Discurso De Luis Echeverria Alvarez En Su Quinto Informe De Gob
Chapter 7
Se estima que a fin de reducir sustancialmente el consumo de petróleo para producir electricidad, será necesario instalar en los próximos 15 años plantas termonucleares capaces de producir, en total, 15,000 megavatios.
Se trabaja en la elaboración de un programa de desarrollo nuclear que tiene por objeto lograr la generación eficaz y económica de energía eléctrica, hacer participar a la industria nacional en la fabricación de equipos necesarios para las centrales nucleares y proporcionar la mayor seguridad posible al país por lo que hace al abastecimiento de este combustible.
El programa global de energéticos a que hago referencia, tiene por objeto sentar las bases de un desenvolvimiento industrial y económico más firme que contribuirá a la integración industrial del país.
Con los programas de expansión de la industria siderúrgica, el país podrá satisfacer, autónomamente, todas las necesidades de acero a partir de 1976.
Para lograr esta meta, se trabaja activamente en el Consorcio Minero Benito Juárez - Peña Colorada, en la Siderúrgica Lázaro Cárdenas - Las Truchas y en la ampliación de Altos Hornos de México.
Estos tres grandes proyectos, al estar concluidos, permitirán al finalizar esta administración, duplicar la producción de acero que existía en 1970, lo que significa culminar, en un período de 6 años, un esfuerzo equivalente al realizado en los 70 años anteriores.
Altos Hornos de México realiza, con un costo de 7 mil 33 millones de pesos, su etapa de expansión para el trienio 1974 - 1976, que elevará su capacidad anual de producción a 3 millones 750 mil toneladas de acero.
La empresa promueve la expansión de proveedores y de usuarios, integrando verticalmente el desarrollo de la industria.
Con este criterio entraron en operación la Fábrica Nacional de Máquinas Herramientas, la Industrial Recuperadora y la planta peletizadora "Constitución" en Chihuahua, misma que permite un mejor aprovechamiento de los recursos ferríferos de la zona.
Es satisfactorio informar de los avances en la Siderúrgica Lázaro Cárdenas - Las Truchas, complejo en el que se invierten 9 mil 756 millones de pesos.
La realización de este proyecto impulsa el crecimiento y diversifica las actividades económicas en una vasta región. La Planta entrará en operación en 1976.
Se encuentra ya en producción la primera planta del Consorcio Minero Benito Juárez - Peña Colorada, que tuvo un costo de 700 millones de pesos.
Con esta labor conjunta de sector público e iniciativa privada se logra un mayor aprovechamiento del potencial siderúrgico.
Se puso en marcha la reestructuración administrativa y financiera de las empresas integrantes del Combinado Industrial Sahagún y la modernización y ampliación de sus instalaciones.
Con los programas de expansión de este Complejo Industrial se incrementa, en este año, la capacidad de fabricación de automóviles de 18 mil a 28 mil unidades, la de camiones de 7 mil a 12 mil y la de motores de 7 mil a 13 mil.
Se instala, además, una planta de motores de aluminio que, en mayo próximo, empezará a producir 40 mil unidades por año.
Opera ya la nueva planta de tractores agrícolas ligeros.
La Constructora Nacional de Carros de Ferrocarril entregará, a partir de diciembre próximo, los primeros 345 carros del Metro.
Esta es una muestra más del avance tecnológico que hemos logrado y confirma que tenemos capacidad para satisfacer, con nuestros propios recursos, las crecientes necesidades de bienes de capital del país.
La mexicanización de la minería ha cumplido sus objetivos en la etapa de producción.
Sin embargo, la nueva política minera se orienta a continuarla en la fase de la industrialización de los minerales, así como en la comercialización internacional que constituye la parte más rentable de las actividades mineras.
Con el propósito de asegurar que en el futuro la explotación de los recursos minerales, básicos para la producción industrial y estratégicos en los distintos mercados internacionales, se realice conforme a los intereses generales del país y atendiendo a un creciente desarrollo industrial con características de equidad, en breve enviaré a este Honorable Congreso de la Unión un proyecto de nueva Ley Reglamentaria del Artículo 27 Constitucional en materia de Explotación y Aprovechamiento de Recursos Minerales, que tiene como premisa fundamental evitar la acumulación de yacimientos minerales en manos muertas.
Las nuevas concesiones mineras ya no se otorgarán, de aprobarse esta iniciativa, al "primero en tiempo" sino con base en programas de explotación y beneficio, sobre la base de que se reserva a la nación la prioridad que le corresponde.
