Discurso De Luis Echeverria Alvarez En Su Cuarto Informe De Gob

Chapter 9

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Nos adherimos en un rasgo de espontaneidad cordial, en un plebiscito puramente democrático; pero, el júbilo del que celebra su acercamiento a la gran nación mexicana, creemos que debe ser compartido por esta nación; y por ello, la visita de los tres poderes a Tuxtla de Gutiérrez - el Liberal-, a San Cristóbal de las Casas - San Cristóbal que lleva un nombre descontinuado por uno de esos azares del Santoral; pero que es el santo más querido por las razas más oprimidas y las gentes más necesitadas del país, porque fue Fray Bartolomé Obispo de esa ciudad tan bella, casi digna para ser soñada más que vivida, fue Fray Bartolomé, que todavía organiza y suscita mesas redondas, en donde aparece la ya vieja y caduca discusión de indigenistas e hispanistas, que han olvidado aquella frase espléndida de un poeta viajero, cuando afirmó, refiriéndose a este viejo conflicto que viaja a través de nuestra historia: "Lo cortés no quita lo Cuauhtémoc".

Estaremos también, señor Presidente, señores legisladores, estaremos en Comitán de Domínguez, antes Comitán de las Flores, hoy flor heroica de las ciudades, por el rasgo de su senador sin miedo, Don Belisario, el patriarca y el prócer que pareció recoger la lección de aquél Fray Matías de Córdoba, de esa raza de religiosos rebeldes y revolucionarios que siempre ha existido, que fue el promotor de la independencia centroamericana a fines de agosto, y por ello, el Acta de Independencia Centroamericana comienza textualmente diciendo: "Por noticias llegadas de Ciudad Real de Chiapas, etcétera, etcétera."

Esta fiesta de Chiapas es una fiesta de fraternidad con sus antiguas hermanas de Centroamérica. Superadas las viejas polémicas y las viejas querellas a la actual generación, y fiel a una tónica que nos ha enseñado el actual Gobierno, la hermandad de Chiapas con sus antiguas hermanas las provincias centroamericanas, provincias que formaban la Capitanía General de Guatemala, es una e indivisible, y quiere señalar como un rasgo poco conocido, ilustrativo de estos días, México ha lanzado por ese Correo, que a veces los carteros llevan un poco lentamente, como decía nuestro señor Presidente, ha lanzado un timbre postal en homenaje al doctor Rodolfo Robles, descubridor de la oncocercosis, eminente sabio guatemalteco, que en esta forma la efemérides de Chiapas tenga este acento de fraternidad que es con Centro, con Sudamérica y esencialmente con la mexicanidad, con la incorporación espontanea de esta tierra, a la cual aporta sus esperanzas del presente, sus recursos naturales y su fe en un mismo porvenir, y bastaría citar un simple dato leído en el importante documento que acabamos de escuchar: "La Obra de Chicoasén, allá en un rincón de Chiapas, serán una de las 20 más importantes del mundo de las presas que pronto serán inauguradas".

El petróleo, ese oro negro que escrituró el Diablo, según dijo nuestro poeta mayor, ya empieza a surgir también de esa tierra alucinante captada por Traven y cantada también por la llorada Rosario Castellanos.

Un documento de la trascendencia que hemos escuchado, merecerá el análisis no sólo de las asambleas que integran el honorable Congreso de la Unión, sino de los centros cívicos, políticos y culturales.

Y permítaseme un paréntesis más, como buen chiapaneco, que quiero regresar porque me parece ilustrativo: cuando acá se propuso la moción de esa sesión solemne en Chiapas, contamos con el voto y el apoyo decidido de un representante del Partido de Acción Nacional, y quisiera que esa convivencia civilizada, más allá de las discrepancias ideológicas, fuera festejada también y sirviera de precedente para la futura armonía de todos los partidos, dentro del respeto civilizado, a todas las ideas.

Decía que un documento de la trascendencia social que hemos escuchado acá, que se ha oído hasta el último rincón de México y más allá de nuestras fronteras, merecerá el análisis técnico, exhaustivo, especializado no sólo de estas asambleas, sino de los círculos políticos, culturales y, fundamentalmente, del pueblo todo, a cuyo gran oído quiere acercarse nuestro Jefe de Estado para captar esa diástole y sístole del pueblo que es, al fin de cuentas, como él decía al principio de su Informe, el que a veces da soluciones inesperadas.

Ahí, entre esos rostros oscuros, terrosos y anónimos, a veces surge el genio del pueblo, y a veces, como él lo señalaba también, se transforman en creadores de instrumentos, inventan aparatos útiles para el desarrollo industrial de México, dejándonos una lección que parecería encantar a Fray Bartolomé, el defensor de los indígenas, el aliado de Victoria en la venerable Salamanca, el que no sólo defendió al indígena, sino creyó en él, estuvo contra la encomienda y puso en duda, con aquellos respetables doctores de la gran Universidad Española, el derecho de un país para conquistar otro país.

