Discurso de Luis Echeverría Álvarez en su Cuarto Informe de Gobierno
Part 7
Llevan, por ese camino, al fracaso de las generaciones jóvenes, que quieren formar en su casa o en sus negocios; los llevan a la decepción respecto a ellos mismos, como gentes
valientes que habían de ser; a la inadaptabilidad social a la derogación, a la irresponsabilidad.
Son ésos que muchas veces chocan en automóviles de último modelo que van a 120 o 140 kilómetros por hora; que son víctimas de accidentes, en circunstancias inexplicables para una gente que estudia o que trabaja; que se les salen de las normas que formalmente, de sobremesa cada tres meses recuerdan estos riquillos que compran dólares, éstos pobres riquillos que compran dólares que deben darles a sus hijos.
Así están construyendo el país, así están construyendo esa pequeña parte de su país, esa gran parte de su patria que es cada unos de sus hogares, con toda confianza y el apoyo de éstos.
Esa es la retribución moral que van a recibir, que han comenzado a recibir; que sabemos que ha recibido en su vida.
Pero, señores, los bancos son muy discretos y no estamos, se los aseguro, enterados de los datos.
La crítica situación mundial y las modificaciones que la inflación ha traído en el comportamiento económico interno, requieren respuestas ágiles.
Quiero aclarar a ustedes que la suma de dólares comprados en los últimos tres días, es decir, el jueves y el viernes, en los bancos que estaban abiertos -con motivo de lo que ellos decían que iba a anunciar el Informe- y de los que se vendieron en el aeropuerto -porque allí hay una sucursal bancaria que cambia pesos por dólares y otras divisas-, son insignificantes ante las reservas que el Banco de México, con una política no conservadora, pero sí previsora, profundamente responsable, tiene constituidas. Que lo sepan bien: no habrá, ni por la modificación de los salarios ni por ningún otro motivo, una devaluación.
Están calculados los efectos.
Que no se piense en ello.
Los bancos estuvieron cerrados ayer sábado; dimos instrucciones para que la sucursal en el Aeropuerto Central de la ciudad de México estuviera abierta, con los cajones llenos de dólares, para que fueran a comprar los que quisieran.
Esa es la situación.
Esperamos que si están viendo -si están viendo por televisión este Informe algunos de ellos-, mañana lleven a lugar seguro, a los bancos, sus dólares, para que su capital, chico o grande -siempre chico relativamente-, esté seguro, en pesos.
Dispensen ustedes, pero recordaba algo que deseo manifestarles: es frecuente que bancos del sur de los Estados Unidos, unos grandes y otros pequeños; bancos desde San Diego y Los ángeles, California, hasta Miami, Florida, hagan publicar en algunos periódicos, en algunos pequeños periódicos fronterizos, este tipo de insinuaciones a que acabo de aludir, para que los capitalistas del norte lleven su dinero al otro lado.
Ese es el interés al que se fijan muchos malos mexicanos, a estos pequeños bancos o grandes bancos norteamericanos, que quieren que el dinero se vaya para que ellos lo manejen.
Esta es la clave del asunto.
Es así como deben ustedes catalogar a esos individuos, a esos sujetos, pocos por cierto, a que antes me refería.
Nuestra lucha contra la inflación será aplicada con toda energía y durante el tiempo que sea necesario, pero sin alterar nuestros objetivos sociales básicos.
Para lograrlo confirmamos el programa económico y social basado en los siguientes lineamientos:
Una nueva política de financiamiento del desarrollo apoyada en el racional incremento de los ingresos del Estado;
Una planeación y control más eficaz del gasto público, para frenar su déficit inflacionario y financiarlo con base en la disponibilidad de recursos corrientes y crediticios sanamente disponibles en nuestra economía, que atienda a las prelaciones que la coyuntura exige, y sea un factor básico de promoción del desarrollo con justicia social.
De este modo, el presupuesto de 1975 será un instrumento poderoso de dirección de la actividad económica, al atender únicamente aquellos gastos que puedan ser financiados con recursos propios y con el crédito interno y externo no inflacionarios;
Una política de crédito congruente con el adecuado control de la expansión monetaria y con el necesario aliento al financiamiento de las actividades productivas del sector privado de mayor prioridad, principalmente en la industria mediana y pequeña.
Continuaremos con toda firmeza la decisión de no ampliar el crédito para fines suntuarios ni especulativos o que no contribuyan al buen funcionamiento de nuestra economía.
