Discurso de Luis Echeverría Álvarez en su Segundo Informe de Gobierno
Part 6
Les dije que en este Informe yo iba a incluir una reseña, aunque fuera breve, del contenido de su visita, porque su actitud me parece ejemplar.
Hace unos cuantos meses sufrió aquella región de intensísimas lluvias, por las cuales las cosechas de trigo y de sorgo se perdieron hasta por cerca de 500 millones de pesos.
Se dieron cuenta que los agricultores norteamericanos, sus vecinos del otro lado, habían perdido mucho menos, ya que sus parcelas se habían desaguado rápidamente.
Recordamos que ellos me acompañaron allá, por el bajo río San Juan y el bajo río Bravo, cuando minuciosamente recorrimos los campos agrícolas; y cuando yo les hablaba de la necesidad de diversificar cultivos, me decían que no tenían suficiente agua y que solamente con ciertos cultivos, muchos de ellos propios de tierra temporal -cosa muy lamentable-, habían podido llevar adelante su economía.
Esa consideración, y las inundaciones de que fueron víctimas, nos hicieron llegar a concluir que es necesario complementar el distrito de riego, como pasa en otros del país, con obras de drenaje, con canales de riego y algunas otras obras secundarias.
Y vinieron unidos, y allí estaban el Secretario General de la Liga de Comunidades Agrarias, y sindicatos campesinos de la Confederación
Nacional Campesina; el presidente de la Federación de los Pequeños Propietarios del Estado, al frente de los grupos; y los directivos industriales y de los comerciantes de la región, acompañados del señor Gobernador del Estado, y los presidentes municipales de los Ayuntamientos fronterizos.
Vinieron a decirnos que estaban ellos dispuestos a pagar esa obra si el Gobierno Federal hacía el estudio técnico, y después, con un crédito adecuadamente establecido, podía realizarse la obra.
Yo les manifesté que iba a señalar en este Informe que en nuestro pensamiento no cabe el conformismo; que si ellos se han dado cuenta de que si con un temporal excesivo pierden lo que vale una parte de las obras y con dos quizás perderían lo que valen todas las obras, que son urgentes, nos vienen a mostrar lo que en todo el país debemos de hacer: darle el frente a los problemas, unirnos.
Entre ellos han venido discutiendo, entre ejidatarios y pequeños propietarios, dentro de la ley -discusiones en las que he participado-, problemas que sabemos que existen en todo el país y que estamos legalmente encauzando; porque así, unidos, podían resolver el problema, como esto ya ha comenzado a acaecer.
Estamos ya haciendo ese estudio.
Y dispensen ustedes esta inclusión para nuestros compatriotas agricultores del noreste del país, del asunto que les prometí incluir aquí, tan fuera del programa previamente establecido.
MENSAJE
Honorable Congreso de la Unión:
La política del gobierno es indivisible.
Sus diferentes manifestaciones forman parte de una misma línea ideológica y de un solo plan de acción.
Nuestra conducta interna y externa se inspira en idénticos principios y responde a una estrategia uniforme.
Somos celosos de nuestra soberanía y defendemos la autodeterminación de los pueblos.
Afirmamos nuestro pluralismo político y mantenemos relaciones cordiales con regímenes de distintas tendencias.
Sostenemos la igualdad de los ciudadanos ante la ley y rechazamos la hegemonía de unos estados sobre otros.
Hemos rescatado nuestros recursos básicos y consideramos que todos los pueblos tienen derecho a la posesión y usufructo de su propia riqueza.
No podríamos denunciar un sistema internacional oligárquico y favorecer, al mismo tiempo, la consolidación de nuevos señoríos en el país.
Luchamos, aquí y fuera de nuestro territorio, por la prosperidad y por la justa distribución del ingreso.
La política exterior nunca ha sido, en nuestras manos, un instrumento para distraer la atención pública de los problemas nacionales sino, antes bien, un medio para esclarecerlos y para denunciar los mecanismos inequitativos que prevalecen en la vida internacional.
Hemos emprendido una apertura hacia el exterior, por el incremento de nuestras exportaciones y por el estrechamiento de nuestras relaciones con el resto del mundo.
Actuamos sin ataduras ni temores.
Defendemos nuestros derechos con entereza y estamos unidos a los pueblos que, como nosotros, luchan por su desarrollo.
La mayor participación popular en las decisiones políticas sustenta la nueva organización de nuestros procesos económicos.
Ampliar la base de la democracia política es crear nuevas fuerzas que modelarán la democracia económica.
Renovar la administración pública es hacer más ágil la distribución del ingreso y facilitar la actividad de los particulares.
