Discurso de Lázaro Cárdenas en su Tercer Informe de Gobierno

Chapter 2

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El aumento de los ingresos federales comprueba la política económica del Gobierno y sirve, a la vez, para ampliar sus posibilidades de acción, ya que los superávit que se registran se emplean inmediatamente en la construcción de nuevas obras e impulso a diversas actividades.

Para 1936 se estimaron los ingresos en $ 328.056,167.00, y la recaudación fue de $ 381.655,792.44.

De agosto de 1936 a julio de 1937, la estimación de los ingresos fue de $ 354.208,941.00 y la recaudación por el mismo período alcanzó la cifra de $ 372.290,288.85.

Por lo que se refiere a egresos, la asignación original del Presupuesto del presente año, fue de $ 333.225,688.82 y por haber superado la recaudación a las estimaciones que se hicieron ha permitido aumentarse el Presupuesto a $ 423.775,712.27.

Las principales obras emprendidas por el Gobierno y que significan fuertes erogaciones hechas durante el año a que se refiere este Informe, son las siguientes:

Obras de Irrigación en distintos Estados de la Federación con un Presupuesto de $ 30.632,666.02 Cuatro líneas troncales de ferrocarriles en distintos Estados del país, dos de los cuales tienen la característica de establecer comunicación entre zonas completamente aisladas del centro de la República, como son los Estados del Sureste y el Territorio de la Baja California, con un costo de 29.431,552.00 Continuación de los trabajos en las dos grandes carreteras internacionales y que a la vez forman el eje vital de las comunicaciones del país 17.499,758.00 593 kilómetros de caminos carreteros construidos hasta revestimiento y con obras de arte definitivas en las diversas Entidades, con una aportación de parte del Gobierno Federal 13.338,863.91 31 kilómetros de túneles y canales, 12 presas de derivación, dos presas reguladoras, así como distintas obras contra las inundaciones, construidas para la defensa de esta capital y de otras poblaciones de la República, con el importe de 4.856,250.00

En la construcción de importantes obras marítimas y de dragado en los puertos de Progreso, Yuc.; Acapulco, Gro.; de Mazatlán. Sin.; de Salina Cruz, Oax.; de Tampico, Tamps., y de Veracruz, Ver. 7.653,422.84

Edificios construidos en distintas zonas del país con diversos objetivos, ya que unos responden a las necesidades de educación popular y de la raza indígena o a la necesidad de establecer institutos de investigación científica y otros a alojar decorosamente a nuestro Ejército y para los servicios públicos y sociales que el Gobierno tiene establecidos en la República y especialmente en sus fronteras, obras y construcciones que corresponden a las distintas Secretarías y Departamentos de la Federación con un costo de 12.881,337.57

Al Departamento de Salubridad Pública para dotación de agua potable a distintos pueblos del país 1.000,000.00

Para compra de equipos de perforación y refinerías para la Administración General del Petróleo Nacional 3.902,196.75

Para adquisición de aviones para el servicio de la Secretaría de Guerra 1.185,895.94

El Departamento del Distrito Federal ha invertido en las importantes obras que se realizan en el Lago de Texcoco 2.999,916.00

En distintas obras públicas, entre ellas dotación de agua potable a varios pueblos dependientes del propio Departamento del Distrito Federal 8.100,345.00

El Departamento Agrario substanció, de septiembre de 1936 a agosto de 1937, 2,693 expediente de dotación definitiva, otorgándose 5.186,973 hectáreas para 275,879 ejidatarios.

Durante los 33 meses transcurridos de la actual Administración, se han despachado 5,956 dotaciones, con 9.764,140 hectáreas para 565,216 campesinos, que con los 4,675 expedientes despachados hasta noviembre de 1934, hacen un total de 10,631 dotaciones, con 17.914,982 hectáreas para 1.324,759 campesinos beneficiados hasta hoy.

Entre las resoluciones de más importancia durante el tiempo a que se contrae este Informe, están las ejecutadas en las regiones algodoneras de Coahuila, Durango y Baja California y en la henequenera de Yucatán y Campeche; resoluciones que se dictaron después de los estudios y planeaciones que fue preciso anticipar para la mejor aplicación de las leyes agrarias en la zona de referencia, habiéndose beneficiado 85,000 campesinos en la forma y términos ya conocidos por esta Honorable Representación.

Actualmente hay en tramitación 14,645 expedientes agrarios, pendientes de resolución definitiva, que el Ejecutivo Federal considera de urgencia resolver a la mayor brevedad, para hacer llegar el beneficio del ejido a la población campesina que aún carece de su dotación.

