupación de amplios sectores de nuestra población.

Toda la estrategia de desarrollo interno tenía que estar enlazada con el diseño y la práctica de una política exterior que abriera nuevos horizontes a nuestro progreso.

Así quedaron definidos los dos presupuestos fundamentales de nuestra política internacional, la creación de las condiciones y la búsqueda de nuevas alternativas para impulsar el desarrollo económico y social del país y la participación creativa, responsable y solidaria con las fuerzas progresistas, con los países del Tercer Mundo, en la lucha que libran para combatir la irracionalidad, la explotación y la injusticia.

En suma, por estricta convicción política y por acato a un imperativo histórico que no podíamos desdeñar, decidimos impulsar una política exterior al servicio de nuestra democracia interna y de la democracia entre las naciones.

Al hacerlo, aspiramos a combinar la vitalidad de los principios emanados de nuestra historia, la igualdad soberana de los Estados, la no intervención y la autodeterminación de los pueblos, con la generación de nuevas tesis y una presencia internacional más activa y dinámica.

Hemos aspirado a superar la barrera del aislamiento y el cerco de un peligroso bilateralismo al que nos conducía la inercia de la dependencia.

En 6 años casi duplicamos nuestros contactos amistosos con los pueblos del mundo.

Al inicio del presente sexenio, México tenía vínculos diplomáticos con 67 naciones y en la actualidad tenemos relaciones con 129 países.

La decisión de diversificar los intercambios económicos y tecnológicos respecto de un solo país, nos condujo también a impulsar nuestro comercio exterior y a promover una diplomacia activa y emprendedora.

Hemos visitado a lo largo del sexenio 9 países de Europa, 4 de Asia, 9 de áfrica, y Medio oriente y 14 de América.

México ha sido anfitrión de más de treinta altos dignatarios, Jefes de Estado, de Gobierno y Cancilleres.

Durante el período que cubre este Informe nos honraron con sus visitas los Presidentes de Yugoslavia, Mariscal Josip Broz Tito, y de Guatemala, general Kjell Eugenio Laugerud García.

Recibimos a los primeros ministros de Dinamarca, señor Anker Henrik Joregensen; de Guinea, doctor Lanzana Beavogui; del Canadá, señor Pierre Elliot Trodeau; y de Luxemburgo, señor Gastón Thorn.

También nos visitaron los ministros de Asuntos Exteriores del entonces Vietnam del Sur, señor Nguyen Thi Bina; de la República Democrática Alemana, señor Oskar Fisher; de Israel, señor Ygal Allon, y de los Estados Unidos de América, señor Henry Kissinger. Con todos ellos en un plano de igualdad y respeto recíproco sostuvimos conversaciones abiertas, y establecimos contactos e intercambios fructíferos que se han convertido a su vez en el mejor sostén de nuestra autonomía.

En el mes de mayo recibimos la visita conjunta de distinguidos dirigentes de partidos políticos social demócratas de Europa y Latinoamérica, quienes a lo largo de un sincero diálogo patentizaron su total respaldo a las luchas emprendidas por México en favor de un nuevo orden económico internacional y a su defensa de los Derechos Humanos en Chile y España.

Invitado por el Presidente de la República de Guatemala general Kjell Eugenio Laugerud García, visité ese país hermano y vecino en noviembre del año pasado.

Reiteré a los guatemaltecos la solidaridad de México con los países productores de plátano y dejé constancia del propósito del Gobierno de la República de ingresar a la Unión de los países productores y Exportadores de Banano.

Como resultado de las giras que realizamos en el exterior suscribimos más de 160 acuerdos o convenios internacionales, de los cuales aproximadamente una tercera parte son de cooperación científica y técnica o de asuntos culturales, y la otra mitad de cuestiones económicas y comerciales.