El Estado ha aumentado su participación en las actividades minero - metalúrgicas, impulsando numerosos proyectos entre los que destacan los de cobre en la Caridad y Santa Rosa - Pilares en el Estado de Sonora, y La Verde en el Estado de Michoacán, que junto con los de Real de ángeles en Zacatecas, Cedros en Guanajuato, Lampazos en Sonora, Química Flúor en Matamoros, Roca Fosfórica en Baja California y otros, representan inversiones de más de 19 mil millones de pesos.
E. DESARROLLO REGIONAL
Los proyectos de desarrollo regional no producirían todos los resultados que se espera de ellos si no estuvieran sustentados en una organización adecuada que posibilite su continuidad y que al mismo tiempo lo lesione, antes consolide, la armonía del sistema federal.
Todos los Estados cuentan ya con Comité Promotor del Desarrollo Socioeconómico.
En cada uno de ellos, bajo la presidencia del Gobernador de cada entidad, los funcionarios federales radicados en la misma, los estatales y municipales, así como los representantes de los sectores activos de la población, realizan, en un diálogo abierto y democrático, tareas fundamentales de coordinación y programación.
Para perfeccionar la congruencia de estas acciones se creó la Comisión Nacional de Desarrollo Regional, que agrupa a funcionarios de las dependencias federales, organismos y empresas de participación estatal.
La Comisión de Estudios del Territorio Nacional amplió, en este año, la fotografía aérea de un millón 300 mil hectáreas.
Fueron estudiadas, con todo detalle, 2 millones de hectáreas más, a fin de precisar sus características y el aprovechamiento que de esta superficie realizan sus ocupantes.
También se determinaron las posibilidades de mejorar el uso del suelo y se generaron anteproyectos para abrir nuevas fuentes de trabajo.
El avance, a la fecha, en materia de fotografía aérea es de un 80 por ciento del total de la superficie nacional.
Concluiremos esta tarea antes de terminar el sexenio.
En el programa de parques y ciudades industriales fueron terminadas en su primera etapa, las obras de la infraestructura urbana de Aguascalientes; Celaya, Guanajuato; Los Belenes, Jalisco; Tijuana, Baja California; Tepic, Nayarit; Tizayuca, Hidalgo y Villahermosa, Tabasco.
Continúan los trabajos en las de Domingo Arenas y Xicotencatl, Tlaxcala; León, Guanajuato; Linares, Nuevo León; Matamoros, Tamaulipas; y Morelia, Michoacán.
También se encuentra en servicio el nuevo centro comercial de Mexicali, Baja California.
En estas ciudades industriales, se instalan ya 267 empresas que habrán de generar 9 mil empleos.
Las Juntas Federales de Mejoras Materiales realizaron durante el último ejercicio obras por más de 440 millones de pesos.
Se procura que sus actividades promuevan el desarrollo urbano con un sentido integral y no mediante la simple realización de obras aisladas.
Entre sus trabajos destaca la canalización del Río Tijuana y la urbanización de los terrenos que fueron rescatados a su cauce.
Esta obra se inició en el presente régimen en respuesta a peticiones que durante 25 años expresó la población de Tijuana.
Hasta la fecha se han invertido en este programa alrededor de 750 millones de pesos que representan más de la mitad del costo total del proyecto.
Lo hecho hasta ahora beneficia en forma directa a más de 50 mil personas e, indirectamente, a todos los habitantes del país, al presentar una imagen más digna de nuestra frontera.
El Plan Acapulco, en el que participan en forma coordinada varias dependencias del Ejecutivo Federal, ha invertido hasta la fecha 1,480 millones de pesos desde que las obras fueron iniciadas en 1971.
Se han resuelto deficiencias de servicios urbanos con medidas de profundo sentido social que corrigen un fenómeno de marginación interna provocado, durante muchos años, por inversionistas sin escrúpulos cuya acción irresponsable no pudo seguir adelante, merced a la firme acción del Gobierno.
Nuestros esfuerzos en materia de desarrollo regional están encaminados a descongestionar a las grandes ciudades, cuyos servicios absorben crecientes volúmenes de recursos que demanda el país entero y que deben sufragar, ante todo, los propios pobladores de los centros urbanos.
El 1 de enero del presente año entraron en vigor diversas reformas y adiciones a la Ley de Hacienda del Distrito Federal, por las que se estableció un sistema de tasas progresivas para el pago del impuesto predial a fin de distribuir equitativa y proporcionalmente la carga fiscal de acuerdo a la capacidad económica de los habitantes e impedir la especulación de los predios urbanos.
Por otra parte, nuevas cuotas por servicios de agua, combaten desperdicios irracionales.