Lo canalizaremos exclusivamente a aquellas actividades que satisfagan necesidades básicas y que sean productivas, coadyuven a satisfacer demandas internas, sustituyan las importaciones y alienten las exportaciones.
Integrar un sistema que garantice en forma más eficiente la recuperación del poder adquisitivo del salario de los trabajadores, y propicie aumentos en la productividad en un clima de concordia entre los factores de la producción;
Estructurar un mecanismo que asegure con eficacia precios rentables a los bienes y servicios incluyendo los del sector público, y que frene, al mismo tiempo, los abusos, la especulación y el acaparamiento mediante un sistema legal para la protección del consumidor que propondremos en breve ante esta soberanía, a efecto de evitar que se transfieran a las clases populares aumentos que no se justifiquen y que no correspondan a un incremento real en el costo de los factores productivos.
Finalmente, en materia de abastecimiento de productos alimenticios básicos, el Estado importará cosechas del presente año, sean necesarios para asegurar el aprovisionamiento del pueblo a precios que éste pueda pagar.
El programa económico y social que acabo de reiterar, está en marcha.
Se ha tomado ya un número importante de decisiones en estrecha colaboración con las partes interesadas.
Todas las medidas que integran esta estrategia reflejan la capacidad de ajuste de la sociedad ante las nuevas circunstancias de la economía nacional e internacional y son complementarias entre sí.
Combaten la inflación al reducir el consumo no necesario y fortalecen la política de ingresos, estimulan la producción, promueven el restablecimiento del poder de compra de las clases populares, disminuyen tensiones sociales y ofrecen posibilidades de aumentar la inversión pública y privada.
Si en la lucha contra la inflación no se propiciara sustancialmente el aumento del ahorro y la inversión productiva, se podría provocar el sacrificio de algunos de nuestros objetivos principales.
No podemos buscar la estabilidad de precios a costa de la política de empleo, de acentuar la desigual distribución del ingreso, ni mucho menos de postergar la lucha por manejar con mayor libertad y autonomía nuestros recursos.
El desarrollo del país no debe detenerse.
Está fincado sobre la unión inseparable del progreso económico y la justicia social y ha de traducirse en actividades creativas y constructivas.
Los esfuerzos gubernamentales y de todos los sectores sociales, han de dirigirse a la satisfacción de las necesidades de las grandes mayorías y a la creación de fuentes de producción y de empleo que nos permitan superar los obstáculos del presente y asegurar el porvenir.
Reconocemos la importancia del crédito en la actividad económica, pero buscamos que todo gasto que se haga en beneficio del país tenga por origen, principalmente, una fuente interna, directa y firme de financiamiento, como son los recursos que los ciudadanos transfieren al Estado para ponerlos al servicio de la comunidad en que viven.
Es imperativo que la población de alto y mediano poder económico comparta los beneficios de que disfruta contribuyendo, con verdadera equidad, a elevar el nivel de vida de las clases con menos recursos.
Es en ese esfuerzo solidario donde habremos de encontrar las soluciones que las circunstancias exigen.
Se requiere de la colaboración y el apoyo conjunto de toda la comunidad para afrontar los problemas que las nuevas circunstancias nos plantean, para proteger los intereses esenciales del pueblo y asegurar, sin distorsiones, la continuidad de nuestro desarrollo económico y social.
POLITICA EXTERIOR
La política exterior del régimen se inspira en las mejores tradiciones de nuestra doctrina y de nuestra práctica internacional.
Su objetivo es la defensa de los legítimos intereses de México en el contexto de la lucha universal por la paz, la libertad la justicia social y el progreso compartido.
Afirmamos nuestra carencia de perjuicios ideológicos y procedemos con ánimo siempre dispuesto a la más abierta y clara comunicación.
Contribuimos, con nuestra conducta y con la reiteración de nuestras tesis pacifistas, a fortalecer el pluralismo político que es ineludible consecuencia del principio de la soberanía nacional.
Orgullosos de la convivencia que el pueblo mexicano ha creado con singular esfuerzo y heroísmo, defendemos el derecho de todas las naciones a conformar libremente su destino y rechazamos, por tanto, toda forma de injerencia externa en sus asuntos internos.
Tenemos la convicción fehaciente de que la realidad nacional está vinculada, cada vez más estrechamente, con la realidad exterior.
Por ello, hemos desplegado una intensa actividad diplomática para ampliar, mejorar y otorgar un sentido concreto a nuestras relaciones con todas las naciones del mundo.