Descentralizar la industria es crear nuevos polos de desarrollo regional que contribuyen a resolver a la vez, problemas del campo y de la ciudad.
Redistribuir el ingreso es desarrollar el mercado interno, facilitar la exportación y fortalecer la independencia nacional.
El mundo se transforma aceleradamente.
Buscan los pueblos nuevas vías hacia la autonomía y el progreso.
El nuestro lo hace con ideología propia, seguro de su capacidad creadora y confiado en la unidad esencial de la Nación.
Dejarnos llevar por el conformismo o por la impaciencia sería arriesgar lo conquistado en décadas de trabajo perseverante.
México ha crecido tan de prisa que el ayer inmediato se convierte rápidamente en historia.
La magnitud de nuestros problemas y la novedad de las aspiraciones que se están gestando, nos obligan a actuar al margen de moldes tradicionales.
Hace apenas tres décadas, México era un país predominante agrícola con veinte millones de habitantes.
Hoy en cambio, cuanta con una economía diversificada cuyo producto se encuentra entre los quince más importantes del mundo.
Antes que termine esa década sería uno de los diez países más poblados del orbe.
México no puede detenerse a la mitad del camino.
No tiene derecho a la indecisión ni al conformismo.
El crecimiento demográfico puede ganar la partida al desarrollo de nuestra economía.
La falta de un esfuerzo intenso y sostenido podría condenar al país a la frustración y a la dependencia.
En su proceso de crecimiento nuestro país ha evitado los extremos, tan frecuentes, de la anarquía y la dictadura; pero necesitamos más energía y patriotismo para seguir nuestra ruta sin tropiezos graves.
Somos los primeros en reconocer la necesidad de transformar nuestro proceso económico; pero nadie tiene razones válidas para afirmar que los cambios no son posibles por la vía pacífica y dentro del orden constitucional.
México ha elegido la vía democrática hacia el desarrollo.
Sabe que la acumulación del poder en pequeños núcleos sociales o el predominio de intereses extranjeros distorsionan el sentido de nuestra evolución y pueden frenarla en cualquier momento.
La imitación de modelos culturales ajenos, la desordenan importación de capital y tecnología extranjera, la falta de coordinación entre los factores, destruyen la personalidad de un país y lo convierten en tributario de metrópolis externa.
Más complejos son hoy nuestros problemas pero también mayor nuestra capacidad para resolverlos.
Sabemos que el futuro de México depende de nosotros mismos, de la audacia y de la rapidez con que actuemos, de que cada uno de nosotros concurra, con su mejor esfuerzo, a la gran empresa colectiva.
El poder del pueblo se multiplica cuando tiene certidumbre en el rumbo elegido y confianza en su destino.
A pesar de los problemas que heredamos tanto del pasado remoto como de épocas recientes; a pesara de los obstáculos que levantan, a cada paso, tanto los partidarios del inmovilismo, como los de la anarquía, la actual administración ha renovado los fundamentos de nuestra convivencia democrática
El gobierno afirma que la paz de hoy y la de mañana dependen de su acción coherente en el mantenimiento de orden público, el fortalecimiento de la democracia y la realización de un programa auténticamente progresista.
Si la represión arbitraria resulta del abandono de los procedimientos legales y políticos, la demagogia y la agitación estéril son consecuencia de soslayar la verdadera naturaleza de los problemas.
No aceptamos que se confunda la delincuencia con la política.
La violación de la Ley ha de combatirse con los procedimientos previstos por nuestro sistema normativo.
Los conflictos políticos deben resolverse por medio del diálogo, la negociación y los actos legítimos de autoridad.
Los problemas más graves han de solucionarse por medio de las transformaciones que ya hemos iniciado.
He insistido en la necesidad de actuar con una nueva moral ciudadana, para que la Revolución Mexicana siga siendo creadora y eficaz.
El verdadero revolucionario transforma la realidad y se transforma con ella.
A cada etapa histórica debe corresponder una nueva conciencia, una nueva actitud y una nueva conducta.
La prosperidad o el sacrificio compartidos afianzan los vehículos comunitarios, el prolongado desequilibrio entre extremos de abundancia y pobreza abre paso al rencor y al conflicto.
Rechazamos un progreso reflejo, insuficiente para incorporar a todos los sectores sociales y estructuralmente diseñado para consolidar privilegios e inadmisibles sometimientos.
Luchamos para construir un orden económico que integre a todas las fuerzas productivas y distribuya equitativamente los frutos del trabajo.
Una economía hecha por todos y para todos.