En ejercicio de las facultades extraordinarias conferidas al Ejecutivo de mi cargo por Decreto de 28 de diciembre de 1936 para legislar en materia agraria, se promulgaron las reformas y adiciones al Código sobre la materia, que la experiencia y las necesidades del país reclaman.

Esta Honorable Representación Nacional conoce la exposición de motivos y la estructura y contenido de la reforma, que permitirá seguramente, resolver en forma más rápida y efectiva el problema de dotaciones ejidales aún existentes en la República.

Las afectaciones que anteriormente se enumeran y que corresponden al presente período, se hicieron en propiedades de nacionales y extranjeros, sin que la aplicación de nuestras leyes haya tenido la mejor dificultad para su funcionamiento, pues en todos los casos se cumplió con el Código Agrario, sin cortapisas ni diferencia alguna al derecho de los ciudadanos afectados, ordenándose el otorgamiento de los bonos agrarios que la Ley señala.

Hago hincapié en este hecho fundamental del ejercicio de nuestra soberanía interna, para responder a quienes atribuyen a Gobiernos anteriores emanados de la Revolución, transacciones y actos rectificatorios de nuestra soberanía altamente lesivos para el país, si en realidad tuvieran la influencia y el valor que se les suponen a través de las épocas y si no se hubiesen circunscrito a tiempos y plazos determinados que tuvieron su explicación.

Con apoyo en las facultades concedidas al Ejecutivo Federal, se creó la Ley de Fomento a la Ganadería, cuya Ley da facilidades para el desarrollo de esta importante industria, garantizando por 25 años la inafectabilidad de las tierras en aquellas porciones en que no exista problema agrario.

Aunque las estadísticas revelan que se ha duplicado hoy la cantidad de ganado con relación a la que existía en 1910, se considera que el país, dada su extensión territorial y las condiciones favorables que se tienen en distintas zonas, puede lograr en poco tiempo un aumento considerable en su ganadería.

Debo hacer notar ante esta Honorable Representación, que el panorama sintético que acabo de describir obedece a demandas específicas y a actividades palpables de la masa popular, entre cuyas principales destaca, en primer término, el anhelo nacional por la escuela.

En efecto, en los pueblos más apartados, en el campo y en la ciudad, la principal exigencia de los trabajadores ante la visita presidencial es la de la escuela, no obstante los sesenta y cinco millones de pesos que se han erogado para el Ramo de Educación por las distintas Dependencias Federales en el año de este Informe.

Este solo índice sería bastante para justificar la Revolución si no hubiera otros tan importantes como el educativo y que frecuentemente señalan al Gobierno la justa aspiración del pueblo al pedir que sus postulados se cumplan.

Inmediatamente después del entusiasmo por la enseñanza, se destaca el interés por las vías de comunicación, por las eléctricas, por las de transportes, así como por las marítimas; de manera que apenas construidas unas y otras, o establecidas éstas, se saturan de tráfico y de actividad.

El mismo fenómeno se observa en las demás actividades del progreso, ya se trate de grandes obras o de aquellas de simple mejoramiento, pues constantemente se reciben instancias de grupos para que se electrifiquen numerosas caídas de agua que están desaprovechadas y muchas de las cuales ni siquiera han sido catalogadas; se solicitan igualmente elementos y ayuda oficiales para captar importantes, medianas y pequeñas corrientes fluviales, pues los trabajadores del campo, con una intuitiva apreciación de su importancia, anhelan dedicar esas aguas a las actividades del riego de la tierra que intensifique una agricultura hasta ahora precaria.

Puentes de toda índole para comunicar regiones separadas por accidentes topográficos; solicitudes innumerables de permisos de cateo que representan múltiples actividades de mineros prácticos y gambusinos en pos de yacimientos metalúrgicos; solicitudes diversas sobre inventos que desean patentarse y marcas que desean registrarse para garantizar la evolución de nuestras industrias populares.

Una muy apreciable manifestación de entusiasmos y de actividades del pueblo que el poder público tiene obligación de acoger, porque significan el anhelo de las masas y nos muestran la gran responsabilidad que tenemos de encauzarlo y dirigirlo por caminos de éxito.

Pero hay algo más como índice revelador de nuestro progreso intelectual: el afán de leer se traduce elocuentemente en el aumento de las empresas editoras que lanzan diariamente a la circulación pública, mediante sus rotativos y linotipos, miles de ejemplares que representan un amplio acervo cultural o de simple información, cuya existencia demuestra que el pueblo lee y se empeña en desarrollar su cultura a la par que su instrucción.