En este mismo contexto se insertan los convenios de cooperación celebrados con la Comunidad Económica Europea y con el Consejo de Ayuda Económica Mutua, que abrieron para México los mercados y los adelantos tecnológicos de 17 países de Europa Occidental y Oriental.

Consignamos aquí también los acuerdos que establecieron la Comisión Mixta México - Comunidad del Caribe y la Comisión Mixta Andina - Mexicana.

La lucha por la paz no puede realizarse a través de los esquemas rígidos y formales en que se ha escudado la indiferencia de la diplomacia tradicional, los problemas de nuestra época son de tal magnitud y seriedad que ya no es posible eludir las consecuencias ni aplazar irresponsablemente las soluciones.

Estamos obligados a enfrentar y combatir, en su origen, las causas fundamentales de la violencia: las actitudes hegemónicas, el armamentismo y la injusticia internacional.

A lo largo de estos 6 años, hemos opuesto con firmeza, a los dictados de la política del poder, la autoridad inimpugnable que se deriva de una política de principios.

México ha levantado su voz en todos los foros internacionales y en los centros de decisión más importantes, para protestar contra el colonialismo, la intervención en los asuntos internos de cada Estado y las violaciones perpetradas en contra de la soberanía de los Estados y los derechos de los pueblos y de los hombres.

Hemos respaldado las decisiones encaminadas a rescatar los recursos naturales de países empeñados en un alentador proceso de liberación y su derecho de imprimir a su vida social la orientación que dicte el interés público; nos hemos solidarizado con movimientos de liberación anticoloniales y combatido, enérgicamente, el bloqueo económico de poderosas naciones a países que ensayan su propio camino.

En una etapa histórica caracterizada por las decisiones autoritarias, pugnamos en todo momento por abrir paso a la expresión de la voluntad de las mayorías.

Esta firme resolución de oponernos a las actitudes hegemónicas de cualquier signo ideológico, nos condujo a actuar estrechamente vinculados con los países que hoy propugnan el tránsito de una dirección paternalista a una conducción colectiva de los asuntos mundiales.

A pesar de sus evidentes limitaciones, la Organización de las Naciones Unidas se presenta hoy como la única opción institucional para la preservación de la paz y la seguridad internacionales.

Desde el principio del régimen abogamos por el desarrollo de sus funciones, por la ampliación de sus facultades y la vigorización de su capacidad para resolver las tensiones y los conflictos de nuestros días.

El día 7 de octubre del año pasado, por segunda vez hablamos a nombre de México ante la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas.

Subrayamos en esa ocasión que no podía reprocharse a los países del Tercer Mundo que aspiraban a la fundamentación democrática del poder mundial.

Propusimos fortalecer la capacidad de decisión de la Asamblea General que actualmente encuentra limitadas sus funciones respecto del Consejo de Seguridad en materias, en que esto ya no es justificable, así como la reducción de los temas sobre lo que pueda interponerse el veto y, además, extenderlo a uno o varios miembros del Tercer Mundo a fin de lograr en el Consejo de Seguridad un equilibrio que corresponda a la verdadera composición del actual escenario internacional.

Hoy reafirmamos la urgente necesidad de una reforma estructural de la Organización para que ésta pueda cumplir con la misión que le han asignado las grandes mayorías del mundo, de contribuir al modelamiento de una nueva sociedad universal.

Igual énfasis y dirección ha tenido nuestra política para renovar la estructura y el funcionamiento de la Organización de los Estados Americanos.

Lo dijimos en los lugares y en los momentos adecuados, y hoy lo repetimos: América Latina forma parte del Tercer Mundo.

Sus luchas son coincidentes y paralelas a las que libran otras naciones contra el colonialismo y las modernas tentativas de sojuzgamiento.

Los países latinoamericanos tienen ante sí la responsabilidad Histórica de rechazar la inercia que los circunscribe a las relaciones continentales, hacer a un lado pretendidos determinismos geopolíticos y abrirse al intercambio y a la solidaridad con los pueblos que en otros continentes se comprometen a la misma batalla por la afirmación nacional.