La fidelidad a nuestro movimiento revolucionario consiste, hoy como ayer, en conquistar la justicia social por el camino de la democracia.
Nuestra ideología es el constitucionalismo nacional y popular.
Para llevar a buen término nuestra tarea, necesitamos intensificar el esfuerzo de todos los sectores sociales en un nuevo esquema de acción que propusimos al país desde hace casi tres años, al inicio de la última campaña electoral.
Hace tres décadas era urgente impulsar la capitalización del país; hoy es preciso poner el capital al servicio de la Nación entera.
Entonces había que consolidar un proceso de profundos cambios y superar las divergencias entre los revolucionarios; ahora es menester reavivar el espíritu de la Revolución.
Hoy son más amplias las clases medias, más grande el número de obreros y campesinos.
La unidad nacional consiste en articular las fuerzas sociales para desarrollar al país con autonomía, en someter los intereses estériles a la voluntad general, en dirimir dentro del derecho nuestras diferencias internas y presentar un frente unido ante los intereses extranjeros, cualquiera que sea su signo.
Cada gran movimiento de nuestra historia fue, en su hora, un renacer del nacionalismo, una alianza entre disímiles clases sociales y una lúcida toma de conciencia ante el desafío político, económico y tecnológico exterior.
Vigorizar el nacionalismo es redescubrir los valores del pueblo y encontrar en ellos la cohesión necesaria para acelerar el cambio social con libertad e independencia.
Hemos demostrado nuestra capacidad para transformar la sociedad sin alterar la paz pública.
Tenemos conciencia de lo que somos y de lo que podemos ser; tenemos prisa por organizara las fuerzas productivas y por dividir con equidad el fruto del esfuerzo nacional.
No trabajamos por triunfos deslumbrantes y efímeros, sino por fundar un orden duradero.
Hay pequeños grupos que se aferran al pasado, que se oponen a la necesaria substitución de unas generaciones por otras y que se agitan en defensa de anacronismos.
Pero la nostalgia y el resentimiento, nunca han podido invertir el curso de la historia.
Vivimos en una nueva realidad y ya no es posible la súbita creación de núcleos de poder o de fortunas como las que se formaron entre los vaivenes de una joven revolución o entre las contradicciones de un naciente proceso industrial.
No descansaremos hasta destruir la urdimbre de intereses que frenan el desarrollo de México.
No cederemos ante los grupos que constipan para evitar la renovación.
Abriremos paso a las generaciones que nos siguen y les entregaremos un país más libre, más próspero y más justo.
Es obligación del Estado dirigir el proceso político y el proceso económico de la nación entera.
Que los analistas y observadores colaboren críticamente en la construcción de una nueva sociedad; que los factores de la producción se complementen en el trabajo; que las oposiciones sociales se resuelvan por medio de la ley y de que todos y cada uno de nosotros contribuyamos al mejoramiento de la colectividad.
La Nación constituye una realidad indivisible.
Todos somos el país y el país somos todos.
Cada destino particular depende del destino colectivo.
Participamos de los mismos problemas, aspiraciones y objetivos.
En el conjunto de medidas que hemos adoptado y la suma de transformaciones que implantamos en aspectos esenciales del proceso productivo y distributivo aseguran la imposibilidad de regresar al pasado.
México adquiere nueva fisonomía y las fuerzas de la renovación se organizan para seguir adelante.
La simulación y el engaño comienzan a pertenecer a otra época.
Hemos elegido la verdad sobre el eufemismo y la mentira a medias.
El pueblo no admite sistemas de poder cerrado ni decisiones tramadas en la sombra.
Rechaza a los falsificadores de la democracia y a los publicistas de un ilusorio progreso.
Cada ciudadano y cada grupo deben aceptar públicamente sus ideas, necesidades y demandas.
El Gobierno predica con el ejemplo y no teme a la verdad ni a la crítica.
Garantiza la libertad de expresión y propicia su práctica.
Es facultad y deber de los ciudadanos hacer uso de ella a través de los medios de difusión, pero estos, insistiremos siempre, han de reflejar honradamente los logros de la República en el camino de su propia superación.
En un país que requiere cambios profundos sin alteración de rumbo; que aspira a preservar su estabilidad y al mismo tiempo, a combatir la injusticia; que busca una sucesión fecunda de generaciones y desea robustecer su independencia en todos los órdenes, la tarea de gobernar demanda trabajo sin desmayo y una constante acción creadora.
Las ideas que nos animan coinciden con nuestras palabras y con nuestros actos de Gobierno.
Trabajamos con la exposición reiterada de nuestras convicciones y con los hechos que las confirman.
