Discurso de Luis Echeverría Álvarez en su Cuarto Informe de Gobierno

Part 8

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Realicé una visita al Papa Paulo VI para agradecerle su decidido y generoso apoyo al proyecto de Carta de Derechos y Deberes Económicos de los Estados.

Al lado de otros Jefes de Estado participé en una importante reunión organizada por el Club de Roma en la ciudad de Salzburgo.

Ahí señalamos que los limites del crecimiento no son exclusivamente económicos sino, en esencia, políticos, sociales y morales.

En Viena, suscribimos un acuerdo de cooperación con el Organismo Internacional de Energía Atómica para utilizar la fuerza nuclear en la generación de electricidad y otro acuerdo para el suministro de uranio enriquecido destinado a la planta nucleoeléctrica de Laguna Verde en Veracruz.

Ante la Organización para la Alimentación y la Agricultura, con sede en Roma, propusimos crear un Banco Mundial de Alimentos y de Investigación Agrícola para contribuir a resolver los problemas que se presentan en esta materia.

En la Organización de las Naciones Unidas para el Desarrollo Industrial, insistimos en la necesidad de vincular el crecimiento de la industria a la marcha general de la sociedad.

El pasado mes de julio y después que este honorable Congreso me otorgó permiso para ausentarme del país, emprendí una gira por Ecuador, Perú, Argentina, Brasil y Venezuela con objeto de acelerar el proceso de integración regional.

En escalas, que adquirieron proporciones significativas, pude conversar ampliamente y llegar a acuerdos útiles con los dirigentes políticos de Costa Rica y Jamaica.

La delegación mexicana fue seleccionada con definidos criterios representativos y operativos.

Su composición misma anticipaba el propósito de establecer contactos, no sólo de gobierno a gobierno, sino de pueblo a pueblo. Incluso nos acompañaron los señores Gobernadores de diversos Estados de la República, con la finalidad de que estos contactos generaran frutos en beneficio directo de la provincia.

Al margen de ceremonias y conversaciones oficiales, ejecutamos una intensa labor para acercarnos a los sectores más destacados de las naciones visitadas.

Nos reunimos; con trabajadores, empresarios, intelectuales, líderes políticos y jóvenes estudiantes.

Nuestras expectativas fueron ampliamente colmadas.

En todas partes encontramos un clima entusiasta para nuestros propósitos de cooperación.

A lo largo de la gira, insistimos en la necesidad de aceptar la existencia del pluralismo político y reiteramos, que para reconstruir el sistema interamericano, es indispensable la presencia de Cuba y que, desde luego, es preciso levantar el bloqueo económico que le fue impuesto.

En Ecuador subrayamos la urgencia de organizar en defensa de los precios de nuestras materias primas mediante empresas multinacionales de comercialización.

En Perú, primero, y después en el resto del viaje propusimos un organismo latinoamericano de consulta y cooperación económica que sea realmente gobernado por nuestros países y cuyas funciones y ámbitos de operación respondan efectivamente a los intereses de América Latina.

Ante la sede del Pacto Andino, ratificamos nuestra decisión de estrechar relaciones con los países miembros y encontrar fórmulas prácticas de colaboración.

Ante el foro mundial de la Tercera Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar, sostuvimos la necesidad de reconocer un mar territorial de 12 millas, así como un mar patrimonial con una franja de 200 millas a partir de la costa, en la que el Estado ribereño ejerza jurisdicción económica sobre los recursos que se encuentran en ella.

El nuevo derecho del mar que se gesta es una clara muestra de que el Tercer Mundo ha dejado de ser objeto pasivo de las relaciones internacionales para convertirse en activo participante.

Expresamos nuestro reconocimiento al derecho que tienen los países sin litoral a que se les reconozca libre y efectivo acceso al mar.

Las hermanas Repúblicas de Bolivia y Paraguay, en esta materia, contarán siempre con el apoyo solidario de nuestro pueblo.

En esa misma Conferencia, reiteramos el derecho de Panamá a ejercer soberanía plena en la totalidad de su territorio.

Destacados intelectuales, científicos y artistas mexicanos, comprometidos sólo con su propio criterio, participaron en encuentros con sus colegas de otros países.

En Buenos Aires, notablemente, y en todas las capitales que visité, se iniciaron pláticas directas para incorporar, a quienes se dedican a las tareas del pensamiento, en el afán de democratización de nuestras instituciones y en los anhelos de liberación de nuestros pueblos.