Es indispensable que todos los habitantes contribuyan equitativamente al sostenimiento y a la ampliación de los servicios que se prestan en la ciudad, muchos de los cuales todavía se hallan subsidiados y no siempre a favor de quienes más los necesitan.
El mes de junio del presente año culminaron los trabajos de una de las obras más importantes del siglo. Inauguramos el Sistema de Drenaje Profundo que mantendrá a la ciudad de México a salvo de grandes peligros y la dotará de un eficiente sistema de expulsión de las aguas negras y pluviales.
La realización de esta obra requirió la excavación de un túnel de 60 kilómetros de longitud -la mayor en el mundo- y es motivo de legítima satisfacción para los ingenieros, técnicos y obreros mexicanos, a quienes hoy reiteramos nuestra felicitación.
Se aceleran los trabajos en las vías radiales y en el circuito interior del que fueron terminados y puestos en servicio doce pasos a desnivel.
Se terminó la construcción del edificio administrativo y de acción cívico social de la Delegación Venustiano Carranza y actualmente se encuentra en proceso de construcción los destinados a las delegaciones de Azcapotzalco, Coyoacán, Cuauhtémoc, Cuajimalpa de Morelos, Gustavo A. Madero, Iztacalco y Xochimilco.
POLITICA ECONOMICA
El desequilibrio de la economía mundial se ha caracterizado, en sus formas exteriores más relevantes, por la presencia de dos grandes fenómenos de incidencia universal: la inflación y la depresión.
No obstante, esos dos factores no sirven para explicar, salvo muy lejanamente, un problema mucho mayor: el fin de la etapa económica y monetaria iniciada al finalizar la Segunda Guerra Mundial.
La urgencia de un nuevo orden económico internacional, como hemos dicho ha pasado ya del nivel de la hipótesis al plano de una necesidad real inaplazable.
La inflación traspasa las fronteras y sacude las economías nacionales dependientes de la importación de bienes de capital y de alimentos.
La depresión de los grandes países industriales se transporta al comercio mundial de una doble manera: como restricción de las actividades económicas y como la desaceleración de los procesos de desarrollo en marcha.
México ha sufrido las consecuencias generales de este proceso.
La inflación, con las graves repercusiones que implica para las clases populares, fue uno de los problemas que tuvimos que afrontar.
No queremos engañarnos sobre su significación total y de ahí la importancia política de la etapa de desajustes y ajustes que hemos vivido.
En efecto, una parte de la elevación de los precios se ha debido a la inflación importada, pero otra parte, no muy inferior, se debe a la inflación generada por deficiencias internas que, con toda determinación encaramos y trabajamos por resolver.
En caso contrario, soslayaríamos el problema y eliminaríamos de él la responsabilidad nacional que a todos los sectores nos corresponde.
Apelo, en este punto, a la capacidad de análisis y a la conciencia nacional.
Definir esa realidad es precisar un problema que afectará al porvenir de las grandes mayorías populares.
Esa es nuestra única guía y la mayor responsabilidad que asumimos como gobernantes.
La inflación importada y la inflación motivada por causa internas ha puesto en pie, de manera evidente, dos fenómenos: que el mayor porcentaje de la crisis incide en las grandes mayorías sociales y que la inflación acelera la concentración del ingreso, la especulación y el desequilibrio social.
Desequilibrio que se quiere utilizar intermitentemente, además, por los grupos privilegiados, como una supuesta arma de presión, cuando renacen, equivocadamente, aspiraciones de poder político por parte de algunos de sus exponentes que carecen de méritos cívicos y de antecedentes de la lucha social.
De ninguna manera estamos dispuestos a aceptar una situación semejante, porque no pensamos sólo en este año ni en este período de gobierno, sino en el futuro de México y en el porvenir de las mayorías nacionales que son las únicas que pueden y deben exigirnos el cumplimiento de un compromiso histórico que hemos asumido en plenitud: la organización justa de la vida económica y social del país.
Para ello, diseñamos y pusimos en marcha un conjunto de medidas que forman un todo orgánico que comprenden una nueva política de financiamiento del desarrollo; una eficaz planeación y control del gasto público; una adecuada política monetaria y crediticia; el establecimiento de nuevos mecanismos para la fijación y revisión de precios; un sistema para promover vigorosamente nuestra corriente de exportaciones y dictar medidas para aprovechar de la mejor manera nuestro mercado interno; la revisión anual de los salarios mínimos y contractuales; y, el incremento de los precios de garantía para los productos del campo.
Ese conjunto de medidas ha operado, en líneas generales, positivamente.