Sabe el pueblo que consagramos a su servicio la integridad de nuestra energía y de nuestro tiempo.
Que luchamos siempre por mejorar sus condiciones de vida y por impulsar su desarrollo.
Por ello podemos acudir, nuevamente a su fe y a su entusiasmo para que lleve a buen término la tarea que hemos emprendido juntos.
Demandamos la colaboración de todas las fuerzas sociales para llevar a cabo las transformaciones que el país exige,
No podemos destruir de un golpe males seculares, ni ganar todas las batallas en un mismo día, pero estamos obligados a librarlas sin descanso.
La ruta de México señala arriba mientras el pueblo sigue adelante.
Contestación del Dip. Celso H. Delgado, Presidente del Congreso.
Ciudadano Presidente de la República:
Hemos escuchado con una gran atención la reseña que de una dura tarea, que de una fuerte brega y una lucha popular en otro año de ejercicio constitucional y revolucionario al frente del Gobierno del pueblo ha usted realizado.
Ciertamente, el país está urgido de cambios sustanciales; a tiempos nuevos, actitudes nuevas; a problemas nuevos, soluciones nuevas.
Un criterio generalizado entre los miembros del Congreso de la Unión, senadores y diputados han coincidido y así me lo han comentado, es la encomienda que tengo, en que esta ocasión es propicia para echar abajo una vieja práctica en el seno del Congreso de la Unión; una vieja práctica protocolaria y entrar de lleno a la llaneza de la contestación de su Informe de Gobierno.
Esta época, este clima es propicio para derrumbar esa vieja práctica.
La acción ejecutiva de la generación que usted representa comprometida históricamente, y la acción del pueblo en la Presidencia de la República en sendas y vigorosas jornadas han promovido y han creado un clima en el que lo único permanente es la actitud de cambio y el ascenso revolucionario.
Estos han creado y adecuado instancias para que los esquemas, las rutinas, las instituciones obsoletas sean derruidas; los senadores y diputados miembros del Congreso de la Unión, hemos sido testigos -y nos consta- del trabajo denodado que usted ha depositado a todas y cada una de sus tareas; lo hemos visto en sus giras, en las mesas de trabajo, en las asambleas, en la discusión pública: ¡se está trabajando!; somos testigos de su esfuerzo que en compañía de su esposa la señora Esther Zuno de Echeverría, mujer de fina emoción y de gran sensibilidad social; somos testigos de la sencillez con que se está trabajando y del denuedo que se deposita en las tareas al servicio del pueblo.
En chamarra, en guayabera, sin corbata, derruyendo el protocolo, hablando sin ambigüedades.
De eso, los miembros de este Congreso de la Unión somos testigos.
Por eso es que así nos enfrentamos ahora, más allá de las ambigüedades, con sencillez a la verdad, por cruda que ésta sea, que es lo que exige el pueblo.
Este Congreso, después de los períodos ordinarios de sesiones de dos periodos extraordinarios en donde se ha trabajado sin descanso, en donde se ha recibido, se ha discutido, se han cuestionado iniciativas que han llegado del Ejecutivo, y las propias que se han generado, ha entrado a una nueva etapa; ha templado otro carácter, ha templado otra visión; la experiencia recogida en el receso dinámico, de enfrentarse a los problemas, a la realidad, de escuchar al pueblo, de ir hasta donde están sus problemas, como lo hace el Ejecutivo: de viajar, no solo en el interior del país, sino al exterior del país, porque ciertamente México no es una isla.
Este Congreso considera que su informe ha sido un informe exhaustivo, veraz, objetivo, que no puede agotarse en la mera respuesta que el Presidente del Congreso dé al mismo; que merece - porque ésa es la intención, ése es el propósito, investigar, precisarse-, hay en la intención del Congreso ahondar en los propósitos del Informe que usted nos ha transmitido en forma unitaria, de tal manera que cumplido el requisito constitucional de que los Secretarios de Estado entreguen el informe de sus labores, invitarlos a que comparezcan, si usted así lo dispone y autoriza las solicitudes del Congreso, a que comparezcan a este Congreso de la Unión e informen de las tareas que llevaron a cabo en sus Secretarías.
Este Congreso tiene interés en escudriñar, en ahondar, en precisar las cifras, el monto y el adelanto del pueblo.
Necesitamos hacerlo, además, porque esta experiencia la hemos recogido de los pasados períodos de sesiones.