Un manifiesto suscrito en Argentina y que ha recibido la adhesión de gran número de intelectuales latinoamericanos, propuso la creación de un comité encargado de elaborar un instrumento realista que salvaguarde el ejercicio del derecho al libre análisis e investigación de las cuestiones políticas, sociales y científicas, el que ciertamente, en México se respeta de manera irrestricta.

Las relaciones bilaterales con Brasil se vieron ampliamente fortalecidas.

Se acordó la creación de comités permanentes de la Comisión Mixta México - Brasil que habrá de evaluar posibilidades de intercambio, y se dieron pasos concretos en los campos económico, científico y técnico, que repercutirán en beneficio del progreso de nuestros pueblos.

En Venezuela expresamos nuestra viva simpatía por el esfuerzo que realiza aquel país para la reivindicación de sus recursos básicos y le ofrecimos una amplia colaboración tecnológica de Petróleos Mexicanos.

Esta empresa surgida de la voluntad indeclinable de ser independientes, honra su origen al extender un apoyo fraternal a los pueblos que hoy luchan por su liberación económica.

Ningún esfuerzo es inútil para apoyar objetivos que no tienen más límites que la imaginación y el talento decisorio que seamos capaces de desplegar.

Apoyamos, por ello, la iniciativa venezolana de reunir próximamente, en una gran conferencia, a los Jefes de Estado de Latinoamérica.

En Costa Rica renovamos el diálogo que siempre hemos mantenido y confirmamos nuestra voluntad de integración latinoamericana y en Jamaica iniciamos una nueva era de nuestra política hacia los países del Caribe, de manera particularmente fructífera, pues de inmediato logramos importantes convenios en materia de bauxita.

Respecto a estos últimos puntos acaecidos en días recientes, deseo informar a esta representación nacional que acaba de regresar de Venezuela el Secretario del Patrimonio Nacional para echar las bases de una oficina organizadora de ese instrumento latinoamericano de defensa de los precios, de las materias agropecuarias e industriales que producimos, y para consolidar compras de lo que tan caro importamos.

No tenemos ninguna duda de que este proyecto será atacado abierta y embozadamente por grandes consorcios internacionales que nos compran barato y nos venden caro.

Ofrecimos al gobierno de Venezuela que fuera Caracas la sede de la oficina organizadora, y esperamos que haya una amplia visión de todo Latinoamérica para constituir este organismo.

Pero antes de un mes de haber regresado de Caracas, hemos puesto manos a la obra.

Debo informar a ustedes también que en días recientes acaba de terminar, en la propia ciudad de Caracas, la Conferencia Mundial sobre el Derecho del Mar.

Concurrieron representantes de casi todos los países del mundo.

Ahí se debatió sobre todos los aspectos del ejercicio de derechos y el aprovechamiento de los recursos superficiales y submarinos.

Debo informar a ustedes que por los grandes intereses miopes, poderosos del mundo, la Conferencia fue un verdadero fracaso, con gran decepción de los países del Tercer Mundo.

La lucha va a ser larga, pero habremos tenazmente de continuar.

Vecinos y hermanos: quieren por el puente del idioma acercarse a Latinoamérica y particularmente a México, y trabajamos intensamente en ese sentido.

El Caribe ha sido para nosotros hasta ahora un limitado sitio de turismo.

Vamos a Yucatán, vamos a Quintana Roo y regresamos ratificando que las aguas del Caribe mexicano son de las más hermosas del mundo.

Pero el Caribe, en uno de cuyos extremos nos encontramos con Quintana Roo y con Yucatán, es un gran conjunto de países que están buscando su progreso económico en formas de asociación para el turismo, para coinversiones, para que no otros exploten nuestros recursos naturales.

El Caribe es también todo Centroamérica, Colombia y Venezuela haciendo un gran arco; el Caribe será un gran escenario de turismo de los países que lo rodean.

Deberá ser, si es que las próximas generaciones son visionarias y activas, un centro de negocios que ayuden a nuestro progreso.

En los pequeños países isleños del Caribe -antiguas colonias inglesas donde no se habla español cuyos dirigentes ahora aunque haya todavía vínculos ciertamente diluidos con la colonia inglesa- fueron preparados en grandes universidades inglesas o norteamericanas, gentes de excepcional preparación.

Hay una tendencia a menguar el subdesarrollo de sus pueblos que son de raza de color en alto grado, con un acercamiento hacia Latinoamérica y particularmente a México.

Hay una notoria inclinación por aprender español.