Difícil la marcha de un Estado como el de México.

Frente al trabajo tenaz, frente a eso que, si usted me permite, señor Presidente, yo diría que el personaje de usted es el tiempo, el tiempo que hay que apresurarlo, el tiempo que hay que aprovecharlo hasta el último minuto; frente a esa invitación de aprovechar el tiempo fecundamente, frente a una invitación de hacer diálogo de crear autocrítica y crítica, de invitar a los sectores políticos, sociales y juveniles al cambio de ideas, sean las que sean; el de invitar a los sectores de opinión como la prensa y otros medios poderosos de difusión, para crear una conciencia moral que es la que da autoridad a la crítica, para que ésta no se convierta simplemente en un ataque sistemático, no se convierta en esa negación contra todo lo que hace un régimen, no se convierta en eso.

Si ustedes me permiten, recordaré la frase elegante del meditador de El Escorial, de Ortega y Gasset, escéptico y brillante, cuando que esta gente, que esta gente que todo lo ataca, tiene complejo de búfalo, porque a todo lo ataca.

Cuando se supone que un régimen que lucha en lo nacional y en lo internacional por el mantenimiento por la ley y de la soberanía; cuando era de esperar una conciencia colectiva que apoyara la posición gallarda de un capitán de Estado que así trabaja, surgen estos brotes, que van desde el murmullo hasta la violencia, desde la especie regada en plena calle hasta esos actos incalificables de cobardía que son los secuestros.

Bastará recordar la esperanza del país en la solución de estos casos dramáticos, que han creado una conciencia nacional de repudio contra los secuestradores que, como se señalaba en el Informe que estamos tratando de comentar, nacen de hogares deformados, se crean en un mundo donde están las guerras injustas, las agresiones económicas, las agresiones a la libertad, a la orden del día, y donde esa filosofía pragmática del triunfo del poder -que parece no bajara de Emerson, pero que transformada por ciertas sociedades capitalistas la quieren constituir en el triunfo del poder, en el triunfo del dinero en lo individual como en lo colectivo- jóvenes de estas extracciones, jóvenes de estos fanatismos han cometido en los últimos días este hecho que ha hecho vibrar de emoción, de solidaridad y de esperanza también en el arreglo del penoso problema, cuando a un viejo revolucionario, creador de universidades, autor de libros, que ha envejecido con las armas espirituales en la mano, el pincel y la pluma; que pasados los 80 años marcha hacia su trabajo corrigiendo pruebas, con el entusiasmo de un adolescente que va a ver aparecer su primer libro; ese incalificable secuestro ha reunido alrededor del señor Presidente una conciencia de que él no hace distingos para hacer cumplir la ley, sabiendo, como todos sabemos, que a veces tiene que pasar sobre principios de sus propios naturales y humanos sentimientos.

Y tenemos en la presencia de la digna, respetada y estimada -no de hoy-, señora Zuno de Echeverría, ya no sólo a la que en el año de 1972 -me parece-, viajó a la adolorida tierra chilena, empotrada entre el mar y la cordillera y las nieves, llevando el mensaje de solidaridad de México, devuelto cuando los terremotos asolaron a nuestra patria, por lo más bello que hay en el mundo, por el mensaje de niños chilenos que trajeron con su ternura y con su saludo, esa solidaridad que tienen los pueblos y que nunca rompen los pueblos, cualquiera que sean los gobiernos que los gobiernan.

Se habla de que se han dado simplemente en el Mezquital, 50 mil desayunos diarios.

Allí, por el Mezquital, debían ir estos guardadores de dólares; allí, por el Mezquital, debían ir los que se quejan de la inflación como se señalaba en el Informe, pidiéndoles paciencia a los trabajadores, invocando argumentos del diablo contra el derecho inalienable de huelga rectificado enfáticamente por nuestro Jefe de Estado; y allí, debían ir y meditar quienes esta mañana han oído lo que dijo el Jefe de Estado: que si no son los trabajadores los culpables de la inflación; que si es un fenómeno complejo, que no se resuelve el milagro con un timbre ni con una lámpara de Aladino, como se quisiera en esas charlas de comadres que a veces ascienden a altas técnicas, que usan guarismos y cifras, que no entiende -afortunadamente- el pueblo; son ellos, los que olvidan y, son ellos, los que deberían meditar en la aseveración presidencial de esta mañana, muy simple pero muy elocuente: el derecho de huelga es inalienable; y el Presidente, vocero en ese instante de la ley y el sentimiento de la Revolución Mexicana que se hizo para los de abajo, el Presidente, y con él la conciencia mejor del pueblo, está con los trabajadores.