Durante este año hemos establecido relaciones con la Comunidad de las Bahamas, con la República de Chipre, con la Federación de Malasia, con la República de Hungría y con la República Popular de Bulgaria, y en años anteriores de este régimen lo hicimos con la República Popular China, Barbados, Tanzania, Guyana, Rumania, República Democrática Alemana y Nueva Zelanda.
El mantenimiento de relaciones diplomáticas no es, para nosotros, una simple formalidad sino un medio indispensable para articular una política internacional transformadora.
Con los países altamente industrializados hemos establecido las bases de una relación provechosa fundada en el respeto recíproco.
Con los pueblos del Tercer Mundo participamos en acciones comunes para forjar un nuevo orden internacional.
Con las naciones de América Latina multiplicamos nuestros vínculos e intercambios en un anhelo de unidad y en una firme voluntad de realizarla.
En el mes de junio de 1974 se celebró un convenio entre el Gobierno de México y el de Canadá por el que asegura a los trabajadores agrícolas migratorio mexicanos, entrada legal a ese país y alojamiento y salarios iguales a los que perciben los canadienses que desarrollan la misma actividad.
Se les garantiza una temporalidad de trabajo de seis semanas a ocho meses, con posibilidad de recontratación; el patrón se obliga a pagar el pasaje de ida y vuelta por vía aérea con una pequeña aportación del trabajador y los salarios se cubren en el lugar del trabajo, con un mínimo de 80 dólares semanales.
Para el caso de enfermedades o accidente, contarán con atención médica y la indemnización correspondiente, y cuando no exista ésta, el patrón está obligado a obtener una póliza de seguro que cubra estos riesgos profesionales a satisfacción del Gobierno de México.
En cumplimiento de lo anterior, ya han sido contratados, y han comenzado a salir al Canadá, trabajadores migratorios mexicanos.
En cambio, hasta ahora han fracasado las gestiones para lograr un convenio semejante con el gobierno de los Estados Unidos.
Sabemos que este problema sólo podrá ser radicalmente resuelto a través de nuestra evolución económica y que sólo habrá llegado a su término cuando ninguno de nuestros compatriotas cruce la frontera por la falta de medios
de subsistencia. Sin embargo, y en tanto persista el fenómeno migratorio, seguiremos realizando todos los esfuerzos necesarios para que los mexicanos residentes en el extranjero, sea cual fuere su condición legal, disfruten de seguridad y sean tratados con el respeto que merecen.
Al inicio de la presente administración continuaba pendiente, en relación con los Estados Unidos, el grave problema de la salinidad de las aguas del Río Colorado, injusta situación creada a partir de 1961 cuando, sin el consentimiento, ni conocimiento de nuestro país, se enviaron a la mencionada vía fluvial aguas altamente contaminadas.
Encontrar una solución satisfactoria y definitiva del problema constituyó para nosotros una meta primordial.
Con especial satisfacción informo a este honorable Congreso que, a partir del 1 de julio del presente año, nuestro país ha vuelto a recibir aguas perfectamente utilizables para la producción agrícola del Valle de Mexicali.
Cabe aclarar que las erogaciones necesarias para entregarnos las aguas en la calidad mencionada no representarán gasto alguno para México.
Todas ellas serán a cargo de los Estados Unidos.
Al resolverse este serio problema, que durante 12 años prevaleció entre México y los Estados Unidos, se beneficia a miles de nuestros compatriotas y se demuestra, una vez más, que la aplicación del Derecho es la mejor forma de resolver los conflictos internacionales.
Quiero dejar constancia, una vez más, de que, atendiendo a la invitación que el señor Presidente de los Estados Unidos de América, el señor Nixon, me formuló a principios de 1972, estuve poco después con él en Washington.
El objetivo principal de mi visita fue explicarle de modo personal lo que los técnicos mexicanos y norteamericanos venían debatiendo largamente.
El Presidente Nixon me aseguró que en pocos días estaría resuelto fiscalmente el problema, en principio, de la excesiva e injusta salinidad de las aguas del Río Colorado.
Cuando estuvimos, una semana después aproximadamente, en Mexicali, a informarles a nuestros conciudadanos y votantes, los campesinos de Mexicali, de la promesa del Presidente Nixon, ésta se acababa de comenzar a cumplir: comenzaban a recibir los campesinos del Valle de Mexicali el agua tal y como la recibían ya, entonces, los agricultores norteamericanos contiguos a la frontera.
No podemos pedir, claro -porque la propia salinidad aumenta entre las presas aguas arriba del Río Colorado por los grandes trechos que recorre y los surcos agrícolas-, agua exactamente igual que las de las presas norteamericanas, pero sí igual a la que reciben los granjeros norteamericanos, los del otro lado de la frontera.