Ellos que no son hispanoamericanos, que no son latinoamericanos, son nuestros vecinos y hermanos; quieren por el puente del idioma acercarse a Latinoamérica y particularmente a México, y trabajamos intensamente en ese sentido.

El señor Presidente de Venezuela ha invitado a una Junta de Jefes de Estado Latinoamericanos en ocasión de los 150 años de la "Batalla de Ayacucho" que puso fin a la independencia de América del Sur.

Convino después con el Presidente de Perú que habría, de los países bolivarianos y sanmartinianos, es decir, de los dos extremos de Sudamérica, una reunión para celebrar el sesquicentenario de la batalla, en el propio terreno.

Pero decidió el gobierno venezolano, al mismo tiempo, insistir en su invitación a todos los Jefes de Latinoamérica, a una conferencia que habrá de realizarse a mediados del año entrante, a efecto de tratar sobre los intereses económicos comunes de la defensa de Latinoamérica.

Yo manifesté al señor Presidente de Venezuela la que desde luego contrata con la presencia de México.

Que no sería previsible saber si todos los presidentes de Latinoamérica quisieran o podrían asistir, pero que desde luego, fuéramos pocos o muchos, México estaría presente.

Con estos países hermanos celebramos acuerdos de intercambio cultural, científico y tecnológico y de complementación económica en materia de petróleo, siderurgia, turismo, producción cinematográfica y líneas de navegación.

Debo agregar que, como resultado de los acercamientos empresariales realizados durante el viaje, se fortalecieron considerablemente las posibilidades de inversiones conjuntas en las principales ramas de la industria.

En nuestra gestión internacional siempre hemos tenido presente el interés de las mayorías nacionales.

Tratos políticos y económicos que sólo beneficiaran a los sectores privilegiados de nuestra sociedad, serían contrarios a la política de un régimen cuya ideología y legitimidad se basa en una revolución popular.

En todos los contactos con el exterior hemos mantenido con firmeza nuestra decisión de actuar como pueblo libre.

De ahí que la diversidad ideológica de los países visitados no haya impedido la realización de fructíferos acuerdos.

México no titubea, conoce bien su camino: justicia social en el ejercicio de la libertad.

No somos un país poderoso ni alentamos ningún tipo de ambiciones hegemónicas.

Tenemos un propósito fundamental: fortalecer nuestra independencia política y nuestra autonomía económica, objetivos por los que combatimos al lado de los pueblos del Tercer Mundo.

Hay quienes, respondiendo a una vieja tradición de coloniaje, temen los espacios abiertos por donde transita una política exterior autónoma.

El aislamiento representa para México, la resignación a un destino construido por la inercia. hemos optado, en cambio, por una política internacional comprometida con nuestro empeño histórico de edificar un país independiente.

MENSAJE POLITICO

Honorable Congreso de la Unión:

En este año México conmemora los 150 años del establecimiento de la República Federal.

Con fervor cívico, recordamos en enero la promulgación del Acta Constitutiva de la Federación y en octubre habremos de celebrar la expedición de la Constitución Federal de 1824 y la toma de posesión del primer Presidente de nuestra República, general Guadalupe Victoria.

En junio depositamos en la Rotonda de los hombres Ilustres las cenizas de Miguel Ramos Arizpe, con justicia llamado Padre de nuestro Federalismo.

La adopción de este sistema político en México no fue producto de una copia, sino de las ansias legítimas de la Nación.

Al proclamarse la Independencia, varias regiones expresaron su voluntad de que el nuevo Estado se cimentara sobre la autonomía local y que la soberanía nacional quedara representada por una Federación.

El sistema ha evolucionado de acuerdo con nuestros cauces históricos y la constante transformación de nuestra realidad.

Los patricios de la Reforma y los próceres de nuestra Revolución Social rectificaron y robustecieron la estructura de la República Federal surgida en 1824.

Si hoy en día tuviera que revisarse la forma de nuestra organización política, estamos seguros de que se volvería a optar, entusiastamente, por el sistema republicano, democrático y federal.

Vivimos un Federalismo militante.

Lo ejercemos todos los días en la fecunda convivencia de las Entidades que forman los Estados Unidos Mexicanos, como una demostración de nuestra capacidad para promover en forma simultánea los intereses específicos de los Estados y los generales de la Nación.

Instrumento de unidad que evita la disgregación y preserva la personalidad de sus elementos, nuestro Federalismo es también una nueva instancia de representación democrática y una lúcida forma constitucional de descentralización económica que no busca la prosperidad de unas regiones a costa de las restantes sino apoyar e impulsar el desarrollo armónico de todo el país.