El Gobierno que presido ha dictado acuerdos para proteger, al amparo de la ley, la libertad del periodismo con la franquicia de la circulación gratuita por sus rutas postales de más de seis millones de kilos de diversos impresos al años, sin otra cortapisa que la impuesta a la publicidad de interés privado; pues, haciendo punto omiso de la prensa de oposición o de crítica insana o de escándalo, el Poder Público otorga las facilidades necesarias a las distintas tendencias para que circulen por el país, dejando a la alta justicia de la opinión pública sancionar el acierto de la crítica o el fundamento y decencia de los ataques.

Sin embargo de este hecho real, considero de mi deber a la prensa y, en general , a toda empresa de publicidad que, tomando en cuenta su alta misión de encauzamiento de la opinión, eliminen la mentira como vehículo de sus propósitos y el escándalo como argumento de sus actividades; pues siendo el uno factor de amoralidad evidente, y de intemperancia ciega, el otro, no dejan de producir desorientación, desencadenan pasiones y se revuelven en acción contraproducente sobre quienes la ejercitan, descalificando de paso a dos de los órganos más útiles que ha creado el ingenio del hombre para su cultura y unificación: la prensa y el radio.

Es conveniente hacer notar ante Vuestra Representación, una de las necesidades más imperiosas que tiene nuestro país: el de Salubridad.

En toda la extensión nacional existen focos que dañan la salud de los habitantes y que impiden el aumento de la población y el desarrollo de la agricultura y de la industria, muy particularmente en las costas.

Y para atender este serio problema, es urgente acercar al Departamento de Salubridad la mayor cantidad de elementos que distribuidos en todos los Estados de la República, vengan a proteger a nuestra población y a facilitar el desarrollo de importantes zonas que hoy permanecen despobladas.

Es digna de mencionarse la conducta del Ejército Nacional por su intensa colaboración al Programa del Gobierno, conducta que ha merecido nuestra más profunda felicitación y que debemos mencionar para conocimiento de toda la Nación, con objeto de que se vea en cada uno de los componentes del Instituto Armado el más firme apoyo de su progreso y el sostén de sus conquistas sociales.

Estos factores que enumero tan a grandes rasgos, y que revelan con elocuencia nuestra evolución progresiva, aun dentro de este mismo período de Gobierno, son el mejor testimonio de la rehabilitación del país bajo los auspicios del pueblo unificado y en las actividades y normas del Gobierno Federal, a las que deben sumarse la cooperación de los Gobiernos locales y la actividad de las Dependencias de la propia Federación.

En este extracto de Informe que leo ante Vuestra Soberanía, faltan trabajos también importantes que corresponden a otras Dependencias, pero que quedan enumeradas en el Informe que por separado rindo ante Vuestra Representación.

Debo también hablar ante Vuestra Honorable Representación sobre la necesidad que existe de que se reforme el Código del país en la forma más adecuada para que la mujer, mitad integral de la sociedad mexicana y de la ciudadanía, sea rehabilitada como es debido y conviene a la dignidad de un pueblo que ha enarbolado la bandera de reivindicaciones en que están inscritos todos los derechos y que, sin embargo, deja y permite que las leyes coloquen a la mujer en un plano político de inferioridad, al rehusarle el más trascendental de los derechos cívicos: el del voto.

Situación ésta tanto más injusta si se atiende a que en la esfera de las relaciones familiares en materia de trabajo y capacidad mercantil, la legislación revolucionaria ha propendido siempre a establecer una equiparación jurídica absoluta entre ambos sexos.

Es de nuestro deber corregir este yerro del pasado para integrar de esta manera nuestra soberanía, para reforzar nuestros elementos de lucha y poner sólidas bases a la evolución de nuestra Patria. En la tesis de igualdad integral que se plantea, hay argumentos más aparatosos que reales en contra de este impulso de injusticia intrínseca, pues quienes señalan a la mujer como factor propicio a las ideas conservadoras, a las ideas de fanatismo y a una tendencia retardataria, se olvidan de que la mujer mexicana viene participando desde hace muchos años en la lucha social del país en proporción muy estimable en calidad y en cantidad y que con mucha frecuencia, cuando lo permite nuestro egoísmo, se la ve formando parte de las actividades más peligrosas, desde las manifestaciones más francas en pro de las ideas más avanzadas.