A iniciativa de nuestro país, se acordó incluir en la Carta de la OEA, el principio del pluralismo ideológico, perfeccionar el relativo a la no intervención y adoptar el criterio de la mayoría simple en las votaciones para reformar dicho instrumento.

De igual manera, la firme posición de México condujo a que la Organización rectificara los acuerdos que menoscababan la libertad a los países miembros, para establecer relaciones con la hermana República de Cuba.

Hemos combatido y combatiremos toda manifestación que aspire a perpetuar viejos esquemas de sujeción y neocolonialismo.

Fue precisamente esta actitud la que inspiró nuestra negativa tajante a asistir a la VI Asamblea General de la OEA, que se celebró recientemente en la ciudad de Santiago de Chile.

Nuestro rechazo a la política de la fuerza, nos llevó a condenar, sin miramientos, toda violación a los derechos humanos y toda persecución dictatorial por razones políticas.

Consecuentes con esta posición, rompimos relaciones diplomáticas con el actual régimen de Chile que derrocó, con el apoyo del exterior, al Gobierno Constitucional del patriota Presidente Salvador Allende. De igual forma rechazamos toda relación con los gobiernos racistas de Sudáfrica y Rodhesia.

Igualmente en defensa de los derechos humanos y preocupados por la amenaza que significaba para la paz, denunciamos ante la Organización de las Naciones Unidas los dramáticos sucesos acaecidos en España a finales del año pasado, que estuvieron a punto de crear una peligrosa fricción internacional.

Estamos atentos a la evolución de los acontecimientos en España y hacemos votos, junto con los sectores progresistas de esa nación, porque el proceso democratizador marche con mayor celeridad.

Quiero informar a la representación nacional -y esto en parte ha trascendido durante los dos últimos años- que he recibido la visita frecuente de los más altos representativos y dirigentes de todos los grupos de los más diversos matices políticos, de la oposición democrática y republicana española. No he querido ocultarlo y ahora lo ratifico amplia y abiertamente.

De todos los grupos, a lo largo de los años, me han visitado en la casa presidencial de los Pinos o en Palacio Nacional; he charlado ampliamente con ellos; he manifestado que México continúa con su política de compromiso con la tradición democrática española; que ciertamente en los años de este periodo y desde mi campaña presidencial, por parte del gobierno español actual, directa o indirectamente, tuvimos una serie de insinuaciones para el establecimiento de relaciones diplomáticas; que siempre México ratificó su profundo afecto porque el pueblo español representa la madre patria; que estamos igualmente orgullosos de nuestros orígenes indígenas y de nuestros orígenes españoles y que no debemos autodenigrarnos por nuestra condición histórica y sociológica, como se hizo en el pasado, atendiendo a una u otra moda, por cualquiera de estos orígenes; que estamos orgullosos de nuestro mestizaje, de la nacionalidad que estamos construyendo y que, definitivamente seguiremos fieles a nuestro compromiso con la democracia española.

Con los representantes de los distintos sectores de la oposición democrática española; no solo con los republicanos que vinieron como emigrantes de 1936 a 40 y siguieron viniendo después a México, sino también con los que he saludado en distintas capitales, fundamentalmente en Caracas, en Río de Janeiro, en Moscú, en Londres, en los Estados Unidos, en Yugoslavia, en algún otro país, hemos ratificado que México se mantendrá fiel a este principio.

Y cuando nos han preguntado -no cuáles serían las condiciones que nosotros impondríamos al gobierno español, porque sería intervención- sino cuáles serían las características de una situación que nos llevaría a pedir relaciones, modestamente, hemos manifestado siempre, usando los mismos términos, expresando las mismas ideas, que queremos que se vaya camino seguro de un parlamento en donde estén representados todos los partidos políticos; que se consolide la libertad de prensa; que salgan todos los presos de las cárceles; que los emigrados, sin distinción, puedan regresar a su patria; que sólo así nosotros veremos cumplido fielmente nuestro compromiso con el pueblo español.