Las comparecencias que hemos tenido y que usted ha autorizado de los miembros de su equipo de trabajo, en donde se ha ahondado, se ha ilustrado a la asamblea de las motivaciones que dieron origen a sendas iniciativas de ley que reformaron la Constitución dos de ellas, y otras que crearon el instrumental legislativo para promover una política de cambios substanciales para el país, debe repetirse, porque el pueblo merece que conozca la verdad.
Así como el Informe ha sido rendido, no sólo a esta Representación nacional, sino que más allá de la tesis de la fisión jurídica de la Representación popular; a través de los medios masivos de comunicación; su Informe ha llegado al pueblo.
Su informe, ahora, lo está discutiendo el ciudadano en su casa.
Nosotros, los miembros de este Congreso, queremos discutirlo exhaustivamente.
En su oportunidad y con urgencia habremos de solicitar la comparecencia tanto del Secretario de Hacienda, porque tenemos interés en los asuntos de la hacienda pública, del Secretario de Agricultura, del Patrimonio Nacional, de Educación, de Relaciones Exteriores, pues tenemos interés en que nos acompañen dentro del Congreso.
La nueva moral ciudadana que ya se advierte en la República auspicia la confrontación dialéctica entre el funcionario público que está usted modelando, quien seguro de su capacidad y preparación consciente de que su actividad no coincide con la del negociante, convencido de que el servicio público, vocación y entrega plena, y un Congreso en el que sus integrantes son leales con los intereses del pueblo que representa y los intereses de los Estados que también representan, esta experiencia, fortalecerá al Congreso y al Ejecutivo, que es el coordinador de los poderes de la Federación; habremos de confrontar puntos de vista para encontrar la verdad y la profunda concepción del rumbo que ha trazado esta nueva generación al frente de la República.
El documento que hemos escuchado no es sólo la relación sucinta de actos de Gobierno; no es sólo la relación sistematizada de los hechos del Ejecutivo de la Unión; sino que es además y principalmente, al balance justo y crítico, en donde se planea, se advierte, se prevé, se piensa y se ejecuta un programa concreto de Gobierno que ha sido diseñado en la consulta pública desde la campaña presidencial.
Hay un profundo interés derivado de esta comparecencia, que en el cumplimiento de un deber constitucional que llevamos a cabo; así se ha sentido en la recepción que los senadores y diputados han hecho de su Informe, subrayar lo que en general hemos advertido de este testimonio histórico que usted ha rendido a la Representación nacional; una política que va al fondo, que busca el equilibrio de la riqueza y que observa los postulados constitucionales de 1916 y 1917; que nace y crece en las raíces que creó la Revolución Social de 1910.
Así la reforma Constitucional que permite prever a los trabajadores y ahora a merced de su anuncio, a los trabajadores del Estado y a los miembros de la Armada de una vivienda decorosa, sana y limpia es un motivo de orgullo y satisfacción nacional.
Destacan a nuestro juicio también, las Reformas a la Constitución que amplían la base democrática, que hacen coherente su acción ejecutiva y permiten la participación más amplia de los jóvenes en la dirección política del pueblo.
Los jóvenes son un timbre característico que usted ha impreso a su administración.
Los jóvenes están en todas partes; hicieron la Revolución en 1910; con usted en la Presidencia de la República la siguen haciendo en 1972.
El campo, que a todos preocupa, los campesinos, la mayoría nacional, al lado de la de la clase trabajadora, ha merecido la acción intensa para equilibrar su ingreso.
El impulso a la industria rural, a descentralizar la industria, a crear fuentes de trabajo en el campo, ampliar la red de comunicación y captar la mano de obra y a responder en el reparto de la tierra, y ahora el reparto del agua, el crédito y la técnica, compromete la acción de todos para seguir haciendo la Reforma Agraria de acuerdo con los postulados de la Constitución.
La Reforma Agraria la contemplamos en los actos verificados por esta generación que está al frente de la República como en la vértebra misma de un afán de equilibrio social y de superación de la clase campesina con la cual estamos comprometidos históricamente los mexicanos.
Hay una correlación, hay una profunda identificación entre la acción social, la acción política, la acción educativa en el ámbito interno como en la acción internacional.
La Presencia, el vigor, la actualidad del Benemérito de las Américas en este centenario de su fallecimiento adquiere especial significado en su actitud anticolonial de defensa de los intereses y el rumbo de los pueblos que usted ha manifestado tanto en el Pleno de la Organización de las Naciones Unidas, donde México milita al lado de los pueblos explotados y sojuzgados, en donde se aborda y se plantea, además, la tesis que permite calificar todavía más la universalidad de la Organización de las Naciones Unidas, al aceptar ésta la proposición de usted de la admisión de la República Popular China cuya soberanía es indivisible.