Discurso de Luis Echeverría Álvarez en su Sexto Informe de Gobierno
Part 14
Frente a las dictaduras financieras y militares de los imperios, el Tercer Mundo se levanta como fuerza emergente e indetenible.
Así lo concibió usted cuando propuso la única infraestructura para un mundo de paz en el nuevo orden económico de la justicia.
Cuando se expresó el consenso del Tercer Mundo que es la Carta de los Derechos y Deberes Económicos de los Estados.
De ese instrumento jurídico surgen los organismos pioneros de una nueva independencia:
El Sistema Económico Latinoamericano y la Naviera Multinacional del Caribe, que se conjugan con esa conquista de nuestra soberanía que es la Zona Económica Exclusiva de las 200 millas de nuestros mares.
Acabamos de asistir a un proceso electoral que confirma la vocación cívica del pueblo y su rechazo al abstencionismo pregonado por emisarios del pasado.
Frente a la violencia prefabricada de quienes quisieran ver instalado el fascismo, resaltó la actitud ciudadana en las urnas, producto de la política social y de las reformas constitucionales que dotan de igualdad jurídica a la mujer; que reflejan la participación de los jóvenes para que puedan ser electos diputados desde 21 años y senadores desde los 30, que abren mayores posibilidades a los partidos para ampliar sus bases y lograr la confrontación plural de la democracia.
En este diseño político se encuentran aún obstáculos puestos por muchos años de rigidez y por el subdesarrollo de la información y la educación.
Qué difícil es vencer la dogmática y la repetición mimética de viejos cartabones, pero nos hemos decidido a hacerlo, y por ello hemos optado por los riesgos de la democracia, antes de caer en la provocación del autoritarismo.
En esta escuela, las aulas están abiertas desde la niñez; en esta nueva filosofía del ser y no del poseer, están trabajando los educadores, las trabajadoras sociales, las parteras empíricas y toda esa multitud de voluntarias del campo y la ciudad, impulsadas por la creatividad rebelde de la compañera de los humildes, María Esther Zuno de Echeverría.
Ningún país que pretenda conservar sus libertades esenciales ha podido destruir de un golpe los residuos feudales y de la esclavitud.
El gran rezago histórico que constituyen cuatro siglos de dominación colonial y una secuela de intervención extranjera, nos heredaron una realidad lacerante que es a la que el Presidente Echeverría se ha enfrentado.
De ahí que en estos seis años de ajuste entre el ser y el deber ser de la Nación, hayamos retomado las fibras íntimas de la moral revolucionaria para convertirlas en acciones congruentes con los objetivos de la Constitución.
Pero este fenómeno no es ni fortuito, ni efímero.
Se debe al magisterio de una conducta pública vertical, insobornable, que se enfrentó a la frivolidad de quienes desde el poder público quisieran defraudar al pueblo.
Se debe al comportamiento del Presidente de la República que es ventana abierta, energía infatigable e integridad ante los enemigos del pueblo.
El país que nos deja el Presidente Echeverría puede cuantificarse en una obra pública de grandes dimensiones humanas y materiales.
Pero muy por encima de ello está la nueva mentalidad de los mexicanos: Ahora podemos mirar al futuro sin vendajes ni servidumbres.
A su tiempo, el pueblo vulneró el derecho conservador y ahora se vale de un derecho transformador.
Al afirmarse esta nueva ética política, se puso de manifiesto el vigoroso apoyo del Poder Legislativo, lo que hizo posible que en estos seis años se alcanzara la mayor y más alta legislación social de la Revolución Mexicana.
Esta Quincuagésima Legislatura del Congreso de la Unión, integrada por legítimos representantes de obreros, de campesinos, de las clases medias, por jóvenes, mujeres, intelectuales universitarios, técnicos y por las minorías políticas que conforman la pluralidad ideológica de México, no incurre, no quiere incurrir, en el error de óptica que consistiría en estimar que todas las decisiones, por serio, se han convertido plenamente en realidades.
Sabemos que no estamos al cabo del camino y que están por delante, todavía obstáculos numerosos y difíciles.
Sabemos que al vencer viejos problemas se generan nuevas necesidades que habremos de afrontar.
Comprendemos que frente a la fatiga, frente a prácticas de corrupción, y frente a los imponderables del subdesarrollo sólo una firme estructura ideológica, nos puede guiar en el combate cotidiano.
En él, y para mantener incólume la vigencia de nuestra soberanía, México cuenta con sus fuerzas armadas de fuerte origen popular, que constituyen un ejemplo de integridad cívica y nacionalismo.
México vive nueva ética en la Administración Pública.
A este Gobierno correspondió abrir paso a una nueva generación sujeta a la más dura prueba.
Quienes mostraron fragilidad en sus principios, recibieron la condena del pueblo; pero también, es cierto que han surgido jóvenes, en las más altas responsabilidades, que bien aprendieron el valor de la moral revolucionaria señalada por el Presidente Echeverría.
A tres meses de la apertura de un nuevo sexenio, que por muchos conceptos será decisivo para el país, este régimen tiende un puente histórico para unir más anchos caminos.
No perderemos ya el nuevo rumbo, porque el país se ha consolidado.
Supo conducir a usted a la Primera Magistratura y el pueblo bien ha elegido a quien conoce a fondo las disyuntivas en que vive México: a José López Portillo.
Ya no caven retrocesos ni extravíos.
La secuencia de la historia no podrá ser fraccionada mientras el pueblo siga siendo vigía intransigente.
Por ello, la presencia de José López Portillo en este Informe, confirma la legitimidad de nuestra decisión soberana y niega la supuesta teoría de los vaivenes sexenales fabricada por la contrarrevolución.
Es este un Gobierno de transición revolucionaria, que mira hacia el Siglo XXI.
Es, un Gobierno de las mayorías, de la profunda reforma en la democracia para construir una sociedad sin inquietudes, un México sin dualidades.
Es un Gobierno que dio gran impulso a la educación; que llevó seguridad social sin paralelo al campo; que introdujo vías de acceso y comunicación a las zonas más aisladas; que impulsó las actividades de las universidades, respetando íntegramente su autonomía; que incorporó a los indígenas al interés reivindicativo, tratándolos como verdaderos seres humanos y no como pretexto de intelectuales elitistas; que respetó la división de poderes constitucionales y el pacto federativo; que impulsó las luchas de los países débiles, al crear el Centro de Estudios Económicos y Sociales del Tercer Mundo, que será como diría el Presidente Senghor, el canto de protesta y el nervio creador que proyectará el anhelo, el ansia infinita de Asia, áfrica y América Latina, de vivir en una sociedad liberada y justiciera.
Desde este Congreso del pueblo, declaramos hoy, que estamos resueltos a seguir legislando por el cambio; a no admitir desviaciones, ni dogmas.
Estamos dispuestos a cumplir con nuestro deber histórico y llevar más adelante las decisiones del pueblo, de ese pueblo erguido, que tanto ama usted, y por el que ha luchado, sin descanso, apasionadamente.
Fuentes:
http://lanic.utexas.edu/larrp/pm/sample2/mexican/echev/index.html
http://cronica.diputados.gob.mx/DDebates/50/1er/Ord/19760901-I.html
http://www.diputados.gob.mx/cedia/sia/re/RE-ISS-09-06-14.pdf
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