Yo veo ya difícil que en tres meses estas circunstancias se aceleren.

De darse, aunque fuera en los últimos días, el Gobierno de la República, en uso de sus facultades constitucionales -y que lo sepa desde ahora el país entero- pedirá relaciones diplomáticas a España.

Pero pienso que lo más probable es que esto tenga oportunidad de hacerlo el próximo Gobierno de la República.

Cuando se haga, a fines de este Gobierno o durante el próximo, evidentemente la medida contará con el apoyo mayoritario del pueblo mexicano, porque seremos fieles a nuestro compromiso con el pueblo de España y con su tendencia democrática, hasta el último momento.

El asilo político se encuentra vinculado estrechamente a la preservación de los derechos del hombre.

Su concesión justificada enaltece a las instituciones y vigoriza nuestro ideario de libertad.

Así, la Revolución Mexicana participa activamente en la protección de los valores humanos más perdurables.

Esta institución adquiere especial significado en un momento en que las violaciones de los derechos individuales se generalizan en forma alarmante en el Continente.

Me enorgullezco en comunicar a esta Asamblea soberana que en transcurso de la actual administración casi dos mil personas de distintas nacionalidades solicitaron y obtuvieron protección en nuestras embajadas.

Se ha publicado por ahí, recientemente, en unión de otras mentiras por parte de grupitos de presión que se han improvisado en furibundos enemigos de México, que importantes instituciones de nuestro país están dirigidas por asilados chilenos.

Es una de tantas mentiras con que se quiere hostilizar a México.

Nosotros estamos muy orgullosos de haber dado asilo a la señora viuda de Allende -a esa gran mujer latinoamericana que tanto se parece, por su drama y por su acción, a Margarita Maza de Juárez- y a muchos centenares de chilenos, que están trabajando en algunas universidades.

Entre ellos vinieron técnicos que fueron expulsados, también, por el fascismo chileno, apoyado desde el exterior.

Aquí los hemos ayudado a instalarse y a trabajar.

Se han portado decentemente.

Algunos timoratos predecían que iban a participar en actos de violencia o de terrorismo.

En esfera internacional, más bien pensamos que el terrorismo viene de otro lado; porque el territorio es fascista.

Y decimos que viene de otro lado porque el tipo de víctimas que ha escogido, de personas tan estimables, entre ellos algunos cónsules extranjeros, el señor gobernador actual de Guerrero que está transformando el Estado; el señor licenciado José Guadalupe Zuno; esa gran mexicana: Margarita López Portillo; gente de bien, gente de pro, nos hace pensar en que quieren que éste o el próximo gobierno desate lo que se llama una "cacería de brujas", y que a cualquier disidente, a cualquier articulista que critique algo del gobierno o de la situación internacional, o a cualquier poeta que escriba con libertad, o a cualquier muchacho melenudo, o a cualquiera que nos vea feo, se le persiga.

¡Eso va a pasar en México!

Por el contrario a los estudiantes universitarios y politécnicos les hemos pedido, por ejemplo, que sean críticos, que sean disidentes; que su inconformidad por problemas nacionales o internacionales, por injusticias de todo género, no se agote dentro de las aulas.

Les exhortamos, por el contrario a que se preparen y salgan a luchar, cuatro o cinco años después, por transformar con un sentido positivo a la sociedad.

A quienes escriben les hemos dicho que no improvisen censuras para ganarse la vida; piensen a fondo, que estudien.

Que la inteligencia de México está integrada por esos millares y millares de egresados de las universidades, del Politécnico, de las universidades de provincia, de los tecnológicos, que están transformando el país, al servicio de la Revolución, y que ellos, libremente, escogieron su carrera y han escogido su destino.

Que no se haga mal uso de nuestras libertades.