Mientras los detractores de su capacidad la califican como ignorante, como impreparada e inconsciente para decidir las contiendas democráticas y colaborar con los problemas de carácter público, se olvidan de que la mujer y el hombre, en nuestro país han adolecido paralelamente de la misma deficiencia de educación, de la misma falta de instrucción y de cultura y de que el hombre no ha tenido la misma tolerancia, para juzgarla, que tuvo para juzgarse a sí mismo, cuando se reservó derechos y prerrogativas que no se justifican.

Recordemos que cuando nos dimos cuenta del error que entrañaba dejar a la mujer indiferente y ajena a la lucha social, poniéndola por ese solo hecho en manos del enemigo para convertirla en baluarte contra nuestra lucha y resolvimos incorporarla a nuestra vida activa, a la labor de la enseñanza, a la vida burocrática y le abrimos la puerta de la vida intelectual, respondió y se equiparó muy pronto en eficiencia y en energía con el hombre mismo.

Recordemos su entusiasmo en la constante cooperación que pone para lograr la organización sindical; su empeño y actividad en la difusión de la enseñanza y la cultura; su abnegación en la producción manual de toda índole, aun en aquella de carácter más agobiante y peligroso, y su generosa comprensión al resolver los problemas domésticos, base de nuestra economía familiar y secreto del bienestar de la familia trabajadora.

Por esto es que el Ejecutivo Federal considera como justa reparación la rehabilitación integral de la mujer y su elevación al plano de equidad del hombre y es por ello que someto a vuestra consideración las reformas de ley que este paso amerita.

No faltan, sin embargo, en estos conceptos de optimismo, actividades y factores que hay que señalar en contraposición a los que quedan descritos, y son los que, a pesar de los deseos del Gobierno y de los nobles anhelos del pueblo, se dejan sentir en forma de insidiosa labor y de descontento contra las conquistas populares, traduciéndose en sordos rumores que inquietan a las masas de trabajadores por anunciar agitaciones en proyecto; o por que se exteriorizan en murmuraciones demográficas de que se falsean las instituciones, de que el régimen social se derrumbará hasta el caos si no se pone coto y valladar a las actividades de las masas que demandan la tierra, o de las que piden un justo mejoramiento del exiguo salario, o de las que luchan por la renovación del taller o la reapertura de la fábrica que se mantiene en estado estacionario o clausura en ímpetus de venganza y de irreflexión.

A estos emboscados insidiosos debemos recordarles que la Nación necesita ver realizados de una vez los más trascendentales postulados de la Revolución, cumplidos satisfactoriamente los mandatos de la Ley del país y creados y robustecidos los organismos adecuados para que la paz sea una realidad orgánica y la prosperidad de las colectividades laborantes, entidad palpable que les permita disciplinarse y depurarse.

Mientras esto no suceda, tendremos en frente un estado de inquietud permanente.

Y queremos declarar una vez más que el pueblo desea el imperio de la democracia si se le coloca en condiciones de igualdad social y económica, con los que ambicionan suplantarlo en el poder a base de tradiciones y privilegios consagrados a los que llaman pomposamente "garantías y orden".

Desea por lo tanto, el Ejecutivo que presido, ratificar ante Vuestra Soberanía que, mientras el pueblo mismo no desapruebe con la falta de su asistencia, la política y actividades que el Gobierno ha emprendido para su mejoramiento, seguiremos adelante con firmeza y sin temor a la insidia y la mala fe de que hacen gala los oportunistas defensores de una Nación a la que juzgan ultrajada, aunque sensiblemente la vean progresar.

Al análisis y actitud de los descontentos hay que agregar dos motivos más de inquietud que pueden contrabalancear las actividades gubernamentales y neutralizar en parte el entusiasmo de las masas laborantes y su patriótica actitud si llegan a rebasar los límites de la oportunidad y de la prudencia que es menester poner en tales motivos cuando sea necesario o justificado traerlos al terreno de la discusión.

Me refiero en primer lugar a ciertas actividades de política futurista que empiezan a manifestarse en la integración de grupos, en labor solapada con tendencioso sentido y forma de panfletos y análisis que la prensa de escándalo lanza a los vientos de la publicidad pretendiendo utilizar a la opinión pública.

Desde luego no desea el Gobierno coartar las libertades ciudadanas que tiendan a ejercitarse en actividades que consagra el derecho fundamental de la democracia, pero sí desea precisar ante el país, de manera solemne, que no habiendo en el Gobierno propósito alguno de darse sucesor en el alto puesto de Presidente de la República, sino, por el contrario, deseando consagrar la facultad soberana del pueblo en función tan trascendente, no hay motivo alguno para que con una impaciencia reveladora de ambición y con una inoportunidad completamente inadecuada para lograr determinados fines, se inicien campañas de renovación que carecen absolutamente de toda base y que, muy al contrario, pueden traer al país factores de complicación innecesarios e indeseables en los momentos en que sólo se piensa y se anhela engrandecer a la Patria.