¿Cuántas cosas más deberíamos por lo menos subrayar de este documento tan trascendental?

¿Cuántos datos podríamos oponer a ese murmurador de café, a ese impenitente político que arregla los mundos desde su rincón en el dominio, en las aldeas, a veces en altas academias?

¿Cuántas cosas podríamos oponer si sólo creyéramos en el valor de las cifras, si sólo bastara recordar esos 1,800 kilómetros de carretera de Baja California, o los kilómetros y kilómetros que van bajo tierra para salvar a las generaciones futuras de inundaciones en esta metrópoli que crece y que crece, diría algún humorista, como si estuviera enferma de la tiroides?

¿Cuántas cifras podría aportar la estadística?

Pero como lo señaló el propio Presidente Echeverría, no es la estadística, no es el progreso material simplemente el que se busca, es que ese progreso material debe ir encaminado al bien del país e individualmente al bien del mexicano; es decir, los regímenes que hacen alarde de su obra material son los regímenes dictatoriales.

Se hace un fuente o un edificio pero se encarcela a los Flores Magón, por ejemplo, para hablar de ese ayer porfiriano añorado por tantos y tantos cambiadores de dólares que repiten con el poeta que todo tiempo pasado fue mejor, y que creen que la historia porfiriana puede repetirse, que creen que la historia del Jockey Club de las oligarquías aliadas de las grandes inversiones del exterior; que creen que aquella dictadura que echó por tierra un iluminado, a Francisco I. Madero de nuestro muy personal cariño y reconocimiento, que creen que la obra material es la que puede exhibirse con estadísticas, olvidando algo que es fundamental; el humanismo, en su más exacta acepción; el interés por el hombre, por todo lo que esté relacionado con el progreso del hombre.

Yo diría que el actual régimen tiene sentido humanístico de la política, que bastaría citar un simple dato de la Ley de Población cuando se habla de que ya no se va a recibir solamente a perseguidos de Latinoamérica, sino a perseguidos del mundo, para sentir que está presente ese humanismo, que igual da dinero a las universidades que participa en actos culturales, que asiste a homenajes como el de León Felipe, el gran poeta al canto universal y de voz republicana, que nos recuerda siempre para quienes quieran olvidarlo, que un paso que ya no retrocederá la Revolución Mexicana, es la lealtad y la fidelidad a la República española.

Y creemos que ese mismo humanismo se hizo presente cuando se invitó al gran Pablo Neruda para que estuviera sus últimos días en México o cuando se hizo lo propio con Miguel Angel Asturias, premio nobel; también como Neruda, premio Lenin de la Paz, y yo que tuve el privilegio -dispensen que tenga que decirlo porque me duele- de ofrecerle metafóricamente el Valle de México el gran escritor que nos había hablado de Juárez en un libro, sentimiento que una de sus últimas lágrimas estuvo dedicada a México y a esa hospitalidad que era la inteligencia universal, al hombre que no necesitó haber nacido en México para recibir el homenaje de quien honraba a las letras, no sólo por su calidad, sino porque su obra había escarbado en la tierra americana, porque su obra era un canto en el indigenismo, al colonialismo económico de ciertas empresas, y porque su obra, considerada maestra, es una radiografía de una dictadura típica: el señor Presidente Emanuel Estrada Cabrera.

Ese humanismo que yo siento en la Política que se les ha expresado esta mañana, crea un compromiso para el futuro, crea un compromiso para los futuros gobernantes de este país.

Ya no es sólo que su personaje central sea el tiempo, sino es el nacionalismo, es el respecto a las leyes, es la respuesta a quienes frente a estos brotes irracionales de violencia, a veces de buena o de mala fe, hablan de apretar el puño, hablan de sacar un poco de mayor energía, hablan de pisotear los regímenes legales para combatir el ojo, olvidando -como dijo alguien- que cuando se cumplen esas leyes de la jungla, ojo por ojo, todos terminan por quedar ciegos.

Dentro de ese humanismo hay un respeto a la ley, hay una confianza en que el ejército del pueblo está para defender las instituciones, y está comprometida con ellas porque proviene de ellas, porque participa en labores de tipo social y porque el pueblo mexicano a aprendido a reconocer en el hombre del ejército, de la armada o de la aviación, a un leal servidor de las instituciones mexicanas.

Defender esas instituciones, defender un régimen democrático, creo que ese homenaje de todos nosotros a ese ilustre latinoamericano, a ese líder de la tierra austral que honró esta tribuna con su palabra sabia y elocuente.

Defender la democracia latinoamericana, recordar a los amigos dentro de la tesis tradicional de no juzgar a los regímenes ajenos como un principio inalienable de nuestra política internacional, hizo que el simple nombre de Salvador Allende conmoviera a los presente, y sigue conmoviendo a muchos hombres libres a través, a lo ancho y a lo largo del mundo.