En los Territorios de Baja California Sur y Quintana Roo hemos desplegado sustanciales esfuerzos para apoyar los de los propios habitantes a fin de que su incrementada población cuente con las obras de infraestructura y los recursos necesarios para sustentar su autogobierno.

La carretera transpeninsular ha vinculado definitivamente a Baja California Sur al resto de la Patria.

En ese Territorio y en el de Quintana Roo se multiplican las actividades agropecuarias, pesqueras, industriales y turísticas.

Durante recientes visitas realizadas a estos dos extremos del país, los representantes de sus más importantes sectores reiteraron vigorosamente que, en virtud de que esas Entidades cumplían ya con los requisitos establecidos por la fracción II del artículo 73 de la Constitución, debía llevarse a cabo su transformación en Estados Libres y Soberanos.

Recogimos con la mayor simpatía ese justo anhelo y, después de haber realizado los estudios correspondientes, hoy podemos anunciar a los pueblos de ambos Territorios - que durante tantos años afrontaron el aislamiento físico del resto de la República, respondiendo siempre con espíritu patriótico, ánimo esforzado y ejemplar laboriosidad que durante el periodo ordinario de sesiones del Congreso de la Unión que hoy se inicia, enviaremos la Iniciativa de Reformas a la Constitución que, de ser aprobada, hará nacer los Estados de Baja California Sur y Quintana Roo.

Con esto, no sólo se satisface un viejo anhelo de los habitantes de estas regiones, sino también un antiguo propósito nacional que hace culminar el proceso de integración federalista iniciado en la primera Constitución Federal hace 150 años.

Los Territorios desaparecerán de nuestra realidad política, económica y social.

México reafirma su comunidad nacional basada en el concierto de Entidades iguales y soberanas.

Hemos procurado salvaguardar y ampliar el contenido de nuestras instituciones.

Con la flexibilidad en los medios que exigen las circunstancias buscamos satisfacer fines inalterables: hacer posible el progreso compartido e independiente; conciliar la libertad y la justicia, la iniciativa pública y la privada, el Trabajo y el capital, el ejido y la pequeña propiedad, la libre opinión y la responsabilidad ciudadana.

En la Constitución Política, fruto de la voluntad popular, se encuentra una fecunda

regulación de la actividad de gobernación y gobernantes, para afrontar el presente y construir el porvenir.

Por prever la modificación de sus preceptos, la Constitución no es un marco rígido sino un instrumento que da cauce a las transformaciones que el pueblo requiere.

A su amparo, todos los días, en todos los sitios, hay mexicanos que trabajan construyen y crean.

Sólo a su amparo concebimos la continuidad de la marcha ascendente del país.

De la fortaleza de nuestras instituciones depende la solidez de la República.

Velar por su integridad es, por tanto, el primero de nuestros deberes que, con el mayor celo, procuramos cumplir.

La independencia política y económica empieza en las conciencias.

De ahí que en todo momento la educación que impartimos responda al imperativo final de enseñarnos a ser dueños de nuestro propio destino.

Hemos impulsado la Reforma Agraria y extendido la seguridad social, acudimos un auxilio de zonas marginadas, promovemos la descentralización de todas las actividades, ampliamos las comunicaciones, alentamos la industria y multiplicamos las obras de beneficio colectivo.

Luchamos, en fin, porque el país crezca en todos sentidos, pero no nos satisface el muchas veces engañoso valor de las cifras.

El progreso de México sería una abstracción si no fuera, al mismo tiempo, el progreso de cada mexicano.

Combatimos, en la medida de nuestras fuerzas, los efectos negativos de la inflación internacional.

En esta tarea es indispensable la colaboración decidida de todos los sectores de la población, pero sobre todo de los más beneficiados.

Aumentar la producción y trabajar de manera constante por elevar la productividad, es, ante estas circunstancias, la consigna patriótica.

Las clases de menores ingresos sólo con su trabajo pueden cumplirla; las que tienen recursos pueden hacer mucho más, si dejan de lado los gastos suntuarios para invertir en actividades productivas.

El interés por lo superfluo debe sujetarse a la satisfacción de las necesidades colectivas más urgentes.

Soslayar nuestros intereses particulares por los superiores de México es la expresión más cabal del nacionalismo.

Inscrita dentro de un programa general de gobierno, nuestra política económica rechaza estrategias puramente técnicas que pretendan justificarse a sí mismas.