Después del cumplimiento inicial de esta promesa, fielmente, del gobierno norteamericano inicial de esta promesa, fielmente, del gobierno norteamericano -es preciso mirar todo y reconocerlo objetivamente, porque nunca nuestras reclamaciones son injustas ni nunca nuestra franqueza es sin motivo-, es preciso reconocer que todo se ha cumplido como soberanamente el Gobierno de México lo trató.
Esperemos, después de la conversación muy cordial que el Secretario de Relaciones Exteriores de México acaba de tener con el señor Presidente de los Estados Unidos de América, el señor Presidente Ford, hace unos días, como informaba a ustedes, en relación con el problema de los braceros, que haya en las altas esferas del Gobierno norteamericano, de acuerdo con las relaciones estrechamente amistosas que mantenemos entre los dos países, una semejante política de comprensión y de cooperación.
Problemas entre países grandes y pequeños, industrializados y en proceso de desarrollo, ricos y pobres, siempre los habrá, porque así está constituido el mundo.
Lo que necesitamos es instaurar, pero defendiéndola cotidianamente, una política equitativa que convenga, al mismo tiempo, a los débiles y a los poderosos.
En tanto que los poderosos tienen insensibilidad para entender los problemas de los débiles, mantiene esa propia insensibilidad ante las clases débiles de sus propios países, que son las mayorías.
Cuando un país fuerte, económica y militarmente, tiene una política visionaria y comprensiva de los problemas del mundo, lo entienden sus grandes clases pobres y marginadas, resuelve también problemas derivados de inquietudes de los jóvenes en las universidades, inconformidades de los escritores e intelectuales independientes, el malestar de los grupos mayoritarios que tradicionalmente han sufrido también de la incomprensión cuando no hay una política visionaria y previsora.
Esto es, para nosotros, el fundamento sobre el cual queremos arreglar el doloroso problema de los braceros mexicanos que van a los Estados Unidos, como ya han comenzado a ir al Canadá: con normas de respeto a su dignidad y de equidad.
El señor Presidente Ford -y oportunamente pediré permiso a ustedes, señores diputados y señores senadores- me invitó a una entrevista en la frontera.
Yo le respondí que gustosamente acudiría a ella, y convenimos en que fuera lo más pronto posible, dentro de este año.
Tenemos el propósito de tener una parte de la entrevista de este lado y otra en territorio norteamericano.
Tengan ustedes la seguridad de que esta visita, como en todas las ocasiones anteriores que hemos salido al extranjero o que hemos intensificado este tipo de entrevistas entre Jefes de Estado, será siempre en una lucha legítima, leal y digna por los intereses de México.
La muerte del ilustre estadista Salvador Allende, Presidente Constitucional de Chile y leal amigo de México, conmovió profundamente a la opinión pública de nuestro país.
El luto oficial decretado en su memoria fue un modo de reafirmar nuestra fe inquebrantable en los gobiernos constitucionales y en el destino de la democracia latinoamericana.
El moderno derecho de asilo constituye una de las mayores aportaciones de nuestro continente para perfeccionar esta humanitaria institución.
Garantizar la vida y la libertad de los perseguidos políticos es frontera ineludible entre civilización y barbarie.
Reiteramos la decisión del Gobierno de la República, de respetar y hacer respetar estrictamente los convenios de asilo vigentes.
De acuerdo con la nueva Ley General de Población, aprobada recientemente por esta representación popular, hemos ampliado este derecho a todos los perseguidos del mundo y no sólo a los latinoamericanos.
Durante el presente periodo, México otorgó asilo a 729 extranjeros, de distintas nacionalidades y tendencias ideológicas, que solicitaron nuestra hospitalidad.
La Organización de Estados Americanos es cada día menos operante.
No puede tener vigencia alguna si no reforma profundamente su estructura y métodos, si rechaza la realidad, del pluralismo político y si persiste en mantenerse como un escenario teatral de inocultables maniobras hegemónicas.
Ante la IV Asamblea General de la OEA, México expuso este punto de vista y postuló la necesidad de transformar radicalmente el sistema interamericano para lograr mayor armonía en las relaciones continentales.
Nuestro País fue sede de la Conferencia de Tlatelolco que tuvo por objeto el examen de estos problemas y la unificación del criterio latinoamericano para enfrentarlos conjuntamente.
Los cancilleres de América Latina que concurrieron a esta reunión discutieron, entre otros temas de semejante importancia, la soberanía de Panamá sobre el Canal que cruza su territorio , el proyecto de un código para regular las actividades de las corporaciones transnacionales y el modo de lograr una transferencia de tecnología a costos razonables.