No será, por consiguiente, el prestigio de las personas ni su impaciencia, la que deba mover a la Nación a empeñarse a una lucha estéril por lo anticipada y menos cuando las distintas fuerzas representativas de la nacionalidad esperan ser agitadas y verse movidas por una campaña de principios que sea garantía de los anhelos populares.

La otra causa a la que me referí es la que revela el empeño en que está comprometido el elemento revolucionario tratando de definir responsabilidades y méritos de las distintas personalidades que con procedimientos distintos y variadas actitudes trataron de imponer y hacer prevalecer el movimiento revolucionario en gestación, combatido enconadamente por las fuerzas antagónicas.

Las ilustres personalidades de los señores General don Álvaro Obregón, del Primer Jefe don Venustiano Carranza, del caudillo suriano Emiliano Zapata y del apóstol de la democracia don Francisco I. Madero, están siendo discutidas acaloradamente en polémicas de subido tono, características de pasión y reveladoras de que el elemento revolucionario del país está siendo víctima de hábiles maniobras reaccionarias, pues el calor de sus muy especiales adhesiones a cada uno de los personajes enumerados, están faltando a sus deberes de solidaridad so pretexto de defenderlas, entregando a la maledicencia pública y a la voracidad de los enemigos, hechos pretéritos, argumentos que fueron demeritados por el tiempo e incurriendo en el error de juzgarse a sí mismos, en vez de dejar a la posteridad la tarea de emitir estos juicios.

Al riesgo inminente de convertir en fuerza de choque y de quebranto para la causa revolucionaria las disputas que vienen sosteniendo, hay que agregar el deber que tenemos de hacer evolucionar completamente el sentido histórico de nuestras acciones, dejando para el último lugar la enumeración de hechos y de actos vinculados a las personalidades, para quedarnos con los resultados que se hayan logrado como punto del sacrificio de las masas y con las conquistas efectivas que como lógica consecuencia de aquellos actos, hayamos puesto en manos del pueblo.

Considero de nuestro más alto deber y de una fundamental ética revolucionaria de opinión, el honrar y defender a nuestros hombres, ya que fue su gesto oportuno, su energía constante y su leal modo de pensar lo que caracterizó momentos transcendentales de nuestra lucha social y que produjo a la postre las bases sobre las que actualmente se sustenta nuestra nacionalidad y sobre las cuales se mueven las actividades no sólo del Poder Público, sino las que desarrollan las masas trabajadoras haciendo posible su evolución y palpable el engrandecimiento nacional.

Y ya que hablamos de principios de ética revolucionaria y de plantear una doctrina sustancial que sirva de norma a nuestro criterio para no empañar los lustros del movimiento social y darle armas al enemigo que puedan convertirse en argumentos o en vituperios contra las conquistas sociales, es conveniente señalar aquí lo que de disolvente tiene para la causa proletaria las tácticas de lucha de algunos grupos de trabajadores organizados sostenidas en distintas fases de su movimiento sindical y de sus dificultades internas.

Quiero referirme claramente a los paros provocados por dificultades intergremiales y a los paros decretados como protesta contra fallos políticos adversos, cuando las agrupaciones de trabajadores toman parte en las luchas de índole política.

Creo sinceramente que estos paros lesionan de manera injusta intereses colectivos tan respetables y dignos de consideración como los derechos de aquellos que los esgrimen y que, en tal virtud, se mellan las armas más eficaces de lucha, como son el paro y la huelga, cuando no se esgrimen en defensa de legítimos intereses proletarios.

Poner estos recursos al servicio de la política, que debe ser lucha de grandes principios y de sano criterio, y no impulso ciego y apasionado de substitución de personas, es perjudicar seriamente al movimiento social del país, en los momentos mismos en que debe haber mayor solidaridad.

El poder público ha venido tolerando esta clase de actividades porque desea que unos y otros sectores de los que disputan en esta lucha de intereses públicos, se den cuenta, por las propias consecuencias de sus actos, de la gravedad de ellos y mediante una severa auto-crítica y un enérgico movimiento de cordura, corrijan sus defectos, refrenen sus ímpetus irreflexivos cuando de intereses políticos se trata y sientan principios de generosidad cuando la unión y no la división de los elementos proletarios sea su deber.