La corrección de los fenómenos que distorsionan nuestra economía no debe sacrificar, ni siquiera poner en riesgo nuestros logros sociales.

Las negociaciones obrero - patronales hacen posible cíclicamente, la recuperación del poder adquisitivo del salario.

Sin embargo, existen amplias capas de la población al margen de esta posibilidad.

Los no asalariados, los subempleados, los sectores menos protegidos, son también, los que resultan más afectados por la inflación.

Estos grupos no disponen de instrumentos orgánicos estables para influir en los ajustes económicos.

Es el gobierno, quien en nombre de los intereses de toda la Nación, responde por ellos.

Para hacerlo, es indispensable que fortalezca su capacidad financiera y, con ello, su función conductora de la economía general.

Pero es igualmente necesario propiciar la organización de todos estos grupos, a fin de que participen directamente en el proceso de distribución de los beneficios del progreso que es el camino más seguro para alcanzar los mejores niveles de vida a que tienen derecho.

La superación del país, como la del ser humano, no tiene únicamente signos económicos, se basa también, y fundamentalmente, en la necesidad de optar por un modelo propio de desarrollo.

La imitación irracional envilece y despersonaliza a los pueblo.

No queremos competir con las grandes potencias en la insensata carrera de una economía de desperdicio que sólo acarrea el deterioro irreversible del medio ambiente.

Rechazamos muchos de los objetivos que son signos de crisis o decadencia de las sociedades opulentas.

Lo que pretendemos en nuestra política exterior, no es obtener ventajas del modelo económico dominante, sino transformarlo.

Combatimos una política mundial basada en el ajuste precario y secreto de intereses entre las grandes potencias.

El nuevo orden jurídico por el que luchamos, tiene como fin el establecimiento de relaciones verdaderamente equitativas entre todos los Estados.

Estamos convencidos de que a su adopción no pueden oponerse más que los beneficiarios de la actual injusticia económica internacional.

La justicia social que postulamos en la política internacional es un reflejo de la que nos esforzamos por realizar dentro de nuestras fronteras y precondición para que ésta sea posible.

Siempre hemos sabido que los milagros económicos no existen.

Lo que hay son prodigios de la publicidad para adormecer la conciencia de las masas marginadas.

En México, creemos en algo mucho más tangible: el esfuerzo común de todos los habitantes para alcanzar nuestra plena independencia económica y cultural.

Nuestro País presenta, cada día, una imagen más integrada.

Unidos por la comunidad de aspiraciones, comunicados físicamente, los mexicanos avanzamos con firmeza al logro de superiores objetivos.

La alianza popular que para ello hemos formado, se sustenta en los principios y propósitos de la Revolución.

Es diálogo permanente y fecundado entre hombres que actúan con realismo revolucionario y confianza en el presente y porvenir de México; es superación de diferencias y búsqueda de lo que nos une; es trabajo incansable por el país; es activar la vida política y social; es resolver en forma franca las discrepancias entre los mexicanos.

Es unión activa y creadora, es compartir responsabilidades, afanes, derechos y beneficios, es seguir adelante en la libertad, en el desarrollo compartido y en la independencia.

En el paulatino perfeccionamiento de nuestro gran proyecto nacional, apoyado

organizadamente desde la base popular, todos tenemos asignada una labor ciudadana.

Todos tenemos una responsabilidad que cumplir frente a los problemas del país.

Todos debemos sentirnos comprometidos en la ejecución de las decisiones.

No ha habido tregua en nuestra tarea de gobernar, y no la habrá.

Llevaremos nuestros esfuerzos más arriba para impulsar al pueblo hacia adelante.

Contestación del Dip. Fedro Guillén Castañon, Presidente del Congreso.

Señor Presidente de la República de los Estados Unidos Mexicanos:

Permítaseme comenzar llevando un poco el agua por nuestro molino, y diciendo que Chiapas, nuestra amada tierra, honra a quien la honra.

La visita de los tres poderes dentro de unos días, en este año de la efemérides del Federalismo, del Senado y del Sesquicentenario de la integración de la tierra chiapaneca a la nación mexicana, constituye no sólo un rasgo histórico, constituye no sólo un acto que harán vibrar a aquella tierra rica y pródiga que quiere ofrecer esas riquezas a todo el territorio de la nación, como ya lo está haciendo; constituye también, ese acercamiento del hombre de Chiapas al resto del país.

Quiero decirlo con esa franqueza que es lección que nos da nuestro Presidente: lo de Chiapas no sólo debemos festejarlo los chiapanecos, sino también México.