Estos habían sido propuestos por nuestra delegación en la conferencia previa que se realizó en Bogotá.
México participó en la IV Conferencia de los Países no Alineados, celebrada en Argelia el mes de septiembre del año pasado.
En ella mantuvimos una vez más nuestras posiciones.
Para nosotros y para los otros pueblos ahí representados, el no alineamiento significa asumir posiciones y responsabilidades independientes frente a los problemas de la paz y el desenvolvimiento autónomo de todos los países.
En el último período de sesiones de la Asamblea General de Naciones Unidas, subrayamos enérgicamente la necesidad y urgencia de que las superpotencias lleguen a un acuerdo para una limitación significativa en sus sistemas estratégicos de armas nucleares, como un paso indispensable hacia el desarme total.
Condenamos el armamentismo, no sólo por la amenaza de destrucción que entraña, sino también porque es el instrumento por medio del cual se sostiene la actual injusticia internacional.
El esfuerzo que realizamos las naciones de América Latina para garantizar la desnuclearización de nuestro territorio recibió un impulso considerable con la rectificación, por parte de Francia y de la República Popular China, del protocolo correspondiente del Tratado de Tlatelolco.
La VI Asamblea General Extraordinaria de las Naciones Unidas fue convocada para examinar los graves problemas que provoca la irracional política de materias primas que imponen las grandes naciones industriales y los consorcios que dominan los mercados mundiales.
En esta conferencia, la delegación mexicana reiteró la necesidad de crear un código que norme las relaciones económicas entre los Estados.
Una profunda crisis afecta todos los aspectos de la convivencia mundial.
Sabemos que los actuales sistemas han sido creación de las potencias que así procuran ampliar y consolidar su dominio.
Asistimos al ocaso del viejo mundo colonial y al nacimiento de uno nuevo con la participación activa de todos los pueblos del orbe.
La tarea de la descolonización involucra todos los aspectos de la realidad y, desde luego, la descolonización del derecho internacional.
A pesar de conocer las limitaciones intrínsecas de este derecho, luchamos por transformarlo y perfeccionarlo pues ninguna forma de organización es posible sin un sistema de normas jurídicas.
La comunidad internacional redacta un proyecto de Carta de Derechos y Deberes Económicos de los Estados.
Un grupo de trabajo, creado con tal objeto por la O.N.U., se reunió, por tercera vez, durante el mes de febrero en Ginebra y durante el mes de junio, por cuarta vez, en esta ciudad.
Como los resultados de sus deliberaciones no fueron plenamente satisfactorios, México -con base en una resolución del grupo tomada en su última reunión- ha propuesto que previamente al vigesimonoveno periodo ordinario de sesiones de las Naciones Unidas, se continúen consultas a distintos niveles para lograr su aprobación.
Confirmamos en que la Asamblea General sancione el documento que se le presentará.
Pero no nos interesa una Carta claudicante ni un derecho mediatizado.
Estamos decididos a mantener sus principios fundamentales y si las potencias no aceptan cooperar con nosotros, la Carta será, de todos modos, una convicción permanente en la lucha por la liberación de los pueblos del Tercer Mundo.
Recientemente expresamos nuestro decidido apoyo al pueblo africano de Namibia para terminar con el sojuzgamiento que sobre él se ejerce desde 1884.
Antigua colonia de la Alemania imperial, sufre ahora la ocupación ilegal y racista de Sudáfrica.
Las Naciones Unidas han creado un Consejo, del que México forma parte, para reconocerle su independencia.
En la próxima reunión de la O.N.U. México destacará la intolerable injusticia que se cierne sobre el pueblo de Namibia y la necesidad de cancelar para siempre cualquier ignominioso vestigio de colonialismo.
Las giras de trabajo por el extranjero constituyen una parte importante de la actividad gubernamental y una respuesta a los complejos desafíos que nos plantea el mundo contemporáneo y que repercuten en aspectos esenciales de la vida nacional.
Durante este periodo, hemos reafirmado los objetivos cardinales de nuestra política exterior mediante la acción coordinada de sus órganos ejecutores y la acción personal del Jefe del Ejecutivo.
En febrero emprendí una gira por cuatro países europeos para intensificar con ellos nuestros intercambios.
En la República Federal de Alemania, en Italia, en Austria y en Yugoslavia, suscribimos importantes convenios financieros, comerciales, científicos, tecnológicos y culturales.