No desconoceremos que su carácter, es en muchos casos, circunstancial.
Por esa misma causa queremos dar una propuesta sustantiva a los problemas de fondo que la crisis mundial ha deparado a las economías nacionales y, en nuestro caso, a la economía mexicana.
En efecto, se ha logrado moderar las presiones inflacionarias y reducir la tasa de crecimiento de los precios.
De diciembre de 1973 a junio de 1974 el índice nacional de precios al consumidor señala que su incremento fue de 10.1 por ciento, o sea, una tasa media mensual de 1.6 por ciento, mientras que en diciembre de 1974 a junio del presente año el crecimiento fue de 6.5 por ciento, lo que significa una tasa media mensual de 1.1 por ciento.
Si se examina el comportamiento de nuestro producto interno bruto se advierte que éste aumentó en alrededor del 6 por ciento en 1974, lo que corresponde aproximadamente a nuestra tasa histórica de las dos últimas décadas.
En 1975 nuestra economía sigue creciendo.
No es posible olvidar que incluso las más grandes naciones industriales tuvieron decrecimientos drásticos el año anterior y en este primer semestre, después de un breve período de optimismo, muchas vuelven a recaer en la inflación el desempleo y el pesimismo.
Por esa razón hemos insistido, en los más distantes meridianos del planeta que no se encontrará ninguna solución definitiva si no se dan pasos concretos para establecer un nuevo sistema económico internacional.
Para lograr este objetivo, es preciso diseñar y concretar un sistema de relaciones internacionales que posibilite a los países pequeños y medianos la plena utilización de sus recursos y potencialidades en el marco de una estrategia conjunta.
En esas circunstancias, propuse la creación de un sistema para el desarrollo del Tercer Mundo que permita la defensa permanente de los precios y las formas de comercialización de sus productos de exportación, que defina los mecanismo de apoyo mutuo en todos los sectores y que garantice regional o colectivamente niveles óptimos de importación de bienes, capital y tecnologías.
De esta manera los países en proceso de desarrollo estarían en condiciones de participar en el control real de los intercambios mundiales.
Intercambios que ahora están determinados por la manipulación de la oferta y la demanda desde centros de poder internacional.
Sin embargo, la realidad mundial no nos exime, sino al contrario, nos obliga, a realizar un análisis riguroso de la situación mexicana.
Las medidas adoptadas no han estado separadas de un programa o de un propósito permanente.
Así, ha sido la reorientación y control del gasto público para activar el desenvolvimiento económico, promover el empleo y, todo ello, sin generar, de nuevo, presiones sustanciales en el nivel general de los precios.
La inversión pública es, indiscutiblemente, el factor esencial del desarrollo.
Se comprende que sea así porque ha funcionado como un dispositivo estratégico en los puntos esenciales de la economía.
De esa manera se ha cometido la transferencia de recursos a sectores decisivos como el agropecuario, el petróleo, la petroquímica, los fertilizantes, la siderurgia, la energía eléctrica y los transportes, cuyas deficiencias estaban comprometiendo gravemente nuestra economía.
Se trata no sólo de compensar la reducción de la inversión privada, sino también de mantener en un plano adecuado la demanda de bienes y servicios de la colectividad.
Así se da una respuesta concreta a los problemas de origen interno generadores de inflación por falta de la producción básica.
No hay que desestimar tampoco, en esta área, un aspecto fundamental: que las inversiones en la infraestructura tienen un plazo de rentabilidad largo y que, en consecuencia, no pueden esperarse resultados plenos de manera inmediata.
No obstante, los esfuerzos realizados en los sectores clave de la economía nacional ya dan resultados prácticos cuyo alcance último se verá, en toda su magnitud, en los próximos años.
Decir que hemos hecho frente a la recesión más sería que ha sufrido la actividad económica mundial después de la de 1930 y a los problemas de crisis del sistema monetario y financiero internacional, que hicieron más grave el problema para los países medianos y pequeños y que, a pesar de ello, a fines de este sexenio se habrá duplicado nuestra producción petrolera, eléctrica y siderúrgica en relación a 1970, y que en este 1975 se ha mejorado sustancialmente la producción de alimentos, puede parecer sencillo; pero estar en condiciones de lograrlo, ha requerido una planeación rigurosa y un denodado esfuerzo nacional.
Para financiar ese plan de prioridades inaplazables, requeríamos de recursos adicionales capaces de pagar los aumentos externos e internos de costos.
De ahí la necesidad de adecuar el fisco y nuestra bien ganada capacidad de crédito a las nuevas exigencias y de establecer precios y tarifas realistas para enfrentar urgencias de producción que suplieran nuestras deficiencias que, de no corregirse, hubieran generado graves problemas.