La política internacional mexicana tiene ese humanismo que hizo de la Liga de las Naciones, antes de la Segunda Guerra, un foro donde se defendió a los países agredidos por el racismo.

La política internacional mexicana hizo que la presencia de nuestro jefe de Estado en ese embrujado Ecuador de Juan Montalvo, aquél polemista contra García Moreno, que hizo de la polémica, o que casi le dio una categoría estética; de ese Perú de Talamantes que ayudó a la Independencia, o de Corpancho, el que vino a ayudar a la causa Juarista; de la Argentina con su enorme Sarmiento que fue el Presidente Maestro de Escuela.

La Argentina, no de ciertos escritos de allá, uno de ellos muy grande que acaba de mofarse en una entrevista, de ese indigenismo y de nuestra serpiente emplumada, porque hemos leído el texto de esa entrevista -y lo digo con todo respeto a nuestros amigos de la Gran Bretaña- que dice que él -y esto lo dice todo- suele desayunar con un mantel que tiene la Bandera Británica.

Su paso por Brasil, señor Presidente, el coloso, la tierra melódica, el país del futuro que lo llamara Sweig, allá donde el canto popular creó aquella frase que es famosa porque la dijo un alto funcionario mexicano en un discurso: "cómo siendo tan grande me cabes todo entero dentro del corazón".

Su paso por la tierra de Libertad, aquel Libertador que fue a visitar antes que a nadie José Martí, el otro último gran romántico de esas libertades; su paso por Jamaica, donde está presente esa enorme figura de Bolívar, que con su Carta ya se habla de ese hispanoamericanismo de esa anfictionía de pueblos, de esa unidad de fuerzas dentro de lo que usted ha llamado el pluralismo ideológico, respeto a todas las soberanías, y defendiendo puntos tan esenciales como el derecho a la salida al mar de Bolivia y Paraguay, como el derecho de Panamá para recuperar la soberanía su Canal y la fraternidad hacia el hermano pueblo cubano para que le fuera levantada la injusta medida que trató de aislarlo del resto del mundo.

Señor Presidente:

Usted, con el homenaje de hoy, ha ratificado una política de nacionalismo, de franqueza, de valentía, para decir verdades nacionales e internacionales; usted nos ha informado de hechos tan trascendentales como el fin de la salinidad en el norte o como la creación de dos nuevos Estados; usted nos ha invitado, una vez más, al diálogo, a ese diálogo que usted tuvo con estudiantes argentinos, cuando llegó tarde, contra su costumbre, a una cena en un hotel elegante de Buenos Aires, porque estaba usted dialogando con universitarios.

Y se nos ocurre: si usted dialoga con estudiantes que a veces hacen de su agresividad un signo biológico y un trofeo de ir más y más para demostrar el adulto que ellos también ya ocupan un lugar en el mundo; si usted hace eso fuera del país, ¡qué bueno que también lo esté haciendo en el nuestro y qué bueno que los universitarios y que los estudiantes y los jóvenes mediten esas actitudes presidenciales para que se sepan que es un diálogo, que es en esas posibles discrepancias y coincidencias en donde puede estar el lazo de la unidad de los jóvenes con el Jefe y con el Gobierno todo!

Señor Presidente;

Señores senadores;

Señores diputados;

Quisiera aprovechar estos recuerdos de la fase internacional; quisiera subrayar este tono de su política nacionalista y a favor de los humildes; quisiera aprovechar esta oportunidad en que hay una oblicuidad casi milagrosa que lo pone a uno en contacto con todo el pueblo de México, para hacer una proposición que yo siento está en el corazón de todos o de casi todos los presentes en esta sala -y es señor Presidente, con el que voy a terminar mis palabras, ratificando la adhesión a esos principios que yo siento son de su mandato y que fueron el mandato de quien yo pido un homenaje para él-; interpretando, decía, el sentir de todos o de casi todos los presentes en esta sala y del país, y es, señor Presidente, que por acto de justicia por su labor al expropiar las compañías petroleras, los bienes de las compañías petroleras; al acercarse al indígena como un apóstol; al acelerar los logros de la Revolución Mexicana hasta convertirlos en uno de los adalides populares de este siglo, como un homenaje al creador de esa política nacional, de esa política internacional que fue gallarda en la liga de naciones; como un homenaje a un mexicano, a reserva de que se hagan los trámites reglamentarios, yo pido a ustedes, delante del Jefe de las instituciones nacionales, delante de las más altas autoridades del país, delante de este amado pueblo mío, que allí quede (refiriéndose a los muros de la Cámara de Diputados en donde están inscritos los nombres, en letra de oro, de distinguidos ciudadanos mexicanos), para siempre, el nombre de Lázaro Cárdenas.

Muchas gracias.

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