La decisión fue firme.
Admitir la proposición contraria suponía que por alzas de costos, se abandonaran proyectos que aseguran el futuro del país y de programas que a corto, mediano y largo plazo, proporcionan empleos, seguridad colectiva y prosperidad general.
No podíamos abandonar los objetivos de la nación arrastrados por la desfavorable situación internacional.
Teníamos que actuar y lo hicimos con serenidad y plena conciencia.
Es satisfactorio informar que el monto del ingreso fiscal efectivo ascenderá a 105 mil millones de pesos, 48 por ciento mayor al del año anterior.
Por lo que respecta a su relación con el producto interno bruto, la recaudación de 1975 llegará al 11 por ciento del mismo, 2 puntos más que en 1974.
Lo anterior es resultado de las adecuaciones fiscales.
En relación con los organismos y empresas controlados presupuestalmente, los ingresos de los últimos doce meses llegaron a 93 mil millones de pesos, o que representa un incremento del 26 por ciento respecto al período anterior.
Ello obedece, principalmente, a la revisión de los precios y tarifas de los bienes y servicios que proporciona el Estado.
La captación de mayores recursos internos para hacer frente a las necesidades del país, ha significado un gran esfuerzo que reclamó una nueva política de ingresos.
A pesar de ello, y hay que subrayarlo, los aumentos en los precios internos y externos, hicieron que esos recursos no fueran suficientes para financiar la inversión necesaria para crecer, por lo que ha sido preciso recurrir al crédito del exterior.
Hemos tenido que enfrentar una realidad cambiante que exige el sacrificio de modelos y esquemas aparentemente deseables, por soluciones factibles.
Las medidas adoptadas permiten superar los problemas inmediatos y preparan el camino para alcanzar nuestros objetivos de mediano y largo plazo.
El conformismo pasivo y estéril tal vez hubiera propiciado el aplauso efímero de teóricos y medrosos pero no hubiese alejado de los cambios esenciales que exige el desarrollo armónico del país.
Descartamos en definitiva, cualquier opción de estancamiento.
No reconocemos pretendidas ortodoxias, ni actitudes estereotipadas, cuando está en juego el porvenir de México.
Las necesidades a cubrir deben ser atendidas sin vacilaciones y sin titubeos.
Más de la mitad de nuestra población está constituida por jóvenes que demandan acceso a la educación e igualdad de oportunidades.
Tenemos que prepararnos para satisfacer sus demandas, que se harán impostergables en los años inmediatos.
Manejamos con cautela las válvulas de gasto, para atender esas demandas y combatir los efectos de la recesión externa sin que ello incida en más inflación o en el desequilibrio de nuestras relaciones económicas con el exterior.
El gasto contenido en el Presupuesto de 1975 presentado a la Honorable Cámara de Diputados asciende a 298 mil millones de pesos, cifra que supera en 25 por ciento al ejercido el año anterior.
Es preciso destacar aquí el decidido propósito del Gobierno de eliminar las notables diferencias entre el presupuesto original y el realmente ejercido, diferencias que obedecían a los gastos imprevistos y a las partidas de ampliación automática.
La presente administración ha logrado reducir al máximo posible esta diferencia como lo muestra el hecho de que fue de 23 por ciento en 1973 y de 12 por ciento en 1974, frente a magnitudes del orden del 51, 68, 76, 71 y 47 por ciento, respectivamente entre 1967 y 1971.
El volumen de recursos destinados a la inversión ha aumentado en un 30 por ciento y los gastos de administración y operación tan sólo en 20 por ciento.
El programa de inversiones públicas asciende a 92 mil millones de pesos, cantidad que triplica el total invertido en 1970.
Estos recursos se orientan, fundamentalmente, a solucionar problemas de insuficiencia el la producción interna, desequilibrios sectoriales y desniveles regionales.
A fines de 1974, se inició la preparación de un primer programa de actividades del sector público para 1975, tendiente a institucionalizar, al terminar el sexenio, la práctica del presupuesto por programas.
Me es muy grato informar a ustedes que el proyecto de Presupuesto de Egresos de la Federación para 1976, que presentaremos el próximo mes de diciembre, tendrá un principio de programación por objetivos, con lo cual, habremos dado un importante paso en materia presupuestal.
Por otra parte, se ha realizado un gran esfuerzo para mejorar la organización y funcionamiento de la administración tributaria, entre los que destaca el programa, ya concluido, de desconcentración, a través de la creación de administraciones fiscales regionales.